La causa de tanta alegría

Otra vez llega diciembre, pero esta vez, sin los aires frescos que hacían inconfundibles sus mañanas.  El calentamiento global se encarga de hacernos añorar el ambiente de aquellos diciembres de antaño, sin embargo, no logra evitar que florezcan las virtudes y vicios que determinan la identidad del nicaragüense.

Nos llena de optimismo que a pesar de todo, empieza a campear la generosidad por todos los rincones del país.  Esa noble cualidad de muchos conciudadanos que anteponen el decoro a los mezquinos intereses y que aprovechando el espíritu de la época, llenan sus corazones con el placer de dar y compartir con sus semejantes.  No importa que los precios se eleven a la estratósfera y las humildes frutas que se repartirán en La Gritería pareciera que fueran cortadas del Jardín de las Hespérides, aquellos que se llenan el pecho de orgullo manteniendo esta antigua tradición nacional, hacen verdaderos malabares para llenar las gorras que tendrán listas para el siete de diciembre por la tarde.  Es posible que la crisis actual, sorteada solamente gracias al espíritu de surfista del pueblo nicaragüense que mantiene al país cabalgando en la cresta de la ola, afecte la antigua celebración y la cantidad de pólvora (léase dinero quemado), así como la magnitud de las gorras y el tiempo de operación de los altares sea un tanto menor al año pasado, augurando un año venidero más difícil.

Sería imposible separar las dosis de devoción y de generosidad que hay en estas personas, que en algunas ocasiones pasan ahorrando durante todo un año para mantener su tradición.  Este espíritu que enaltece a muchos nicaragüenses es importante aislarlo del fachadismo de los políticos que sin sacrificar su propio peculio saludan con sombrero ajeno, o bien de la responsabilidad social de las empresas que adoptan la pose de generosidad nada más para la foto.

En la otra acera están los que salen con su salbeque cumpliendo la tradición que fuera inculcada por sus padres y de los cuales una gran mayoría consideran la gorra como parte de un ágape, comprendiendo el esfuerzo y sacrificio del dueño del altar y recibiéndolo con amor.

No obstante, no faltan aquellos que salen a la calle con un sable entre los dientes y para quienes la gorra no es otra cosa más que un botín. Muchos, entre ellos algunos periodistas, califican lo anterior como un acto de pobreza y lo plasman como un reflejo de la crisis económica que nos aqueja, no obstante, soslayan uno de los prototipos de una deformada identidad del nicaragüense: el choñero.

El choñero vive bajo el lema: Fiado y regalado, hasta caer morado y contrario a lo que pudiera pensarse, no pertenece a una determinada clase social, pues al igual que puede existir en los barrios marginales, se puede encontrar en los más encumbrados y exclusivos repartos de la capital.  No depende pues del nivel de ingresos, sino de una pobreza de espíritu.  Es la persona que se presenta a un cumpleaños, invitada o no, con las manos vacías o con un presente reciclado y lo primero que hace, en lugar de expresar su alegría de compartir con el cumpleañero lo especial de la ocasión, es darse una vuelta por la cocina para analizar la cantidad y calidad de la comida y preparar su estrategia para entrarle al ataque.

Así pues durante este siete de diciembre y demás festividades decembrinas tendremos la oportunidad para admirar la vigencia de la tradición del pueblo nicaragüense, además de analizar las tendencias de la economía nacional y de paso actualizar nuestros conocimientos de sociología al observar a todos los actores de esa Comedie Humaine como diría Balzac.

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5 comentarios

Archivado bajo cultura, Familia, Nicaragüense

5 Respuestas a “La causa de tanta alegría


  1. Lo que antaño era gozo por los cantos, los juguetes y las golosinas se ha convertido en la ocasión utilitaria para la obtención de bienes básicos lo cual es muy bueno pero no lo ideal. Reafirman -quienes dan- el carácter bondadoso y generoso del nica y de las fiestas.

    Lamentablemente, en algunos casos priva el oportunismo político.

    Salud♥s

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  2. Orlando, vos por ser linda persona, no dices las verdaderas palabras, para describir, a quienes tu llamas “Choñeros”. Actualmente se les dice Piñateros y quien mejor que el Precidente de la República.
    Un fuerte Abrazo.

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  3. A.L. Matus

    Muy interesante el ángulo desde el cual enfoca La Gritería y demás festividades de esta época. Yo creo que todavía son mayoría los generosos y ojalá no se incremente el número de choñeros que realmente son una afrenta para los verdaderos nicaragüenses. También espero que las mentalidades demasiado sensibles no se sientan aludidas y reclamen que los llamen choñeros.

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  4. Yolanda

    Pues parece que tiene razón en el reflejo de la crisis en la festividad de La Purísima. Todo indica que 2010 será un año difícil. Tal vez yo me inclinaría a pensar que un considerable porcentaje de la población que acudió a la celebración gubernamental fue por pobreza. Esto no quita que exista una importante proporción de los “choñeros”, los cuales no dependen de la crisis, sino de su pobreza interior.

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  5. Castulo

    Nuestra gente refuerza la fe en medio de la necesidad y aquél que no tiene necesidad refuerza su poder valiéndose de la fé de los que tenemos necesidad . Antes que se quebrante la fé hay que hacer acopio de humildad para formarse desde la madrugada en espera que el poderoso haga su acto simulatorio de fé , esperanza y caridad. Ahí estarán las tres virtudes teologales juntas pero no revueltas con el hambre, la miseria y la desesperanza. Los choñeros por su parte ya tienen asegurada su “gorra” aunque no sea diciembre, acostumbrados a no pagar las cuentas médicas, los vales de gasolina, al pulpero de la esquina, a los abogados que los asesoran para no pagar a las empleadas que han explotado todo el año, a hacer la leonesa dos veces al mes o fingir demencia cuando les toca pagar los impuestos , a no regresar las herramientas que le prestan los vecinos, a robarse libros, a vestir de fiado y hacerse gato bravo cuando alguien los insulta con el cobro de un adeudo postergado.

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