Archivo mensual: junio 2010

El rey ha muerto, viva el rey

Crecí dentro de una generación que creyó firmemente que el beisbol era el deporte rey y lo sería para siempre.  Para esa época, este deporte tenía más de sesenta años de haber sido traído al país por parte de muchachos que se habían ido a estudiar a los Estados Unidos.  Aprendimos a hablar un idioma salpicado de anglicismos aportados por este deporte, nuestra vida en general estaba rayada cual un campo de beisbol y sabíamos que en el momento indicado debíamos hacerle “swing” a las cosas o bien, comprendíamos el valor del “sacrificio” o la conveniencia de “virarse” constantemente hacia primera y con toda la parsimonia del mundo, podíamos salirnos de la caja de bateo, nada más porque sí.  No había pito alguno que nos detuviera, ni reloj que nos precisara.

Vivimos la era dorada de la Liga de Beisbol Profesional de Nicaragua y seguíamos religiosamente cada uno de los partidos y con suerte podíamos ver en el propio Estadio Nacional uno que otro juego.  Los sueños de los niños giraban generalmente en torno a una manopla Mc. Gregor o aunque fuera una de donde Pantoja.  Se practicaban varios deportes en el país, pero ninguno tenía la preponderancia del beisbol.  En el Instituto Pedagógico de Diriamba en donde estudié, a pesar de la predilección de los ínclitos hijos de La Salle por el futbol, había la apertura para la práctica de otros deportes como el basquetbol, el softbol, el beisbol, el voleibol y posteriormente construyeron un campo de minigolf en donde por cinco córdobas se podía uno sentir como Tiger Woods, sin las mujeres desde luego.

Debo de admitir que el futbol nunca fue jocote que me diera dentera.  Si para aprender los rudimentos del beisbol tuve que sufrir golpes, rajaduras de cabeza, raspaduras y demás, en el colegio esperaba que las reglas y técnicas de ese deporte, nuevo para muchos,  se enseñasen teóricamente en las aulas, pero nada de eso hubo.  En las oportunidades que tuve de participar en juegos de futbol con mis condiscípulos sabía solamente que había que correr pateando una pelota hacia la portería contraria.  No entendía los conceptos de “corner” “off-side”, “penalty” y creía que “foul” era cuando la pelota salía del campo de juego.  De nada sirvió que mi padre, gran aficionado del futbol, además del beisbol, me comprara una pelota de futbol infantil, pues la llevé un par de veces al colegio y luego quedó arrinconada en la casa de los abuelos.

Creo que eran pocos los que no sentían esa pasión por el beisbol y me preocupé cuando en los últimos años de secundaria, la afición por el futbol fue incrementándose.  Algunos de mis compañeros de estudios y paisanos, empezaron a organizar equipos en el pueblo, declinando yo todas las invitaciones a participar.  No obstante, los acompañaba a ver a los equipos diriambinos, el Diriangén y el Santa Cecilia practicar en los campos del Pedagógico.  Ahí aprendí un poco más de ese deporte y conocía a todos las grandes figuras del futbol nacional pues esos equipos eran punteros en la liga nacional.  Entrenaban en esa ocasión Salvador Dubois, Chocorrón Buitrago, Bazooka Huete, Catarrito Cuadra, Peché Jirón, Camarón Gutiérrez y varios más.  Luego en enero de 1966 acompañé a mi padre a ver el histórico juego entre la selección nacional y el equipo Estudiantes de la Plata, en un estadio en donde había más de diez mil personas y contagiado por la euforia, además que conocía a la mayoría de los seleccionados que jugaban en los equipos diriambinos, grité en cada uno de los dos goles que anotó la selección para doblegar al legendario club argentino.

En los años setenta me sumergí completamente en el atletismo y el beisbol dejó de tener aquel gran atractivo para mí.  Sin embargo, fui observando cómo el futbol cada vez iba ganando terreno.  Me imagino que la mayor incidencia de la televisión y la trasmisión de partidos internacionales contribuyó a que la afición por este deporte fuera incrementándose, además de la facilidad que representa este juego, en el que sólo se necesita una pelota y al menos dos personas que quieran jugarlo.

Siempre acompañé a mi padre a ver los grandes partidos por televisión y guardo un grato recuerdo de la vez que compartimos aquella emocionante experiencia de ver a la selección argentina ganar el Mundial de 1978, cuando en tiempo extra le arrancó el título a la Naranja Mecánica 3 a 1, ante un mar albiceleste que abarrotó el Estadio Monumental de Buenos Aires.

En las postrimerías del siglo XX, las transnacionales se encargaron de globalizar aún más al futbol, a través de millonarias campañas mediáticas en donde los ídolos de este deporte se elevaban a los altares para publicitar zapatos, refrescos u otros implementos deportivos.  El beisbol por su parte, se iba desgastando en medio de escándalos en torno al uso de esteroides o bien por huelgas que llegaron a dar al traste con alguna serie mundial.  En los Estados Unidos, origen y bastión del beisbol también observó cómo poco a poco el soccer fue invadiendo todo su territorio.

De esta forma, el siglo XXI ha arrancado con el futbol convertido en el deporte rey a nivel mundial, sin duda alguna.  Los elementos de aquella generación nos quedamos “fuera de lugar” y todas aquellas expresiones tan pintorescas como “Out por regla”, “Squezze play”, “Pisa y corre”, “en tres y dos”, “bola recia”, “bola pasada”  y tantas más, parecieran ser sólo un código secreto de una cofradía en peligro de extinción.

Ahora no sólo cada campeonato mundial levanta más expectativas que el paso del Cometa Haley, sino que son innumerables los conciudadanos que siguen muy de cerca las ligas de España, Inglaterra y toda copa que se organice a nivel continental o internacional, conocen a todas las estrellas y los equipos en donde militan.

La FIFA por su parte, se ha convertido en un organismo todopoderoso, más aún que la ONU o el FMI y mueve anualmente billones de dólares, de los cuales no le rinde cuentas absolutamente a nadie.  Este organismo se ha aliado con importantes transnacionales que han acaparado el deporte como la Coca Cola, Adidas, Puma, Nike, Gillete, Toshiba, Budwiser, entre otras.

El actual campeonato mundial de Sudáfrica ha sido un acontecimiento mediático sin precedentes.  Durante un mes pareciera que el globo terráqueo se detuviera y todos sus problemas pasaran a segundo plano, así los griegos se han olvidado de la quiebra de su país y se marcharon a Sudáfrica, los ingleses se hicieron de la vista gorda con el problema de British Petroleum en el Golfo de México y se fueron al mundial, España aún con el desempleo y la fragilidad de su economía se largó a disputar la copa, Honduras no termina de ver reconocido a su actual gobierno y ya busca un reconocimiento en el mundial.  Es más, presidentes de muchos países han mandado todo al cuerno para asistir aunque sea a un partido de de este magno evento.

Aquí en Nicaragua, desde meses antes que iniciara el torneo, literalmente respiramos futbol, mañana, tarde y noche.  Algunos paisanos se han ido a Sudáfrica a presenciar algunos partidos de este campeonato, rompiendo sus alcancías o bien empeñando su alma a una tarjeta de crédito.  Las campañas publicitarias para el evento en sí, así como para los productos relacionados acapararon todos los espacios de comunicación y en fin, todo empezó a girar en torno al futbol.  Para los niños, un diario local sacó un álbum con todos los equipos participantes y sus jugadores, además hay suplementos diarios en los periódicos nacionales, segmentos especiales en los programas televisivos, en fin, por cualquier lado aparece el futbol.  Con enorme sorpresa me di cuenta que La Prensa Literaria del sábado pasado estuvo dedicada al futbol, resaltando a los grandes escritores y poetas como Galeano, Miguel Hernández, Neruda, Benedetti, que han sido “hinchas” del ahora deporte rey.

Así pues, ante un acontecimiento de tal envergadura, es imposible mantenerse al margen, cuando todo alrededor es futbol.  Es como estar en un estadio y que empiecen a hacer la “ola” y uno sentado.  Sin llegar a los extremos de pintarme la cara con los colores de algún equipo, ni tampoco expresar mi “apoyo” por ninguno, pues considero que las bolsas que hay de por medio son suficiente apoyo, he seguido por televisión algunos partidos, simplemente disfrutando algunas buenas jugadas de uno u otro equipo, así como las sorprendente chiripas, pues aunque muchos no lo admitan, el futbol es de muchas chiripas.  He tenido que repasar un tanto la geografía pues no terminaba de ubicar en mi GPS interno a Serbia y Eslovenia, pues todavía tengo presente a Yugoslavia.  He pedido prestado a un niño un álbum para medio conocer a los jugadores pues yo creía que Elano era moreno y Kaka pelirrojo.  No he jugado a la bola de cristal con una predicción sobre quién ganará este mundial, simplemente me limito a parafrasear a Joan Manuel Serrat diciendo:  “Sería todo un detalle, todo un síntoma de urbanidad, que no ganasen siempre los mismos”.

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La soportable informalidad del ser

El trabajo es el refugio de los que no tienen nada que hacer

Oscar Wilde

Los primeros rayos del sol se desparraman sobre el barrio Monseñor Lezcano en el occidente de la capital, dándole la apariencia de una postal de los años cincuenta.  Algunas calles todavía guardan una calma pueblerina y de una de sus casas, una mujer, todavía en kimona, sale al cancel de hierro exterior, en donde con la ayuda de pequeños trozos de alambre fija un cartón con una leyenda que dice: Se vende hielo.  Este improvisado rótulo es una señal de que en ese hogar la economía familiar se ha visto deteriorada hasta el punto de recurrir a sacarle provecho a un electrodoméstico que de otra manera tendría que venderse.  Es posible que su esposo, que tradicionalmente ha sido el que mantiene la casa, haya visto reducido sus ingresos en el puesto que tiene en el gobierno, corriendo con suerte, pues muchos han sido despedidos sin la alternativa siquiera de optar por un puesto inferior.

La señora no tiene la menor idea sobre qué es una microempresa, tampoco sabe qué es la equidad fiscal, mucho menos qué significa Producto Interno Bruto.  Lo único que sabe es que necesita un ingreso extra y si no aparece una competencia por su rumbo, podría obtener cierto dinero al vender hielo y tal vez, una vez hecho el “punto”, podría ampliar su venta a “helados” y con suerte “chocobananos”.  Por su mente no atraviesa la idea que su nueva actividad tenga que ser gravada con un impuesto, ni que tenga que registrarse en ninguna oficina pública.  No obstante, la señora en cuestión, sin saberlo, está ingresando en lo que se conoce como “economía informal”, concepto que los economistas nos hemos encargado de “hacerlo avión”, complicando su significado y alcances.

Inicialmente la economía informal se manejó como el conjunto de actividades que estaban a cargo de personas que trabajaban por cuenta propia y que en algunos países llegaron a conocerse como “cuentapropistas”.  Luego se amplió el término hacia aquellas actividades que no estaban registradas ante las autoridades hacendarias y por lo tanto no generan impuestos, ampliándose luego a quienes están fuera de la regulación gubernamental,  los sistemas de seguridad social y los registros estadísticos.  Luego cada corriente económica fue complicando el término y realizando consideraciones cada vez más sofisticadas e intrincadas, comprendiendo aspectos de autonomía y complementariedad, flexibilización de las relaciones de trabajo, expansión de los fenómenos de la población relativa, formación del ejército de reserva, estrategias de supervivencia de los sectores sociales marginados o la de capacidad de evasión de controles gubernamentales.  Luego para ponerle más salsa al asunto, surgieron los términos economía subterránea, economía sumergida y varios más, en donde se involucraban los aspectos de legalidad o ilegalidad de las actividades en cuestión.  Algunos economistas que estudian la economía informal a nivel mundial llegan a aseverar que entre mayores son los controles gubernamentales, mayor es el incentivo para que alguien ingrese a la informalidad, otros en cambio se inclinan a achacar al desempleo las causas de este fenómeno.  Los más osados llegan a calcular la proporción del PIB que representa la economía informal de un país y muy al estilo de El Firuliche lo hacen con una precisión de cuatro decimales o bien el caso de un economista austriaco que jura, hasta con los dedos de los pies, que a nivel mundial esta economía tiene un valor de 9 trillones (de los Estados Unidos) de dólares y si no lo creen, pues pueden empezar a contar.

Lo cierto es que tanto la señora que vende hielo, al igual que otra vecina que ofrece nacatamales sábados y domingos, o bien aquella que expende frijoles cocidos o la que en pleno siglo XXI sigue anunciando que forra hebillas y botones, no saben nada respecto a la regulación gubernamental y al momento en que se decidieron emprender ese pequeño negocio, no realizaron ningún estudio, ni financiero, ni de marketing, ni organizativo, fue simplemente la necesidad de obtener ingresos  para sobrevivir y lo hicieron en un arranque de emprendedurismo, como señalaría Arnulfo Urrutia, teniendo como base puras corazonadas.  El único incentivo que tienen es el ingreso adicional que aliviará sus necesidades básicas y son como inocentes bañistas en un mar que un poco hacia adentro está infestado de una impresionante fauna marina.  En el momento en que la señora del hielo, que ha tenido la suerte de atraer un considerable mercado para sus productos, decide ampliar su negocio poniendo unas cuantas mesas en la sala de su casa, consiguiendo que la Pepsi Cola le preste un refrigerador de puerta de vidrio, le proporcione gaseosas en consignación y le adorne la entrada de su casa con un rótulo de neón que dice “Cafetín Soraya”, al poco tiempo un inspector de la Dirección General de Ingresos la visitará para invitarla cordialmente a que se inscriba en el Régimen de Cuota Fija y casi automáticamente otro inspector del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social empezará a buscarle hasta por debajo de las camas, para ver si no tiene a un trabajador encubierto que considere sujeto a inscribirse en la seguridad social.  Ahí comienza su calvario, pues le serán requeridos más papeles que los que se solicitan en la adopción de un niño en China y además se involucrarán otras instituciones como la Alcaldía de Managua y el Ministerio de Salud, que reclamarán su tramo en la cadena burocrática.  Así pues, la discreción es un elemento vital en la economía informal y en el caso de los emprendimientos que se localizan en casas de habitación, los rótulos de cartón o cartulina constituyen un límite natural que los inspectores de hacienda, al igual que Nosferatu en el umbral de una iglesia, no se atreven a traspasar.

En el caso de los vendedores ambulantes y los prestadores de servicio a domicilio, que constituyen otro segmento importante dentro de la economía informal, su navegación dentro de esta franja es mucho más tranquila, pues para las autoridades hacendarias les saldría más caro el caldo que las albóndigas, pues perseguir a cada una de estas personas y meterlas al aro sería misión imposible.  Mientras los vendedores y prestadores de servicios trabajen con particulares y no esté de por medio ningún recibo o factura, es más factible para ellos permanecer fuera del rango de lo formal.  Aquí se puede encontrar un variopinto de bienes y servicios en juego, desde los tradicionales vendedores de frutas, verduras, carbón, leche agria, huevos, lotería, o bien los que ofrecen los servicios de fontanería, carpintería, jardinería y oficios conexos, hasta los nuevos servicios que han surgido en la modernidad como mantenimiento y reparación de equipos de computación caseros, desbloqueo de celulares, venta de tiempo aire, entre otros.

El caso de los semáforos es algo aparte, pues representan un caso único en donde confluyen las actividades informales, la explotación de menores, la intervención de mafias organizadas, el raterismo y en donde las autoridades manejan con pinzas el problema e intervienen con acciones más de promoción social que de orden público, pero más tardan en retirar a los menores de edad de estos puntos que ellos en regresar.

Generalmente las actividades de la economía informal son legales en su naturaleza, sin embargo, la forma en que operan podría considerarse un tanto fuera del marco de la ley.  No obstante, existe un fuerte segmento dentro de la informalidad que comprende actividades realmente ilegales, como todo lo que tiene que ver con apropiarse de lo ajeno o con los estupefacientes.  Existe en este apartado una rama de la actividad informal que de hecho es ilegal pero que se tolera y todas las autoridades se hacen de la vista gorda: la piratería.  En los últimos años, la piratería que se da en mayor extensión en la venta de películas en formato DVD y un poco menos la música en discos compactos, ha crecido vertiginosamente.  El bajo precio de aparatos de DVD o reproductores de discos compactos, ha incrementado la demanda de películas y música en estos formatos, especialmente de parte de sectores de bajos ingresos que nunca podrían pagar los altos costos de productos originales, cuyo precio fluctúa entre los 15 y los 30 dólares.  No obstante, una película pirata de estreno se puede conseguir en un dólar.  Las cadenas de salas de cine tienen un mercado cautivo que junto con la comida chatarra que ofrecen les dejan amplias ganancias y las cadenas de renta de películas son tan pocas que no existe ningún sector interesado que ponga presión para combatir a la piratería.  Esta actividad, al llevar un alto contenido de empleo para la población pobre, en términos políticos no constituye una prioridad para las autoridades.  Así pues a la vista y paciencia de todo el mundo, en cualquier casa de habitación, mercado o en las afueras de un centro comercial, existe una amplia oferta de estos productos.

Es indudable que el factor relevante dentro de la expansión de la economía informal es el creciente desempleo, de tal forma que al no poder la planta productiva absorber toda la oferta de mano de obra, esta buscará alguna forma de subsistencia por sus propios medios, toda vez que las posibilidades de emigrar son más difíciles.  En este afán, las consideraciones económicas, financieras, incluso morales y éticas dependerán de cada individuo.  Un caso muy ilustrativo de lo anterior es la explotación del físico, como dicen en Managua, que en un extremo propende hacia la prostitución y en el otro, a pedir limosna, dejando ambas actividades ingresos considerables, lo que hace rentable despojarse del orgullo y la vergüenza.  Una sexoservidora clasificación “B” puede redondear mensualmente en promedio entre 500 y 800 dólares, netos, pues no podría decirse libres de polvo y paja; nivel salarial que difícilmente alcanza un ingeniero civil recién egresado.  Un limosnero, por su parte puede obtener entre 200 y 300 dólares mensuales en promedio, nivel que con suerte alcanza un maestro.

Otro aspecto importante que se trata alrededor de la economía informal es la supuesta competencia desleal que constituyen estas actividades respecto a las que están inmersas en la economía formal.  Sin embargo, este es un espejismo, pues en primer lugar las actividades y el nivel en el que se realizan dentro de la informalidad, no son del interés de las pequeñas y medianas empresas.  Un caso ilustrativo es el del transporte pirata, actividad que en años recientes se ha incrementado, como son los recorridos que realizan padres de familia que aprovechan el viaje con sus hijos al colegio para llevar a seis u ocho niños adicionales, mediante lo cual obtienen un ingreso nada despreciable.  En este caso, no existe competencia desleal pues el transporte público trabaja al amparo de cooperativas que nunca pagan impuestos, antes bien obtienen subsidios y los recorridos escolares trabajan al amparo de colegios que navegan con bandera de organizaciones sin fines de lucro y por lo tanto, tampoco pagan impuestos.

Es muy posible que ante un desempleo que crece sin freno alguno y oportunidades cada vez más reducidas para la emigración, la economía informal vaya creciendo cada vez más con mayor dinamismo, constituyendo un verdadero reto para la imaginación e inventiva de los nicaragüenses, así que no es extraño que muy pronto, junto a la señora que ofrecía hielo en el barrio, aparezca un cartón que diga:  “Se nebuliza”, “Se toma la presión arterial” o “Exámenes de glucosa”.

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El Maestro Morricone

El pasado 2 de junio se celebró el Día Nacional de Italia y con ese motivo la Embajada de Italia en Nicaragua publicó en los diarios nacionales un suplemento alusivo a esa efeméride, incluyendo aspectos relevantes de la relación entre ambos países y un reportaje sobre la llegada de los inmigrantes italianos a nuestro país a través de Greytown.  Fue una grata sorpresa encontrar en la contraportada, un pequeño artículo resaltando la figura de Ennio Morricone, uno de los principales exponentes de la música moderna italiana; es más el artículo lo sitúa como “el compositor italiano más amado y apreciado del mundo”.

La verdad es que Ennio Morricone no es un desconocido para muchos nicaragüenses, en especial aquellos que eran aficionados al séptimo arte a mediados de los años sesenta, cuando la capital era una ciudad para peatones y con extrema facilidad cualquiera se podía trasladar del Luciérnaga y el Tropical en el sector de arriba, al América y al Alameda en los barrios de abajo y por dos córdobas o menos se podía disfrutar de una buena película.  En esos tiempos fuimos testigos de una de las revoluciones más sonadas en la historia del cine: el spaghetti western.  Antes de eso, para nosotros eran simplemente películas de vaqueros y estábamos acostumbrados al género clásico tal como Hollywood lo manejó por mucho tiempo a través de John Ford,  Howard Hawks y otros grandes directores y actores de la talla de John Wayne, Randoph Scott, Allan Ladd, Kirk Douglas.  Cuando a mediados de los años sesenta se presentó la película Por un puñado de dólares, el público se quedó anonadado.  El trío compuesto por el director Sergio Leone, el actor Clint Eastwood y el músico Ennio Morricone presentaron una nueva visión del western con un tremendo realismo que incluía además de un exceso de violencia, el abandono de aquel maniqueísmo propio del cine americano y el manejo de la exageración como punto vital.  El pistolero sin nombre, vino a cambiar la imagen del “chavalo” clásico, así que cuando un año después nos llegó Por unos dólares más, sabíamos que las películas de vaqueros ya no serían igual.  Con la llegada de la tercera parte de la trilogía de los dólares El bueno, el malo y el feo se consagraron Leone, Eastwood y Morricone como los revolucionarios del western.  Cabe señalar que la música jugó un papel relevante en este proceso, pues Ennio Morricone con una sorprendente combinación de sonidos e instrumentos, algunos de ellos inusuales en una orquesta, logró adentrarse en la trama de cada película y en la dinámica de cada personaje, de tal manera que como un sastre de alta costura, confeccionó cada tema a la medida de cada escena de la misma. Cabe destacar que por mucho tiempo, el tema musical de El bueno, el malo y el feo estuvo presente en el gusto de los nicaragüenses.

No obstante, Ennio Morricone no nació con el speghetti western, de hecho había nacido en Roma en 1928 y tuvo como amigo y compañero de la infancia a quien luego sería el director de cine Sergio Leone.  Estudió orquestación y trompeta, con Goffredo Petrassi, en el prestigiado Conservatorio de Santa Cecilia en Roma, ahí donde años antes había estudiado Nino Rota, el músico de cabecera de Federico Fellini. Su carrera musical comprende actuaciones en radio, televisión, salas de concierto, antes de ingresar al cine en 1955, destacando su trabajo en la cinta El Federal, de Luciano Salce en 1961.

El spaghetti western prácticamente feneció en los años setenta al haberse desgastado el género, sin embargo, para Ennio Morricone fue sólo el trampolín para una larga y fructífera carrera en el cine, que comprende la banda sonora de más de 400 películas con directores como Bertolucci, Polanski, Scola, Zeffirelli, Pasolini, Argento, Kawalerowics, Joffe, De Palma, Tornatore, entre otros.

En toda su producción musical, que además incluye más de 100 composiciones fuera del cine, se observa una tremenda calidad musical, no obstante, según los críticos y los propios cinéfilos, existen algunos temas que resaltan de esta producción.  En lo particular yo remarcaría el trabajo que realizó en 1971 para la película del director polaco Jerry Kawalerowicz: Madalenna, drama que no obtuvo una gran aceptación de parte de la crítica, pero que no obstante la banda sonora constituye una de las joyas más preciadas de la obra de Morricone.  Dentro de esa banda está el tema “Come Madalenna”, que es una pieza de singular colorido, bajo el ritmo en que se quiera interpretar, así como el afamado tema “Chi mai” que diez años más tarde fue retomado por el director francés Georges Lautner para incluirla en la banda sonora de su película El Profesional con la actuación de Jean Paul Belmondo.  Ese mismo año, la BBC dentro de su serie dramática para la televisión La vida y tiempos de David Lloyd George, utilizó la música de Morricone, incluyendo el tema “Chi Mai”, que cautivó al público inglés.  También es importante señalar que en 1980 la gran cantante francesa Denielle Licari, quien utiliza su voz como instrumento musical para interpretar diversas melodías como algunos temas de Love Story y Concierto para una voz, grabó “Chi Mai” cantando con una letra adaptada en francés bajo el título de “Mal de toi”.

También es digna de subrayar la banda sonora de la película del director inglés Roland Joffe, La Misión, rodada en 1986, en donde Morricone crea un marco musical para la intensidad de las cataratas del Iguazú y la selva sudamericana, lo cual logra con gran maestría en una verdadera gema musical.

Así pues, dentro de la producción de Morricone hay música para todos los gustos y habrá quienes prefieran la banda sonora de Erase una vez en el Oeste, por la variedad de estilos que combina, o bien, Dos mulas para la Hermana Sara, Los Intocables, Cinema Paradiso, o bien Sacco y Vanzetti.

La obra de Morriconne ha sido nominada al Oscar en varias ocasiones: Días de Gloria en 1978, La Misión en 1986, Los Intocables en 1987, Bugsy en 1991 y Malena en 2000, no obstante en ninguna de esas ocasiones logró obtener la estatuilla.  Es importante señalar que Morricone recibió un Oscar honorífico por su contribución a la música en el cine, premio que fue presentado por Clint Eastwood en la ceremonia de entrega de premios en el año 2007.  Por otra parte, el maestro ha obtenido varios premios entre los que destacan el Nastro d´argento, que es el premio que otorga el Sindicato Nacional de Periodistas Cinematográficos Italiano, galardón obtenido en varias ocasiones; ha ganado varias veces el premio BAFTA que es la Academia Británica de Cine  y Televisión, así como un Globo de Oro.

Durante el traspaso de mando del actual Secretario General de las Naciones Unidas, Banki Moon, Ennio Morricone tuvo el honor de dirigir la Orquesta Sinfonieta para deleitar a toda la Asamblea Genera e invitados.  En 2009, el Presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, firmó el decreto que lo nombraba como Caballero de la Legión de Honor, ante lo cual, los italianos con ese humor que les caracteriza agregaron: “Porque se sabe que a pesar de todas las rivalidades futboleras y culinarias, los franceses tienen un sofisticado sentido del gusto cuando se trata de celebrar la excelencia cultural de sus vecinos italianos”.

De la misma manera, la revista de la Embajada Italiana informa en el citado artículo que esa Institución y el Teatro Nacional Rubén Darío, para homenajear su indiscutible talento, su carrera y sus obras, han decidido celebrarlo en el mes de las fiesta de la República Italiana con un concierto que reconstruye su larga carrera musical.  Ahí estaremos al igual que muchos aficionados a la música de Morriconne y es posible que más de alguno, a la hora en que se escuchen los clásicos acordes de El bueno, el malo y el feo, se lleven la mano a la cintura, en busca del revolver aquel, que en menos de dos segundos vaciaba su carga, acertando cada uno de los seis proyectiles entre ceja y ceja de los forajidos.

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De Romulete a El Vaquero

Generalmente se tiende a circunscribir a la gastronomía a una serie de platillos que pueden considerarse propios o representativos de un país o una región, haciendo a un lado la amplitud que tiene dicho concepto y que abarca la relación de sus individuos y sus hábitos alimenticios con su propia cultura, el entorno y circunstancia particulares.  De esta forma, en el caso de Nicaragua al hablar de su gastronomía se hace mención del nacatamal, el vaho, el gallo pinto, el vigorón, el mondongo, entre otros, sin embargo, ciertos alimentos quedan relegados bajo esta particular forma de enfocar este concepto.

Este es el caso de la “leche agria”, que al no representar un platillo formal, ni ser autóctona nicaragüense, frecuentemente es relegada a terceros planos.  Es cierto que es un alimento que no necesita una complicada receta pues se trata de un simple proceso de fermentación, no obstante, constituye un alimento que en una proporción considerable, forma parte de la dieta del nicaragüense.

Habría que aclarar que la “leche agria” no es originaria de Nicaragua, es más, podría decirse que es tan antigua como la civilización humana y a pesar de que no existen referencias históricas de dónde nació, algunos historiadores afirman que en la India se consumía hace más de 3,500 años.  Es posible que este alimento se hubiera descubierto por accidente, pues la acción de la bacteria llamada lactobacillus, se realiza de manera espontánea en la leche.  Por lo tanto es factible que la “leche agria” diera origen a formas más sofisticadas de fermentación de los lácteos, como es el caso del yogourt y el kéfir de las regiones caucásicas.

La leche agria como tal, se consume alrededor del mundo en países como Alemania, Finlandia, Suecia, Noruega, Polonia y en Estados Unidos en donde el Buttermilk es muy similar, cada uno de ellos con sus propias costumbres y formas de ingerirla.

Es muy seguro que la leche agria fue traída a América por los españoles, pues antes de la conquista en estas tierras no se consumía la leche, mucho menos los productos lácteos y estos fueron un legado de la gastronomía de los españoles quienes además introdujeron el ganado vacuno.

En Nicaragua, la leche agria se consume principalmente en el desayuno, aunque en algunas partes existe la flexibilidad para consumirse a otras horas del día.  También se ha generalizado la costumbre de consumirse durante los fines de semana, bajo la creencia de que restaura el organismo después de los excesos del alcohol y otros desenfrenos.

Una gran mayoría de los consumidores de leche agria lo hacen acompañándola sólo con tortilla, otros le agregan gallo pinto, aunque hay quienes además le ponen cuajada o queso, o bien, quienes la consumen con tortilla y frijoles.  Es un alimento relativamente económico, pues por el equivalente a 40 centavos dólar se puede adquirir un vaso de leche agria con su respectiva tortilla.

Tradicionalmente la leche agria se preparaba en casa, apartando las familias de sus dotaciones de leche, una porción para ponerla a fermentar y contar con este alimento.  A mediados del siglo XX, en Managua, el Señor Rómulo Rosales Cabezas, conocido popularmente como “Romulete” tuvo la idea de prepararla y comercializarla y de esta forma, surgió la venta al público de la tradicional leche agria, haciéndose famoso el señor este, quien tenía su local cerca del barrio San Antonio en la vieja Managua, trasladándose después del terremoto a Altamira D´Este en donde estuvo hasta hace algunos años, desapareciendo del mapa y quedando sólo como una referencia para todas las direcciones del rumbo.

La idea de Romulete de comercializar la leche agria se multiplicó rápidamente y al poco tiempo en muchos puntos del país empezó a venderse, ya fuera en locales o de manera ambulante.  Para estas fechas, ya el pregón de la leche agria es parte de todo el ruido que caracteriza a las principales ciudades.  Así mismo surgieron locales en diversos puntos de la capital, como es el caso de los alrededores de La Racachaca y últimamente El Vaquero, cerca del cine Salinas quien cobró fama, tanto por lo apetecido de sus productos, como por haberse protagonizado en sus alrededores el asesinato de un comisionado de la Policía Nacional que manera consuetudinaria pasaba por el local.  A nivel industrial, la empresa Parmalat ofrece dentro de sus productos lácteos, la leche agria envasada.

Hace un par de semanas, ocupó los principales titulares de la prensa nacional el hecho de que el Ministerio de Salud estaba amenazando con cerrar el célebre expendio de El Vaquero, originándose una polémica ante tal hecho, achacándolo algunos a motivos políticos.  El Minsa por su parte argumenta que se han detectado casos de intoxicación de personas que habían ingerido leche agria en ese establecimiento.  El dueño del local expresa que ya cumplió con las recomendaciones de higiene realizadas por el Minsa, sin embargo, la espada de Damocles parece pender sobre su cabeza.

Independientemente del trasfondo del caso de El Vaquero es pertinente acotar que en la medida en que se utiliza la leche sin pasteurizar o “bronca” como le llaman, para preparar la leche agria, es altamente riesgoso el contagio de muchas de las enfermedades que padece nuestro hato ganadero, como es el caso de la brucelosis y la tuberculosis y que se trasmiten a los humanos con serias repercusiones a la salud.  De esta forma, aunque los locales en donde se expende la leche agria, se mantengan limpios y los trabajadores cumplan con todas las normas de higiene para su expendio, si la leche está contaminada, de nada servirán estas previsiones y a la larga, los clientes de estos locales se enfermarán irremediablemente.

Así pues, los consumidores locales o bien los turistas que desean conocer este relegado exponente de la gastronomía nicaragüense, deberán asegurarse que el producto esté preparado con leche pasteurizada y si se prepara en casa mucho mejor o bien, consumir el producto industrializado que ofrece Parmalat, que a pesar de llevar un proceso previo de “bautizo”, es preferible a correr el riesgo de contagiarse.

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