Archivo mensual: febrero 2012

El quinto jinete

Es la típica sala de espera de un consultorio médico, varias sillas alrededor de la sala, una mesita al centro con viejas revistas desechadas hace un buen rato por la esposa del doctor y en una esquina un escritorio en donde una recepcionista mira al icaco mientras sale el paciente en turno.  De pronto se abre la puerta de la sala y entra una mujer.  Es joven, de unos 28 años, mide aproximadamente 5´8´´ y su cuerpo guarda una medidas no del todo mal:  87-63-91.  Viste elegantemente un traje sastre con una minifalda que resalta sus bien torneadas piernas y sus zapatos con un tacón intermedio, le añaden elegancia a su atuendo.   Trae consigo un maletín enganchado en una carriola que desluce con su vestimenta.  Saluda efusivamente a la recepcionista, cual si fuera una amiga de la infancia y disimuladamente le entrega un paquetito, diciendo: -Tu encargo.  La recepcionista sonríe y le pide que se siente, mientras busca la primera oportunidad para ingresarla con el médico.  Sin volver a ver al resto de pacientes, que valga la redundancia, pacientemente esperan su turno, la joven se sienta y saca de su maletín una Tableta Android, en donde comienza a realizar malabarismos, fingiendo que revisa su agenda.

Para los que no han adivinado todavía, a pesar que haciendo a un lado el maletín cualquiera pudiera confundirla con una Pussycat Doll, se trata de una promotora farmacéutica a nivel cuerpo médico, oficio que tradicionalmente se ha conocido como “visitador médico”, título que no revela los alcances del mismo y que en el caso de mujeres, admitidas en las últimas décadas en ese oficio, plantea un dilema en cuanto a manejar “visitadora médica” o “visitadora médico”.  Se trata de médicos, farmacéuticos, químicos e incluso egresados de turismo que han pasado un riguroso proceso de selección y entrenamiento, con sueldos y beneficios que algunos profesionales envidian.

El tiempo pasa y la visitadora sigue tranquilamente traveseando su tableta, hasta que la recepcionista la llama para que ingrese al consultorio.  El doctor abre la puerta y recibe a la joven, quien siguiendo el protocolo le extiende la mano y le saluda con un apretón que denota firmeza pero que permite adivinar la suavidad de la bien manicurada mano.  El médico la invita a sentarse y ella disimuladamente retira unos centímetros hacia atrás el sillón hasta calcular que el campo de visión del doctor sea el correcto para sus propósitos.  Se sienta suavemente y cruza sus piernas de tal suerte que la minifalda se contrae unos centímetros hacia arriba.  El médico le lanza una furtiva mirada y en su interior se produce un imperceptible quejido tirándole a ronroneo.  Su extensa carrera de cardiólogo le señala que su frecuencia cardiaca ha aumentado de 65 a77, pero no le da importancia.  La visitadora, le clava la mirada mientras recita de memoria el saludo que el laboratorio para el cual trabaja ha preparado de antemano y con la entonación de un vendedor de seguros le informa al galeno que trae una excelente noticia para él y sus pacientes hipertensos.  Como si anunciara la cura para el cáncer, introduce el nuevo medicamento de los laboratorios fulanitos, producto de largas, profundas y costosas investigaciones de los más renombrados científicos en la materia y que se convertirá en el mejor coadyuvante para el control de la hipertensión arterial, con resultados asombrosos y mínimos, casi inexistentes, efectos secundarios.  No menciona para nada el producto predecesor que en breve perderá su licencia de exclusividad para los laboratorios y que significa una reducción de millones de dólares en ventas.  La visitadora continúa con su perorata que incluye la fórmula del nuevo producto y que a fuerza de varias noches de estudio ha logrado memorizar, al igual que la farmocinética y la farmodinamia, además de toda la información pertinente del nuevo medicamento.

Al finalizar su cátedra, le extiende al médico un folleto en papel couché con la literatura del medicamento y una buena dotación de muestras que él guarda inmediatamente en una gaveta de su escritorio.  Por su parte, la joven guarda su circunspección y se relaja en el sillón y comienza a juguetear con sus piernas al estilo Sharon Stone en Basic Instinct, mientras le pregunta al médico qué le parece el producto.  El doctor, que para ese momento siente que la frecuencia le ha subido a 83 y en su mente empieza a sonar aquella canción: “Azúcar y pimienta, clavitos de olor, se muere Micaela, que llamen al doctor”, sin embargo se aclara la garganta y le dice que le parece fabuloso y que la clave de todo está en probarlo.  La visitadora se relaja aún más y comienza a hablarle de música al galeno, quien entusiasmado, pero preocupado por los pacientes que esperan, le manifiesta su gran gusto y afición por la música y entonces la joven como un prestidigitador que saca un conejo de la chistera, de su maletín extrae una cajita y taraaaán, se la entrega al doctor quien presurosamente la abre y se da cuenta que es un Apple Ipod-nano, en su estuche original, obsequio de los laboratorios en cuestión.  El doctor emocionado le agradece a la muchacha, quien se levanta del sillón y le extiende la mano acompañada de una amplia sonrisa.  Cual si estuviera en una pasarela atraviesa la sala de espera, se despide rápidamente de la recepcionista que se prepara a ingresar a un paciente al consultorio y sale a la calle.

Este podría ser uno de los capítulos escondidos del drama que viven los nicaragüenses que desafortunadamente están en manos de los laboratorios farmacéuticos, quienes con la ayuda y complicidad de algunos galenos, le exprimen el bolsillo a un considerable segmento de la población.  Aquí los visitadores médicos, ahora en una gran proporción pertenecientes al sexo femenino, constituyen la influencia básica en el cuerpo médico para orientar sus hábitos de prescripción.  De esta forma los laboratorios se aseguran que sus ventas alcancen cifras estratosféricas.  Uno solo de estos laboratorios alcanza ventas en un año, cuyo valor es el doble del Producto Interno Bruto de Nicaragua.  Los laboratorios en total gastan la nada despreciable suma de 19,000 millones de dólares en promoción de sus productos, así pues se dan el lujo de repartir cerca de 9,000 millones de dólares en muestras médicas y sus visitadores médicos obsequian a los galenos con regalitos por un valor total de 65 millones de dólares anuales.  Mientras las grandes corporaciones, por ejemplo la industria automotriz, tienen márgenes de ganancia de un 5%, las industrias farmacéuticas arañan el 19%.  El salario anual real de los presidentes y ejecutivos de estas grandes corporaciones farmacéuticas tiene más ceros que un examen de admisión parala UNI, de tal forma que el salario del Presidente del Banco Central o del Grupo Pellas, frente a estos gigasalarios pareciera una limosna y no se trata de científicos connotados, sino de estrategas comerciales al servicio de los intereses de los accionistas.  Muchos dirán que todo esto lo resalto de pura envidia, pero no, el problema serio es que todo ese dinero sale del bolsillo de los consumidores, léase enfermos, de todo el mundo.

Horas más tarde, regresando al doctor de Micaela, una señora entra a consulta y lo primero que hace el galeno después de revisar someramente los resultados de los exámenes de laboratorio es tomarle la presión y mientras el baumanómetro registra las cifras sistólica y diastólica, arruga la cara, para demostrar que hay algo preocupante.  No le dice el resultado a la señora, sino que chasquea repetidamente con la lengua y le dice que tendrá que cambiarle el tratamiento para su hipertensión.  Toma un recetario y mirando de reojo la literatura que le entregó la visitadora, copia el nombre de la nueva medicina para la hipertensión, disimuladamente mira la posología recomendada, la plasma en la receta, advirtiéndole a la señora que la revisará de nuevo en un mes, para observar la acción del medicamento.  La señora le agradece al médico, sale del consultorio y se dirige al escritorio de la recepcionista en donde entera el equivalente a 40 dólares, haciéndolo en una mezcla de billetes de 500 y de 100 córdobas, en su mayoría arrugaditos, que revelan el gran esfuerzo de la señora para juntarlos.

Cuando la señora va a la farmacia para adquirir el nuevo medicamento, la dependiente le espeta el precio de un blister para 14 días y la señora siente que se le aflojan las piernas, se le pega un dolor de cabeza en la parte anteroposterior del cráneo y los oídos perciben un fiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, sostenido, como de olla express, todo ello indicativo que la presión arterial se le fue, como la deuda con Venezuela, a la estratosfera.  Treinta dólares para el tratamiento de dos semanas, es decir que en un mes, tan solo de esa medicina se le irían un poco más de sesenta dólares.  Si suma el tratamiento para la diabetes y otras más que le había endosado el médico como ipegüe, es probable que no podría costearlo.

En Nicaragua, cerca de 533,218 personas como precisaría acertadamente El Firuliche, padecen algún tipo de diabetes y más de 1.25 millones de personas, tienen algún desorden de la presión arterial.  Una gran parte de esta población fallecerá como consecuencia de estos padecimientos.  En este caso, la investigación de los laboratorios farmacéuticos nunca ha estada orientada a la cura de estas enfermedades, sino al desarrollo de medicamentos para controlarlas hasta cierto punto, es decir que tienen que tomarlos de por vida.  Todas esas empresas están enfrascadas en una carrera hacia descubrir nuevas moléculas, como les llaman, que superen en algo a las actuales, toda vez que en algún momento perderán la patente de exclusividad y el mercado estará abierto a la producción de genéricos, con un precio muy inferior al que actualmente manejan.  Por otra parte, un ingreso per cápita de 2,700 dólares anuales, es decir, 225 lolos mensuales, nos da un panorama de la capacidad real de los nicaragüenses para atender sus necesidades de salud.

Ante esta situación, los médicos deberían jugar un papel diferente ante sus pacientes, considerándolos como seres humanos que tienen una situación de salud y por otra parte tienen una capacidad financiera limitada.  Así pues, el médico debería estudiar a fondo la enfermedad del paciente y de acuerdo a sus posibilidades, presentarle una alternativa de tratamiento que sea costo efectiva, es decir que logre el mayor beneficio al menor precio y discutirla con él.  Hay casos en que un simple diurético podría controlar una hipertensión o una buena dieta bajar los niveles de glucosa en el organismo. Sin embargo, aquí intervienen algunas asociaciones de médicos, de seguro financiadas por estas corporaciones farmacéuticas, que se han dedicado a bajar los índices de normalidad en estas enfermedades, reduciendo por ejemplo de 116 a 100 el nivel de glucosa normal, con el fin de etiquetar al mayor número posible de ciudadanos como diabéticos y del mismo modo las cifras normales de presión arterial con el mismo fin.  Asimismo, los médicos deberían de abandonar esa actitud de rechazo hacia los medicamentos genéricos, ofreciendo a sus pacientes esta alternativa, sin pensar lo que dirán los laboratorios que fueron dueños de la patente.  Aún en el mito de que las medicinas que han sobrepasado su fecha de caducidad, deberían dejar de ser tratadas como veneno, pues se ha comprobado que ciertas medicinas ha mantenido su principio activo 15 años después de su fecha de caducidad.

Deben pensar los médicos que al etiquetar a un determinado paciente como hipertenso o como diabético, de entrada le produce un stress que provocará un círculo vicioso que irremediablemente redundará en una mayor propensión a las enfermedades, agregándole el stress producido por el costo de controlar esas dolencias.  Los médicos deben de dejar de ser agentes de esos laboratorios y recordar aquella parte del juramento hipocrático que dice: “En cualquier casa donde entre, no llevaré otro objetivo que el bien de los enfermos”.

Nos ha tocado vivir tiempos aciagos, en donde una catástrofe mundial nos amenaza a cada instante y penden sobre nuestras cabezas negras predicciones, profecías mayas y soplan vientos apocalípticos, que traen el eco del galopar de los cuatro jinetes y cada quien, de acuerdo a la concentración de THC en su organismo le dará el significado que quiera. Sin embargo, en medio de todos, un quinto jinete, en un hermoso caballo, así como los que tiene Ismael Reyes, en una montura con adornos de plata y alforjas Gucci, vestido de Armani, destaca entre los otros.  Se trata de la industria farmacéutica quien lanzando una sonora carcajada nos dice: “Es la economía, estúpido”.

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Esqueça

En el año 2000, por motivos de trabajo estuve un par de semanas en el estado brasileño de Río Grande del Sur, en donde está ubicada la reserva natural Pantanal del Mattogrosso, muy famosa en Nicaragua por haberse filmado ahí una telenovela que tuvo a la ciudadanía pegada al televisor por mucho tiempo.  Al final de la visita, una noche salí con unos amigos a un local en Porto Alegre, la capital del estado, en donde había música en vivo.

Esperaba que la actuación de los intérpretes en el estrado se centrara en la música que para mí era lo más representativo de ese país: Jobin, Moraes, Powell, Gilberto, entre otros, sin embargo, el programa giraba en torno a la música popular, incluyendo los éxitos de Alexandre Pires y Só pra contrariar.  En cierto momento, le llegó al cantante en turno un papelito de parte de alguien de la audiencia y después de hablar rápidamente con el resto del grupo, se arrancaron con una canción.  Al inicio, por la introducción no logré identificarla, como casi todas las que ahí se cantaban, sin embargo, el cantante inició:  Esqueça, si ele ñao te ama, esqueça, si ele ñao te quer…

En ese momento se me vino a la mente una canción que por más de treinta años, por alguna razón se había quedado olvidada en algún lugar de mi memoria.  Sería tal vez porque el título en español de la misma: Olvídalo, había sido como una orden hipnótica para archivarla en alguna carpeta que a su vez se escondería en alguna pista ignota de mi disco duro.  En 1967 habían llegado a Nicaragua algunos temas de Roberto Carlos pertenecientes al álbum Eu te darei o ceu, lanzado por el cantante en 1966, que por alguna razón estaban en portugués: Eu estou apaixonado por você, Esqueça y el tema con el mismo nombre del álbum.  Debió haber sido por motivos de comercialización o disponibilidad de tiempo, pues un par de años antes, ya había llegado la versión en español de Mi cacharrito y Rosa, Rosita, es más del citado álbum, el tema Namoradinha de um amigo meu, tenía una versión es español, que por cierto no se prestaba muy bien a la traducción.

Los temas tuvieron en Nicaragua una gran aceptación, pues tenían una melodía agradable y pegajosa, a pesar de que con la letra la mayoría se quedaba en ele olo chico zapote.  Algunos grupos nacionales se atrevieron a interpretarlas en portugués cometiendo una sarta de barrabasadas, como aquel que decía: pensó en José, en lugar de penso em você.  En esos éxitos se comenzó a observar los intermedios que hicieron famosos a los temas de Roberto Carlos, en donde un instrumento, en aquel caso, el órgano (Hammond), jugueteaba con la melodía.

El local en Porto Alegre se emocionó con la interpretación de Esqueça al punto que corearon las últimas estrofas al unísono y al final ofrecieron una gran ovación al cantante, quien agradeció de manera especial a la audiencia, aludiendo al gran cantante e ídolo brasileño Roberto Carlos.  En esa ocasión me dio la impresión que este tema, aún dentro de la extensa discografía del cantante, era una de las preferidas del público brasileño.  No estaba equivocado, pues en el espectáculo Elas cantam Roberto, realizado en mayo de 2009 en el Teatro Municipal de Sao Paulo, en ocasión de los 50 años de carrera artística de Roberto Carlos, con la participación de las principales cantantes de ese país, Daniela Mercury y Wanderlea, interpretaron a dúo Esqueça.

Lo más interesante del caso es que aunque la mayoría de los brasileños y los pocos nicaragüenses que recuerdan esa canción creen que el tema es de la autoría de Roberto Carlos, no es más que un cover que el brasileño realizó del tema que a inicios de 1964 lanzara el cantante de rock norteamericano Bobby Rydell.  Este intérprete no fue muy conocido en Latinoamérica, a pesar que sus principales temas se colocaron en las listas de preferencia de los Estados Unidos, como la canción que nos ocupa que tenía originalmente el título de Forget him.  Sus amigos de la infancia, Frankie Avalon y Fabian, con quienes tuvo un conjunto fueron más reconocidos por estos lugares.  Rydell interpretó la versión que años antes interpretara e hiciera famosa el gran Dean Martin del tema Quién será, del músico mexicano Pablo Beltrán Ruiz y que en inglés se conoció con el nombre de Sway, así como el tema Wild one y Volare.  Un año más tarde el grupo liderado por Gary Lewis, The Playboys, lanzaron una nueva versión de Forget him, con un toque más parecido a los grupos de la British invasion, pero cuya calidad no llegaba a los talones a la versión original y solo fue un relleno para el álbum This diamond ring.

Más interesante es el hecho de que el autor de Forget him es el gran músico inglés Tony Hatch, quien a veces navegaba con el seudónimo de Mark Anthony (nada que ver con el salsero).  Hatch es un renombrado músico y compositor conocido con el mote de El Bacharach inglés.  Dentro de su extensa producción tal vez algunos recordarán Look for a star (Buscando una estrella), que a finales de los años cincuenta interpretara el saxofonista Billy Vaughan y que era de las piezas preferidas por los concursantes en el recordado Programa Perfecto, que se trasmitía en la Estación X y era patrocinado por la Mercedes Benz.  Hatch, también compuso mucho del repertorio de la cantante inglesa Petula Clark, incluyendo el éxito del cual ella vendió más de tres millones de copias: Downtown.

Así pues es muy pertinente aquel viejo dicho: “Nadie sabe para quién trabaja”.  Aunque aquí también se aplica:  “Una de cal por otra de arena”, pues algo similar ocurre con el éxito original de Roberto y Erasmo Carlos, Sentado a la vera del camino, del cual la cantante italiana Ornella Vanoni, realizara un cover bajo el título de L´appuntamento, el cual alcanzó un gran éxito y recientemente fue incluido en la banda sonora de la película Ocean Twelve.  Es posible que en Italia una gran mayoría crea que este tema es original de la Vanoni compuesto por su esposo Gino Paoli, quien amorosamente le había compuesto Senza fine.

Así pues, vemos que en el mundo del espectáculo siempre hay omisiones ingratas y los verdaderos autores de algún tema, o el intérprete original, generalmente queda escondido en el olvido para una gran parte de la audiencia.  Sin embargo, ahora con la magia de Youtube, puede usted disfrutar de Esqueça, en las versiones de Roberto Carlos y Daniela Mercury y compararlas con Forget him de Bobby Rydell o de Gary Lewis y los Playboys.

 

 

 

 

 

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Pegados

Frecuentemente veo las ediciones en línea de los principales periódicos internacionales y en especial los de México y España.  Me parece muy interesante conocer la cotidianidad de otros lugares, ver las noticias del mundo desde otra perspectiva y más que nada disfrutar de un periodismo de altura.

El caso es que recientemente me encontré con algunos artículos en España con la reseña de una obra de teatro, del género musical, que está causando furor en ese país.  La obra cuyo nombre, Pegados, no provoca en primera instancia mayor suspicacia, se trata de un encuentro casual de una pareja que al calor de las hormonas, llegan a tener sexo en el baño de una cafetería. Un tanto prosaico, pero así va la historia.  La suerte no estuvo de su parte pues ocurre que se quedan literalmente pegados y al no poder desembarazarse de esa situación deben acudir a un hospital para que clínicamente arreglen el problema.  Resulta que la atención en el hospital no es inmediata, de tal forma que da tiempo para que en medio de sus tribulaciones puedan cantar y bailar y lo mejor de todo, conocerse.  Aparentemente el tema de la obra es tratado con la delicadeza que amerita, de tal forma que una situación tan difícil y que para algunos llegaría a ser grotesca, puede ser asimilada por la audiencia y aceptarla con el humorismo y frescura con que se desarrolla la puesta en escena.

Indudablemente las causas y consecuencias del entuerto se mencionan de manera tangencial y en medio de la chacota con que se aborda el asunto.  Me imagino que la situación parte de un principio que debe de pertenecer a la neumática, algo así como la fuerza inversa de una botella de champaña o bien a la mecánica newtoniana y por lo tanto la situación no es inverosímil.  Lo que resulta una exageración es el ánimo de los protagonistas para cantar y bailar en medio de su calvario y tal vez no sólo el ánimo, sino la capacidad gimnástica para hacerlo.  Sólo me imagino que podrían cantar La Hiedra y bailar un palo de mayo o una lambada, pero en fin, son artistas y pueden llegar a dominar cualquier situación escénica.

Para darle cierto marco de realismo a la historia, los autores o más bien los relacionistas públicos de la obra señalan que la misma se basa en un hecho real que fue consignado en uno que otro periódico español.

Lo insólito del asunto y que me ha motivado a escribir sobre este tema, es que en Nicaragua sucedió algo extrañamente similar a la historia del musical.  Fue a finales de los años setenta cuando la tranquilidad del Hospital Regional de Jinotepe fue interrumpida por susurros que fueron esparciéndonos a lo largo y ancho del nosocomio. Luego se observaron rostros con los ojos desorbitados, quijadas desencajadas, jesuses, risitas, cachetes ruborizados, escozores, en fin una amplia gama de reacciones a la noticia de que una pareja había sido llevada de emergencia porque se había quedado pegada mientras practicaban el acto sexual.  Para complicar el cuadro, la sala de operaciones estaba ocupada con una intervención que parecía iba para largo; no habían consultorios desocupados, así que ante las protestas y ruegos de la pareja, la misma fue dejada en una camilla en un corredor, cubierta tan solo con una delgada sábana.  Está por demás narrar los viajecitos emprendidos por gran parte del personal y uno que otro paciente curioso para ver de quién se trataba el caso, utilizando los pretextos más inverosímiles.

Mi padre que en esa época trabajaba en ese hospital conoció de cerca el caso, sin embargo, al ser requerido para atenderlo y conocer el nombre de los protagonistas, solicitó que le apartaran ese cáliz, pues resulta que la pareja era de San Marcos y más aún, la muchacha era hija de una amiga cercana de él.  Un tanto a regañadientes tuvo que dirigirse a auscultar a un paciente y pasar irremediablemente por donde estaba la infortunada pareja, tratando de no volver a verlos, sin embargo, el protagonista al reconocerlo, con la impasibilidad de alguien se encuentra la playa tomando el sol exclamó: -Ideay doctor.  La muchacha se arrebujó en el pedazo de sábana.  Mi padre no supo que contestar, pues un: -¿Cómo están? hubiera sido una obviedad y –¿Cómo va la cosa ahí?, una perogrullada. Así que se limitó a saludar con la mano y fingir que atendía una emergencia para pasar de largo.  Cabe aclarar que esto lo supe por terceras personas, pues mi padre tenía un enorme sentido de la confidencialidad y la discreción y a pesar de no ser sus pacientes, no quiso comentar nada al respecto.  Años más tarde, en una reunión familiar, al calor de los tragos salió el cuento a relucir y mi padre se limitó a sonreír.

Ignoro el procedimiento mediante el cual lograron volver las cosas a la normalidad, por lo menos en lo relativo a las partes, que al saber por qué ostentan un título nobiliario, pues sentimentalmente la pareja tomó cada quien su camino.  La muchacha, que en realidad no se consideraba de ningún modo como casquivana, ni siquiera ojo alegre, es más, creo que militó en las filas de las Hijas de María, al final, tuvo que emigrar fuera del país con su familia para nunca regresar.  El varón siguió con su vida normal, como si hubiera completado un episodio de Survivor.

En la obra musical, mientras cantan y bailan su infortunio, la pareja va conociéndose y al final parece que se enamoran y colorín colorado.  El éxito del musical ha sido tan sonoro, que en México ya compraron los derechos y la han estrenado en una versión un tanto más timorata, propia para el público de estas latitudes.  Colijo yo, sin haber visto la obra, que la peculiar situación no conduce a ninguna moraleja, pues este accidente, que es una verdadera serendipia, podría ocurrir aunque la relación se lleve a cabo en la cama king size de un palacio o en el lavatorio de un avión, si se realiza por dos desconocidos o por una pareja enamorada, por dos pecadores o por dos santos.  Es simplemente un capricho de la física.

No creo que ningún grupo de teatro nacional, por muy experimental que pretenda ser, se atrevería a montar esta obra en Nicaragua.  Como cantaba Alvaro Carrillo: Pasarán más de mil años, muchos más.  La gente tal vez lo resista en la vida real, buscando algún pretexto para observar a la infortunada pareja, pero verlo en escena y aplaudirlo, ya son otros cinco pesos.

Como decía Don Fabio: “…auténtico, ahí nos vemos Güicho.”

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Hacia un nuevo lugar de culto

La gente va muy bien para ilustrar catálogos

para consumir mitos

y seguir la moda…

Serrat

Crecí en medio de una simplicidad incomparable. Recuerdo que en mi niñez, en San Marcos, Carazo, a comienzos de los años cincuenta del siglo pasado, siempre encontrábamos opciones para el esparcimiento.  El Parque Jorge Robleto era el lugar preferido de reunión de las familias y en las tardes soleadas, mientras los adultos conversaban amenamente, los niños nos dedicábamos a jugar a lo largo y ancho del parque, especialmente en el kiosco.  En aquella época todavía nos emocionaban los juegos cuyo origen se perdía en el tiempo.  Otra alternativa era caminar hasta la estación del ferrocarril y esperar la llegada del tren de las cinco de la tarde, que me parece era el único y ver descender a los emocionados viajeros que regresaban de Masaya o Masatepe con su carga de compras y noticias.  Otros paseos más largos se daban hacia El Convoy, detrás de donde está ahora el Ave María College, por el rumbo deLa Corina, residencia de la familia Pérez Maltez o hacia El Retén, a la salida de Jinotepe. Eventualmente había partidos de beisbol en San Dionisio o en El Cuadro.  Por las noches o bien el domingo por la tarde, el Teatro Julia era el centro de reunión del pueblo en donde además de disfrutar una película, se convivía  y se comentaban los últimos acontecimientos.  Al comercio iba quien necesitaba comprar algo.  Así de sencillas eran las cosas.

Cuando me trasladé a Managua a finales de los sesenta, me asombró la cantidad de opciones que había para el solaz, pues se podía escoger entre una veintena de cines, todos a tiro de piedra, muchos de ellos a precios accesibles a un estudiante.  Se podía ir a disfrutar un sorbete a La Hormiga de Oro, en el rumbo de abajo, o al Salón Verdi al lado de arriba, o bien un raspado en La Riviera.  Había cafeterías diseminadas por toda la ciudad, así como refresquerías, comedores y restaurantes para todos los gustos y presupuestos.  En un paseo por la Avenida Roosevelt se podía admirar, sin ningún compromiso, los escaparates de los principales comercios de la capital, con las últimas tendencias de la moda o bien los adelantos que la tecnología nos ponía al alcance de nuestras manos.  El centro de Managua tenía vida y era el alma de la ciudad.

Después del terremoto de 1972, la capital se volvió un caos.  Muchos de los comercios se reubicaron en lo que fuela Feria Ganadera, junto a la colonia Centroamérica, formándose el Centro Comercial Managua, construido bajo la filosofía provisional que imperaba en esos días, por lo tanto en los módulos prefabricados no había mucho espacio para otra cosa que no fuera buscar un artículo determinado.

Poco tiempo después se construyó el Centro Comercial Camino de Oriente, bajo una arquitectura moderna y que comprendía dos cines y locales para negocios entre los que destacaban el Topkapi, salón cervecero que todavía perdura, la sala de té Marçois, la estética Adán 2000, las discotecas Lobo Jack e Infinito, el Bolerama, entre otros.  Bajo el mismo concepto, pero de tamaño reducido se construyó junto al Supermercado La Colonia de la Centroamérica, la Plazade Compras en donde estuvo entre otros negocios la tienda Letty.   En el sector occidental se construyó el Centro Comercial Nejapa, ya con un diseño acercándose al “mall” norteamericano, con dos cines, el supermercado Más por Menos y varios locales entre los que recuerdo el de la tienda Aby, de la Sra. Yolanda Guagüi; en el centro estaba un local abierto llamado Los Paraguas en donde servían cerveza bien helada con bocas de enchiladitas recién hechas.  Este centro comercial tenía una antigua máquina de ferrocarril en el frente, que en cierto momento, con el río revuelto, le gustó a alguien y se la llevó.  Al lado de este centro se construyó un pequeño complejo de locales comerciales llamado El Punto, en donde estuvo el Book Store y la panadería La Francesa.

A finales de los setenta con capital salvadoreño se construyó una primera etapa del Centro Comercial Metrocentro, que tenía como comercio “ancla” a Sears, además de un supermercado y unos cuantos locales comerciales.  Luego hay que dar un salto de diez años, pues en los ochenta el comercio se limitó a la supervivencia, a excepción de la recordada Diplotienda, en donde si se contaba con la verde moneda del imperio se podían adquirir los bienes puestos a disposición de la nomenclatura, mientras el resto buscaba afanosamente cómo dibujar el desayuno para el nuevo amanecer.

En los años noventa, con el renacimiento de la economía de mercado, Metrocentro que se encontraba agonizante volvió a tomar un segundo aire, con una fuerte inversión de empresarios salvadoreños, poco a poco fue creciendo hasta alcanzar una considerable dimensión, bajo el concepto de “mall”, siendo el primero que introdujo el local llamado food court en donde se ubicaron sucursales de las principales cadenas de comida rápida.  Se habilitó un complejo de cines de una cadena multinacional y los principales comercios del país adquirieron un local, aunque Sears no se atrevió a regresar.  Al final se integró al complejo un moderno hotel.

Posteriormente empresarios asiáticos construyeron el centro comercial Plaza Inter, en el costado occidental de la explanada de Tiscapa, frente al que fuera el Hotel Intercontinental, hoy Crowne Plaza.  Tiene la estructura general de ciertos centros comerciales norteamericanos, sin embargo sus dimensiones son tan reducidas que lo hacen poco atractivo.  Tiene un complejo de diez cines, un food court y locales para comercio, los cuales fueron acaparados en su mayoría por comerciantes orientales para la venta de baratijas.  Cuenta además con un área al aire libre llamada Plaza Maya para eventos públicos.

Ya en el siglo XXI, empresarios salvadoreños desarrollaron Galería Santo Domingo, en la carretera a Masaya, cerca de los centros residenciales de mayores ingresos en la capital.  Tiene una estructura más grande que el resto, un complejo de cines, food court, locales comerciales y una zona “viva” de restaurantes y centros nocturnos, en donde los vivos son los propietarios que se echan el millón.

El último centro comercial que se ha construido en Managua es Multiplaza Las Américas, en el oriente de la capital, en donde se ha consolidado una amplia clase media.  El centro cuenta con una considerable infraestructura, complejo de cines, food court y locales comerciales.

Cada uno de estos centros pasó su época de “fiebre” que caracteriza al público capitalino.  Este es un fenómeno que refleja la idiosincrasia de la población y un claro ejemplo de esta fiebre se dio cuando se inauguraron los primeros Mc. Donald´s y Pollo Campero, en donde por varias semanas, las filas para ingresar al local alcanzaban varias cuadras. Después de dicha etapa febril, cada centro comercial fue tomando su rumbo propio y de esta forma Plaza Inter se convirtió en un centro para la clase baja alta y media baja, quienes tienen un buen acceso por la cantidad de rutas de transporte colectivo que ahí confluyen.  El corazón del mismo es el food court, seguido por los cinemas, el comercio y el conjunto de estrechos pasillos del centro comercial como lugar de paseo, convirtiéndose  en un local preferido por algunas “tribus urbanas” como emos, rockeros entre otros, especialmente cuando se programan eventos enla Plaza Maya.

Metrocentro, está ubicado en la zona más céntrica de la capital y el tránsito de una infinidad de rutas de transporte colectivo le arrancó la exclusividad que un día soñó tener, por lo que se ubicó en lugar de reunión de representantes de la clase media en su mayoría.  El lugar clave del centro comercial es el food court siguiéndole los cinemas, los locales comerciales y los pasillos como lugar de tránsito y de escaparate a la vez, en donde los visitantes admiran las vitrinas de las tiendas y pretenden ser admirados por el resto de los paseantes.  No cuenta con vida nocturna al carecer de centros integrados al complejo, así que por la noche toda la actividad del sector se traslada a la zona conocida como Hippos, a unas ocho calles.  El centro Multiplaza Las Américas guarde cierta similitud con la estructura de Metrocentro y es el lugar preferido de la clase media del sector oriental de Managua. Tal vez aquí cabría la clasificación de los estratos sociales que magistralmente señala el Dr. León Núñez.

Galerías Santo Domingo, sin embargo, representa un caso digno de un estudio sociológico, por la diversidad de manifestaciones proveniente de los sectores de mayores ingresos de la capital y de los estratos subsiguientes que desean imitarlos. Es ahí en donde tal como afirmaba Desmond Morris la jungla de asfalto se convierte en un zoo humano.  Puede observarse en este centro comercial un variopinto de personajes que pululan por todo el local.  El corazón de la actividad está en los pasillos del centro, como enorme pasarela por donde desfila el who is who de la capital y toda aquel que no es who pero pretende ser considerado como tal.  En este centro el food court pasa a último término, pues lo chic es comer en cualquiera de los restaurantes de la “zona viva”.  Fuera del food court había un local con mesas en donde había wi fi y que en 2009 y 2010 estaba muy de moda llegar con una laptop a navegar de balde por el ciberespacio mientras se admiraba pasear a la concurrencia y viceversa, sin embargo, con la proliferación de los blackberry y el internet movil, esta práctica cayó en desgracia y los pocos que acuden ahí son vistos casi como menesterosos.

En un fin de semana se puede admirar a toda una inmensa gama de personas, de todas las edades, razas, nacionalidades, gustos y preferencias.  Ahí lo mismo se puede ver a una joven pareja con sus bebés, un grupo de jovenzuelos, que a un par de exponentes de la tercera edad.  Puede observarse a ciudadanos de todas las nacionalidades casi al igual que en el paseo de los cerezos en el East Potomac Park de Washington D.C.  Ahí también se puede disfrutar un sorbete de 75 córdobas o una vulgar “manuelita” por 120 córdobas, solo por llamarla crèpe.  Aunque la capacidad de compra se demuestra al cargar bolsas de los comercios más caros, lo cual los distingue de los modestos “mirandas”.   Las extravagancias no dejan de sorprender a los asistentes y se puede apreciar en los últimos meses, la moda de enviar a niños al cuidado de nanas uniformadas que a su vez están custodiadas por miembros dela Policía Nacional, en uniforme reglamentario, en actitud de alerta máxima como si cuidaran a los hijos de Obama.

Es muy posible que se esté fraguando un nuevo centro comercial, alejado de cualquier ruta de transporte colectivo, cuyo acceso sea prohibitivo para ir en taxi y haya desincentivos para automóviles que no sean del año, de tal forma que sea verdaderamente exclusivo para clases pudientes, aristocracia de primera como diría el Dr. León Núñez.  Un mall en donde se pueda comprar zapatos Manolo Blahnik, carteras Hermes Birkin, perfumes Clive Christian´s, con kioscos en donde se disfrute un sorbete “Frozen haute chocolate” como el del Serendipity, café Kopi Luwak, Crèpes Suzette y demás exquisiteces.  Un lugar en donde al resto de los mortales solo le quede exclamar como la zorra ante las uvas: “Pero no están maduras”.

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Le dicen: La Sebastiana

Es temprano por la tarde cuando llego al oriente de la ciudad capital, en un extremo de Las Américas No. 1.  Frente al costado sur occidental del recinto de la Universidad Politécnica de Nicaragua, detrás de un cauce, se observa una casa recién pintada en azul y blanco.  Es una humilde construcción básica y en su interior no hay ningún mueble.  En el fondo de la vivienda se levanta un individuo, todavía con el sopor etílico y sale al pequeño callejón que la separa del cauce y en una improvisada banca formada por el borde del cauce, se sienta y respira profundamente.   Su aspecto es sumamente deplorable, está semidesnudo, sin camisa ni zapatos, tiene la apariencia de no haberse bañado por un buen rato, su pelo acusa no recordar cuándo fue la última vez que pasó un peine por ahí y una barba blanca reafirma el sensible descuido.  Sus uñas han crecido tanto que le dan a sus manos una apariencia un tanto terroríficas.  No obstante, su alborotado y encanecido cabello todavía tiene vestigios de su color claro de antaño y en sus ojos, ahora escondiendo la chispa que un día tuvieron, todavía guardan el intenso azul.  Es pequeño y todavía muestra una delgadez de toda la vida, aunque sus excesos con el alcohol han abultado su vientre.  En general, su apariencia trae a la memoria al personaje que Hemingway describiera lacónicamente en El viejo y el mar.

De repente, como si se lanzara en un plácido lago y empezara a nadar, se remonta en el tiempo para rememorar la historia de su vida.  Nació en Managua, en una casita de madera ubicada frente al Cementerio San Pedro, en el propio centro de la ciudad, un 20 de enero de 1940.  Su madre, soltera como muchas mujeres de esa época, quedó embelesada cuando lo vio por primera vez y no se cansaba de repetir que parecía un niño dios, así que decidió bautizarlo con el nombre de Gabriel de Jesús y lo arrullaba cantándole “Ese cabellito rubio”.  El muchacho fue creciendo y desde pequeño entendió su compromiso de ayudar a su madre a subsistir.  Sin notarlo siquiera, en todas las tareas en que debió apoyar a su madre, se esmeraba en ceñirse un delantal y en manifestar modales amanerados, no propios de un muchacho varón.  En consideración a que su madre, en medio de sus restricciones, cada 20 de enero le festejaba su cumpleaños, la gente comenzó a llamarle Sebastián, por celebrarse en esa misma fecha la fiesta del santo de ese nombre y así fue que el nombre de Gabriel de Jesús Quezada se disipó con la brisa del Xolotlán.

No supo cuando, la gente comenzó a cambiar su apelativo por la Sebastiana, debido a su clara orientación sexual, la cual en aquella época no era motivo de mayor sorpresa ni discriminación.  El apelativo no le molestó para nada al muchacho, quien se mantenía pequeño y esbelto, haciendo todo lo posible por aparentar una figura femenina y mostrar un claro contoneo al andar.

Cuando empezó a reflexionar sobre la manera de allegar más recursos a su hogar, le propuso a su madre la venta de refrescos y de esta manera, el joven se apostó en las afueras del cine Apolo, que estaba ubicado en las inmediaciones de la Iglesia del Calvario en el oriente de Managua.  Entre él y su madre llegaron a desarrollar una receta para preparar un fresco de cacao con un sabor singular, que rápidamente generó una buena demanda, a tal punto que Sebastián tuvo la idea de ampliar su radio de acción hacia el Mercado Oriental.   En aquella época, a finales de los años cincuenta, el Oriental estaba limitado a una sola manzana, sin embargo, mantenía un dinamismo sin igual.  Así fue que inicialmente con el fresco de cacao, Sebastián se convirtió en un elemento indispensable en el paisaje del mercado.  Posteriormente, a través de unos parientes en León encargaron diariamente repostería de donde las Prío.  Así fue que esa combinación de un cacao insuperable y una repostería que se deshacía en la boca, le dieron a Sebastián un fuerte impulso económico a tal punto que en sus momentos de éxito llegó a vender el equivalente a cien litros de leche, según él mismo, en un tiempo record de dos horas.  Para aprovechar el resto del día, Sebastián tuvo la idea de ayudar a doña Juanita una pobre señora que había caído en desgracia y a quien le dio la receta para preparar un fresco de cebada, la cual salía a vender por la tarde y para cuyo efecto inventó una tonadita que se hizo famosa en el rumbo:  Cebada helada, Bangán.  Este último vocablo no tenía significado alguno pero según Sebastián constituía una gran herramienta de marketing.  Al final le entregaba a doña Juanita, el importe total de la venta, sin dejar nada en concepto de comisión.  Eran definitivamente otros tiempos.

Sebastián no admite el momento en que estuvo consciente de su orientación sexual, simplemente recuerda que un día pensó que una vez suplidas las necesidades básicas de su hogar, había en la Managua de antes, muchas alternativas para poder combinar el placer y los negocios.  Tomó muy en serio lo que le expresó Doña Lidia Ruiz, propietaria del cine Ruiz, que él debería llamarse Diana La Cazadora, pues guardaba el encanto de la famosa estatua ubicada en el Paseo de la Reforma de la ciudad de México.  Así fue que comenzó a visitar los lugares emblemáticos de aquella época, en especial El Foker, El pez que fuma, La Toña nariz, Los caracoles, El lago de los cisnes parodiado luego como El charco de los patos, La linterna, La gata, entre otros.  Ahí se travestía y competía incluso con las sexoservidoras más demandadas.

En cierta ocasión participaba en la gala de disfraces de El charco de los patos, en donde toda la comunidad gay acudía a mostrar su ingenio, incluyendo a un destacado miembro de la familia aferrada al poder (en aquel tiempo).  La Sebastiana se disfrazó de Miss Universo, la Carola de monja, Toña la negra de vedette y así por el estilo.  Resulta que Bernie, el chico influyente, tuvo un fuerte desaguisado con un congénere y se armó el pleito, que en ese ambiente se torna violento, de tal forma que la infanta salió del local echando sapos y culebras y en menos de lo que canta un gallo, llegó una patrulla de la G.N., no a concursar, sino a realizar una redada.  La Sebastiana y otros de sus colegas salieron huyendo del lugar y no pararon de correr hasta llegar al Barrio San Luis, en donde al amparo de un palo de mango se quedaron dormidos.

En la cúspide de su esplendor, recuerda la Sebastiana la ocasión en que por 1968, durante las fiestas patronales de Santa Teresa, Carazo, se encontraba arreglando el local llamado Restaurante Jet, patrocinado por la cerveza del mismo nombre que recién incursionó en el mercado nacional, cuando se apareció la alcaldesa doña Raquel Peña y le notificó que lo había nombrado Reina de las fiestas.  Lo llevó a su casa y le mostró un ropero indicándole que podía tomar la ropa que quisiera.  De esta forma, nuestro personaje ataviado con un deslumbrante atuendo, repartió premios, besos y demás a los devotos.  De repente, se le ocurrió a alguien que debería desfilar en un caballo, así que subieron a la Reina en un rocinante, quien por el vestido de mujer no tuvo otra alternativa que montar de lado, al estilo de la Reina Isabel y así comenzó el apoteósico desfile en donde la Reina no se cansaba de agitar su mano para saludar a la muchedumbre.  Como siempre sobra un gracioso, ocurrió que a mitad del desfile, le dieron una palmada al caballo que terminó desbocándose, arrojando al suelo a la Reina que estuvo a punto de romperse el coxis.

Otro evento en el cual La Sebastiana participó siempre que pudo y con gran entusiasmo fue el baile del Toro Venado en Masaya, que es un baile folklórico en honor al patrono San Jerónimo y que ha devenido más bien en un carnaval que parodia la vida local y nacional y en donde los participantes llevan los más extravagantes disfraces.  Ahí la Sebastiana lucía un elaborado traje de mujer color rosado y era la sensación de todos los observadores.  En una de sus últimas participaciones en dicho baile, enarboló una bandera que un amigo le envió desde Canadá que con el arcoíris del orgullo, lo proclamaba Gay International.

Para 1972 vivía con su madre por la bajada de Chico Pelón un poco más al oriente de El Calvario.  Ese año las festividades navideñas prometían ser favorables al comercio y actividades conexas, así que Sebastián se trasladó a El Malecón para aprovechar la temporada.  Recuerda que el terremoto en ese lugar fue aterrador, pues se escuchaba un ruido que parecía el juicio final.  Al amanecer, los todavía asustados locatarios del lugar comenzaron a realizar un recuento de los daños, lo cuales a pesar de todo no llegaron a ser tan fatales como en el resto de la ciudad.  Lo que resaltaba es que había una gran cantidad de niños cuyas madres estaban a la hora del temblor en algún lado de Managua y no aparecían.  La Sebastiana se ofreció para hacerse cargo de ellos e improvisó lo que sería el primer CDI de Managua, pues organizó un refugio para ellos, consiguió agua para asearlos, la comida abundaba pues era la reserva para las fiestas navideñas que prometían ser de gran movimiento comercial ese año y de esta forma alimentó sin problemas a los niños.  Al pasar los días fueron apareciendo las madres de los niños y al final La Sebastiana pudo regresar a su casa con una considerable dotación de víveres.  En su casa, su madre lo esperaba con el alma en vilo pues creía que había quedado bajo los escombros al saber por dónde.

Después del terremoto, el negocio de la venta de frescos se hizo más complicado, lo que obligó a la Sebastiana a dedicarse casi exclusivamente a la venta de pan y repostería, siempre en el ambulantaje.   De alguna forma se allegó de un pequeño pedazo de terreno en Villa Austria en donde improvisó una vivienda.  Con el tiempo, las condiciones de la casa llegaron a ser tan críticas que el Consejo del Poder Ciudadano del rumbo, al considerar a la Sebastiana patrimonio intangible de la comunidad, gestionó fondos para construirle una “casa para el pueblo”.  El problema es que nuestro personaje se queja amargamente de que jamás hubiera aceptado esa donación y prefiere su jacalito, pues en el relajo de la construcción, se le llevaron todo lo que tenía y lo dejaron con una casa nueva pero vacía.  No obstante, los vecinos dicen que son los “amigos” de la Sebastiana quienes se le han ido robando poco a poco todo lo que tenía y luego siguieron con lo que traía la nueva casa que incluía hasta una televisión con conexión parabólica, según ellos, estándar en todas las “casas del pueblo”.

Por esta razón, es el borde del cauce el lugar en donde esta figura icónica de la vieja Managua cavila y recrea un pasado glorioso desde donde desfilan por su mente tantos hombres y tantos nombres que susurraron mentiras y a veces verdades en sus oídos.  Hay abogados, políticos ahora vendedores, estudiantes ahora políticos, periodistas, intelectuales (si alguien puede saber qué son), comerciantes, entre una interminable lista de la cual al escuchar los nombres lo hacen a uno exclamar como Tres Patines: Serapio Silva, chico .  No obstante, insiste que también se dieron relaciones en donde el negocio estaba muy lejos y era el corazón el que mandaba, como es el caso de David y Omar que dejaron una tremenda huella en lo más profundo de su ser.  Sin embargo, ninguno de los dos llegó a calar tan fuertemente el espíritu de la Sebastiana como Denis, un futbolista que cautivó al albiceleste.  Vivía el mozalbete ese en el barrio Los Angeles, cerca de la cervecería y sus encuentros se daban en una cantina cercana a la casa del futbolista en donde la Sebastiana llegaba y en la roconola tocaba una canción de moda en ese tiempo que decía:  Brujería, no, sortilegio no.  Al escuchar la melodía Denis corría a su encuentro, como Messi en busca de un gol, e iniciaban un tórrido idilio.  Este romance, duró seis años, pero al final, el futbolista corrió hacia otra portería y lo dejó con el corazón partío como dice Alejandro Sanz.  Lo más triste que narra nuestro personaje es que con el tiempo Denis llegó a amasar una interesante fortuna y ahora en la opulencia no se acuerda de él.

El individuo semi desnudo y del cabello cano abandona el borde del cauce y se dirige con pasos vacilantes hacia el sur.  Aparenta más de sus setenta y dos años y lo peor es que irradia la sensación de que ha perdido el amor por la vida, ese desdén que produce la extrema soledad.  Pero como decía Juan Ramón Jiménez: “En la soledad no se encuentra más que lo que a la soledad se lleva”.

Mi agradecimiento a Ovidio y Celeste por su invaluable apoyo.

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El Manifiesto

Creo que todos recuerdan el tremendo fiasco protagonizado por el “profeta” Harold Campings quien anunció con bombo y platillo que el mundo llegaría a su fin el 21 de mayo de 2011 y que al ver que no ocurrió así, asignó una gentil prórroga, anunciando que sería el 21 de octubre de ese mismo año.  Ver el post Pon Pon se acabó el jabón.  En junio del año pasado, Campings de 91 años sufrió un paro cardiaco que lo dejó en alitas de cucaracha, por lo que desapareció de escena, más aún cuando una afamada revista on line, lo declaró falso profeta.  Aquí pregunto yo, ¿será que en estos tiempos del Internet y los blackberry habrá profetas verdaderos?

El mundo entero creyó que después de semejante dislate, estos profetas de pacotilla, se calmarían por un rato a la espera que la memoria colectiva olvidara las falsas predicciones de Campings.  No obstante, en esta semana al estar leyendo un diario local encontré un campo pagado que me hizo exclamar: ¡Reflauta!.  Se trataba de un manifiesto de La Iglesia Fundamentalista de los Santos de los Ultimos Días, que es una facción radical de los mormones que permite la poligamia.  Aquí algunos lectores los envidiarán  y otros los compadecerán, ahí verán ustedes.

Resulta que, supuestamente, Jesucristo Hijo Ahman, que según los mormones es su nombre correcto, le reveló a Warren S. Jeff, Presidente de la citada Iglesia y residente en Palestine, Texas, una serie de recomendaciones en donde desde su poder Divino, pide a los mortales que se arrepientan, se llenen de humildad y se humillen para que cuando él venga, sean poseídos y bendecidos para que se conviertan en el pueblo de Sión. Aquí podría caber un: ¡Atiza!.

Lo más gracioso de todo es que al final del manifiesto, firman Mr. Vaughan E. Taylor, Patriarca de dicha iglesia y Nathan C. Jesoph, Consejero del Obispado de la misma institución, como testigos de que son verdaderamente las palabras de Dios, Jesucristo.  Lo único que se antoja exclamar aquí es: ¡Chanfle!.

Después de salir del estupor provocado por la lectura del manifiesto, comencé a formularme una serie de cuestionamientos.  El primero es que no encuentro el por qué seleccionar a Mr. Jeff y no a los 7 mil y pico de millones de personas restantes del planeta.  ¿Qué tiene de especial este señor para ser seleccionado entre esa tremenda muchedumbre del resto del mundo?  ¿Será Warren un exponente diáfano de la santidad, mayor aún que Benedicto XVI, el Dalai Lama o el Pope de la IglesiaOrtodoxa?  Pues parece que no, resulta que Mr. Warren S. Jeff, de 56 años y natural de San Francisco, California fue condenado por una corte por dos cargos de asalto sexual a menores y ocupó en 2006 la famosa lista de los 100 más buscados por el FBI.  Aquí se terminan las interjecciones y sólo procede pelar los ojos como Bart Simpson.

Más sorprendente es el hecho de que dos de sus compinches, sean quienes den fe de que en realidad Jesucristo se le apareció al Most Wanted, para encargarle tan delicada misión, como si ellos fueran un Consejo Supremo Electoral para tener el don de la infalibilidad y poseer toda la credibilidad del Universo.

Entonces, pregúntome yo, si no hubiese sido más fácil que el Hijo del Hombre con su poder divino hubiese encandenado a todas las emisoras de radio y televisión del planeta, algo muy común en Nicaragua, para dar su mensaje en forma directa y sin provocar la mínima duda.  Para qué fomentar el intermediarismo que a lo largo de la historia y en especial en la comercialización de alimentos sólo ha provocado perjuicios.

No obstante, si existen personas que puedan llegar a creer a pie juntillas el dichoso manifiesto, porque como dicen, de que los hay los hay, en la parte de abajo del campo pagado se señala que Mr. Vaughan Taylor, ha sido designado, vaya usted a saber por quién, para proporcionar mayor información al respecto, ofreciendo un teléfono, una página web y un PO Box, en Colorado City, Arizona, así como la tarifa para cada documento ofrecido al respecto que van de 2 a10 dólares.  Bara bara.

Así pues, tomando en cuenta que las profecías mayas señalan que el 22 de diciembre del 2012, a las 6:12 horas Zulu Time, se va acabar el mundo, no está de más que se arrepientan de algo: de no haberse permitido ser felices, de trabajar mucho, de no compartir directamente con la familia y los amigos, etc.  Ser humildes no le viene nada mal a nadie, lo que no es saludable es andar humillándose.  Si quieren llegar a convertirse en el pueblo de Sión, podrían empezar por el idioma.  Aquí se hace la jaculatoria.

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