Archivo mensual: mayo 2008

Cariño verdad

El 30 de mayo de cada año, los nicaragüenses celebramos el día de la madre.  En esa fecha, desde tempranas horas de la madrugada se escuchan las tradicionales “Mañanitas”, ya sea con la música en vivo de un mariachi, un trío o bien un equipo de sonido; despertando en el corazón de cada ciudadano la necesidad de mostrar su gratitud al ser que le dio la vida.

A pesar de que tradicionalmente ha existido la exaltación de la figura materna en la sociedad nicaragüense, de manera oficial fue en el año 1940, a través de un Decreto Legislativo, que se estableció el 30 de mayo de cada año como día de la madre.  La oficialización del día de las madres nació en los Estados Unidos en donde Ana Jarvis, después que su madre muriera en forma prematura, inició una incansable lucha para que se decretara un día en honor a las madres, formalizándose en ese país, el segundo domingo de mayo para dicha celebración.

Permanece en el más grande misterio, el motivo por el cual se seleccionó el 30 de mayo para celebrar el día de las madres en Nicaragua.  Por muchos años se manejó que esta celebración surgió de la vil politiquería, viejo vicio tan enraizado en este país, al escogerse como día de la madre la fecha del natalicio de doña Casimira Sacasa de Debayle, madre de la entonces primera dama doña Salvadora Debayle de Somoza, esposa de Anastasio Somoza García.  Sin embargo, investigaciones serias llegaron a determinar que doña Casimira Sacasa de Debayle, nació un 18 de enero, no un 30 de mayo por lo tanto, aquella versión no era correcta.

Poco a poco, la celebración del 30 de mayo fue introduciéndose en la vida de los nicaragüenses y para los años cincuenta ya era una tradición. Recuerdo las celebraciones familiares en la casa de mi abuela paterna, la algarabía de todos los primos, el almuerzo pantagruélico y los regalos a las homenajeadas.  En una de esas celebraciones, en el año 1958, llegó como un regalo para la abuela la primera cocina de gas butano del pueblo.  Coincidía en ese tiempo la época de oro de los Churumbeles de España y cayó como anillo al dedo su éxito “Cariño verdad” en la incomparable voz de Juan Legido y que por muchos años se quedó en el país como el himno del día de las madres.

En esa época surgió también la costumbre de portar un clavel, rojo quienes tenían la dicha de tener viva a su madre o blanco, si su madre había fallecido.  En los colegios todavía no estaba instaurada, como ahora, la tradición de prepararse actos para celebrar ese día; recuerdo que el Pedagógico de Diriamba se limitaba a dar el día de asueto, sin la menor alusión a la figura de la madre, tal vez porque los Hermanos Cristianos no tenían, presumo yo, la costumbre de esa celebración en sus países de origen. Algunas emisoras dedicaban enteramente su programación a esa celebración, presentando una y otra vez Cariño Verdad, incluyendo además los valses de José de la Cruz Mena, pues para los radiodifusores todas las madrecitas eran viejecitas; luego remataban con el poema El brindis del bohemio, del poeta mexicano Guillermo Aguirre y Fierro, en la voz de Manuel Bernal, que le arrancaba las lágrimas al más desalmado.

Durante los años sesenta el sector comercio comenzó a apropiarse de esta fecha, lanzando sus ofertas y promociones y quitándole poco a poco el verdadero sentido a la festividad.  En nuestra casa siempre mantuvimos la tradición de celebrar ese día y al desaparecer la abuela, la fiesta se centró exclusivamente en nuestra madre.  Poco a poco, la canción de Los Churumbeles se fue desgastando, pues las campañas publicitarias de la temporada la utilizaban hasta la saciedad.   En esos años, sonaba mucho en las emisoras con programación para el campo, un tema del cantautor César Castro, llamado “Cariño de madre”, que conmovía a la población rural del país, pero que no le llegó al refinado gusto de los sectores urbanos.

El terremoto de 1972, además de sacudir y destruir la capital del país, cimbró el alma de los nicaragüenses; fue entonces en donde la figura materna, como el más acogedor refugio, constituyó uno de los pilares que soportaron el espíritu que permitió a los capitalinos reconstruir su ciudad.  A partir de esa fecha, las celebraciones del día de la madre recobraron un tanto el significado original del mismo, aglutinando a todas las familias, incluso aquellas dispersas por varias ciudades. 

Cuando en esos tiempos nuestra familia descubrió a Serrat, encontramos en su “Soneto a mamá” una voz premonitoria, ante una etapa de nuestras vidas que estaba a punto de romperse, llevándose a otra galaxia aquella niñez tan impregnada de la sabiduría materna, que nos decía que “que lo sencillo no es lo necio, que no hay que confundir valor y precio”, “que no es igual quien anda y quien camina” o “que nunca vuelve aquello que se pierde” y que al final nos ha dejado abrillantando aquellos recuerdos en torno a la figura de nuestra madre en su imperecedero afán de inculcarnos sus valores, mientras nos repartía amor a manos llenas.

Para finales de 1976, algún iluminado del régimen de Somoza Debayle, promovió el decreto que reformaría la celebración del día de la madre, trasladándola para el último domingo del mes de mayo, intentando ponernos un tanto más a tono con la celebración en los Estados Unidos y otros países desarrollados, en donde se aseguran que esa fiesta ocurrirá invariablemente en un día de asueto.  Cabe la aclaración que tradicionalmente este día no es feriado nacional y el Ministerio del Trabajo deja a criterio de cada empresa otorgar a sus empleados el día o la mitad de éste a cuenta de vacaciones, aunque el sector gubernamental, tan magnánimo en este sentido, otorga ese día como de asueto con goce de sueldo a sus empleados.  Por otra parte es notorio que el 8 de diciembre, que es la fiesta religiosa de la Inmaculada Concepción de María, es feriado nacional y en esa fecha los nicaragüenses gastan, como precisaría El Firuliche, 97.25 veces más pólvora que en el día de la madre.

El cambio de fecha antes mencionado trajo un descontento total en la población, que en muchos casos continuó celebrando el 30 de mayo, sin muchas consecuencias debido a la cercanía entre las dos fechas.  Fue tanto el descontento que a inicios del año 1980, el régimen sandinista, considerando el fuerte reclamo nacional y tomando en cuenta que no había la certeza sobre el origen de la escogencia del día de la madre, decretó el cambio de la celebración nuevamente para el 30 de mayo, fecha que se mantiene hasta ahora.

A partir de los años ochenta, el éxodo masivo vino a fragmentar considerablemente a las familias nicaragüenses y la celebración del día de la madre cobró un cariz de ausencia y melancolía.  Ya en esa época los Churumbeles de España habían caído casi en el olvido y las festividades tenían como fondo “Madrecita” de José José o “Señora, señora” de la brasileña Denisse de Kalafe.

En la actualidad, la celebración de esta fecha está inmersa en un mundo globalizado y obedece a estrategias muy precisas de mercadotecnia que provocan un ambiente propicio para el consumo masivo.  Estas refinadas técnicas aprovechan el sentimiento de algunos estratos por destacar sus manifestaciones de cariño por encima del resto de la población y orientan su consumo hacia bienes y servicios de mayor categoría y mucho más costosos.  Una importante masa monetaria fluye para financiar en cómodas mensualidades millones de córdobas en regalos para la madre, mientras los sectores económicos siguen clamando por créditos para la producción.

En las escuelas es obligado el acto de celebración a las madres y en las instituciones se canalizan importantes recursos para festejar a las empleadas que acusan descendencia, sin embargo, se escucha una grita, cada vez más generalizada, reclamando el respeto por la integridad de las mujeres nicaragüenses y tratando de sustituir los festejos de ese día por un firme propósito de erradicar la violencia intrafamiliar y la discriminación en contra de las mujeres.

De cualquier forma, el 30 de mayo es un día en donde se otorga licencia para dar rienda suelta a la emotividad, incluso caer en la cursilería sin mayores consecuencias.  Se vale desde comprar un queque blanco y rojo con forma de corazón hasta contratar un mariachi y pedirle unas “cortapulso”.  Como dice Serrat; “…cada uno es como es, cada quien es cada cual…”

Yo en lo particular, en este día debo de inclinarme anta la figura materna, en primer lugar porque he tenido la inmensa fortuna de tener una madre que ha cumplido su misión con amor, devoción, entrega y especialmente con exceso y por otra parte, cuando mis hijos se han encontrado en los más intrincados laberintos de la adversidad, su madre ha sido capaz de mirar a la muerte a los ojos y a dentelladas y zarpazos hacerla retroceder.  Ante esto, no hay hombría que valga.

Felicidades a todas

 

 

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La vida en rosa

 

 

El cierre de las operaciones de la Bolsa de Valores de Nueva York, en Wall Street, va acompañado de un acto protocolario en el cual participa un grupo de invitados especiales provenientes de alguna importante organización.  A las cuatro de la tarde en punto, desde un balcón, mientras suena una insistente campana, este grupo declara cerrado el período de operaciones.  Lo interesante del caso es que no importa cuales fueron los resultados de la jornada bursátil, pueden haber sido los más desastrosos del año, sin embargo, al iniciar el repique de la campana, este grupo de personas, que parecieran ajenas al resultado del Dow Jones, empieza a aplaudir con una singular emotividad mostrando amplias sonrisas en sus rostros y prodigándose abrazos y uno de ellos, con una solemnidad digna de una coronación en Westminster, golpea varias veces con el mazo cerrando oficialmente las operaciones, mientras su rostro muestra un singular éxtasis.

 

Cada vez que veo esta ceremonia, me acuerdo de algo parecido que ocurre en Nicaragua.  No importa que los periódicos nos mantengan en vilo con sus espeluznantes titulares o nos pongan la piel de gallina con sus notas nacionales o de sucesos; siempre tienen los rotativos un reducto de paz y tranquilidad que  permite evadirnos de la cruda realidad y es la sección de sociales.  

 

Si por ejemplo nos revuelve el estómago el caso de un alto funcionario público que resulta tener a su disposición un avión para viajar con su familia al exterior y en un acto de extremo cinismo se niega a explicar las condiciones en que hace uso de la nave, declarando que se trata de su vida privada y no contento con eso, culpa a quienes denunciaron el hecho de cualquier cosa que le pueda pasar a él o a su familia; seguramente nos devuelve el sosiego saber que en su casa solariega de San Marcos, doña Teté Vílchez de López-Mc Carthy ofreció una fiesta de disfraces a sus amigas del Garden Club y nos produce una inmensa paz interior apreciar el bucólico retablo que nos brinda una oportuna instantánea, presentando en el orden establecido a las alegres asistentes a tan original y divertido evento. 

 

Es indudable que nos pone al borde de la depresión la noticia de que la inflación acumulada en el primer cuatrimestre de este año es la mayor de los últimos dieciocho años y supera por mucho a la de cualquier país de Centroamérica, sin embargo, recobramos el aliento al saber que en la Iglesia Saint Mary of the Hills, en Redondo Beach, California, el ejemplar matrimonio compuesto por los señores Billy y Aury Vargas, originarios de El Dulce Nombre de Jesús, Carazo, celebraron sus bodas de plata renovando sus votos matrimoniales y brindando posteriormente con sus distinguidos invitados en el exclusivo Deer Island Yatch Club.

 

Si las perspectivas del precio del petróleo nos producen un stress de coger raza, pues no contento con superar los 100 dólares el barril, amenaza con duplicarse, nos produce una singular serenidad saber que el simpático niño Raymond Alexander Putoy llegó a sus tres añitos, acontecimiento que celebró con sus amiguitos en la una pizzería del sur de la ciudad capital; ilustrada la nota con una fotografía en donde se aprecia al feliz cumpleañerito con sus amigos y el infaltable payaso Pipo.

 

Si acaso nos produce una dispepsia galopante saber que la Asamblea Nacional dejó de sesionar por casi un mes debido a que sus directivos se fueron a Londres para conocer cómo trabaja el parlamento inglés y de refilón visitar algunos pubs, es tan refrescante informarse que la bella y agraciada señorita Suhey Auxiliadora García Mendiola, fue electa por una abrumadora mayoría como novia de la Hípica de las fiestas de San Fernando y la vemos en una fotografía en donde aparece vestida con un traje estilo sevillano, tocándose delicadamente el ala del sombrero.

 

Es posible que las constantes contradicciones del Ministro de Energía respecto al racionamiento de energía eléctrica, que cuando repica dobla, puedan conducirnos al tramafat, pero es muy probable que nos transporte al paraíso darnos cuenta  que el robusto niño, Alvin Josué, hijo del ilustre caballero don Marcial de Jesús Colindres Quiñónez y de su agraciada esposa doña Julita Isabel Pevedilla de Colindres, recibió el Santo Sacramento del Bautismo.  En una nítida fotografía se observa el momento en que el Reverendo Padre Manolete vierte el agua bautismal en la cabeza de Alvin Josué, ante la complaciente mirada de sus orgullosos padres y sus responsables padrinos, don Róger Enríquez y doña Mayra de Enríquez quienes viajaron desde Panamá para asistir al emotivo evento.  

 

Tal vez nos amenace con llevarnos hasta la diabetes la noticia de que nos estamos llenando de gente que es buscada por la justicia de otros países, no obstante podemos respirar tranquilos al saber que la brillante jovencita Mariela Porras Solís obtuvo su título de Licenciada en Administración de Empresas en la prestigiada Universidad San Gregorio Magno y observamos complacientes la gráfica que muestra a la inteligente damita acompañada de sus padres mostrando el preciado título.

 

Las dramáticas noticias sobre desastres naturales en el mundo, terremotos, tsunamis, erupciones volcánicas, que estremecen al planeta y nos invitan a tomar nuestra intimidad a dos manos, pasan a un segundo plano al saber que los distinguidos viajeros don Marlon Javier Zepeda Silva y su agraciada esposa doña Isabelita Vergara de Zepeda, residentes en Miami, Florida se encuentran en nuestro país gozando de unas merecidas vacaciones y los vemos rebosantes de felicidad en un desenfadado atuendo, mientras degustan las delicias de la cocina criolla.

 

Indudablemente es una adecuada estrategia de comunicación de parte de un rotativo, ofrecer a sus lectores los mecanismos en donde puedan ecualizar las reacciones que provocan las noticias que muy a su pesar deben de transmitir, siendo la página de sociales el reflejo de esa capacidad que tienen algunos paisanos de aislarse de un mundo cada día más agobiante y compartir con sus conciudadanos esos destellos de una vida que pareciera transcurrir en color rosa.  No importa que doña Teté viva en constante pleito con sus vecinos que la consideran una fuereña, que Billy y Aury tenga cada quien su respectivo affaire, que doña Zoila, mamá de Raymond, haya empeñado hasta la conciencia para sufragar los gastos de la piñata o que Mariela haya necesitado ocho años para graduarse y haya que tenido que buscar a alguien que le elaborara su monografía.  Lo importante es el instante, casi siempre capturado por una oportuna lente y que da fe de esos momentos que pueden matar de envidia a muchos, que ni sueñan esa vida, a la cual emotivamente cantó Edith Piaf:  La vida en rosa.

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Con tanta sinceridad

Compositor nicaragúense

 

 

Si realizáramos una encuesta para determinar, según el gusto de los nicaragüenses, cuál es mejor bolero de nuestra historia musical, obtendríamos resultados concluyentes.  Al no tratarse de un tema político, es muy probable que no existan los sesgos y chanchullos que suelen darse en ese tipo de análisis y los resultados de la encuesta serían determinantes.  Por una abrumadora mayoría saldría seleccionado el bolero “Sinceridad” de Rafael Gastón Pérez.  Es obvio que alguna pequeña proporción de entrevistados no sabrán qué cosa es bolero y otros propondrían a “Los dos bolillos” o “Viva León Jodido” y otros más despistados a “La gasolina”.

 

Es importante aclarar que en el siglo XX resaltaron muchos boleros dignos de mención como “Miriam” de Víctor M. Leiva que interpretara Luis Méndez,  “Tres Flores para ti”, de Tino López Guerra, “Luz y Camino” de Roger Fischer, que llegara a grabar Vicente Fernández, “Luna Callejera” de Jorge Isaac Carballo, “Ya soy tu prisionero” de Orlando Flores Ponce, que inmortalizara Jorge Paladino; “Hoy” de Camilo Zapata; “Tú y yo” de Manuelito Romero; así como “Noche en diciembre”, “Romance” e “Infiel” del propio Rafael Gastón. No obstante, “Sinceridad” destaca entre todos los anteriores por su expresividad romántica, además de haber impactado en el gusto del público de toda América Latina, dándole a la canción nicaragüense una proyección internacional.

 

Rafael Gastón Pérez, conocido popularmente como “Orej´e burro”, autor de este bolero, es uno de los compositores de música popular más brillantes que tuvo Nicaragua en el siglo XX.  Natural de Managua, Rafael Gastón era un músico versátil pues tocaba varios instrumentos, en especial la trompeta, con una gran aptitud para la composición, sin embargo, su agitada vida limitó la obra que pudo habernos legado. Uno de los musicólogos nicaragüenses más acuciosos, Francisco Gutiérrez Barreto, ha realizado profundas investigaciones sobre la vida y obra de Rafael Gastón y las ha plasmado en su libro “Ven a mi vida con amor”, nombre extraído de las dos primeras líneas del excelso bolero.  Todos los admiradores de la música romántica nicaragüense deben de tener este libro de referencia, aunque no está dedicado en su totalidad a este compositor, ahí puede encontrarse información muy valiosa sobre la cultura nicaragüense.

 

La primera grabación internacional de “Sinceridad” la realizó Lucho Gatica en 1952, acompañado por el trío Los Peregrinos.  Gatica, cantante chileno que recién iniciaba su carrera artística obtuvo un enorme impulso en su trayectoria gracias a la interpretación de este bolero.  Es la fecha y este cantante, que ahora radica en los Estados Unidos y está próximo a cumplir los 80 años, siempre reconoce a esta composición como una de las más importantes en su extensa carrera. Es interesante mencionar que este bolero llegó de carambola a las manos de Lucho Gatica, pues él se encontraba en Panamá cuando según relata Gutiérrez Barreto, se encontró con Pedro Vargas, quien recién acababa de actuar en Managua y había escuchado “Sinceridad”, interpretándola en Panamá e impresionando a Gatica quien decidió incluirla en su repertorio.  Otras fuentes, según el mismo Gutiérrez Barreto, aseguran que quien la llevó a Panamá y coincidió con el chileno fue la famosa cantante mexicana Eva Garza, célebre por sus interpretaciones de “Celosa” y “Estrellita del Sur”.  No existe pues certeza sobre la forma cómo Lucho Gatica conoció esta pieza, lo cierto es que el cantante chileno recorrió toda América Latina interpretando el bolero e incrustándolo en el gusto de toda su audiencia.  Merece la pena resaltar que en una entrevista Lucho Gatica expresó que se sorprendió cuando llegó a cantar a Brasil y su disco “Sinceridad” ya era un éxito completo, a tal punto que algunos autores locales realizaron posteriormente sus propias versiones del bolero en portugués. 

 

En Cuba este bolero también tuvo una gran acogida, pues Gatica estuvo una buena temporada actuando allá, de tal forma que grandes artistas cubanos también lo grabaron, tal como lo reseña Gutiérrez Barreto en su libro, Orlando Vallejo y el trío de Luisito Plá, la Orquesta Románticos de Cuba y Bienvenido Granda, con el Conjunto Casino.  Es importante resaltar que a mi gusto, la versión de Bienvenido Granda careció de un arreglo que resaltara la intensidad del bolero e incluso en el intermedio cae en un ritmo completamente discordante con el tema.  Si esta versión la hubiese interpretado don Bienvenido con la Sonora Matancera, seguramente el resultado hubiera sido una verdadera joya.

 

Una de las mejores versiones que he escuchado de esta composición es la de Marco Antonio Muñiz, tal vez por su sensibilidad para tratar al bolero, pues la primera etapa de su carrera la realizó cantando con Los tres ases.  El tema de Muñiz es interpretado al mejor estilo de los tríos, resaltando su inconfundible estilo y su potente voz.

 

Otro gran cantante que le hizo honor a este bolero es el argentino Roberto Yanés, quien logró una magnífica versión que combina un arreglo bastante elaborado con su particular voz, aquella que en su época nos deleitara con “Desesperadamente” y “Oyelo bien”.  El único problema de su versión de “Sinceridad” es que cambia algunas palabras de la original, desluciendo un tanto el bolero.

 

De las intérpretes femeninas de “Sinceridad” resalta la cantante argentina María Martha Sierra Lima con Los hispanos, cuya versión que está a la par de la que lograron los mejores tríos mexicanos, como Los tres diamantes.  Así mismo, Gutiérrez Barreto incluye en su reseña la versión de Virginia López, la famosa cantante puertorriqueña de “Cariñito Azucarado”.

 

Una versión singular es la del grupo chileno Los Galos, quienes adaptaron el bolero al estilo de la balada grupera sudamericana, aquella que tuvo sus orígenes en los trabajos de Germain y los Angeles Negros.

 

Sin embargo, la versión más original y desde mi particular punto de vista, una de las mejores que se ha logrado de “Sinceridad” es la de Joao Bosco, famoso cantante, guitarrista y compositor brasileño, grabada en portugués en 1989 y  que sirvió como uno de los temas de la telenovela brasileña Tieta, joya de la televisión de ese país allá por 1990, basada en la obra del genial escritor brasileño Jorge Amado.  Lo único que podría achacarse a este tema es que a pesar de que Bosco mantuvo el título original del bolero, la letra en portugués no tiene nada que ver con la original.

 

Huelga resaltar que es casi obligado que los cantantes nicaragüenses incluyan en su repertorio una versión de este bolero, como es el caso de Norma Elena Gadea, Martha Vaughan, Octavio Borge, Sergio Tapia, César Andrade, la Camerata Bach.  También es importante señalar que algunos artistas internacionales en sus presentaciones en Nicaragua, como una deferencia a sus admiradores nicas, incluyen “Sinceridad” en sus programas, como es el caso de José Luis Rodríguez “El Puma” y el pianista Raúl Di Blassio.

 

Estoy incluyendo las mejores versiones de este gran bolero con el fin de que las disfruten y pueda cada quien seleccionar su favorita, aunque como dicen: En gustos se rompen sacos.

 

Lo importante es que estoy seguro de que todos coincidirán que “Sinceridad” es el mejor bolero nicaragüense de todos los tiempos y tal vez uno de los mejores cien de toda la historia del bolero. 

 

Hace precisamente sesenta años, en un arrebato de inspiración Rafael Gastón Pérez plasmó en un bolero todo su sentimiento, pues pareciera haberlo escrito, como diría Benito de Jesús, con tinta sangre del corazón y nos dejó esta composición como un legado impresionante, no sólo por la proyección internacional que logró, sino porque nos advierte sobre un valor fundamental de nuestra sociedad y que en su época todavía era vigente, pero que poco a poco se ha ido disipando de nuestras vidas, así que una tarea urgente que tienen los nicas es recuperarla, pues la esperanza, como dice el bolero, es la sinceridad.

 

 

 

JOAO BOSCO

 

 

 

ROBERTO YANES

 

 

 

MARIA MARTHA SIERRA LIMA

 

 

 

MARCO ANTONIO MUÑIZ

 

LUCHO GATICA

 

LOS TRES DIAMANTES

 

BIENVENIDO GRANDA

 

 

LOS GALOS

 

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La pulpería de la esquina

Pulperá Vaya con Dios

Todo nicaragüense lleva en algún recoveco de su memoria un lugar especial conectado directamente a su corazón.  Más allá de la casa en donde dio sus primeros pasos, de la escuela en donde descubrió la magia de la lectura o de la iglesia en donde escondió sus primeros miedos, está un pequeño lugar lleno de aromas entremezclados, de filas policromáticas de etiquetas, de pesas y medidas y tintineo de monedas.  Se trata de la pulpería del barrio.  Destino ineludible del diario acontecer del nica.  Lugar en donde se exponen las necesidades básicas de la familia, las tristezas y alegrías del barrio, las noticias propias y ajenas.  Recinto de encuentros informales, el club social de la cuadra, el muro de los lamentos.  Eterna romería buscando la más inverosímil variedad de artículos: arroz, trabas, chicles, leche, cigarros, bolis, gaseosas, candelas, helados, golosinas, manteca, curitas, jaleas, jabón, pasta de dientes, tortillas, frutas, analgésicos, pan dulce, galletas, frijoles cocidos, aceite, frutas, queso, toallas sanitarias, desinfectante, margarina, lápices, especias, afeitadoras, dulce, pan francés, eskimos, café, peines, azúcar, fósforos, papel higiénico, bolsitas de shampoo, jugos, cuajadas, cordones, kerosene, sal, cloro, baterías y tantas cosas más.            

 

En el lenguaje familiar este local asume el apelativo referencial de “la venta” a secas, sobre entendiéndose que se trata del pequeño comercio más cercano y que formalmente adquiere el nombre de “pulpería” y que es acusado por un rótulo patrocinado por algún proveedor.  Este nombre tiene su lugar de nacimiento en Sudamérica, específicamente en Argentina y Uruguay, allá por el mil seiscientos y algo y se asume que llegó a nuestro país a finales del siglo XIX, tal vez por la asidua lectura de Martín Fierro, cuyos relatos giran en muchos casos en torno a este local.  A medida que la economía nacional fue fortaleciéndose a inicios del siglo XX, los grandes almacenes y los comisariatos en las fincas agropecuarias dejaron de tener el monopolio del comercio, dando lugar a pequeños expendios de productos básicos que empezaron a proliferar en todo el territorio nacional, tanto a nivel rural como urbano.

 

Debido a que por tanto tiempo la pulpería ha estado presente en la vida de los nicaragüenses, el origen de este nombre no produce una extrema curiosidad.  Lo cierto es que nadie sabe a ciencia cierta cuál es el origen de este vocablo.  Algunos explican que puede derivarse del hecho de que en ese local se vendían frutas y su pulpa, a manera de conservas.  Otros lo relacionan con el hecho de que el propietario necesitaba muchas manos, como un pulpo, para atender a sus clientes.  Otros, un tanto despistados, lo derivan de pulquería, el expendio mexicano en donde se vende el casi extinto pulque. 

 

En América del Sur hace rato que la pulpería quedó casi en el olvido, subsistiendo tal vez a manera de restaurantes que ofrecen comida típica regional, sin embargo, en Nicaragua todo el territorio nacional está sembrado de pulperías.  A pesar de que en algún momento allá por los años sesenta, el vocablo se empezó a mirar con cierta aprensión y algunos pequeños comerciantes empezaron a utilizar el término “miscelánea” para sustituir a la tradicional pulpería, creyendo que podrían darle una mayor categoría y modernidad, lo cierto es que el siglo XXI nos ha sorprendido con el resurgimiento de la pulpería, como símbolo del esfuerzo de los sectores de menores ingresos para subsistir a través del pequeño comercio.

 

La pulpería tiene en su haber una inmensa colección de nombres, predominando aquellos que corresponden al apelativo de la propietaria, pues en un 83.32%, como detallaría el Firuliche, son mujeres quienes emprenden estos negocios, debido tal vez a que son un complemento al trabajo del jefe de la familia y que si corren con suerte logran superar sus ingresos, trastrocando la correlación de fuerzas en el hogar.  Habría que señalar aquellas pulperías que por algún capricho de los propietarios no tienen nombre, como es el caso de la pulpería de la niña Reneé Matus en San Marcos, que nunca permitió ningún rótulo de parte de los proveedores para identificar su negocio.

En términos generales, los pulperos no tienen la chispa de originalidad que tenían los dueños de cantinas para bautizar su negocio, o el ingenio que tenían algunos pocos pulperos, como el caso de la Pulpería “El Infierno” por el rumbo del Gancho Camino de la vieja Managua; ahora los pocos negocios que no tienen el nombre del propietario o del santo correspondiente, recurren a la simpleza de “El buen precio”, “La favorita”, “El progreso”, “El baratillo”.  Llama la atención el nombre la pulpería “Vaya con Dios” ubicada en la 35 Avenida Sur Oeste, pues esa expresión es típica de los emigrantes mexicanos en los Estados Unidos y que dio origen a una famosa canción norteamericana compuesta en 1953 por Larry Russell.  Sin embargo, la que realmente causa gracia es una pulpería en Granada, elevada al rango de miscelánea, que lleva el sobre nombre del propietario: “Chico Tripa” y que según lo que comentaba una dependienta, el dueño siempre lo ha tomado por el lado amable.

 

Como en todo negocio, algunas pulperías fracasan con el tiempo, otras, sin embargo, consiguen consolidarse, desarrollarse y ser una fuente de bienestar para sus propietarios.  Los elementos que influyen en el éxito o fracaso de estos pequeños comercios están concentrados básicamente en el carácter del propietario.  Antes que nada debe de ser un emprendedor nato, no alguien que le cayó el negocio del cielo y tiene que jinetear el macho.  Esa vocación para el negocio también se manifiesta en la capacidad para distinguir entre el costo de venta, el precio y el margen de ganancia, a la par de una extrema habilidad para las operaciones matemáticas básicas.  Debe de contar también con una enorme paciencia que le permita movilizarse aun para despechar el artículo con el menor precio.  Tiene que contar con un liderazgo que convierta su negocio en el centro social del barrio y genere la confianza para que sus clientes confíen en su persona y con el tiempo pueda convertirse en confidente o confesor de sus clientes.  Es imprescindible que sepan sonreír de manera constante y con naturalidad, sin embargo, detrás de una actitud bondadosa deben de tener la firmeza necesaria para administrar el crédito, otorgándolo a quienes puedan asegurar una eficiente recuperación y si es posible puedan resarcirle el costo del capital en dicho período.  Seguramente todo pequeño comercio próspero tiene a una persona con estas cualidades al frente.

 

En la actualidad una gran mayoría de pulperías conviven con una minoría de misceláneas, otras que han prosperado y crecido lo suficiente se transforman en “distribuidoras” “abastecedoras” o “mini super”, si acaso el vecindario permite este último tipo de negocio tan arriesgado para zonas non sanctas.  En Managua, por ejemplo, puede contarse en promedio una pulpería por cada tres manzanas, aunque los estudiosos revelan que en todo el territorio nacional existen casi 100,000 establecimientos de esta naturaleza y su aporte a la economía es significativo, sin contar con el beneficio a sus numerosos clientes al acercarles a sus hogares los productos básicos de subsistencia y ofrecerles el crédito que necesitan sin el papeleo, trabas y condiciones leoninas de las tarjetas de crédito.

 

Muchas personas, especialmente en la capital, prefieren realizar la mayoría de sus compras en los supermercados, tal vez por la facilidad de encontrar un mayor surtido, escoger directamente el producto que se busca o quizá por el placer subliminal de empujar una carretilla al ritmo de una música de fondo, no obstante, siempre estará una pulpería a mano para lo inmediato.

 

Sin importar donde compre, a cada nicaragüense de vez en cuando le asalta el recuerdo de algún detalle de la pulpería de su barrio, como por ejemplo en ocasiones me viene a la mente las bolitas de triquitraca de doña Veva Herrera, los rosquetes y los trompos masaya de doña Chon Bonilla, los bananos pasados de la niña Esmeraldita Silva, los chocolates Auxiliadora de doña Berta Gutiérrez, los insuperables helados de leche con su toquecito de guaro y el dulce néctar casi frozen de la cebada de la tía Leticia o bien los chicles Cadillac y los colorines de donde doña Consuelo.

 

Cuando el destino nos pone de nuevo en el umbral de una pulpería, nos ocurre lo que expresaba César Isella en su “Canción de las simples cosas”: “Uno vuelve siempre a los viejos sitios en que amó la vida, y entonces comprende como están de ausentes las cosas queridas”.

 

 

 

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Que murmuren

Por muchos años los artistas resaltaban exclusivamente por su talento.  En una época en donde los medios de comunicación se asomaban tímidamente a nuestras vidas, aprendimos a valorar a quienes trabajaban en el negocio del entretenimiento por la excelencia de su trabajo.  La voz y calidad interpretativa de los cantantes marcaban la preferencia del público y en esa medida vendían sus discos o se escuchaban por el radio. 

 

Cuando la televisión estaba todavía en pañales, era el radio quien nos traía los éxitos musicales del momento, entendiéndose por “momento” los últimos veinte meses pues nos llegaban con cierto retraso.  Parece mentira, pero en ese tiempo no llegábamos a conocer el rostro de muchos artistas.  De acuerdo a la voz nos imaginábamos la figura del cantante y eso nos bastaba. Disfrutábamos de su música y no la asociábamos con su posible apariencia, mucho menos con su vida privada.  Tiempo después talvez teníamos acceso a un álbum que traía una foto del artista, a lo mejor retocada y hasta entonces comenzábamos a asociar su apariencia real y su obra.  En el mejor de los casos, estos artistas llegaban al cine y ahí terminábamos de conocerlos, aunque lo que hacían con sus vidas continuaba siendo un misterio y la verdad es que nos valía.

 

Luego la televisión, allá a finales de los sesenta, comenzó a traernos clips de algunos éxitos, aunque también retrasados, de los principales intérpretes de la época y fue entonces en donde comenzó una identificación un poco más estrecha con los artistas, sin embargo los detalles de su vida privada continuaban siendo algo completamente ajeno, salvo algunos casos extremos que ocupaban las páginas de los diarios.  Algunos medios de comunicación escritos contaban con secciones especializadas en noticias del mundo de la farándula y a pesar de que habían noticias y chismes sobre la vida de los artistas, parecía haber un límite en la invasión a su privacidad.

 

Mucha información sobre los artistas era completamente desconocida para nosotros.  Sabíamos tal vez que Enrique Guzmán había nacido en Venezuela, que César Costa era estudiante de derecho, que Angélica María había iniciado su carrera desde niña, que Paul Anka era canadiense y que al igual que Marco Antonio Muñiz había tenido alguna cirugía plástica para mejorar su imagen, sin embargo, lo que realmente nos importaba era su música.  Cuando algunos de ellos llegaron a visitar Nicaragua, era inevitable que se levantaran rumores, tales como cuando a Enrique Guzmán le falló su grupo y lo querían obligar a cantar con la orquesta de la Guardia Nacional y él se negó rotundamente; nos sorprendió cuando Raphael cantó en el González y un famoso gay local subió al escenario para entregarle una muñeca y el ruiseñor de Linares casi pierde la voz o cuando a Alberto Vázquez se le ocurrió salir a cantar en un cine de Masaya con un pantalón verde, ajustado y se llevó una tremenda rechifla; también se manejó en los corrillos que a la cantante sudamericana Robertha después de su show se la llevaron de regalo a Somoza o nos dimos cuenta que Lucha Villa, cantando en la televisión, levantó el micrófono que tenía enredado en el pie y fue a dar con su humanidad contra el suelo.

 

Cuando los medios de comunicación fueron modernizándose y la inmediatez de las noticias invadió nuestra tranquilidad, poco a poco, la vida privada de los artistas fue cediendo terreno ante la agresividad de algunos medios que encontraron una veta con enorme potencial en la difusión de sus intimidades.  En ese momento los artistas empezaron a debatirse entre sacrificar su privacidad o mantenerse fuera de la atención de sus admiradores.

 

Comenzó entonces a fluir la información sobre la vida amorosa de los artistas, sus familias, sus enfermedades y sus escándalos ciertos o prefabricados.  Surgieron nuevas profesiones como la de los paparazzi, fotógrafos que acosan día y noche a las celebridades, llamados así en honor a Paparazzo el personaje de La Dolce Vita de Fellini; llegaron también los especialistas en imagen de los artistas, algunos tan versátiles que recomiendan desde el look hasta las historias ficticias que se tejen alrededor de sus vidas y los reporteros de espectáculos, cuya única capacidad está en la audacia para lanzar las más absurdas preguntas.

 

Poco a poco, las noticias del espectáculo fueron introduciéndose en las vidas del público y ante esta creciente demanda, nació la especialización en producción y conducción de programas exclusivos del mundo del espectáculo en donde personas sin ninguna preparación en la profesión periodística se lanzaron a este nuevo horizonte, sin más talento que el manejo del chisme y el rumor.  Esta industria se ha desarrollado vertiginosamente hasta el punto que representa una proporción considerable de la producción de las radiodifusoras y televisoras.

 

En estos días no puede concebirse el lanzamiento de un artista sin un trabajo previo de imagen e incluso un escándalo prefabricado.  Todo es ficticio, incluso el talento de algunos cantantes que son producto de la producción en serie de algún consorcio televisivo que también abarca la industria discográfica.  Podría mencionarse como una excepción “American Idol” en donde se procura mantener como premisa básica del concurso la calidad interpretativa de los participantes y es una lástima que otros concursos regionales de esta naturaleza los hayan mezclado con reality show, en donde los espectadores deben sufrir la cotidianeidad de los participantes.

 

De esta forma, estos consorcios pretenden que en nuestras vidas el mundo del espectáculo tenga igual relevancia que los grandes acontecimientos que sacuden al mundo.  En sus estrechas mentalidades quieren que desviemos nuestra atención del calentamiento global o de la guerra en Irak y perdamos el sueño por las declaraciones de Niurka Marcos sobre su ex marido, la salida oficial del closet de un integrante del grupo Rebelde o la relación de Ana Bárbara con el viudo de Mariana Levy.  Para esta gente debemos seguir con el mismo afán  la visita del Papa Benedicto XVI a los Estados Unidos que las declaraciones de un cantante admitiendo su adicción a las drogas y su pretendida calidad de héroe al ingresar a una clínica de desintoxicación.

 

A pesar de todo, existe una audiencia cada día mayor que está cautiva en este tipo de programas y que a pesar de su nulo valor agregado a su cultura, encuentra en esta invasión a la privacidad de los artistas cierto morbo que los mantiene atentos a todo cuanto ocurre alrededor de ellos.

 

En estos días las televisoras invierten un gran capital en el mantenimiento de una enorme planta de personal compuesta de paparazzis y de seudo periodistas que empujan hacia “entrevistas” a los diferentes sectores del mundo del espectáculo y con cuyo material luego preparan decenas de refritos en infinidad de programas, en los cuales sobresale la falta de talento y decoro, pero que han convertido en millonarios a muchos de sus productores y conductores.  El problema es que poco a poco estos “críticos” del mundo de la farándula van perdiendo el piso y se creen líderes de opinión o gurús y demandan un respeto exagerado a sus figuras como si fueran los dioses del Olimpo. 

 

Recientemente se observó un fenómeno que ilustra todo lo que representa este sórdido ambiente, cuando uno de estos “talentosos” conductores de programas del espectáculo se vio envuelto en un escándalo mil veces mayor que los que fabrica a diario en su programa.  Resulta que el conductor, que por cierto tiene un nombre firulichesco y cuyas preferencias sexuales maneja de manera velada en sus programas, contrató los servicios de un sexo servidor masculino y en un hotel de paso, después de una discusión supuestamente por los emolumentos, el conductor resultó severamente vapuleado, derivando luego en un juicio que se ha ventilado públicamente por meses.  No hubo tiempo de tapar el escándalo, pues como dicen popularmente entre bomberos no se machucan las mangueras, pero era tan apetitoso el bocado para los buitres de la nota roja que se convirtió en un verdadero festín, de tal manera que las secciones de espectáculos no tuvieron tiempo de disimular y tuvieron que presentar los hechos tal cual.  Algunos trataron de parcializar la información, utilizando el material obtenido pero dándole un sesgo de beatitud al presentador, sin embargo, se les salió de las manos y el pobre recibió a nombre de sus colegas una sopa de su propio chocolate. Indudablemente esto debió servir de escarmiento para su gremio, que considerando que viven en casas con techo de cristal y son por lo tanto más vulnerables ante cualquier escándalo, deberían ser más comedidos, sin embargo, parece no importarles y lo único que los mueve es el rating.

 

En Nicaragua, afortunadamente no existen una comunidad artística tan amplia o interesante que haya motivado la producción de este tipo de programas, además de que con los programas extranjeros que se presentan a través del cable o en los canales locales basta y sobra.  Sin embargo, recientemente haciendo fila en el supermercado miré una revista mexicana de noticias del espectáculo que tenía un sub título: Edición especial para Nicaragua.  Me dio curiosidad, debo admitirlo y la hojeé, encontrando un par de páginas con entrevistas timoratas a ciertos artistas nacionales.  Por el precio de la revista y la idiosincrasia local, siento que no llegará a los doce números.

 

La pregunta clave en este asunto es que si esta vorágine alrededor del mundo de la farándula llegará a un punto en donde los artistas y sus admiradores se hastíen de tanto chisme y rumor y rompan de una vez el círculo vicioso y den al traste con este género.  Sería fantástico, como dice Serrat, que volviésemos a escuchar buenas canciones interpretadas por una gran voz, sin conocer al cantante, ni su rostro, ni sus debilidades, ni su familia, ni sus gustos, ni nada, sólo su voz.

 

 

 

 

 

 

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