Archivo mensual: febrero 2018

Salutación del pesimista

Guía práctica para saludar en tiempos de la corrección política

 

Desde tiempos inmemoriales el saludo ha sido un símbolo de respeto de un individuo hacia sus semejantes, a través de la emisión de palabras, realización de gestos o del contacto físico, al momento de encontrar a otra persona o al momento de dejarla.   De esta manera a través del tiempo, cada sociedad ha desarrollado códigos para el saludo que han conformado tratados de urbanidad o bien protocolos de comportamiento para determinados colectivos.

El siglo XX, en sus estertores finales, dio paso a nuevas normas de comportamiento con la inclusión de lo políticamente correcto, que abarca el lenguaje o comportamientos con los que se trata de minimizar cualquier asomo de ofensa a grupos de personas pertenecientes a determinadas etnias, cultura, nacionalidad, género, religión u otros.  El entusiasmo con que fue implementado este concepto en la sociedad moderna, en especial en el arranque del tercer milenio, vino a exacerbar la sensibilidad de los individuos, de tal manera que vivimos en un mundo en donde cualquiera se puede ofender e incluso indignar de algo que antes se podría haber considerado como una nimiedad.

A la par de este movimiento, se han dado pasos considerables para lograr la equidad de género y erradicar la violencia hacia las mujeres.  Muchas legislaciones a nivel universal se fueron adaptando para lograr estos objetivos y de esta manera muchos comportamientos en contra de las féminas fueron tipificados como delitos.  Si bien es cierto, el acoso callejero en donde entra el piropeo o bien cualquier forma de saludo que pudiera ofender o alborotar la sensibilidad de este género no está tipificado como delito, algunos colectivos mantienen una férrea lucha para que sean incluidos dentro del acoso sexual y buscan cualquier rendija por donde este tipo de comportamiento se pueda colar hacia ese delito.

Lo anterior conlleva a la necesidad de replantear las normas de cortesía con relación al saludo, pues si en cierto momento alguna persona se siente ofendida por ciertas formas de saludo, puede acarrearle al emisor serios problemas que van desde el balconeo en las redes sociales o bien, si la ofendida tiene contactos en cualquiera esfera del poder,  el emisor puede enfrentar situaciones verdaderamente serias.

En consideración a lo anterior, estimo prudente contar con un nuevo manual en lo referente al saludo, que si bien es cierto no haga distinción de género, por aquello de la discriminación, sea más útil a los varones, pues en estos casos, son los que sufren en mayor medida las consecuencias de un alma sensible y ofendida.

Como un aporte a lo que los especialistas en la materia podrían posteriormente elaborar a profundidad, ofrezco a continuación una guía práctica, no exhaustiva, para el saludo, dentro del marco de lo que podría considerarse políticamente correcto.

Dentro de la categoría de saludos verbales sin contacto, en especial entre individuos que no guardan ninguna relación afectiva, sean conocidos o no, la fórmula más usual es “buenos días” si es de mañana antes del mediodía, “buenas tardes” hasta las seis de la tarde y “buenas noches” a partir del ocaso.

Este saludo debe realizarse en un tono neutro.  No debe tratar de cantarse, pues puede interpretarse como un asomo de insinuación.  Al hacerlo el emisor debe de tratar de mantener una visión periférica, pues si le clava la mirada a su interlocutora ya sea en los ojos o en otra parte de su anatomía, puede tomarse como acoso.  Tampoco hay que añadirle “cola” al saludo, pues le puede salir el tiro por la culata. Si se añade “preciosa” “mi reina”, “guapa”, se expone al peligro, así que hay que dejar esos epítetos para la etiqueta del mercado. Cuanto mucho puede agregarse “señora”, a secas, no es aconsejable usar la fórmula “señora mía” pues puede dar paso a malos entendidos.

Estos saludos se utilizan generalmente en plural, sin embargo, algunas personas por dárselas de originales lo emplean en singular, en especial “buen día”, lo cual se puede considerar correcto, no obstante, en especial cuando es dirigido a un grupo de personas, el emisor podría pasar por tacaño.  Lo mismo ocurre con los saludos vespertinos y nocturnos, se puede utilizar “buenas” pero el emisor corre el riesgo de ser considerado pueblerino.  Aquí es necesario insistir en que por ninguna razón se agregue ciertas fórmulas que tienen implícito el doble sentido como “buenas las tenga” y “mejore las pase” pues equivaldría a ponerse frente a un pelotón de fusilamiento.

En el saludo matutino existen algunas fórmulas que se emplean a nivel familiar y de manera específica para quienes habitan en la misma casa, bajo la forma interrogativa “¿Cómo amaneció?” “¿Cómo amaneciste?” No es conveniente trasladar este saludo fuera del ámbito familiar, en especial cuando se le da cierta entonación mientras se recorre la anatomía de la otra persona,  muchísimo menos cuando se trata de una persona de avanzada edad con la entonación de “¿Cómo? ¿Amaneció?”  Sería echarse la soga al cuello utilizar la variante “¿Cómo le amaneció?” pues tiene triple sentido.

En los saludos descritos anteriormente es permitido esbozar una sonrisa, leve, procurando no abrir mucho los ojos y si el interlocutor no devuelve la sonrisa, simplemente hay que disimular, poniendo cara de “yo no fui”.

Cuando las personas a saludar son conocidas o mantienen una relación de amistad o familiar, el saludo anterior puede obviarse y utilizar en su lugar las fórmulas ¡Hola! ¿Cómo estás? ¿Cómo te va? agregando el nombre del interlocutor.  También, en un plano más autóctono, folklórico tal vez, puede usar la fórmula tan nicaragüense de saludar con un ¿Ideay? Seguido del nombre del interlocutor o cualquier epíteto que lo sustituya. También se puede emplear la fórmula actualizada de ¿Entonces?  A medida que exista una mayor cercanía o confianza entre los interlocutores pueden agregarse ciertas fórmulas coloquiales como:  “¿Y ese milagro?” “¡Tanto tiempo!” “¿Dónde te has perdido?”.

En estos casos de relaciones de conocimiento, amistad o familiaridad, procede el saludo de despedida.  En este caso, existen diversas fórmulas que se utilizan dependiendo del grado de confianza, amistad e intimidad.  Entre las más usuales y que siempre deben emitirse con una entonación adecuada están: “Nos vemos”, “Hasta luego”, “Hasta pronto”, “Que te vaya bien”.  Es permisible, si la relación así lo permite, agregar la expresión un tanto paternalista de: “Cuidate”. Cuando no exista una relación de amistad y la interacción anterior ha sido demasiado formal, es preferible despedirse simplemente con un: “Con permiso” o “Con su permiso”.

La despedida con un “Adiós”, es poco usual.  Generalmente se usa cuando las expectativas de volverse a ver son remotas o cuando se quiere insinuar que no existe ningún deseo de parte del emisor de volver a ver a la otra persona.  No obstante, “Adiós” se utiliza también como un saludo cuando los interlocutores se encuentras a cierta distancia y no es posible un acercamiento, por ejemplo, de acera a acera, de un vehículo a otro. Generalmente se acompaña agitando un brazo o al estilo de la Reina Isabel de Inglaterra que mueve su mano, como diciendo más o menos, pero con la mano en posición vertical.

En el reciente caso en el que una joven denunció a un vigilante de un restaurante de comidas rápidas por haberle dicho adiós de manera impropia, habría que analizar cuál fue la entonación que utilizó el referido vigilante.  En todo caso, no le correspondía a dicho empleado expresar un adiós a la joven.  Si ella hubiese sido un cliente que abandona el local, tendría que haber expresado, si acaso: “Gracias por venir a este establecimiento”, “que le vaya bien” o “le esperamos pronto”.  En caso de que la joven hubiese sido tan solo un transeúnte que pasó por el restaurante, el vigilante debía haber guardado una compostura impasible como un vigía en el Palacio de Buckingham, sin proferir palabra alguna.

En la categoría de saludos con contacto físico, se encuentran el saludo por antonomasia, que es estrechar la mano, el abrazo y el beso en la mejilla, es decir el osculum de los romanos.   En esta categoría de saludos, es muy aconsejable seguir la filosofía de Confucio: “Dechí vo plimelo” o sea, dejar que el interlocutor tome la iniciativa.

El saludo de manos se remonta a la antigüedad cuando los interlocutores alargaban su mano para mostrar que no portaban ningún arma.  En la actualidad es la forma convencional de saludo, a excepción de algunas culturas en donde se prohíbe cualquier contacto físico.  Este saludo se utiliza cuando los interlocutores se conocen o bien están siendo presentados.  En especial con las damas, se extiende la mano y se estrecha con cierta firmeza pero sin imprimir ninguna presión y de manera breve, mientras de expresa el saludo verbal.  En la despedida queda a opción de los interlocutores repetir el saludo de manos.

El abrazo como parte del saludo está reservado para las personas que guardan una relación muy cercana e íntima.  No debe utilizarse nunca entre simples conocidos y mucho menos entre extraños.  En ciertas regiones de Nicaragua se utiliza como sustituto del saludo de manos el medio abrazo, que consiste en colocarse a una distancia prudente,  extendiendo el brazo derecho del emisor hacia el brazo izquierdo del interlocutor y se produce un ligero palmeo un poco abajo del hombro.

El saludo de beso (osculum) no se practicaba en Nicaragua sino hasta en los años setenta. En aquella época, al ponerse de moda este tipo de saludo, se consideraba muy avant garde a quien saludaba de esta manera, de tal forma que todo mundo quería utilizar este tipo de saludo.  En la actualidad hay que extremar precauciones al respecto y reservar los besos como saludo para los casos que exista una sólida amistad o un vínculo de parentesco muy marcado.  En este sentido, se reitera la conveniencia marcada por Confucio y hay que esperar la actitud de la interlocutora y si ella toma la iniciativa hay que corresponder el saludo.  Habrá que acercarse a la interlocutora, con la expresión que le pintan a las imágenes de San José, y aproximar la boca a unos dos centímetros de la mejilla y estirando el pico, simular un beso, sin emitir sonidos, ni chasquido, ni fingir con la onomatopeya “Muac”.

Muchas señoras cuidan con extremo celo algunas partes de su cuerpo, en especial cuando saltan a la vista, como es el caso del rostro.  Gastan una fortuna en cremas, afeites y demás tratamientos, para que su rostro luzca siempre lozano y juvenil.  Estas damas tienen, con mucha razón, una enorme aprensión al contacto físico con cualquier persona, de tal manera que un beso, de parte de alguien que quién sabe dónde habrá puesto su boca anteriormente, pueda trasmitirle cualquier bacteria o microorganismo.  Estas señoras desarrollan técnicas para que en caso en que tengan que saludar de beso, eviten el contacto físico, de tal manera que en algunas ocasiones mueven la cabeza de tal forma que el cabello se mueve llegando a cubrir la mejilla y servir de cortina protectora para la misma o bien, inclinan de cierta manera la cabeza para que el beso se estampe en el cabello.

Por lo anterior, en estos dorados tiempos es muy aconsejable evitar al máximo el saludo de beso, a menos que se trate de familiares o amigas íntimas que puedan resentirse.  Lo más conveniente es anticiparse y extender la mano para forzar un saludo de manos, pues es preferible que pase por anticuado o tierra-adentro, antes de llegar a situaciones comprometedoras.  Si se observa a una dama que pueda representar una situación incómoda a la hora de saludar, finja ser japonés, realice una inclinación y diga: “kon´nichiwa” y de esta manera puede salvar el momento.

Con relación a las presentaciones, es recomendable seguir la fórmula clásica de “mucho gusto” mientras extiende la mano para el saludo correspondiente.  Si observa una expresión de “pocas pulgas” de parte de la presentada, puede ocupar la fórmula norteamericana de “¿Cómo está?”  Evite las fórmulas melosas como “Encantado” o “Es un placer” pues no vaya a ser.

El agradecimiento es otro tema que es importante incluir, debido a que podría ser tema de malos entendidos.  Después de recibir cualquier cosa, desde un servicio, un objeto, una comunicación, es preciso agradecer al interlocutor.  En este sentido es básico decir “Gracias” o “Muchas gracias”, puede también utilizar “Muy agradecido” y con un poco de cautela “Muy amable”.  Hay que evitar otro tipo de expresiones que puedan complicar las cosas.  Si es al revés, al momento que la interlocutora expresa su agradecimiento es importante responder con “De nada” “Por nada” “No hay por qué” o bien “A sus órdenes” hasta ahí no más.  En épocas pasadas se consideraba una galantería responder a un “gracias” de una damisela con la expresión: “Las que le adornan”, entonces la joven se sonrojaba y esbozaba una sonrisa que luego tapaba con su abanico.  Si se hace en estos tiempos, la joven se pondrá verde, pondrá una cara como la del Pájaro Loco cuando se enojaba y sacará su celular, le tomará una foto y al rato estará en el Facebook como acosador.  Si lo anterior es problemático, ni siquiera podrá imaginarse si se hace el chistoso y expresa: “Las que hace el mono” pues ahí habrá una confusión de animales y puede verse citado en la Comisaría de la Mujer.  Peor aún si se atreve a contestar un agradecimiento con “No tiene por qué darlas” pues ahí lo citarán en Auxilio Judicial.

En conclusión, vivimos en una época difícil para las relaciones interpersonales, pues si una persona no está al tanto de todos los elementos que hay que manejar de manera magistral, es posible que de pensamiento, palabra, obra u omisión, vaya a ofender a alguien.  Por eso, en cada interacción con las féminas es preciso recordar aquel proverbio persa: “No hieras a la mujer, ni con el pétalo de una rosa”.

 

 

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La sopa de queso

Cuando la lucha por la conquista de Nicaragua se apaciguó, soldados y colonizadores se asentaron en las ciudades que fundaron en este territorio, comenzaron una nueva vida, retomaron el calendario y volvieron a observar las fiestas y tradiciones de su madre patria.  La celebración de la cuaresma y la semana santa eran obviamente las observancias obligadas y toda vez que ya existía una relativa estabilidad en la vida de los españoles, no había pretexto para dejar de practicar todo lo mandado por la santa madre iglesia.  De esta manera, además de la obligada mortificación en este período, estaba la práctica del ayuno y la abstinencia, que en aquellos tiempos era más estricta que en la actualidad, lo cual condujo a su vez a repensar lo referente a la gastronomía de la época.

Después de que por mucho tiempo los españoles aborrecieron la gastronomía local, descubrieron una sustancia: la resina.  Así pues, a punta de resignación y bajo la divisa de que la necesidad tiene cara de perro, iniciaron lo que ahora los “fashionistas” bautizaron como “comida fusión”, cuyo concepto es la mezcla de elementos de diferentes culturas culinarias y que en este caso era simplemente echar mano de lo que había.  Después de todo dicen que el hambre es arrecha, pero más arrecho el que la aguanta.

Una de las comidas clásicas de la gastronomía española para el tiempo de cuaresma es la sopa de ajo.  Sus orígenes se pierden en el tiempo y algunos investigadores la ubican en las regiones de Castilla y León.  Se prepara con agua, pan, preferiblemente duro, pimentón, laurel, ajo, aceite de oliva y huevos.  Esta sopa se hizo tradicional para el tiempo de cuaresma debido a que se trata de un plato humilde, que no lleva carne y su apariencia denota una marcada sobriedad.  Con el tiempo, cada región de la península  fue realizando sus propias adaptaciones de la sopa.  En algunas regiones de España se servían las llamadas sopas canas, mismas que son preparadas de manera muy parecida a la sopa de ajo, pero a la que le agregan leche.

Los nativos de este suelo conocían los caldos y sopas, aunque por el clima no ocuparon el lugar preponderante que tuvieron en los climas extremos de Europa.  Sin embargo, como parte de la transculturización fueron aceptando algunos platos provenientes de los conquistadores y contribuyeron a fusionarlos con algunos ingredientes locales, así como impusieron algunos exponentes de su propia gastronomía.

De esta manera, surgió la sopa de queso, que constituyó un sucedáneo de aquellas sopas de cuaresma de los españoles.  El problema es que para esa época prácticamente no había pan, ya que la  harina de trigo se hizo un bien prohibitivo debido al difícil abastecimiento, los grandes impuestos y tasas y los riesgos que representaron los piratas en la travesía del viejo al nuevo mundo, así que debió ser sustituida por el maíz.  Así que en lugar de agregarle pan a la sopa, se confeccionaron unas tortas y en otros casos roscas o rosquillas que imitaban al pan y la misma masa de maíz,  sirvió para espesarla.  Para darle más sabor, con el tiempo se le agregó queso a la masa.  Así fue como la sopa de queso, vino a convertirse en uno de los platos representativos de la temporada de cuaresma en Nicaragua.

De acuerdo a cada localidad en las regiones del Pacífico y Centro del país, fueron realizándose algunas adaptaciones a dicho platillo.  Generalmente esta sopa lleva masa de maíz, queso, huevos, aceite, achiote, chiltomas, hierbabuena, ajo, tomates, cebollas y sal al gusto.  Algunas variantes le agregan leche y otros más refinados le agregan crema.   En algunas regiones sustituyen el queso por cuajada, conociéndose el platillo como sopa de cuajada. De conformidad con el gusto de cada quien, algunos preparan tortas de la misma masa en lugar de tomar la forma de roscas. En ciertas zonas de la región del Pacífico se conoce también como sopa de rosquillas.

En la actualidad, la sopa de queso, al igual que muchos platillos típicos de la cuaresma, con los cuales compite, como sopas y preparados de pescados y mariscos, han pasado de ser una comida coadyuvante de los procesos de mortificación y reflexión, para convertirse en verdaderos deleites para el paladar.   Cabe aclarar que en esta situación interviene el concepto de “gusto adquirido” pues para apreciar el sabor del platillo se necesita una exposición prolongada con el aroma, el gusto y la textura y que a un extranjero, de primas a primera pueda parecerle no tan atractivo, al igual que los españoles rechazaron inicialmente todos los preparados del maíz.

Así pues, muchos son los nicaragüenses que esperan el miércoles de ceniza, como agua de mayo, porque en ese día, a más tardar el viernes siguiente, tendrán la oportunidad de saborear una suculenta sopa de queso.  Algunos contraviniendo las disposiciones para la época la acompañarán con el mecatazo de su preferencia.  Independientemente de lo anterior, al probar la primera cucharada y al morder la rosquillas, sentirán que se transportan a otra dimensión, cerrarán los ojos sin sospechar que hace algunos diez siglos, uno de sus ancestros, pastor tal vez, se deleitaba con una sopa de ajo, calmando un tanto el frío del final del invierno, sin comprender tampoco el porqué de la mortificación.

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El retorno del vate

 

Para su regreso a Nicaragua, en 1907, después de una larga ausencia de quince años, Rubén Darío escribió el poema que inicialmente llevó el título de “Retorno a la Patria” y que después de algunos ajustes, el vate lo incorporó en el libro “Intermezzo Tropical” con el título de “Retorno”.  A ese poema pertenece la frase: ”Si pequeña es la Patria, uno grande la sueña”, que con las variantes del caso, se repite ad nauseam en todos los actos públicos del mes de septiembre.

En ese mismo poema, el Príncipe de las letras castellanas le dedica un “piropo” a su pueblo, que es realmente una joya:

“Pueblo vibrante, fuerte, apasionado, altivo;
pueblo que tiene la conciencia de ser vivo,
y que reuniendo sus energías en haz
portentoso, a la Patria vigoroso demuestra
que puede bravamente presentar en su diestra
el acero de guerra o el olivo de paz”.

Esta visión de Darío debería ser la divisa del pueblo nicaragüense, el norte hacia donde deberían encaminarse los cotidianos esfuerzos en la educación y en el quehacer de todos los ciudadanos.

No obstante, si por algún portento del destino, el panida regresara a su patria, en estos dorados tiempos, aunque fuera fugazmente, se llevaría una mayúscula decepción.  De esta forma, después de una asomadita a su querida tierra se preguntaría dónde quedó aquel pueblo vibrante, fuerte, apasionado y altivo.  No sería raro que acudiera a la mente del liróforo celeste, aquel poema que le había dedicado al descubridor de América:

¡Desgraciado Almirante! Tu pobre América,
tu india virgen y hermosa de sangre cálida,
la perla de tus sueños, es una histérica
de convulsivos nervios y frente pálida.

Se preguntaría una y otra vez, en qué parte del camino quedó aquel pueblo vigoroso que tenía la conciencia de ser vivo y que ahora, ha caído en la más profunda de las sensiblerías que raya en lo ridículo.

En la lúcida mente del poeta no tendría cabida el hecho de que una joven arme una alharaca al sentirse ofendida cuando un vigilante le dijo “adiós” al salir de un restaurante de comidas rápidas.  Según ella, el tono del saludo de parte del vigía, llevaba una connotación que se le antojaba como de acoso sexual. Algún despistado colectivo se suma indignado al reclamo airado de la joven. La estupefacción del vate no termina acá, pues luego, el cuerpo de seguridad física expresa que se siente ofendido por la interpretación de la joven, pues su saludo es más puro que un primer comulgante.  Otros colectivos se indignan y se suman a la queja del zepol.  El liróforo se queda atónito ante la efervescencia de las redes sociales por un evento por demás intrascendente.  Pero el culebrón no termina ahí.  La trasnacional por su parte, en un juego gallo gallina defiende al vigilante, pero a su vez, amenaza a la empresa subcontratada para estas labores con decirles “adiós” si no reubican al uniformado.  Varios colectivos se indignan y llaman a un boicot en contra de la cadena de comidas rápidas.  La empresa de seguridad sabe que no puede decirle “adiós” a su elemento, por la relevancia del caso en las redes y simplemente lo traslada más allá de donde Judas perdió las botas.  Las redes sociales se recalientan y la indignación campea por doquier.  El zepol se vuelve a indignar y con él, otra buena cantidad de ciudadanos y valientemente renuncia a su puesto, cuando providencialmente una empresa de la comunicación le tiende la mano, contratándolo con un mejor salario.  Llueven los “me gusta”.    El Príncipe se queda anonadado, pues piensa que un motivo para tanta admiración podría ser tal vez el Momotombo, ronco y sonoro.  Pero el asunto continúa, pues otro colectivo se indigna ante el hecho de que el vigilante tiene deudas con la justicia por la falta de pago de una pensión de alimentos.  Total que el sainete se convierte en la canción de Muchilanga y Burundanga.  El poeta no llegó a escuchar a la Sonora Matancera, pero hubiera coincidido plenamente en esto.

El padre del Modernismo, se pregunta si este es el pueblo que puede bravamente presentar en su diestra el acero de la guerra o el olivo de la paz. Quiere llorar y no llora.  Reflexiona y se pregunta:  ¿Ha nacido el apocalíptico Anticristo?  El vate no para de preguntarse, ¿Qué sentimientos provocará en este pueblo, una traición a la patria?  ¿Cómo reaccionaría ante quien despilfarre el erario?  Rubén sufre una enorme desilusión, mayor de la que pueda sufrir un hombre enamorado.

Después del fugaz paso por su tierra, un siglo después, regresa al sueño de los justos, bajo la triste mirada del león doliente de Navas, no sin antes reflexionar:  Y después de todo, seguimos sin saber adónde vamos, ni de dónde venimos.

 

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