Archivo mensual: mayo 2009

Yo soy aquel

Raphael Yo soy aquel

Viene a tu encuentro,
desde el olvido,
reclamando una deuda
que nunca acabas de pagar,
arrastrando lo que fue
y lo que pudo haber sido,
y se pone a revolver
en el poso del ayer.

Serrat

El excepcional cantante español, Raphael, el Divo de Linares como lo llaman algunos, ha iniciado este 2009 una gira que ha llamado Tour: 50 años después, en celebración de sus cincuenta años de carrera artística.  Algo sin muchos precedentes, pues hay que considerar que el artista cuenta a la fecha con apenas 64 años.  La gira comprende una extensa lista de países de América Latina y Europa, entre los que no se encuentra Nicaragua.

En las presentaciones de esta gira, después de una proyección, con lujo de tecnología, de los aspectos relevantes de estos cincuenta años de su carrera artística, el Divo de Linares entra al escenario con un traje negro e interpreta a capella el poema Cantares de Antonio Machado, que arreglara y musicalizara de manera formidable Joan Manuel Serrat.  Luego, inicia el concierto, en donde por espacio de tres horas el cantante interpreta los mejores éxitos de toda su trayectoria musical.  Desde sus primeros temas: Cuando tú no estas, Desde aquel día, Mi gran noche, Digan lo que digan, No vuelvas, hasta sus éxitos finales Provocación, Escándalo, En carne viva, Toco madera. Incluye además algunos temas propios del país en donde actúa, por ejemplo en México incluyó Volver, volver de José Alfredo Jiménez y en Chile Gracias a la Vida de Violeta Parra.  Lo que evita el Ruiseñor, como también se le conoce, es interpretar Yo soy aquel, lo cual no se nota pues tres horas de concierto se hacen pocas para abarcar la discografía total del cantante.

El público no se imagina que esa canción le llega profundamente al Divo, pues está asociada a un episodio que por más que trata de olvidar, siempre se empeña en volver a su memoria. Lo interesante es que dicho recuerdo tiene que ver precisamente con Nicaragua.

Era el mes de noviembre de 1968 y como parte de una gira de Raphael por América Latina para promover su internacionalización, a partir del éxito obtenido a través de la película Yo soy aquel, se programaron una serie de conciertos en diferentes partes de Nicaragua.  Se encargaron de los arreglos contractuales los empresarios locales, el Sr. Manuel Jirón, conocido emprendedor de la radiodifusión y el Sr. Richard Moore, actor radial que por mucho tiempo formó parte de cuadro de Radio Mundial y que tenía buenos conectes con el mundo del espectáculo y con buen éxito había traído un año antes a Rocío Dúrcal.

Es importante aclarar que a pesar de que en Nicaragua Raphael empezaba a ser conocido, tanto por los éxitos que ya empezaban a sonar en las radiodifusoras, como por la película Yo soy aquel, que por cierto fue de las primeras en ser presentadas en el recién inaugurado Cine México, sin embargo, el cantante no tenía el arrastre de otros artistas, como en su momento tuvieron al visitarnos Pérez Prado, Agustín Lara o la Sonora Matancera, que causaron gran entusiasmo en miles de aficionados.  Raphael por su parte fue recibido en el Aeropuerto Las Mercedes por un pequeño grupo de jóvenes que respondió a la invitación de parte de los organizadores.  Este tibio recibimiento no fue muy del agrado de Raphael, pues en su país, El Niño, como se le llamó por mucho tiempo, tenía un gran número de admiradores desde que tenía nueve años.

Aquí es importante abrir un paréntesis para resaltar una situación que contribuyó al desaguisado que posteriormente protagonizó el cantante.  La sociedad nicaragüense en los años sesenta y todavía mucho tiempo después, era tremendamente homófoba.  No tanto por la intolerancia hacia las preferencias sexuales no ortodoxas, sino también y en mayor medida, en calificar como manifestaciones homosexuales, cualquier refinamiento o comportamiento fuera de los cánones previstos para una actitud varonil.  De esta forma, al observar en el cine el estilo de Raphael, en donde su histrionismo resaltaba en todas sus interpretaciones y hacía alarde de su voz con atrevidas figuras y exageraciones, muchas personas, sin contar con elementos de juicio, sin empacho y como dicen, al peso de la lengua, lo etiquetaron como gay.  Si nos sirve de consuelo, lo mismo ocurrió en varios países en los que por mucho tiempo se ha presionado al Divo para que defina de manera diáfana su orientación sexual, a lo que siempre él ha respondido que es completamente heterosexual.

En esa visita a nuestro país, Raphael comenzó a mostrar ciertas poses de divo, descalificando en primer lugar al Gran Hotel de Managua, que en esa época era prácticamente el único hotel de categoría en el país y exigió un lugar más discreto.  El empresario Manuel Jirón le ofreció su casa de habitación en Los Robles y ahí fue donde se alojó el cantante.

Se programó una entrevista de prensa y desde ahí empezó el detonante de lo que ocurriría después.  Por una parte, los periodistas invitados a la misma no conocían la carrera artística de Raphael y por la otra, no tenían la sagacidad para entrevistar a un cantante internacional.   El caso es que el la entrevista fue bastante desabrida y además de las preguntas de rigor, si le gustaba Nicaragua y demás; alguien le preguntó sobre un supuesto romance con Ava Gardner, sobre lo que admitió que había una amistad muy fuerte con la actriz norteamericana, a quien había conocido en Acapulco.  Luego, un reportero tomó valor y le preguntó si le gustaban las mujeres y si así era cuál era su tipo de mujer, Raphael contestó secamente: Mi madre.  A partir de entonces el cantante se mostró incómodo e hizo lo posible por terminar la entrevista y salió sin mucha ceremonia.

La presentación principal de Raphael fue en el Teatro González de Managua, el cual no se caracterizaba por tener una acústica perfecta y por otro lado, en esa época los artistas todavía no acostumbraban hacerse acompañar por un ingeniero de sonido para asegurar ese aspecto tan relevante en una presentación, así que el show inició con el pie izquierdo pues el sonido era cercano a lo fatal. El Divo apenas lograba disimular su incomodidad.  En cierto momento, en medio de grandes aplausos del auditorio que había abarrotado el teatro, el cantante comenzó a interpretar Yo soy aquel y justo cuando llegó a la línea que dice: y estoy aquí, aquí, para quererte… un individuo, con la agilidad de un felino, subió de pronto al escenario y se acercó al cantante, que se quedó patitieso.  El tipo que vestía con una indumentaria un tanto estrafalaria, tenía en la mano unas flores a punto de pasar a mustias y una muñeca, y en menos de lo que canta un gallo se las entregó al Divo y sin que éste pudiera reaccionar, le estampó un beso en la mejilla.  Luego, se dirigió al auditorio y exclamó al borde del paroxismo: ¡Ahora, ya puedo morir tranquilo! Se trataba de Pablo García, conocido en la vieja Managua con el remoquete de La Paulina, por sus obvias inclinaciones.  El relajo que se suscitó en el teatro fue tremendo, desde rechiflas, gritos y aplausos que provocaron tal ruido que sirvió para disimular la forma cómo terminó la canción.

Después de salir del shock, Raphael, haciendo de tripas chorizo, logró cantar tres temas más y dio por terminado el concierto.  Abandonó abruptamente el teatro y pidió que lo llevaran a la casa de Jirón.  A la mañana siguiente, el Divo de Linares realizó un squeeze play que hubiese hecho que el propio Rickey Henderson se quitara la gorra en señal de admiración.  Cuando se le buscó para ver el programa del día, ya el cantante se encontraba en Guatemala.  Se dice que salió con el pretexto de conocer Tipitapa y se bajó en el Aeropuerto para tomar el siguiente vuelo hacia el norte.  El problema serio es que el cantante había recibido un fuerte anticipo de cerca de cincuenta mil dólares, que en aquel tiempo era una cantidad enorme de dinero.

La noticia corrió como reguero de pólvora, sin embargo los que pegaron el grito al cielo fueron desde luego los empresarios organizadores, pues además de Jirón y Moore, parte del dinero lo habían puesto los ínclitos hijos de La Salle, pues tenían previsto una presentación en el Teatro del Instituto Pedagógico de Diriamba.  Los reverendos se quedaron atónitos y lo único que hicieron fue sacar a los alumnos en una manifestación con pancartas expresando que querían ver a Raphael “en vivo”, pues no podían balconear abiertamente a su paisano; a lo mejor si hubiese sido de otra nacionalidad hubieran pedido que lo quemaran “vivo”.

La prensa hablada y escrita del país comentó en grandes titulares la huída de Raphael, sin embargo, la crítica más agria fue de parte de La Semana Cómica, que con su humor mordaz publicó el siguiente epigrama:

El grandioso Raphael,

el monstruo de la canción

hizo aquí doble papel:

el de cantante y ladrón

Espejo de la indecencia

correspondió a nuestro abrazo

zampándonos sin conciencia

el golpe del “Raphaelazo”

Sin embargo nuestra gente

sin pizca de patriotismo

sigue oyendo con cinismo

al payaso delincuente.

Según algunas versiones, los organizadores lograron alcanzar a Raphael en Guatemala en donde llegaron a un arreglo, sin embargo, en Nicaragua no se volvió a saber nada del asunto.

El Ruiseñor continuó su carrera artística con mucho éxito, pues en total solo en español ha llegado a grabar más de 60 discos de larga duración, sin contar los que ha grabado en francés, italiano, alemán, inglés y japonés.  Ha recibido 350 discos de oro, 50 de platino y el único disco de uranio otorgado a un artista de habla hispana, por sus ventas del album “Raphael, ayer, hoy y siempre” en 1982 y del cual vendió 50 millones de copias.  De los premios y reconocimientos ni se diga, el Divo de Linares cuenta con una lista interminable de ellos, desde el título de Excelentísimo Señor Comendador de Isabel la Católica, otorgado por el propio Rey de España, Don Juan Carlos I, hasta cinco veces las llaves de oro de Nueva York, Chicago, Los Angeles y Miami.  Podría decirse pues que Raphael ha alcanzado un éxito tal en su carrera artística, que muy pocos artistas en el mundo han logrado alcanzar.

Sería válido entonces aseverar que los logros que ha obtenido del Divo dependen exclusivamente de su calidad vocal, su capacidad artística y la forma en que ha desarrollado su carrera y que los aspectos íntimos de su vida privada, como son las interrogantes sobre su orientación sexual, los blasones que obtuvo con su matrimonio, los bien logrados enlaces de sus hijos e incluso su enfermedad y recuperación, no tienen nada que ver con el éxito alcanzado.

No obstante, hay un detalle que mueve a la reflexión.  En algún momento de su carrera, Raphael o los expertos en marketing de su disquera, descubrieron, quién sabe cómo, que un importantísimo segmento de la compra de los discos del Divo, provenía de la comunidad gay. En forma coincidente en sus últimas etapas proliferan canciones en donde el blanco hacia donde se dedican está un tanto indefinido o por lo menos lo femenino no resalta.  Para complementar lo anterior, en 2008 el Divo de Linares apareció en la portada de la revista gay Zero y en la entrevista correspondiente habló sobre el matrimonio homosexual, declarándose partidario del mismo y expresando que deberían ser legales, además agregó que los rumores sobre su condición sexual no le afectan, pues -Cada uno es lo que tenga que ser, y bien hecho está. No hay porqué avergonzarse de nada. Pero vamos, yo no estoy en ese caso- remató.  Ante esto no queda más que echarle segunda al Ruiseñor y exclamar: -¿Qué sabe nadie?

Cabría agregar que la relación entre Rapahel y Nicaragua no quedó en aquel episodio de 1968; en junio de 2006 como parte de su gira “Cerca de ti” se presentó en Managua en un concierto a beneficio de APROQUEN.  Fue evidente su deseo de reivindicarse pues reiteró en un par de ocasiones:  “Tengo ganas que la gente me vea actualmente y lo que he aprendido, que es muy importante”.  En realidad era otro Raphael, más maduro, más profesional, con todas las tablas del mundo, no obstante, por aquello del Mmmmm…, no hubo conferencia de prensa abierta, la seguridad fue muy estricta y no cantó Yo soy aquel, no fuera a ser que La Paulina todavía no hubiese muerto tranquilo.

Gracias a Ovidio, que con su prodigiosa memoria pudo rescatar el epigrama

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La máscara de plata

Santo El Enmascarado de Plata

Las cenizas de mi padre están depositadas en el Mausoleo del Ángel, un cementerio ubicado al sur de la Ciudad de México. Pareciera extraño que un nicaragüense de San Marcos, hubiera muerto en Los Angeles, California y descanse en el Distrito Federal, sin embargo, así pasa cuando sucede y lo que logra darle cierto sentido al caso es que él quiso a México como su segunda patria.  Este cementerio es un lugar extremadamente sobrio, en donde el cemento y el mármol se encargan de crear un ambiente más de congoja que de resignación.  El día del funeral, no tuve tiempo de fijarme en el cementerio, pues después de un oficio poco solemne en la capilla, pasamos directamente a depositar la urna en una cripta que fue sellada sin mayor ceremonia.

Tiempo después, fui a visitar la cripta de mi padre.  Al salir hacia el estacionamiento, caminando por uno los lóbregos pasillos en donde los pasos parecen retumbar en todo el edificio, me llamó la atención una cripta que tenía una pequeña máscara en relieve; me acerqué y para mi sorpresa se trataba de: Rodolfo Guzmán Huerta, SANTO, EL ENMASCARDO DE PLATA.  No podía dar crédito a lo que estaba mirando, pues me parecía que Santo era de los superhéroes que no descansaban en una cripta; simplemente desaparecían o eran arrebatados hacia el Olimpo.  Sin embargo, ahí estaba, la placa lo atestiguaba consignando que había nacido el 23 de septiembre de 1917 y fallecido el 5 de febrero de 1984.  Por otra parte, me pareció irónico que al final de cuentas mi padre y el Enmascarado de Plata compartieran el mismo lugar de reposo, pues para mi padre este último nunca fue santo de su devoción, pues para él, Santo sólo Simon Templar, el legendario héroe nacido de la pluma de Leslie Charteris.

Conocí a Santo el Enmascarado de Plata en la barbería de Gonzalo “Chalo” Vásquez en San Marcos, quien además de ofrecer el mejor servicio en toda la región, mantenía el más extenso surtido de paquines y revistas de todo el pueblo. Tenía incluso ejemplares nuevos y exclusivos para los clientes VIP.  Entre el material de lectura más solicitado estaba, sin duda, las aventuras del célebre luchador mexicano, llevado al rango de super héroe por el dibujante y editor mexicano José G. Cruz, a través de sus comics realizados en el formato tipo fotonovela y en color sepia, en donde Santo participaba en las más diversas aventuras, sin necesidad de volar o cualquier otro poder extraordinario, simplemente con su fuerza y su agudeza mental, utilizando una motocicleta o en el mejor de los casos un deportivo convertible.  Así fue que donde “Chalo” empecé a ejercitar mi paciencia, pues no me importaba que estuvieran esperando cuatro o cinco clientes, pues eso me daba tiempo para leer una novela completa de Santo.  Todo el pueblo comentaba las aventuras del enmascarado y muchos se animaban para mandar sus dibujos del luchador para tratar de obtener el premio de la máscara que ofrecía la editorial a los mejores dibujos.  Decían que Oscar Quant, había enviado un dibujo tan bien realizado que había ganado el premio, sin embargo, nunca nadie miró la famosa máscara.

Cuando a inicios de los sesenta tuvimos acceso a la televisión, el Canal 6 empezó a trasmitir unos videos de la lucha libre de México.  Estas grabaciones aparentemente eran de los años cincuenta, cuando este luchador tenía varios años de participar como El Enmascarado de Plata, pues a pesar de haberse iniciado en la lucha libre desde 1934, había debutado con ese nombre y su particular atuendo hasta en 1942.  En esos videos además de Santo, participaban grandes figuras de esa época como el Rayo Pampero, Chico Casasola, el Cavernario Galindo, el Perro Aguayo, Blue Demon.  Ahí conocimos la mecánica de la lucha libre, desde aquel famoso grito de: Pelearán a tres caídas, sin límite de tiempo, hasta las llaves y castigos más utilizados.  No nos perdíamos por nada del mundo ese espacio en donde atónitos observábamos que Santo, a pesar de todo era vulnerable.  Había que reconocer que el Enmascarado de Plata, con un estilo medio técnico y medio rudo, ganaba la mayoría de las peleas, sin embargo, de vez en cuando, nos llegaban a doler los cascarazos que le propinaban los otros luchadores.  Lo que nunca alcanzamos a ver fue que le quitaran la máscara en un combate, incluso comenzó a correr el rumor de que el propio Santo había declarado que el día que le quitaran la máscara ese día iba a morir.

Poco tiempo después, fuimos testigosde la aparición de Santo en el cine.  Con mucho tino los productores cinematográficos mexicanos supieron explotar la imagen de este héroe y lanzaron una serie de películas en donde el luchador se enfrentaba a los más diversos antagonistas, gangsters, momias, vampiros, alienígenas, contrabandistas, estranguladores, brujas, cazadores de cabezas, monstruos diversos, zombies, karatekas.  Se rodeó de una diversidad de coprotagonistas como las sensuales Lorena Velázquez, Elizabeth Campbell, Amadée Chabot, Eva Norvind, Maura Monti, Meche Carreño, así como de otros luchadores como Blue Demond, Mil Máscaras e incluso cómicos como Capulina.   Durante dos décadas observamos el desarrollo de la imagen del enmascarado de plata, de un cine en blanco y negro, gótico como lo califican algunos conocedores del séptimo arte, hasta las versiones en color, en donde el invencible héroe, que tan sólo era derrotado por la báscula, debía cambiar su desnudez y su capa por sacos sport acompañados por camisetas cuello de tortuga y era ayudado por toda una parafernalia de macro computadores que parecían subestaciones eléctricas y demás artilugios de comunicación que causaban la envidia del Súper Agente 86. 

Fue impresionante el éxito que las películas de Santo alcanzaron no sólo en los países de habla hispana, sino en los lugares más sorprendentes del planeta.  Con el propósito de penetrar más fácilmente en los mercados extranjeros, los productores mexicanos realizaron versiones alternas de las películas de Santo en formato XXX que cautivaron al público de Europa y los Estados Unidos.  Sin embargo, lo más notorio fue el éxito que alcanzaron las películas estándar de Santo en los países bálticos y del norte de África, en donde el público llegó a creer que se trataba de un héroe árabe e incluso turco, cosa nada extraña, pues con su máscara tenía cara de ser de esos lados.

A comienzos de 1968, Santo El Enmascarado de Plata estuvo en Nicaragua para una fugaz presentación.  El diario La Prensa registra una visita del luchador a ese rotativo, sin embargo, el cronista no supo aprovechar la presencia de la leyenda para una entrevista interesante y lo único rescatable de la misma fue que ante la pregunta que si no hubiese sido luchador, qué le hubiera gustado ser, él sin pensarlo mucho respondió: ¡luchador!.

A finales de los setentas vimos como empezó a declinar la fama del Santo, pues el cine mexicano entró en una vorágine de temas de albañiles, ficheras, mecánicos, encueratrices y demás, así que el gran héroe tuvo que resignarse a actuar en espectáculos de escapismo, una versión gótica del gran Houdini. 

A mediados de los ochenta, en un programa de televisión conducido por el ícono de la televisión mexicana, el periodista Jacobo Zabludosky, de manera inexplicable, Santo se quitó la máscara.  Toda su afición se quedó anonadada.  Días después, El Enmascarado de Plata presentaba un show de escapismo en el Teatro Blanquita, la catedral del arte popular en el Distrito Federal, frente a la propia Plaza Garibaldi y al finalizar su presentación, ya en su camerino se sintió mal.  Un fulminante infarto al miocardio lo lanzó a la lona, le aplicó el toque de espaldas y la parca, ni corta ni perezosa, le contó hasta tres.  Era la última caída.  Así, de forma increíble, Santo abandonó este mundo. 

Pero, como dicen por ahí, hay muertos que nunca mueren.  Además de la carrera en la lucha libre de parte de su hijo, las películas de Santo en diversos formatos, además de su constante presentación en la televisión mantienen viva la leyenda.

Cuando estoy en México y tengo la oportunidad de visitar la cripta de mi padre, aprovecho para pasar viendo la de Santo, nada más para verificar, a ver si no salió en busca de nuevos antihéroes, narcotraficantes, terroristas y magistrados, pero para tranquilidad de ellos, sigue ahí.  Nosotros, sin embargo, seguimos aquí, en esta lucha que llamamos vida, que no se acaba hasta que se acaba, no importa cuántas veces nos cuenten hasta tres, no importan cuántas caídas hayamos perdido, mientras mantengamos la máscara, ahí la llevamos.

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Sobre un retrato de Don Gilberto González

Gilberto González Caremacho

Dicen por ahí que una imagen vale más que mil palabras y puede ser cierto.  Cuántas veces no hemos visto a una fotografía ilustrarnos más que un extenso artículo.  En el caso de Celeste González y sus fotografías pareciera que esta artista de la cámara abriera una ventana en el corazón de su objetivo que nos adentra en las intimidades de la imagen que nos presenta.

En la fotografía que nos ocupa, se requiere de un esfuerzo titánico para tratar de aportar mayores elementos de los que Celeste capturó de este personaje y cuya imagen pareciera narrarnos una historia tan nicaragüense como los relatos de Fabio Gadea Mantilla.

Tal vez sólo restaría agregar que se trata de Don Gilberto González, jinotepino conocido en toda Nicaragua como Caremacho y que forma parte de los personajes legendarios de Carazo.

El rostro de Don Gilberto curtido por el sol que observamos en la imagen, nos dice que fue por mucho tiempo músico de calle y en efecto, formó parte de una generación musical que brotó en el departamento de Carazo en la primera mitad del siglo XX y que se distinguió por su calidad y versatilidad, pues al mismo tiempo tocaban en un conjunto en una procesión religiosa, que integrando una orquesta que amenizaba una fiesta en cualquier lugar de Nicaragua; como es el caso de la recordada Jazz Carazo que alternó con las mejores orquestas del país y del exterior que nos visitaban.  Tocaba el clarinete y lo tocaba con mucha gracia, pues sabía imprimirle el toque bandido a los sones de toro que requieren la sabrosura de este instrumento.

Como el oficio de músico, al igual que muchos otros, no generaba suficientes ingresos para subsistir, los músicos de ese entonces tenían uno o dos oficios alternos que les ayudaban a librar la batalla por la vida.  Un oficio que fue muy socorrido por parte de los músicos fue la venta de lotería y era algo común mirar a los virtuosos recorrer la calle del mercado de Jinotepe ofreciendo el premio mayor.  Uno de ellos, además de lotero, llegó a ser diputado, sin abandonar nunca sus otros dos oficios; pero eran otros tiempos, ahora los diputados prácticamente se sacan la lotería y no necesitan trabajar por el resto de sus días.

Don Gilberto anduvo en muchos oficios, hasta que descubrió su otra vocación y fue de una manera fortuita.  En cierta ocasión, su esposa, Doña Amalia, al saber que el señor tenía planeado echarse unos tragos con sus amigos, con el propósito de mantenerlo en su casa le ofreció prepararle unas bocas y tuvieron tanto éxito entre los amigos que surgió la idea de poner una cantina.  De ahí salió el Rancho Amalia, que con el tiempo sería una de las cantinas más emblemáticas de toda la región central de Nicaragua.

En el rostro que la mágica lente de Celeste logró captar con tanta expresividad, se observa una determinación increíble.  En efecto, Don Gilberto se empeñó en ofrecer en su cantina una atención de primera.  Lo más apetecido en el Rancho Amalia eran desde luego las bocas (botanas en México o tapas en España, para los que no conocen el término).  La sola mención de la lista de delicias que servían en el establecimiento haría salivar como un mastín al más indiferente.  Había tostones hechos con el plátano en su debido punto, crujientes, olorosos, que dejarían pálidos a los patacones pisaos del Bodegón de la Candelaria en Cartagena de Indias; frijoles blancos preparados con una receta secreta que es la fecha y nadie la ha podido repetir, según algunos doña Amalia la había tomado de un recetario brasileño y otros decían que la había escuchado a un viajero italiano que pasó por ese pueblo.  Por otra  parte era una delicia el aguacate con pedazos de tortilla milimétricamente cortada, así como el lomo de costilla que sin éxito trataron de copiar algunas cantinas se Managua; al igual que un corazón preparado a la mosataza con pedazos de pipián, el chancho asado que ni en el mercado de León podía encontrarse uno igual, pollo rostizado y los lunes que se servía un inigualable arroz aguado.  Tal vez pudiera decirse que el guaro es guaro en todos lados, sin embargo, había diferencias, pues Don Gilberto procuraba el mejor guaro de la región, sin adulteraciones, lo demás era estándar, la Santa Cecilia que imperaba antes que el Ron Plata, la Flor de Caña y las cervezas que eran servidas a una temperatura que sudaban, de esas que sólo se logran ver en los comerciales.

A la par de la excelente atención que prodigaba en ese establecimiento, estaba el orden y el respeto que se exigía a sus parroquianos, manejando Don Gilberto el lugar con la disciplina de un prefecto de las Escuelas Cristianas.  Por muchos años prohibió el ingreso de mujeres a su cantina y tal vez podría parecer demasiado sexista esta medida, sin embargo, aseguraba que el local no se convirtiera en otra cosa.  Tampoco permitía escándalos ni pleitos en el Rancho.  Sin embargo, la medida más estricta era el respeto que para su persona demandaba de parte de los parroquianos.  Nuca permitió que nadie le llamara Caremacho en su cara y aquellos que osaron hacerlo fueron vetados por el propietario y nunca más pudieron ingresar al Rancho Amalia.  Se dice de algunos jinotepinos que después haber sido vetados por ese pecado, debieron tramitar a través de amigos mutuos el perdón correspondiente para poder ingresar de nuevo al recinto.

Por ese santuario del buen beber y comer desfilaron destacadas figuras del mundo político, egregios abogados, insignes galenos, abnegados docentes, brillantes ingenieros, dedicados oficinistas, prósperos banqueros, acaudalados comerciantes, militares, obreros del volante y tantos más.

Podría afirmarse que Don Gilberto hizo escuela en cuanto al noble oficio de la cantina, logrando imprimirle calidad, seriedad y profesionalismo al servicio que ofreció por muchos años.

También es pertinente agregar que este personaje también fue un folklorista, no sólo por sus aportes a la música popular, sino por haber contribuido a ciertas tradiciones de Jinotepe como el baile de “chinegros” que se realizaba en honor de la Virgen de Guadalupe, en donde personajes de esa ciudad se pintaban el cuerpo de la cintura para arriba con una mezcla de contil y vaselina y bailaban en la procesión que salía el 12 de diciembre, al final de la cual se repartía carne de cabro y guaro.

A finales del siglo XX, cuando sintió que su hora había llegado, el único deseo que pidió fue que lo enterraran con su clarinete.  No quiso decir que desestimaba el oficio que le dio fama, sólo que sintió que ese instrumento era su fiel compañero desde su juventud.  La historia se encargaría de enaltecer su constante afán de ofrecer lo mejor en el Rancho Amalia.

Ahora, si regresan a la fotografía podrán observar todo lo que en ella se expresa, todo lo que un rostro nos puede decir, toda la historia tan nicaragüense que a través de esta imagen nos regala Celeste y si nunca estuvieron en el Rancho Amalia, desearán subir a la máquina del tiempo que los lleve de regreso a los grandes tiempos de ese carismático lugar y aquellos que tuvieron la suerte de saborear las delicias de la cantina, no podrán evitar la lógica reacción pavloviana.

Agradezco sobremanera la invaluable colaboración de Eduardo Ortega Reyes, connoisseur de estos menesteres, así como de Ovidio Ortega Reyes y desde luego la amabilidad de Celeste González de permitirme utilizar sus obras de arte.

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El Órgano Melódico

Juan Torres 3335

Allá en los años cincuenta, las películas mexicanas llenaban el Teatro Julia de San Marcos.  En una ocasión en que presentaban una de esas cintas, mitad melodrama, mitad revista musical, cuyo nombre no viene a mi memoria, pero sí que participaban grandes estrellas como Agustín Lara, Pedro Vargas y varios más, en uno de aquellos centros nocturnos que servían de marco a las presentaciones musicales del film, un locutor anunció a un jovencito invidente que hacía maravillas con el órgano.  El público sanmarqueño se quedó estupefacto al ver al joven organista arrancar su presentación haciendo “cantar” al órgano el famoso bolero cubano de Gonzalo Roig y Agustín Rodríguez, Quiereme mucho, al final del cual el público de la película le rendía un tremendo aplauso al muchacho.  Un fuerte murmullo inundó el teatro, pues el público no terminaba de tragarse la campanilla del asombro al admirar al órgano cantando; al final, algunos se sumaron a los aplausos del film, otros rieron, otros simplemente pujaron, el caso es que ya nadie le puso cuidado al resto de la película y por mucho tiempo, el órgano parlante fue el tema central de conversación en el pueblo.

Mi madre, al ver mi asombro, me explicó que los órganos modernos tenían ciertas palancas que permitían imitar sonidos de otros instrumentos y que mediante cierta técnica de manipulación podía acercarse, con ciertas limitaciones, a la voz humana y Ernesto Hill Olvera, que era el nombre del organista invidente, era uno de los pocos músicos mexicanos que habían desarrollado esa técnica, por lo que se había hecho famoso en su país y luego mediante el cine en todo el mundo de habla hispana.

En efecto, el protagonista de este fenómeno, sin restarle méritos a Ernesto Hill Olvera, era el órgano Hammond.  Este instrumento fue desarrollado por el inventor norteamericano Laurens Hammond a inicios de los años 30 del siglo pasado, basado en principios de electromagnetismo.  El sonido se enriquecía integrándole al órgano, de manera opcional, el sistema Leslie de parlantes giratorios.   Este instrumento montado sobre un mueble tenía dos teclados de cinco octavas y un sistema de pedales para llevar el bajo.  Encima del teclado superior, sobre el mueble, tenía un juego de barras que podían manipularse hacia fuera y que modificaban las armonías de los sonidos originales del órgano, imitando a otros instrumentos.  El Hammond vino a revolucionar la música de este instrumento, por su versatilidad y portabilidad y después que por mucho tiempo fuera un instrumento casi exclusivo de las iglesias, fueron muchos los géneros musicales que lo adoptaron, como el jazz, el rock, el soul y en general la música popular.

A comienzos de los años sesenta, se puso de moda en Nicaragua Alfonso Morquecho, un organista mexicano que interpretaba las famosas “Tandas de Morquecho” que no eran otra cosa que popurrís que presentaban lo más selecto de la música popular de aquel tiempo.  En las radioemisoras de esa época era muy solicitado y el disco se vendió bastante bien.  La tía Leticia lo había conseguido y recuerdo que en la portada traía una foto del músico, muy parecido al Carnal Marcelo de Tin Tan, montado en una bicicleta mediante la cual arrastraba su órgano (Hammond).  Tal vez el tema más conocido de Morquecho fue la versión que realizó del tema que hiciera famoso Pedro Infante: Qué te ha dado esa mujer y que la empresa farmacéutica Bayer tomó como fondo musical para promover las pastillas Helmitol, que por mucho tiempo fue la panacea para los padecimientos renales.  Tal vez algunos recordarán que en dicho anuncio entraba el órgano de Morquecho con las primeras notas de la citada canción y posteriormente un locutor con voz preocupante decía: -¿Le duelen los riñones? ¿Siente ardor en las vías urinarias? ¿Sufre de micciones nocturnas? Tome Helmitol de Bayer.

En la segunda mitad de los años sesenta, cuando la cumbia estaba en todo su furor, apareció en escena un organista venezolano, invidente, llamado Tulio Enrique León, que hizo vibrar al público con su órgano Hammond y sus versiones de La Pollera Amarilla, El Huerfanito, La vaca lechera, Yolanda y El Cable Submarino que eran infaltables en las roconolas de todo el país.  En lo particular yo prefería Dulce Veneno, que en su momento había interpretado Miltinho y que en una excelente versión en órgano aparecía en el álbum de Tulio Enrique: Dentro del Ritmo.

A mediados de 1968, mi madre trajo de México un long play de un organista que interpretaba música popular en lo que él llamaba El Órgano Melódico.  Ese primer álbum tenía música de Armando Manzanero y su estilo era bastante depurado por lo cual fue de la preferencia de toda la familia.  Su nombre era Juan Torres, originario de Guanajuato, México y  había estudiado música sacra incursionando luego en la música clásica.  Torres vivió un tiempo en Europa, principalmente en Italia y se especializó en el órgano Hammond B3, con el cual empezó a explorar la música popular.  A pesar de que en México desde finales de los cincuenta comenzó a aparecer en programas de televisión y en teatros y con la misma técnica de Hill Olvera también logró hacer “cantar” a su órgano, en Nicaragua no apareció sino hasta 1968 a través de sus discos.  Nosotros compramos todos los álbumes que iba sacando, pues cada vez nos impresionaba con sus ejecuciones, abarcando varios ritmos, bolero, samba, bossa nova, ranchera, vals, balada, pasodoble, entre otros.  Los primeros álbumes los ejecutó con un Hammond B3, sin embargo luego cambió al Hammond X66, que era la versión más lujosa e innovadora del órgano producido por la casa Hammond y que debido a su alto costo, eran pocos en el mundo que lograron adquirirlo.

Muchos mitos se fueron creando alrededor de Juan Torres, especialmente respecto a las capacidades de su órgano.  Al inicio, el sonido del instrumento era el básico del órgano con el acompañamiento normal de su caja de ritmos, sin embargo, cuando cambió al Hammond X66 se empezó a manejar que el órgano era capaz de reproducir e imitar a la perfección el sonido de cualquier otro instrumento y que la música que interpretaba Juan Torres emanaba toda de su órgano.  Sin embargo, luego se llegó a clarificar que Juan Torres se acompañaba de un grupo con metales y luego integró guitarras eléctricas, bajo, percusiones y batería y para las canciones rancheras incluía la participación de un mariachi.  Es interesante saber que Juan Torres de vez en cuando cantaba y no le salía mal el asunto como es el caso de su interpretación de La hora de pensar en ti.

Juan Torres llegó a grabar un total de 79 discos de larga duración en una carrera que finalizó hasta su muerte en el año 2003.  No obstante, en Nicaragua el auge del órgano melódico llegó a su fin a mediados de los años setenta.  En ese lapso, surgieron algunos organistas locales, que al igual que todos, iniciaron como pianistas especializándose luego en el manejo del Hammond.  Entre ellos destacan el Profesor Manuel Mojica, fundador y director del famoso grupo Los Solistas del Terraza que tuvo un gran suceso en los años sesenta, especialmente cuando acompañó a la gran cantante Adilia Méndez, sin embargo, cuando quiso ampliar su grupo no tuvo el éxito deseado y optó por seguir los pasos de Juan Torres y empezó a tocar en fiestas tan sólo con el órgano.  El éxito del Órgano Melódico ayudó que esta innovación fuera preferida en muchas fiestas en todo el país, pues la música era versátil pero tranquila y facilitaba la celebración de eventos en casas de habitación en donde el órgano era ideal por su tamaño y capacidades.  Otro organista que también incursionó en el ambiente musical fue el Profesor Guillermo Montiel, ex seminarista y virtuoso del piano que logró descobijar los secretos del órgano y amenizaba con gran éxito las fiestas de esos tiempos.  También habría que incluir al gran organista diriambino Mike González, bastante joven en aquellos años, quien había estudiado música en los Estados Unidos por lo que su técnica, además de su repertorio era más completa. Luego surgieron otros organistas que también con muy buen gusto siguieron los pasos del órgano melódico.

En los años setenta, gracias al trabajo de investigación de Bob Moog, el sintetizador, que producía el sonido electrónicamente manipulando corrientes eléctricas o de frecuencia modulada, logró desplazar la órgano Hammond e iniciar una nueva generación en el sonido musical.  Con la aparición de la interfase MIDI y el secuenciador emergieron las nuevas joyas como el Yamaha DX7 y luego todas las series de Roland, Korg, Clavia y Casio entre otros.

En 1984, el gran músico invidente norteamericano Stevie Wonder incluyó en su album The woman in red, soundtrack de la película del mismo nombre, una canción que alcanzó los primeros lugares de popularidad I just call to say I love you, en la cual como una innovación utilizó un emulator para hacer hablar al Yamaha Fx2.  No sabía Stevie Wonder que treinta años antes Ernesto Hill Olvera ya hacía esas travesuras con su órgano. 

En fin, del Órgano Melódico para acá ya ha llovido un buen rato, sin embargo, aún en estos tiempos en que la música ha evolucionado de manera tremenda, en estos fines de semana soleados de Managua, se antoja esperar el mediodía, en una hamaca, con una generosa dotación de cervezas bien heladas y dejar que el maestro Juan Torres regrese a nuestros oídos con aquellos inolvidables temas: Tristeza, La chica de Ipanema, Brasilia, Sin Final, Meditación, Marea baja, Luna de Xelajú, Sombras, Tema de La Zorra, Extraños en la noche y tantos temas más, añorando tiempos dorados cuando las plagas eran pocas.

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Que me le vaya bien

El habla nicaragüense, al igual que el español de muchos países, a menudo sacrifica la precisión y claridad con el fin de introducir ciertas fórmulas que denotan un interés especial o preocupación de parte del interlocutor.  Este es el caso del uso del dativo ético, que de acuerdo al Diccionario de la Real Academia de la Lengua no es otra cosa más que un pronombre, no necesario para el sentido de la frase y que designa a la persona afectada por la acción o interesada por ella.  Es decir que el que habla se implica, un tanto a la fuerza, como sujeto muy interesado en la acción a que se hace referencia en la oración.

Un ejemplo, tal vez el más usado, es la expresión de saludo. ¿Cómo me le va?, que equivale a decir ¿Cómo le va?, ¿Cómo está usted? o lacónicamente ¿Qué tal?  En este caso, nuestro interlocutor al introducir el “me” está reforzando su interés muy especial en saber cómo estamos y si bien es cierto, si se le quita el “me” la frase no sufre ningún cambio, se utiliza como una fórmula para enfatizar un saludo de manera supuestamente afectuosa.  Este mismo uso se realiza en la fórmula de despedida: Que me le vaya bien, en lugar de Que le vaya bien.  Estas fórmulas parecen formar parte de los nuevos manuales de atención al cliente, de manera especial en el personal femenino, pues se puede observar que cualquier dependienta o promotora, aunque apenas la conozcamos, de la manera más fácil incluye el “me” en los saludos o despedidas.

A diferencia del ejemplo anterior, existen ciertas ocasiones en donde el uso del dativo ético puede causar cierta confusión al interlocutor, por ejemplo cuando nos encontramos a una amiga y le preguntamos:

-¿Hola, cómo estás?

-Mal, responde ella, -se me cayó mi mamá.

–Qué barbaridad, espero que no haya sido nada grave, agregando, -pero ¿no creés que está un poquito pasada de peso para cargarla?

A lo que ella responde -No, se cayó de las gradas de la puerta.

 -Ah, entonces, se cayó, no se te cayó.

 – Bueno, pues sí. 

En este caso, la amiga agrega el “me” para dar a entender que su mamá estaba a su cuidado cuando ocurrió el accidente o bien, se siente un tanto responsable por el mismo, no necesariamente que la estuviera cargando como cuando se dice: -se me cayó el florero.

De esta forma, el dativo es muy utilizado cuando el que habla se refiere a una persona a su cuidado o muy cercano.  Así escuchamos: Juan me dejó tres clases, la Chepita no me comió nada al mediodía, la tos de Ramiro no se me le quita, es que la María me salió medio pizpireta, mi marido me está llegando muy noche.

En ciertas ocasiones esta forma se utiliza para expresar una orden o advertencia categórica, por ejemplo, Se me calla inmediatamente, no te me pongás al brinco, te me salís de la clase, no se me raje mi compa, me apaga el celular, se me pone el cubrebocas, te me vas calmando, no se me vaya todavía, no me lo alborote, déjeseme de babosadas, no me juegue la comida.

Existen casos en que el interlocutor quiere acentuar su jerarquía o influencia en determinado ambiente, no obstante puede causar una mala interpretación del uso del dativo, como es el caso en que la señora pregunta:

– ¿Cómo me lo tratan?

– No tengo idea Señora, usted sabrá mejor que yo.

–Me refiero a ¿Cómo lo están atendiendo?

–Ah, ahhhh.  O como dicen los gringos: Ou, ou, ou.

Muchas veces, la falta de contexto puede provocar alguna mala interpretación cuando se usa el dativo, como en el caso en que la señora si más antecedentes dice:

 -Algo me huele mal

–Me imagino que se bañó por la mañana, señora.

–Quiero decir que hay algo sospechoso

 –Ou, ou, ou.

A pesar de que estamos en pleno siglo XXI, todavía puede escucharse a un jayán decir: es que en ese pueblo me tienen un hijo.  En este caso, el dativo se introduce con el afán de minimizar responsabilidad.

En ciertos casos, el dativo ético se incluye para recalcar los efectos de la acción, como puede ser una pérdida irreparable: Se nos murió el tío Alfonso, o bien, Se nos fue la empleada.

En fin, es necesario tener una especial sensibilidad para captar el sentido de las frases que incluyen al dativo ético, así que se me cuidan.

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Colevaca

francisco-obregon-colevaca.  Foto La Prensa

Cuando cumplió veintiún años, Francisco Obregón no se imaginó que el regalo que le había hecho su padrino iba a marcar su destino.  Nadie supo si en realidad el señor en cuestión lo había llevado a la pila bautismal, el caso es que este político leonés, que regularmente viajaba a la ciudad de Managua, le tenía un especial afecto a Francisco y el día de su cumpleaños le regaló un traje.  No era un traje nuevo, desde luego, se trataba de un traje que en algún tiempo le quedaba y que después de varios años de vivir en el mundo de la política, su humanidad se elevó cuatro o cinco tallas hacia arriba, de tal suerte que al no servirle, lo sacó del ropero, lo dio a limpiar y fue un regalo que cambió la vida de Francisco.

Ya con el traje, Francisco empezó a acompañar a su padrino a ciertos eventos a los que este último era invitado y quien sobre la marcha le iba ilustrando sobre las normas básicas de cortesía y modales; sin embargo, lo que forjó el carácter de Francisco fue el curso sobre autoestima que su padrino le remarcaba en el camino hacia cada reunión.  Le subrayaba que al ingresar a un local en donde se llevara a cabo un evento social, jamás debería sentirse menos que la concurrencia, es más debía mirarlos como diminutas hormigas, mínimas ante lo que representaba su presencia.  El joven aprendía rápidamente y muy pronto en compañía de su padrino ingresaba a los eventos, cada vez más frecuentes, como si fuera el propio Rey de España.  De esta forma llegó a aficionarse a la buena mesa y especialmente aquella que era ajena, no obstante siempre siguió el consejo especial que le dio su padrino, no abusar del alcohol, pues a lo sumo ingería dos aperitivos y nada más.

Como dice Luis Fonsi, “nada es para siempre” y un día de tantos, el padrino sucumbió ante un fulminante infarto al miocardio.  Francisco en su interior lo lloró amargamente, sin embargo, se resignó al entender lo invaluable que fue el legado que le brindó su padrino y que le serviría para sobrevivir por el resto de su vida.  Después de la misa de nueve días, su madrina le aliñó dos trajes viejos del finado y lo despidió deseándole la mejor de las suertes.

De regreso en Managua, Francisco pensó en aquel fabuloso mundo que le mostró su padrino y tomó la determinación de que no podía renunciar al mismo.  Pensó que una invitación no era más que la formalidad de un protocolo, que en su caso no era un requisito indispensable y empezó a presentarse sin invitación en todo evento que se celebraba en la capital.  Al comienzo, los anfitriones lo miraban con cierta compasión por la pérdida del padrino, sin embargo, con el tiempo su presencia comenzó a ser impertinente y molesta para los anfitriones e invitados; pero la determinación de Francisco, sus aires de suficiencia y en especial su descaro les impedían echarlo de los eventos.

En una ocasión, cuando en una fiesta a la cual el joven llegaba, desde luego sin invitación, uno de los asistentes, hastiado de verlo llegar siempre de “colado” exclamó: “ya viene ese cola… de vaca” y así se quedó per secula seculorum. Al inicio, fue sólo una referencia hacia el sujeto que se colaba en las fiestas y se manejaba entre los asistentes; luego, pasó a ser un apodo hecho y derecho que identificó al personaje que empezaba a ser famoso en la capital.  A esas alturas ya Francisco sabía de su apodo, no obstante, al escucharlo en los eventos nunca perdía la compostura y simplemente disimulaba.  El problema llegó cuando el apodo trascendió a la calle y cualquier hijo de vecino se atrevía a espetarle en su cara el apodo y ahí era en donde Francisco perdía los estribos, pues no toleraba que alguien de la calle se atreviera a tratarlo de esa manera y era entonces cuando sacaba “la caja de lustrar” como se decía en esa época, lanzando los improperios más procaces que podían imaginarse.  La reacción de Francisco no detuvo al vulgo que empezó a aficionarse a “torearlo” gritándole el apodo que con el tiempo llegó a contraerse a “Colevaca”.

Para los años cuarenta eran muchos los capitalinos que seguían de cerca las “aventuras” de Colevaca, quien diariamente recorría los principales lugares de Managua buscando una fiesta o reunión en donde colarse para procurase comida y bebida gratis y en algunas ocasiones irrumpía en un restaurante en busca de algún ingenuo a quien caerle en la mesa y comer y beber a sus expensas.

En el año 1948 se inauguró el Estadio Nacional, con motivo de la X Serie Mundial de Beisbol Amateur, y Colevaca se las ingenió para ingresar a los principales eventos sin pagar la entrada, apareciendo en algunas ocasiones en el dogout del equipo local.  Las funciones de beisbol se empezaron a llenar de colorido con el alboroto de los aficionados que al ver a Francisco empezaban a gritar a todo pulmón: ¡Colevaaaaaaaca!, esperando la consabida retahíla de insultos de parte del popular personaje.  En el año 1951 la selección nacional se preparaba para asistir a la Serie Mundial que en ese año se realizaría en la Ciudad de México, cuando al manager del equipo, el gran Carlos “Pichón” Navas se le ocurrió preguntarle con aire de burla a Francisco: -Ideay, Colevacá, ¿nos vas a llegar a hacer barra en México?, a lo que éste respondió – Perdé cuidado que ahí voy a estar.  Navas lo tomó a broma, sin imaginarse que meses más tarde, en el evento inaugural del torneo, con el Parque Delta de la Ciudad de México al reventar, al ingresar al campo, el equipo nicaragüense escuchó en medio de la ovación general una voz que no dejaba de gritar: ¡Viva Nicaragua!, volvieron a ver de dónde provenía el grito y casi se caen de la sorpresa de ver en el palco a Colevaca, con su infaltable traje, echándole vivas al equipo.

Colevaca se las había ingeniado, haciendo uso de su maestría, para viajar de Managua a México al puro “raid”.  En México en esa época vivían el gran poeta Salomón de la Selva y su hermano Rogelio de la Selva que era el Secretario Particular del Presidente de la República Miguel Alemán Valdés y Francisco se las ingenió para acercárseles y lograr una temporada a costillas de la buena voluntad de los hermanos de la Selva, quienes se arrepintieron de haberle dado entrada a Colevaca, pues durante su estancia en México se aparecía o bien en su casa de Las Lomas de Chapultepec o bien en las oficinas de Rogelio, en Palacio Nacinal jugando al influyente.  Cuentan que un día logró burlar la vigilancia y entrar en el despacho del propio presidente, lo que provocó un tremendo revuelo que terminó con un amable reclamo para Rogelio de parte de Alemán Valdés.

Colevaca logró concluir su “posgrado” en la ciudad de los palacios además de interiorizarse con la gastronomía mexicana que a la postre logró minar su salud, pues desarrolló una gastritis galopante.  Al sentirse enfermo, empezó a sentir la nostalgia de su terruño y solicitó el apoyo de Rogelio para regresar a Nicaragua, quien ni corto ni perezoso lo transportó a Managua en un dos por tres, obsequiándole además un par de trajes usados.

A su regreso a Managua, Colevaca aplicó sus refinamientos obtenidos en la capital azteca y se dedicó a recorrer todos los eventos sociales presumiendo de su estadía en México, avalado esta vez por las anécdotas relatadas por los miembros de la selección nacional de béisbol y algunos reportajes gráficos que publicó el periodista Julio Talavera Torres quien había viajado con los peloteros.  Esta vez no se limitaba a deambular por la capital buscando alguna reunión donde colarse, sino que irrumpía en las dependencias públicas dando órdenes, especialmente en el Hospital General en donde demandaba atención para su padecimiento gástrico.

A medida que su enfermedad fue desarrollándose, Colevaca empezó a descuidar su higiene, sus trajes fueron mostrándose más sucios y su figura que en una época se mostraba hasta cierto punto pulcra, empezó a resaltar por la indolencia y el descuido.  De la misma manera que misteriosamente apareció en la vida capitalina, un día allá por los años sesenta, Colevaca simplemente desapareció.  Dicen que con la debida antelación logró comprometer a alguien para que se hiciera cargo de su funeral.

Con el tiempo, el remoquete que le tocó cargar a Francisco Obregón, se convirtió en el habla nicaragüense en sinónimo de “colado” “sobrado” “metiche” “igualado” características que de manera aislada están enclavadas en muchos nicaragüenses.  También se han realizado estudios respecto al “colevaquismo” como algunos conocedores le llaman en el ámbito de la política y son pertinentes las cavilaciones que al respecto han realizado los Dres. Sergio Ramírez Mercado y León Nuñez.

Tal vez sea muy difícil que pueda aparecer en la vida nacional un personaje con el carácter y maestría con que Colevaca vivió su vida, no obstante, se observan casos de compatriotas que le siguen los pasos.  Al respecto, se conoce en la Managua actual a un matrimonio que con un boleto comprado con descuento y doscientos dólares pasan tres meses en Europa.  También a finales de los años noventa, en un salón de fiestas que se llamaba Sacuanjoche en la carretera a Masaya, se aparecía en las fiestas que se celebraban en dicho salón, un individuo alto, bien presentado, de traje completo, que de repente empezaba a solicitar licor y bocadillos confundiéndose con los invitados al evento.  Quién sabe a cuántos anfitriones logró burlar, el caso es que en la fiesta en que yo asistía era de un aniversario de bachillerato, en donde todos los asistentes se conocían cercanamente por lo tanto el aspirante a colevaca fue descubierto y puesto de patitas en la calle.  Al interrogar luego a un mesero confesó que era un colado que asistía regularmente a ese lugar y que no era la primera vez que lo echaban de una fiesta.

Será tal vez que Colevaca tenía su arte, o acaso sería otra época en la que él vivió su particular estilo de vida y quizá en estos dorados tiempos llenos de intolerancia y mezquindad no hubiese podido subsistir.

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La marimba olvidada

Foto Celeste González  

Cuando se habla del folklore musical nicaragüense se asocia inmediatamente con Masaya e invariablemente con la marimba.  Esto, en parte refleja la predominancia hegemónica de la franja del Pacífico respecto al resto del país, sin que esto signifique la negación de la riqueza que existe en las manifestaciones folklóricas de otras regiones.  Lo mismo sucede con la asociación que se realiza en el folklore mexicano en el caso del mariachi, Jalisco y el son de La Negra,  lo que de ninguna manera minimiza las ricas manifestaciones que se encuentran a lo largo y a lo ancho del territorio mexicano.

La marimba pues, es el instrumento musical que resalta de mejor manera las manifestaciones folklóricas de la región del Pacífico nicaragüense.  Lo interesante es el símbolo que representa este instrumento y lo cual es ajeno a la intensa polémica sobre sus orígenes.

Es posible que uno de los instrumentos musicales cuya paternidad sea disputada por tantos lugares y tan distantes los unos de los otros es la marimba.  La generalidad de los investigadores afirma que la marimba es de origen africano.  El primer argumento que esgrimen es el origen del nombre marimba, mismo que proviene de la lengua bantú, una sub familia de las lenguas Niger-Congo, y que significa “conjunto de maderas que son golpeadas”.  Así mismo, el instrumento forma parte de las manifestaciones culturales de Angola, Senegal, Uganda, Madagascar y Zimbawe, entre otros.  Por otra parte, hay evidencias de que el tráfico de esclavos proveniente de África que se originó hacia América después de su descubrimiento, trajo consigo la marimba hacia el nuevo mundo, en donde se extendió principalmente al sureste de México, Centroamérica y Colombia.  Esta teoría parece ser la más convincente, sin embargo, persisten algunas dudas, por ejemplo la casi nula manifestación de este instrumento en las regiones americanas de predominancia negra.

Otros investigadores sitúan a este instrumento en regiones apartadas asiáticas como la isla de Java, Camboya, Indonesia o Bali y aseveran que de estas regiones llegó al continente africano, sin embargo, no existen detalles cronológicos de estos movimientos.

Por su parte, el arqueólogo guatemalteco Profesor Carlos Asturias asegura que la marimba es de origen maya y basa su aseveración en una cerámica maya encontrada en Alta Verapaz, que tiene grabada una procesión en donde aparece un cargador con lo que pareciera ser una marimba en sus espaldas.  Lo anterior tendría cierto sentido si pudiese justificar el movimiento de este invento de Guatemala hacia África o Asia.  Otros estudiosos declaran que el origen de la marimba está en el propio río Amazonas.

Al final, el origen de la marimba nos conduce a recordar el cuento de Alejo Carpentier “Los advertidos”, en donde el autor reúne en altamar a todos los héroes que cada civilización ubica en medio de su propia versión del mito del diluvio universal.

Lo relevante, en nuestro caso, sería conocer cómo llegó un instrumento con orígenes tan disputados a Monimbó, en el corazón de Masaya.  Sería acaso a través de Nandaime, en donde en algún momento se ubicó una importante concentración de esclavos africanos.  En este caso, sin tratar de negar nuestra “mulatidad”, habría que recordar que los monimboseños son de origen chorotega-mangue, tribu que era un tanto reacia a absorber costumbres exóticas.  En este caso tendría tal vez más sentido pensar que vino a través de Guatemala o Chiapas, una vez que el instrumento ya había sido absorbido por los naturales de esas tierras.

Otro aspecto interesante es el hecho que mientras que la marimba evolucionó de manera admirable en México y Guatemala, llegando a construirse instrumentos de doble teclado y con capacidad de producir escalas cromáticas, dándole además cabida a la posibilidad de ser interpretados por varios músicos a la vez; en Nicaragua, por su parte, el instrumento se quedó en su manifestación más sencilla: la marimba de arco y la misma no ha sufrido cambios significativos en su estructura, sino que en algunos de los materiales que la componen.  La marimba de arco tiene un total de 22 teclas, fabricadas hace muchos años de cuajichote, especie hoy casi en extinción, por lo que se ha sustituido por ñámbar, granadillo, suncho, coyote e incluso caoba.  Las teclas están sujetas a dos reglas soporte de madera, generalmente hechas de ñámbar.   Las “cajas de resonancia” de la marimba de arco nicaragüense estaban construidas con jícaras o calabazas de diferentes tamaños, sin embargo han sido sustituidas por madera de cedro.   En los extremos de las reglas que sirven de soporte se fija un bejuco, mismo que se saca de una especie que crece en las orillas de la laguna de Masaya y que se conoce con el nombre de Cucharilla.  Este bejuco tiene forma de semicircular o arco, de donde toma su nombre este tipo de marimba.

La marimba de arco nicaragüense cubre la escala diatónica, es decir las siete notas blancas del piano, sin incluir los bemoles o sostenidos que proporcionan las teclas negras, sin embargo, debajo de la regla que sirve de soporte al instrumento, está un pequeño depósito para poner cera de abejas y que colocada en cierta proporción debajo de una determinada tecla, puede producir un semitono que equivale al bemol o sostenido.

El instrumento se toca mediante tres bolillos de madera con los bordes de hule y que corresponden dos a la mano derecha para llevar la melodía y uno con la mano izquierda que es la que lleva los bajos.

La marimba de arco se acompaña tradicionalmente de guitarra y guitarrita, sin embargo, algunos le han adicionado una quijada de burro, otros maracas, otros un contrabajo pequeño y otros de carácter más herético le han adicionado una batería completa con cencerro.

El repertorio que abarca una marimba de arco está delimitado, obviamente, por la escala que logra cubrir, de tal manera que sería iluso pretender que pueda arrancarse a este instrumento el Vuelo del Abejorro de Rimsky-Korsakov, así que la el ritmo más adaptado a la marimba es el son nica, que algunos llaman son monimboseño y otros más acuciosos llaman jarabe, jarabe cruzado o simplemente jarabe monimboseño.  Uno de los exponentes más representativos dentro del folklore musical nicaragüense es sin duda alguna Los dos bolillos, de autor desconocido y que según algunos tiene más de trescientos años de antigüedad y en su estructura se logra adivinar algunos aires barrocos, lo cual se puede apreciar fácilmente en la versión orquestada que arregló magistralmente la Camerata Bach. 

Otros grandes exponentes de esta música son El Jarabe Chichón, La Miel Gorda, Mamá Chilindrá, La Concheña, El Garañón, La Danza Negra, El Cuartillado, El Son de la Vaca, El Zapateado, Los Aguacates.  También resaltan los corridos como es el caso de El Zopilote y El Zanatillo.  Se registran algunos ritmos que parece que se han perdido en el tiempo como es el caso de El Saracuaco, Las Jaleas, El Sarandajo, La Chapandonga, La Chinampera.

Ya en el siglo XX, algunos autores nacionales enriquecieron al son nica con muchas composiciones que se incorporaron al folklor musical nicaragüense, como es el caso de Camilo Zapata y El Solar de Monimbó, El Nandaimeño, Caballito Chontaleño, entre otras; Tino López Guerra con Nicaragua Mía y Erwin Kruger con Monimbó.

Indudablemente los mejores marimberos de Nicaragua son de Masaya.  Entre una gran cantidad de virtuosos de este instrumento destaca don Elías Palacios, originario del Valle de La Laguna de Masaya, recién fallecido el pasado junio de 2008 a la edad de 73 años.  Hijo de María Ruiz y Manuel Palacios, gran fabricante e intérprete de marimba y hermano de Anastasio, Salvador, Carlos, Juan, Eugenio, Manuel y Laura, también grandes intérpretes del instrumento, aprendió a tocar y fabricar la marimba a la edad de nueve años.  Fue el primer intérprete en grabar un disco de música de marimba.  Durante los cincuenta y cuatro años de carrera artística, don Elías compuso un total de 368 piezas para marimba entre las que resaltan el Himno a Monimbó, El Picarón, El Pan, El viejo, La Amanesquera, La Vieja Pancha, Flor de Sacuanjoche, entre otras.

En el Siglo XXI varias instituciones han patrocinado festivales para mantener con entusiasmo las escuelas de marimba en donde destacan los hijos y descendientes de los grandes marimberos del país, así como otros jóvenes aficionados que gustan de la interpretación del instrumento.  De esta forma, la marimba como máxima expresión del folklore musical nicaragüense sigue más vigente que nunca, no importa que su origen se haya olvidado en la oscuridad del tiempo.

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