Archivo mensual: noviembre 2017

El misterio de Los Chaynas

 

Uno de los grupos musicales que más impacto tuvo en la audiencia nicaragüense en la primera mitad de los años sesenta del siglo pasado, fue sin duda alguna Los Chaynas.  Este grupo pareció emerger de la nada y de manera vertiginosa colocó en los primero lugares su tema “Virgen negra”.  El mismo estaba en un disco sencillo que tenía al reverso una versión muy bien lograda del bolero del argentino Mario Clavell: “Quisiera ser”, que llegó a tener una buena aceptación de parte de la audiencia, sin embargo, nunca logró acercarse al éxito de “Virgen negra”.

Parece que el carácter mayoritario de población mestiza del país, se identificó inmediatamente con aquella introducción de lo que constituía la plegaria que encerraba el tema “Negras, mis penas son, como tu piel morena, fundidas en bronce están, mis amarguras” de manera tal que cada quien encaminaba sus tribulaciones, ya fueran de carácter amoroso, financiero o existencial, a la fe en una virgen de piel negra, que tendrían una respuesta más favorable que las vírgenes de otra denominación de origen o advocación como suelen decir ahora, pues el tema lo dice sin ningún desparpajo: “pues las vírgenes se fueron, en el cielo se escondieron, no responden a mi voz”.

Así pues, cada quien, desde su propia perspectiva, asumió como un himno aquel tema, con la vaga esperanza de que al entonarlo, la virgen afro descendiente, se apiadaría de sus cuitas y llevaría una pronta solución a sus vidas.  Recuerdo que para las fiestas patronales de abril de mi pueblo, en aquel año, aquel tema sonaba en todas las roconolas y equipos de sonido de los chinamos del parque.  Incluso en los caballitos (tiovivo o carrusel para los castizos), su dueño que era un veterano parecido a Peter Cushing, fanático del Bachiller José María Peñaranda, cambió “La inyección” por “Virgen negra”, de tal suerte que era todo un espectáculo observar a diversos exponentes del pueblo cantar en coro aquel tema, mientras sus respectivos animales subían y bajaban al ritmo de su melodía.  También recuerdo que los discos de las roconolas tuvieron que ser reemplazados en varias ocasiones, debido a que llegaban a rayarse de tanto uso.

En los bailes también era un tema de preferencia, pues contenía un ritmo sabrosón, pues no tenía la lentitud de aquellos de un solo ladrillo y tampoco caía en la charanga, sino que acusaba aquel sabor intermedio para balancear a la pareja con cierta cadencia, en especial en el intermedio en donde el ritmo que le imprime el órgano con la percusión es inigualable y al final de la canción, el ritmo se desacelera completamente, dando lugar para concluir el baile en un solo ladrillo.

Sin embargo, al igual que cualquier canción, llega un momento en que la audiencia dice al unísono: “quitá” y  aquel “ave María” del final, ya no obtuvo eco alguno y el tema fue evaporándose de la misma forma cómo había llegado.  Para ese entonces, el rock se afianzó fuertemente con la invasión inglesa y la inmediata clonación de parte de los covers en español.  De esta forma, la virgen negra aquella llegó a formar parte de una nebulosa de nostalgia que quedó flotando en la estratósfera.

En el año 1975 trabajaba yo en el Banco Nacional, cuando realicé un análisis de factibilidad para la reestructuración de la deuda de una empresa disquera que quedaba por el rumbo de Xiloá.  En esa ocasión, me entrevisté con un especialista en producción de discos, quien me comentó que de conformidad con estudios de audiencia, a esa fecha, ningún tema había podido quitarle el record de mayor interpretación en las radiodifusoras al tema “Virgen negra”.  Recordé aquella fiebre que había causado el referido tema y le di la razón al individuo aquel.

Hace diez años exactos, hoy precisamente, escribí un artículo en este mismo blog llamado “El club de la nostalgia”, en donde incluí entre otros temas, el caso de “Virgen negra” para lo cual investigué en el ciberespacio sobre el grupo de Los Chaynas y me sorprendió de que no hubiera nada al respecto.  Como el artículo no era específico sobre dicho grupo, lo finalicé con la poca información que tenía al respecto.

A partir de aquella fecha, de vez en cuando he regresado a peinar el internet a través de Google en busca de más información sobre aquel grupo que pareció esfumarse o ser abducido por alienígenas, sin éxito en mi empresa.

Ahora que se iban a cumplir los diez años de aquel artículo me esforcé por buscar más luz en el tema y aprovechar los avances en la ciencia forense que he adquirido al ver muchos capítulos de las series de CSI, así como otras correlacionadas y al final he encontrado algunas evidencias que arrojan un poco más de iluminación en torno al misterioso grupo.

He constatado que Los Chaynas llegaron a comercializar en Centroamér6ica dos discos sencillos con cuatro temas:  Virgen negra, Quisiera ser, Trópico y Limeña.  Estos discos fueron producidos y fabricados por Industria de Discos Centroamericana, Ltda. (INDICA) en Costa Rica.  Sobre el segundo disco, no hay evidencias de que haya sido comercializado en Nicaragua y si así hubiese sido, no tuvo ningún impacto en el gusto nacional.  Cabe aclarar que la adaptación de “Virgen negra” de los Chaynas, fue copiada, versionada y grabada por otros intérpretes de la región.

El grupo parece tener origen en Perú, aunque no todos los integrantes eran de aquel país.  Lo anterior, se deriva del hecho de que “Virgen negra” es un bolero peruano.  No existen registros de quien es el autor del tema, sin embargo algunos se lo atribuyen a uno de sus más grandes intérpretes, antes de Los Chaynas y es el bolerista peruano Johnny Farfán.   Este intérprete cuyo verdadero nombre era Julio Gárate Farfán y que llegó a conocerse como “La voz elegante del bolero”, conformó junto con otros cantantes peruanos la corriente conocida como “Bolero  cantinero” por la música que interpretaban y que ahora se conoce como “cortapulsos”.   El primer éxito de Farfán fue el bolero “Brujería”, al cual hace referencia La Sebastiana, en un relato que aparece en mi artículo “Le dicen La Sebastiana” y que constituía una clave para verse con uno de sus amores.   Otro famoso tema de este intérprete peruano fue “Señor abogado”, bolero que causó en su tiempo una tremenda polémica cuando trató de prohibirse su trasmisión en las radiodifusoras, pues giraba en torno a un feminicidio, causado por el sempiterno motivo de la traición y que no obstante, de manera impune se había colado en el tema “El preso número 9”.

Por otra parte, el nombre de aquel conjunto procede del quechua, lengua indígena de los Andes, especialmente del Perú.  El vocablo “chayna” significa en quechua: así, de esta manera.  Este elemento reafirma entonces el origen peruano del grupo.  Sin embargo, llama poderosamente la atención que en la foto que aparece en el disco sencillo de “Virgen negra” los integrantes aparecen con una indumentaria que más bien se asemeja a la de los gauchos.

Aquí entra otro elemento que arroja más claridad en el tema.  En los comentarios que aparecen el Youtube, sobre el tema “Virgen negra”, una persona identificada con el nombre de Ely Toloza, asegura que su tía llamada Rosa Castro, así como su esposo Juan Carlos Acconcia, de nacionalidad argentina conformaron el grupo de Los Chaynas, al igual que otro músico de apellido Maidana y que en 2015 todavía vivían en la capital argentina.    Lo anterior, coincide con el testimonio de un ciudadano guatemalteco, don Eduardo Velásquez, que recuerda la visita del grupo a ese país y que la cantante del mismo se llamaba Rosita.  Otro gracioso, hizo un copy/paste de mi artículo “El club de la nostalgia” y lo puso como comentario suyo.

De la información recolectada al respecto, podría colegirse que ciertos músicos de origen argentino, por alguna razón emigraron al Perú, en donde conformaron un conjunto musical que bautizaron con el nombre quechua: Los Chaynas.  Realizaron una soberbia adaptación del bolero “Virgen negra” que superó por mucho las versiones que habían de este tema.  La calidad interpretativa del este conjunto fue tal, que la compañía disquera decidió producir el éxito en Centroamérica, en donde tuvo un éxito sin igual.  El grupo parece que realizó una gira, aprovechando el gran impacto de su tema, abarcando algunos países de Centroamérica y es posible que también México.

Por alguna razón, después de grabar cuatro temas, el grupo dejó de producir discos, aparentemente se desintegró y al final, los músicos de origen argentino, regresaron a su país, en donde posiblemente todavía residen.

Desde mi punto de vista, es una tremenda injusticia que no existan artículos o reportajes en la red sobre este conjunto.  Tan solo con la adaptación de “Virgen negra” y su enorme impacto en el público centroamericano, le valen al conjunto para que existan referencias, pues es la fecha y todavía existe un debate sobre su nacionalidad, desde que son mexicanos, guatemaltecos, salvadoreños, hondureños, nicaragüenses, ticos, uruguayos, paraguayos, entre otros.

Cada vez es menor el segmento de la población que recuerda este éxito, la mayoría pertenecen al rango de la tercera edad, aunque hay evidencias que de estratos de edad más bajos, la tienen en su preferencia al recordarle a sus padres o incluso a sus abuelos.  De cualquier manera, sirva este artículo como un homenaje a ese misterioso grupo y a su calidad interpretativa que puso banda sonora a una importante etapa de nuestras vidas.

 

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Los que viven en el mundo, muertos

 

Hace poco más de un año comenzó a circular en las redes sociales una imagen que literalmente dice: “No son muertos los que en dulce paz descansan, bajo la tumba fría. Muertos son los que tienen el alma fría y viven todavía”.  En la parte inferior se observa la firma autógrafa de Rubén Darío.  Cuando leí por primera vez semejante dislate, me quedé patidifuso, atónito, estupefacto y a partir de entonces me he dedicado a aclarar a diestra y siniestra, que no es un escrito del gran vate.  Esto lo puede confirmar cualquiera de los innumerables expertos en Rubén Darío que existen en el país e incluso habrá algunos que se indignarán afirmando que es una ofensa achacarlo al Príncipe de las Letras Castellanas.  En primer lugar, porque quien transcribió el fragmento del poema, parece que lo hizo con las extremidades inferiores, pues está muy apartado de la versión original y tan solo le faltó incluir una cerveza bien fría, para acabarla de rematar.

También es importante aclarar que dicho poema ha tenido una paternidad más vilipendiada que la constitución política de algunos Estados.  Al buscar en Google, se encuentra una colección de disparates en la autoría, desde Gustavo Adolfo Becquer, Amado Nervo, Julio Flores y finalmente Rubén Darío.  No obstante, la lucha más encarnizada la libran el peruano Ricardo Palma y el colombiano Antonio Muñoz Feijoo.

Ricardo Palma fue un escritor peruano (1833-1919) célebre por sus obras sobre las tradiciones peruanas, pero que en su juventud escribió un considerable número de poesías.  He tenido la oportunidad de revisar la obra Poesías Completas de Ricardo Palma, publicado por la Editorial Maucci, en 1911 y en ese compendio no se encuentra la citada poesía.  Es más, el estilo de Palma en su poesía es un tanto diferente al mostrado por la obra que nos ocupa y puede observarse claramente en el siguiente fragmento de una de sus Coronas Fúnebres dedicada a Rosa Amelia e incluida en dicha colección:

Lo que llamamos muerte

de vida se alimenta:

la muerte a nueva vida

tan sólo es despertar:

en ella siempre el germen

de otro existir alienta,

y así la estrella tórnase

radiante luminar.

 

Cuando creyente el alma

de Dios en la grandeza,

al ideal se eleva

de excelsa religión,

no es triste a ese misterio

que tras la tumba empieza

llevar el pensamiento,

llevar el corazón…

 

Como se puede ver al analizar dicho fragmento, encontramos elementos que nos conducen a confirmar que la poesía que nos ocupa no fue escrita por Ricardo Palma. 

Lo anterior, nos lleva a revisar más a fondo la alternativa de que hubiese sido Antonio Muñoz Feijoo, quien escribió dicho poema.  Muñoz Feijoo (1851-1890) era originario de Popayán, Colombia, quien además de ser Ingeniero de la Universidad del Cauca, fue posteriormente profesor y rector. También fue subdirector de la Escuela Normal y profesor en otros planteles de la capital del Cauca.  Desde muy joven se aficionó a la literatura, participando en diversos círculos intelectuales de Popayán.  Existen también testimonios de personas que conocieron muy de cerca a Muñoz y que confirman que a sus 18 años escribió dicho poema y que lo que más le costó fue asignarle un nombre.  Vaciló al respecto, al tratarse el poema de tres cuartetos con diferente rima, habiéndose decidido al final nominarlo “Un pensamiento en tres estrofas”.   Muñoz cometió el error de entregar su manuscrito a un editor, quien al final quitó al crédito al joven y por algún tiempo apareció el primero como autor de la poesía y luego, con el tiempo, su paternidad se convirtió en la canción de Muchilanga.

Al igual que este caso, existen muchos en que las redes sociales se han encargado de cambiar a discreción la paternidad de cualquier frase u obra, algunos por convenir así a sus intereses, otros por crasa ignorancia, sobrando quien les eche segunda y lo reproduzcan a diestra y siniestra, logrando únicamente la confusión de la sociedad.

Para que disfruten y hagan propia esta interesante reflexión, tan válida en los momentos que “vivimos”, les dejo el original del poema que lleva por título “Un pensamiento en tres estrofas” del escritor colombiano Antonio Muñoz Feijoo.

 

Un pensamiento en tres estrofas

 

No son los muertos los que en dulce calma
la paz disfrutan de su tumba fría,
muertos son los que tienen muerta el alma
… y viven todavía.

No son los muertos, no, los que reciben
rayos de luz en sus despojos yertos;
los que mueren con honra son los vivos,
los que viven sin honra son los muertos.

La vida no es la vida que vivimos,
la vida es el honor, es el recuerdo.
Por eso hay muertos que en el mundo viven,
y hombres que viven en el mundo, muertos

 

Para que usted, estimado lector, sea de los vivos que viven siempre vivos, anteponga siempre la duda, no se deje engañar con este tipo de bulos. 

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