Archivo mensual: noviembre 2010

Parte 3. ¿Qué estás pensando?

El Facebook se hace operativo a través de un espacio en donde el usuario puede expresarse de diferentes maneras, desde pensamientos, reflexiones, estados de ánimo, mensajes a los amigos, anexando enlaces para páginas web (youtube especialmente), imágenes, videos, etc.   Este espacio tiene el nombre original en inglés de “wall” y es traducido al español como “muro”.  Es posible que dicho nombre haya sido tomado de la pizarra que se coloca en la pared de las oficinas y en donde se fijan mensajes y recordatorios de diversa índole y que en el hogar es sustituido muchas veces por la refrigeradora.  No obstante, el nombre de muro o pared en español como espacio de expresión, por lo menos en estas latitudes, nos lleva mentalmente a las pintas, grafitis o a la calidad de mingitorio, tan socorrida en estos lados.

El usuario puede utilizar su propio muro para compartir con su comunidad de amigos lo que en ese momento le inspire.  La invitación del propio muro tiene como default “¿Qué estás pensando?” y trae las opciones de anexar fotos, videos, eventos o enlaces.  El usuario puede también escribir en el muro de uno de sus amigos para dejarle un mensaje, anexándole de igual manera, fotos y demás.  Salvo algunos ajustes en la configuración, todos los mensajes podrán ser vistos por todos los amigos y de la misma manera, todos podrán tener dos opciones, la de dejar un comentario o apuntar “me gusta”.

Es también importante saber que en su utilización general, todo lo que un usuario publique en su muro o en el de sus amigos, así como los comentarios correspondientes serán observados por toda la lista de amigos que tiene en la red.  De esta forma, se necesita una fuerte dosis de ponderación con el fin de expresarse considerando que todos sus amigos, cada quien con su carácter particular, van a leer su estado y sus reacciones podrán ser muy diferentes.  No espere que a todo el mundo le guste lo que expresó o colgó en la red, de esta forma, mejor hágase de cuenta que está escribiendo por el placer o necesidad de expresarse, sin la expectativa de recibir alguna retroalimentación que lo satisfaga.  Un famoso escritor dijo que esto era como lanzar una botella al mar con un mensaje dentro, que puede ser que algún día alguien pueda encontrarlo y leerlo; de la misma manera, hay que hacerse la idea que lo que colgamos en el muro puede ser como esa botella y de esa manera será bienvenido cualquier comentario.

Hay que cuidar mucho lo que se va a escribir, incluso pensarlo dos veces antes de publicarlo, pues a pesar de que existe la posibilidad de eliminar la entrada, puede ser que alguien ya la hubiese leído y compartido a su vez y entonces sea demasiado tarde.  Así mismo, es muy importante cuidar la ortografía, lo cual se facilita con la herramienta del subrayado rojo que en muchos casos, no todos, nos alerta de algún posible dislate. No se le ocurra disimular con el estilo SMS, tan en boga, de contraer palabras, utilizar la “K” o jugar con mayúsculas y minúsculas en la misma palabra. Mucho se ha insistido también en que no es cortés escribir sólo en mayúsculas, pues se considera que el emisor está gritando su mensaje.  Tampoco utilice palabras soeces, que para algunos será un folklórico pero para otros será un patán.  Si se va a arriesgar a jugar con el doble sentido, hágalo con gracia, de manera sutil, de tal forma que muchos ni siquiera lo noten. Escriba como si estuviera en un examen de Español, con un tribunal de 150 réplicas observándolo.

Con los comentarios también es necesario tener mucho tacto.  En primer lugar, a pesar de que se supone estos están abiertos a todos los amigos del usuario, hay que ser muy intuitivo para saber cuándo es pertinente realizar un comentario y cómo hacerlo. Póngase en los zapatos de quien lo envió e imagínese qué tipo de comentario está esperando.  Muchas veces el mensaje está pensado para un determinado círculo de amigos de quien lo envió y hay que ser prudentes para decidir si se puede o no participar.

En algunas ocasiones, algún asunto genera comentarios que de repente se convierten en algo así como la canción de Muchilanga, que viene a desembocar en insultos y demás situaciones incómodas.  En estos casos, es prudente extraer el motivo de la discordia y plantearlo de manera objetiva en un foro, que es otra aplicación de Facebook,, en donde con ciertas reglas predeterminadas, se puede provocar un debate de altura sobre cualquier tópico.

La aplicación de “me gusta” tiende a facilitar la participación en la red, pues al pulsar ese botón, denota que lo expresado por el emisor del mensaje es de su interés y que le ha gustado, ya sea el propio mensaje, el enlace, la foto y demás, ahorrándole al usuario el tener que emitir un comentario.  No obstante hay que tener mucho cuidado con la interpretación que pueda tener un “me gusta” ante un mensaje.  Puede ser que el amigo haya expresado su pesar por la enfermedad o muerte de alguna persona y si usted está acostumbrado automáticamente a poner “me gusta” a todo lo que escriben sus amigos, puede verse en un problema.  Si un amigo pone una foto de su esposa, presentando a su bella compañera, pulsar el botón de “me gusta” podría tener cierta connotación un tanto atrevida, por lo que se sugiere hacer un comentario felicitando al amigo por tener una guapa esposa, que es más adecuado.

Si tiene una participación muy activa en la red social, es conveniente que estudie un poco las normas sobre lo políticamente correcto, que recomiendan ciertos conceptos que tienden a minimizar ofensas al expresarse, contra grupos étnicos, religiosos, culturales o con alguna condición de salud, pues más vale pecar de exagerados que herir cualquier susceptibilidad.

Cuando se necesita reducir el círculo de participantes de un comentario, existe ahora en el muro un selector de opciones para manejar el nivel de privacidad del mismo.  En los casos que haya necesidad de comunicación estrictamente entre dos amigos, es recomendable usar la opción de mensajes, que es una especie de correo electrónico rudimentario de Facebook, en donde sólo el emisor y el receptor pueden ver el mensaje. De la misma forma, recientemente Facebook ha creado la alternativa de formar grupos exclusivos en donde el ingreso está restringido por el creador del mismo y lo que ahí se comparte no puede ser visto por nadie ajeno a ese círculo.

Mucho se ha hablado que en breve la red agregará un botón de “no me gusta” lo cual sería un arma de doble filo, pues su uso debería ser exclusivamente para situaciones extremas. Esto me hace recordar el caso de una muchacha que allá por los años cuarenta, fue llevada a los Estados Unidos como asistente doméstica y como no sabía ni una palabra de inglés, sólo pudo aprender a responder, ante todo que le decían en la calle: “No good, Mister, no good”.

La sociedad actual nos está conduciendo hacia lo que Orwell anticipó en su libro “1984”, en donde el Hermano Mayor (de aquí nace lo de Big Brother) conocía todo lo que hacía la gente, no importando donde estuviera.  Debemos de prepararnos para actuar en una sociedad en donde todo está captado por cámaras satelitales, de seguridad, de monitoreo, del computador; del celular, por lo tanto, no hay lugar para deslices, dislates y participar en el Facebook es un buen entrenamiento, si sabemos conducirnos, con tolerancia, sensibilidad y propiedad.

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Parte 2. Yo quiero tener un millón de amigos

Facebook funciona a través de un eje que está constituido por la relación entre personas que para no llamarlas “contactos” los desarrolladores de la red les llamaron “amigos”.  Aquí habría que recordar el letrero que tenía un famoso manicomio: “Ni son todos los que están, ni están todos los que son”.  Poniendo lo anterior en términos prácticos hay que recordar que bajo este nivel se cubre una amplia gama de relaciones que va desde la íntima con los familiares y amigos del alma, ampliándose hacia los amigos cercanos y dispersándose luego hacia amigos eventuales, amigos de amigos, conocidos, contactos que comparten ciertos intereses, hasta llegar a ciertos desconocidos que de alguna manera logran colarse.  Por otra parte, una gran cantidad de amigos de la vida real, especialmente cuando uno pasa del medio siglo, no son afectos ni al Internet o bien a participar en la red social.

No está de más recordar la importancia que tiene la selección de amigos en la red.  Por el lado de las solicitudes, la aceptación debe darse sólo cuando exista la plena seguridad de que se quiere tener a esa persona en el mismo nivel que el amigo más cercano.  Hay que cuidarse de algunos buscadores de récords que sin conocer a las personas solicitan su amistad a fin de alcanzar una elevada cifra de amigos.  Por otra parte están aquellos “fantasmas” que bajo una falsa identidad quieren tener acceso a cierto círculo de amistades, la mayoría de las veces con oscuros intereses.  Así pues no está de más visitar en forma previa el perfil de estas personas para asegurarse de quiénes son y con cierta intuición adivinar de qué se trata.  Si se puede es recomendable solicitar ayuda de amigos comunes, pues la memoria traiciona y algunos nombres pueden estar soterrados en el olvido.  Si después de toda una gran consideración y análisis, piensa que no tiene interés de aceptar a esa persona, no se sienta obligado o comprometido y rechace la solicitud.  Es difícil que la persona rechazada como amigo le reclame, sin embargo, en un eventual caso de reclamo, siéntase en la libertad de expresar que  consideró pertinente rechazar la solicitud y se acabó.

De la misma forma, si es usted quién solicita la relación de amistad, asegúrese de que se trate de la persona que a usted le interesa y no un homónimo.  Tampoco debe de sentirse mal si alguna solicitud de amistad de su parte es rechazada, como dicen los gringos: Just, move on. No es remoto que muchos viejos amigos o compañeros no nos recuerden o su vida actual la están manejando de manera que nuestra presencia no cabría por ahí.

Es aconsejable que su círculo de amigos no sea muy amplio a fin de que pueda participar de manera eficiente en la red.  De conformidad con algunos análisis de psicólogos especialistas en la materia, es muy difícil que alguien pueda manejar un círculo de amigos de más de 150 personas.  Aunque la base de datos de Facebook aguanta hasta un total de 5,000 amigos, para el ciudadano común esta es una cifra inmanejable.  Parece ser que la red hará excepciones para el caso de algunos políticos y artistas para que puedan sobrepasar el límite de los 5,000 amigos, aunque es posible que estos tengan un equipo completo de cibernautas dedicados exclusivamente a manejar su imagen y a sus amigos en la red.

Hay que tener en cuenta que cada uno de los amigos en la red es un individuo con un carácter y una sensibilidad particular.  Ellos tienen algunos aspectos en común con nosotros, ya sea un vínculo familiar, una amistad de muchos años, una infancia y/o adolescencia compartida, una relación de trabajo, una vecindad, un amigo común, algunos intereses compartidos, no obstante, es muy importante considerar que cada uno de ellos tiene su propia forma de ser, sus propias creencias en cuanto a religión, sus particulares convicciones políticas, sus gustos, preferencias y orientaciones.  En algunos casos podremos compartir algunos de ellos, sin embargo, en algunos podríamos diferir sustancialmente, por lo tanto, la tolerancia debe ser un elemento esencial en nuestra relación a través de la red.

Muchos de los amigos en la red son amigos reencontrados después de muchos años de no saber de ellos, en este caso hay que tener en cuenta que el tiempo no pasa en vano.  De la misma manera que el joven de la otrora abundante cabellera tiene ahora una frente tan amplia que no se puede persignar, así mismo es posible que el amigo del bachillerato que compartió una banca por cinco años, haya cambiado sustancialmente sus convicciones y todo aquello que manifestaba en los años mozos, tenga ahora un tinte completamente diferente.  La amiga de la adolescencia con quien se intercambiaba el chicle en el cine, es ahora una respetable señora con una numerosa prole y es miembro de la liga de la decencia, así que es posible que ni desee tenerlo de amigo.

A pesar de que con algunos compañeros de trabajo mantenemos una relación cordial e incluso de amistad íntima, es necesario pensarlo dos veces antes de incluirlos en el círculo de amigos del Facebook, pues tal como están las cosas, más de alguno puede estar aspirando a ocupar su puesto y recuerde que en esta red social todo lo que diga podrá ser usado en su contra.  De la misma forma, ya se han empezado a detectar roces familiares de parte de hijos que rechazan la solicitud de amistad de sus padres o viceversa, debido a que cada quien desea mantener encapsulada su intimidad.

Por ningún motivo permita que el Facebook busque amigos por usted a través de su correo electrónico, pues al momento de proporcionarle la contraseña de ingreso al mismo, la red social enviará solicitudes de amistad a Raymundo y a todo el mundo, sin discriminar el tipo de relación que usted tuvo con el contacto en su correo electrónico.  Puede haber sido un fuerte diferendo con alguien que motivó la comunicación y de pronto usted aparece solicitándole la amistad a su adversario.  Maneje manualmente su búsqueda y solicitudes de amistad con las personas que usted, después de haberlo meditado bien, considere prudente establecer la relación en la red.

Decía Marco Tulio Cicerón que el primer precepto de la amistad es pedir a los amigos sólo lo honesto y sólo lo honesto hacer por ellos.  Creo que bajo esta premisa debería basarse cualquier participación en el Facebook.  Ya que hemos seleccionado un amplio círculo de amigos virtuales,  es menester manejar la honestidad como principio básico de nuestra relación.

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Guía práctica para participar en Facebook

Parte 1.  Una red que llaman social.

No cabe duda que uno de los fenómenos sociales que ha caracterizado al inicio del siglo XXI es Facebook.  Esta red social fue creada por Mark Elliot Zuckerberg, con el apoyo de Eduardo Saverin, Chris Hughes y Dustin Moskovitz allá por 2004 y fue originalmente dedicado a la comunicación entre los estudiantes de la Universidad de Harvard.  Con el tiempo han surgido nuevos colaboradores que no se mencionaron en su momento y otras circunstancias que de manera novelada podrán verse en la película “The social network” que se está estrenando a nivel mundial.  Existen otras redes, sin embargo, esta es la más importante y con mayor número de usuarios.

En términos generales Facebook no es otra cosa que una inmensa y robusta base de datos que permite ingresar una cantidad considerable de usuarios con su información básica o de perfil y que contiene las aplicaciones necesarias para que estos usuarios puedan interactuar entre sí, siempre y cuando exista un vínculo de “amistad” sancionado por ambos usuarios.  En un muro o pared, que es un espacio en la red, cada usuario escribe lo que estima conveniente compartir, incluyendo estados de ánimo, mensajes, enlaces, fotos, videos y demás.

El entusiasmo por participar en esta red social ha sido tan grande, que al día de hoy y aquí me voy a permitir emular al gran Firuliche (no el payaso), pues no hay nada como la precisión, existe un total de 5,223,215 usuarios registrados en todo el mundo.  En Nicaragua, como en muchos aspectos, nos hemos quedado a la zaga y el número de usuarios anda el día de hoy por los 80,124 usuarios, uno de las cifras más bajas en Centroamérica.  No obstante, habría que considerar a los usuarios que son nicaragüenses u originarios de acá, pero que viven fuera del país y que en total pueden alcanzar los 63,224.  Es interesante resaltar que los usuarios de Facebook en Nicaragua representan el 52.33% del total de usuarios de internet en el país.

Las estadísticas podrían llenar de sobra el presente post, lo importante sin embargo es todo lo que representa el Facebook para la sociedad, pues para algunos, se trata de algo imprescindible, para otros es algo maléfico pues según ciertos amantes de la teoría del complot esta red fue desarrollada por la propia CIA y otros, un tanto más radicales, creen que fue una creación del Enemigo Malo.  Al respecto, yo comparo el caso de esta red social con la anécdota de Esopo cuando siendo esclavo su amo le pidió preparar una comida con lo mejor del mundo, habiendo preparado el esclavo un plato de lengua.  Al preguntarle el amo a Esopo  por qué había seleccionado la lengua éste le respondió que esta permite la comunicación entre los seres humanos y con ella podemos enseñar, consolar, explicar, aliviar, conducir.  Intrigado el amo le encargó que preparara entonces una comida con lo peor del mundo y cuál no sería su sorpresa cuando encontró que Esopo había preparado un plato de lengua.  Al reclamarle el amo, Esopo le afirmó que la lengua puede ser el instrumento para la división y distanciamiento de los seres humanos, pues a través de ella se tejen intrigas y las verdades más grandes se vuelven corruptas.  La moraleja que algunos adosan a la anécdota es: habla poco, piensa mucho.

Yo en lo particular pienso que esta red social puede constituir una verdadera escuela para aprender la forma de convivir en esta aldea global.  Si se utiliza el Facebook de manera adecuada, podemos mejorar los niveles de tolerancia, prudencia, solidaridad, tacto, sensibilidad y pertinencia y aplicarlos luego sin ningún problema en la vida real.

Hubiese sido ideal que a la par que los creadores de Facebook trabajaron en el desarrollo de la red para lanzarla a nivel mundial, un equipo especializado hubiera preparado un manual o guía de cómo comportarse en dicha red, pues al igual que en la vida real tenemos normas de urbanidad y buenas maneras (muchas en desuso), la interacción en el mundo virtual también demanda de un código de conducta que permita que el participar en el mismo asegure un comportamiento decoroso.

Sin ningún ánimo de convertirme en un gurú del comportamiento en el Facebook, con base en mi experiencia de casi un año de participar en esta red, he tomado la iniciativa de escribir mis impresiones sobre lo que podría ser una guía general de comportamiento en esta red social, mientras un especialista en la materia se atreve a escribir un tratado completo sobre este tema.  Así pues, en los siguientes post encontrarán algunas consideraciones y consejos para interactuar en el Facebook.

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Los hombres en la cocina…

Recuerdo que en la casa de mi abuela el ingreso de los varones a la cocina estaba terminantemente prohibido.  –Los hombres en la cocina, huelen a cuita de gallina, decía reafirmando su negativa ante cualquier intento de participar en las labores que eran exclusivas del género femenino.  De esta forma, jamás miré a mi abuelo ni siquiera servirse el café con leche que desayunaba a diario, pues mi abuela, cuando él se había sentado a la mesa se acercaba y a un poco de leche le agregaba “esencia” de café, agregando el azúcar que según el gusto de mi abuelo, ella sabía calcular.

Mi padre fue criado bajo ese mismo tabú de que los hombres no deberían participar en ninguna actividad doméstica, que eran propias de las mujeres.  Nunca lo miré preparar absolutamente nada e incluso el aromático café percolado que disfrutaba era preparado por mi madre y él se limitaba a comprar el café adecuado.  Así era por lo general el hombre de aquella época, se limitaban a generar ingresos (con deshonrosas excepciones) y la mujer era la encargada de las artes culinarias.  En donde había cierta disparidad era en la distribución para realizar las compras diarias en el mercado, que en algunas ciudades era labor exclusiva de los hombres y en otras era también endosada sólo a las mujeres.  Un poco más complicado era el asunto de la administración de los fondos familiares, en donde a pesar de constituir una función propia de los varones, había casos en que las señoras absorbían este menester y con sabiduría y buen acierto, hacían uso eficiente de los fondos que en la mayoría de los casos no eran abundantes.

A modo de reafirmación de esta regla sobre la participación de los hombres en la cocina estaba el hecho de que los únicos cocineros en el pueblo eran miembros de la comunidad gay y como no se sabía qué era consecuencia de qué, pues todos los varones seguían al pie de la letra la prohibición de entrar a la cocina.

Cuando nos mudamos a nuestra casa propia, mi madre que no era inflexible como mi abuela, abrió las puertas de la cocina a todo el mundo, instalando un desayunador que servía para tomar los cotidianos alimentos a excepción de las comidas familiares de los sábados y domingos o cualquier otra ocasión especial, que se realizaban en el comedor.  Así mismo, servía para que ahí llegáramos a acompañar a nuestra madre mientras preparaba aquellos pequeños banquetes y que aprovechaba para contarnos los cuentos más fantásticos y las anécdotas más inverosímiles.  No obstante, a pesar de haberse erradicado la veda hacia el ingreso a la cocina de parte de los varones, nunca hubo ningún intento de mi parte de aprender los secretos de la cocina, ni tampoco de mi madre en enseñarme.  Lo que sí logré dentro de la formación de mi independencia fue el prepararme mi desayuno de acuerdo a mis propios gustos y preferencias, jugando con las diferentes combinaciones de leche con café, cereal o frutas y el pan con sus diferentes acompañantes.  Como parte de la disciplina familiar, ciertos días me correspondía ayudar a lavar trastos y secarlos.

La única experiencia en mis años mozos relacionada con los alimentos fue en una ocasión en que mi madre acompañó a mi padre a Managua y por alguna razón se retrasaron y era hora de la merienda y no había señas de comida.   Como dicen por ahí que el hambre es arrecha, pero más arrecho el que la aguanta, así que como hermano mayor acudieron a mí para que resolviera al respecto.  Lo único que se me ocurrió fue tomar un recetario que regalaban por la compra de la licuadora Oster y buscar, casi al azar, una receta para salvar la situación.  Encontré una receta que a la par de su nombre sugestivo, “Morir soñando” (nada que ver con la cususa), se miraba sencilla de preparar.  Así que tomé leche, jugo de naranja y miel y en un dos por tres los estaba batiendo en la licuadora con hielito pi-picado.   Todos nos tomamos la pócima que no dejaba de tener un sabor extraño y así los reclamos de mis hermanos no se hicieron esperar, acusándome de querer atentar contra su salud.  Les expliqué que era “Morir soñando” y uno de ellos, no recuerdo quién, me dijo que íbamos a morir cagando.  Afortunadamente, no llegó la sangre al río o lo que fuere, pero no quedé convidado a incursionar en el rubro de las artes culinarias.

A finales de los años setenta, recién llegado a México, en cierta ocasión visitando a mi abuela materna, quien dominaba a la perfección toda la gastronomía mexicana, mi hermana, en broma, le comentó que yo era un excelente cocinero y ella lo creyó a pie juntillas, a tal punto que fijó una fecha para llegar a mi casa a probar mi cuchara.  Como las cosas no estaban como para salir con el plato de baba que era una broma, pues ya montado en el macho no había de otra más que jinetearlo.  Conseguí un libro de cocina y busqué una receta que mi abuela no pudiera conocer y salió una de conejo al vino tinto.   Dio la casualidad que un compañero de trabajo tenía un negocio en su casa de venta de conejos en canal y le encargue una buena dotación.  Conseguí todos los ingredientes, incluyendo naranjas agrias y unas ramas de romero y con la valentía de Cristóbal Colón en el puerto de Palos, me embarqué en esa aventura culinaria.  De muy fuerte, como dicen por acá, invité a mis primos que vivían muy cerca y por si las dudas, tenía un plan B, con un pequeño restaurante de los alrededores que vendían comida para llevar.  Sin embargo, no fue necesario, pues a la hora en que el guisado comenzó a cocerse, empezó a invadir todo el edificio un aroma inigualable.  Total que la comida fue todo un éxito, mi abuela me felicitó y me animó a que cocinara más seguido, mis primos aplaudieron por un “encore”, así que la generosa cazuela de conejo se terminó por completo.

Debo de admitir que a pesar del logro alcanzado, en primer lugar de realizar algo que nunca antes había hecho y en segundo lugar hacerlo con buen suceso, pues mi abuela era gran conocedora y estricta en sus evaluaciones, no me sentí animado a continuar cocinando.  No era por conflictos de género, sino porque no era una actividad que me apasionara.  En los años subsiguientes sin embargo, tuve que meterme a la cocina, más por solidaridad que por vocación.  Mi esposa tuvo que empezar un constante peregrinar al hospital con mis hijos varones, de tal forma que para organizar el tiempo de la familia, debía yo que hacerme cargo del desayuno y me hice experto en desayunos americanos, continentales, mexicanos, panqueques y demás.

Mi otra gran aventura en este terreno fue a finales de los ochenta, cuando mi padre me sugirió que para mi cumpleaños consiguiera una paella.  Entonces me dije como la Liebre de Marzo:  Why not?  Conseguí con una amiga una paellera de considerable tamaño y me di a la tarea de buscar todos los ingredientes, con mariscos al por mayor y en una tienda de ultramarinos conseguí el azafrán.  Con la ayuda de un libro de cocina y con la emoción de cumplir cuarenta años, me puse la “Toque Blanche” de Chef y me volví a lanzar como el Borras, como dicen en México.  Para mi sorpresa, la paella quedó de primera y mi padre no paraba de alabarla, de tal forma que se terminó por completo.  En esa ocasión, tampoco me animó el éxito obtenido para seguir incursionando en esas lides.

Hoy en día, se puede observar que en la programación diaria de los canales del cable, siempre que a los dóciles tarailas de ESTESA no se les ocurra quitar la señal, cerca de un 32.58 por ciento, como afirmaría El Firuliche con una mano en la cintura, está dedicada a la cocina y es impresionante ver que una considerable mayoría de los Chefs a cuyo cargo están estos programa, un 71.22 por ciento reincidiría el tipo aquel, son varones.  Por alguna razón la totalidad de ellos, al menos esa es la apariencia que dan, son heterosexuales.  Es como si la televisión insistiera en afirmar que la puerta de la cocina está abierta a este género y que los hombres no dejarán de oler a testosterona o a CK1, si ingresan a ese recinto.

Será tal vez el efecto de estos mensajes subliminales de la televisión internacional, o que los vientos del cambio han sido casi huracanados, que cada vez es mayor la proporción de hombres en Nicaragua que son aficionados a cocinar.  No obstante, parece mentira, las mujeres no terminan de aceptar esta situación.  No prohíben más el ingreso a la cocina, pero cuando los hombres lo hacen no terminan de quejarse de los relajos que arman en ese recinto y que el trabajo de limpiar y ordenar todo después de la incursión es mayor a que si ellas se hubieran hecho cargo de todo.

Lo interesante es que en análisis realizados por especialistas en gastronomía, los mejores chefs del mundo son varones.  Esto lo atribuyen a la seriedad que le ponen a su oficio y a la pasión que le imprimen al trabajo.  Lo anterior no le quita validez al hecho de que para muchos la comida más deliciosa que pervive en sus mentes, sea alguna exquisitez que la madre solía preparar.

Aún así, es la fecha y todavía no termina de atraerme la cocina.  Sigo disfrutando de la independencia de prepararme mi desayuno, que es un sencillo continental o el café de la media tarde, generalmente un capuchino, que no es por nada, me queda mejor que a muchos “baristas” de Managua.   Cuando recibo a mis amigos en casa, no me arriesgo y le dejo la tarea de la comida a una profesional y lo más que hago es meter mi cuchara, dirigiendo cierto proceso o supervisando otro.  Tal vez me guste preparar uno que otro “dip” y me emociona el hecho de servir de “barman” y me digo tal como diría el propio Neruda: “Puedo preparar los tragos más ricos esta noche”, sin embargo, ya entrada la noche y a media asta, cada quien amarra su gallo.

Debo de admitir que lo que realmente me apasiona es escribir y tal vez muchos dirán que el conejo al vino o la paella valenciana serían mucho mejor que mis escritos, pero como dice Joan Manuel Serrat:  “Es caprichoso el azar”.

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Aquel indiscreto olor

No me canso de insistir que el nicaragüense puede tener muchos defectos, pero no puede decirse nada en contra de su pulcritud.  A veces hasta exagera en su higiene personal, aunque las excepciones vienen a confirmar esta regla.  Cuando abordé este tema en mi post Ese vicio de bañarse a diario, me centré exclusivamente en el uso de agua y jabón, sin embargo, considero que hay un elemento extra en la higiene personal que no puede pasarse por alto y es el control de los olores que emanan de su cuerpo, en particular de sus axilas.

En un clima como el de Nicaragua, las glándulas sudoríparas, en especial las epocrinas, generan copioso sudor que con la acción de las bacterias provocan malos olores que llegan a ser desagradables en extremo.  Aunque dicen que en gustos se rompen sacos, pues Napoleón cuando iba a llegar a su casa, avisaba con antelación para que su esposa no se bañara por lo menos desde tres días antes de su llegada, para así disfrutar de sus efluvios.

En general, provoca consternación la presencia de alguien que ha descuidado su higiene personal y más aún su ingreso en algún local cerrado, seguido del característico olor de las bacterias haciendo de las suyas en las axilas.  Lo primero que genera es un auto cuestionamiento entre los presentes quienes se preguntarán como Pedro:  -¿Seré yo, Maestro?, sin embargo, muy pronto se detecta al culpable y la subsiguiente reacción es apretar los brazos para proteger el área de las axilas, pues existe la firme creencia de que ese olor se contagia, como si fuera la bacteria del cólera.  Luego invade a la concurrencia un sentimiento de vergüenza ajena que los limita a la proliferación de indirectas, a veces un tanto directas.  -Qué hombre más fuerte, dirá alguien, -de los sobacos, agregará al instante.  -Clase de saíno, dirá otro, en una clara alusión al pequeño mamífero paquidermo (pecari tajacu) que tiene una glándula en el lomo que despide un fétido olor.  -Consíganle un mecate, susurrará otro, -para amarrar al chancho, y qué pues, rematará.  En desuso están las exclamaciones: -Al bate Trucutrú, o Popy, popy, popy, tomados ambos de comerciales de los sesenta. Eso sí, muy difícilmente alguien se atreverá a espetarle en la cara su situación.

Es por eso que el desodorante constituye un artículo de primera necesidad y elemento indispensable en la higiene diaria del nicaragüense.  Es muy difícil tratar de precisar cuándo inició el uso de sustancias desodorantes en Nicaragua, pues hay que considerar que uno de los elementos que permiten la proliferación del mal olor de las axilas es el pelo que cubre esa área y por otra parte, nuestros antepasados indígenas eran lampiños por naturaleza, por lo tanto el problema relacionado con el sudor de las axilas era menor que en el caso de los europeos.  De cualquier forma, en la época del mestizaje se observa la utilización de agentes naturales para evitar el mal olor de dicha sudoración, al igual que lo hicieron los egipcios miles de años antes.  Uno de estos agentes fue el llamado alumbre, piedra alumbre o alunita, que es una sal mineral (sulfato doble de aluminio y potasio) encontrada en la naturaleza que regula la sudoración y elimina las bacterias, teniendo además cualidades cicatrizantes y astringentes.  Esta última cualidad le dio una gran utilización en partes por demás inverosímiles.  También fue muy utilizado el limón, así como la hierbabuena, otros combinaban el limón con bicarbonato de soda y otros le atribuían a la leche de magnesia propiedades efectivas en contra del mal olor del sudor.

El desodorante como tal, apareció en Nicaragua a mediados de la década de los treinta y su nombre comercial era Mum.  Se vendía únicamente en farmacias y al inicio se consideraba como un artículo suntuario.  Mum es un vocablo que en inglés significa silencio y se utiliza como una orden para callar o no decir algo, término muy apropiado considerando que el tema de los olores corporales era considerado tabú.  Este desodorante cuya primera presentación era en crema y se aplicaba con la yema de los dedos, había sido inventado en Philadelphia a finales del siglo XIX; en 1931 la empresa Bristol-Myers adquirió la patente y parece ser que borró todos los vestigios respecto a su inventor original, que al final quedó en el olvido.  El desodorante contenía como ingrediente activo el zinc.  Ante el éxito logrado por el desodorante Mum, pronto encontró competencia y fue la marca Odorono quien libró una feroz batalla para arrancarle el mercado a Mum, presentándose como antiperspirante.  La publicidad fue clave para el dominio del mercado, aunque en aquella época la discreción era requerida en todos los comerciales y cualquier atrevimiento era causa suficiente para la censura.

A finales de los años cuarenta, llegó a Nicaragua el desodorante Mennen para hombres, que como gran adelanto se ofrecía en spray.  Cabe la aclaración que no era en aerosol, sino que un envase de hule, con un pequeño orificio en la tapa, rociaba en minúsculas gotas el desodorante mediante presión en el frasco.

El siguiente invento que conocimos a comienzo de los sesenta, cuando ya presumíamos de adolescentes y por lo tanto requeríamos el uso de desodorante, fue la barra.  La primera marca que llegó fue Lander y el producto venía en unos frascos de vidrio con tapa de rosca metálica que traían adentro un tubo plástico en donde estaba el desodorante en barra cilíndrica, la cual era empujada hacia arriba con un tapón en el fondo del cilindro.  El mayor ingrediente parecía ser el alcohol y si se echaba uno más de dos pasadas, le irritaba las axilas de tal forma que pasaba todo el día como Charles Atlas.  Luego en este mismo formato llegó el de la marca Breck, un poco menos irritante y también otro de la marca Palm Beach, que la gente pronunciaba Pal Bich y que dio origen a la anécdota de alguien que llegó a una farmacia y preguntó que si había desodorante Pal Bich y la dependienta le respondió que sólo para los sobacos.

El siguiente gran invento en materia de desodorante fue el roll-on.  A Nicaragua llegó a finales de los años sesenta, aunque en los Estados Unidos había sido desarrollado por un investigador de Mum a finales de los años cuarenta, basándose en el principio del lapicero o bolígrafo.  Este lapicero llegó a Nicaragua a inicios de los cincuenta y asombró a todo el mundo por su mecanismo basado en una pequeña esfera en donde antes estaba una plumilla y tenía el nombre de Pluma Atómica.  El desodorante en roll-on llegó a revolucionar la industria del desodorante y hasta la fecha es una de las presentaciones más socorridas.  Aquí se vale mantener el nombre en inglés de roll-on y no hay que tratar de traducirlo, pues si se pide desodorante de bola, se lo pueden vacilar.  Mum sacó este desodorante bajo el nombre de Ban y tuvo un enorme éxito a nivel mundial.  Para esa época se ofreció también el desodorante en aerosol, con ventas menores debido a su precio más alto y con grandes críticas pues uno de sus componentes afectaba la capa de ozono.

En la actualidad la oferta de desodorantes está en manos de los grandes consorcios internacionales que poco a poco fueron devorando a las empresas tradicionales de productos de belleza.  La Colgate Palmolive quien compró a Mennen, ofrece la línea de Speed Stick y Lady Speed Stick; Procter and Gamble que engulló a Bristol-Myers, Shultton y Gillette ofrece Mum (en algunos países), Old Spice y Gillette;  Unilever que adquirió a Rexona ofrece Axe, Rexona y Dove.

Ante una demanda en franca expansión, estas marcas se disputan la mayor proporción del mercado a través de agresivas y originales campaña publicitarias, como es el caso de Axe, que pregona que no hay mujer que se resista ante el hombre que lo usa o el de las aventuras de Bárbara Blade, heroína de los anuncios de Lady Speed Stick que puede rasurarse las axilas con un puñal al estilo Gary Cooper, pero que no suda por ahí gracias a la poderosa y delicada acción de ese desodorante.  No obstante, hay un creciente movimiento en contra de los desodorantes comerciales, por una parte por los naturistas que abogan por regresar al uso de elementos naturales como el alumbre y otros más radicales que simplemente han eliminado el uso de cualquier tipo de desodorante, como es el reciente caso de la actriz Julia Roberts, que a favor del medio ambiente ha dejado de usarlo.

Lo cierto es que nuestro clima no permite hacer a un lado el uso del desodorante, además que en nuestra cultura el indiscreto olor de las axilas motiva al rechazo.  Un claro ejemplo de lo anterior lo constituyó la animadversión que obtuvieron los miles de cooperantes, brigadistas y voluntarios llamados internacionalistas que al venir de países de clima frío y no acostumbrados a utilizar desodorante y a veces ni al baño diario, provocaban afectación a las narices nacionales mayor que los beneficios de su voluntariado.

Así que apreciables lectores, sin caer en los cantos de sirena de los comerciales de desodorante, adquieran la marca y presentación que mejor se adapte a sus bolsillos y le ofrezca una protección efectiva de al menos 12 horas.  Así podrá levantar sus brazos con toda confianza, para saludar, reclamar, bailar, sin temor a causar una conmoción entre sus semejantes.

 

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