Archivo mensual: enero 2015

Meet The Beatles!

Meet The Beatles

You and I have memories

Longer than the road that stretches out ahead

Paul Mc Cartney

 

Cuánto me hubiera gustado conocer a la cuarteta en el propio Liverpool, o de perdida en el Washington Coliseum en el  D.C; pero no fue así, llegué a conocerla en San Marcos, Carazo, en una fiesta que se organizó para despedir a las vacaciones, en aquellos dorados tiempos cuando el año escolar iba de mayo a febrero.  Era un 8 de mayo de 1964 y en la casa de la familia Pérez, centro neurálgico de la vida social, nos encontrábamos los adolescentes de ese pueblo, disfrutando de una velada llena de música, refrescos y bocadillos.  En una consola, un tanto traqueteada, sonaban los éxitos bailables de ese entonces, Enrique Guzmán, César Costa, Los hermanos Carrión, Leo Dan y uno que otro twist de Chubby Checker.

A mitad del baile aparecieron unos amigos de Managua que acababan de regresar de los Estados Unidos.  Creo recordar que habían estado en el arranque de la feria mundial de Nueva York y nos traían a mostrar el último grito musical en ese país.   Como un mago de una chistera, sacaron un disco long play que tenía por título:  Meet The Beatles! y procedieron a ponerlo en la consola y ahí estaba aquella música.  En principio no nos sorprendió pues ya teníamos varios años escuchando rock and roll en diferentes estilos, tanto en inglés como en español.  No obstante aquel conjunto tenía un atractivo especial en su música y a pesar de que la mayoría, por no decir la totalidad de nosotros no teníamos ningún dominio del inglés, las canciones no dejaban de ser pegajosas, en especial una que iniciaba con un one, two, three, four, que eso sí, los de inglés avanzado sabíamos lo que significaba.

Luego circularon la cubierta del disco entre los presentes para que tuvieran entre sus manos aquello que con el tiempo se convertiría en una reliquia.  Cuando llegó a mí, lo primero que escudriñé fue la imagen de la portada.  A excepción del título:  Meet The Beatles! que estaba en dos colores predominantes en la época, el resto estaba en blanco y negro, con fotos de los rostros de los integrantes del conjunto.  Como aficionado a la fotografía me llamó la atención el efecto de una luz indirecta que iluminaba tan sólo una mitad de sus rostros, efecto que había yo ensayado anteriormente sin resultados positivos.  También observé que los integrantes de la cuarteta estaban ubicados tratando de romper la simetría, que como fijación occidental se manejaba en toda composición visual.  En la parte superior se encontraban tres integrantes y en la parte inferior uno sólo, a la extrema derecha.  También resaltaba el corte de cabello de los músicos, pues todos ellos lucían una extraña “pavita” que les daba una apariencia hasta cierto punto cómica.  En el reverso de la portada estaban los títulos de doce temas, que en ese momento no tenían ninguna relevancia para nosotros.  Así pues pensé:  -Mucho gusto y circulé la portada.

A la enésima vez que tocaron el disco, el muchacho y la muchacha se pusieron a bailar uno de los temas con un estilo que nos dejó a todos patitiesos.  Sin despegar los pies del suelo, comenzaron a mover el torso y los brazos de manera espasmódica y lenta, un tanto robótica y tuvimos que hacer un gran esfuerzo para no reírnos.  Después de “bailar” un par de temas, invitaron a la concurrencia a bailar con el mismo estilo y en definitiva todos se negaron, algunas muchachas agachando la cabeza y sonriendo y los varones con un disimulado “wibin”.  Luego la fiesta siguió con la música tradicional, sin embargo, había sido presentada formalmente ante nosotros la legendaria cuarteta de Liverpool: Los Beatles.

En ese año, los temas de Los Beatles llegaron por docena, cada uno convirtiéndose en un éxito y la juventud de entonces, siguiéndolos con extrema devoción.  Ese año fue aciago para mi familia, pues fallecieron dos tíos muy queridos y para colmo, en las vacaciones de septiembre agarré una hepatitis, no sé de qué letra, pero el caso es que casi me lleva al otro barrio.  Pasé más de dos semanas en cama, aislado, comiendo con cubiertos marcados de rojo y lo único que podía hacer era escuchar radio.  En esa fecha estaban estrenando las emisoras locales el álbum A hard´s day night y tres temas impactaban, además del que le dio el título:  And I love her,I  Should have known better  e If I fell.  Este último tema traducido aberrantemente como: Si caí.   En los noticieros de la televisión llegaban imágenes de las presentaciones de la cuarteta y la histeria que provocaban entre los jóvenes de los países que visitaban.

Si entre los jóvenes el grupo causaba furor, con los adultos la cosa era diferente, pues las reacciones iban desde la total indiferencia hasta los más negros presagios acerca de los efectos que esa música podría traer a los jóvenes.  Los reverendos hermanos cristianos del Instituto Pedagógico no se quedaron atrás y uno de ellos los atacaba sistemáticamente, diciendo que nada bueno se podía esperar de gente que había nacido y crecido en un puerto.  Yo reflexionaba en mis adentros, que si acaso los apóstoles no habían sido pescadores y obviamente vivían en un puerto, sin embargo, no me atreví a exteriorizarlo pues yo también hubiese sido Charlie.

De esa forma, por los 16 años desde aquella fiesta, hasta 1970 en que se separó el grupo, cada uno de los temas que sacaron fue marcando el compás nuestras vidas.  Tratar de analizar el impacto en cada momento de esa época que tuvo cada tema de la cuarteta sería demasiado extenso, no obstante hay algunos que tuvieron un significado especial.   Muchos temas llegaron a mis oídos con años de retraso, pues las radiodifusoras no contaban con el suficiente tiempo radial para presentar cada uno de los temas que iban surgiendo y mi presupuesto de estudiante no daba para comprar cada álbum que iban sacando.  El caso de Yesterday es un claro ejemplo, pues conocí su letra años antes de escucharla.  Había una revista que los hijos de La Salle repartían de manera gratuita entre los alumnos de los últimos años llamada, si mal no recuerdo Fêtes et saisons, con temas religiosos para la juventud y que paradójicamente en un apartado musical tenía la letra de Yesterday.  Llegué a aprenderla sin conocer la melodía, hasta años más tarde que la escuché, cuando ya había roto el record del tango Celos, como la canción más escuchada en el mundo.

En 1968 ingresé a estudiar inglés al Centro Cultural Nicaragüense Americano, llegando a entender un poco más a las letras de las canciones en ese idioma.  En ese año se convirtió en un verdadero éxito el tema Penny Lane, que resonaba en todas las emisoras mañana, tarde y noche.  En ese tiempo yo vivía en el barrio Oriental y era mi pasatiempo cerrar los ojos y trastrocar aquella calle de Liverpool por el sector en donde yo vivía, pasando un video mental al tenor de la citada canción, apareciendo ahí los bares Tía Ana, Los Caracoles, La Toña Nariz, el taller de radiadores, las clínicas Barboza y de Paco León, el pito de la Cervecería, la fábrica de caramelos, el cine Ruiz, el cine México, la iglesia del Calvario entre otros elementos de aquel paisaje.

En enero de 1969, cuando mi familia se trasladó a la capital, llegó a todas las emisoras nacionales el tema Hey Jude, que inmediatamente se convirtió en favorita de la audiencia.  Me gustaba tanto porque sentía que mi vida, al igual que una triste canción podía mejorarla y ese año, con 100 libras menos, comencé a practicar atletismo de alto rendimiento.  Al año siguiente apareció por mi casa el álbum Sargent Pepper´s lonely hearts club band y me di gusto escuchándolo repetidas veces.  Dos temas me gustaban sobremanera: Getting better y When I´m Sixty-Four, este último me hacía soñar con la placidez de la jubilación y en la firmeza de las convicciones.  En esa época conocí el tema The long and winding road, que se me hacía de una belleza extraordinaria, sin embargo, fue a través de la interpretación del conjunto The Sandpipers, pues la original la escuché después.

De la misma forma, disfruté de los principales temas del último álbum de Los Beatles: Let it be, tanto el tema que dio el título al disco, como Get back, Don`t let me down y Two of us.  Tiempo después, tuve la oportunidad de ver la cinta con el mismo nombre, si mal no recuerdo en el cine América.

La ruptura del conjunto no provocó en mí desazón alguna, la vida de un joven estaba llena de tremendos cambios y uno más no mermaba aquel espíritu de enfrentarlos.  No obstante, con frecuencia seguía escuchando los temas de la cuarteta, con un mayor dominio del inglés iba tratando de agarrarle el feeling a aquellos temas que por mucho tiempo se me hicieron complicados.  En el tema The fool on the hill, encontré esa entereza que hay que tener cuando la gente no lo comprende a uno y lo considera un tonto, manteniéndose uno en la cima de la colina, impasible ante las críticas.  De la misma forma Norwegian Wood, que tuvo una traducción infame a Bosque noruego, cuando el sentido del tema apunta a madera noruega, o más bien las casas o muebles fabricados con el pino de bajo costo y que la interpretación de la letra se presta a varias alternativas, incluyendo la venganza del muchacho al incendiar el departamento de la chica cuando esta se va a trabajar.

Con la aparición de You Tube, se ha hecho más accesible el navegar por toda la obra de Los Beatles, con la facilidad de la letra en inglés o traducida al español disponible en los videos, muchos de ellos originales y que nunca tuve la oportunidad de ver.  De esta manera puede uno repasar todos aquellos momentos ligados a esa maravillosa música.

Ahora que tengo 65 años y mi jubilación se mira todavía al final de un largo y sinuoso camino, todavía me siguen necesitando, tal vez no para arreglar un fusible,  sino para cosas más complicadas, el caso es que he mantenido mis convicciones.  Eso sí, tengo dos nietas pero mis rodillas no resisten su peso.

Concluyo estas líneas con el tema In my life en mi mente, pues siempre se mantiene en mi memoria aquella fiesta de despedida de vacaciones cuando conocí a Los Beatles.  Algunos de aquellos amigos todavía los veo, otros ya han fallecido y otros se fueron y no los he vuelto a ver, pero lo importante, a pesar de añorarlo, no es el pasado, sino el presente.  A propósito, regularmente me encuentro con Carlitos, el amigo del disco Meet the Beatles! y no puedo evitar imaginármelo, con todo y sus canas, bailando con aquel estilo que nos dejó patitiesos.

 

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