Archivo mensual: noviembre 2008

El sueño de las carpas

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La última vez que había ido al circo fue hace 45 años.  A simple vista podría parecer una eternidad, pero cuando uno va envejeciendo, debe de interiorizar que Carlos Gardel tenía mucha razón cuando decía que es un soplo la vida y que veinte años no es nada.  Fue a mediados de los sesentas cuando un circo europeo llegó a Managua y mi padre nos llevó a verlo.  No me entusiasmó mucho la idea de ir al circo, pues sentía que a mis 14 años ya no estaba para circo, sin embargo, en esa época me gustaba tanto acompañar a mi padre a donde quiera que iba y por esa razón me uní al grupo.

Recuerdo que el circo, cuyo nombre no logra acudir a mi memoria, se ubicó en el Estadio Nacional y de los números que presentaron, sólo recuerdo el acto de un acróbata vestido de marinero, que simulando estar borracho, subía a un mástil flexible de unos 10 o 15 metros de altura, desde donde se columpiaba y realizaba acrobacias que ponía en vilo el alma de los presentes.

Después de eso, nunca más me había animado a asistir al circo pues me parecía que el asombro que me había provocado en mi niñez el circo de Firuliche, era difícil que pudiera volver con cualquier espectáculo.  Debo decir que en la televisión he tenido la oportunidad de ver algunos números de famosos circos internacionales como el gran Cirque du Soleil y a pesar de que sus actos son realmente impresionantes, mis cavilaciones van encaminadas siempre a los aspectos gerenciales que deben darse en empresas de esa naturaleza.

Cuando este pasado septiembre estuve en El Salvador, observé que se estaba promocionando al Circo Tihany como una verdadera maravilla, sin embargo, no tuve la mínima curiosidad por él.  Sin embargo, hace un par de semanas se anunció aquí en Nicaragua y mi hijo me insistió que lo acompañara a una función.  Después de cierta resistencia, al fin accedí, invitamos a Noelito, un ex alumno de mi esposa que de facto es un miembro más de la familia y nos fuimos a la función de las cuatro de la tarde de este sábado pasado.

Mi primera desilusión fue que no había pista y para mi, en lo particular, para que exista circo, debe haber pista.  No necesariamente tres pistas, pero al menos una.  En su lugar había un escenario y en vez de las famosas tablas de madera del circo de Firuliche, había una estructura sólida con bancas de vinil y las localidades más caras tenían butacas de velour. Otra cosa que noté es que no había orquesta en vivo y todo circo debe de tener una orquesta propia, aunque sea un saxofón, un trombón, un clarinete y los tambores.  El Tihany en su lugar tiene un equipo de sonido de la más alta tecnología, acompañado con luces y demás artilugios, pero definitivamente no le da vida al espectáculo como una orquesta real.

También noté con desilusión la ausencia de un Jefe de Pista, que es el presentador oficial de un circo y en su lugar pasaron un video con un mensaje del dueño fundador, el húngaro Franz Czeisler.  No se sabe si en esta gira acompaña a su troupe, pero lo más probable es que se encuentre en su residencia de Las Vegas, pues quien realmente dirige el circo es el mago Richard Massone, cuyo número constituye el elemento central de la presentación del circo y que al momento de su actuación, la combinó un poco con la labor de Jefe de Pista.  En realidad es un buen mago, su presentación cuenta con los elementos indispensables para un buen espectáculo de magia, aunque sin exagerados logros.

El show musical que es el otro eje sobre el cual gira el espectáculo del Tihany, para mi gusto, ajeno tal vez a los pormenores del arte de la danza, deja mucho que desear.  La coreografía no parece contener ninguna propuesta y se basa en una mezcolanza de estilos, los cuales no se ejecutan con el rigor que demanda un espectáculo de esta naturaleza.

El circo tampoco tiene animales y cuando digo animales me refiero a los animales clásicos del circo como elefantes, leones y demás, pues en este caso, un tigre blanco tan sólo aparece fugazmente en uno de los actos de magia de Massone.  En estos días muchos que se inclinan por la desaparición de los espectáculos de animales en los circos modernos, como un apoyo para la protección de las especies maltratadas secularmente.  El único número que incluye animales es el de una guapa entrenadora que hace convivir a palomas con gatos y perros, quienes compiten por realizar toda suerte de acrobacias.

Debo de admitir que los payasos sí estuvieron a la altura.  Un grupo de cuatro clowns hicieron las delicias de grandes y pequeños con una presentación digna de cualquier circo de prestigio.

Los acróbatas estuvieron bien, sin lograr hazañas increíbles.  Los malabaristas, sin embargo, parecían principiantes.

En resumidas cuentas, para un público, como el nicaragüense, sin mucho acceso a una amplia diversidad de oportunidades para su esparcimiento, a un precio elevado, el circo Tihany ha sido una alternativa de diversión, aunque me atrevería a decir que pareciera que en Nicaragua manejaron parte del equipo de repuesto.

Existe un aspecto que es importante señalar y que observé en la función a la que asistí.  Generalmente un circo es un espectáculo que arranca de la audiencia las más grandes manifestaciones emotivas, desde el asombro, la risa, el miedo, etc.   En la función observé, sin embargo, un público y a lo mejor en muchos casos tendría que sumarme al conjunto, a quien el circo no lograba provocar sus más escondidas emociones y después de mucho analizar el asunto me parece que todo lo que ha tenido que atravesar el pueblo nicaragüense ha venido a desconfigurar sus reacciones.

Al momento de iniciar el espectáculo, un numeroso conjunto de payasos invaden el escenario, supongo que incluía a bailarines, acróbatas y demás, para insertar al público al ambiente clásico del circo y que en cualquier parte del mundo arranca los más calurosos aplausos, gritos y demás manifestaciones de alegría, aquí en Nicaragua, fue un aplauso tímido y la alegría un tanto contenida del público infantil, como que si una turba de payasos fuera algo de todos los días.  O a lo mejor sí.

Con la entrenadora de mascotas, tampoco se sintió el estupor del público cuando un gato amenazaba comerse a una paloma o cuando un enorme perro policía se hacía el dormido cuando pasaban encima de él gatos y otros canes.  En general no se ovacionó en lo que merecía el espectáculo de una mujer, que con sólo un leve gesto daba órdenes que sus animales obedecían sin chistar.

Me imagino que quien sintió un poco de frustración fue el mago Massone, pues sus impresionantes números no arrancaron los gritos de asombro de los asistentes, ni siquiera cuando hizo aparecer en medio escenario un helicóptero.  Tal vez la audiencia miró esto como poca cosa, después de que el Gordo Rivas hizo aparecer un avión completo (y no de utilería), ante la mirada atónita de todo el pueblo nicaragüense.  Y si se trató de desaparecer a una bailarina y sustituirla con un tigre blanco, el público lo minimizó pues el Gordo Rivas hizo desaparecer centenares de miles de votos de ciudadanos que hicieron fila por varias horas tratando de expresar su voluntad y él, sin tener siquiera una varita mágica, los hizo aparecer luego en un basurero.

Pero volviendo al sábado pasado, así como el show debe seguir, así también tiene que terminar y con un sabor en la boca como a mermelada de naranja chocoya, salimos del circo que no es circo.  Ya era noche y por ahí, en el autoestereo de un vehículo estacionado, me pareció escuchar el final de una canción de Andrés Calamaro:

…no me digas la verdad, no me mientas

ya me di cuenta que no es lo que era

de eso se dá cuenta cualquiera

antes o después de las rosas

ves a través de las cosas

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La imprescindible

La imprescindible

Los hogares modernos tienen ciertos estándares en donde algunos elementos llegan a considerarse como imprescindibles, aunque como decían en los sesentas, imprescindible sólo el Talco Rayo.  En estos días no puede concebirse una casa que no cuente con un televisor a colores en cada estancia, si es de pantalla plana y de plasma mejor, con acceso al servicio de cable, incluyendo un reproductor de DVD, preferiblemente con tecnología HD.  También se hace menester contar con una cocina integral con desayunador, refrigerador de puertas dobles con fábrica de hielo integrada y un horno de microondas aunque sólo se ocupe para preparar palomitas de maíz.  Es ideal contar con un lavavajillas y por otra parte con lavadora y secadora de ropa.  Es importante tener un estudio que tenga un computador con una velocidad medida en Gigas, impresora a color y acceso a Internet de banda ancha.  Para completar el esparcimiento, se hace necesario la presencia de un mini componente con miles de watts de potencia y con entrada USB y la posibilidad de adaptarle un i pod.  Una eficiente comunicación sólo se logra a través de dos líneas telefónicas fijas, con varias extensiones con teléfonos inalámbricos, así como teléfonos celulares de última generación, i phone o blackberry, para cada miembro de la familia.    Cabe decir que en el garaje debe al menos haber dos vehículos, uno de ellos de doble tracción.

Muchos nicaragüenses consideran que bajarse del estándar anterior, es caer dentro de la línea de pobreza.  Los detalles y demás minucias de este estilo de vida pueden observarse en las mesas de regalos de los jóvenes a contraer nupcias, que seleccionan un almacén de prestigio para los presentes de boda y en donde se puede observar desde vajillas Noritake hasta cristalería de Bohemia.  Obviamente habría que apartar de este análisis a los matrimonios de gente muy madura que están poniendo de moda formar su mesa de regalos en una surtida farmacia, con la dotación adecuada de medicamentos pertinentes para cada caso en particular y conforme a la prescripción de sus respectivos galenos.

Sin embargo, hace algunas décadas las familias, incluso las de mayores recursos económicos, manejaban estándares más modestos, en donde lo imprescindible en cada hogar era la actitud necesaria para encontrar la felicidad en las cosas simples.  Pero si acaso debiéramos buscar algún elemento que pudiera considerarse como imprescindible en aquellos dorados tiempos, podríamos escoger, sin temor a equivocarnos a la máquina de coser.

A mitad del siglo XIX ocurrió un largo diferendo entre dos inventores que se disputaban la patente de la máquina de coser y después de una reñida batalla legal, Singer derrotó a Howe y se quedó con la fama y los beneficios generados por este maravilloso invento.

En Nicaragua, la primera máquina de coser llegó desde San Francisco allá por el año 1874 y fue un acaudalado comerciante quien se la regaló a su esposa como la octava maravilla del mundo.  A partir de esa época, la máquina de coser fue llegando un tanto a cuentagotas a los hogares nicaragüenses,  sin embargo, fue a inicios del siglo XX, con los primeros indicios del crecimiento del sector agroexportador nicaragüense que se inició la comercialización de manera extensiva en el país.

Este notable invento debió de vencer cierta resistencia de parte de las señoras nicas, pues no creían que una máquina pudiera sustituir la delicada labor de las manos femeninas, sin embargo, después de algunos años, se descubrió todos los beneficios que traía la utilización de este invento, al darle la oportunidad a las amas de casa de confeccionar rápidamente la ropa de su familia, reparar y ajustar e incluso bordar, todo en la tranquilidad de sus hogares.

El corte y confección se convirtió en objeto de estudio y muchas jovencitas fueron alentadas a incluir en su formación básica prenupcial, además de las artes culinarias, el manejo de la máquina de coser.

Las máquinas de coser guardaban un precio que a pesar de no ser accesible para la totalidad de la población, a través de las facilidades de crédito que se manejaron en su comercialización, permitieron que muchos hogares las incluyeran como elementos indispensables.  El costo de una de estas máquinas era de unos 25 a 30 dólares.

En términos generales, la mujer nicaragüense logró manejar a la perfección la máquina de coser.  Los índices de eficiencia en costura que llegaron a alcanzar las operarias nacionales fueron  en la época de los setenta uno de los más elevados en América Latina, de acuerdo a estudios realizados por firmas consultoras en el ramo; lo que permitió que Nicaragua fuera seleccionada para establecer empresas maquiladoras en el ramo textil.

Algunos cronistas relatan la historia de un finquero que vivió en el valle que se extiende desde Ticuantepe hasta las faldas de la sierra que comienza en La Concepción de Masaya y que tenía su centro en el poblado de San Juan.  Resulta que Don Chico, tenía un corazón con la extensión de un potrero, así que ponía sus ojos en cuanta muchacha bonita vivía en el valle y un tanto como dice el corrido de Juan Charrasqueado, de aquellos campos no quedaba ni una flor. La particularidad en el caso de don Chico radicaba en que era un hombre muy responsable y a diferencia de los otros finqueros que manejaban sus dominios con carácter feudal, él se hacía cargo, en cierto modo, de la manutención de la muchacha y sus hijos.  Sin embargo, lo hacía bajo un esquema que hoy se conoce como auto sostenibilidad y que él, muy visionario, desarrolló con éxito  en el siglo pasado.  Resulta que cuando Don Chico “formalizaba” una relación con la muchacha, le compraba una máquina de coser, de tal forma que ella fuera el sujeto activo de su propio desarrollo y pudiera construir un proyecto de vida autosostenible.   Obviamente, Don Chico se convirtió en el mejor cliente de la distribuidora de las máquinas de coser e incluso llegó a cultivar una buena amistad con Don Salomón Ibarra Mayorga, el mismísimo autor de la letra del Himno Nacional, que por un buen tiempo el digno laurel de su trabajo fue la gerencia de la empresa distribuidora de las máquinas Singer en Centroamérica.  De esta manera, sin proponérselo, Don Chico llegó a convertirse en el gestor de la especialización de ese valle en el ramo de la confección y que constituiría con el tiempo, una importante fuente de la fuerza laboral de la maquila textil en Nicaragua.

Con el tiempo, ocurrieron una serie de acontecimientos en la sociedad nicaragüense que vinieron a arrebatarle el carácter imprescindible a la máquina de coser.  Por una parte, las jovencitas comenzaron a inclinarse por los estudios formales para egresar de bachilleres, normalistas o universitarias.  Así mismo, se fue ampliando y fortaleciendo la oferta de parte de sastres y costureras que se hacían cargo de ajustes, corte, confección y remiendo.  En los hogares, el radio empezó a convertirse en lo imprescindible y posteriormente la televisión.  De esta forma, a ciertas amas de casa se les hacía más fácil mandar los trabajos de costura a la costurera o sastre del barrio.  No obstante, todavía algunos hogares consideraban necesario el uso de la máquina de coser, pues las familias con prole numerosa requerían de los ajustes necesarios para que los mayores “heredaran” sus prendas a los menores, además el remiendo era cuestión de todos los días.

Para los años sesenta y setenta, recuerdo que la distribución de las máquinas Singer la tenía la Casa Mejía, propiedad del famoso “Chino” Mejía que era uno de los dirigentes del movimiento de los cursillos de cristiandad en Managua.  Sin embargo, tenía la fuerte competencia de las máquinas Regina, importadas y comercializadas a precios y condiciones atractivos por la naciente Curacao.

En los días actuales, la cultura de la “paca” vino a desconfigurar aún más todo el ramo del corte y confección, pues con lo que cobra solo por “hechura” una costurera, una persona puede comprarse dos prendas de “paca”; de la misma forma, no es rentable remendarlas, pues cuesta más el “rumbo” que reponerla con otra prenda.

De esta forma, lo que antes era un preciado regalo y que provocaba el profundo agradecimiento de la receptora, en estos tiempos, si a alguien se le ocurre regalarle a una damita una máquina de coser, lo más seguro es que provocará su ira, al sentir que se le está ubicando en el ramo de la maquila, a menos que se trate de un modelo antiguo y la damita en cuestión sea una coleccionista incurable.

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Adiós a Miriam

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El pasado martes 11 de noviembre, a los 76 años falleció en una clínica de Castel Volturno en Italia, la célebre cantante y luchadora anti apartheid, Miriam Makeba. Para muchos este nombre no les dirá nada, mucho menos su verdadero nombre Zenzile Makeba, ni siquiera el apelativo de Mamá Africa que llevó por mucho tiempo; sin embargo, aquellos que rondan los cincuenta años de edad, recordarán allá por 1968 un éxito musical que hizo estremecer al país con el nombre de Pata, Pata. Nadie comprendía la letra de dicha canción: Saguguka sathi beka, Nantsi, pata pata, Saguguka sathi beka, Yiyo, pata pata, Yi yo mama yiyo mama, Nantsi, pata pata, Yi yo mama yiyo mama, Yiyo, pata pata y muy pocos entendían lo que en el intermedio decía en inglés la Makeba, explicando que Pata Pata era el nombre de un baile muy popular en Johannesburgo, pero el ritmo tan pegajoso de la canción cautivó a los nicas y no fueron pocos los “coreógrafos” criollos que realizaron su propia versión del baile, para montarlas en las veladas de la época. Luego escuchamos una versión, un tanto insípida, a cargo del Organo Melódico de Juan Torres que fue más bien un relleno para uno de sus álbumes. Muchos años después, Thalía sacó una nueva versión de la canción, que también interpretó Chayanne.

Lo interesante es que la vida de Miriam Makeba es mil veces más fascinante que su canción, a tal punto que ella se animó a escribir dos veces su autobiografía.

Había nacido en 1932 en Johannesburgo, dentro de la tribu xhosa, hija de un Sangoma, sanador mágico de la tribu. Comenzó su carrera musical cantando con un grupo llamado The Manhattan Brothers, grabando su primer disco en 1953. Luego en 1959 participó en el musical African Jazz and Variety, así como en un documental llamado Come back Africa, que la dio a conocer en todo el mundo. Sin embargo, quien le abrió las puertas en los Estados Unidos fue el famoso cantante y luchador por los derechos civiles Harry Belafonte, quien le pidió que realizara con él una temporada de actuaciones en el Carnegie Hall de Nueva York.

Miriam se encontraba en los Estados Unidos en 1960 actuando en lugares de prestigio y en shows de televisión, cuando le avisaron de la muerte de su madre en Sudáfrica, pero al querer regresar, el gobierno racista le revocó su pasaporte, por lo que debió quedar en el exilio. En 1963 denunció ante las Naciones Unidas la pesadilla de la brutalidad policial y el terrorismo oficial en su país.

Ante el éxito encontrado por Miriam en los Estados Unidos, decidió quedarse a residir en ese país, en donde obtuvo una creciente popularidad, poniendo de moda su corte de pelo que dio origen a la moda afro-look que rápidamente adoptaron los afroamericanos y que aquí en Nicaragua vino a ser una alternativa para los “murrucos” o quienes para estar a la moda se hicieron el “permanente”

En 1967 Makeba grabó su gran éxito Pata Pata que en poco tiempo se colocó en los primeros lugares de audición, no sólo en los Estados Unidos sino que en todo el mundo.

Makeba conoció y contrajo matrimonio con el activista radical por los derechos civiles, Stokely Carmichael quien inició en los Estados Unidos el movimiento conocido como Black Power, de donde se derivaron los célebres Panteras Negras. Indudablemente que esta unión vino a afectar a Makeba, quien inmediatamente fue colocada en las listas negras e incluso la firma RCA, le rescindió el contrato y canceló sus conciertos.

El matrimonio no tuvo más alternativa que viajar a Guinea, en donde gracias a sus contactos Carmichael llegó a desempeñarse como ayudante el primer ministro Ahmed Sekou Touré, lo cual facilitó a Miriam la oportunidad de realizar una gira por todo el mundo, actuando también como delegada de Guinea en las Naciones Unidas.

Miriam Makeba fue invitada a participar en el Festival de Viña del Mar en Chile en el año 1972, sin embargo, al dedicarle su éxito Pata Pata al Presidente Salvador Allende, se llevó una gran rechifla de parte de los sectores derechistas que abarrotaban la famosa Quinta Vergara.

Por su lucha en contra del apartheid, Miriam Makeba recibió en 1986 el Premio de la Paz, Dag Hammarskjold, que otorga la Organización Internacional de Corresponsales Diplomáticos y la Academia Diplomática por la Paz.

Su actividad como cantante volvió a resurgir cuando acompañó a Paul Simon, el legendario integrante del dueto Simon y Garafunkel, en la gira promocional de su álbum “Graceland”. Sin embargo, más que el éxito obtenido en la gira, lo que le trajo mayor felicidad fue que en 1988 se levantó en Sudáfrica la prohibición que existía sobre sus discos.

Cuando Nelson Mandela salió de prisión, Miriam Makeba regresó a Sudáfrica y en abril de 1991 ofreció en su tierra su primer recital después de treinta años de ausencia. En 1992 realizó un musical en teatro llamado Serafina y en 1994 acompañó a su primer marido el trompetista Hugh Masekela en una gira que se denominó “Gira de la Esperanza”.

En el año 1995 ante la situación que observaba en las mujeres sudafricanas, fundó una organización para recaudar fondos para protegerlas. Ese mismo año, fue recibida por Juan Pablo II en el Vaticano.

En 1997, su amigo Harry Belafonte la invita a regresar a los Estados Unidos para acompañarlo en una presentación en el Madison Square Garden de Nueva York y fue allá en donde se gestó el proyecto para el álbum “Homeland” que alcanzaría la nominación para un premio Grammy, como mejor álbum en la categoría “Música del Mundo”.

Mamá Africa como le llamaban a la sudafricana, se encontraba el martes pasado en Baia Verde, Italia en donde participó en un concierto en apoyo al joven escritor italiano Roberto Saviano, quien ha sido amenazado de muerte por la organización criminal La Camorra, por sus escritos antirracistas. Miriam actuó con gran entusiasmo, sin embargo, al finalizar se sintió mal y fue conducida a la clínica Pineta Grande en la localidad de Castel Volturno, en donde falleció.

La reacción mundial fue unánime deplorando la muerte de quien más que una cantante fue una luchadora incansable por los derechos humanos. Aquí en Nicaragua, muchos la recordarán dentro del ritmo pegajoso de Pata Pata, aunque los más jóvenes o los desmemoriados, al escuchar el título de esta canción pensarán que se trata de algunos políticos nicaragüenses que últimamente se han visto afectados por un extraño síndrome de meter sostenida e incansablemente la Pata.

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My eyes adored you

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Este pasado domingo por la tarde, mientras practicaba un poco de zapping en el televisor, más como un ejercicio de libertad que de búsqueda, me encontré en el canal de la NBC un espectáculo que se miraba impresionante, pues profesionales del patinaje artístico realizaban complicadas y bien elaboradas piruetas, con un fondo musical que al instante reconocí como de Frankie Valli y los Four Seasons. Mi sorpresa fue enorme cuando miré que se trataba en efecto del legendario vocalista, sobreviviente del famoso grupo, que cantaba en vivo acompañado por un coro compuesto por jóvenes cantantes y una orquesta bien ensamblada.

A medida que transcurría el programa me di cuenta que se trataba de un programa especial en tributo a Frankie Valli y los Four Seasons con la intervención de figuras internacionales del patinaje artístico, incluyendo campeones mundiales de esa disciplina, quienes hicieron una delicia de cada una de las interpretaciones, en especial la de Grease.

Cuando Frankie Valli inició la interpretación de su emblemático tema Big girls don´t cry me transporté inmediatamente a inicios de los sesenta, cuando ávidos de la música de la nueva ola, nos dejábamos transportar por la magia de las interpretaciones de los grupos del momento, entre ellos los Four Seasons. Una tarde de esas que se hacían largas como un maratón hacia la campanada de salida en el Instituto Pedagógico de Diriamba, llegó el titular del Segundo Año, el Hermano Silverio a quien nosotros llamábamos de cariño Silverio Pérez, en honor al lanzador del Cinco Estrellas, no al torero mexicano. Era un tipazo, de esos que siempre mantenía en su rostro una sonrisa, cosa rara en los ínclitos hijos de La Salle. Se mostraba siempre jovial y comprensivo con el grupo, no montaba en cólera ante el menor pretexto como la mayoría de sus colegas y acompañaba sus consejos con altas dosis de explicaciones. Esa tarde traía un ejemplar de LIFE, si mal no recuerdo y de esa revista nos mostró las fotos de los conjuntos musicales del momento, entre ellos los Four Seasons, con una vestimenta extravagante, lo cual dio pie a los consejos del Hermano Silverio, que no podíamos tener como ídolos a personas que se vestían de esa manera, máxime que su líder cantaba como una fémina. Se refería desde luego, al famoso falsete de Frankie Valli que se convirtió en su inconfundible estilo y que sorprendentemente, aún ahora logra mantener, cosa que Robin Gibb parecía no lograr en sus últimas apariciones.

A pesar de que en el momento, parecimos darle la razón al Hermano Silverio, muy pronto, al escuchar los éxitos del grupo, nos olvidamos de sus argumentos y disfrutamos cada una de sus interpretaciones: Sherry, Big girls don´t cry, Walk like a man, Rag Doll, Peanuts, Working my way back to you y tantas más.

Estaba ya en la universidad cuando lanzaron el éxito I´ve got you under my skin de Cole Porter, en una versión que seguramente hubiera deleitado al propio Porter y que algunos herejes consideraron mejor que la versión de Frank Sinatra. Después de eso, pareció que el grupo cayó en un prolongado letargo.

En 1975 era yo un individuo formal, casado y trabajando. Como gran aficionado a la música decidí comprarme un equipo de sonido, que era lo último en reproducción musical, pues ya la época de las consolas había pasado a la historia y si alguien se atrevía a comprarlas, rápidamente le endosaban un arco y sus respectivas flechas. En un negocio de electrodomésticos del Centro Comercial, Mendieta creo que se llamaba, saqué al fiado un equipo de cuya marca no quiero acordarme y que me vendieron con la afirmación de que además del tocadiscos comprendía el invento más revolucionario en reproducción de sonido de los últimos tiempos, el 8 tracks. Así que ya con mi equipo fui formando mi modesta colección de discos. Un sábado por la tarde, me encontré en la casa Andino en el mismo centro comercial, un disco de Frankie Valli como solista, me intrigó y después de vacilar un rato, lo compré. No sabía en ese momento que ese disco habría de ser uno de los que más disfrutaría en los años venideros.

En noviembre de ese mismo año, nació mi hija Cecilia María, la primogénita y conocerla fue una de las alegrías más grandes de mi vida. Era una bebé preciosa y yo no cabía de gozo al saber que había contribuido a traer al mundo a semejante belleza y cada vez que la miraba, venía a mi mente el tema de Frankie Valli en ese álbum: My eyes adored you, porque en realidad mis ojos la habían adorado desde la primera vez que la miré. Así fue que por mucho tiempo continué escuchando ese álbum y en especial ese tema, a medida que mi linda niña iba creciendo y mostrando cada día su chispeante personalidad.

Luego, nuestra vida cayó en un constante torbellino, pero en mi recurrente éxodo, logré llevar siempre conmigo algunas pertenencias que atesoraba, entre ellas, el álbum de Frankie Valli y cuando sentía que el mundo se me venía encima, escuchaba por enésima vez “My eyes adored you” y las cosas empezaban a acomodarse, recordaba aquellos días en que embelesado miraba incesantemente a mi hija y ella y la vida me sonreían y de esa manera tomaba fuerzas para blandir la espada y como el Rey Escorpión salir a la lucha sin cuartel contra el mundo.

Después poco a poco las aguas se fueron calmando y por su parte la vida siguió su inexorable curso, a mi hija el alma le fue cambiando de niña a mujer y después de contemplar a la bella criatura, empecé a admirar a la linda joven con chispa, ingenio e inteligencia inigualables. Cuando finalizó su carrera de Derecho, me hizo sentir el hombre más orgulloso al haber obtenido la distinción de ser la mejor alumna de toda la Universidad, teniendo como ipegüe el título que su madre obtuvo con la distinción de ser la mejor alumna de la Facultad de Pedagogía, todo en un mismo día.

Luego, Cecilia María se casó y se trasladó a El Salvador en donde reside. La extraño mucho, pero nos vemos más de seis veces en el año y hablamos por teléfono casi a diario.

Todavía conservo mi disco de Frankie Valli, cada día se escuchaba más deteriorado por las innumerables veces que lo había puesto, por lo que me resigné a dejar de escucharlo, hasta que conseguí los principales temas en archivos MP3 y de vez en cuando los disfruto, recordando gloriosos tiempos pasados.

Creo que fue más que una casualidad que a través de un simple zapping, logré ver parte del Tributo a Frankie Valli y los Four Seasons, lo que me llevó de la mano a tantos momentos en donde el hombre del falsete me acompañó con sus canciones y parece mentira que todavía pueda cantar tan bien a sus setenta y un años. Es sorprendente cómo pasa el tiempo, yo por mi parte ya voy raudo hacia los sesenta y aquella mi bebita, la niña de mis ojos, hoy cumple treinta y tres años y mis ojos siempre la adoran, al igual que mi corazón.

cecilia-maria

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