Archivo mensual: diciembre 2009

A la porra los pastores

Un dicho local reza: A la porra los pastores que la Pascua terminó y cada quien, de acuerdo a lo laxo de su vocabulario puede cambiar “porra” por el vocablo que más le acomode, pero que al fin de cuentas el dicho expresa que al finalizar las festividades de Navidad, tanto los pastores como toda la parafernalia de esa época no tienen razón de ser.  El dicho también se aplica cuando algo deja de cumplir la función para lo que fue creado y por lo tanto no tiene sentido su existencia o simplemente cuando se desea mandar a alguien al averno o sus alrededores.

El hecho es que para el 26 de diciembre de cada año, la mayoría de las personas no desea escuchar ni un villancico más, su hígado está completamente intoxicado, tanto por el exceso de alcohol como por la exagerada ingesta de grasas y demás elementos tóxicos para el organismo; el desvelo acumulado por tantos días de farra ha llegado afectar el ritmo cardiaco y lo peor del caso es que abundan los conciudadanos que para estas fechas se encuentran “arráncame la vida”, es decir sin un peso en la bolsa y si acaso tienen tarjetas de crédito, las mismas superaron por mucho sus respectivos límites.

No obstante, como decía el gran locutor de origen argentino, Buck Canel, “Esto no se acaba hasta que se acaba” y en efecto, para esas fechas todavía falta la celebración de despedida del año viejo y la bienvenida al año nuevo, que tal como marca la tradición hay que festejar debidamente.  De tal manera que no queda más remedio que poner en neutro el vehículo para poder llegar hasta el 31 de diciembre.

En una época se hacía un alto en el camino para celebrar el 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes, que según la Iglesia Católica es la fecha en que Herodes mandó a matar a los hijos menores de dos años de los judíos, lo que obligó a José y su familia a emigrar a Egipto.  Sin embargo, algunos investigadores han encontrado evidencias que Herodes Agripa II, malandrín, mal político, nefasto, amigo de lujos y dispendios, nieto del Herodes que emitió el edicto de la matanza de los niños, es a quien se debe esta celebración.  Este Herodes Agripa II, que había nacido un 28 de diciembre, era muy aficionado a festejar su cumpleaños con tremendos bacanales y cuando iba a cumplir treinta años preparó un festín sin precedentes e invitó a todos sus allegados, sin embargo, previamente había mandado a publicar un edicto en el cual se distribuían castigos ejemplares para los asistentes, acusados de no acatar las leyes imperiales, recetando penas de muerte, fuertes multas, destierros, encarcelamientos y demás.  Los invitados fueron obligados a asistir y aún sin haber probado ninguno de los manjares, pues tenían el trasero a dos manos, debieron entregar los regalos de rigor al cumpleañero.  Según los investigadores se encontraron misivas con el sello de Herodes que expresaban: Innocens, como quien dice Inocente Palomita.  Así pues, de esta manera se instauró el día de los Inocentes el 28 de diciembre, que en otros países se celebra en Abril con el nombre de Día de Tontos.  En el siglo pasado, la gente tenía que andar sumamente alerta en ese día, pues las bromas estaban a la orden del día.  Desde llamadas por teléfono con las bromas más originales, regalos balines, encargos hechos a nombre de terceros, falsas alarmas de incendio para los bomberos, invitaciones a fiestas inexistentes, noticias falsas, entre otras.

En la actualidad es muy raro encontrar bromas tal como se acostumbraba antaño, tal vez alguno que otro titular de los periódicos o de noticieros que difunden noticias que nos gustaría escuchar en la vida real, pero que no es otra cosa más que una broma.  Entre particulares, es más difícil, tal vez la gente tenga miedo de las consecuencias de estas bromas o que se las regresen con mayor intensidad, más ahora que la mayoría de los teléfonos tienen identificador de llamadas, lo cierto es que a excepción de los bomberos que siempre son los paganos, es difícil encontrar inocentadas.

Luego a rastras se llega al fin de año.  Es tradición en Nicaragua celebrar la ocasión con una cena, de conformidad con las posibilidades de cada quien, especialmente como señalábamos, después de los tremendos gastos de la Navidad.  Quienes disponen de un presupuesto amplio, reservan una mesa en algún club, hotel, restaurante o antro, en donde se ofrece una cena y una copa de “champan”, además de música viva, tal vez un show con algún artista local o internacional.  Algunos prefieren realizar su propia fiesta en su casa y disponen de una cena que puede variar desde el pavo al horno, gallina rellena, hasta el popular nacatamal, así como licor a discreción.

Al igual que en la mayoría de los países del mundo, el nicaragüense ha sido presa de la superstición en las celebraciones de fin de año.  Algunas costumbres son heredadas de los antepasados indígenas y otras de los españoles.  En general hay un sentimiento o necesidad de limpieza en la celebración, por lo tanto en algunos casos se practican “limpias” con diversas hierbas al igual que lo hacían los indígenas.  Otros prefieren las costumbres europeas de ponerse ropa interior roja, amarilla o simplemente al revés. Aunque no falta aquel que llega borracho con el calzoncillo por fuera como Superman.  También hay ilusos que son afectos a tomar unas valijas y al momento en que el reloj da las doce campanadas salen a dar la vuelta a la manzana con las valijas para que el año nuevo esté lleno de viajes, aunque tal como están las cosas ahora, lo más probable que el primer viaje sea a la Estación de Policía pues mientras daban su vuelta los ladrones desvalijaron su casa. Otros muy castizos se tragan una uva por cada campanada que da el reloj, sin embargo, lo más churripatético es la costumbre que a la medianoche echan un huevo colorado, es decir, de amor, en un vaso de agua y esperan a que se forme una figura que predice lo que le depara el año nuevo.  Cabe aclarar que con tres mecatazos de guaro previos se puede observar cualquier figura, desde un jumbo jet, que indica viajes trasatlánticos, hasta un escritorio que indica que tendrá un puesto en el Gobierno fuera de la supervisión de la Contraloría y por lo tanto sus ingresos se incrementarán sustancialmente.  Ya con cinco rielazos pueden ver cualquier cosa en el huevo.

Las supersticiones son infinitas y las variantes dependen de cada individuo, hay quienes se cuidan hasta de a quién le darán el primer abrazo a la media noche, pues si es a alguien del sexo opuesto, esto quiere decir que tendrán una o varias parejas en el año.  Otros ponen en el centro de la mesa una canasta con las más variadas frutas y verduras, para que el alimento no falte en todo el año.

En algunas localidades se acostumbra elaborar un muñeco, con aspecto de viejo, algunos le ponen un puro o una botella de licor en la mano y los más creativos tratan de que parezcan a los personajes de la vida pública, de tal manera que a la media noche les pegan fuego, como un rito de despedida al año viejo o al ferviente deseo de que el personaje desaparezca de la vida pública.

En los últimos años se ha introducido en Nicaragua la costumbre, un tanto más moderna, de fijar propósitos para cumplir en el año nuevo.  A pesar de que es un buen síntoma pues poco a poco se van desterrando algunas supersticiones para dar paso a proyectos de mejoría personal, el problema es que en una gran mayoría estos propósitos no se llegan a cumplir.  Podría decirse que un 80.32 por ciento, como precisaría El Firuliche, los propósitos planteados están encaminados a bajar de peso.  El caso es que muchos ni siquiera inician el esfuerzo para cumplirlo y otros después de un par de semanas abandonan la empresa.  Otra gran proporción de los propósitos está orientada a dejar de fumar, llegando a cumplir esta meta menos del 2.45 por ciento de quienes se embarcan en este empeño.

Otro de los grandes embustes es el propósito de dejar de beber.  Generalmente aquellos que durante la Navidad o en el pasado cercano tuvieron episodios trágicos debido a la bebida, accidentes de tránsito, irrespeto a sus progenitores, violencia intrafamiliar, despidos en el trabajo, etc. lo primero que hacen es proponerse como meta dejar de beber, sabiendo perfectamente que si no ingresan en un programa de alcohólicos anónimos es muy difícil superar esa enfermedad.

Algunos se propondrán ser una mejor persona, lo cierto es que en una gran proporción se trata de personas que necesitarían volver a nacer para mejorar, pues la maldad es parte intrínseca de su ser y aún arrancándose toda la piel, todavía serían los malandrines de siempre.

En fin, aquí aplica aquella canción de Serrat que decía:  Cada loco con su tema, contra gustos no hay disputa, artefactos, bestias, hombres y mujeres, cada uno es como es, cada quien es cada cual.  Así que podéis proponeros los propósitos que os plazca (esto ya no es de Serrat).

Tal vez valdría la pena destacar a aquellas personas a quienes les pediríamos de favor que no cambien nunca, no importa un par de libras de más o de menos, algunas arrugas extra, cinco canas más, pero que la pureza en el corazón con que nos prodigan cariño, se mantenga incólume.  Por estas personas, vale la pena esperar un año nuevo y hacer un brindis por ellos.

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La cususa, ese deleite prohibido

“Procura bebidas fuertes al que va a perecer,
vino, al corazón colmado de amargura:
¡que beba!, ¡qué olvide su miseria!
¡que no recuerde más su pena!”

Proverbios XXXI, 6-7

Algunos especialistas en mercadotecnia tratan de hacernos creer que el ron es algo muy nuestro, pues se originó cerca de aquí y llegó a esta tierra para formar parte de nuestra identidad.  Es indiscutible que la historia del ron es fascinante, desde sus orígenes en Barbados en el siglo XVII, cuando todavía era el Kill-Devil o Rumbeillon, convirtiéndose luego en un símbolo de marineros y piratas; hasta su posterior diseminación en todas las Antillas y el nacimiento, bajo un nido de murciélagos, de la fábrica Bacardí en Cuba, finalizando luego en su diseminación en toda América.  De esta forma el sabor del ron lleva de manera intrínseca el espíritu del mar y la aventura.   No obstante, hay otra bebida cuyos orígenes están envueltos en una aura de misterio y mucho más cerca de nosotros; una bebida que está ligada a lo prohibido, a lo clandestino, a lo conspirativo y que por su arraigo en la mayoría del territorio nacional, por su carácter artesanal y hasta cierto punto folklórico tiene una mayor representación de la cultura nicaragüense que cualquier otra bebida alcohólica: la cususa.

Es indudable que la introducción del alambique en el país representa un hito cuya relevancia los historiadores no han sabido resaltar en toda su dimensión.  Ese artilugio que lograba transformar un caldo de fermento, de color y olor desagradables, en un líquido cristalino y embriagante, no dejaba de representar algo mágico para la gente.  De tal manera que después de estudiar su funcionamiento por varios años en las primeras fábricas de aguardiente del país, era inevitable su clonación.  Al inicio, se empezó a improvisar destilando fermentos provenientes de la caña de azúcar para obtener a nivel casero el preciado aguardiente o guaro, sin embargo, el ingenio del nicaragüense asoció el fermento del maíz, que en forma de chicha representó una bebida cultural de los pueblos indígenas, con el fermento de la caña y decidieron jugar con estos elementos resultando de esta forma la cususa.

Respecto al nombre, no existe ninguna investigación profunda y precisa sobre su origen, solamente se conoce que el vocablo es de origen maya y según algunos curiosos, tal vez bajo el influjo de esta bebida, aseguran que en alguna ramificación de la lengua maya, en particular la que hablan los pueblos ´mames, cususa significa “agua loca”, aunque en realidad el que se pone loco es el que la ingiere sin medida.

En el siglo XIX se registra una proliferación de alambiques en todo el territorio nacional, en especial en las zonas rurales.  En donde se producía maíz y había un trapiche cerca, de seguro había un alambique, convirtiéndose así la cususa en la bebida que acompañaba a la población en sus principales celebraciones.  Es importante señalar que históricamente la producción de alcohol en el Nuevo Mundo estuvo controlada y prohibida al pueblo por repetidas Cédulas Reales, bajo el amparo de un paternalismo que cuidaba el estado mental de los indígenas que no tenían la entereza de los hidalgos para beber con templanza.   En la vida republicana, el alcohol continuó siendo objeto de prohibiciones, pues por ejemplo el 26 de febrero de 1918 el Gobierno de Nicaragua emitió una Ley que declaraba ilícito el comercio de aguardiente de caña, frutas y otros, si el gobierno no lo autorizaba de previo y que estaba dirigida en forma específica a frenar la producción de cususa a fin de proteger el monopolio del guaro, que estaba en manos del gobierno y cuya comercialización estaba concesionada a los amigos del régimen de turno.  También es curioso que el General de Hombres Libres, en una ordenanza prohibiera la fabricación de cususa,  manifestando literalmente: “He observado que muchos jefes se han envolado y esto nos hace un gran daño, pues al que le gusta el guaro lo vusca, por consiguiente los responsables son los cususeros”.

La cususa se obtiene a través de la fermentación del maíz, mediante un proceso que varía de acuerdo a cada región del país y del ingenio y experiencia del cususero.  Es un proceso simple, sin embargo, si no se realiza como debe ser puede producir una cususa de mala calidad o bien que conduzca a serias intoxicaciones.  En un saco de bramante o harinero se pone a “nacer” o germinar un medio de maíz, regándolo regularmente y a los cuatro días que empiezan a brotar las plántulas se quiebra sobre una tabla de madera, preferiblemente con una piedra.  Luego en una tinaja de barro, aunque algunos utilizan un tonel de madera, se pone el maíz ya machacado, se le agrega el dulce de rapadura, que algunos prefieren del dulce blanco de ocho a doce atados, o bien este último mezclado con guarapo y luego de 25 a 30 litros de agua.  En los lugares en donde no hay trapiche cerca, se utiliza el azúcar.  El recipiente se tapa con malla cielo y se pone a fermentar por tres o cuatro días, según el clima de la región y cuando la chicha está “muerta”, es decir cuando se calma la ebullición o se pasan los “calambres” como dicen, evidenciado esto porque sale una burbuja a la superficie cada dos minutos, entonces quiere decir que ya está lista la “sopa” para su destilación.

Algunos cususeros imprimen su sello particular en esta parte del proceso.  Quienes desean un producto fuerte con un sabor dulcete le agregan cinco sobres de levadura Fleishman a la sopa.  En cambio si se desea una cususa extra seca, al estilo vodka, se le agrega arroz.  Para obtener un toque parecido al whisky, con un carácter denso y aromático, se le agrega cebada, sin embargo, el sorgo millón le otorga cierto toque amargo como el ajenjo.

Luego sigue el proceso de destilación en el alambique.  Es importante resaltar que de las características del alambique depende en gran medida la calidad de la cususa a obtener.  La mayoría de los alambiques artesanales de cususa son de barro o de cobre.  En algunos casos algunos improvisados en este menester utilizan o bien pichingas de leche o latas de aceite, obteniendo un producto de pésima calidad que fácilmente conduce a la intoxicación.  Las serpentinas en donde se condensa el alcohol generalmente son de cobre y se sumergen en barriles llenos de agua fría.

A lo largo de toda la república puede encontrarse una diversidad de estilos de alambique, desde los más sencillos de barro, hasta aquellos con un toque de originalidad como los que tienen el cuello elevado de bambú, cuyo sello de las uniones es de masa de guineo verde.  Tal vez el alambique más impresionante ha sido el de los Román en Carazo, cerca de El Rosario, que estaba fabricado a partir de una cisterna de bomberos, de las que todavía eran de cobre, con serpentinas de 70 vueltas y enfriada en un tonel de barco.  La llave de salida era enorme, como de pipa de agua y tenía puesto un calcetín de boy scout para que no salpicara.

Al igual que todos los alcoholes, el proceso de destilación va dando diferentes calidades del producto.  En la destilación de la cususa, primero se obtiene lo que se conoce con el nombre de cogollo y que tiene una graduación cercana a los 70 grados, luego viene una segunda calidad que en algunos lados se conoce con el nombre de aguarrala y en otras partes como mixtura y se utiliza con fines medicinales y al final sale la charbasca.  La sabiduría del buen cususero se refleja en la identificación de estas tres etapas, para lo cual se requiere de una gran experiencia, olfato,  mucho ojo y a veces mucho dedo, pues hacen una prueba que consiste en mojarse el dedo y acercarlo al fuego y dependiendo de si levanta llama y de qué intensidad, saben el contenido alcohólico y la calidad.

La cususa no debe envasarse inmediatamente, sino que debe dejarse reposar, algunos la dejan reposar en toneles de roble lo que ayuda a mejorar su sabor.  Es muy usual que una vez lista la cususa, se realicen preparados o “curados” como también se les conoce.  En algunas partes maceran limón en cususa, igual al proceso del célebre Limoncello en Italia, otros le agregan cáscaras de cidra o de mandarina.  Sin embargo, el más famoso es el “Morir Soñando” preparado cuya invención se disputan varias localidades entre ellas Camoapa, Juigalpa y Estelí.  El Morir Soñando se prepara con cususa, clavo de olor, canela, ciruelas y raíces de limón indio, otros le agregan ron, miel de azúcar y hasta colorante.

Una buena cususa supera por mucho al ron y podría decirse que se acerca mucho al vodka, al whisky o al tequila.  No obstante, una cususa mal preparada puede causar intoxicaciones severas o mínimo un dolor de cabeza intenso y mal aliento.  Los estragos de la cususa mal preparada están fielmente reflejados en el relato de Pío Martínez: “Goyita del Espíritu Santo”, en su blog “Aquellos tiempones”.

Ahora bien, si la cususa se preparara, en lugar de los artesanales alambiques del campo nicaragüense, en un alambique Coffey, seguramente que se obtendría un producto que no tendría nada que envidiarle a los más finos espíritus del mundo.

Generalmente la cususa se bebe sola, como dicen al “estraik” y servida en guacal, algunos valientes, sin embargo, se la pasan con cerveza.  Por su graduación alcohólica es como se decía antes, un trago de hombre viejo.  Sin entrar en discusiones de carácter sexista, un hombre de pelo en pecho, aún acostumbrado al trago, con dos o tres rielazos de cususa se pone como Roberto Rivas, no millonario, sino cachetón y con cuatro ya puede echarse un discurso bolivariano.  Si la cususa es de mala calidad, al segundo ya siente ocho megatones en la cabeza, se pone llorón y desconoce hasta su progenitora, con tres o cuatro puede empezar a imitar a José Feliciano.  Las mujeres en general le huyen a la cususa, en especial aquellas que a la mitad del primero sienten que se le subieron las copas y empieza a flaquear su voluntad.

Con el tiempo han surgido algunos cocteles que vale la pena mencionar acá, bajo la advertencia que cualquier agregado dulce a la cususa le eleva invariablemente al octanaje, de por sí considerable.  El Quiebraplata, que lleva cususa de maíz blanco, dulce y limón que le llega fácil a un Tom Collins.  El Cadejo que se prepara con Kola Shaler.  El Pétalo de Rosas que lleva fresco de mamón y obtiene un color peach.  El Pinki Pinki de la Costa Atlántica que lleva anís y colorante rosado. El “Bailarina” preparado con jugo de naranja, baturro de consagrar, ensa blanca y gajos de la naranja, es sumamente fuerte y al segundo coctel el sujeto empieza a bailar como Shakira.   Existe una variación del Sunrise, preparado con la ayuda de un raspadero pues es una especie de frapé, se le pone hielo cepillado, jugo de naranja, la cususa, un trozo de piña en forma de abanico y se rellena con sirope de raspado del rojo, en algunas partes se le conoce como “Bicolor” y en otras partes como “Payasito” y al segundo mecatazo se realiza una imitación del Hombre de la Máscara de Hierro.  Para estas épocas navideñas se estila un Ponche, preparado con jugo de cítricos, cususa extra dry, Kola Shaler, Vermuth Condor, cerveza, azúcar y hielito pi-picado y muchos juran que al segundo han visto la estrella de Belén y se sienten Reyes Magos.  Dicen que pasando Santa María de Ostuma había una cantina disfrazada de pulpería propiedad de unos intelectuales conocidos como “Los chichones” que tenían unos cocteles de cususa llamados “Lo Fatal” y “A Margarita Debayle”, sin embargo no pasaban corriente y nadie nunca supo la receta de esos preparados tan darianos.  Cuentan que fueron muchos que con dos tragos de “Lo Fatal” no sabían ni de dónde venían ni hacia dónde iban.

Es importante resaltar los aportes de la cususa a la gastronomía nicaragüense, pues en muchas regiones, especialmente en el norte se utiliza para cocinar.  Por su alta concentración alcohólica es ideal para preparar carne de “monte” como se conoce a los animales silvestres: jabalí, cusuco, conejo, guardatinaja, gallina de monte, en cuya preparación la cususa es un coadyuvante efectivo para eliminar el chicuije, propio de estas especies.  Otro de los usos que se le da es para realizar un preparado con la mixtura de la cususa, miel, pimienta, comino, canela y clavo de olor y que se le administra a las parturientas hasta finalizar la cuarentena, sin embargo, la dosis de mixtura debe ser exacta, pues de lo contrario puede resultar contraproducente.

Al igual que en el deporte, en este oficio de preparar la cususa debería existir un Salón de la Fama en donde se rinda tributo a aquellos artesanos del espíritu que se han distinguido por la calidad de su cususa.  Estoy seguro que cada quien conoce a algún exponente de su región, sin embargo, es importante resaltar el trabajo de Tata Beto en Jinotega, Colacho Fonseca en Carazo,  Don Henríquez en Santa Cruz, “Cara de León” adelantito de Sébaco, La Hortensia en la carretera vieja a Masaya, “Gonzalo Cacho” cerca de La Pólvora en Granada, “Pizón” en León que se mantiene en la más grande clandestinidad, “Cara Limpia” en El Sauce, Doña Mila entre Masaya y Tipitapa, entre otros.

Así pues, la cususa tiene una relevancia indiscutible dentro de la cultura nicaragüense y sería muy pertinente que las autoridades y/o asociaciones turísticas del país convocaran a un concurso nacional a fin de seleccionar al verdadero trago nacional a partir de esta bebida, pues al no estar involucrada ninguna marca en especial, su representatividad sería más transparente.

Deseo hacer patente mi agradecimiento a mi hermano Eduardo, experto en esta materia, más por  espíritu investigativo que por otra cosa, cuyos aportes hicieron posible  profundizar en este tema.

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Al entendido por señas

Una mañana cualquiera, en la pulpería de la cuadra, coincide Doña Catalina con Doña Eduviges.  Se conocen desde hace muchos años y sin llevar una amistad íntima, han mantenido una relación cordial y han participado juntas en muchas actividades de su comunidad.   Doña Catalina se acerca a su vecina y muestra una amplia sonrisa, mientras levanta levemente las cejas en una señal de que le da gusto encontrarla; mientras tanto, Doña Eduviges trata de dibujar una sonrisa que no termina de salirle y que finaliza con un ligero arqueo de sus labios hacia abajo, casi imperceptible, lo cual es captado al vuelo por Doña Catalina.  Inmediatamente pasan al saludo, que tradicionalmente en ciertos sectores consiste en el medio abrazo y mediante el cual la persona que anticipa el saludo extiende su brazo derecho hacia el brazo izquierdo de la otra persona y ambas se palmean ligera y cariñosamente un poco abajo del hombro.  En esta ocasión, al ver que Doña Catalina se ha anticipado a extender su brazo derecho, Doña Eduviges se apresura y fuerza el contacto hacia un poco abajo del codo, en clara señal de que desea mantener distancia.  Doña Catalina entonces confirma su repentina sospecha y le encuentra sentido a las visitas que en los últimos días le ha hecho a Doña Eduviges, Doña Conchita, la arpía del barrio, famosa por sus infundios y calumnias y concluye que seguramente la “rata de dos patas”, como también se le conoce a Doña Conchita, seguramente la “cuenteó”.   Doña Catalina entonces hace un leve gesto con su boca, juntando los labios y sacándolos levemente mientras asiente de manera muy suave con su cabeza, como diciendo, ¡con que esas tenemos!.  Luego encoge levemente los hombros y su rostro dibuja ahora una mueca, también casi imperceptible pero que Doña Eduviges interpreta como un: ¡Me vale!; luego termina el contacto con un adiós que emite levantando el brazo derecho y con los dedos índice, medio y anular realiza un leve tamborileo, como quien dice: Hasta nunca.

Así como en el relato de las vecinas, la comunicación del nicaragüense está plagada de manifestaciones no verbales que en algunos casos dejan en una mínima proporción la participación de la palabra hablada, como si su fundamento estuviera subyacente al nivel de conciencia.  Cabe aclarar que estas manifestaciones no se enseñan, ni se estudian sino que cada individuo las absorbe y la experiencia hace posible su interpretación.

Como un complemento al tema de la comunicación oral no verbal, cubierta en el post “El nica y el violoncello”, se presenta a continuación algunas consideraciones sobre la comunicación no verbal del nicaragüense, expresada mediante movimientos del cuerpo.

Los investigadores de este tema, que ha llegado a convertirse en una rama formal de la psicología moderna, la Kinesia, coinciden en lo relativo a las expresiones faciales y afirman que existen algunas que son universales y que indican alegría, dolor, asco, enojo, miedo, interés y tristeza y que son reconocidas fácilmente por la mayoría de las personas.  No obstante, en Nicaragua estas expresiones presentan sus variantes para indicar diferentes expresiones.  Por ejemplo si a una persona le platican sobre una desgracia ajena, algún accidente o enfermedad, en señal de solidaridad realiza una media expresión facial de dolor, generalmente con la sección derecha de su rostro.  De la misma forma cuando alguien quiere demostrar abiertamente su ignorancia sobre algún tema, realiza una mezcla de expresiones entre enojo, miedo e interés, como una forma de mitigar su falta de conocimiento.

Lo mismo ocurre con los gestos.  Son casi universales los gestos de afirmación y negación con movimientos de la cabeza.  No obstante, en Nicaragua la velocidad en que se realiza el movimiento de la cabeza tiene sus matices.  En el caso de la afirmación, si el movimiento es lento, denota comprensión, atención al interlocutor o bien ¡Ajá! generalmente acompañado del sonido correspondiente de violoncello.   Por otra parte, si el movimiento es rápido, indica sumisión ante una orden e instrucción, pero si el movimiento es más rápido indica una afirmación mezclada con picardía o búsqueda de complicidad.  Lo mismo ocurre con el gesto de negación, si se realiza de manera lenta denota incredulidad, sorpresa, desaprobación, sin embargo, si se efectúa de manera rápida significa que quien lo hace desea alejar de su mente algún mal pensamiento o tentación, como cuando una muchacha recuerda la proposición que le hizo su novio.  También habría que recordar el gesto utilizado para decir: Vámonos, que consiste en el mismo de la negación pero sólo la mitad, empezando del centro y girando hacia generalmente hacia la izquierda con una leve inclinación hacia arriba.

Ha caído un tanto en desuso la costumbre de cerrar un ojo a un interlocutor en señal de lo que se va a decir es mentira o una broma, será que mucha gente se ha acostumbrado a mentir sin importarle lo que piensen los otros.  Al igual que cuando quiere expresarse que alguna persona está tratando de engañar a la concurrencia, se levanta un poco la cabeza y se realiza el gesto de la negación pero en un recorrido más corto y con cierta velocidad, como quien quiere decir: que te crea Yeyo o No me joda.

Lo mismo ocurre con los gestos conocidos como emblemáticos cuyo ejemplo clásico es el de agitar la mano en señal de adiós.  En este aspecto en Nicaragua existe una riqueza inigualable en la cantidad de ellos.  Al igual que en muchos países, el dinero se expresa frotando los dedos pulgar e índice con el resto del puño cerrado, sin embargo, para denotar algún pago o desembolso, se recurre al movimiento de la mano derecha abierta completamente y puesta hacia abajo, rozando apenas la mano izquierda también abierta y puesta hacia arriba.  Pero resulta más enfático el gesto realizado con los dedos índices con el resto del puño cerrado, el izquierdo apuntando hacia abajo y el derecho frotando al izquierdo en posición perpendicular y hacia abajo y con un movimiento en estrecha proporción con la cantidad o lo expedito del pago.  Si el pago es considerable o definitivo se enfatiza dándole una enérgica velocidad.

En cuestiones de salud se recurre frecuentemente a ciertos gestos.  Cuando alguien padece del corazón se utiliza el dedo índice derecho, un tanto encorvado y señalando unas tres veces el centro del pecho, pero si el dedo señala un tanto más hacia la izquierda, indica que padece de tuberculosis.   Para indicar que alguien sufrió un infarto, con el dedo índice derecho completamente recto, y situado al centro del pecho, describe un semicírculo hacia afuera.  Cuando alguien perdió la razón o manifiesta alguna incongruencia, se procede a tocarse con el dedo índice derecho la sien derecha o bien con el dedo índice perpendicular a la cabeza describir varios giros alrededor de la sien.  Si el padecimiento es estomacal, con el puño derecho cerrado a la altura del estómago se realizan movimientos repetidos hacia afuera.  Si se trata de vómitos el mismo movimiento del infarto se realiza a nivel de la garganta, aunque el radio del giro es ligeramente mayor.

Para indicar la acción de caminar, se unen los dedos medio y anular, mientras se agita la mano y el índice azota la unión de los dos primeros y la intensidad y duración denotan la longitud de la jornada.  Para entrecomillar el relato de una conversación telefónica se acostumbra simular un aparato telefónico con una mano empuñada pero dejando libres el meñique y el pulgar que se extienden totalmente hacia afuera, llevándose la mano hacia la oreja y moviéndola al compás de la conversación.  Esta misma señal de la mano, pero llevada hacia la boca y moviéndola de manera oscilatoria, significa que a alguien le gusta la bebida, alcohólica, desde luego.  La variación de este mismo gesto, pero alejando la mano y acercándola repetidas ocasiones de manera enérgica corresponde a un relato en donde el que lo cuenta fue quien se echó sus rielazos.

Para ilustrar una huída, se pone la mano derecha abierta completamente hacia arriba y la mano izquierda, también abierta hacia abajo y encima de la derecha y luego la derecha se desliza hacia afuera con la velocidad que corresponda a la importancia de la huída.  La distancia y su magnitud se señala mediante un gesto realizado con la mano derecha con todos los dedos doblados sobre la palma y luego con un movimiento ayudado por el brazo se despliegan hacia afuera indicando una distancia indeterminada pero considerable.  Lo mismo puede utilizarse el gesto anterior para demostrar un tiempo remotamente pasado.

Indudablemente los aspectos sexuales muestran una veta increíble en cuanto a gestos.  Tradicionalmente la “guatuza” está ligada a la cultura nicaragüense aunque en los últimos años pareciera que ha entrado en desuso.  Se trata del signo universal de la Higa, que originalmente tenía carácter de amuleto y que consiste en asomar el dedo pulgar entre el índice y el medio con el puño cerrado y se trataba como signo despectivo hacia la otra persona o como prevención contra el mal de ojo.  Sin embargo, en Nicaragua su significado se fue deformando hacia dos diferentes acepciones, una de ellas ligada al engaño o actitud hipócrita y la otra que denota el acto sexual.  Obviamente existen sus variantes en cuanto a su interpretación, recurriendo a este gesto para expresarle a alguien que no nos engaña, sacando la guatuza mientras se le dice: Tomá o recurriendo a los famosos “ojitos de cangrejo” en donde se forman dos guatusas que se llevan hacia los ojos, realizando movimientos con los pulgares.  Para indicar que alguien se encuentra en plena actividad sexual, se forma la guatusa y los dedos medio, anular y meñique, describen un mariposeo cuya velocidad está en proporción con el énfasis que se le quiera dar a la actividad sexual. Este gesto se utiliza también para referirse a una sexoservidora.

Otra forma de graficar el acto sexual es empuñando ambas manos y colocándolos a la altura del pecho, el derecho encima del izquierdo y moviéndolos hacia abajo hasta la altura del vientre y volviéndolos a subir, repitiéndolo hasta cuatro veces, algunas veces acompañándolo con: Poj, poj, poj.  Cuando se quiere darle énfasis a la expresión, el movimiento se realiza hacia afuera, generalmente hacia la izquierda, como si se cargara un cañón o se destaqueara un albañal, en este caso se acompaña del sonido: Bimbanga, bimbanga, bimbanga.   Un poco también en desuso es el gesto realizado también para expresar lo relativo al acto sexual cuya utilización también se hace extensiva a los fracasos en los exámenes estudiantiles y que consiste en empuñar las dos manos, bajándolas totalmente y separándolas un poco de las caderas y subiéndolas hasta la altura del vientre mientras se realiza un sonido con los labios apretados y aspirando aire por la comisura central, resultando un zumbido parecido al que realizan los zancudos.  El mismo gesto se realiza también poniendo los puños a la altura de los hombros mientras se bajan hasta el vientre, emitiendo el sonido antes descrito.

Los órganos sexuales, masculino y femenino también tienen sus respectivos gestos, en el caso del primero se colocan las manos abiertas, la izquierda encima de la derecha, traslapadas, separando poco a poco la izquierda hacia abajo hasta darle la dimensión que el interlocutor desea expresar, mientras que para el órgano femenino, con las manos extendidas y las palmas hacia abajo se unen las puntas de los dedos índices y pulgares, estos últimos extendidos completamente hacia afuera.

Nicaragua todavía tiene resabios de una sociedad machista y homófoba, aunque afortunadamente la tendencia es hacia la tolerancia.  Así que entre los gestos también se encuentran aquellos para identificar a quienes tienen preferencias sexuales diferentes y generalmente para los varones se maneja la mano derecha abierta y hacia arriba, la cual se deja caer enfáticamente para mostrar una mano caída o bien, se cierra el puño izquierdo poniéndolo ligeramente inclinado hacia arriba y con la mano derecha abierta completamente se golpea repetidamente la parte superior de la mano izquierda a velocidad moderada.  En el caso de las féminas, con las manos abiertas se palmea repetidamente, a veces con el estilo de Chiquito de la Calzada al cantar flamenco.  Aquí es importante resaltar, que en caso de los varones, principalmente, estos gestos se hacen extensivos a sujetos que aún dándoselas de muy machines, de repente salen con expresiones, argumentos, lances o delicadeces propios de una damisela, por lo que se hacen acreedores de estas señales.

Los dídimos también tienen su señal y usualmente se utiliza una o ambas manos, con las palmas hacia arriba, ligeramente cerradas describiendo una semi esfera y se suben y bajan ligera y lentamente.  Esto significa que el aludido es un huevón. Esto tiene dos acepciones, una de ellas significa que los tiene bien puestos y no le teme a nada y la otra que se trata de un boludo, es decir perezoso u holgazán. Cuenta la leyenda que en un pueblo había un individuo tan holgazán que cuando pasaba por su casa la procesión del Niño Dios de Praga, que tenía una esfera en la mano derecha, disimuladamente subía y bajaba su manita.

En fin, este es sólo un pequeño muestrario de la riqueza que existe en la expresión no verbal del nicaragüense, cada quien tendrá una lista considerable de ellos, algunos los manejarán, otros los interpretarán.  Lo importante es saberlos ubicar en el contexto al cual corresponden, pues las equivocaciones traen consecuencias funestas, no vaya a ser que confundan alguna con un tic nervioso.

Los romanos tenían una máxima muy sabia: Intelligenti pauca, al inteligente pocas cosas, con el tiempo llegó a Nicaragua algo parecido, pero un tanto más pertinente y muy adecuado al presente post: Al entendido por señas.

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La causa de tanta alegría

Otra vez llega diciembre, pero esta vez, sin los aires frescos que hacían inconfundibles sus mañanas.  El calentamiento global se encarga de hacernos añorar el ambiente de aquellos diciembres de antaño, sin embargo, no logra evitar que florezcan las virtudes y vicios que determinan la identidad del nicaragüense.

Nos llena de optimismo que a pesar de todo, empieza a campear la generosidad por todos los rincones del país.  Esa noble cualidad de muchos conciudadanos que anteponen el decoro a los mezquinos intereses y que aprovechando el espíritu de la época, llenan sus corazones con el placer de dar y compartir con sus semejantes.  No importa que los precios se eleven a la estratósfera y las humildes frutas que se repartirán en La Gritería pareciera que fueran cortadas del Jardín de las Hespérides, aquellos que se llenan el pecho de orgullo manteniendo esta antigua tradición nacional, hacen verdaderos malabares para llenar las gorras que tendrán listas para el siete de diciembre por la tarde.  Es posible que la crisis actual, sorteada solamente gracias al espíritu de surfista del pueblo nicaragüense que mantiene al país cabalgando en la cresta de la ola, afecte la antigua celebración y la cantidad de pólvora (léase dinero quemado), así como la magnitud de las gorras y el tiempo de operación de los altares sea un tanto menor al año pasado, augurando un año venidero más difícil.

Sería imposible separar las dosis de devoción y de generosidad que hay en estas personas, que en algunas ocasiones pasan ahorrando durante todo un año para mantener su tradición.  Este espíritu que enaltece a muchos nicaragüenses es importante aislarlo del fachadismo de los políticos que sin sacrificar su propio peculio saludan con sombrero ajeno, o bien de la responsabilidad social de las empresas que adoptan la pose de generosidad nada más para la foto.

En la otra acera están los que salen con su salbeque cumpliendo la tradición que fuera inculcada por sus padres y de los cuales una gran mayoría consideran la gorra como parte de un ágape, comprendiendo el esfuerzo y sacrificio del dueño del altar y recibiéndolo con amor.

No obstante, no faltan aquellos que salen a la calle con un sable entre los dientes y para quienes la gorra no es otra cosa más que un botín. Muchos, entre ellos algunos periodistas, califican lo anterior como un acto de pobreza y lo plasman como un reflejo de la crisis económica que nos aqueja, no obstante, soslayan uno de los prototipos de una deformada identidad del nicaragüense: el choñero.

El choñero vive bajo el lema: Fiado y regalado, hasta caer morado y contrario a lo que pudiera pensarse, no pertenece a una determinada clase social, pues al igual que puede existir en los barrios marginales, se puede encontrar en los más encumbrados y exclusivos repartos de la capital.  No depende pues del nivel de ingresos, sino de una pobreza de espíritu.  Es la persona que se presenta a un cumpleaños, invitada o no, con las manos vacías o con un presente reciclado y lo primero que hace, en lugar de expresar su alegría de compartir con el cumpleañero lo especial de la ocasión, es darse una vuelta por la cocina para analizar la cantidad y calidad de la comida y preparar su estrategia para entrarle al ataque.

Así pues durante este siete de diciembre y demás festividades decembrinas tendremos la oportunidad para admirar la vigencia de la tradición del pueblo nicaragüense, además de analizar las tendencias de la economía nacional y de paso actualizar nuestros conocimientos de sociología al observar a todos los actores de esa Comedie Humaine como diría Balzac.

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