Archivo mensual: mayo 2016

Un caballo sin nombre

Escher horses. Imagen tomada de Internet

 

 

Sería tal vez a finales de 1973 cuando nos llegó el tema del grupo América: A horse with no name (Un caballo sin nombre).  El grupo, conformado por jóvenes hijos de soldados estacionados en una base militar en Inglaterra, lo había lanzado en 1971 en Europa y en Norte América en 1972 y como toda la música extranjera, a nosotros nos llegaba con cierto retraso.  El tema de una extrema sencillez musical y con una letra a veces perogrullesca, de entrada captó la preferencia de la juventud de aquella época.  Todavía flotaba sobre nuestras cabezas el espíritu hippie, exacerbado por el carácter itinerante que nos tocó vivir después del terremoto de 1972.  En ese ambiente, la imagen del desierto se sentía tan vívidamente retratada por el grupo a través de un ritmo que parecía transportarnos lentamente hacia los paisajes que tantas veces vimos en las películas norteamericanas.

Algunas mentes suspicaces trataron de censurar su difusión en los Estados Unidos, bajo el argumento de que en el argot de aquella época, caballo se refería a la heroína.  Su autor Dewey Bunnell, lo negó y aclaró que el clima de Inglaterra le hacía añorar sus viajes por el desierto de Arizona y Nuevo México, cuando vivió en la base militar de Vandenberg.

A nosotros el desierto nos parecía algo exótico, en virtud de que habíamos crecido en un ambiente en donde había un verdor que parecía infinito.

Entre las aventuras más coloridas que permanecen en mi memoria, están sin lugar a dudas los viajes que realicé a la quebrada de Goyo Campos.  En la calle limítrofe del pueblo, que por ser la última se conocía como la calle nueva y resguardada por cercos de piñuela, se encontraba una enorme finca cafetalera propiedad del legendario ciudadano sanmarqueño, don Gregorio Campos.  Lo particular que tenía esa finca, era que como a un centenar de metros de distancia de aquella calle, estaba una cañada o quebrada como se le conocía en el pueblo.  A pesar de que en estos dorados tiempos se consideraría una invasión de la propiedad privada, con consecuencias incluso penales; en aquella época, no existían restricciones y de esta manera, organizábamos paseos por la citada quebrada, en busca de animales para cazar con resortera, como garrobos, ardillas y demás fauna silvestre que parecían mimetizarse a nuestro paso en la espesura de la vegetación.  Los enormes y centenarios árboles que protegían a los cafetales, provocaban una inmensa sombra que refrescaba el ambiente y ayudaba a darle un aire misterioso al lugar.   El aroma de esa inmensidad de vegetación se entremezclaba con el olor de los cafetales y le daba un toque hasta cierto punto mágico, al unirse a la sinfonía que ejecutaba toda la naturaleza en su conjunto.

De la misma forma, en bicicleta recorrí muchas veces los caminos que unían la meseta de Carazo, donde se podía ingresar por La Corina y conectar con Las Carolinas, la Fraternidad y por el otro extremo con El Porvenir.  De igual manera, los caminos estaban cubiertos por la espesura de los inmensos árboles que resguardaban los cafetales y donde se respiraba el dulcete aroma de los mameyales.

Los patios de las casas de habitación estaban sembradas de árboles frutales de enorme variedad, así recuerdo que donde mis abuelos había dos naranjos, uno de ellos de la variedad Velencia, un limonero, un árbol de níspero y uno de mango, los cuales, además de la gran cantidad de frutos, nos ofrecían sus ramas para las más variadas acrobacias.

Así pues, con tanto verdor a nuestro alrededor, el desierto era un mundo fantástico, sin nubes en el cielo como decía la canción y en donde el ritmo llevado por las guitarras, los tambores y los bongoes, nos daban la sensación de cabalgar en aquel caballo de trote cansado y sin nombre, mientras cruzábamos el inmenso desierto.

Todavía en aquel tiempo, pensábamos que el desierto era un mundo en nuestras antípodas, si no que en otra galaxia, el cual soñábamos con el fondo musical de América.

Pero de pronto, poco a poco se fueron dando las condiciones para que aquel lugar, mítico, si se quiere, empezara a asomar en nuestras tierras.  La deforestación se fue incrementando de manera vertiginosa en los años setenta.  En los años ochenta, con el pretexto de la roya, el programa conocido como CONARCA, supuestamente orientado a renovar los cafetales afectados, arrasó con cerca de 15 mil manzanas de cafetales en Carazo y con ellos, todos los centenarios árboles que les servían de sombra, muchos de ellos de especies preciosas y semi preciosas, los cuales fueron comercializados por algunos vivianes que se llenaron los bolsillos de dinero a costa del verdor de la región.  Lo anterior, sin contar con el acelerado ritmo de deforestación en el resto del país, el cual ha continuado hasta estas fechas, arrasando con todo lo que pueda ser comercializado, incluyendo terrenos ubicados en las supuestas “reservas”, siempre con un brillante pretexto de por medio.

Lo interesante, es que tal como en la canción, los responsables de esta catástrofe son caballos sin nombre o si los tienen, nadie quiere escucharlos y peor aún, enfrentarlos.

El hecho es que el desierto está cada vez más cerca.  Como un preludio, la ciudad capital se está llenando de árboles de metal y muy pronto los arbustos serán de razor ribbon.  Ya no es raro sentir como en la canción: The heat was hot and the ground was dry (El calor era caliente y la tierra era seca).

Las voces que se levantan para hacer conciencia clamando por días de amar la casa que habitamos, días de amar la tierra vegetal, flor y animal, no son más que voces que claman en un desierto cada vez más próximo, porque el amor por el dinero es mucho mayor.

El dilema ahora es si serán nuestros nietos, nuestros bisnietos o tal vez nuestros tataranientos quienes tendrán que vivir en lo gris blanquecino del desierto, llorando por agua, en el mismo lugar en donde su abuelo, bisabuelo o tatarabuelo se hartaba del verdor y no lo supo conservar y entonces ni de su nombre querrán acordarse.

 

 

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La dicha es mucha en la ducha

Virus. Imagen tomada de Internet

 

En los últimos años ha circulado en internet una cita atribuida a Albert Einstein: “Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad. El mundo solo tendrá una generación de idiotas”.  Lo extraño del caso es que de acuerdo con  biógrafos serios del gran físico, nunca dijo tal frase.  Fue en la película de los años noventa: “Powder”, que uno de los protagonistas “citó” a Einstein, adjudicándole dicha frase y así se quedó y el internet lo reafirma casi a diario.

Independientemente de quién la haya dicho, la frase no deja de tener cierto sentido premonitorio.  Lo que sería tal vez un tanto aventurado, es tratar de ubicarnos en qué punto nos encontramos en esa vertiginosa carrera de la tecnología respecto a nuestra humanidad, de tal forma que podamos adivinar qué tan cerca estamos de enfrentarnos a toda una generación de idiotas.  Lo que sí podemos afirmar sin temor a equivocarnos es que ya hay muchos.

No cabe duda que los avances en la tecnología, especialmente en el campo de la comunicación son de los aspectos que más están influyendo en la masificación de la idiotez universal.   A pesar de todas las ventajas que nos ofrecen estos adelantos, poniendo a nuestro alcance el todo conocimiento del mundo, tan sólo a un clic de distancia, la tarea de saber distinguir entre el conocimiento enriquecedor y toda la basura que flota a su alrededor, pareciera una misión imposible.

Las redes sociales que supuestamente tendrían el papel de desarrollar comunidades en donde se promovería la comunicación, la tolerancia y la solidaridad, poco a poco se han convertido en la causa de la pérdida de la verdadera convivencia social.  El botón de la muestra de los excesos en que se puede caer en esto de las redes sociales son los llamados videos virales.

Era de esperarse que algún video que se compartiera en las redes sociales le gustara a un mayor número de usuarios y que en algunos casos, gustara tanto que se llegara a números record de visualizaciones.   En un mundo ideal, se volverían virales los videos tomados por la Estación Espacial Internacional, por el telescopio ALMA o el microscopio de una reconocida universidad, un video de Carl Sagan, una recreación del Coliseo de Roma o sin ponernos exigentes, el de las mejores marcas de una Olimpiada o de un osado surfista cabalgando en una gigantesca ola, una buena receta de cocina, en fin, la lista sería muy amplia.  No obstante, se han vuelto virales una lista interminable de videos con contenidos por demás vacíos, como el reportado como el primero de la red, Numa Numa, el play back de una canción rumana, realizado por Gary Brolsma en 2004, así como accidentes de tránsito, fails o caídas estrepitosas de gente común, un bebé que muerde el dedo a su hermano, un panda estornudando y una lista interminable de dislates, de acuerdo al humor del momento de los internautas o bien de algún travieso webmaster.

En Nicaragua, la tierra de los Galaxy S 6 que emiten el mensaje: “Llamame que no tengo saldo”, de vez en cuando algún video local se vuelve “viral”, guardando siempre las dimensiones del caso.  Ejemplo de esto es el video de un sujeto que quería comprar marihuana y le vendieron estiércol seco de caballo y expresa su tremenda desilusión ante el robo del que fue víctima; “Me siento robado” exclama como corolario del desaguisado.  Otro video local que se volvió viral fue el de una docente que fue grabada cuando le daba un querque a un niño, “sobada” en comparación con los que recibíamos cuando éramos niños, pero que se compartió exponencialmente mientras la muchedumbre clamaba ante los miembros del Sanedrín: ¡Crucifíquenle!

Cuando ya creíamos haber visto todo, la semana pasada resultó que un noticiero local acudió a cubrir una historia que prometía ser de interés para la audiencia, pues podía cambiar el rumbo del país.  Se trataba de una riña entre dos borrachos en el barrio Monseñor Lezcano, en el occidente de Managua.   Para tratar de darle profundidad a la historia, el avezado reportero, con el Pulitzer en su mente, decidió captar las impresiones de algún testigo y encontró a una ciudadana, que siendo ya de noche, apareció envuelta en una toalla de baño (reflauta), ante lo cual, el reportero, con una agudeza digna de Oriana Fallaci, la entrevista y logra que ella admita que la pelea fue por ella.  Es más, el reportero le lanza el anzuelo de que ella es la manzana de la discordia y con cierto rubor ella lo admite, luego con un deje de inocencia aprendido de Jaime Bayly el reportero le pregunta cómo se siente, ante lo cual, ella con la expresión de felicidad de quien gana un certamen internacional exclama con un tono de voz como el de Norma Jean Mortenson, después del Happy Birthday Mr. President:  ¡Me siento dichosa!  Entonces, la magia funciona y en medio de la vacua nimiedad, el video se vuelve viral.  Habrase visto.  El video logra opacar todas las noticias a nivel mundial y mientras la pobre Dilma Rousseff se desgalilla exclamando: ¡Me siento traicionada! su voz es silenciada por la de nuestra conciudadana quien no cesa de exclamar a los cuatro vientos que se siente dichosa.

Pero el cuento no para ahí.  Bueno hubiera sido.  El caso es que los tremendos calores que sufre el país, no solo provocan una sed de camellos, sino que hay una sed de tener celebrities, entonces vemos que las redes sociales siguen con la dichosa ciudadana de la toalla.  Ahora en otro video aparece ya bañada, con un peinado y maquillaje provisto por un coiffeur que imita uno de esos programas de Home and Health TV y en donde trata de lanzar una cortina de humo sobre la historia del pleito de los dos borrachos de Monseñor Lezcano.  Ahora, ya convertida en celebrity reclama sus derechos de autor sobre la ahora famosa frase, que ya ha sido impresa en gorras, no importa que antes que ella, millones de mujeres la hayan dicho en algún momento de sus vidas.  Las redes sociales ahora ya no resaltan como la manzana de la discordia de un pleito de borrachos, sino como a una valiente mujer con espíritu guerrero, una madre soltera que tiene que sobrevivir en un mundo adverso, situación que igual viven decenas de miles de mujeres en este país.  De esta forma, todo programa de televisión local que se respeta, ha debido incluir un reportaje o entrevista con la dichosa chica de la toalla, quien ya cuenta con ofertas para la producción de comerciales de una que otra empresa local.

Es normal que la sociedad esté harta de las celebridades locales, puros sapos y culebras, pero hay tela de donde cortar.  Recientemente, nos llegó sin mucha alharaca una noticia de que alumnos de un par de colegios de Managua, con el apoyo de una madre de familia, desarrollaron una aplicación de software llamada Mission Moon, que concursa en un certamen de la NASA con buenos augurios.  También recibimos la noticia de que una pequeña empresaria fabricante de rosquillas de Somoto, Madriz, recibió el premio International Star for Leadership in Quality, ISLQ, en Francia.  A fines del año pasado, un joven nicaragüense fue galardonado como el mejor alumno de maestría y licenciaturas en economía de la Universidad de Göttingen en Alemania.  Hay atletas nicaragüenses que compiten a nivel internacional fuera del país.  Así pues, ¿qué tipo de personalidades debemos resaltar en los medios de comunicación y las redes sociales si deseamos que las nuevas generaciones tengan ejemplos que lleguen a inspirarlos?

Lo bueno con todo esto de lo viral, es que al igual que esos virus que pululan en el aire, tienen un período corto de incidencia y en poco tiempo llegan a desaparecer de la memoria colectiva.  Así pues, la dichosa, debe aprovechar lo que la fugaz fama le otorgará y prepararse para que en un corto tiempo, otro video viral la venga a borrar de las redes.  Al fin y al cabo, si ser el motivo de un pleito de borrachos la hace dichosa, todo lo que venga después, también; pues como dijo Baudelaire: Pour connaitre le bonheur, il fait avoir le courage de l´avaler (Para conocer la dicha hay que tener el valor de tragársela) (la dicha).

 

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El grito de guerra

Braveheart.  Imagen tomada del internet

 

Aquellos que pertenecemos a la generación que creció en la segunda mitad del siglo XX, tuvimos la oportunidad de vivir movimientos vertiginosos, no sólo en lo económico y social, sino también en lo tecnológico.  Resentimos esos tremendos cambios pues todavía guardábamos un buen rescoldo de la ingenuidad de nuestros antepasados.

Entre todos los procesos que observamos, destacó el papel de la publicidad como elemento esencial en el auge del comercio, así pues nos tocó ser testigos de la consolidación de este sector.  Los especialistas en publicidad, procedentes de las más variadas disciplinas; Mad Men, como se les conoció en Nueva York, estaban conscientes de esta condición y la aprovecharon para llevar su oficio a niveles insospechados.  Ellos comprendieron el valor del eslogan dentro de las estrategias publicitarias y comenzaron a ligar cada marca con su respectivo “grito de guerra”, que según los estudiosos es el significado del citado vocablo.  Así pues, la radiodifusión que en ese tiempo llevaba el liderazgo de los medios de comunicación, se empezó a llenar de comerciales que ostentaban un enunciado que competía por ser el más creativo, obviamente, cada quien con su propia idea de lo que era la creatividad.

Creo, sin temor a equivocarme, que uno de los más recordados eslóganes en el arranque de la segunda mitad del siglo XX fue el que desarrolló la Compañía Licorera de Nicaragua para su producto estrella:  “Flor de Caña, hoy lo toma y mañana cero goma”.  Con esta estrategia, un tanto goebbeliana, a fuerza de repetirse borraba de la mente del consumidor el temor a los tremendos estragos de la goma del día siguiente, que era consecuencia invariable del uso/abuso del consumo de dicho producto.  Esta empresa también manejó otro eslogan en forma paralela, que dejaba ver una falsa sumisión del hombre: “Cuando toma Flor de Caña, ni su mujer lo regaña”.  Nada de esto era cierto, pero rimaban, como en el chiste de tana-catana.

Por su parte, la cerveza en general se etiquetaba con la tramposa frase: “Bebida de moderación”, que hacía creer que debido al bajo porcentaje de alcohol respecto a los licores, podía ingerirse cantidades industriales de esa bebida sin efectos considerables, cuando la verdad es que con tres cerbatanas cualquiera se pone cachetón, ya que en total equivalen al doble de contenido alcohólico de un trago de whisky.

Muchos restaurantes y lugares de recreación agregaban a sus anuncios: “Ambiente familiar”, con lo cual querían decir que en ese local no ocurrían eventos escandalosos que pudieran herir la susceptibilidad de cualquier familia con niños que pudiera estar presente, sin importar que en el mismo se sirviera licor a discreción. Esta etiqueta todavía se puede observar en algunos locales.  En particular recuerdo que hace algunos años un restaurante campestre, que con enorme letras se anunciaba así, fue escena de un espeluznante crimen que es la fecha y todavía no se termina de resolver.

La industria farmacéutica no se quedaba atrás y los creadores de la aspirina nos hacían creer que: “Si es Bayer, es bueno”.  Otros vendían el mismo ácido acetil salicílico con el juego de palabras: “Mejor, mejora, Mejoral”. Por su parte las píldoras del Dr. Ross o píldoras rosadas aseguraban: “Chiquitas pero cumplidoras”; mientras que toda la línea de una farmacéutica se amparaba en: “Legítimo de Lanman & Kemp”; también se presentaba al talco Rayo como el “Imprescindible” o de una forma extremadamente bandida, la competencia de Vick planteaba: “Penetro, penetra”.

Las gaseosas por su parte peleaban ferozmente el mercado con sus respectivos eslóganes: “Pepsi la bebida de la cordialidad”,  “Coca cola, la pausa que refresca”, “Fanta me encanta” o bien “Para la sed, para el calor, Milca roja es lo mejor”.

El resto de sectores presentaron un variopinto de eslóganes, unos más graciosos que otros:

Teatro Margot,“el de las grandes simpatías”

“La Protectora, protege”

“Ponche a la casera, con La Financiera”

“Zapatos Rolter, lo rinden menos y le rinden más”.

“Ace lavando, yo descansando” o bien “Ace, hace de todo”.

Pine Sol “De pino a pino, hay un sol de diferencia”

“El chavalito es National y el chavalo, un radio National”

“Usted tiene alas, alas de Lanica”

Paya Soza, “pague en abonos suaves”

“A su dinero sáquele el jugo, comprando en Ferretería Lugo”

“En Richardson hay y no le cuesta más”

“Almacén Tina Lugo, en el corazón de Managua”

 

Para la segunda mitad de los sesenta y los setentas, las campañas publicitarias habían evolucionado sustancialmente, adaptándose al cada vez mayor terreno ganado por la televisión.  Un gran ejemplo fue Coca Cola con su nuevo eslogan “La chispa de la vida”, una traducción muy libre del original en inglés “The real thing” cuya campaña se basó en un video en donde supuestos representantes de todos los países cantaban “Quisiera al mundo darle hogar” promoviendo la paz mundial y la integración.  Pepsi ripostó tímidamente con “Únete a la gente Pepsi”.  La Compañía Licorera de Nicaragua dio también un giro en su publicidad cuando introdujo el Ron Flor de Caña Oro, con la inigualable campaña de “Una buena amistad vale oro” con el fondo musical de Wave de Jobin.

Cuando una nueva empresa cervecera se atrevió a competir con el monopolio de la Compañía Cervecera de Nicaragua, buscó un eslogan un tanto elegante: “Cerveza Águila, la cerveza que dio al nicaragüense el derecho de escoger”.

Otros eslóganes que vienen a la memoria fueron:

“Leche El Hogar, hace al niño engordar”.

Pastillas de leche de magnesia Philips “Sin vaso, sin agua, se hacen agua en la boca”

“Levi´s va contigo”

“Pozuelo es mucha galleta”

“Del cafetal a su mesa, café El Caracol conserva su pureza”

Esso, “Ponga un tigre en su tanque”

“Supress suprime la diarrea”

 

Durante los ochenta, la iniciativa privada cayó en un letargo tal que la publicidad tuvo que hibernar y fueron muy pocos eslóganes los que surgieron a nivel nacional, de tal suerte que el talento que no emigró se enfocó en la propaganda y en los eslóganes políticos, que son dignos de un tratado aparte.

Ya en el siglo XXI, la publicidad se ha remontado a la estratósfera, en un mundo de transnacionales y de campañas publicitarias multimillonarias, con un ingenio tal que harían palidecer al propio Don Draper.   Así pues observamos unos “gritos de guerra” que nos dejan anonadados como:

Nike “Just do it”

Adidas “Impossible is nothing”

Apple “Think different”

Nokia, “Connecting people”

Sony “Make believe”

LG “Life´s good”

Subway “Eat fresh”

Panasonic “Ideas for life”

Mc Donalds “I´m loving it”

Reebok “I´m what I am”

Johnny Walker “Keep walking”

Red Bull “te da alas”

“Hay cosas que el dinero no puede comprar, para todo lo demás existe Master Card”

Rexona “no te abandona”

Claro “que sí”

Movistar, “Compartida la vida es más”

Burguer King “El sabor es el rey”

 

A nivel nacional no se observan cambios significativos y encontramos de todo:

“Como mi Toña, ninguna”

“Vamos por más Victorias”

Bolsa de noticias, “decimos lo que no dicen los demás”

La Prensa, “el diario de los nicaragüenses”

El Nuevo Diario, “periodismo con valores”

Iglesia Universal del Reino de Dios “Pare de sufrir”

La Curacao, “para vivir mejor”

Canal 2, “el No. 1 es usted”

Vos TV, “el canal del orgullo nicaragüense”

Alahambra, “el cine como debe ser”

Mr. Lee “el sabor que te llega”

 

Hospital Salud Integral, “que se mueran los feos”

Los fabricantes de Flor de Caña han ido saltando de un slogan a otro: “Tómalo sin prisa”, “El Ron de Nicaragua”, “Nunca dejes de descubrir”, “Añejado en Nicaragua, aclamado en el mundo”,”El mundo descubre nuestro ron, nuestro ron descubre el mundo”.

Existen algunos eslóganes de carácter genérico que son un reto a nuestra inteligencia, como es el caso de aquel que le agregan al estreno de cualquier película: “sólo en cines” haciéndonos el gran favor para que no vayamos a hacer el ridículo pidiendo la película en una panadería o en una farmacia.

Algunas instituciones nacionales han estado a punto de apropiarse de algunos eslóganes de transnacionales, como “Just do it” (P.N.), “Life is good” (A.N.) e “Impossible is nothing” (C.S.E).

Si tuviera que selecciona el mejor eslogan nicaragüense, sin dudar escogería aquel que tomó una farmacia del occidente de la capital, un verdadero grito de guerra, aun sin rima: Farmacia Zeas, “abierta hasta el día del juicio final”.  Como todo eslogan, resultó demasiado optimista, por así decirlo, pues hace ya algunos años, la farmacia desapareció y en su lugar existe una venta de repuestos, la cual no tendría ningún sentido que abriera en tan funesta ocasión.

 

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