Archivo mensual: julio 2015

Los de arriba

Dubai. Imagen tomada de internet

Un diario local publicó recientemente un par de artículos que insisten en la necesidad de que Managua crezca verticalmente; de hecho, anotan que hay un notable crecimiento en las construcciones de varias plantas en esta ciudad, lo cual según esos conocedores del tema plantea muchos beneficios y muchos retos, pero aparentemente ningún inconveniente.

A simple vista, estas consideraciones motivan al ciudadano común y silvestre a empezar a soñar e imaginarse a Managua como una nueva Dubai, con imponentes edificios como el Burj al Arab, destacándose en el paisaje, sobresaliendo de las nubes. No obstante, sin necesidad de ser una lumbrera, es posible realizar una serie de consideraciones que nos ponen como a Cornelio Reyna cantando: Me caí de la nube.

Si bien es cierto, uno de los males endémicos de los nicaragüenses es la amnesia, pues somos proclives al olvido total, es conveniente tener siempre presente que estamos en una región altamente sísmica y que una telaraña de fallas atraviesa la ciudad capital, de tal manera que el miedo a los sismos no es algo para olvidarse fácilmente.

Aun así, no creo que exista la confianza de habitar en un edificio de más de tres pisos, salvo tal vez que los estudios, construcción y supervisión fuesen realizados por profesionales japoneses, siguiendo las normas vigentes para países altamente sísmicos.   Pero la triste realidad es que no es remoto que puedan ser desarrollados por los mismos especialistas que estuvieron a cargo de proyectos como Residencial San Sebastián, que después de una torrencial lluvia quedó convertida en una Venecia.  Así pues, si estos especialistas no pueden prever la intensidad máxima de la precipitación pluvial y sus consecuencias, ¿podrán entonces prever la intensidad que puede alcanzar un movimiento sísmico?

No obstante, hay que señalar que la mayoría de estas edificaciones están desarrolladas para albergar oficinas, más que viviendas.  En este caso, los empleados de esas empresas, se enfrentarían al dilema que les plantea el temor de pasar ocho horas en ese edificio versus el temor a tener que renunciar a su trabajo, algo así como vivir de manera sostenida con el  fondillo a dos manos o bien, confirmar la máxima del célebre magistrado: “la calle está dura”.

Pero para los apologistas de estas construcciones verticales esta tendencia debe de alcanzar a las construcciones para vivienda, bajo la premisa de que es imperativo “densificar” la ciudad.

Aquí entran en juego varios factores que es importante aclarar.  Si bien es cierto, en otros países se aprovecha eficientemente el terreno mediante construcciones verticales, el asunto de la densidad es relativo, pues en Nicaragua, al igual que en muchos lugares en la región, la densidad se da en otro orden.  En los países desarrollados la ocupación por vivienda es en promedio de 2.702 personas, como lo acotaría El Firuliche, en cambio en Nicaragua ese índice se eleva casi al doble.  Mientras que en los primeros por tradición, hay una preferencia por vivir de manera independiente y en el caso de las familias hay una tendencia a componerse de tres miembros, en estas latitudes, en cada vivienda habitan en promedio 5.015 personas, más eventualmente cuatro piches adicionales que están temperando.

Otro aspecto muy importante y que ya ha sido señalado por algunos estudiosos del tema es el de los aspectos culturales.  Más que afirmar que no está en la cultura del nicaragüense vivir en espacios verticales, yo diría que no está en su ser el habitar en condominio, es decir en una comunidad en donde existen áreas comunes y más que nada, gastos comunes.  Si los compatriotas son reacios a pagar por sus servicios básicos, sería inconcebible para ellos el hecho de tener que pagar por servicios que son comunes a todos los que habitan en un edificio, como la iluminación de pasillos, escaleras y otras áreas comunes, la limpieza de estas áreas, los servicios de seguridad, costos de operación y mantenimiento de elevadores y eventualmente servicios como el gas estacionario que se paga por alícuotas por departamento.  La experiencia en otros países latinoamericanos señala que en todo conjunto habitacional hay uno que otro, por no decir muchos condóminos, que son reacios a pagar por estos gastos y no hay poder sobre la tierra que los obligue a hacerlo, de tal forma que se arma la de San Quintín y al final el resto se tiene que conformarse con subsidiar a los vivianes.

No hay que olvidar lo relativo al ruido, en una sociedad que está acostumbrada a hablar en voz alta, como si su interlocutor se encontrara a un kilómetro en el desierto del Sahara y quienes son aficionados a la música, tienen complejo de D.J. y manejan sus equipos de sonido generando ruido arriba de los cien decibeles.  Por otra parte, estas construcciones, para hacerlas más livianas, sus desarrolladores emplean materiales que se prestan a estas especificaciones, pero que dejan pasar el menor ruido.  Así pues, en un colectivo en donde el sentido común es el menor de los sentidos, se arma fácilmente la canción de Muchilanga.

Otro aspecto manejado por quienes defienden el crecimiento vertical de la ciudad es que a través de este modelo, se abaratarán los costos de los servicios básicos.  Esto podría tener lógica desde cierto punto de vista, sin embargo, en un país en donde la lógica no funciona pues el plomo flota y el corcho se hunde y ante la caída brutal del precio del petróleo el precio de los combustibles más  bien se eleva.  De la misma forma, los servicios básicos que también dependen del precio del petróleo tampoco bajan.  Así pues, es iluso pensar que por el crecimiento vertical de la ciudad, el costo de estos servicios vaya a bajar.

Otras de las ventajas que asignan a este modelo es que habrá una  dependencia menor de los vehículos, pues una considerable proporción de ciudadanos se trasladará a sus trabajos a pie.  Parece que los defensores de esta afirmación no han tenido que caminar en esta ciudad, en donde a duras penas un 12% de sus calles son transitables a pie, siendo el resto verdaderos retos para los peatones, quienes tienen que practicar parkour para poder sobrevivir a los cafres del volante.

Aun así, se requiere de forma urgente un plan urbanístico a corto, mediano y largo plazo, realizado con el concurso de profesionales en la materia, de tal manera que el crecimiento de la ciudad sea eficiente y sostenible.  Es probable que la construcción vertical pueda ser una opción, pero para levantar en zancos a las viviendas vulnerables ante los estragos que están causando las lluvias ante el desastroso sistema pluvial de la ciudad.

 

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Mañana te pago

Imagen tomada del internet

 

Hay algunas mentiras que tienen carácter universal.  Se han repetido de manera increíblemente sistemática en todo el orbe desde tiempos inmemoriales, de tal forma que llegan a ser parte de la colección que cada país ha atesorado, con las mentiras más observadas en su cotidianeidad. Hay países que manejan las tres principales mentiras, mientras que otros tienen listas extensas, olvidándose aquí el principio que pregonó el Maestro Peñaranda: -Es mejor no tenerla ni muy larga, ni muy corta.  Esto porque las listas largas son para pintarlas de negro y discriminar y las listas cortas son para procesos de selección de personal en los organismos multilaterales.  Cierro paréntesis.

De esta forma, encontramos una mentira que a pesar del tiempo mantiene su vigencia y que parece ser una de las más utilizadas: – Mañana te pago.

El crédito interpersonal, es decir entre individuos es tan antiguo como la humanidad, inicialmente en especie y posteriormente en metálico.  Los códigos antiguos regulaban esta actividad y el pago de la deuda era de estricto cumplimiento a tal punto que quien caía en mora, se hacía acreedor de castigos corporales e incluso de la pena de muerte, aunque una variante utilizada frecuentemente era el pago de la deuda con el físico del deudor, es decir, este último pasaba a ser esclavo del acreedor.

Por mucho tiempo, lo que se empeñaba era la palabra de honor del deudor, de tal manera que la hidalguía de este, no permitía caer en mora y empañar su apellido.

Para el siglo XX, cuando la hidalguía y el sentido del honor se volvieron obsoletos y las nuevas legislaciones le otorgaron un enorme peso a los derechos humanos, muchos códigos coincidieron en que no debería haber prisión por deudas, de tal manera que esto se convirtió en caldo de cultivo para que floreciera la mora, no la fruta polidrupa, sino la dilación en pagar una obligación.  Así fue que empezó a campear la desvergüenza.

Parece mentira, pero la oración por excelencia, el Padrenuestro, también abonó a esta actitud de evasión del compromiso, antes sagrado, de honrar los compromisos.  Aquellos que peinan canas, o por lo menos el L´Oreal Paris Excellence, recordarán que hasta hace unos cincuenta años, la oración incluía un párrafo que literalmente decía: “perdonas nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores” frase a la cual le pedían raid muchos deudores que buscaban la condonación de su deuda por la vía piadosa.  Esto provocó un análisis muy serio de parte de la jerarquía de la iglesia y después de considerar muchas opiniones de expertos en teología, economía, epistemología y principalmente en idiomas, se llegó a la conclusión de que se había tratado de una desafortunada traducción, ya que los primeros evangelios se escribieron en griego y ya ven cómo son los griegos, de tal forma que el sentido correcto de la frase debería ser: “perdona nuestras ofensas, así como perdonamos a los que nos ofenden” pues es más fácil perdonar una ofensa que una deuda y de esta manera quedó en nuestros días.

A medida que la economía nacional iba progresando, a través de la consolidación del sector agroexportador y de la incipiente actividad industrial, se fue conformando una sociedad de consumo.  Esto, unido al famoso efecto demostración que los economistas llaman a esa ansiedad del individuo de equiparar su consumo al de los miembros de su entorno, fue marcando una tendencia a gastar más de lo que se percibía como ingreso.  La único forma de poder balancear un presupuesto de esta naturaleza, es a través de ingresos extras, ya sea el premio mayor de la lotería o una súbita herencia, lo cual es un tanto improbable o bien por la vía del crédito, ya sea institucional, es decir un banco, una financiera, que son venados lampareados y no son fáciles o bien a través de un pariente, amigo o vecino que aguante un golpe contundente con el bate de aluminio.

De esta manera, la famosa mentira de Mañana te pago, fue adquiriendo una enorme incidencia dentro del vocabulario nacional.  A menos de que se trate de una persona muy ingenua, la víctima del batazo después de que su primer requerimiento de pago es respondido con esta mentira, ya tiene en su panorama una cuenta incobrable, no obstante, por procedimiento sigue repitiendo ad infinitum el –Ideay, pues, ¿cúando?.

De tanto repetirse esa actitud, se fue enquistando en nuestra sociedad una cultura de no pago. Salvo raras y honrosas excepciones, priva el ánimo de adquirir una deuda y buscar una estrategia para no pagarla.

Con relación a las instituciones que trabajan con crédito, estas han desarrollado estrategias de tal manera que han podido hacer frente a esa cultura del no pago.  En primer lugar los precios se inflan a un nivel que deja un margen para absorber las cuentas incobrables.  En otras palabras, los buenos pagadores financian la sinvergüenzada de los morosos.   En el caso de las tarjetas de crédito, que en cierto período propiciaron un nivel de endeudamiento astronómico, pues le daban tarjetas a Raymundo y todo el mundo, para evitarse la incomodidad de agotar todas las instancias de cobro al deudor, se iban directo al fiador, que se supone es el de la buena fe y lo crucificaban.  Muchas empresas han optado por contratar sus servicios de cobranza a través de un call center, que se encargan de hacerle la vida imposible al deudor y para cada: Mañana te pago, tienen un seguimiento cortito que le recuerda la mentira que se echó.

No obstante, habría que distinguir por lo menos dos categorías de morosos.  Por un lado están aquellos que por alguna razón imponderable han caído en mora, es decir que no estaba en su conciencia tener que caer en la repetición de la mentira en cuestión.  Puede ser alguna enfermedad suya o de su familia, el súbito desempleo, algún accidente, entre otros.  De esta forma, sin habérselo propuesto llega la necesidad del crédito e irremediablemente al incumplimiento del compromiso de pago.  Esta gente, al ser requerida del pago, emiten el -Mañana te pago con una expresión entre compungida y de esperanza.

Por el otro lado, tenemos a quienes han hecho del incumplimiento del crédito una forma de vivir.  Esta gente ha desarrollado una increíble sangre fría, en primer lugar para solicitar el crédito a sabiendas de que no lo van a pagar.  Para esto preparan una historia que junta  elementos dramáticos en los motivos, con una diáfana certeza de que el repago será en un plazo muy breve.  El lenguaje corporal es estudiado de tal forma que al igual que los prestidigitadores  el movimiento de manos, una que avanza, mientras la otra retroceda, distraiga a la víctima ofreciendo una sensación de ida y retorno inmediato.  Después de propinado el batazo, el siguiente paso del slugger es hacerse perdidizo, dejar de frecuentar los sitios en que transita la víctima, poner su número teléfonico en block call y en el eventual caso de encontrárselo frente a frente, con una sonrisa al mejor estilo de George Clooney, expresa con la confianza y determinación de Alexis Tsipras: -Mañana te pago.

Lo triste es que esta tendencia no parece revertirse, principalmente en el plano personal, pues en el nivel institucional, cada vez hay más mecanismos para evitar el no pago.  Existe un organismo de control de riesgos (lo que un día fue el Centro Informativo de Créditos CIC) que tiene una base de datos con la mayoría de la población, que advierte a sus afiliados: bancos, comercios y demás sectores que se auxilian del crédito para mantener el nivel de sus operaciones, respecto a clientes que han sobre pasado su capacidad de endeudamiento o bien que integran las listas negras de la actividad crediticia.  No obstante, hay comercios que se creen gallos, con estrategias suicidas respecto al crédito que hacen a un lado a la administración de riesgos y se amparan en su capacidad de cobro para captar un buen segmento de mercado.

En lo relativo al crédito interpersonal, es decir el politraumatismo producido por el bate de aluminio, no es posible esperar una mejoría, mientras un teléfono celular ronde los 600 dólares, un par de zapatos tenis cuesten 220 lolos y la entrada a un concierto equis, supere los 50.

Andan ofreciendo por ahí cursos de manejo eficiente de las finanzas personales, pero me parecen tan inefectivos como un curso sobre Cómo beber socialmente.   Dentro de mi humilde opinión, estimo que es una prioridad proteger primero a la víctima, que al carecer de un entrenamiento adecuado, de la manera más fácil cae en las garras del slugger.   Tal vez el INATEC o cualquiera de esas ONG que se dispersan en temas irrelevantes puedan ofrecer, sin costo alguno, cursos de asertividad y en forma específica de cómo decir no.  Uno de los grandes males de esta sociedad es que no sabe decir no cuando hay que hacerlo y de ahí se derivan los grandes males, así como la sobrepoblación.

Hay un chiste, porque no creo que haya sido anécdota, cruel en extremo, pero que ilustra cómo detener una situación de esta naturaleza, a nivel penalti.  Cuentan que un individuo del tipo slugger se presentó ante un amigo exponiéndole, casi con lágrimas en los ojos su urgencia de dinero para hacer frente a una intervención quirúrgica de su esposa, a lo que su interlocutor le expresó que deseaba hacer de su conocimiento que su madre tenía cáncer terminal y que tenía un tratamiento que costaba un ojo de la cara; como si esto fuera poco, su hermano menor padecía Hemoglobinuria paroxística y cada medicamento costaba el equivalente al presupuesto anual del  MINED y para acabarla de rematar, su yerno tenía el síndrome de Hunter, que es más caro de curar que mejorar el sistema pluvial de Managua.  Cuando escuchó esto, su interlocutor pasó de una actitud de audacia a un asomo de vergüenza y estaba a punto de pedirle disculpas por importunarlo cuando el otro agregó: – Y si yo no les doy ni un centavo a ellos que son mis parientes, explicame por qué razón te voy a ayudar a vos.   Chanfle, diría el buen samaritano.

Así pues estimado lector, tenga usted mucho cuidado.  Las cuentas incobrables del crédito interpersonal alcanzaron en los últimos diez años un monto que es ligeramente superado por la factura petrolera.  Por esta razón, cuando observe que un pariente, amigo o compañero de trabajo se aproxima a usted con un paso sospechonsón, póngase en modo Alerta Máxima, porque a la primera de cambios, le dejará ir el bate de aluminio con todo el swing y estará condenado a que en los próximos treinta años le escuche decir: -Mañana te pago.

 

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Puras bolas

Bola baseball. Imagen tomada de internet

 

Cuando uno se encuentra en el círculo de espera, haciendo suin (swing) con el bate, aguardando el turno para que la vida nos deje ir tres estraiks (strikes) al hilo y nos ponche, es inevitable recordar los tiempos pasados, cuando el beisbol era el deporte rey y nuestra vida giraba alrededor de la liga profesional o de los campeonatos callejeros de una o dos bases, la mayoría de las veces a la mano pelada y nuestro vocabulario estaba plagado de expresiones derivadas del  deporte rey, parte en inglés, mal hablado por su puesto, parte en español y parte en inglés españolizado.

De los vocablos más utilizados resaltaban los derivados de los verbos to pitch y to catch, lanzar y atrapar, que se transformaron en pichar y cachar.  Estos vocablos también tuvieron otras acepciones como por ejemplo, invitar.  –A ver si te pichás unas cervezas.  O bien, robar. –Se me cacharon mi radio.  Fueron muy utilizadas las frases: -Ni picha, ni cacha, ni deja batear, cuando se referían a alguien que sólo servía para estorbar.  –Vos pichá tu juego y déjame pichar el mío, cuando se le pedía a alguien que se ocupara de sus asuntos y que no se metiera en los ajenos.  Cuando ocurría algún embarazo no deseado, algún gracioso advertía: -Ves, por andar cachando sin peto.

El bate también fue motivo para muchos dichos.  Cuando le correspondía el turno a alguien, se decía: -Al bate, fulanito, o bien, -Hombre de turno al bate, fulanito.  No obstante, el golpe resultante de un bate, es decir el batazo, era un vocablo preferido cuando se trataba de una estafa, fraude o un simple robo. –Le dieron un buen batazo. –Fulano le dio un tremendo batazo al banco.  Un poco después: – A las pobres monjitas les dieron con el bate de aluminio. –Ahí viene el hombre del bate de aluminio.

Cuando alguien estaba atento esperando un evento, para inmediatamente tomar una acción audaz, decían que había hecho el pisa y corre.  Un ejemplo clásico era cuando un prisionero terminaba su condena y al régimen no le convenía en la calle, lo sacaban un instante e inmediatamente lo volvían a entabicar, con otro pretexto, entonces se comentaba que le habían hecho el pisa y corre.

Cuando alguien repetía una acción de manera inaudita o bien cuando alguien tenía gemelos, decían que había hecho un tubey (two base).

Para referirse a alguien que había realizado una proeza o bien que había cometido un enorme error, se decía que se había llevado o volado la cerca, casi siempre evocando la frase de Sucre Frech: Te fuiste Marcelino.

Cuando el bateador soltaba un roletazo (rowling) obligaba al infilder a agacharse para atraparlo y de ahí vino el término “dar rolin” utilizado cuando una dama estaba mal sentada, de tal manera que un individuo al agacharse le pudiera ver las piernas y las prendas íntimas.  Ahora nadie tiene que agacharse para ver aquello y más.

Generalmente el orden de turno al bate y las posiciones se llamaba line up (lainop), sin embargo también se decía mucho: la batería del equipo.  Esto dio origen al dicho, no te metás con nuestra batería, que yo no me meto con la tuya, es decir que no se metiera con sus decisiones.

El turno al bate clave en todo equipo era el cuarto, pues en caso de que se llenaran las bases, entonces el bateador más potente tenía la posibilidad de meter un home run (jonrón) y empujar cuatro carreras.  Entonces cuando alguien era muy bueno para algo, especialmente para tomar, es decir perro al guaro, se le llamaba cuarto bate.  Un poco menos utilizado era slugger (esluguer).

Los jardineros que en inglés se llamaban out fielders (aufilders), o simplemente filders, pasaban buena parte de su tiempo a le expectativa de un batazo por su área, de ahí vino por similitud el verbo fildear, que significaba observar, vigilar, espiar. –Aquel maje de la esquina nos está fildeando.

El home plate (jom pleit) o simplemente el jom, tenía también sus usos en el habla cotidiana.   –Todo tiro a jom, se utilizaba cuando había sólo una alternativa viable, al igual que en el partido, la jugada única era tirar al jom.  Cuando algunas muchachas deshojaban los calendarios en espera de su príncipe azul, llegaba un momento en que cualquier partido era aceptable, pues ya el ferrocarril silbaba en la estación, entonces los familiares, al igual que en el juego le decían: -Ya sabés fulanita, todo tiro a jom.  Cuando se animaba a alguien a que llevara su misión, empresa, aventura, hasta el final, se le decía: -Hasta jom, Reñazco.

Las bolas, desde luego, jugaban un papel relevante en el habla, pues había bolas pasadas, cuando el picheo era suave, como en los juegos callejeros.  De esta forma, se decía que si un examen estaba fácil, chiche o similar, que el profesor había pichado con bola pasada.  Cuando ya se entraba en juegos formales, el picheo era con bola recia, es decir de arriba de 87 millas por hora.  Asimismo, cuando alguien se mostraba rudo en su actuar, se decía que estaba pichando bola recia.  El ex presidente Enrique Bolaños, revivió esta expresión en su mandato cuando amenazó a la oposición diciendo que picharía pura bola recia, aunque al final fueron puras bolas, es decir, puras habladas.    El ex mandatario también puso de moda nuevamente la expresión: -Ni corras que sos aut (out),   La bola recia también se conocía como bola de humo y de la misma forma se usaba en el habla coloquial.  El término bola mala pasó de un mal lanzamiento a describir a una persona que era baja y abierta, es decir chaparra y cornelia.  Asimismo, la famosa bola ensalivada que era prohibida por darle una trayectoria errónea, dio lugar a su uso cuando se realizaban maniobras que hacían desleal una actuación.  –La aduana juega con bola ensalivada contra el sector privado.

Cuando dos personas se limitaban a lanzarse la pelota, sin acción adicional, se decía que se están boleando.  Ese mismo término se empleaba cuando a una persona lo andaban del timbo al tambo, o sea de Herodes a Pilatos con algún trámite, solicitud o similar. – Fui a pedir trabajo, pero me bolearon entre todos.

En nuestras ligas de antaño, la cobija no daba para tener un coach (coch) de picheo y uno de bateo, que eran asesores en el campo para cada especialidad y era el manager quien con el apoyo de un sólo coch, quienes se rifaban con ambas funciones.  No obstante, en estos lados se incorporó el término cochear, al acto de aconsejar, asesorar o dirigir a cierta persona, generalmente de pocas luces.  Cuando alguien escaso salía con decisiones que no parecían emanadas de su cortedad de criterio, se decía que alguien lo estaba cocheando.  Este término nos llegó en los últimos años, con un significado de mucha mayor envergadura, pues el coaching, aparece como un método, mediante el cual un piche muy avezado acompaña, instruye o entrena a otro para el desarrollo de ciertas habilidades o la consecución de alguna meta.  De esta forma hay coch empresarial e incluso, asústese usted, coch de vida.  Tal como puede verse, es sólo cuestión de nivel.

Al igual que el picher, el cacher o su coch, decidían que un bateador era tremendamente peligroso en determinado momento, entonces le daban la base por bola intencional, en términos más modernos, lo caminaban, así pasaba cuando a una persona le frustraban un plan con alguna estrategia que lo dejaba quieto, entonces se decía que le habían dado la base por bola intencional, o bien que lo habían caminado. – El político fulanito de tal estaba ganando muchos seguidores, de tal manera que el gobierno le dio la base por bola intencional mandándolo de embajador a un país por donde Judas perdió la tablet.  –Fulano se iba a echar unos tragos con nosotros, pero vino su esposa y lo caminó.

Algo parecido ocurría con el término, estar en la banca o mandar a alguien a la banca, que se usaba cuando un jugador no estaba apto para jugar activamente en un partido, de la misma forma, a las personas que los sacaban de escena, se decía que los mandaban a la banca, que no quería decir que fueran a trabajar a un banco, sino que o bien los despedían o bien lo enviaban al archivo general a guardar papeles.  Era el equivalente en el lenguaje militar de estar en la casual.

El hit (jit) servía en el lenguaje coloquial para definir una acción de éxito.  –Fulano se anotó un jit con esa venta. – El nuevo producto fue un jit en el mercado nacional. Muchos recordarán un viejo chistorete que adosaban a una pareja de la política nacional, ya entrada en años, el término de que ese matrimonio era un jit, porque él era un imparable y ella una incogible.

Una de las jugadas más audaces del beisbol es sin duda alguna el squeeze play (esquís pley) que es una maniobra que consiste que un bateador en tercera base, arranca al momento y en algunos casos antes, que el bateador realice un toque por primera, llegando a salvo al jom pleit.  De la misma forma, cuando alguien aprovecha una ligera distracción o confusión para de manera atrevida y un tanto suicida, realizar una acción imprevista y logra tomar algo, salir de algo, entrar a algo, entonces se dice que montó un esquís pley.  Esto sucedió cuando uno de los implicados en un famoso fraude, de repente, en las narices de sus guardianes, logró escapar y aparecer en otro país, dejando al cacher con la boca abierta.

Es muy aplaudida la atrapada de un filder cuando lo hace en la línea de advertencia, es decir, pegado a la barda, estirándose lo más que se puede.  Asimismo, se decía de alguien cuando llegaba a realizar una acción con las completas, al cuarto para las doce, con ligero margen.  – El licenciado fulano finalizó el reporte pegado a la barda. – La fulanita se casó pegada a la barda.

Cuando a un corredor lo atrapaban entre dos bases, entre segunda y tercera por ejemplo, era obvio que lo iban a sacar aut, aunque por echarle Wilson al asunto, el jugador hacía el corre y corre, sólo por protocolo.  Así también cuando agarraban a alguien in  fraganti, se decía que lo habían agarrado entre segunda y tercera.  –A fulano lo agarraron entre segunda y tercera, con la cartera ajena en la mano.  También se utilizaba en ese contexto, la expresión: lo agarraron fuera de base.

Se decía de un bateador que el ultimo estraik (strike) lo había visto pasar sin tirarle, que lo habían dejado con la carabina al hombro.  Ese mismo término se utilizaba cuando a alguien no le había dado oportunidad de reaccionar ante algo y se quedó igual que el bateador con la carabina al hombro.

Cuando el juego iba a comenzar, el umpire (unpaire) gritaba a todo pulmón: –Play ball (pleibol) para dar inicio a la acción.  Esa misma expresión utilizaba un individuo que con la boca salivando desenroscaba una botella de flor de caña y al escuchar el clásico tric, exclamaba: plaibol señores y empezaba a servir los tragos.

Antes de comenzar el juego, una de las acciones previas requeridas era el rayado del cuadro, en donde con cal, Carlitín trazaba con singular maestría las rayas de ley en el  Estadio Nacional.  De la misma forma, cuando se organizaba un evento o se establecían las reglas a seguir en cualquier acción se decía: -Vamos a rayar el cuadro.

Cuando el juego se empataba y llegaba el noveno inin (inning) con la misma anotación, se decía que se iban a extrainin (extra-inning).  Este mismo término se utilizaba cuando una persona de la tercera edad rebasaba lo que se consideraba su esperanza de vida y por lo tanto estaba ya en extrainin.  El problema es que nadie sabe con certeza cuál es la verdadera esperanza de vida de cada quién, de tal manera que alguien anda por ahí muy campante, dándoselas de Johnny Walker y ya está en extrainin.

La cuenta completa, un tanto en la antesala de ponche es tener tres bolas y dos estraik, o en versión corta estar en tres y dos.  Esta misma expresión se utilizaba cuando alguien estaba amenazado o bien en capilla, o como dicen los boxeadores, contra las cuerdas.   -El director del colegio lo tiene en tres y dos.

Otras expresiones no tienen nada que ver con la propia terminología del béisbol, pero tienen su origen en el mismo, como es el caso del coch, Enrique Jacoby, si mal no recuerdo del Cinco Estrellas, que cuando no le parecía una decisión del juez, montaba en cólera y una manera de demostrarlo era botar con todas sus fuerzas la gorra del uniforme al suelo.  De ahí viene la expresión: botar la gorra, que es sinónimo de enojarse, arrecharse y todos los sinónimos.  De la misma forma, le achacan al picher del Boer Alfonso Vega, conocido como Jolea, el origen de una famosa expresión, cuando la barra le gritaba “calma Jolea”, para evitar sus guaild pich (wild pitch).

Estoy seguro que todavía existen más expresiones derivadas del béisbol y que fueron parte del lenguaje coloquial, pero que desafortunadamente han caído en desuso al ritmo de la pérdida de de popularidad del béisbol, para dar paso a la loca afición por el futbol.   Es refrescante encontrarse con coetáneos que todavía entienden este vocabulario y que incluso agarran la seña, cuando la esposa no los deja salir y uno simplemente extiende la mano derecha para indicar que lo caminaron.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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