Archivo mensual: abril 2012

No contaban con su astucia

En 1976 laboraba yo para el Ministerio de Agricultura y tenía un compañero de trabajo con quien también había concluido la carrera de economía enla UNAN, a quien apodaban El Gato.  Era mucho mayor que el resto de compañeros, arañando en ese entonces los treinta y pico de años, casi la cuarentena.  Llamaba la atención que los martes tenía dos aficiones fundamentales, a mediodía ir a Los Chanchitos a saborear unos tragos platicados de Flor de Caña y un filetito de cerdo asado, luego por las tardes se le hacía eterno el tiempo para salir corriendo a su casa pues tenía que estar atento a la transmisión del programa de Chespirito, con sus personajes de El Chavo del Ocho y El Chapulín Colorado, además de otros que con el tiempo se fueron sumando.

Para ese entonces, en Nicaragua la televisión había incrementado considerablemente su audiencia, al aumentar la venta de televisores, la mayoría en blanco y negro todavía y al extenderse la cobertura de la señal casi a nivel nacional.   De esta manera, el programa mexicano de la empresa que posteriormente se convertiría en Televisa, tuvo un impacto impresionante en la población, principalmente con su personaje de El chavo del ocho.

El creador de estos personajes y de los respectivos guiones era el cómico mexicano Roberto Gómez Bolaños, conocido en el mundo artístico como Chespirito, nombre que es una deformación de Shakespeare, adjudicado por un director de cine mexicano quien para derivar el mote se basó en la facilidad de Gómez para escribir guiones cómicos, así como en su reducida estatura.  El cómico empezó a trabajar en la década de los cincuenta como guionista de muchos programas de televisión, así como de algunas películas, destacándose los de Viruta y Capulina.  Al final, por azares del destino Chespirito ingresó en la actuación y luego vino el programa del Chavo, con gran éxito a nivel latinoamericano.

La historia básica se desarrollaba en una vecindad, que en su momento también fuera la localidad preferida por Cantinflas para sus películas y que reflejaba a los sectores de menores ingresos que vivían en el centro de la ciudad de México y en medio de la pobreza del ambiente, resaltaba ese niño huérfano que vivía en un barril.

La influencia de dicho programa en el público nicaragüense fue tal, que en todos los ámbitos de la vida nacional se comentaba sobre las andanzas del Chavo y sus amigos, así como las atropelladas aventuras del Chapulín Colorado.  Los dicharachos de la serie, inundaban el habla de ese entonces escuchándose por doquier: “Fue sin querer queriendo”, “Síganme los buenos”, “Oh, y ahora ¿quién podrá defendernos?”, “ Se me chispoteó”, “No me simpatizas”, “No contaban con mi astucia”, “Que no panda el cúnico”, “Todos mis movimientos están fríamente calculados”, “Tenía que ser el Chavo del Ocho”, “Es que no me tienen paciencia”, “Eso, eso, eso”.  Las interjecciones “a la flauta”, “a la viuda” o “chófiro” tan clásicas en nuestro hablar fueron sustituidas por “Chanfle” y “Recontrachanfle”.  Asimismo, los niños que cargaban sobre sus espaldas los complejos de algún progenitor medio pelo se regodeaban gritando a todo el mundo: “Chusma, chusma, chusma”.

Durante el resto de los años setenta, el programa de Chespirito continuó en las preferencias de los televidentes nicaragüenses, sin importar que a veces las repeticiones de los chascarrillos llegaban a ser evidentes y predecibles, incluso algunas arrastradas desde los programas de Viruta y Capulina.  En total se produjeron cerca de mil trescientos capítulos del programa de Chespirito, que Televisa supo comercializar de manera eficiente, pues es la fecha y en su programación para la televisión por cable en Latinoamérica lo sigue recetando mañana, tarde y noche, además de una serie de dibujos animados basados en el personaje del Chavo del Ocho.

Aparentemente los programas de Chespirito tenían un contenido blanco, lo que supuestamente los hacían aptos para todo público, sin embargo, si se realiza un análisis desapasionado de los mismos, se observan muestras de reiterada discriminación, intolerancia e incluso de violencia.  Es más, existe un capítulo en donde don Ramón aparece haciendo las veces de carpintero que al final tuvo que ser censurado y retirado de la serie por el exceso de violencia entre los personajes.  Por otra parte, es interesante observar que ninguno de los personajes de la serie, por el tipo de familia a la que pertenecen, podría considerarse como materia de protección de sus derechos patrimoniales de parte del nuevo Código de la Familia de Nicaragua.

En marzo de 2012, Televisa organizó un homenaje a Roberto Gómez Bolaños por su trayectoria artística, evento que se manejó a nivel latinoamericano y en donde la transnacional de las comunicaciones explotó una vez más la imagen de Chespirito y sus personajes.  Es importante resaltar que Televisa ha obtenido ganancias con los programas de Chespirito, incluyendo las del reciente homenaje al cómico, equivalentes a cerca de 2 mil millones de dólares, es decir una cifra igual a las exportaciones totales de Nicaragua en el año 2011. Chanfle dirían algunos.  De esta bicoca Roberto Gómez Bolaños ha obtenido una nada despreciable tajada, a tal nivel que quien maneja los derechos de autor del cómico, así como los productos como juguetes, ropa y demás es la empresa llamada Chespirito, S.A. de C.V. quien vigila celosamente todos los derechos derivados de los personajes creados por el cómico de tal forma que se han registrados innumerables juicios en contra de los otros actores de la serie que se han atrevido a utilizar los nombres de sus respectivos personajes, atuendos, dichos e incluso gestos.  Al final de cuentas, nadie contaba con la astucia de Televisa y de Roberto Gómez Bolaños.  Espero que Chespirito no me pase la factura por escribir sobre él o por la foto incluida.

En estos días, Gómez Bolaños de 83 años que ha sido pronunciado muerto por inescrupulosos medios de comunicación, ha salido a desmentir la noticia manifestado además su asombro ante la aparición del Chavo del Ocho en la plataforma Wii.

En Nicaragua, es posible que solamente algunos trasnochados utilicen eventualmente algunos de los dichos de Chespirito, aunque los personajes de la serie se encuentran entre las figuras de ficción más conocidas por los nicaragüenses de todas las edades.  No obstante, en la vida nacional se puede observar que muchos de sus ciudadanos guardan una estrecha similitud con los personajes del cómico mexicano, que parecen no perder vigencia.  Vemos seudo líderes que se avientan como el Chapulín Colorado en medio de grandes torpezas, bajo la bandera de defender a los buenos, otros ciudadanos se dedican a repartir tortazos a diestra y siniestra, mientras algunos políticos se dirigen a la opinión pública con declaraciones propias de Chaparrón Bonaparte o Lucas Tañeda.  Mientras una gran parte de la población no tiene de otra de meterse en su barril mientras exclama: Pi, pi, pi, pi, pi…

Anuncios

8 comentarios

Archivado bajo Uncategorized

Cuando el corazón no puede seguir

Nunca le he puesto mucha mente a los temas de la reencarnación ni de vidas pasadas, ni siquiera he tenido la curiosidad de ver cómo funcionan esos cálculos que ofrecen algunos sitios de internet para averiguar sobre la vida anterior con base en la fecha y lugar de nacimiento actual.  No obstante, a lo largo de mi existencia, de repente, sin ton ni son, acuden a mi mente algunas vagas escenas de sitios que nunca he visitado, de épocas remotas, de tal forma que me asalta la sospecha de que podría haber vivido en otros tiempos.

En estos días en que se ha conmemorado el centenario del hundimiento del Titanic, he tenido la oportunidad de adentrarme en todos los aspectos que rodearon a esa tragedia y he llegado a la conclusión, no sin cierta dosis de sorpresa, de que si acaso tuve alguna vida anterior, una de ellas coincide con ese negro episodio.   Lo interesante es que no fui ninguno de los pasajeros o miembro de la tripulación del trasatlántico, así que ni disfruté de la magnífica opulencia del barco, ni viví el drama de su choque con el iceberg, ni la desesperación de su posterior hundimiento.  Las escenas que han venido a mi mente están más bien relacionadas con lo ocurrido días más tarde de la fatídica fecha, cuando la propietaria del Titanic,la White StarLine, contrató los servicios de cuatro barcos cableros de Halifax, Nueva Escocia, Canadá, para rescatar los cadáveres que todavía flotaban en el lugar de la tragedia.

Una de las escenas que destellan en mi mente tiene que ver con un barco que zarpa de un puerto, gris, gélido, con una carga de dolor, ataúdes vacíos y una misión ingrata y lanza en su salida una prolongada y sonora pitada que rompía la quietud de la tarde, mientras algunos curiosos se quitan sus gorros y sombreros.  Por mucho tiempo esta escena logró calzar con una canción que en mi niñez me producía una extrema tristeza.  Era el tango Niebla del riachuelo, que en su inicio decía :  “Turbio fondeadero donde van a recalar, barcos que en el muelle para siempre han de quedar, sombras que se alargan en la noche del dolor; náufragos del mundo que han perdido el corazón…”  La canción, interpretada en otro ritmo por la orquesta de Rafael Muñoz y cantada por Raffi Muñoz tenía una melodía profundamente triste que se clavaba en mi ser como un aguijón y traía a mi mente lo que ahora entiendo era esa escena de la partida del barco cablero a la búsqueda de los cadáveres del Titanic.

Otras imágenes están relacionadas con centenares de cadáveres flotando en el mar, en medio de trozos de madera astillada.  Hombres, mujeres, niños, jóvenes, viejos; todos ellos en una danza macabra en la superficie del mar, aferrados a la vana esperanza que ofrecía un salvavidas de corcho.  Sus ojos extremadamente abiertos como en vigilia ante un posible rescate.  Estas escenas se entremezclaron con las vividas en diciembre de 1972 cuando observé centenares de cadáveres en muchas calles de Managua, en mi travesía por las entrañas abiertas de la ciudad.

En diciembre de 1964 falleció un primo de mi padre.  Yo estaba por cumplir quince años y mi padre sintió que ya era suficientemente grande para que le ayudara en una obligada pero impactante tarea que fue preparar el cadáver.  Con una botella de formalina y una jeringa de unos 200 cc. ingresamos al lugar donde se encontraba el cuerpo del tío Armando y mi padre comenzó a inyectar el químico en su inerte y desnudo cuerpo.  El olor del formaldehído penetró más allá de mis pulmones, rebotando luego en mis sienes y de pronto llegaron hasta mí algunos flashazos de un camarote en donde se preparaban docenas de cuerpos, en un masivo embalsamamiento un tanto forzado por los medios con que se contaba y en medio de todo, el penetrante olor de la formalina.

A finales de abril de 1992, volé de Los Angeles ala Ciudadde México con las cenizas de mi padre, quien recién había fallecido en esa ciudad.  Al atravesar la inmensidad de esa urbe por la noche, se fue agigantando la extraña sensación de ser portador de lo que fue un gran hombre, ahora reducido a mínimas cenizas y que debía entregar a mi madre, sentimiento que trajo a mi mente ciertas escenas de un barco cargado con ataúdes y cuerpos en hielo que llegaba a su destino en Halifax, mientras una gran muchedumbre se agolpaba para ser testigos de los capítulos finales de aquella tragedia, en donde al final de cuentas, los pasajeros de primera clase alcanzaron una sepultura decente en tierra firme, al contrario de los de segunda y tercera clase, así como la tripulación que encontraron en el fondo del mar su morada final.

Otra escena que a veces me llega es la del Atlántico observado desde una colina cercana a la costa de Nueva Escocia, en donde alguien admira la quietud del mar, mientras su corazón se encoge ante el recuerdo de aquella macabra travesía.

Ahora que se cumplen cien años de aquel episodio, siento propio aquel dolor y puedo dimensionar todo lo que representó aquella tragedia.  Fue algo más que la historia romántica que John Cameron plasmó en su película y que en estos momentos están anunciando su reestreno a los cuatro vientos, ahora en tercera dimensión.  El Titanic fue una lección de lo que representa la soberbia, de que no es tan cierto que la muerte nos iguala a todos, eso sí, que al resto nos minimiza.  Por eso ahora, al escuchar a Celine Dion cantar My heart will go on, pensaré que para muchos que estuvieron alrededor de ese desastre, su corazón simplemente no pudo seguir.

4 comentarios

Archivado bajo cultura

Un matrimonio feliz

Quienes ya tenían uso de razón a finales de los años cincuenta seguro recordarán un programa radial que se trasmitía a medio día a través dela Radio Mundialy que llevaba por título “Un matrimonio feliz”.  Se trataba de las aventuras de un viejo coscolino que en aquellos dorados tiempos calificaban como “rabo verde” y ahora simplemente “maduro interesante”, llamado Cándido Suave, quien era casado con una mujer de un recio carácter llamada Doña Robustiana Roncafuerte.  Don Cándido tenía como amigo y compañero de aventuras a Don Terencio Canales y Doña Robustiana tenía como confidente a Doña Tencha Nacatamales.  La interpretación de la serie estaba a cargo del cuadro de actores de Radio Mundial, llevando el papel estelar José María Morales quien tenía como nombre artístico “Pascual Tibio”, en el papel de don Cándido; Carmen Martínez como doña Robustiana; Aura María Ruiz en el papel de Doña Tencha y no estoy seguro si don Terencio era interpretado por Hugo Hernández Oviedo.

En cada capítulo se presentaba una historia en donde Don Cándido trataba de conquistar a una jovencita a escondidas de Doña Robustiana, misma que al final por angas o por mangas se enteraba de las andanzas de su marido y lo descubría in franganti e indefectiblemente terminaba el capítulo cuando ella lo agarraba a garrotazos, lanzándole toda clase de improperios.

Lo interesante del caso es que la serie tuvo un éxito inusitado en una sociedad que en ese tiempo era extremadamente machista.  Era una época en donde la mujer, en la mayoría de los casos, era un objeto propiedad de su marido, situación que era aceptada por ambos cónyuges, así como por todo el círculo social que los rodeaba.  Eran los tiempos en que no era extraño escuchar a una madre advertirle a su hija: “Cuando el hombre pega, pega en lo suyo, pues el hombre manda en la calle y en su casa”.

De esta manera, el programa presentaba lo que era la excepción de la regla, o por lo menos, un fenómeno extraño pero que no obstante ocurría y que es el del marido oprimido por la mujer.  Esta situación permanecía un tanto oculta, debido a que el orgullo del varón obligaba a callar los atropellos que sufría, al contrario de algunas señoras que lucían las huellas de la violencia intrafamiliar como trofeos de guerra.  La serie radial presentaba pues lo que provocaba humorismo y que de ninguna manera sería considerado como una violación a los derechos humanos.

La moraleja, un tanto cuanto subliminal, es que no importaba cuántas apaleadas le propinaba Doña Robustiana a Don Cándido, este último siempre regresaba a las andadas, por lo tanto, nada detenía a su espíritu conquistador.

Con el auge de la televisión en los años sesenta, muchos programas radiales perdieron audiencia y poco a poco se fueron apagando.  Unos pocos incursionaron en la televisión como es el caso de “Un matrimonio feliz”, pero no tuvo el éxito ni duración del programa radial.  Luego los actores buscaron otras vetas dentro del gran abanico que ofrecía la televisión y así fue que el programa y sus personajes se fueron esfumando dentro del olvido.

Ahora en el siglo XXI, nuestra sociedad presenta un variopinto de correlaciones de fuerzas en los matrimonios, algunos de los cuales son felices, otros dicen que lo son aunque no es cierto, otros admiten abiertamente que no lo son y otros manifiestan que no lo son y no saben que lo son o no quieren admitirlo.  Desafortunadamente el machismo todavía está muy arraigado en nuestra sociedad y se manifiesta de diversas maneras, resaltando la violencia intrafamiliar que es una lacra que flagela a los miembros más débiles de esta célula, en cuyos hogares el pan nuestro de cada día es la “sopa de muñeca”.

No se puede negar que ha habido avances en este sentido y son cada vez más las parejas que logran establecer un equilibrio en donde existe respeto y una plena participación de ambos en las decisiones y responsabilidades de la sociedad conyugal.  Sin embargo, las estadísticas en materia de violencia contra las mujeres es alarmante y lo más dramático es que todavía pervive en parejas que tienen un nivel cultural y económico elevado.  El femicidio todavía consume considerables espacios en los medios de comunicación.

En lo referente a los maridos oprimidos por sus cónyuges, es un fenómeno que todavía sigue ocurriendo en el país, aunque bajo diferentes facetas.  Existen aquellos que en realidad son víctimas del recio carácter de una esposa dominante que tiene a su cargo casi todas las decisiones del hogar y en algunos casos llega a la violencia física y/o psicológica en contra de su pareja.  Lo anterior, de manera independiente si el varón es el que aporta todo el sustento económico a la familia, una parte o peor aún cuando tiene la mala suerte de estar desempleado y ella es quien mantiene a la familia.

También existen aquellos varones que le dan la “con dulce” a sus parejas, haciéndoles creer que ellas tienen el control de la familia, solo para tener un espacio para cometer sus tropelías con mayor tranquilidad.

En los casos en que los varones oprimidos llegan a ostentar alguna forma de poder, se llega a extremos patéticos.  Tuve la oportunidad de conocer el caso de un par de ministros cuyas parejas tenían una presencia sostenida en sus respectivos despachos, ya fuera determinando el largo de las faldas de las colaboradoras de la entidad, hasta el caso de obligar al domado ministro a despedir a una funcionaria eficiente por el único pecado de ser atractiva.  Cosas veredes amigo Sancho.

En enero pasado fue aprobada la Ley Integral en contra de la violencia hacia las mujeres, que se espera logre acabar, o por lo menos reducir drásticamente este problema, siempre y cuando exista la voluntad política de destinar recursos para aplicarla o para erradicar los vicios de inventar “arrebatos” como atenuantes para este tipo de delitos.  Asimismo, las funcionarias gubernamentales deberán tener la entereza de aceptar las críticas que la opinión pública realice sobre su desempeño y no escudarse en la vacilada de la violencia mediática.

En cuanto a los varones que sufren del síndrome de Cándido Suave, es decir que les dan para “sus puros”, pues no les queda otra que exclamar: -Oh, y ahora ¿quién podrá defendernos?; pues esa ley no aplica para hombres, no existe la defensa propia y todo lo que digan puede ser utilizado en su contra.  Así pues como decían las viejas de mi pueblo, perdón, las adultas mayores: -Sóbese.

 

 

 

5 comentarios

Archivado bajo cultura, Familia, Nicaragüense

La sabrosa vida en el mar

La población nicaragüense de la franja del Pacífico tiene un especial apego hacia el mar.  Además de contar con bellas playas a lo largo de todo el litoral, la mayoría de las ciudades se encuentran a una reducida distancia de alguna de ellas y a medida de que la infraestructura vial se ha ido ampliando y mejorando, actualmente un ciudadano de esta franja puede estar en una bella playa en menos de una hora.

En la primera mitad del siglo XX, los viajes al mar eran toda una aventura, pues al no existir carreteras hacia las principales playas ni existir un gran parque vehicular, el desplazamiento hacia una playa se hacía en romerías de carretas que tardaban uno o dos días en llegar a su destino, salvo tal vez algunos balnearios ubicados muy cerca de la zona urbana como es el caso de Poneloya y León.

Quedó para siempre en mi memoria el relato que hacía nuestro barbero y amigo “Chalo” Vásquez, en el cual narraba los detalles de su primer viaje a una playa.  Decía que antes de los catorce años no conocía el mar y sólo escuchaba las historias de los paisanos que habían tenido la dicha de viajar allá y sus peripecias en la playa.  Cuando su familia planificó un viaje al mar, “Chalo” se emocionó tanto que no dormía por la ansiedad de ver por primera vez el mar y especialmente conocer los “tumbos” que de acuerdo a las crónicas de los amigos eran como unas grandes pelotas de agua que salían del mar y que se estrellaban contra los bañistas.  En ese entonces era toda una aventura el viaje hacia la playa en carretas en donde convivían los paisanos y en las noches cada quien daba rienda suelta a su imaginación con los cuentos de camino más espeluznantes.  Los muchachos que esperábamos turno en la barbería nos quedábamos con la boca abierta escuchando los relatos de “Chalo” y aquellos periplos hacia el mar allá en los años treinta.

Mis recuerdos más antiguos sobre el mar se remontan a mediados de los años cincuenta, a pesar de que dentro mi primer año de vida pasé seis meses en un pequeño puerto en el Golfo de México donde mi padre prestaba su servicio social, de lo cual solo sobreviven algunas fotos.  Los balnearios más concurridos en aquella época eran Masachapa y en menor medida Pochomil.  La emoción iniciaba cuando después de salir con los primeros albores de la mañana llegábamos al empalme de El Crucero y tomábamos la carretera hacia San Rafael del Sur.  Era una carretera nueva, de concreto y bastante sinuosa a medida que bajábamos “Las Cuchillas”, la cual tomaba mi padre con extrema precaución, hasta llegar a la planicie que anunciaba que el mar estaba cera y avanzábamos a buena velocidad en medio de los cañaverales.  En la niñez el mar era esa mezcla de la emoción de ingresar en semejante inmensidad, el extremo temor de la fuerza de las olas que lo tumbaba a uno y el único asidero era la mano del padre, siempre alerta.  La comida en ese tiempo no era ningún atractivo especial y por lo tanto no permanece ningún recuerdo, sin embargo, la memoria auditiva tiene todavía muy presente que la reina en esos lugares era sin lugar a dudas la Sonora Matancera, que en cada una de las roconolas en hoteles y enramadas repetía sin cesar los grandes éxitos del verano: En el mar, la vida es más sabrosa o A la orilla del mar, con Carlos Argentino y Bienvenido Granda, respectivamente.

También recuerdo un viaje familiar a La Boquita, en donde el trayecto era bastante agreste pues pasando “La quebrada del perro” en Diriamba seguía un camino de terracería bastante accidentado y al final llegaba uno a las ramadas de ese balneario.  De ese viaje recuerdo el escándalo que se armó cuando una ola revolcó a mi abuela quien sintió que se ahogaba y pidió que regresáramos a la casa inmediatamente, con la promesa de no regresar nunca más a ese lugar.  En 1958 un amigo de mi abuelo de apellido Reyes de La Concepción lo invitó a San Juan del Sur y mi abuelo tuvo a bien ordenar que me equiparan para el viaje, así que en un jeep de doble cabina del Sr. Reyes fuimos en un viaje que se me hizo eterno hacia San Juan del Sur, pues en el trayecto realizamos varias paradas, de las cuales recuerdo una por San Jorge comprando “panecillos”.  En aquella época el puerto no era ni la sombra de lo que hoy es, pues recuerdo unas enramadas a lo largo de la costa en donde almorzamos opíparamente, no pregunten qué, pues no me alcanza la memoria, tan solo recuerdo que la reina ahí también seguía siendo la Sonora Matancera, en esa ocasión destacando Celia Cruz, con un tema llamado Rock and Roll mezcal de ese nuevo ritmo y del sonido característico de esa agrupación musical, que sonaba al unísono a lo largo de toda la bahía.

Por varios años se nos hizo la costumbre de salir al mar los domingos de pascua, como un símbolo de cierre de las restricciones de la semana santa, al reafirmar que el Señor no estaba muerto.  No obstante, un viaje que se quedó grabado en mi mente fue cuando tenía unos diecisiete años y estaba aprendiendo a manejar.  Mi padre tenía fuertes lazos de amistad con las familias Sánchez Avilés y Ramírez Morales de Jinotepe y lo invitaron a Huehuete.  Mi padre me dio su camioneta Opel para que la manejara hacia el balneario, considerando que no había policías en el trayecto.  En el tramo de Diriamba hacia Casares el camino estaba fatal, pero lo libré sin problemas, sin embargo, los pocos kilómetros de ahí hasta Huehuete estaban peor, incluyendo el tránsito por un río en donde estuve a punto de regresarle el volante a mi padre, quien no sé qué pensaba en su interior pero me animó a que continuara y al final llegamos a nuestro destino.  Cual no sería nuestra sorpresa al darnos cuenta que detrás de nosotros en un vehículo de doble tracción venía el comandante de Carazo, el entonces Coronel Bermúdez, quien felicitó a mi padre porque su “conductor” había realizado tan fácilmente la travesía del río en una camioneta station wagon sin doble trasmisión.  Reflauta, me dije a mí mismo.

Cuando llegaron los padres canadienses a San Marcos, uno de ellos, el Padre Pedro Pelletier gustaba de manera extrema del mar y en breve se organizaron constantes viajes a la playa, en especial con los integrantes de los movimientos de los cursillos de cristiandad a los cuales pertenecían mis padres.  Así pues a finales de los años sesenta, fueron innumerables viajes al mar, en especial a Huehuete, Casares, La Boquita y Pochomil Viejo, en aquellas ocasiones no esperábamos al domingo de pascua, pues el sábado de gloria seguíamos al Padre Pedro que en su Land Rover parecía volar por la carretera.  En esos viajes convivimos con muchos recordados amigos de San Marcos y afortunadamente nunca tuvimos ningún accidente que lamentar como ocurría frecuentemente en esos eventos.

En el arranque de los años setenta, llegó la temporada de verano con una canción que dejó atrás todos los temas que caracterizaban los viajes al mar.  Era el tema Tiritando un éxito que el año anterior había lanzado en Argentina el cantante Donald y del cual el grupo costarricense Los Gatos con la voz de Manuel Nájar, realizó un cover bastante bueno.  Desde ese año, Tiritando sería el soundtrack de tantos viajes al mar y de tantas aventuras de los nicaragüenses que seguían abarrotando las playas del Pacífico, cuando la infraestructura mejoró sustancialmente, en especial la carretera hasta Casares y La Boquita, así como la de El Velero.  Luego entró en acción el cantante de origen cubano, nacionalizado tico y radicado en Colombia, Ricardo Acosta con otros éxitos arrolladores para el verano como Y te diré te quiero, Verano feliz y Quiero.

Por muchos años, estos temas resonaron por días y noches en las rokonolas de las enramadas de todas las playas del Pacífico.  Yo tuve la oportunidad de escucharlas en lo que recuerdo como la primera Discoteca de una playa y fue El Pirata Cojo, del balneario El Velero.

Recuerdo de manera especial cuando mis padres me organizaron una cena para mi cumpleaños en diciembre de 1977 en el Casino de Casares, la sensación de la noche en el mar, la brisa que traía hacia el Casino y la compañía de los seres queridos en esa fecha disfrutando de una deliciosa cena.  Luego, cuando estuve en México, llevé a mis hijos a conocer algunas playas de ese país: Acapulco, Veracruz, algunas de Colima, sin embargo, no nos aficionamos a esas giras.

Luego, el mar dejó de tener el atractivo que un día tuvo.  Comencé a apegarme a la comodidad y mis viajes al mar se hicieron mucho más esporádicos hasta que transcurrieron muchos años sin viajar a una playa.  Este año, mis nietas me hicieron regresar, así que ese afán de estar cómodo tuvo que hacerse a un lado para llevar a las niñas a disfrutar de esa aventura que para un niño constituye un viaje al mar.

Estoy seguro que la mayoría de los lectores que son de la franja del Pacífico tienen en su mente un bagaje mucho más grande de recuerdos en torno al mar.  Aventuras para llenar libros enteros en donde una playa, una enramada, un estero, fueron la escena para eventos fundamentales en cada vida.  Algunos evocarán esos tiempos al sentir el aroma de la brisa marina, al sentir en sus pies la suave y tibia arena o el abrazo del mar en la piel, otros se transportarán a otra época al escuchar a la Sonora Matancera, o bien con los primeros acordes de Tiritando o cualquiera de los éxitos de Ricardo Acosta.

7 comentarios

Archivado bajo cultura, Familia, Nicaragüense