Archivo mensual: octubre 2012

Sin final

Es inevitable que la nostalgia que brota del fondo de nuestro ser al recordar la vieja Managua, sea una constante en la vida de todos aquellos que el destino nos ubicó en los años maravillosos en que la capital vivía los últimos suspiros de una dorada etapa.

Hay colores, sabores, aromas que inmediatamente nos remontan a un momento, alguna calle, a ciertas personas, a una que otra casa o bien, al ardiente asfalto que hacía resbalar nuestros pasos.  Sin embargo, lo que más fácilmente nos lleva a ese mundo es sin duda alguna la música.  Fueron tantas melodías las que sirvieron de marco a singulares episodios en nuestras vidas, que al escucharlas de nuevo, nos llevan de la mano a un mundo que se antoja ahora casi fantasmagórico.

Si tuviera que hacer una selección de melodías que invariablemente están arraigadas a las circunstancias de aquella incomparable ciudad, no dudaría en incluir un tema que resonó innumerables ocasiones en el ambiente citadino y es la canción italiana Sin final (Senza fine).

Cuando me trasladé a Managua a inicios de 1967, presentaron en el Ruiz, si mal no recuerdo, la película El vuelo del Fénix, una de las últimas de James Stewart, en donde además actuaban Ernest Borgnine, Hardy Kruger, Peter Finch,  George Kennedy, entre otros y cuyo argumento se refería a un avión que cae por un desperfecto en el desierto del Sahara y en medio de un turbulento drama, se las ingenian para construir otro con las partes del avión original y al final logran despegar los sobrevivientes y llegar a un lugar seguro.  El tema musical de la película, en ese momento no impactó en toda su dimensión.  Se había encargado al grupo The Brass Ring (Los Anillos de Bronce) realizar una adaptación al tema Senza fine del italiano Gino Paoli, con el estilo que en esa época se conocía como el Sonido Tijuana Brass, desarrollado por el trompetista norteamericano Herb Albert.    Asimismo, en un pasaje aparece la voz de Connie Francis resonando desde un radio de transistores, interpretando la misma canción bajo otro ritmo, más parecido al original italiano, mientras uno de los tripulantes que agoniza se deleita con la suavidad de la melodía.    Salí del cine sudando como un beduino, pero con el sabor de una buena película y para ser sincero, no me quedó grabado el tema musical.

Poco tiempo después, llegó a las radiodifusoras el tema Sin Final de Los Anillos de Bronce y se apoderó por un buen tiempo de las preferencias de la audiencia nacional, junto con otros éxitos como El Tema de Lara.  Es curioso que en el mismo álbum de Los Anillos de Bronce, la canción se conoce con el nombre Tema de amor de El vuelo del Fénix, aunque en la película no aparece ninguna mujer y no hay por lo tanto ninguna escena romántica, más que el moribundo abrazando el radio mientras canta Connie Francis.  A propósito la versión de Connie Francis nunca llegó a escucharse en las ondas hertzianas nacionales, sin embargo, llegó de México una versión cantada en español interpretada por un grupo llamado Los Dominic´s.  Este grupo había interpretado el tema Dominique de Sor Sonrisa y obtuvo cierto impacto en México y luego se coló en los hit parade con el tema Sin Final, sin embargo, al poco tiempo se separó el grupo.  Lo único bueno del tema de los Dominic´s fue que la audiencia conoció una letra en español del tema, aunque no tan fiel a su original en italiano.  De la misma forma, llegó otra versión, un poco más guapachosa que la de los Anillos de Bronce a cargo del músico tico Solón Sirias y su grupo Los Tinajas Brass.    Un par de años más tarde, el maestro Juan Torres incluyó en uno de sus álbumes su versión para órgano, muy bien lograda, de ese mismo tema.

El caso es que la versión original de Gino Paoli, nunca llegó a los oídos del auditorio nacional, mucho menos la historia involucrada con ese precioso tema.  Paoli era un compositor italiano que a inicios de los años sesenta logró imponer algunos temas en las preferencias del público de ese país, entre ellos Senza fine, que apareció con buen suceso en 1961.   A estas alturas del partido la historia de la canción se ha convertido una leyenda pues algunos afirman que la escribió pensando en Ornella Vanoni, actriz y cantante, muy sexy por cierto, que empezaba a cobrar fama en Italia.  Otros aseguran que la canción fue escrita por los dos y que había surgido un romance entre ellos.  No obstante, está documentado que la Vanoni se había casado en 1960 con el empresario Lucio Ardenzi y en 1962 nació el hijo de ambos, Cristiano.    Por otra parte, en 1962 Paoli tuvo una relación con la actriz Stefania Sandrelli, producto de la cual nace su hija Amanda.  En 1963 Paoli lanzó su tema Sappore di sale (sabor a sal) que algún tiempo después llegamos a escuchar en Nicaragua y que según allegados al artista se la dedicó a la Sandrelli.

No se conocen muchos detalles sobre los motivos que orillaron a Gino Paoli a intentar quitarse la vida, disparándose una bala en el corazón, la cual que erró y permitió salvarle la vida, sin embargo, fue imposible sacarle la bala, misma que le quedó alojada en el pecho para toda la vida.  Más romántico no pudo haber estado el asunto.  Paoli se desapareció por una década, reapareciendo luego y retomando su carrera musical, con bastante éxito, incluyendo trabajos con su hija Amanda.  Descubrió y lanzó al estrellato nada más y nada menos que al recordado Lucio Dalla.   Entre 1987 y 1992 participó en política llegando a ser diputado por el partido comunista italiano.

Lo más interesante es que en el 2004 regresa Paoli a trabajar con Ornella Vanoni para grabar un disco de temas inéditos y coincide con la publicación de un libro escrito por Enrico De Angelis llamado “Nosotros dos, una larga historia”.  Luego, ambos artistas salen en una gira por toda Italia la cual es considerada como todo un éxito al lograr llenar todos los auditorios en donde se presentaron.  De rigor, el tema que predomina en la gira es desde luego Senza fine, en un dueto bastante bien logrado y en donde mientras la Vanoni mantiene su melodiosa voz de siempre, se nota que Paoli mejora sensiblemente el tono de su voz respecto a su versión original. Es impresionante el video, pues la pareja, septuagenaria entonces, irradia un gran romanticismo al interpretarla.

Para finalizar confieso que yo prefiero la versión de los Anillos de Bronce, por todo lo que representa en mis recuerdos de la vieja Managua.  Así pues, de vez en cuando en la madrugada, al ejercitarme con un poco de spinning, en la penumbra del improvisado cuarto de ejercicios, en el reproductor de MP3 de manera aleatoria aparece ese tema, cierro los ojos y me parece pedalear por las calles de aquella ciudad y al igual que Paoli, siento algo que está alojado en el pecho.

Anuncios

2 comentarios

Archivado bajo cine, cultura, Mùsica, Nicaragüense

La comida del indio viejo

 

En medio de la espesura de un bosque tropical hay un claro en donde poco a poco se van filtrando los rayos del sol en el amanecer y dejan adivinar un caserío compuesto por chozas de caña y techo de palma.  Un nutrido grupo de hombres, después de encender el fuego para la comunidad, se adentra en el bosque para terminar de desramar un enorme árbol.  Mientras tanto, cerca del centro del caserío, en donde se ha improvisado una cocina, empiezan a reunirse las mujeres para organizar la comida para todo el poblado.  Unas cuantas empiezan a preparar la masa de maíz, otras se encargan de destazar dos venados y cinco guardatinajas que los cazadores habían llevado por la noche y otras  en piedras de moler preparan una pasta con las semillas de achiote.    Cerca de ahí, cuatro hombres cavaban un hoyo más profundo que ancho y otros cuatro trabajan afanosamente armando un armatoste de madera en forma de bastidor cuadrado.  Todo el poblado parece estar involucrado en los preparativos de lo que parece una festividad importante.

Ya muy entrada la mañana, todos los que estaban en el poblado, de pronto detienen sus quehaceres para observar cómo los hombres que habían salido para el bosque, regresan con un enorme tronco de árbol sobre sus hombros.  Una escena impresionante que hubiera dejado helado al gran Caupolicán.   El cortejo continúa  hasta el centro del caserío en donde el otro grupo había finalizado el hueco y con un esfuerzo sorprendente, lo yerguen y lo incrustaron muy bien en la tierra, cerciorándose de que ha quedado firme.  Posteriormente, tres fornidos hombres suben el bastidor que habían construido y muy cerca de la punta, lo instalan ayudándose con un unas sogas, amarrando otras cuatro en los respectivos costados del bastidor.

De pronto todos los pobladores del caserío se han acercado alrededor del tronco y entonces un hombre vestido con un atuendo que lo distingue de los demás, empieza a exclamar hacia el cielo y después de una pausa, el resto, en coro continúa las exclamaciones, siempre dirigiendo sus miradas hacia lo alto.  Luego, inicia el sonido de un tambor y un flautín que interpretan una melodía sincopada y bajo ese compás, detrás de una choza salen cinco hombres, todos vestidos con una colorida indumentaria y siguiendo el ritmo, se dirigen hacia donde está el tronco de árbol.  Una vez que llegan, comienzan a subir con destreza hasta alcanzar la punta, propiamente donde se encuentra el bastidor.  Una vez ahí, empiezan a sujetarse con unas sogas y al final de su ejercicio, cuatro de ellos, se lanzan fuera del bastidor y mientras el que se quedó sentado en el mismo, empieza a hacer girar el mecanismo, mientras los cuatro valientes, con la cabeza hacia abajo, comienzan a bajar a medida que el bastidor gira.  Abajo, el tambor y el flautín llevan el ritmo del vuelo de aquellos cuatro hombres.  Cuando alcanzan el punto más bajo al que pueden llegar, el hombre que permanece arriba realiza una maniobra que hace girar el artefacto en sentido contrario y entonces los cuatro voladores, suben de nuevo, hasta alcanzar de nuevo el bastidor.   En ese momento, la muchedumbre grita de júbilo y mientras el grupo desciende por el tronco, comienzan a cantar en dos grupos, uno que le contesta a otro.  Al finalizar el hombre que haces las veces de sacerdote, vuelve a repetir sus exclamaciones y cuando finaliza, todos los hombres pasan a ocupar un determinado lugar alrededor del mástil.  Entre la muchedumbre aparece un hombre que notablemente se distingue del resto por su edad.  Su cabello no muestra tantas canas, sin embargo, su rostro, curtido por el sol muestra una infinidad de arrugas.  Es el más viejo del poblado y se nota que el resto le profesa una enorme veneración y al llegar en donde está el sacerdote, este le acompaña respetuosamente hasta un tronco de árbol que está ubicado cerca del mástil, y le ayuda a sentarse.

Para ese momento, las mujeres proceden a la etapa final de la preparación del banquete de la festividad de la fertilidad que celebran ese día.  En el fuego, han colocado un enorme perol de barro en donde han vertido un caldo en donde previamente han cocido la carne de venado y las guardatinajas y le agregan una gran variedad de hierbas, chiltomas, chiles y poco a poco van poniendo los pedazos de carne de venado y guardatinaja.  Posteriormente, bajan la intensidad del fuego y le agregan la masa de maíz y pacientemente continúan batiendo la mezcla y al final, le ponen el achiote en profusión, adquiriendo la mezcla un color rojizo tenue.  Cuando la comida está lista, una mujer toma un cuenco de barro y sirve del perol una generosa dotación del platillo preparado y se dirige hacia donde está el anciano y con una reverencia se lo entrega.  El viejo toma una especie de cuchara labrada en madera y se lleva un poco de aquel guiso a la boca.  Al saborearlo, entorna los ojos y lanza una exclamación de agrado.  La muchedumbre grita y comienza la distribución de la comida, la cual se realiza por niveles, como ha sido todo desde el comienzo de los tiempos.  Las jerarquías van empezando a saborear aquel manjar, luego el resto de los hombres y finalmente las mujeres, quienes no obstante, ya lo habían probado ampliamente en su preparación para darle el punto exacto.

Solo hasta que hubo finalizado la comida, se sirve la bebida.  De la misma forma, una doncella lleva al anciano chicha de maíz, que para esta ocasión, llevaba un fermento mayor que el que se utilizaba usualmente.  El anciano se lleva a sus labios la jícara con la bebida y sonríe.  A partir de ese momento el resto de la población comienza a disfrutar del fermento y cuando el anciano solicita que lo ayuden a llegar hasta su choza, el poblado entero se abandona a una orgía, bien organizada por cierto, pues al final, cuando todos acurrucan en los brazos de Morfeo (o su equivalente) lo hacen satisfechos, mientras los dioses en algún lugar allá arriba o abajo, según sea el caso, se muestran complacidos y les otorgan un pase a la fertilidad, tanto en sus vidas como en sus cultivos.

Donde están los dioses, el tiempo es una dimensión que va más allá del relojito de arena que aparece en nuestras pantallas. Desde arriba, atravesando nubes y más nubes, se llega a un claro, que bien podría ser el mismo de la primera historia, eso sí, en otro momento, siglos tal vez más tarde en donde ahora se observa un caserío, en su mayoría compuesto de casas de adobe y otras cuantas de madera, casi todas de reciente factura.  Desde temprano el poblado se mira en ebullición pues ese día tendrán una celebración especial.  Un poco antes del amanecer, un par de cohetes anuncia la llegada de un nuevo día y una banda musical interpreta una marcha que obliga al pueblo a levantarse y seguirla por todo el paraje.  A partir de entonces, el pueblo permanece en alerta, pues cerca de las nueve de la mañana, aparece desde una vereda que sale del bosque, la figura de un hombre que viste una sotana y monta un caballo que se asusta al escuchar los cohetes que anuncian su llegada.  Una comitiva recibe al sacerdote, quien se dirige a un sencillo templo, recién construido, que en esa ocasión inaugurará y dedicará a un distinguido miembro del santoral católico.  Es el sabroso tiempo de inaugurar, de nombrar, de iniciar ritos, costumbres y tradiciones que permanecerán por mucho tiempo.  A las diez de la mañana, el sacerdote con la ayuda de tres cohetes, a falta de campanas, anuncia el inicio de la misa.  El pueblo entero está presente en el templo y como siguiendo un impulso inconsciente, las mujeres se ubican al frente y los hombres al fondo.  A medida que transcurre el oficio,  los rostros de los asistentes muestra un singular tedio, pues el sacerdote después de mascullar en latín por un rato, se sube en un banquito, a manera de púlpito y les dirige un sermón en español en donde después de felicitarlos por su decisión de ofrecer el pueblo y su iglesia a determinado santo, les recuerda de los horrores del infierno a todos aquellos que pequen con pensamiento, palabra, obra u omisión, así como el enfado de Dios por un lado y de su infinita misericordia por el otro.  Al final del oficio, el sacerdote rocía con agua bendita a una estatua de madera del santo, encontrada según algunos en un arrollo y según otros en un acantilado y que se ha convertido ahora en patrono del lugar.  Continua el cura rociando al recinto entero y  luego a la muchedumbre, quien se mueve al compás del brazo del religioso a fin de recibir alguna gota del milagroso líquido.   Seguidamente, la estatua del santo patrono del poblado que ahora también llevará su nombre, es cargada por algunos fieles, mientras de pronto, como por arte de magia, una nube de incienso inunda el recinto, mientras un tambor y un flautín, con un ritmo sincopado, marcan la salida del santo hacia las irregulares calles del poblado.  Ya afuera, con una profusión de pólvora, entra la banda musical que interpreta una marcha mientras la procesión se apresta a recorrer las dos principales calles.

En una casa cercana al templo, se ha instalado una enramada, que marca el lugar en donde vive quien ha sido designado como mayordomo de la fiesta.  Es un agricultor con ciertos recursos, que ha recibido en días anteriores la cooperación de otros ciudadanos pudientes y que permite que en conjunto se junten tres cerdos, y varias gallinas.  En el patio de la casa, se ha improvisado un enorme fogón en donde se preparará la comida que se servirá a todo el pueblo en esa festividad.  Se ha decidido sacrificar los tres cerdos para preparar un guiso especial, dejando las gallinas para la octava.  Se ha procedido a cocer la carne y posteriormente, en un enorme perol, se ha puesto a freír en manteca de los cerdos sacrificados, cebolla, chiltoma, ajo, tomate, chile, agregando masa de tortilla, así como la carne cocida en trozos pequeños y poco a poco se agrega el caldo que resultó al cocer la carne, luego se le va agregando achiote, naranja agria y sal.  Aparte, se había puesto a cocer una enorme dotación de guineos cuadrados para acompañar aquel guiso.

Al finalizar la procesión, colocan la estatua del patrono en su lugar en el templo y todo el mundo se dirige a la casa del mayordomo en donde la comida ya es encuentra lista.  En el enorme patio se han dispuesto sillas de tijera, taburetes y bancas de diferentes tamaño para albergar a todo el pueblo.  En esta ocasión, el primer plato es servido al sacerdote, quien antes de probarlo dice una oración y lanza a la concurrencia una bendición.  El religioso prueba el platillo y exclama: -Ah, boccato di cardinale y felicita a las señoras que estuvieron a cargo de su preparación, mientras hace malabares con el guineo.  Luego continúa la repartición de comida, como siempre, siguiendo los debidos niveles, primero las autoridades locales, amigos y parientes del mayordomo y luego el resto del mundo.  En paralelo se distribuye chicha de maíz y para los elegidos, guarón.  Cuando el sol amenaza con ocultarse, el señor cura emprende su viaje de regreso y la población se entrega al baile y más noche, al calor de los excesos de la chicha o del guarón, se cometen ciertos excesos, eso sí, con la mayor discreción posible.

De manera similar, este mismo platillo se fue instituyendo como la comida oficial comunitaria de las fiestas patronales de muchos lugares en Nicaragua.  Es obvio que en el transcurso del tiempo ha sufrido algunos cambios, sin embargo, el espíritu original se mantiene desde tiempos ancestrales y sus ingredientes básicos continúan siendo los mismos.  La fusión con la comida española fue mínima y podría resaltar la técnica de freír, el tipo de carne y la adición de algunos elementos como la cebolla, el ajo y la naranja agria.  Por otra parte, el nombre ha sufrido algunas variantes.

En un interesante artículo aparecido en el Nuevo Diario, el poeta Fernando Silva afirma que el nombre correcto de este platillo sería “el guiso de la comida del viejo”, derivado del nombre náhuatl, paloanitli güegüe.  Otro dato interesante aportado por este artículo es respecto a las propiedades preservativas del achiote, lo que otorga al platillo una durabilidad que lo hacía ideal para aliñarle comida a los viajeros o personas que permanecían en el campo mucho tiempo, pues el alimento no sufría ningún proceso de descomposición.

En muchas regiones del centro del Pacífico el nombre más usual del platillo es Indio Viejo, sin embargo, existen dos variantes en cuanto a su preparación, pues algunos mantienen la receta tradicional de prepararlo con masa de maíz y otros lo preparan a partir de tortillas, preferiblemente viejas, las cuales se muelen junto con un poco del caldo en donde se cuece la carne.  No obstante, esta última receta es más utilizada cuando se prepara como platillo de diario en las casas particulares y cuando se trata de comida comunitaria ya sea en fiestas patronales o en otras ocasiones especiales, se hace utilizando masa de maíz. Lo más usual es utilizar carne de res, aunque muchas veces es sustituida por carne de cerdo.

En Masaya, al igual que todas las regiones circunvecinas que tienen su origen en este enclave, como Masatepe, Niquinohomo y San Marcos, el platillo se llama Masa de Cazuela y se es típico en la celebración de las fiestas patronales.  Generalmente se acompaña con guineo cuadrado (de chancho).  La carne que se utiliza en su preparación varía, pues depende de los regalos o presentes que ofrezcan los ciudadanos al patrono del lugar a través del mayordomo, llegando a prepararse en algunos casos con una mezcla de todos los animales recibidos.

El caso de Diriamba es aparte.  Aunque la receta del platillo no varía sustancialmente respecto a la original, la carne debe ser de res y obligadamente picada.  El nombre que ahí toma, fue bautizado por españoles quienes recordando algún platillo de su patria le pusieron Picadillo.

En algunas localidades de la región centro norte, el platillo toma el nombre de Marol y en algunas celebraciones lo sirven como decían las viejas de mi pueblo “albarda sobre aparejo” pues lo ponen encima de una tortilla.

Mi abuela era originaria de Masaya y además con una enorme experiencia en cuestiones gastronómicas y en su casa se preparaba Indio Viejo a partir de tortillas viejas y carne de res.  Lo servía con plátano verde cocido y era un plato de la preferencia de mi abuelo, quien era autóctono managua.

En mi casa, Matilde quien es la asistente culinaria y originaria del departamento de Matagalpa prepara Indio Viejo a partir de masa para tortillas y con el propósito de adecuarse a la dieta con restricciones de carnes rojas, lo hace con pollo.  Como la asistencia a la mesa está en función de los horarios disímiles que imperan, a mi me corresponde entrar en la primera tanda, así que un tanto a la usanza de los antepasados, me sirven de primero como el hombre más viejo de la casa.  Tal vez caiga dentro del terreno de la herejía, pero yo lo prefiero con plátano maduro cocido.  Me causa una grata impresión ver como mis pequeñas nietas se entusiasman con ese platillo y hasta piden un ancore.

Para finalizar, traigo acá de nuevo las palabras del sociólogo colombiano Ramiro Delgado Salazar: En cada bocado de comida vivimos a diario nuestra doble condición de seres culturales y biológicos.  “Cada sociedad ha codificado el mundo de los sentidos desde su propia mirada y su propia racionalidad y en el comer están presentes las particularidades de un grupo humano”.

9 comentarios

Archivado bajo cultura, Nicaragüense

Bond, James Bond

A mi hermano Ovidio

Aunque usted no lo crea, el día de hoy viernes 5 de octubre de 2012 se está celebrando el Día Global de James Bond, para conmemorar el 50 aniversario del estreno en Londres de la primera película de la franquicia del legendario agente 007.  Para muchos, este hecho podría constituir, tal como sabrosamente dicen los españoles, una gilipollez.  No obstante, a pesar del obvio trasfondo comercial que pudo haber motivado a varias productoras cinematográficas como 20th Century Fox, Metro Goldwyn Mayer y Eon Productions de Albert Broccoli, el promover esta celebración, el hecho es que encontró eco en muchas organizaciones a nivel mundial, entre ellos el Museo de Arte Moderno de Nueva York que presentará hoy una retrospectiva de las películas del espía británico; una subasta internacional, en línea y en vivo, organizada por la Casa Christie´s de Londres para fines caritativos, un concierto en Los Angeles con los temas musicales de las películas de James Bond patrocinado por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas; así como una exhibición en la sede del Festival Internacional de Cine de Toronto.  Por otra parte, en muchos cines del mundo se presentará el documental Todo o nada, sobre este icono y desde luego muchas televisoras pasarán películas del agente 007 en su programación de este día.

En lo particular, creo que si el mundo está inundado por infinidad de celebraciones día a día, que incluso abarcan los casos más patéticos que puede uno imaginarse, es digno, justo y necesario celebrar a un personaje que, aunque ficticio, al igual que muchos de nuestro imaginario, por cincuenta años ha resaltado en nuestras vidas la emoción y el suspenso.

Recuerdo como si fuera hoy, que allá por 1963 en el Teatro Julia de San Marcos pasaron el avance de una película que prometía las más grandes aventuras jamás llevadas a la pantalla.  En una imagen congelada de un tipo impecablemente vestido, se resaltaba su mano mientras el locutor aclaraba que portaba una Walter PPK, mortífera y que en poder de un agente 00, es decir con licencia para matar resultaba una mezcla explosiva.  El actor, Sean Connery, se presentaba como la elegancia personificada, incluso en los momentos más difíciles.  Para nosotros en Nicaragua la licencia para matar no era una novedad, pues la Guardia Nacional la tenía desde hacía tiempo y vaya que sí la utilizaba.  También aparecía, como Venus emergiendo del mar, la imagen de Ursula Andress, en bikini, luciendo un puñal en su cintura.  Con semejante avance, esperé la película como agua de mayo y el día del estreno, estaba desde temprano en el cine, esperando lo que prometía El Satánico Dr. No, título que para impresionar al público de habla hispana tenía como anexo lo de satánico, que no aparece en el original en inglés.  Cabe decir que disfruté la película de principio a fin, sin sospechar que le seguirían unas dos docenas de películas más.  Fue toda una revolución la presentación de los títulos de la película, con el omnipresente cañón de la pistola y  el agente al otro lado disparando y bañando de sangre la escena, mientras el más que conocido tema de Monty Norman, adaptado por John Barry, inducía al público a la emoción.

Poco tiempo después, presentaron en la televisión un documental sobre el agente con licencia para matar, más bien como una promoción para la siguiente película de la serie, que a pesar de tener un título atrayente en inglés: From Russia with love, en español nos recetaron: El regreso del agente 007.   En el documental aparecía James Bond corriendo en unas colinas, perseguido por un helicóptero que le disparaba sin cesar, hasta que de su maletín saca un rifle plegadizo, lo arma y se trae al helicóptero, luego venía la famosa escena de la segunda película en donde acompañado de la bella Daniella Bianchi, desde una veloz lancha, lanza al mar unos barriles de combustible perforados por las balas de quienes lo persiguen y con una luz de bengala, hace explotar los barriles junto con sus enemigos, mientras le dice a la chica: -En Inglaterra hay un dicho: donde hay humo, hay fuego.

Desde luego que la espera para la segunda película de la serie se hizo eterna y cuando llegó, de la misma manera estaba de primero en el cine, disfrutando de hora y media de grandes emociones.  Fue la primera cinta que tuvo un tema musical propio, en esa ocasión con el mismo nombre From Russia with love, en la voz del cantante inglés Matt Monro.  Fue impactante, cuando en las escenas preliminares, Sean Connery sale del mar en traje de hombre rana y al quitárselo se queda en un dinner jacket impecable.  Ahí también miré la última actuación del recordado actor mexicano Pedro Armendáriz, antes de sucumbir al cáncer, así como al gran actor Robert Shaw (Tiburón) y la gran actriz austriaca Lotte Leny, quien fue la esposa del compositor Kurt Weill.  Fue interesante ver al momento de los créditos finales, un anuncio que anticipaba el regreso de James Bond en Goldfinger.

Cuando presentaron Goldfinger en el pueblo, llegué temprano al cine y ya había una nutrida concurrencia, pues a nivel nacional ya el agente británico era un ídolo.  Así disfrutamos de una película más de James Bond, con un tema musical de primera en la voz de Shirley Bassey y con la gran sorpresa del Aston Martin que tenía un rudimentario GPS integrado y ametralladoras al frente y en caso necesario, lanzaba aceite para que los vehículos que los seguían resbalaran y colisionaran.  Lo último no fue novedad para nosotros pues los carros concheños circulaban tirando el aceite en todo el camino.  Recuerdo también que todos se quedaron sin habla cuando a una chica que seduce Bond, como castigo, Goldfinger la manda a pintar de oro, ocasionándole la muerte. A partir de esta película, mi hermano Ovidio se convirtió en mi fiel compañero en la afición por esta serie, que anunciaba felizmente la siguiente producción de la saga: Operación Trueno.

Con tiempo, mi hermano y yo nos preparamos para el estreno de Thunderball, ahorrando dinero para viajar e ir a verla de primeros en el estreno en Managua.  Así pues, la miramos en el Margot, con aire acondicionado, sillones acolchados y palomitas de maíz. En cada película, el formato de la misma, iba mejorando, aparecían mejores artilugios, escenas submarinas espectaculares, chicas Bond al por mayor, un tema impactante en la voz de Tom Jones y en general el argumento con una adaptación bastante aceptable.   Para esa época, los fanáticos de James Bond abundaban, especialmente en Managua y se pusieron de moda unas calcomanías que imitaban impactos de bala en la carrocería y algunos llevaban una Beretta, a falta de la Walter PPK, en la guantera.

Cuando ya vivía en Managua, con mucha mayor razón seguí devotamente asistiendo a todas las películas de James Bond que le siguieron.  En una ocasión, encontré en una librería del centro, varios ejemplares de las novelas originales de Ian Fleming y las compré, disfrutando al máximo la lectura de las mismas.  Una de las que más disfruté fue Casino Royale, que todavía no se había llevado a la pantalla.  Luego apareció la primera versión cinematográfica de esta novela, pero resultó que los derechos los había adquirido otra productora, quien consideró pertinente convertirla en una obra al estilo Pop Art y resultó en una comedia divertida, pero sin el sabor a la aventura que tenían el resto.  La música fue sin igual, parte escrita por Burt Bacharach y Al David y participaron artistas de primera línea al por mayor, entre ellos David Niven, Peter Sellers, Ursula Andress, Deborah Kerr, Orson Welles, Woody Allen, William Holden, entre otros.

Aún cuando Sean Connery tiró la toalla y lo sustituyó Roger Moore, mi afición por las películas de James Bond, no decayó y siempre estuve atento al estreno de esas películas. Cuando me trasladé a México, igual continué con mi asidua asistencia a todas las películas.  Lo más interesante se dio cuando si iba a estrenar En la mira de los asesinos, título también un tanto mafufo para el original A view to a kill, programada para finales de septiembre de 1985.  El 19 de septiembre de ese año, ocurrió el terremoto más grande que se recuerde en el Distrito Federal; nosotros nos salvamos de chiripa, pues vivíamos en el Edificio Chihuahua de Tlatelolco y estando fuera escuchamos caer estrepitosamente al vecino Edificio Nuevo León.  El complejo quedó inhabitable y fue gracias a la generosidad de una tía materna que logramos refugiarnos en una comunidad cerca de Xochimico.  Cuando la calma regresó a la capital y los cines comenzaron a operar de nuevo, sería un par de meses después, anunciaron el estreno de la película de James Bond.  Mis hijos estaban cansados de permanecer los fines de semana en aquel apartado lugar y les propuse ir al cine a lo cual accedieron encantados.  Fuimos a ver la película, un poco nerviosos, pero todo ocurrió sin incidentes y el único temblor que sucedió fue en la pantalla, cuando Roger Moore está en San Francisco con Tanya Roberts.

Un día en una librería del Distrito Federal encontré un libro sumamente interesante y lo compré, se llamaba Triciclo y era la historia de Dusko Popov, un espía de origen serbio, que inicialmente espiaba para Alemania pero que al final terminó siendo un doble agente a favor de Inglaterra.  Ian Fleming conoció a Popov y se encontraron en un casino en Portugal en donde Popov realizó una apuesta de 40 mil dólares de aquel entonces en baccarat, para hacer que un rival se retirara.  Esa fue la inspiración para Fleming para su primera novela Casino Royale.

A la fecha he visto las 22 películas de James Bond oficiales más la primera de Casino Royale y pienso asistir al estreno de de Skyfall, a estrenarse a finales de este mes y que tiene además la sorpresa del tema musical interpretado por Adele.

Por la particularidad del caso, encuentro un tanto cuanto difícil ver la manera de celebrar en forma esta especial ocasión.  Ya ven que en ninguna película se enfoca las costumbres de James Bond a la hora del almuerzo y en todo caso nuestra asistente gastronómica decidió preparar un delicioso Indio Viejo el día de hoy, cosa que definitivamente no va con el 007.  Así pues por la noche, sacaré a orear un smoking que tengo y ya caracterizado, me prepararé un par de vodka martinis, agitados no revueltos, que seguro me pondrán cachetón, mientras escucho en el reproductor de MP3, uno de los temas cuya letra me sigue gustando:  You only live twice, or so it seems, one life for yourself and one for your dreams…(Solo se vive dos veces, o así parece, una vida para ti mismo y otra para tus sueños).

4 comentarios

Archivado bajo cine, cultura