Archivo mensual: agosto 2010

Palabras del ayer

Aprendí a hablar en un mundo que más de medio siglo después, se me antoja insólito e incluso mágico.  Era el mundo de los abuelos, de la tía abuela, de las tías, de sus amistades, que en cierta forma le hacían contrapeso al esfuerzo de mis padres por procurar un ambiente de modernidad en el que pudiera crecer al ritmo de los tiempos que vivíamos.

En una época en que los niños no tenían derecho a preguntar, el esfuerzo por conocer el mundo que nos rodeaba y en especial por aprender a comunicarnos era una jornada cuesta arriba.  Mucha de la interpretación de las cosas la realizaba adivinando, como el ciego que a fuerza de golpes va conociendo su entorno y que resuelve lo que sus otros sentidos llegan a alcanzar y lo trasmiten a su imaginación.  Así le asignaba a las palabras nuevas que iba absorbiendo, un significado asociado al color, sabor o aroma que me provocaban.

Así pues mi comunicación era en una mayor proporción conmigo mismo o con un amigo imaginario que entendía a la perfección todo lo que yo quería comunicarle.  El hablar con los demás, en especial con los adultos era un ejercicio lleno de temor, por la interpretación que pudieran tener mis palabras, acuñadas en mi mente bajo la fértil imaginación de un niño.  De la misma forma, el seguir instrucciones era una tarea titánica, tratando de adivinar el resultado final que se esperaba.

Hoy, cincuenta y cinco años después, más o menos, he logrado dominar el lenguaje, si bien no a la perfección, pero al menos he realizado un gran esfuerzo a través de la lectura, del uso del diccionario, de la investigación, para tener una plena conciencia de que la riqueza de nuestro idioma está a nuestra disposición para realizar una comunicación plena y efectiva.

No obstante, después de tanto tiempo hay palabras y expresiones que todavía flotan en mi mente, como recuerdo de aquella época, muchas de ellas ya en desuso.

Recuerdo que cuando mi abuela estimaba que estaba traspasando los límites del comportamiento esperado de un niño, ya fuera a través de excesos en el juego o en no atender indicaciones al pie de la letra, entonces exclamaba: -Muchacho, tené cabida.  Llegué a comprender la intención de la expresión, más por el tono en que lo decía mi abuela, que por la comprensión de la misma, pues para mi, el concepto de “cabida” no tenía el menor sentido.  Ya ven que en el español nicaragüense el verbo caber no se utiliza y es sustituido por alcanzar, es más, son poquísimos quienes pueden conjugarlo de manera correcta.   Así pues la expresión no tenía cabida en mi mente y simplemente ante la exclamación de mi abuela, le bajaba el gas a mi comportamiento y ya.   Años después me di cuenta que dicha expresión es aceptada por la Real Academia de la Lengua y significa: Tener valimiento.  Lo cual en buen sanmarqueño es quedar “en las mismas y pior”.    Sin embargo, al investigar el vocablo valimiento, se encuentra en el DRAE entre otras acepciones: Privanza o aceptación particular que alguien tiene con otra persona, especialmente si es príncipe o superior.  En otras palabras, la expresión original quería decir que había que modificar el comportamiento para ganarse la aceptación del superior, en este caso, mi abuela.  Desde luego que en el siglo XXI ninguna abuela le dice a su nieto:  Tené cabida.

En esa época también era muy usual utilizar el vocablo “íngrimo” para resaltar que una persona se había quedado sola.  En realidad el DRAE lo acepta como regionalismo en América Central, Colombia, Ecuador y Venezuela: Solitario, abandonado, sin compañía.  Sin embargo, en aquellos tiempos, íngrimo me sonaba como si la soledad abarcara no solo la soledad física sino también el abandono total del alma, algo sumamente profundo.  Tal vez en algún pueblo todavía se utiliza este adjetivo, pero está casi en desuso.

Ahora el verbo alzar significaba levantar, sin embargo en aquellos tiempos había quienes lo utilizaban para expresar que habían recogido, guardado o escondido algo y a pesar que la Real Academia incluye esta acepción, es muy poca la gente que todavía le asigna ese significado.  Una derivación de este verbo se utilizaba sin embargo, en los años sesenta y setenta cuando alguien realizaba un desfalco o hurto, diciéndose que había hecho un “alce”.  Ahora se utiliza la terminología jurídica, aunque el acto es el mismo y más frecuente todavía.

Un par de epítetos que se utilizaban para designar a personas malandrinas o de mala calaña eran: Insópito y atorrante.  La primera no aparece en el DRAE, sin embargo estudiosos de Ovidio rescatan el vocablo y le asignan la acepción de desvelado, no dormido, inextinguible, los cuales no tienen nada que dar con el significado que solían darle.  Atorrante por su parte, nació en Argentina y quiere decir vago, holgazán, vagabundo y viene de los enormes tubos marca Torrance en donde algunos indigentes se refugiaban.

En latín “ilico” es un adverbio que significa inmediatamente, sin embargo, no sé por qué razón antes se le asignaba el significado de flaco (a) en extremo.  En la actualidad es más nice utilizar el vocablo anoréxico.

Cuando tenía que esperar el bus que me llevaba al Pedagógico de Diriamba, muy temprano en la mañana, mi abuela me decía:  Aligeráte y andá espiá al bus.  En ese tiempo todavía no salía a la luz James Bond, por lo tanto los espías eran los infiltrados en las líneas enemigas en las películas de la II Guerra Mundial, así que me imaginaba parado en la puerta con un casco, un rifle y un largavista (así se le decía a los binoculares).

En las películas debía de haber un “chavalo” que era el protagonista principal y un “malo” que era el que llevaba el papel contrario.  Ahora se habla del héroe, del protagonista y del antagonista o villano.  Era también obligado que el protagonista sobreviviera a todos los peligros del film y dejaba un mal sabor de boca cuando moría el “chavalo”.

A pesar de que el verbo figurar se refiere, según el DRAE en alguna de sus acepciones a imaginarse, fantasear, suponer algo que no se conoce, en ese tiempo se utilizaba para iniciar un relato, algo así como:  Date cuenta que… así se escuchaba decir:  Figurate que hoy miré a fulano o figurate que se me descompuso el carro.  En estos dorados tiempos, si alguien utiliza el figurate, provoca inmediatamente cierta desconfianza en su interlocutor.

El verbo apercollar significa agarrar a alguien por el cuello, sin embargo, antes se utilizaba para expresar un abrazo muy apretado y se refería casi siempre a una pareja de novios a quien se le miraba apercollada o bien la pasividad de la novia a quien tenían bien apercollada.  Así mismo se utilizaba el verbo “jalar” derivado de “halar” y que según el DRAE significa en estos lugares, mantener relaciones amorosas, aunque en la actualidad casi nadie utiliza este verbo y se limitan a mantener cierta indefinición con el verbo “andar” sin especificar qué.  Sinceramente no sé como dicen ahora, pero antes se utilizaba el verbo “prensar” para expresar la acción de besarse en la boca.

Julepe es según el DRAE además un juego de naipes y una bebida alcohólica, el esfuerzo o trabajo excesivo de alguien o bien el desgaste o uso excesivo de algo y en este tenor se utilizaba la expresión “meter julepe” cuando alguien presionaba insistentemente a otra persona para conseguir algo.

Para evitar el verbo tan castizo “cagar” considerado en extremo vulgar o caer en la gilipollez como dicen los españoles al decir “pupusear” se utilizaba de manera común “obrar”, derivándose “obradera” como sinónimo de diarrea.  Para quienes por primera vez leíamos la historia sagrada se nos hacía algo inconcebible encontrar los pasajes que decían que a partir de los treinta años Jesús inició su vida pública predicando y obrando milagros.

Cuando no existían las maletas Samsonite ni Louis Vuitton, la gente echaba sus desgracias en una manta o colcha y amarraba los extremos convirtiéndose en lo que se llamaba “motete” que es aceptado por la Real Academia como lío de ropa o envoltorio y que antes también se extendía a un bulto que sobresalía de la ropa, por ejemplo por echarse objetos grandes en la bolsa del pantalón.

Mi abuelo no decía nunca una palabra mal sonante y no permitía que en su presencia se profiriera alguna.  Sus excesos consistían en emplear ciertas interjecciones como:  jobero, chófiro, a la púchica, chocho, a la flauta, a la viuda, o bien exclamaciones como andate a la porra, muchacho de porra.   En estos tiempos en que se utilizan las más grandes procacidades, es muy extraño escuchar aquellas exclamaciones, salvo tal vez mi amigo Silvio De Franco que es muy aficionado a mantener vivas estas interjecciones.

En fin, podría hacerse un verdadero tratado de todas aquellas palabras y expresiones que ya pasaron al desuso y que solamente quienes vivimos en aquellos tiempos, de vez en cuando las sacamos del cofre de los recuerdos y muchas veces nos encuentran riéndonos solos por culpa de ellas.

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Managua de todos los santos

Con el regreso de Santo Domingo de Abajo a su “hogar” en San Andrés de la Palanca el 16 de agosto, finalizan las fiestas patronales de la ciudad de Managua, una celebración que con el tiempo ha sufrido una enorme metamorfosis y que al día de hoy se encuentra revestida de las más grandes contradicciones.

Generalmente las fiestas patronales son un factor de unión entre los miembros de una determinada comunidad.  Me parece que estas fiestas están fielmente retratadas en la magistral composición de Joan Manuel Serrat:  “La Fiesta”, que en algunas de sus estrofas expresa:  … en la noche de San Juan/cómo comparten su pan/su mujer y su gabán/ gentes de cien mil raleas….Hoy el noble y el villano/el prohombre y el gusano/bailan y se dan la mano/sin importarles la facha… Y con la resaca a cuestas/vuelve el pobre a su pobreza/vuelve el rico a su riqueza/y el señor cura a sus misas…Se acabó/el sol nos dice que llegó el final/por una noche se olvidó que cada uno es cada cual

Tal vez, cuando Managua era tan sólo un pueblón, sin ínfulas y el patrono oficial era (creo que todavía es) Santiago Apóstol, toda la población se volcaba en una celebración que unía a todos por igual.  En aquellos tiempos, ya entrado el siglo XIX, desde inicios del mes de julio se congregaba la población para iniciar las festividades del patrono de los conquistadores, cuando aún permanecía en el inconsciente colectivo de la población el grito de guerra de los ejércitos españoles:  ¡Santiago!

En estas festividades un grupo de personas con pitos y tambores pregonaban el acercamiento de las fiestas y todo el pueblo esperaba el anuncio sobre el nombramiento de los Priostes y del Mayordomo.  Se realizaba la vela del sombrero y del bastón de Santiago y el 25 de julio, día del santo, se realizaba una procesión en donde participaba toda la población y la cual iba encabezada por los montados, en donde los caballos representaban un medio de locomoción más que un símbolo de estatus.

Pero la imposición del patrono de Managua de parte de los conquistadores no sobreviviría al inicio del siglo XX, pues da la casualidad de que el caudillo liberal José Santos Zelaya era un fervoroso devoto de Santiago, quien incluso aguardó hasta el 25 de julio de 1883 (el propio día de Santiago Apóstol) para hacer su entrada victoriosa en la ciudad capital por la calle que luego se llamaría la calle de El Triunfo.  Durante la gestión de Zelaya, el gobierno apoyó al máximo la celebración de esa fiesta.  No obstante, cuando Zelaya y los liberales salieron del gobierno en 1909, los conservadores, tratando de echarle tierra a todo lo que había hecho el gobierno antecesor (nada raro en Nicaragua), arrinconaron a Santiago y lanzaron al estrellato a Santo Domingo de Guzmán,  Este santo había empezado a cobrar fama entre los managua a partir del hallazgo de una imagen en las Sierritas en 1885 y que de acuerdo con la opinión autorizada del párroco de la iglesia de Veracruz, que quedaba ubicada en El Mamón, cerca del Xolotlán, fue identificada como representativa de Santo Domingo de Guzmán.  Se ignora los criterios de identificación del mencionado párroco a la diminuta imagen, pues Santo Domingo había vivido en el siglo XII.

De esta manera, para los años veinte la veneración a Santiago Apóstol en Managua era historia, salvo tal vez en algunos reductos de la capital, en donde sigilosamente lo celebran, como es el caso de una familia que en San Judas, todavía guarda esta tradición.

Al inicio, las fiestas de Santo Domingo guardaron un poco aquel sabor pueblerino de antaño, en donde toda la población participaba con fervor en los nuevos ritos establecidos como la roza del camino, la bajada del santo, la procesión y el regreso a las sierritas de la imagen y en donde los montados acompañaban al resto de la población, como parte integral de la comunidad.

A partir de cierto momento, cuando se inició la afición por la crianza de los caballos de raza, los montados pertenecientes a los sectores económicos que podían darse el lujo de comprar ejemplares caros y sobre todo mantenerlos, se organizaron para hacer un desfile propio y de ahí salió la tradición de reunirse y salir de La Industria, beneficio de café ubicado al final de la calle El Triunfo perteneciente a Don Rafael Cabrera, uno de los primeros caballistas de la capital.  Al comienzo, estos jinetes se encontraban con la procesión de Santo Domingo en el Gancho de Camino y se integraban a la misma, aunque poco a poco sus familiares y amigos prefirieron asistir a la salida del desfile de caballos y admirar los ejemplares en vez de asistir a la procesión del santo.  Luego aquellos que querían que se les viese como amistades o parte de esas familias de los caballistas fueron engrosando las filas de los observadores del desfile hípico en La Industria.

Para complicar más el asunto, de repente los habitantes de San Andrés de la Palanca decidieron compartir sus propias fiestas en honor a Santo Domingo con sus vecinos y de esta forma la imagen recorría el asentamiento conocido como OPEN (Operación para Emergencias Nacionales) debido a que se trataba de los damnificados de las inundaciones de las playas del Xolotlán que fueron reubicados en los alrededores de San Andrés de la Palanca y que ahora constituye un municipio de Managua: Ciudad Sandino.  Posteriormente la imagen incursionó en los barrios occidentales de Managua en donde se le bautizó como Santo Domingo “de abajo” y que ahora la tradición manda que visite a todos los barrios occidentales de Managua entre el 7 y el 16 de agosto de cada año.

Como si esto fuera poco, los habitantes de la comunidad de Nejapa en el suroeste de la capital vienen realizando sus propias festividades del santo a quien llaman Santo Domingo de “en medio”, provocando cierta rivalidad, no malsana por cierto, entre todos los santo domingo que confluyen en la creencia popular. Es interesante escuchar a los nejapeños expresar que el más milagroso es el “de en medio”.  Aquí se hace la jaculatoria.

Por otra parte, hay que recordar que Managua es el mayor centro nacional receptor de migraciones de todo el territorio nacional, agregando a esto, las fuertes oleadas de los nicaragüenses que regresan del exterior.  Todo esto provoca un serio impacto en el manejo de la cultura y tradiciones de la ciudad, al ser tan difícil de asimilar todo este bagaje para un extraño.  Así pues, las festividades agostinas llegaron a convertirse en algo completamente diferente a lo que originalmente fueron.

Los capitalinos auténticos se aferran a la tradición de Santo Domingo de las Sierritas y participan en cada uno de los eventos, aunque soportando toda la manipulación que realizan los políticos, al igual que lo hicieron los conservadores a comienzos del siglo pasado, hasta llegar al colmo que se ha dado el caso de que el mayordomo sea evangélico, luterano o agnóstico, pues París bien vale una misa.  Por otra parte ciertas argollas van manipulando estos ritos al extremo que la iglesia católica no se atreve a meter las manos (Remember Lisímaco).  Por otra parte, el desfile de montados que ahora lleva el nombre de “hípica” es sólo un factor de división de clases, en donde algunos consorcios comerciales y mediáticos se han adueñado del evento y lo han convertido en un desfile carnavalesco, en donde predomina el licor y cada vez se aleja más del significado de la fiesta patronal.

Así pues en Managua hay santo para todos los gustos.  Si hay un milagro de por medio, indudablemente el de las Sierritas es el indicado.  Si se quiere un baile a domicilio con la intensidad, zangoloteo y duración a gusto del cliente que esté dispuesto a pagar la tarifa vigente, pues ahí está el “de abajo”.  Si hay predilección por las emociones fuertes ahí tienen al “de en medio”, pues en la comarca de Nejapa se realizan las mejores corridas de toros de la capital.

 

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El sanmarqueño cosmopolita

No cabe duda que en el siglo XXI el sanmarqueño se ha vuelto cosmopolita.  Los encuentros casuales que otrora se daban en el parque Jorge Robleto, en el Town Club o en el Teatro Julia, ahora ocurren en las salas de espera de los aeropuertos Benito Juárez, Barajas, Ruzyne, LAX  o bien en el lobby de un hotel de Dubai, en la Rautatientori en Helsinki o en la Plaza de Mayo en Buenos Aires.  Muchos de nuestros paisanos hoy viven en diferentes partes de los Estados Unidos, Canadá, Sudamérica, Asia, África o Europa y viajar es una constante en sus vidas.

No obstante a mitad del siglo XX, para una gran mayoría de sanmarqueños, los confines del universo parecían comenzar en la finca de don Carlos Romero, San Dionisio, El Porvenir o el Barrio de La Cruz.  Había, sin embargo, un ciudadano que recorría el mundo de la misma forma en que sus paisanos recorrían el pueblo en bicicleta.  Era el heredero de la fortuna de El Gallo, como se conocía a Don Fabio Gallo Coronado, acaudalado cafetalero que había llegado al pueblo en el siglo XIX y que con el cultivo del café en su hacienda San Pedro y afortunadas inversiones en Italia, de donde provenían sus ascendientes, llegó a acumular un impresionante capital.  Don Fabio era casado con Doña María Garrido Lucuix, una ciudadana española originaria de Villa de Manila, Málaga, con quien tuvo un único hijo en 1925, quien llevó el nombre de su padre.

Al comienzo Doña María sobreprotegió a su bebé, aislándolo en una burbuja con el fin de que no estuviera expuesto a los males de aquella época, en especial la malaria.  Lo anterior no hizo sino que el niño creciera desmedrado y propenso a toda suerte de dolencias, hasta que el médico de cabecera de los Gallo, el Dr. Samuel Martínez, fue claro con Doña María y le expresó que Fabito necesitaba salir del aislamiento, correr por San Pedro, salir al pueblo y si se le antojaba, beber agua del aljibe y no la hervida que le reservaban.  Así lo hizo Doña María, no llegando, tal vez, a la exageración de darle de beber el agua con renacuajos del aljibe y de esta forma el niño se curó de todas las enfermedades recurrentes y parece que la libertad de ir a donde le pegara la gana le gustó, pues de ahí se aficionó a los viajes.

El joven Fabio pasó del internado en el Colegio Centroamérica a internados en Europa y estudió algunos años en una Universidad de California, sin llegar a obtener ningún título académico, sin embargo, su capacidad para los negocios era brillante, así como su habilidad para lograr que su madre, exageradamente celosa en el cuido de los recursos familiares, le asignara cada vez mayores cantidades de dinero y lo mejor de todo, es que sabía disfrutar de la buena vida que le otorgaba aquella bonanza.  Cuentan que en una reunión de amigos en Managua, cada quien estaba contando al grupo sus planes para las vacaciones y algunos presumían que irían a Miami, otros a Costa Rica y así por el estilo y cuando le preguntaron a Fabio a dónde iría, él respondió humildemente: -Voy para el África a un safari.  Todos sin excepción cayeron como Condorito: ¡Flop!

Así pues, Fabio Gallo se convirtió en un verdadero cosmopolita, a quien se le miraba en cierto momento en Roma, al día siguiente en Grecia y luego en España.  Era tal vez muy temprano para el Jet Set, pero bien pudo pertenecer a ese selecto club.  Cuando Fabio visitaba la tierra de su madre, no escatimaba en lujos, pues bien podía cerrar, para él y sus amigos, la sala de fiestas del Hotel Miramar de Málaga, o invitar a pantagruélicas comidas en el Hotel Alhamar de Marbella, presumiendo en todos estos lugares su Cadillac convertible color pistacho, con la capota negra.  Asimismo, en Roma tenía una villa en las afueras de la ciudad, muy cerca de la lujosa casa del siglo XVI perteneciente a Carlo Ponti y Sofía Loren, por lo cual la famosa pareja era muy amiga del joven Fabio; es más la propia Loren comentaba frecuentemente que Fabio fue novio de su hermana.  En cierta oportunidad, en San Marcos se vio circulando a una pareja de extranjeros conociendo el pueblo, sin sospechar nadie que se trataba de Carlo y Sofía que invitados por Fabio, pasaron brevemente por San Pedro en su periplo hacia los Estados Unidos.

Cuando estaba en Nicaragua, Fabio gustaba de darse la gran vida, tenía varios automóviles en San Pedro, entre ellos un Cadillac y un Masseratti.    Le gustaba mucho la comida italiana y para poder saborearla mandó a traer a un chef italiano llamado Annunziato Espósito, allá a finales de los años cincuenta.  Recuerdo bien cuando llegó el chef, pues una tarde se apareció por la botica de mi abuelo, se sentó al piano e interpretó una canción que estaba de moda: Piccolissima Serenata.   Con el tiempo, Annunziatto decidió trabajar por su cuenta y abrió en Managua el recordado restaurante “El Coliseo”.

La vida de Fabio Gallo no fue ajena a interesantes aventuras que afortunadamente no desembocaron en algo trágico.  Estando en España se vio involucrado en un caso que cimbró a las principales agencias de espionaje, en especial la CIA.  Era el año 1953, en plena Guerra Fría y se corrió la noticia que el famoso Lavrenti Beria, ex jefe de los servicios de inteligencia de la Unión Soviética (NKVD), temido incluso por el propio Stalin, había sido purgado y ejecutado por órdenes de Nikita Khrushchev.   Sin embargo, de pronto todos los servicios de inteligencia destacados en España, incluyendo la policía secreta franquista, empezaron a buscar a Beria en la península Ibérica, pues era muy fuerte el rumor de que había sido visto en esa región y de pronto comenzó a barajarse el nombre de Fabio Gallo,  como la persona que había realizado contacto con  el temible ruso.   Se tiene evidencia que Fabio fue recluido por la policía secreta franquista en la casa de sus parientes en Málaga, causando tremendos perjuicios a toda su familia materna, quienes no quedaron muy conformes con el proceder de Fabio, que en ese momento no soltó prenda, logrando luego escabullirse en una odisea por toda Europa, al estilo James Bond, en donde fue perseguido por varias agencias de inteligencia que al final no pudieron darle caza.  El régimen de Franco ordenó que se echara tierra a ese episodio, pues era más fuerte el rumor del juicio sumario a Beria y su posterior ejecución.  Se llegó incluso al extremo de que el director del diario ABC, Torcuato Luca di Tena, que había dado la noticia de Beria en España, fue cesado de su cargo.  No se volvió a hablar del tema.

En Nicaragua circuló la versión de que Fabio se encontró en Madrid con un diplomático nicaragüense que había estado en Moscú y que después de algunos tragos, este último le confió que Beria había logrado escapar con vida de la URSS y que él lo había visto en España.  Luego, Fabio para presumir ante sus amistades en Málaga, les comentó que había tenido una reunión con Beria en una carretera apartada de esa ciudad.

No obstante lo anterior,  en 1985, el periodista español, Alfredo Semprum, revivió el caso y se dio la tarea de buscar a Fabio, encontrándolo después de ciertos esfuerzos en su casa en la Hacienda San Pedro en San Marcos.  Fabio accedió a concederle una entrevista y ahí admitió haberse reunido con Beria.  Según Fabio el ruso, quien aparentemente deseaba buscar asilo en los Estados Unidos para librarse de la purga que pendía sobre su cabeza, sabiendo que Fabio había estudiado en los Estados Unidos con el diputado Patrick Hilings, quien era de mucha confianza del entonces Vicepresidente Richad Nixon, lo buscó para ver la factibilidad de llegar a un acuerdo.   Al final de cuentas, será muy difícil conocer la verdadera historia detrás de ese episodio, pues muchos coincidieron en que todo fue producto de la fértil imaginación de Fabio.

En tiempos de los complots para derrocar a Anastasio Somoza García, Fabio participó en el suministro de armas, como representante de la Fabbrica d´armi Pietro Beretta SpA, de cuyos propietarios era amigo cercano.  Contactó y suministró armas, algunas de ellas de obsequio, tanto a los ex oficiales de la Guardia Nacional exiliados en El Salvador, como a los organizadores del movimiento que después realizó la invasión llamada de Olama y los Mollejones.  Cuando los servicios de inteligencia de la Guardia Nacional identificaron a Fabio como responsable del suministro de las armas Beretta, todos creyeron que Somoza iba a tomar medidas drásticas en su contra, sin embargo, en un corto período de tiempo ocurrió una serie de comunicaciones que le dieron un enorme viraje al asunto.  De Nicaragua se dio una comunicación a un número privado en El Vaticano; horas más tarde, de otra oficina de la Santa Sede se realizó una llamada a la residencia del Cardenal Francis Joseph Spellman, Arzobispo de Nueva York, quien a su vez contactó a Guillermo Sevilla Sacasa, Embajador de Nicaragua en los Estados Unidos y este por su parte, inmediatamente se comunicó con Casa Presidencial en Managua.  Nadie sabe a ciencia cierta el contenido real de aquellas llamadas, sin embargo, Fabio Gallo salió completamente ileso de todo el asunto.  Al respecto, Fabio siempre presumía con sus amistades de su participación en estos eventos, agregando de su cosecha el hecho de que tenía planeado fletar un avión desde donde él mismo lanzaría una bomba a Casa Presidencial.

Para la insurrección sandinista allá entre 1978 y 1979, Fabio andaba visitando a un amigo en el sector de Ticomo, coincidiendo con que un alto mando del FSLN había sido localizado y perseguido por la Guardia Nacional en el sector de Loma Linda-Ticomo.  El guerrillero buscaba afanosamente un refugio seguro y pasando por la quinta de la persona a quien visitaba nuestro personaje, fue detectado por el vigilante de la propiedad, exponiéndolo ante los dueños, quienes se pusieron nerviosos.  Fabio entendió bien la situación y le dijo al fugitivo que se metiera en la valijera de su Cadillac.  De esta forma, regresó a San Marcos, sin que ningún retén se atreviera a registrarlo.  En la hacienda San Pedro, el guerrillero estuvo escondido un tiempo, gozando de la hospitalidad, discreción, así como de la enorme cava de Fabio Gallo.

Por muchos años Fabio llevó una vida de playboy, rehuyendo de compromisos serios.  Por todos lados se le miró con las mujeres más hermosas, incluyendo a María Andersen, actriz española que filmó junto al Cordobés, la hermana de Sofía Loren, así como Lucelia Santos, actriz brasileña que participó en la telenovela Esclava Isaura, entre otras tantas.  Tuvo la intención de casarse con una prima suya en Málaga, sin embargo, sus parientes que guardaban serios resentimientos contra él y su madre, se opusieron rotundamente.  No fue sino hasta en el otoño de su vida que Fabio se casó formalmente con una señora de la sociedad de Managua.

En el año 1991, Fabio Gallo durmió el Sueño de los Justos.  Quienes conocieron a Fabio habrían pensado que un personaje con una vida tan apasionante, tendría al final una muerte emocionante, de esas que salen de la mente de Ian Fleming, ya fuera en un accidente de esquí en Innsbruck, en medio de fuego cruzado en un enfrentamiento entre espías en Estambul, en el naufragio de un yate en el mar Tirreno o bien por la ponzoña de un áspid en Egipto, sin embargo, murió según consta en su acta de defunción, de un simple infarto al miocardio en su natal San Marcos.  A pesar de que Fabio guardó por mucho tiempo un féretro a su medida, en una bodega de San Pedro, al final, había subido tanto de peso que hubo que conseguirle otro.

De cualquier forma, no cabe duda que Fabio Gallo es hoy toda una leyenda y muy pocos nicaragüenses se dieron el lujo de disfrutar a plenitud de un capital.  En San Marcos será recordado siempre, pues después de su muerte corre el rumor de que a veces, al igual que hizo su padre, deambula por los corredores de su hacienda San Pedro, ahora convertida en hotel y otros llegan a asegurar que el paisano cosmopolita quiere manifestarse a través del cuadro de una virgen que hay en la hacienda y  a la que claramente se le mira sudar.

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Desde la memoria virtual

Hace un poco más de un año debí someterme a una intervención quirúrgica para la extracción de gran parte de la tiroides.  No es un asunto tan complicado como un tumor cerebral, pero tiene sus bemoles, así que me recomendaron a uno de los cirujanos más experimentados en ese campo, el Dr. Benjamín Urizar, quien realizó la operación con singular maestría, de tal forma que no hubo ninguna complicación; si no, no estaría contando el cuento, obviamente.  Cuando ocho días después el galeno llegó a mi casa a quitarme los puntos, ya fuera del rigor pre y post operatorio, al quitarme la venda exclamó: -Amigo, ¿quién lo operó? esta es una obra de arte, la herida está en perfecto estado y en poco tiempo ni se notará que fue intervenido.  No pude menos que reírme.  Estoy convencido que un buen médico debe tener un gran sentido del humor, de lo contrario el lado humano de su misión sería fallido.

Hace unas semanas, mi memoria USB ( pendrive ) en donde guardaba todos mis archivos, incluyendo los originales de este blog, sin decir ni pío, pasó a mejor vida, dejando irrecuperable todo su contenido.  Así pues, me di a la tarea de recuperar directamente desde WordPress todas mis entradas de Los hijos de septiembre, con el fin de realizar los respaldos correspondientes, esta vez en diferentes medios a fin de no volver a perderlos.

Mientras estuve ordenando la información de las entradas, tuve la oportunidad de releerlas, a pesar de la aprensión que sentía de hacerlo, pues muchas veces esta tarea provoca cierto rechazo hacia nuestro esfuerzo, visto desde la distancia.  Sin embargo, al volver a leer muchas de las entradas me acordé del Dr. Urizar y me dije a mí mismo: – ¿Pero quién escribió esta preciosidad? Esta es una pequeña obra maestra.

Es muy posible que mi sentido del humor sea mucho mayor que mi capacidad literaria, no obstante, tal como dijo el gran escritor y político español Antonio de Senillosa: “En el fondo, tener sentido del humor es ser consciente de la relatividad de las cosas”.  Lo importante en todo esto, es que he confirmado que ha sido una empresa divertida.  He escrito todo este material por diversión, por amor a expresarme libremente.  Tal vez si tuviera que escribir bajo contrato o si me ocupara de temas de mayor profundidad, no sería lo mismo.

Si bien es cierto, el oficio de bloguero es hasta cierto punto infame, pues no alcanza la gloria de los poetas, novelistas ni ensayistas, ni siquiera la aceptación de los periodistas, sin embargo, en lo particular me ha dado enormes satisfacciones.  Me ha permitido expresar mi cariño y admiración a mis seres queridos, rescatar a ciertos personajes del olvido, resaltar aspectos relevantes de nuestra identidad, reencontrar a viejos amigos, algunos de ellos que viven en las antípodas, por no decir más lejos y hacer nuevas amistades.  Como ipegüe, algunos pocos intrusos, estólidos por naturaleza han creído identificarse con algunos personajes o pasajes de mis escritos y en medio de su estulticia me han acusado de hacerlo a propósito, mientras se retuercen como una babosa ante la sal.  Como exclamaba mi amigo Jesús Cardeña: ¡Enhorabuena!

Estoy casi finalizando la recuperación del contenido del blog y además del regodeo que he sentido al volver a leer mis escritos, me he dado cuenta que he producido 166 entradas y que juntas hacen cerca de 650 páginas.  He tenido alrededor de 150,000 visitas al blog y se han realizado 906 comentarios, de los cuales la inmensa mayoría han sido para elogiar el escrito y sólo cuatro han sido injuriosos, razón por la cual no los dejé salir a la luz, pues en una posición un tanto egoísta, me interesa más mi libertad de expresión que la de ellos.

Así pues, todo esto me ha motivado para continuar con mayor empeño esta gratificante tarea, así que espero continuar honrado con la asiduidad de tantos amigos que aprecian mi blog.

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