Archivo mensual: octubre 2007

Las delicias del nombre

Pila bautismal

Aparentemente las reglas del marketing moderno han dado al traste con la originalidad, tan propia del nicaragüense, para bautizar sus negocios.  Si usted recorre las páginas amarillas del directorio telefónico local, en donde según la empresa editora (como una táctica para apretarle el pescuezo al anunciante indeciso) si no aparece ahí no existe, encontrará un panorama completo de la inventiva del nica para darle categoría a su negocio y en donde observará un extraordinario énfasis en la identidad e imagen corporativa, marcas, logotipos, eslóganes, etc.    

Sin embargo, había una vez, allá en el siglo XX, cuando las empresas publicitarias estaban en pañales, en que la gente acudía a su ingenio y chispa para buscar un nombre para su negocio.  Dicen que para muestra un botón y las cantinas y/o antros de esa época son un claro ejemplo de la florida imaginación del nica.  

En mi muy personal opinión, si tuviera que elegirse al nombre más original de cantina o antro de esa época, sin dudar seleccionaría a Las Delicias del Volga.  No estoy en condiciones de incursionar en los detalles etílicos o gastronómicos, pues para ser sincero nunca entré a ese recinto.  Para esas particularidades tengo entendido que están en proceso de preparación cerca de 85 ensayos sobre las cantinas de la vieja Managua por afamados antropólogos nicas.  Me refiero exclusivamente al nombre.  

Muchas veces he tratado de imaginarme al soñador que bautizó con tan original nombre a esa cantina, tratando de visualizar desde la tropical Managua, las delicias que pudieran encontrarse a lo largo de la rivera del río Volga o en las frías noches de Kostroma, Kazan, Samara o Volgogrado.  Se habrá inspirado acaso escuchando a los Boteros del Volga interpretar Ochichornia o quizá en alguna novela de Gorki, Tolstoi o Dostoievski.  

Desaparecida hace muchos años, Las Delicias del Volga sigue siendo punto de referencia obligado para los Managua.  A un par de cuadras del Cementerio Central, toda la zona parece girar en torno a ese original nombre.  Si no lo cree, puede usted buscar en Google y encontrará infinidad de entradas, la mayoría con relación a direcciones de la Managua actual.  Es más, puede usted ubicase en el punto exacto donde estaba este local, mirar hacia el occidente y el portón del Cementerio le recordará: Letum non omnia finit –La muerte no lo termina todo-.  

Tal vez un segundo lugar lo ocuparía El Pez que Fuma. No estoy seguro de la originalidad de su nombre, pues se reporta actualmente un establecimiento con igual nombre en Veracruz, México y una película venezolana de fines de los 70 también lleva el mismo nombre.  Sin embargo, este nombre con ribetes filosóficos estaba en boca de todos los Managua de la época, hayan o no estado en ese lugar non santo; al punto de que cuando los estudiantes de los dos últimos años de bachillerato, en donde el francés era materia regular, presumían su dominio del lenguaje refiriéndose al local como: le poisson qui fume.  

Otros nombres que con singular originalidad bautizaron este tipo de locales en diferentes puntos del país fueron:  El Nilo Blanco, El Fokker, El que no cae resbala, La Conga Roja, El Cuarto Bate, Sangre y Arena, El Gato Abraham, Chico Tobal, Pedro Tuco, La Caja de Fósforos, Juan Culón, Le Petit Café, La Vida en Rosa, El Mamón, La Miel de los Gorriones, Noche Criolla, Mandrake, Quinto Patio, El Baby Doll, El Cedazo, El Tequila, El Capricho de la Gata, El Krique de Oro, La Gata del Mandarín, El Lucky Seven, El Sonny Boy, El Superhombre, Los Besos Brujos, Gotitas Dulces, Cachecho, El Negro Williams, La Gran Jugada, El Monito, El As Negro, Los Balcanes y el renombrado El Lago de los Cisnes, que fue rebautizado, dicen que acertadamente, como El Charco de los Patos.  

Esto nos demuestra que la chispa local está por encima de la actual mercadotécnica y que si hiciéramos a un lado estas rígidas normas, podríamos retomar el sabor que tenía entonces el bautizar un negocio.  Parece existir, sin embargo, límites para la utilización de nombres tan originales, pues no es cualquier giro comercial que puede darse el lujo de semejantes licencias.  Dentro de las actividades que no admiten estos destellos de originalidad, por ejemplo, son las funerarias, obviamente y por cierta razón las farmacias.    

En el primer caso no hay discusión, no obstante, pareciera que existe cierto tipo de superstición que obliga a la distribución de productos farmacéuticos a correlacionar sus nombres con aspectos religiosos, siempre y cuando la fe sea mayor que el ego del propietario, pues en caso contrario la adorna con su nombre o apellido.  Así vemos farmacias con los nombres de La Sangre de Cristo, Santa Fe, Santa Gema, El Rosario, El Relicario, El Buen Pastor, El Cristo, Hosana, El Socorro, Divino Niño, El Buen Samaritano, María Auxiliadora, La Santísima Trinidad, San Ignacio y así por el estilo. 

El hecho es que el nica asume una posición demasiado grave y seria a la hora de bautizar una farmacia, mientras los grandes consorcios farmacéuticos se ríen a mandíbula batiente de los pobres consumidores que tienen que pagar cerca del mil por ciento arriba del costo de producción, al igual que los propietarios de farmacia que se llevan cerca del 60% mínimo de ganancia, al pobre consumidor no le queda de otra que aguantarse.  

No podría ser acaso, que para estar a tono con esa actitud jocosa del giro farmacéutico, el nica se permitiera la licencia de la originalidad en los nombres de las farmacias.  No sentiría usted menos contundente el golpe del precio de sus fármacos si la farmacia se llamara El retortijón de la Reina Mab, El funcionario eréctil, Sólo se tose dos veces, El correcaminos flatulento, Asma cero, La lobotomía de la Caperucita, El bálsamo de Onán, El ardor de Penélope, La chirimía de Madame Curie, El buen Pasteur, Las ronchas de Almodóvar, Laxol con aroma de mujer, El condón de Montecristo, La chistata del Zorro, El trompetista purgado, La ninfómana arrepentida, La próstata melancólica, La seguidilla de Albeniz, El 007 positivo, El hipo pródigo, Don Juanete Tenorio, La amígdala de lo ajeno, Las trompas de Jericó, Las focas nasales, El uñero bolivariano, Las golondrinas de Bécquer, El oso bipolar, La lora afónica, La laberintitis del fauno, El seminarista de los piojos negros, La orquitis de Colón, La gota de Carlos Vives, El píloro de Shakira, La caspa de ozono, El callo giro, La almorrana René, El cólico anónimo, San Ex pedito, La depresión tropical, La vida es suero, El bato con gotas, La tía Mina, La compresa número 9, La epinefrina de Lázaro, Y nos dieron Lasix, Tampones lejanos, Gasas por el recuerdo, El polígono Rea, O mio cardio bambino, El botox secreto, La reuma flamenca, La media Voltaren, Moliendo Cafiaspirina, Se vaselina el caimán, Aunque usted no lo Creatina, El Cialis de plata, entre otros.  

Estoy seguro que los nicaragüenses se curarían más rápido.  

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Legítimo de Lanman & Kemp

Almanaque de Bristol

Cuando se acercaba diciembre, San Marcos, Carazo, despertaba de su letargo.  Como si un príncipe azul descendiera de su brioso corcel para besar a la bella durmiente, el olor de los cafetales de repente traía la vida al pueblo.  El aire frío que se colaba desde las quebradas era el preludio de un dinamismo inusitado.  La botica de mi abuelo entraba en ebullición, tanto por los pedidos que comenzaban a entrar para hacer frente al incremento de la demanda que se avecinaba, como por los arreglos para cubrir la atención de la época.   

El corte de café provocaba un movimiento singular y debido a que en esos tiempos -los años cincuenta- San Marcos era el eje comercial de la región que abarcaba ese municipio más el de La Concepción, el pueblo experimentaba un auge comercial sin igual.  A partir del momento de los primeros pagos a los cortadores comenzaba el peregrinar de familias enteras que buscaban como gastar su salario en víveres, ropa, medicinas y demás enseres.  

De todos los pedidos que llegaban a la botica: vaselina simple para fabricar brillantina, especias, aceites esenciales, extractos, espíritus, sales, tinturas, elíxires, tónicos, píldoras diminutas, fragancias y todo lo que uno se puede imaginar, nada levantaba tanta expectativa como la llegada de un paquete grande, envuelto en papel kraft y debidamente embalado.  Desde que los Transportes Reyes se estacionaban frente a la Botica La Capitalina y el encargado del camión bajaba a hacer formal entrega del paquete, comenzaba la expectación en todo el pueblo.  Era el equivalente al lanzamiento del i Phone o del último libro de Harry Potter.   Mi abuelo, como si practicara un rito milenario, con toda la paciencia del mundo, comenzaba la apertura del paquete y cuando completaba la tarea, tomaba un ejemplar de un cuadernillo color naranja encendido y como una muestra de consideración y deferencia, se lo llevaba a mi abuela.  Ella con gran emoción comenzaba a hojearlo y a disfrutar, no tanto el contenido, sino el hecho de ser la primera persona en el pueblo en tener el Pintoresco Almanaque de Bristol.  

Esa guía indispensable en cada hogar era editada por la famosa empresa norteamericana Lanman & Kemp, quien había comprado los derechos a los sucesores del no menos renombrado Dr. Bristol.  El consorcio aprovechaba el almanaque para promocionar sus productos entre los que se encontraban el Agua de Florida, el Jabón de Reuters, el Tricófero de Barry y el Aceite de Hígado de Bacalao, todos distribuidos por mi abuelo, quien mediante algún arreglo con los representantes de la empresa, lograba la impresión de sus datos en la contraportada del almanaque: Botica La Capitalina de Emilio Ortega M.  San Marcos, Carazo. Fundada en 1919. 

Después de la entrega del primer ejemplar, se iniciaba la distribución, a manera de regalo de navidad, de parte de la Botica a todos sus clientes, iniciando el proceso con los VIP, es decir compadres, vecinos y clientes distinguidos.  Luego a medida que llegaba el resto de clientes, se entregaban a solicitud, con el cuidado de no entregar más de uno por familia. 

El almanaque era la referencia obligada para consultar además de un calendario completo, las fases de la luna con el detalle de los eclipses a ocurrir, las fiestas movibles, el comienzo y fin de cada estación, la posición de los astros en el primer domingo de cada mes, predicción mensual de las mareas y del clima probable, un santoral completo para cada día del año, las fechas de cada signo del zodiaco, un horóscopo condensado, los mejores días para la pesca, datos curiosos que ni Riplay creería, lecturas variadas y un chiste blanco en ocho actos.  De esta manera, la gente podía, a la vez que recorría cada día del calendario, ilustrarse con los datos más completos de meteorología, astronomía, astrología y cultura en general. 

El almanaque contaba con una pequeña perforación en la parte superior izquierda, de manera que los usuarios pudieran amarrarle un cordelito y colgarlo en un lugar conveniente.  Cuando uno visitaba cualquier hogar era común encontrar detrás de la puerta principal, la mayor parte del tiempo abierta, una cruz hecha de palmas benditas del domingo de Ramos y el Almanaque de Bristol colgado a la par. 

Era admirable el significado que tenía este pequeño compendio enciclopédico para todo un pueblo, que lo esperaba como agua de mayo y lo utilizaba a diario, siendo en muchos casos la única lectura a su alcance.  Mi abuelo por su parte, se enorgullecía de poner en tantas manos una considerable dosis de cultura y a la vez, ver incrementadas sus ventas de los productos Lanman & Kemp, que llegaron a ser el non plus ultra y que mucho tiempo después era sinónimo de calidad.  La expresión: Legítimo de Lanman & Kemp llegó a ser utilizada popularmente para afirmar que algo era completamente cierto. 

De los productos que fabricaba esa empresa, el más famoso y demandado era el Agua de Florida, que además de ser utilizada como fragancia, era el remedio infaltable para socorrer a las personas desmayadas o “atacadas”, principalmente en los funerales.  Los recintos en donde se velaba un difunto emanaban el inconfundible aroma, mezcla de barniz de ataúd, llanto y Agua de Florida.  En menor proporción se demandaba el Tricófero de Barry, que tenía en la cubierta del envase un dibujo de una mujer con un cabello exuberante que le cubría casi todo su desnudo cuerpo.  Las mujeres que soñaban con tener un cabello hermoso lo usaban regularmente y secretamente uno que otro varón con incipiente alopecia, con la esperanza de mantener su escasa cabellera. 

Muchas de las personas de cuarenta y cinco años y más de esa región deben su nombre al amplio catálogo que ofrecía el santoral del Almanaque. 

En el presente 2007 el Almanaque de Bristol cumple 175 años de publicación continua, en un mundo en donde podemos ver por televisión la trayectoria de un huracán en tiempo real, en donde el INETER puede predecir (con cierta dosis de suerte) la duración de un inesperado temporal, donde la computadora nos ofrece de manera automática la fecha, así como en un sitio de internet encontramos un calendario perpetuo, mientras otro sitio nos ofrece el santoral del día, con la validación de parte de la Santa Sede.  Tiempos en los que los menores de cuarenta y cinco años deben su nombre a los personajes de la telenovela de moda o de la modelo que ocupa las principales pasarelas del mundo y donde las familias dolientes asisten al funeral con una Tafil de un gramo entre pecho y espalda; las mujeres utilizan tratamientos de Pantene o Sebastián para mantener una frondosa cabellera, los varones se hacen implantes de cabello y los niños toman vitaminas y minerales. 

Aún así, desafiando al Johnnie Walker, para la próxima época de Navidad, el lector podrá encontrar en un semáforo de Managua o en alguna pulpería en los departamentos, la edición de 2008 del Pintoresco Almanaque de Bristol.  A pesar de todo, compraré un ejemplar, tan sólo para recordar aquellos diciembres, especialmente la expresión de mi abuela y la fina estampa de mi abuelo.    

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Los crustáceos pinoleros

Cangrejo

Hace algún tiempo me llegó en esas cadenas de internet, la fábula de los cangrejos nicas.  Según la misma, un comerciante de Florida que importaba cangrejos de Centroamérica estaba mostrando su mercadería a un cliente y lo llevó donde habían cinco barriles con cangrejos.  Todos los barriles tenían tapa a excepción de uno.  El cliente le preguntó por qué no tenía tapa y el importador le explicó que ese era el barril de los cangrejos nicas y no tenía tapa pues no había posibilidad que esos animales se salieran; pues cuando uno de ellos comenzaba a ascender para alcanzar la parte superior, los otros cangrejos se encargaban de bajarlo. 

Me parece que esta fábula es una forma muy cruel de mostrar, de manera un tanto exagerada, el carácter del nicaragüense.  Es muy común observar esa espinita de envidia que siente el compatriota cuando mira que algún coterráneo está alcanzando el éxito.  Tal vez no se demuestre tan abiertamente, ni se genere una acción destinada a coartarle el camino del éxito, pero en algún momento exteriorizará su descontento o malestar a través de algún comentario mordaz, un agrio pensamiento o en el mejor de los casos fingirá demencia ante el logro.  No importa la dimensión del éxito, pues puede tratarse de insignificantes logros, siempre provocará ese tinte verde de la envidia, tan contagioso como la tiña. 

Si un nica de la noche a la mañana empieza a triunfar en los negocios y a demostrar su bonanza económica; por ejemplo mudándose de la Colonia Centroamérica a la Estancia de San Cutufato; es muy raro el compatriota que pensará que se trata de un gran emprendedor, un Donald Trump criollo; lo más probable es que murmure: -Mmmmm, está lavando dinero, o en el más leve de los casos:  Eej, quién sabe a quién le dio con el bate de aluminio. 

Si un funcionario público, se sacrifica en sus gastos para ahorrar algún dinero y compra un automóvil o una casa, inmediatamente se escucha: Uhhhhhh éste ya metió las grapas.  Si se le ocurre contratar al primo que es una eminencia, nadie va a aquilatar su talento, sino que empezarán con lo del nepotismo. 

Si una ejecutiva, de pronto comienza a escalar posiciones en la empresa, muy pocos serán los que piensen que se debe a su impresionante currículum o a su dedicación y desempeño en su trabajo, sino que sacan un signo de interrogación del tamaño de la concha acústica del Malecón de Managua y lo más probable es que digan: -bueno, ella sabrá cómo le hace. 

El nica es desconfiado e incrédulo, de tal manera que si el Gerente de la Lotería compra un billete y se saca el premio mayor, en ningún momento pensará en la suerte de este señor y lo más probable es que piense que ahí hay gato encerrado. 

Un claro ejemplo de lo anterior es la reciente noticia de que un grupo de personas estaban promoviendo la candidatura del poeta Ernesto Cardenal al Premio Nobel de Literatura.  Inmediatamente salieron los comentarios de compatriotas que descalificaron dicha candidatura, con unos aires de autoridad en la materia a nivel de Miguel de Unamuno o José Ortega y Gasset. 

Por otra parte y de manera tan contradictoria, observamos que el nicaragüense es solidario hasta la pared de enfrente con sus semejantes.  Ante cualquier desgracia no importa su magnitud, el nica siempre está presto a ayudar a su prójimo y si es necesario hasta llegar al sacrificio.   Cuando una persona sufre un accidente, siempre surge el buen samaritano que le pide una ambulancia, le avisa a los parientes y le presta ayuda si está en sus manos.  Si se trata de incendios, terremotos o inundaciones, el nica siempre estará atento para ayudar.  Si un amigo, pariente o conocido está de visita en la ciudad, presto le ofrece su casa para albergarlo, dándole la dirección exacta y si es preciso lo va a traer al aeropuerto, no le envía su dirección electrónica como otros. 

Esta contradicción nos hace pensar en que pareciera que el nica sólo concibe a su prójimo en la desgracia o por lo menos, en una situación inferior a la de él.  Si en algún momento lo supera y comienza a subir, surge ese pequeño malestar que no lo dejará tranquilo hasta que el destino lo vuelva a bajar al nivel que éste considera debe estar. 

En lo particular, no creo que seamos un caso perdido; hay esperanzas.  La clave está en la educación.  Debemos insistir en que desde la educación inicial, se enseñe a los infantes a reconocer y aplaudir los logros de sus condiscípulos, a que se vuelvan inmunes a ese prurito que produce el éxito ajeno.  Ayudaría también a que sepan ponerse en los zapatos de los demás, así serían solidarios con el adinerado que no duerme pensando en que lo pueden secuestrar, con el funcionario público que vive tragando ansiolíticos para sobrevivir el temor a la CGR, a la ejecutiva que le arde el cerebro por tanta planificación estratégica. 

Creo que en estos momentos sería un excelente ejercicio para todos, que nos pusiéramos de pie y le dedicáramos un caluroso aplauso al Doctor Jaime Incer Barquero por la merecida distinción que le hiciera la Asamblea Nacional, además del Premio de la National Geographic Society entre tantas distinciones más; pues su dedicación y sus logros están muy por encima de nuestra mezquina espinita.

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Al pan, pan y al vino, vino

Al pan, pan y al vino, vino

 

 

Hay un adagio español, muy sabio por cierto, que dice: Al pan, pan y al vino, vino, que nos enseña que a las cosas hay que llamarlas por su nombre.  En Nicaragua, como en muchas partes, existe la tendencia a denominar las cosas de tal manera que no sean fuertes, ofensivas o malsonantes y por esa razón se recurre exageradamente a los eufemismos.  Esta forma de capear el bulto, como se dice popularmente, ha sido tradicional en el habla nicaragüense, con la particularidad de que en algunos casos su uso es discriminatorio y se aplica de acuerdo a las circunstancias, de tal manera que el nica pasa fácilmente del eufemismo al disfemismo, pues al fin y al cabo Darío nos legó la gracia de la metáfora. 

En el siglo pasado, cuando alguien tenía encima unas libras de más; si se trataba de cualquier hijo de vecino era un gordo a secas y si el sobrepeso era considerable era gordiflón o bien, chancho de hule.  Sin embargo, si se trataba de un pariente o amigo, se le decía elegantemente que estaba hermoso y si el sobrepeso llegaba a niveles de luchador sumo, era hermosote. Si se necesitaba disimular el asunto entonces era gordito.  En los tiempos actuales se sigue manejando gordo, gordiflón y gordito, sin embargo, es más frecuente utilizar obeso o simplemente una persona con sobrepeso.  Pero en los casos en que exista cierta afinidad se recurre al eufemismo y entonces la persona tiene un problema endocrino, una alta propensión a acumular grasa, se trata de un luchador incansable contra la báscula, un vencedor de la anorexia o persona de grandes dimensiones. 

En un tiempo las personas que alcanzaban los 50 años pasaban a ser viejos o de una manera más elegante, ancianos.  Con el aumento de la esperanza de vida, el límite se elevó a los 60 años (aquí se hace una jaculatoria) y ahora es políticamente correcto decir personas de la tercera edad o adultos mayores.  Sin embargo si se trata de un ciudadano común y silvestre puede hacerse acreedor del apelativo de roco, rocailo, viejuco, vetarro o veterano. 

Cuando una mujer se veía obligada a comercializar su cuerpo era humillada con los más execrables apelativos: puta, zorra, playo, perra, meretriz, mujer mala, etc.  Con un poco de consideración se llegaba al término prostituta o con cierta dosis de caridad, mujer de la vida alegre o fácil, aunque de alegre o fácil no tiene nada.  Algún refinado se refería a ellas como practicantes de la profesión más antigua del mundo.  Con la aparición de las ONG y el vocabulario políticamente correcto se transformaron en sexoservidoras, aunque si se trata de una pariente o amiga, se recurre al eufemismo de trabajadora social, técnica en masajes eróticos o diplomada en escort services. 

La muerte es inevitable y democrática pues a todos nos alcanzará por igual, sin embargo cuando alguien llega a ese punto, lo más lógico es decir: se murió.  En Nicaragua, si se trata de un pobre diablo se dice guindó los tenis, pateó el balde, se petateó, estiró la pata, se fue al otro barrio, etc.  Sin embargo, si se trata de un acaudalado se dice falleció, pasó a mejor vida, entregó su alma al creador, en paz descansa, mora en la casa del Señor, se encuentra en su eterna morada, duerme el sueño de los Justos, de Dios goza, o bien, se nos adelantó.  El pobre por su parte tiene entierro, mientras que el ejecutivo tiene funeral, el obispo exequias y el político honras fúnebres, el primero va al cementerio y los demás al camposanto. 

Cuando una persona tenía alterada sus facultades mentales se le denominaba genéricamente loco.  De acuerdo a las circunstancias o particularidades existían diversas variantes como orate, lorenzo, chiflado, craque, patineta, tocadiscos, tarailas, descachimbado mental. Pero si era del círculo de parientes o amistades se decía padece de los nervios. De acuerdo a lo políticamente correcto, estas personas son enfermos mentales, pero si se quiere complicar la cosa puede llamarse bipolar, maniaco depresivo, paranoico o cualquiera de las variantes, sin embargo se puede suavizar el término recurriendo al término persona con inestabilidad emocional o propensa a la depresión. 

En los casos en que una mujer albergaba un óvulo fecundado en su vientre, se dice de manera natural que está embarazada o sonando un poco menos delicado, que está preñada.  Ahora bien, si la muchacha no es de un círculo social cercano a la interlocutora pues está panzona, pipona o barrigona y si tiene la desgracia de no contar con un vínculo sagrado o por lo menos un papelito firmado, o al menos una carta de intención, se convierte en un sujeto pasivo: la panzonearon, la piponearon o le pusieron una barriga.  Si la muchacha es la hija de doña Maruca de Fulandriaquez-Menganiquez, entonces se encuentra en estado de buena esperanza, esperando a la cigüeña, preparando un viaje a París, o menos delicadamente en estado de gravidez.  Meses después se escucha que la primera ha parido un zipote y Letizia Fulandriaquez-Menganiquez ha dado a luz a un robusto y lindo bebé 

Si una familia tiene muchos hijos se utilizaba el eufemismo: tiene prole numerosa, pero dependiendo de su condición pueden tener una marimba, una conejera o bien ser unos calenturientos irreflexivos e irresponsables.  Pero si se trata de los Fulandriaquez, se dice que el Señor los ha bendecido con una familia extensa o que es una familia cristiana que acepta con devoción los hijos que el Señor le quiere mandar. 

Cuando a una persona le gustaba ingerir licor en demasía, lo generalmente aceptable era denominarlo borracho.  Dependiendo de la afinidad podría pasar por picado, picadito, borrachín, bazuquero, bolo, guarusa, tarro, etc.  Actualmente es políticamente correcto hablar de alcohólico, sin embargo, algunas personas que tratan de justificar al compadre, lo disfrazan como amigo del dios Baco o de Dionisio, dipsómano, afecto al buen beber, propenso a la intoxicación etílica o persona con problemas con su estilo de beber. 

Las personas que abusan de la comida, especialmente cuando son invitados se conocen como hartones, marabuntas, arturitos, buenos al diente.  Aunque ahora lo políticamente correcto es nombrarlos como comedores compulsivos, siempre se busca la manera de dorar la píldora y son aficionados a la buena mesa, hedonistas o sibaritas. 

Ciertos oficios también han experimentado cambios relevantes en su denominación.  Los despachadores de gasolina que en un tiempo se llamaban bomberos, ahora se llaman Técnicos de Pista.  Los vigilantes nocturnos que conocíamos como celadores ahora se denominan Cuerpos de Seguridad Personal (CPF) y que cuando los capitalinos convirtieron cariñosamente en Zepol, comenzaron a promoverse como técnicos en seguridad residencial e industrial.  Los pericos que auxiliaban a los conductores de autobuses ahora reclaman el nombre de asistentes de transporte colectivo.  Los buñuelos que realizaban el cambio de aceite a los automóviles ahora se han convertido en técnicos en mantenimiento menor de automotores.  Los recolectores de basura que antes conocíamos como los basquetbolistas del Distrito, ahora son Técnicos en Recolección de Desechos Sólidos no Industriales y los barrenderos son ahora peritos en preservación ecológica.  Las domésticas que respondían al apelativo de sirvientas, mucamas, fámulas, de adentro, chinas, ahora son, deben ser llamadas, de acuerdo a la OIT, asistentes del hogar o al menos, asistentes domiciliares, ecónomas, puericultoras, nanas o institutrices.  Los socorristas de la Cruz Roja ahora son paramédicos.  En las oficinas ya no hay secretarias y en su lugar encontramos asistentes y los indispensables cachimber boy ahora son gestores u oficiales de trámites.  Hasta las personas que vivían de la caridad pública que llevaban el nombre de limosneros, ahora son especialistas en fund rising a pequeña escala.  No encontramos meseras sino hostess o anfitrionas. 

En fin, podría consumir los megabytes de capacidad para el Blog enumerando toda la terminología que el ciudadano debe de dominar para no caer en lo políticamente incorrecto y llegar a lesionar la dignidad de nuestros sensibles semejantes.

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El nica y el violonchelo

Pablo Casals

Para entender al nicaragüense no basta conocer su lenguaje florido, expresiones, refranes, dichos, sino que es necesario compenetrarse en las diferentes formas de comunicación.  Una de ellas es la expresión vocal no verbal.  

Quizá para abreviar conversaciones; para no comprometer la palabra, o por aquel dicho de que en boca cerrada no entran moscas, el nica ha desarrollado un verdadero lenguaje a través de diversos sonidos que nos recuerdan al violonchelo. 

Cuando a una persona le comentan algo sobre lo cual no desea emitir opinión alguna, simplemente emite un: Mmmmmmmmm, ni muy bajo ni muy alto en la escala musical, tampoco corto, más bien queriéndose hacer largo.  Esto, para un conocedor significa: Estoy enterado, pero no voy a decir nada al respecto. 

Si le hacen una propuesta, invitación o sugerencia sobre algo que definitivamente no le parece, emite un: Mmm.  Un poco bajo, corto y con mucho énfasis y quiere decir simplemente: No! O bien –Fresco estás vos!  Si el “no” es rotundo o si se debe acompañar con un “no jodás” (por ejemplo, después de una proposición indecorosa) la expresión sube a Mmmm, un poco más alto, menos corto y con el énfasis que le ponía Pérez Prado a los pick up de sus mambos. 

Para denotar impaciencia el Mmmmmmmm es largo y alto en la escala y si la otra persona le colmó la paciencia, el Mmmmmmmmm todavía aguanta un tono más alto. 

Si se quiere afirmar o negar algo sin acudir al simple sí o no, se puede utilizar un Mm Mmm, el primero bajo y el segundo alto para la afirmación y Mm Mm el primero alto y el segundo ligeramente bajo y muy corto para la negación. 

Para denotar sorpresa se recurre al Mmmmmmmmm, alto, ascendente y aspirado y que comúnmente se conoce como tragarse la campanilla.  Cuando la sorpresa es agradable y que conduce a una situación placentera, el Mmmmmmmm es igualmente ascendente y aspirado pero desde un tono bajo. 

Para demostrar placer el Mmmmmm se debe utilizar la técnica del vibrato y dársele la dimensión correcta, ni muy corta ni muy larga y en tonos altos.  Cuando se trata de un placer menos intenso, algo así como después de probar un platillo agradable, el Mmmmmmm no utiliza vibrato y se maneja en tonos bajos. 

Si es el caso de demostrar poca voluntad para hacer algo encomendado, el Mmmm se acorta y se baja a los niveles de Alberto Vázquez. 

Para dar a entender incredulidad ante alguna afirmación, el Mmm se asemeja al de No jodás, pero un poco más bajo y sin tanto énfasis. 

Cuando se necesita dar referencia del tiempo transcurrido desde algún evento determinado, el Mmmmmmmmm se emite en un tono alto y se mantiene dependiendo del tiempo transcurrido. 

A nivel de advertencia, como cuando se quiere decir, te vi, te sorprendí, se usa el Mmm corto bajo e inmediatamente se sube a un Mmmmmm sostenido en un tono alto y enfatizado. 

Para mostrar desagrado se usa un Mmm corto, un tanto bajo y acompañado de una arrugada de nariz. 

Si se desea descalificar a alguien, ya sea porque no se le cree o porque se le tacha de loco, se recurre a un Mm, alto, muy corto y girando la cabeza dirigiéndola a la persona a quien se hace referencia, así como señalándolo. 

Para manifestar burla se recurre a la técnica del pizzicato, produciendo tres Mm Mm Mm en una sola nota, generalmente alta. 

En fin, esta forma de comunicación es todo un arte, en donde un experto podría estar a la altura de Yo-Yo Ma y claro, si su interlocutor tiene el conocimiento y la sensibilidad para captar todos sus matices.   

 Yo-Yo Ma

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El nicaragüense y el diminutivo

 

 

Una de las tendencias más fuertes del nicaragüense es la de utilizar de manera exagerada el diminutivo.  No puede haber una plática entre nicaragüenses sin que aflore de manera abundante y natural el uso del diminutivo.  Las razones de este hecho son diversas y muchas se pierden en el tiempo.  Por una parte, nuestras raíces indígenas están íntimamente ligadas al náhuatl, que es un idioma rico en diminutivos.  Andalucía por su parte, de donde vino nuestra mayor influencia española, también tiene un especial afecto por los diminutivos. 

A continuación les presentaré algunos apuntes sobre el uso del diminutivo en Nicaragua, más allá de la utilización para denotar tamaño o un simple afecto; sin ningún ánimo de incursionar el difícil terreno de la ingeniería lingüística. 

Si en Nicaragua se pretende realizar el retrato hablado de una persona; esta manera de expresarse causará indudablemente un tremendo dolor de cabeza al interlocutor, a menos que éste comprenda a fondo, la connotación exacta de cada una de estas derivacionesAnte la pregunta: ¿Señora, cómo era el sujeto que acompañaba a la ahora occisa? no es remoto escuchar: -Era un muchacho bajito, pelito negro, de bigotito, de anteojitos; era de ciertos recursos pues andaba su relojito y su anillito. Un profano preguntaría, -¿bajito como de cinco pies?- No, más bien como de cinco pies sies pulgadas-  Ah, bueno, bajo a secas entonces-  Pues, sí-  El pelo escaso, ¿Verdad?,  No, pues regular.  –Ah- El bigote entonces ¿sería como el de Hitler o el de Cantinflas? Pues, más bien algo así como el de Maduro, el del pajarito-  Recórcholis Señora- Los anteojos ¿serían como los del jefe de Lorenzo Parachoques?, -No, más bien como los que usa el Cardenal.  –Comprendo-  ¿El reloj sería como reloj de mujer? No, sería como reloj de cronista deportivo; de esos que necesitan radiador-  Ah, vaya, mejor ni hablemos del anillo pues podríamos meternos en Honduras. 

En ciertos casos, el diminutivo se utiliza para demostrar respeto.  Por ejemplo para el nicaragüense se escucha muy fuerte decir: una monja, por lo que regularmente utiliza monjita.  No importa que la susodicha esté arañando las doscientas cuarenta libras, seguirá siendo monjita.   

En ciertas profesiones, el diminutivo podría denotar el carácter bisoño del titular, por ejemplo es común escuchar el doctorcito, cuando se trata de un médico recién egresado o la maestrita, cuando es tan joven que todavía no se hace acreedora del titulo entero.  En algunos casos, de acuerdo al contexto e incluso a la entonación, el diminutivo se utiliza en forma despectiva para indicar la falta de respeto que genera la figura de algún profesional, en este caso el doctorcito sería el doctor que a pesar de su experiencia no logra dar en el clavo respecto a una enfermedad. 

El término más utilizado para denominar a los miembros de la respetable comunidad gay es “cochón”.  Dicen algunos estudiosos que el término nació cuando un francés radicado en Granada, al sorprender a una pareja practicando su preferencia sexual, exclamó, no se sabe si por repulsión o por celos: ¡Cochon!, (en francés: cochino, marrano) y desde entonces ese es el vocablo más utilizado al respecto.  Sin embargo, cuando el sujeto en cuestión es bien parecido, amable, servicial o bien que trabaja para una amiga o es pariente de algún conocido, el diminutivo viene a marcar una diferencia pues se convierte en el “cochoncito”.  Esto viene a promover un tanto su aceptación natural en una comunidad homófoba, afortunadamente en vías de extinción. 

En Nicaragua, como en todo el mundo, hijo de puta es el mayor insulto posible, sin embargo, muchas veces, hijueputa puede denotar el carácter malandrín de una persona, cuando es en grado extremo llega a ser un “hijueputa bien hecho”.  Pero cuando el sujeto es hijo de alguna pariente o amiga,  para no llegar a poner en tela de duda la honorabilidad de la madre, el diminutivo viene a auxiliar la situación, transformándolo en “hijueputilla”, en donde el sujeto sin dejar de ser un desgraciado, aísla de su condición la honra de su madre.  Pendejito por su parte lleva más bien una dosis de ironía. 

Cuando un hombre tiene una relación íntima de carácter no formal con una fémina, se dice que tiene una mujer, una amante.  Sin embargo, cuando esta relación no constituye ningún peligro para la esposa del referido casanova, para denotar cierta permisividad se recurre al diminutivo y entonces resulta que el fulano tiene una mujercita.  No se trata de una chaparrita, ni mucho menos, sino de una relación un tanto tolerada por la esposa y especialmente por su círculo social.   

El diminutivo también denota conmiseración.  A pesar de que las ONG se han empeñado en reformar las denominaciones para ciertas capacidades diferentes, es muy común escuchar: el cieguito, el mudito, el renquito, el mancunchito, el ñajito.  Lo anterior también abarca a aquellas personas que comúnmente son explotadas o que dado su carácter voluntarioso todo un colectivo lo utiliza para sus mandados.  Así vemos que en toda oficina hay un Miguelito, Chemita, Pedrito, que siempre está presto a complacer los caprichos del resto de los empleados. 

También para disimular alguna cantidad que no se quiere dar a conocer a fin de no provocar envidia, se recurre al diminutivo.  -Es que he ahorrado algunos bollitos-, me gané unos centavitos- o simplemente -me van a dar un dinerito-.  De esta forma se cierra el paso a futuras averiguaciones cuantitativas y/o un posible sablazo. 

Las fórmulas de solicitud o cortesía también obligan al diminutivo.  El invidente que se acerca a la señora le dice: -una limosnita por el amor de Dios.  -Vine a ver si me hacía un favorcito-, ¿me regala un vasito de agua? ¿No quiere un bocadito? O bien -Con permisito. 

Con el gerundio también es socorrido el diminutivo, pues es muy común escuchar:  -Jugandito, jugandito te me robaste el radio-, como para matizar la acusación o bien, -Dejá de estar jodiendito-, para suavizar el verbo. La derivación también es muy útil para fortalecer la expresión, por ejemplo –rapidito- ahorita- ahí nomasito- hace poquito- al ratito. 

La derivación también se utiliza para minimizar el impacto de situaciones íntimas o embarazosas: -voy a echar una meadita- andaban echando un polvito- al pobre del susto se le salió un pedito-, el short del viejito era tan corto que se le miraban los güevitos-. 

Me despido con un hasta pronto, pues el diminutivo en las despedidas es una manifestación propia del sexo femenino.  Si en Nicaragua un varón se despide con un: adiosito o chausito, es muy probable que algún bellaco le grite: Ay, amor!!!

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La farmacia del juicio final

Cuando era niño siempre me vi atormentado por pesadillas en donde demonios, monstruos y sombras macabras hacían insufribles mis noches.  Cuando en el catecismo me correspondió estudiar los novísimos o postrimerías del hombre, despertaba frecuentemente con la idea de que en cualquier momento la trompeta del arcángel anunciaría el momento del Juicio Final.Tiempo después, cuando crecí y pude comprender los conceptos de parábola, mito, fábula, leyenda y alegoría, mi sueño se volvió plácido.

Sin embargo, a inicios de los años noventa, transitaba yo por la Avenida del Ejército en Managua, esa que va de la estatua de Montoyahasta El Arbolito, cuando de repente me sorprendió un rótulo de pared en una farmacia que decía en su parte inferior: “Abierto inclusive el día del juicio final”

Farmacia Zacs

 

Esta clara demostración del carácter exagerado y fanfarrón del nicaragüense volvió a despertar en mí cierta inquietud por esa postrimería.  A partir de entonces mi sueño se inquietaba al despertar pensando en ese fatídico día.  Me imaginaba que de repente, la noche se vería inundada por el sonido aterrador de la trompeta del ángel anunciando el inexorable juicio.Mi inquietud se centraba en el momento que transcurriría entre el sonido de la trompeta y el despertar de los fieles difuntos y si en ese lapso podría darse la circulación de los vehículos, de tal suerte que me diera tiempo de ir a la Avenida del Ejército y corroborar si la famosa farmacia seguía abierta y si habría alguna ceremonia en donde después de haber cumplido su promesa, al fin podrían cerrar el negocio.

Luego mis divagaciones fueron más lejos, pues trataba de imaginarme si sería un evento internacional, ¿por dónde empezaría el juicio?  ¿Sonaría la trompeta al mismo tiempo en todo el orbe? ¿Iniciaría el juicio en Israel, por ser este el pueblo escogido por el Señor? ¿Cuánto duraría todo el proceso?

En fin, mis noches se intranquilizaron en torno al Juicio Final y especialmente en la farmacia que estaría abierta hasta el último momento y si podría adquirir una o dos Tafil de un gramo para resistir el suspenso del proceso.

Recientemente, circulaba yo de Monseñor Lezcano hacia la Carretera Norte y pasé por la Avenida del Ejército.  Cual no sería mi sorpresa cuando en el lugar de la farmacia había un almacén de repuestos para automotores.  Al comienzo me invadió una tremenda tristeza, pues la farmacia era parte de mis planes para el último día, sin embargo, poco a poco fui resignándome y pensé que tal vez ni siquiera llegaría a vivir hasta ese día y que después de resucitar, seguramente andaría como Lázaro y estaría más difícil indagar sobre la farmacia.

Así que después de ese día, la tranquilidad y sosiego volvieron a mis noches y salvo uno que otro mariachi del Munich que lleva serenata a una vecina, muy difícilmente pierdo el sueño.

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