Archivo mensual: abril 2010

Lady Laura

Cuando me di cuenta que el gran cantautor brasileño Roberto Carlos recién había iniciado una gira para celebrar sus cincuenta años de carrera artística, lo primero que hice fue empezar a sumar y restar pues a vuelo de pájaro no me cuadraba la cifra.  Cincuenta años se dice fácil pero es toda una vida.  Para llegar a esa cifra era necesario que el cantante hubiera iniciado su carrera en 1960.  No era nada imposible, pues el brasileño nació en abril de 1941, así que tiene la respetable edad de 69 años, lo que pasa es que en aquella época creíamos que todos los ídolos eran de nuestra edad y por otra parte, hay que considerar que muchos artistas llegaron a nuestros oídos después de varios años de haber comenzado su carrera en sus respectivos países.  De hecho Roberto Carlos tiene mucho más tiempo de dedicarse a la música, sin embargo, como cantautor cumplió los cincuenta años.

La primera vez que escuché a Roberto Carlos fue en el cover de un clásico norteamericano de John Laudermilk, Road Hug y que en su versión en portugués salió bajo el nombre de O calhambeque y que para nosotros fue Mi cacharrito.  Eran las vacaciones del cuarto año de secundaria a finales de 1965, así que ingresamos a nuestro último año con los ínclitos hijos de La Salle tarareando la pegajosa canción del brasileño.

Luego, ya en la universidad, con el alma y el corazón a tambor batiente Roberto Carlos y su música pusieron un marco musical a esa inolvidable época, cuando todavía teníamos a la vieja Managua viviendo sus últimos años, con aquellos interminables paseos por la Roosevelt, llena de luces y muchachas contoneándose, mientras escuchábamos La novia de un amigo mío, Yo te daría el cielo, Estoy apasionado por usted, Olvídalo, Como es grande mi amor por ti, Por eso corro, Amada Amante.

Luego admiramos el triunfo del brasileño en San Remo con Canción para ti, así como sus posteriores éxitos, en especial El gato en la oscuridad que también causó sensación en ese festival italiano y que en innumerables ocasiones los Ortega cantamos a coro en nuestra casa del Callejón de Alí Babá.

Mucho se criticaba a Roberto Carlos, especialmente en su país, pues lo tachaban de simplista, de cantar música comercial, apartándolo por ese motivo de los grandes ídolos brasileños como Baden Powell, Vinicio de Moraes y demás.  Sin embargo, la sencillez de sus canciones nos llenaba la vida, deleitándonos con aquellas interpretaciones que siempre tenían un arreglo especial para el intermedio, en donde el solo de un instrumento el imprimía un sello original a la canción.

Luego, cuando a partir de 1973 el destino nos impuso nuevas rutinas en nuestra cotidianidad, Roberto Carlos continuó con sus canciones acompañándonos en nuestra nueva vida, en especial con Detalles, La distancia, Qué será de ti, Usted ya me olvidó, Yo te recuerdo, entre otras.

Sin embargo, a pesar de que la mayoría de los temas del brasileño llegaban a calar profundamente en nuestros sentimientos, en 1978 compuso un tema que nos apartó un tanto del romance característico de su música y nos hizo reflexionar profundamente.  Es un tema que dedicó a su madre, con el título de Lady Laura y que constituye el mejor homenaje que el cantautor podría haberle dedicado a la autora de sus días.  En esa canción Roberto Carlos resalta lo que a veces en la soledad de nuestras noches llegamos a sentir y que muchas veces no nos atrevemos a expresar.  Es ese sentimiento de indefensión en el cual nos sentimos tantas veces, a pesar de que en el día podemos proclamarnos reyes del mundo y hacemos creer que podemos luchar contra todo lo que se nos presente, pues de nuestra serenidad y de lo que se adivine en nuestra mirada depende la tranquilidad de nuestra familia, conscientes tal vez que en cualquier momento podríamos caer en picada hacia el suelo y lo único que nos hace mantenernos es pensar que ese maravilloso ser que se llama madre, nos puede volver a abrazar, a contar un cuento y hacernos dormir tranquilamente, a darnos esa tregua momentánea que necesitamos para levantarnos de nuevo y seguir luchando.

Lady Laura

Erasmo Carlos/Roberto Carlos

Tengo a veces deseos de ser

nuevamente un chiquillo

y en la hora que estoy afligido

volverte a oír

De pedir que me abraces y lleves

de vuelta a casa

que me cuentes un cuento bonito

y me hagas dormir

Muchas veces quisiera oírte

hablando sonriendo:

“Aprovecha tu tiempo,

tú eres aún un chiquillo”

A pesar la distancia y el tiempo

no puedo olvidar

tantas cosas que a veces de ti

necesito escuchar

Lady Laura, abrázame fuerte

Lady Laura, y cuéntame un cuento

Lady Laura, un beso otra vez

Lady Laura

Tantas veces me siento perdido

durante la noche

con problemas y angustias

que son de la gente mayor

Con la mano apretando

mi hombro seguro dirías:

“Ya verás que mañana las cosas

te salen mejor”

Cuando era un niño

y podia llorar en tus brazos

y oir tanta cosa bonita

en mi aflicción

En momentos alegres

sentado a tu lado reía

y en mis horas difíciles

dabas tu corazón

Lady Laura, abrázame fuerte

Lady Laura,, y cuéntame un cuento

Lady Laura, y hazme dormir

Lady Laura

Lady Laura, abrázame fuerte

Lady Laura llévame a casa

Lady Laura, y cuéntame un cuento

Lady Laura

Tengo a veces deseos de ser

nuevamente un chiquillo

el pequeño que tú todavía

aún crees tener

Cuando a veces te abrazo y te beso

en silencio entendido

tú me dices aquello

que yo necesito saber

Lady Laura, abrázame fuerte

Lady Laura, y cuéntame un cuento

Lady Laura, un beso otra vez

Lady Laura

Este pasado fin de semana, falleció a la edad de 96 años, Laura Moreira Braga, la madre de Roberto Carlos, mientras este se encontraba de gira en Nueva York, misma que fue suspendida pues el cantante regresó a su país natal para asistir al sepelio, en donde interpretó con todo sentimiento Lady Laura.

Es posible que de vez en cuando, aquellos éxitos de siempre de Roberto Carlos vengan a buscarnos una vez más, a traernos un trozo del pasado efímero, a conducir nuestra memoria hacia rostros que se perdieron en el tiempo, sin embargo, siempre estará un tema del brasileño que nosotros iremos a buscar, en esas noches de insomnio, cuando la desesperanza amenaza por campear en nuestro ánimo y lo único que deseamos es regresar a nuestra niñez, al beso, al cuento, al abrazo fuerte del maravilloso ser, que esté donde esté, siempre nos dedicará un momento para decirnos en silencio entendido, aquello que necesitamos saber.

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Préndanle la vela

Por muchos años, Nicaragua y podría decirse que Centroamérica entera, se movió al compás de la música que se escuchaba y se bailaba en México.  El vecino del norte marcaba la pauta de la música que predominaba en los países centroamericanos, ya fuera a través de la producción musical mexicana propiamente dicha, o bien de la música procedente de otros países que se comercializaba exitosamente en ese país.    Un claro ejemplo de lo anterior, fue la llamada “música tropical”, término un tanto polémico, pues según algunos autores limita seriamente la cobertura de lo que podría considerarse como tropical, pero que a pesar de todo, ilustra claramente sobre este tipo de música.  Hasta la década de los cincuenta, la música tropical nos llegó de México, aunque su origen estaba en las Antillas principalmente.  Los ritmos como el son, el mambo, la rumba, el cha-cha-cha, el guaguancó y el merengue, provenientes principalmente de Cuba, Puerto Rico y República Dominicana, llegaron a causar sensación en México, quien sirvió de trampolín para su difusión por todo Centroamérica.  El país azteca tenía un mercado apetecible que logró atraer a muchos músicos antillanos que al final decidieron radicarse en México, como es el caso de Dámaso Pérez Prado, Enrique Jorrín y varios más.

Habría que anotar que para los años cincuenta empezamos a conocer la música tropical colombiana, principalmente del Atlántico de ese país, sin embargo, su mayor exponente, el Bachiller José María Peñaranda, por la picaresca de su producción, estaba prácticamente vetado en las radiodifusoras y salones de baile, siendo relegado al mundo de las roconolas y los chelineados, sin embargo los temas de otros autores lograban escaparse del ámbito de Peñaranda y llegaron a colocarse muy alto en las preferencias del público, como es el caso del éxito Cabeza de Hacha, cuya letra pareciera ser tan pertinente en nuestra realidad actual.

El ritmo de la cumbia comenzó a llegarnos a finales de los años cincuenta, proveniente de México, aunque en esa ocasión sin llegar a identificarse con ese nombre, sino que etiquetada dentro de ese gran canasto que era la música tropical.  Estas primeras incursiones de la cumbia ocurrieron gracias al trabajo del colombiano Luis Carlos Meyer, quien había emigrado a México en los años cuarenta y comenzó a trabajar con músicos locales, entre ellos el recordado Tony Camargo, intérprete de El año viejo. Dentro de la producción anterior resaltan algunos temas dejaban asomar al ritmo de la cumbia, con es el caso del éxito Micaela, que mucho se escuchó en Nicaragua en los años cincuenta.

Sin embargo, la cumbia como tal, bajo ese mismo nombre, entró por la puerta grande en Nicaragua de la mano de una artista mexicana, Carmen Rivero, quien a pesar de haber realizado ciertas variantes de la cumbia original, cumplió con la misión de internacionalizar ese ritmo colombiano. El álbum que logró colocar Carmen Rivero y su conjunto a inicios de los años sesenta tenía éxitos que se quedarían para siempre en el gusto del público nicaragüense como:  La pollera colorá, Negra navidad, Cumbia que te vas de ronda, Cumbia del sol, Cumbia sobre el mar, Cumbia de la media noche.  Posteriormente, Carmen Rivero tuvo el acierto de incorporar a su conjunto a Linda Vera, muy guapa (con un parecido impresionante con un personaje histórico de la política nicaragüense) y con una mejor voz que la Rivero, que logró mantener el éxito de esa agrupación.

Al inicio no teníamos ni la remota idea qué era la cumbia, ni de dónde venía, ni cómo se bailaba.  Al respecto, recuerdo que cuando empezó a pegar duro la cumbia se iba a realizar una velada en San Marcos y le encargaron a Fabián Aragón, que era el Félix Greco del pueblo, para que interpretara una cumbia.  El bailarín seleccionó un tema que estaba causando furor llamada Cumbia sampuesana y salió vestido con un traje blanco, con un turbante rojo, realizando una danza que más bien parecía Mario Moreno interpretando el Bolero de Ravel.  Como nadie sabía cómo se bailaba la cumbia, al final logró arrancarle una cerrada ovación al público.

En la década de los sesenta la cumbia logró colocarse en el número uno de la música tropical preferida por los nicaragüenses.  De repente un long play llamado Un verano con los Dinners empezó a comercializarse de puerta en puerta, lográndose vender un considerable número de copias de tal forma que en toda fiesta de la época, el álbum de “clavar” era el de Los Dinners.  Nadie supo de dónde eran, sin embargo a la par de éxitos internacionales como Más y La hiedra, incluía la Cumbia del sol, Cumbia sampuesana y varios éxitos más.  Luego llegaron los Corraleros del Majagual, arrasando con las preferencias en las roconolas, especialmente con el tema Festival en Guararé y luego aparecieron dos grandes intérpretes venezolanos: Hugo Blanco y Tulio Enrique León, quienes llenaron de cumbia todo el ambiente nicaragüenses, pues quién no recuerda La chispita, El cable submarino, La pollera amarilla, El paso de la mona, El cable, Atlántico y varios más. Así mismo recordamos por ese mismo tiempo aquella cumbia tan representativa: La negra Celina.

Así fue que después de una década, la cumbia logró adueñarse de todas las fiestas nicaragüenses, esta vez con un poco más de claridad de su origen colombiano, aunque en realidad la verdadera historia de este ritmo se pierde en el tiempo en las riberas del Río Magdalena.  La cumbia representa la fusión de tres culturas que conviven en Colombia, la africana, la indígena y la blanca.  El nombre proviene del vocablo africano Cumbé que significa fiesta; tal vez muchos recordarán aquella canción de la Sonora Ay cosita linda que en una estrofa decía: “Ay mere-cumbé pa´bailar” o bien La última carcajada de la cumbancha.    Ya para inicios del siglo XIX existen crónicas que hablan de la cumbia en la parte alta del Río Magdalena, sin embargo, su origen específico es motivo de muchas polémicas, apostando muchos a que es la región de El Banco en donde nació este ritmo.  Algunos historiadores aseguran que incluso el gran Libertador Simón Bolívar hacía unos cuantos pasitos de este ritmo.

La cumbia ha recorrido un largo camino hasta nuestros días.  El ritmo original nace a partir de un instrumento clave en el espíritu colombiano y es la flauta de millo o bambú, conocida también como cañamillo, las gaitas y las percusiones que incluyen el tambor “macho” o “llamador”, el tambor “hembra” o “alegre”, la tambora y las maracas.  La cumbia original era puramente instrumental, sin letra y no fue sino hasta mucho tiempo después que se le empezó a agregar letra.  De acuerdo a cada región la cumbia fue sufriendo transformaciones, algunas de ellas “blanqueándose” un poco para poder ganarse la entrada en los elegantes salones de las ciudades.  Entre las diferentes variantes de la cumbia están: la sampuesana, por ejemplo, la que toca Aniceto Molina, en donde el acordeón se adueña de la melodía.  También está la cienaguera, la vallenata, la soledeña y varias más.

En cuanto a los aspectos coreográficos, en los años sesenta, en Nicaragua cada quien bailó la cumbia a como Dios le daba a entender, no había ningún referente para agarrar cábula y poder imitar los pasos originales de este ritmo.  Hay que recordar que el baile de la cumbia surgió como un rito de seducción, en donde el hombre “asedia” a la mujer, quien toma una actitud pasiva pero coqueta, limitándose a marcar distancia con la ayuda de una vela.  En términos generales podríamos establecer un paralelismo entre el rito de galanteo observado en la cumbia y el que se encuentra en el baile folklórico nicaragüense, en donde la diferencia radica en el ritmo que imprime la percusión y que en la cumbia da rienda suelta al ímpetu africano versus el espíritu indígena, más pausado y en donde la marimba marca el ritmo de su vida.  Cabe señalar que en la cumbia, la tendencia a mantener los pies pegados al suelo las mujeres y los hombres igual, apenas levantando el talón del pie derecho, representan una evocación del peso de las cadenas de los esclavos.

En los años setenta, la producción musical nicaragüense se llenó de cumbias, sin embargo, ninguna pudo alcanzar el éxito y permanencia de aquella que compuso el cantautor Jorge Paladino llamada La cumbia chinandegana. Lo mismo sucedió con muchos países latinoamericanos, sin embargo, el mayor impacto de la cumbia se logró en México.  En este país se desarrolló un nuevo tipo de cumbia, con una gran participación de los metales y posteriormente de instrumentos electrónicos.  Pareciera que la música mexicana, a pesar de su clara manifestación en la música ranchera, necesitaba un género que pudiera ayudar en la expresión musical de su inconsciente colectivo, habiendo encontrado en la cumbia el vehículo idóneo para dicha expresión.  Los grupos dedicados a la interpretación de la cumbia mexicana se encuentran por millares y en todas las fiestas hasta en el más recóndito lugar, la cumbia sigue siendo reina.  No importa que en México, la cumbia, al igual que el swing, rock and roll, la salsa y en general cualquier género que tenga un ritmo rápido, se baile como el Jive.

En la actualidad, en Nicaragua existe música bailable para todos los gustos, desde los que fingen un ataque epiléptico al compás del reggaeton, los que se creen en un concurso bailando salsa, hasta los que se balancean románticamente con la bachata.  No obstante, aquellos que le han dado tres vueltas al odómetro de los quince años, cuando en una fiesta escuchan el tambor llamador y luego el sonar de las cañas, empiezan a picarles los pies e inmediatamente buscan su pareja y le echan wilson al galanteo sin igual que provoca la reina de los ritmos tropicales: la cumbia.

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En inglés, con subtítulos, por favor

Los nicaragüenses nos acostumbramos a ver el cine como debía ser, más bien a escucharlo, pues debía ser en su idioma original, con subtítulos en español, a excepción desde luego de las películas mexicanas, españolas o argentinas que a pesar de no captarse los diálogos al 100%, disfrutábamos de la suficiencia de no utilizar los subtítulos.  Era en el cine en donde llegábamos a afinar la lectura de corrido, pues de lo contrario, nos quedábamos en ele olo chico zapote.

Mediante el respeto al sonido original, lográbamos captar fielmente la actuación de cada personaje, disfrutando de la voz de cada artista, lamentando solamente la traducción caprichosa que realizaban quienes se encargaban de subtitular la cinta.  A medida que se iba avanzando en el estudio del inglés, en el caso de las películas en ese idioma, nos íbamos dando cuenta de todas las licencias que se tomaban los traductores, algunas veces por pereza y otras por un excesivo puritanismo, pues las expresiones como: son of a bitch o similares la traducían invariablemente como “desgraciado” o los más atrevidos como “mal nacido” o el vocablo shit, como “basura”.

La televisión fue un caso aparte, pues desde un inicio nos acostumbramos a ver los programas en idioma inglés doblados al español.  No había de otra.  No obstante, se nos hacía gracioso el hecho de que ciertos personajes de diferentes series tenían la misma voz.  Eran timbres tan especiales que a pesar del esfuerzo que realizaban por variarla, se reconocían a la legua, como es el caso de la voz de quien doblaba a Paul Michael Glaser en la serie Starsky y Hutch, que se puso de moda y se repetía en cuanta serie nos llegaba. Esto ponía de manifiesto las “argollas” que se formaban en los doblajes, en donde determinadas voces lograban acaparar la mayoría de los contratos.

Al menos en la televisión teníamos la suerte de que el doblaje se realizara en México, que no es por nada, pero ahí se realizaban los mejores trabajos al lograr voces sin ningún acento específico y evitando todos los regionalismos posibles.  En cierta ocasión nos llegó por alguna razón un capitulo de Los Intocables doblado en Colombia y no logramos entenderle nada, es especial cuando Elliot Ness gritaba ante unos toneles de whisky de contrabando:  Rompan toda esa maricada. Qué se ha creído el berraco ese.

A través del doblaje, las travesuras de los traductores quedaban impunes, pues nadie sabía de que se trataba el original, llegando en algunos casos a cambiar totalmente el sentido de un diálogo completo por la dificultad de traducirlos literalmente al español o en casos extremos a eliminar capítulos enteros que se basaban en juegos de palabras en inglés imposibles de trasladarlos al español.

En algunos países como España, pareciera que por ley las películas extranjeras, no importa el idioma, deben ser dobladas al español, de esta manera, ese público es completamente “analfabeta” en cuestión de subtítulos.  Deben sufrir en algunos casos la mala actuación quienes doblan la película y que en algunas ocasiones llegan a echar a perder completamente una cinta.  Para quienes no somos afectos al doblaje, se nos hace de lo más extraños escuchar a Gary Cooper exclamar:  Soltad vuestras armas, coño, a Marlon Brando decir: Os haré una proposición que no podrás rechazar o a Eddy Murphy gritar: Eres más feo que el Fari comiendo limones.

Cuando llegaron las películas italianas de vaqueros, bautizadas como Spaghetti Westerns, debimos soplarnos el doblaje del italiano al inglés y luego los subtítulos.  Era un inglés completamente aséptico, propio de este trabajo de doblaje que parecía salido de un disco de ejercicios de los cursos de inglés de la Hemphill Schools.  No obstante, todo quedaba un tanto encubierto con la acción a raudales que emanaba de esos films y la particular partitura musical de compositores como Enio Morricone que hacía vibrar los parlantes de los cines.

Fue tal vez Walt Disney quien pensó que en el mercado latinoamericano, debido a los subtítulos, un importante segmento del mercado infantil que no sabía leer, perdía interés en sus películas, a pesar de tratarse de dibujos animados con temas infantiles.  Por ese motivo, comenzó a realizar producciones especiales para el público latinoamericano, totalmente dobladas al español e incluso con toda la banda sonora interpretada por artistas de habla hispana. Así un tema de película interpretado por Elton John en el original, se escuchaba en español en la voz de Mijares.  Ante esto, una serie de estudios cinematográficos hicieron lo mismo con cintas, no precisamente de dibujos animados, pero sí con temas para todo público que fueron dobladas para incrementar el acceso de audiencias infantiles.

Lo anterior vino a animar a las “argollas” de doblaje y se ha incrementado la presión para que la mayor parte de las películas que nos llegan sean dobladas.  En la televisión nacional ya es un hecho, pues todos los canales locales que trasmiten películas, un tanto desfasadas, son dobladas al español, al igual que todos los programas de televisión extranjeros que se trasmiten.   Para quienes tienen televisión por cable todavía tienen la opción de seleccionar algunos canales que como principio trasmiten toda su programación en el idioma original con subtítulos en español.

El colmo de esta situación ocurre cuando algunos programas que originalmente son en inglés y que se doblan al español, de vez en cuando se desarrollan en países de habla hispana y los diálogos originales en español son doblados nuevamente al mismo idioma.  Hace poco estuvo en Nicaragua un pelón que come hasta piedras en los lugares más exóticos del mundo y aparece comiendo chanfaina y demás platillos de chancho y la persona que lo atiende hablaba con voz prestada.

Hay que admitir sin embargo, que con la necesidad de subtitular rápidamente los estrenos de películas que van saliendo en los Estados Unidos, la calidad de los subtítulos ha decaído considerablemente en las películas que llegan en DVD, en los videoclubs o peor aún en los piratas.  Los subtítulos de estas películas son una interminable colección de horrores ortográficos y de garrafales errores de traducción que hacen insufrible la cinta.

Pero como dicen por ahí, el cine se ve mejor en el cine y afortunadamente, en Nicaragua las salas de cine todavía tienen el respeto para el público al ofrecer la mayoría de las películas en inglés con subtítulos en español y en los casos en que se ofrece una versión doblada, lo anuncian de previo.

Dicen que en gustos se rompen géneros y habrá quienes prefieran las películas dobladas.  A mí en lo particular me parece una agresión a las manifestaciones artísticas de directores y actores, así como discriminatorias al considerar a la audiencia incapaz de leer de corrido los títulos mientras tratan de entender a la vez lo que dicen en el idioma original.

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