Archivo mensual: mayo 2010

Las mil y una lunas

A finales de agosto de 2004 tuve la oportunidad de ver por televisión la clausura de los Juegos Olímpicos de Atenas y en esa ocasión la música griega fue uno de los principales atractivos del evento.  Participaron grandes artistas de la música de ese país, entre ellos, la popular cantante greco-chipriota Anna Vissi, quien interpretó además de la versión en su lengua de su hit internacional “Call me”,  el tema “An thimithis t´oniro mou” (Si te acuerdas de mi sueño), acompañada por los artistas que compartían el escenario y ovacionada por cerca de 70,000 espectadores que abarrotaban el Estadio Olímpico de Atenas.   Para aquellos que en el arranque de los años sesenta ya teníamos uso de razón, la canción nos proporcionó una doble emoción, pues con el nombre de “Luna de miel” ese tema embelesó nuestras vidas en esa época.

Esa canción la conocí cuando tenía unos once años y en el cine de mi pueblo presentaron la cinta “Luna de Miel”, habiendo logrado el “placet”  de mi padre para ir a verla, al no ponerle mucho cuidado al título, pues en otras ocasiones películas como “Los amantes deben aprender”, tan solo por la sugerencia del nombre me fue vetado el permiso.  De la película no recuerdo mucho, salvo tal vez que se trataba de un tema relacionado con el ballet y el baile flamenco, lo que sí recuerdo perfectamente es cuando el bailador Antonio ejecuta un tremendo zapateado en una solitaria carretera.  Uno de los temas musicales de esa cinta fue la canción “Luna de Miel”, conocida en inglés como “The honeymoon song” y que en una modesta versión aparece en el film.

Digo modesta versión porque poco tiempo después nos llegó un arreglo excepcional de la misma canción, en español, en la voz de la gran e inigualable cantante española Gloria Lasso, quien al tener una de las mejores voces de esa época convirtió el tema en un éxito arrollador, no sólo en Nicaragua, sino que en toda Iberoamérica.  Gloria Lasso tenía varios años cantando en francés con buen suceso y recién había decidido comenzar a cantar en español cuando escuchó la música de la película y su disquera le encargó al premiado actor y poeta español Rafael de Penagos que escribiera la letra en español.  Muchos críticos coinciden que si Gloria Lasso tan sólo hubiera grabado “Luna de miel” bastaba para que alcanzara la inmortalidad.

A mediados de los años sesenta, el cantante venezolano Mario Suárez grabó la misma canción con igual letra que la de Gloria Lasso, pero la lanzó con el nombre de “Nunca sabré”.  En su país alcanza una gran fama, de tal forma que para ellos esa es la mejor versión de todas.

En 1987 la cantante madrileña Paloma San Basilio grabó este tema, con un arreglo fuera de serie que resalta, mediante un intermedio y un final de película, el origen griego del tema.  A pesar de que para muchos la versión de Paloma no alcanza la calidad interpretativa de Gloria Lasso, esta última en muchas ocasiones alabó a la madrileña por su interpretación del tema.

En el año 1995 se presentaron juntas Paloma San Basilio y Gloria Lasso haciendo un dueto sin igual en una extraordinaria versión de Luna de Miel, manteniendo el arreglo de Paloma.  A sus 73 años Gloria logró arrancar los más calurosos aplausos a la audiencia.

Después de la fabulosa fiesta musical en la clausura de los Juego Olímpicos de Atenas, con ocasión de la muerte de Gloria Lasso en México en 2005, tuve la curiosidad de conocer más respecto a esa ya legendaria canción, encontrando cosas sorprendentes, como el hecho de que el director de la película “Luna de Miel”, el británico Michael Powell, consiguió al compositor griego Mikis Theodorakis para hacerse cargo de la banda original del film.  Theodorakis es nada menos que el compositor de la música de la película “Zorba el Griego”, así como de otras famosas películas como “Z”, “Estado de sitio”, “Sérpico”, además de obras sinfónicas, música para teatro, entre otras.  La letra de la canción “Luna de Miel” que aparece en la película estuvo a cargo de William Sansom y fue interpretada por el cantante italiano Marino Marini, así mismo, durante el film aparece otra versión instrumental de la canción a cargo de Manuel y la Música de las Montañas.

Por esas casualidades de la vida, el padre de Paul Mc Cartney era un fan de Marino Marini y el propio Paul era un aficionado de los temas de película, de tal forma que en 1963 Los Beatles grabaron en los estudios de la BBC, como parte del Radio Show Pop Go The Beatles, “The Honeymoon song”, que no se convirtió en un éxito, sino que se tomó como esos divertimentos al estilo “Bésame mucho”, propios del cuarteto de Liverpool. En lo particular debo de admitir que nunca había escuchado esta versión.

En 1969 Paul Mc Cartney produjo en AppleRecords un álbum a la cantante inglesa Mary Hopkin, llamado Postcard y dentro del cual se encontraba una versión de” The Honeymoon song”.  Debido a que de ese álbum un solo  éxito se colocó en el gusto popular:  “Those were the days”, prácticamente nadie en Nicaragua se percató de que se incluyó la famosa canción.  Por su parte la gran cantante inglesa Petula Clark, dentro de su álbum “Prends mon coeur”, incluye su versión de esta canción.

Cuando Mikis Theodorakis se dio cuenta de que su canción le está dando la vuelta al mundo con un éxito inesperado, mientas que en su país era prácticamente desconocida, le solicitó al laureado poeta griego Nikos Gatsos que le pusiera letra en griego, más bien poesía, a su melodía y de ahí surgió “An thimithis t´oniro mou” (Si te acuerdas de mi sueño) y se la entrega a la gran cantante griega Iovanna, en ese entonces la mejor voz femenina del país helénico, convirtiéndose inmediatamente en un éxito que los griegos asumen y desde entonces no paran de cantarla.

En griego existe una infinidad de versiones con todos los arreglos posibles y constituye una de las canciones actualmente más solicitadas, como son las de Yannis Parios, Mario Frangoulis, Eleni Dimos y Yiorgos Dalaras, Alexia, Gianni Ploutarxos.

Muchos por su parte, prefieren la versión instrumental a cargo del propio maestro Theodorakis en compañía de Vasilis Saleas.

Es interesante saber que una canción tan popular y conocida en nuestro ambiente tiene una historia tan fascinante y que muy pocos conocen.  En realidad debo de admitir que ignoraba mucho de esta canción, sin embargo, aunque dicen por ahí que mal de muchos, consuelo de tontos y/o viceversa, es pertinente relatar una anécdota sobre la tan afamada canción.  Cuentan que en cierta ocasión, como representante cultural del movimiento helénico de izquierda, Mikis Theodorakis visitó Cuba y se reunió con Fidel Castro y Ernesto “Che” Guevara.  Durante una recepción, los dirigentes de la isla presentaron una intervención musical, anunciando dentro de la misma una canción representante de la tradición latinoamericana, resultando ser “Luna de miel”.  Al escucharla Theodorakis se puso a reír, ante la sorpresa de los dirigentes, a lo cual Theodorakis simplemente les dijo:  -Yo soy el autor.  Como dicen las cubanas cuando lo ven a uno:  -Cosa más grande, caballero.

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Viejos, los caminos

En España, en la provincia de Valladolid existe una población de origen visigodo llamada Wamba, en honor a un rey que llegó al trono en el año 672.  En esa localidad se encuentra la Iglesia de Santa María construida en 1195, y a su lado se encuentran las ruinas de un monasterio, más antiguo aún, que alojó a los Caballeros Hospitalarios de la Orden de San Juan.  Entre dichas ruinas se encuentra un osario que alberga las calaveras y huesos de unos mil monjes y tiene una inscripción que reza: “Como te ves, yo me vi, como me ves, te verás.  Todo acaba en esto aquí. Piénsalo y no pecarás”.

Con el tiempo, este adagio se redujo a: “Como te ves, yo me vi, como me ves, te verás” y se ha utilizado por siglos de parte de los ancianos para enfrentar la soberbia de la juventud, que piensa que el divino tesoro durará por siempre. Esta confrontación ha sido secular, por un lado ha estado el ímpetu de los jóvenes a cargo de los medios de producción, los ejércitos, la reproducción de la especie y por el otro, la tranquilidad de los viejos que tratan de imponer la sabiduría ganada a través del tiempo.  Lo que tal vez ha cambiado es el rango de edad en que se mueven estas dos categorías, a medida que ha aumentado las expectativas de vida de la población, gracias a la mejor alimentación, los avances de la medicina y el manejo de la información para alcanzar una mayor longevidad.  En el Neolítico y la Edad de Bronce, la esperanza de vida era de 20 años, en tiempos del Imperio Romano esta era de 25 años, luego en la Edad Media alcanzó los 30 años y al inicio del siglo XX era de 35 años.  Actualmente, de acuerdo a cifras del PNUD, se mueve entre 40.6 años en Rwuanda y 80 años en Japón.  Nicaragua debe andar, según precisiones de El Firuliche en 68.85 años.

El caso es que ahora, a partir de los 60 años se considera que una persona está en la categoría de Adulto Mayor, que es un eufemismo para etiquetar a los que antes se conocía como viejos, ancianos o despectivamente como rocos o veteranos.  Sin embargo, estoy seguro que muchos opinarán que es una clasificación muy caprichosa y en realidad el límite de edad debería subirse a los 65 años.  Lo cierto es que ahora parece ser un asunto ya oficial y no hay vuelta atrás, pues aparentemente en Nicaragua ya se aprobó la Ley del Adulto Mayor que supuestamente dará valor a las personas que han cumplido los sesenta abriles y que prohíbe la discriminación activa o pasiva por razones de edad.  Otros “beneficios” de la ley son el acceso preferencial en programas de educación, salud, vivienda social y gratuidad en el transporte público en la capital y descuento en el interurbano, así como descuentos en las facturas de electricidad, agua potable y telefonía convencional.  Los ciudadanos Adultos Mayores acreditarán su condición mediante un carnet que emitirá el Ministerio de la Familia, lo cual es una inconsistencia pues bastaría con la edad que acusa la Cédula de Identidad para comprobar que un ciudadano ya cruzó el umbral de la tercera edad.

Traigo a colación todo lo anterior, pues recientemente, hace pocos meses, de repente me desperté un día y me di cuenta que de la noche a la mañana me había convertido en Adulto Mayor.  Cabe señalar, que al igual que cuando recibí mi título universitario, no sentí ningún cambio significativo, salvo que en aquella ocasión ya podía ser llamado Licenciado con todas las de ley y ahora ya pueden decirme viejo, anciano o roco sin el menor desparpajo.  Como dicen por ahí, ya montado en el macho, no queda de otra más que jinetearlo, así que he comenzado a reflexionar sobre los elementos que pudieran considerarse a la hora de diseñar una “línea de base” como dicen los investigadores sociales.  Para empezar, podría decirse que en Nicaragua la situación del Adulto Mayor es deplorable pues no cuenta con la protección de ninguna institución estatal y la nueva ley vendrá a convertirse en papel mojado al no contar el Estado con los recursos para aplicarla, aunque podría negociar con la iniciativa privada para que se otorguen importantes descuentos a los adultos mayores, en especial en el precio de las medicinas.  Por otra parte, es significativa la discriminación que sufren los ciudadanos mayores a causa de su edad y de las limitaciones que la misma conlleva y será muy difícil erradicar estas actitudes que en algunas ocasiones llegan a institucionalizarse.

Hasta la fecha, han sido pocas las ocasiones que me he enfrentado a situaciones propias de esta edad.  En algunos bancos existe una ventanilla especial para personas mayores de 60 años y a las cuales he recurrido un par de veces debido a que la fila normal era numerosa, ante la mirada incrédula de uno que otro cliente.  En cierta ocasión que estando en la fila normal, al no haber clientes en la fila de los Adultos Mayores, la muchacha mi hizo pasar a esa ventanilla y al decirle que iba a realizar tres transacciones, vaciló diciendo que si llegaba un viejito a la fila se iba a impacientar, sin embargo, cuando miró mi cédula se sonrojó y me pidió disculpas, yo por mi parte le agradecí el involuntario piropo.

Hace poco, mi hijo deseaba comprar un artículo al crédito en La Curacao y su cuenta ya estaba saturada, por lo que me solicitó que lo sacara a mi nombre.  Accedí y cuando llevó la aplicación con mi cédula, de entrada le dijeron que yo no era sujeto de crédito pues era mayor de 60 años.  Obviamente les mandé a decir que comieran lo que se le unta al queso y fácilmente tendría elementos para acusarlos de discriminación.  Esta misma actitud discriminatoria está latente en todos los procesos de selección de personal para cualquier tipo de puesto, en donde en algunos casos de manera abierta se solicitan candidatos que no rebasen cierto límite de edad y cuando no lo anotan, en las políticas no escritas de la compañía existen restricciones para contratar a personas que ya han superado los 45 años.

No son pocas veces que escuchamos en el radio o la televisión a un joven reportero que muy quitado de la pena informa que en determinada calle, un anciano de 55 años fue atropellado por un taxi, a lo que inmediatamente exclamo: -Anciana tu %*$& madre.  Otros se atreven a escribir que los ancianos al volante son un peligro para la sociedad, pues ya no saben manejar, no miran ni saben por dónde van.  Me dan ganas de retarlos públicamente para un rally entre Managua y Carazo en una noche con neblina en El Crucero, a ver si me alcanzan.

Lo bueno es que ahora que ya estoy al otro lado del umbral, tomo las cosas por el lado amable.  Es indudable que tarde o temprano, espero que más tarde que temprano, los achaques de la edad se vendrán en cascada, sin embargo, por el momento debo de admitir que por un lado puedo gozar de los pocos privilegios de esta clasificación, mientras que por otro lado puedo, mediante cierta pequeña dosis de esfuerzo, caminar completamente erguido y con pasos firmes, salvo tal vez en las escaleras, pues me quitaron media rodilla.

El gran consuelo es que todos los arrogantes que hacen gala de su juventud, tarde o temprano tendrán que ir recordando la Sonata de Otoño en Primavera o quizás reflexionar sobre las acertadas palabras de Henri Frederic Amiel: “Saber cómo envejecer es la obra maestra de la sabiduría y uno de los capítulos más difíciles en el sublime arte de vivir”.

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La canción del adiós

En el año 1980 estuve en Finlandia en una gira de estudios, conociendo las formas de organización para la producción forestal.  En los ratos libres alternábamos, mi jefe y yo, con diferentes grupos, la mayoría no finlandeses, entre ellos una pareja de españoles que vivía en ese país, con quienes hicimos buenas migas y nos acompañaron por varios lugares de Helsinki.  Al finalizar nuestra gira, nos organizaron una fiesta de despedida, con mucho vodka y música de diversos países.  Antes de despedirnos, el anfitrión nos pidió que escucháramos una canción y puso en su equipo de sonido una sevillana, llamada La Canción del Adiós, conocida también como Cuando un amigo se va, de un grupo llamado Los Amigos de Gines.  La canción es impactante, en especial cuando se escucha por primera vez y en esa ocasión a pesar de que no existía una profunda amistad, tan sólo la entrada que dice: “Algo se muere en el alma, cuando un amigo se va” bastó para inundar de emoción aquel pequeño recinto.

Con el tiempo, esa canción llegó casi a borrarse de mi mente, sin embargo, en estos últimos días, después de la pérdida de un ser muy especial en mi vida, empecé a sentir un tremendo vacío en mi interior y de repente, sin podérmelo explicar, aquella canción regresó a mi conciencia y pude sentir en toda su dimensión la profundidad del dolor que trasmite:  “El amigo que se va es como un pozo sin fondo, que no se vuelve a llenar,,,”

Para efectos de este Blog, la persona que falleció era mi mayor fan.  Cuando inicié este Blog, lo hice más como un ejercicio de expresión que para buscar una lista interminable de seguidores, sin embargo, la primera reacción que tuve fue de parte de mi madre, quien se convirtió en una ávida lectora de todos mis post y por teléfono me trasmitía todos sus comentarios, felicitándome cuando el post lo merecía, corrigiéndome cuando la ocasión lo ameritaba, regañándome cuando me excedía en mi irreverencia o entre risas sugiriéndome tener más caridad cuando adivinaba la burla escondida.  Cuando me retrasaba en la publicación del siguiente post, me preguntaba si me pasaba algo o disimuladamente me preguntaba sobre qué tema escribiría.

La última vez que fui a visitarla, me sorprendió ver que en un pequeño librero a un lado de su sillón estaban varias carpetas llenas de documentos, tuve la curiosidad de ver de qué se trataba y cuál no sería mi sorpresa cuando miré que eran todos mis post que había publicado en el Blog, impresos en letra número 18 que mi sobrino con todo cariño le había encuadernado especialmente para sus cansados ojos.

Cuando en septiembre pasado descubrimos que ella tenía un tumor inoperable, me esmeré en seguir escribiendo para desde lejos mantener ese vínculo especial que iba más allá de mis cotidianas llamadas telefónicas.  Se me ocurrió entonces escribir un post especialmente dedicado a ella y de ahí salió “Lo qué será, será” que mi madre emocionada me agradeció mucho ese reconocimiento, que a veces se le antojaba inmerecido, pero que lo apreciaba porque lo había disfrutado en vida y no desde un ataúd.  Le reiteré que me había quedado corto en todo lo que ella representaba en nuestras vidas.

A mediados de abril, como preludio de un viaje programado para pasar el día de la madre con ella, escribí Lady Laura, que aunque se trataba de la extraordinaria canción que Roberto Carlos le dedicó a su madre, refleja esa añoranza por el abrazo, los cuentos y las palabras de la madre, que no importa la edad, nos devuelven la calma.

El día 23 de abril, cuando mi padre cumplía 18 años de fallecido, mi hermano le leyó en su cama el post de Lady Laura, sin sospechar yo que mientras añoraba su abrazo, su cuento y su beso, ella libraba su última batalla y horas después se iría para siempre.

El día 3 de mayo depositamos sus cenizas junto a las de mi padre el Mausoleo del Angel, en esa ocasión mi hermano me pidió que dijera algunas palabras al cerrar la cripta, pero no pude, pues literalmente sentía que algo se había muerto en mi alma.

Pido perdón a mis lectores si me he apartado de la línea de este Blog, sin embargo, creo que el vacío que deja mi fan número uno, merece hacer un alto en el camino, mientras el barco se aleja y se hace pequeño.

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