Archivo mensual: julio 2011

Introducción al metrosexual criollo

A mediados de los años noventa, conforme se acercaba el siglo XXI, se fueron diseñando bosquejos de lo que sería el hombre del nuevo milenio.   Con una visión más espiritual que otra cosa, se hablaba de un individuo tolerante, comprometido con el medio ambiente, la paz, la democracia, la solidaridad, la compasión y demás virtudes que la civilización debía haber forjado en el ser humano durante toda su existencia en este planeta.  Por otra parte, otros sectores, con una mayor dosis de frivolidad y sin obviar los atributos antes expuestos, propugnaban por un individuo más comprometido con su apariencia, haciendo aflorar un poco el lado femenino que se encuentra un tanto cuanto oculto en los hombres y que de esta manera mostrara un gusto refinado por el vestuario, por el cuidado de su cuerpo y en general por actividades que antes estaban reservadas al género femenino.

Estos nuevos cánones para el hombre moderno fueron impulsados principalmente desde dos vertientes.  En primer lugar por parte de la gran industria del vestuario, de los cosméticos y productos de belleza quienes sentían que el mercado correspondiente al sector femenino estaba llegando a límites muy competitivos y por lo tanto la promoción de la demanda de parte del sector masculino hacia la extravagancia y la exquisitez,  antes reservadas solo para las mujeres, podía ser factible, con lo que los ingresos globales provenientes de este mercado podían llegar a duplicarse.  En segundo lugar, por la comunidad gay muy presente en el mundo mediático, especialmente en lo relativo a la moda, que sentía que un hombre con estas características, siendo heterosexual en su mayoría, constituiría un puente hacia un entorno más tolerante y amigable en donde ellos pudieran desenvolverse en el nuevo siglo.

Así que en 1994, el escritor y periodista inglés Mark Simpson, acuño el término que vendría a describir a este nuevo hombre: “Metrosexual”, mismo que se deriva de “metrópolis” dado que se trata de un fenómeno netamente urbano y en especial de las grandes ciudades.   El individuo en cuestión estaba ubicado entre los veinte y tantos y los cuarenta y tantos años, con ingresos muy por encima del promedio; sin importar su orientación sexual, aunque en una gran proporción heterosexuales.   Lo más importante para este individuo es su imagen, para lo cual gasta una fortuna en gimnasios para mantenerse en forma, tratamientos y cosméticos para cuidar las diversas partes del cuerpo,  vestuario y accesorios.  Está debidamente informado sobre los últimos gritos de la moda internacional, se cultiva sobre las diversas manifestaciones culturales, es gourmet y domina a la perfección las artes culinarias, es un decorador de interiores innato, manejando incluso las técnicas del Feng Shui, es aficionado a la jardinería y conoce las diversas tendencias de la música moderna.

Coincide lo anterior, con una tendencia en las nuevas generaciones de mujeres de preferir hombres alejados de la imagen clásica del macho.  De manera que para el metrosexual es muy fácil conquistar a este nuevo tipo de mujeres.

Muchos estudiosos del tema coinciden que el prototipo del metrosexual es el futbolista inglés David Beckham, quien se maneja con pasaporte de heterosexual, además casado y con cuatro hijos.  Esta personalidad utiliza esmalte de uñas de color pastel, aretes con diamantes en las orejas y de vez en cuando utiliza los calzones de su esposa Victoria.  Es admirado tanto por las féminas como por la comunidad gay y ha declarado que no le importa si sus admiradores son mujeres u hombres.

De la misma manera que los efectos de un tsunami ocurrido en nuestras antípodas provocan ciertas marejadas en nuestras costas, el concepto de metrosexual también se asoma en la ciudad de Managua, que para este caso pareciera estar a años luz de distancia de Nueva York, Londres o Paris.   Por ese motivo, el concepto de metrosexual ha tenido que sufrir una platanización con el fin de adaptarse a las condiciones locales, de tal manera que aquellos que se sienten machos, pero no fanáticos, han hecho de tripas chorizo para lograr una copia un tanto surrealista de lo que esto significa.

Indudablemente el factor esencial en el desarrollo de un metrosexual local es el aspecto financiero, pues es muy difícil que estos tengan los ingresos que sus homólogos de otras metrópolis llegan a alcanzar.  Es posible que uno de los metrosexuales de los de verdad, se gaste sin el menor rubor unos tres mil dólares mensuales en el cuidado de su persona.   Hay que recordar que por estos lares, cerca del 80% de la población sobreviviría más de cuatro años con esa cantidad.  Así pues el metrosexual criollo se encuentra con esa cruda realidad, como decía mi tía Leticia: ¿De dónde, papito?

Con relación al vestuario, la principal limitante la constituye la escasa, por no decir nula oferta de ropa de diseñadores de prestigio, pues no se encontrará en Almacenes Siman algún traje Armani, pantalones Ermenegildo Zegna o camisas Eton, debiéndose conformar el metrosexual criollo con parte de la colección de segundas de Tommy Hilfiger o Polo.  En cuanto a calzado, tampoco podrá conseguirse un par de Berluti o Louis Vuitton, y tal vez sólo superen al Payless,  los Florsheim de Eclipse.  Tampoco encontrará ninguno de los accesorios que acostumbran los verdaderos exponentes de esta corriente quienes portan de la manera más natural un smart pone Tag Heuer LINK, de platino y cuero de cocodrilo, barajándose por estas latitudes un vulgar Blackberry o a lo sumo un Apple I Phone.

En cuanto al cuidado de la figura, ahí se observa un poco más de holgura para el aspirante local, pues existe una buena oferta de gimnasios al alcance de todos los bolsillos, además que puede correr en cualquier parque sin costo alguno y después de todo, mantener la percha en buenas condiciones.

Sobre los cosméticos y productos para embellecer, existe una escasa pero no despreciable oferta.  Pueden encontrarse estilistas y coiffeurs de cierta categoría para el nivel local, que tal vez no oferten un lavado de cabello con shampoo Shiseido Men Adenogen, pero tal vez un Alberto VO5 disfrazado de Sebastian puede resolver.  De la misma manera, puede encontrar toda clase de tratamientos para el cabello, incluyendo la Keratina, balurde tal vez, pero algo es algo.   En lo relativo a tratamientos faciales para que los nuevos adonis tengan un cutis de porcelana, quizá no encuentren la línea de Aramis Lab Series for Men, pero podría conformarse con la nueva línea de Nivea Men con productos básicos para que los rostros luzcan tersos y suaves al tacto.

Un procedimiento estándar para los metrosexuales y que haciendo a un lado los métodos que podrían costar una fortuna, es la depilación y comprende desde las hirsutas manifestaciones del tórax, aquellas que hacían hombres de pelo en pecho, hasta las piernas, sin obviar las muy de moda intervención en las cejas, que permiten que estos individuos mejoren sustancialmente su lenguaje corporal, al permitirles un grácil levantamiento de las mismas. Es obvio que el bikini line podría provocar consecuencias dolorosísimas a quien la sueñe.

El teñido del cabello es una práctica muy utilizada entre los metrosexuales, David Beckham cambia constantemente de color, oscilando entre las más originales extravagancias.  Localmente se encuentran salones de belleza que pueden realizar un trabajo decente al alcance de todos los bolsillos, trabajando incluso rayos y lucecitas.  No hay que confundir estas manifestaciones con las prácticas tan comunes en nuestro país de parte de colegas de la tercera edad, que se resisten a lucir su cabellera original llena de canas y así vemos desde un alto prelado de la iglesia, hasta afamados cantautores, filósofos, políticos, escritores, comunicadores, que corren riesgos con sus respectivas carreras, pero nunca con su cabello.

En cuanto a la información para estar al tanto de las manifestaciones culturales a nivel mundial, con el internet, ya sea a nivel de hogar, ciber o wi-fi, puede navegarse en busca de tan preciado tesoro o bien conformarse con memorizar los suplementos culturales sabatinos de los diarios locales, además de la columna de Ampié sobre cine en Confidencial o la sección de buenos modales de Magazine.

Definitivamente Managua no es territorio propicio para el desarrollo de un gourmet, pues no podrá encontrarse por estas latitudes algún restaurante que ofrezca caviar beluga de Petrossian, pate fois gras, filete de carne de buey Kobe, o una taza de café Kopi Luwak, así que un aspirante tendría que conformarse con un sushi o un puyazo.  En su casa podrá ensayar una receta de callos a la madrileña acompañados de un tiramisu.

Para estar al tanto de lo que ocurre en el mundo de la música, con tres horas diarias en Youtobe puede alcanzar cierto nivel y en el plano presencial, asistir a todos los eventos que promocionan los casinos, cervezas y empresas de telefonía celular.

No obstante, lo principal en estos iniciados es el desarrollo de la capacidad de dejar aflorar el lado femenino del interior.  Lo importante en este sentido es saber definir claramente los límites, las fronteras, más allá de las cuales no debe de transitarse por ningún motivo, es decir buscar el balance exacto entre la proporción masculina y la femenina que debe ser mucho menor y lo mejor, no tener el temor de demostrarlo.   Un metrosexual puede entusiasmarse por ver una película de Jennifer Aniston, pero no llegaría a llorar a moco tendido al final; puede tener predilección por las mascotas, pero no tener un par de gatos; podrá pedir en una fiesta una copa de vino blanco, pero no emborracharse con Medias de Seda.

Lo que en todo momento debe tener presente el metrosexual criollo es que nunca llegará a ser como David Beckham o Brad Pitt, ni siquiera como Roberto Palazuelos, pero como dicen que en la tierra de ciegos el tuerto es rey e indudablemente causará revuelo al contonearse por los corredores de Galerías Santo Domingo, en una tarde de shopping.

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El hombre que trascendió a la muerte

Era una tarde de inicios de mayo de 1914 y la ciudad de Managua lucía unos celajes que resaltaban la quietud de aquella joven capital de Nicaragua, especialmente en la Calle de El Triunfo que iba del beneficio “La Industria” de la familia Cabrera hasta el Parque Central y que era llamada así en conmemoración de la entrada triunfal en Managua del General José Santos Zelaya y sus tropas.

Cuando en uno de los beneficios de café sonó el poderoso pito a las cinco de la tarde en punto, de una casa ubicada sobre la mencionada calle a unas pocas cuadras del Parque Central, salió un ataúd acompañado de un raquítico cortejo.  Un hombre vestido formalmente de traje negro y un sombrero del mismo color que portaba en la mano, parecía presidir la procesión, acompañado de media docena de personas.  Los cuatro individuos que cargaban el féretro, tan austero como el cortejo, por sus vestimentas parecían haber sido contratados para ese efecto.

El singular cortejo tomó hacia el sur hasta encontrar la 2ª. Calle Sur Oeste, conocida después como Calle 15 de septiembre, torciendo hacia la derecha y seguir hasta el final de esa calle en donde se encontraba el recién inaugurado Cementerio Central de Managua.  A su paso, algunos curiosos salían de sus casas y realizaban cualquier comentario, acompañado de algunas furtivas sonrisas.  Cuando el féretro se encontraba ya en la fosa recién abierta y listo para descender, apareció un sacerdote de sotana y bonete negros, asistido por un joven que cargaba la parafernalia de estos casos y de esta forma de manera un tanto apresurada, el cuerpo que estaba pronto a ocupar su última morada, recibió un responso final.  Todavía los trabajadores no finalizaban su labor en la fosa cuando los acompañantes emprendieron el regreso a sus hogares, a excepción del hombre del traje negro quien esperó a que finalizara la tarea y hasta entonces dijo algo en voz baja y regresó a casa.

El difunto de este relato era Don Zacarías Guerra, último miembro de una acaudalada familia de la vieja Managua quien murió soltero y sin descendencia.  Había ocupado algunos cargos en la Comuna de Managua, sin embargo, tenía un carácter retraído y no se le conocían amistades.  Vivía prácticamente solitario en su casa de la Calle del Triunfo y su fama obedecía a que este señor llevaba una vida en extremo austera, situación que lo reputó como uno de los “pinches” de la época en la ciudad capital.  Pero el asunto no terminó en esa calificación, sino que Don Zacarías también fue víctima de un constante acoso que se manifestaba en gritos y burlas en su cara cuando salía a la calle, así como pintas en las paredes de su casa, las cuales soportaba con extraordinario estoicismo.  Algunos cronistas de la ciudad cuentan que Don Zacarías llegaba a una pulpería del barrio propiedad de unas señoras llamadas Las Reñazquito en donde adquiría cinco centavos de cigarrillos que alcanzaba en esos tiempos para doce unidades, los cuales le duraban todo un mes, pues se los fumaba al suave.

A la semana siguiente, representantes de la Comuna de Managua fueron invitados a la oficina de un abogado local, presentándose estos puntualmente al despacho en donde los recibió cordialmente el abogado que resultó ser el elegante hombre que presidió el cortejo fúnebre de Don Zacarías.  Les explicó que se trataba de la apertura del testamento del Sr. Guerra.  Cuando el notario leyó los términos del testamento los asistentes se quedaron con los ojos desorbitados y la boca abierta.  El mandato del acaudalado simplemente expresaba que dejaba toda su fortuna a los niños huérfanos de la ciudad de Managua.

La noticia corrió como pólvora por toda la ciudad capital y por muchos días fue el único tema de conversación entre los managua.  Como una afilada daga, la culpa penetró en la humanidad de todos aquellos que habían criticado a Don Zacarías y parecía que todas las frases que salía de sus bocas comenzaban con “Si tan sólo hubiese…”  Fue tan grande la consternación entre esos sectores de la población que un día se comenzaron a reunir todos aquellos que despreciaron un día al noble ciudadano y realizaron una procesión que salió del Parque Central, pasando por su casa de la Calle El Triunfo y llegando luego hasta la tumba de Don Zacarías en el Cementerio Centra en donde depositaron flores y discursos de elogio para el ahora filántropo.  En esa ocasión hasta el recién estrenado Arzobispo de Managua, Don José Antonio Lezcano y Ortega ofreció un responso especial.

Con la herencia de Don Zacarías Guerra una junta conformada por personalidades de la ciudad capital se encarga de hacer cumplir la voluntad del filántropo, atendiendo a los niños huérfanos de Managua en los inmuebles heredados por don Zacarías.  Esta junta logró además captar contribuciones de todos los sectores pudientes de la ciudad, de tal manera que  se fundó el Hospicio que lleva el nombre de este ciudadano ejemplar.   En 1963 de inauguró el Hogar Zacarías Guerra, mismo que con el terremoto de 1972 debe ubicarse en los alrededores del Centro Comercial Managua en un lugar llamado Granja La Esperanza.  Actualmente conserva el nombre de Hogar Zacarías Guerra y se encuentra bajo la Dirección de los Religiosos Terciarios Capuchinos, ampliando su cobertura a niños y jóvenes huérfanos, en riesgo, abandono o maltrato y es financiado por aportes de la comuna, ONG´s y ciudadanos de buena voluntad.

En estos tiempos, el nombre de Zacarías Guerra se asocia inmediatamente a la Casa Hogar o bien al edificio de varios pisos que en el lugar en donde estuvo la casa del filántropo se construyó a inicios de los años setenta albergando inicialmente al Instituto de Estadísticas y Censos y que ahora ocupa el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social, al saber bajo qué régimen de propiedad.  No obstante, muy pocos ciudadanos conocen la vida de este ejemplar hombre.

La historia de Zacarías Guerra nos mueve a reflexionar profundamente sobre la ligereza que utilizamos al juzgar a nuestro prójimo y cuánto nos pesa cuando llegamos a conocer su verdadera personalidad.  De la misma manera nos motiva a extrañarnos por qué se extinguió esa especie humana que pensaba en tan nobles acciones.

 

 

 

 

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La inalcanzable virtud

Concede a tu espíritu el hábito de la duda, y a tu corazón, el de la tolerancia.

Georg Lichtemberg

A medida que pasa el tiempo y el divino tesoro se nos va escapando de las manos como peces sorprendidos, nos queda el consuelo de que la experiencia en esta vida nos va haciendo más sabios; entendiendo la sabiduría no como el tener la respuestas para todas las interrogantes de este mundo, sino más bien, como la capacidad que vamos desarrollando en el cultivo de las grandes virtudes.  Las vivencias obtenidas a través de los años, muchas de ellas errores de los cuales aprendemos, van logrando que aquellas virtudes que nos parecían inalcanzables en una época, ahora estén tan cerca mediante un esfuerzo que se nos antoja cada vez más fácil.

Tal vez ahora, después de tantas metidas de pata, se nos hace más alcanzable la prudencia en la mayoría de nuestros actos, podemos así mismo practicar con mayor frecuencia la templanza, tan sólo al recordar alguna goma resistente a cualquier cura o los efectos terribles de un reflujo.  Con tantos golpes que nos da la vida, llegamos a hacer callo en nuestro interior de tal manera que adquirimos una fortaleza sin igual.  También vamos distinguiendo más fácilmente la diferencia entre el bien y el mal de tal suerte que la justicia se nos presenta de manera más diáfana.  Aunque la palabra en estos tiempos nos produzca cierto escozor, tendemos a ser más solidarios.  En fin, el camino hacia la integridad se nos presenta más llano.

No obstante, existe una virtud que pareciera cada vez más difícil de alcanzar y es la tolerancia.  Quizá un problema toral al respecto sea la falta de conciencia en el verdadero sentido de este concepto.  Me parece que la definición y consideraciones de las Naciones Unidas reflejan de manera fiel los alcances de esta virtud:  “La tolerancia es el respeto, la aceptación y el aprecio de la riqueza infinita de las culturas de nuestro mundo.  La fomentan el conocimiento, la apertura de ideas, la comunicación y la libertad de conciencia.  La tolerancia es la armonía en la diferencia. No solo es un deber moral, sino una obligación política. La tolerancia es la virtud que hace posible la paz y que contribuye a la sustitución de la cultura de guerra, por la cultura de paz.  La tolerancia no es concesión, condescendencia ni indulgencia.  Ante todo, la tolerancia es el reconocimiento de los derechos humanos universales y de las libertades fundamentales de los demás.”

Pareciera que en pleno siglo XXI la tolerancia debería ser una virtud practicada universalmente, pero lamentablemente no es así.  El problema es que una gran parte de la población fuimos educados para ser intolerantes.  Ahora que analizo mi niñez me doy cuenta que la intolerancia era en ese entonces más bien una virtud.

En los aspectos religiosos fuimos educados en la fe católica, única verdadera y quien se apartara un ápice de los dogmas de la religión era reo del fuego del infierno, siendo un alivio que este martirio se aplazara hasta después de la muerte y no como en tiempos de la santa inquisición en donde herejes, apóstatas, ateos o simples adversarios del poder eclesiástico eran condenados a morir en la hoguera, después de horribles torturas.  Se nos enseñaba que los protestantes eran enemigos, por lo tanto las relaciones con sus practicantes era observada muy de cerca por el clero y en más de en una ocasión, algún líder religioso fomentó la agresión a quienes no practicaban nuestra misma religión, sin importar aquello de: amaos los unos a los otros.

Se nos inculcaba de manera recalcitrante la homofobia, mitigada tal vez por el conocimiento personal desde siempre de los pocos miembros, por lo menos declarados, de la comunidad gay de ese entonces, con quienes había cierta condescendencia, sin embargo, el resto debía mantener actitudes sumamente viriles al hablar, al vestir, al comportarse, so pena de que algún jayán le gritara al infractor: ¡Ay amor! o bien ¡Ay Ella!.  Recuerdo todavía que en la misa de ocho, los varones debían sentarse en las últimas filas y al momento del sermón, era menester que los machos que se respetaban, salieran al atrio a conversar cosas de hombres. Si alguno se quedaba en el sermón o mostraba una devoción desmedida, era calificado con un: Mmmmmmm.

Respecto a las convicciones políticas, el régimen de la familia Somoza nos enseñaba que no había derecho a la disidencia, que cualquier demostración en contra del régimen era disuelta a punta de culatazos y en el peor de los casos, a balazos de parte dela Guardia Nacionalo bien por las turbas al servicio del régimen.  De esta manera, no había cabida para el diálogo político.

Por otra parte, puede decirse que tradicionalmente no ha existido la xenofobia en Nicaragua, más bien se observa una actitud generalizada de malinchismo, término utilizado para calificar las actitudes de preferencia hacia los ciudadanos extranjeros.  Si alguien habla con un acento extraño, fácilmente obtiene un trato preferencial respecto a los locales.  Sin embargo, el racismo ha estado siempre muy arraigado y aquellos que tienen la piel más clara que el resto, se creen descendientes de Felipe El Hermoso, con mayores derechos y prerrogativas que quienes tienen la piel más oscura.  El blanco es tarjeta de presentación, decían las viejas del pueblo, algunas de ellas de tez clara y otras que ocultaban su origen etiquetándose como morenas lavadas.  De la bolsa, le reprocharía alguien.

Así pues con todo ese bagaje es muy difícil practicar la tolerancia tal como lo demandan estos tiempos.  Lo cierto es que estamos muy adentrados el tercer milenio y no sólo en Nicaragua, sino que en todo el mundo, encontramos por doquier muestras de una intolerancia que se rehúsa a desaparecer.  Dicen que para muestra algunos botones.  En Youtube, ese magnífico invento a través del cual se comparten millones de videos de todo el planeta, hay un botón para expresar: me gusta y otro para: no me gusta.  Es obvio que siguiendo aquella famosa máxima de que en gustos se rompen géneros y en petates otras cosas, determinados videos tienen un gran número de visitantes que han expresado que les gusta y como es obvio, otro número de observadores que le han puesto el no me gusta.  Pues bien, en vez de que los comentarios se centren en los motivos por los cuales les gusta o no el referido video, muchos se dedican a insultar con los epítetos más agrios a quienes votaron por el no me gusta.  Habrase visto.  Mayor demostración de intolerancia no puede existir en Youtobe.

Supuesamente Facebook se ha concebido como un instrumento para fomentar las relaciones sociales y debería ser una herramienta que promueva la tolerancia, sin embargo, hace un par de días, en Estelí un estudiante de tan solo 17 años asesinó a sangre fría a un condiscípulo a raíz de una disputa en la red social.

En esta semana, el socio de un exclusivo club social solicitó el alquiler de un salón para presentar su libro y asómbrese, la junta directiva decidió negarle su solicitud.

En lo político no parece darse una mejoría en las actitudes intolerantes.  No existe el clima para el debate de altura entre adversarios políticos, sino que lo que impera es la descalificación, el insulto, la agresión, la violencia y el más completo irrespeto a los derechos humanos.  De esta forma, el fomento de una cultura de paz, es prácticamente imposible, pareciera que de pronto la máquina del tiempo nos retrocediera cincuenta o sesenta años.

Se ha avanzado mucho en la tolerancia respecto a las creencias religiosas o la falta de ellas en la población, proliferando la cantidad de iglesias y sectas, algunas de ellas con tremendo poder político.  Ya la religión católica ha bajado el gas y el infierno ha sido declarado, no como un lugar físico, sino como un estado de la mente, del espíritu.  Ya no se escucha hablar de herejes o apóstatas y los ateos han sido reclasificados como agnósticos. Se escucha hablar de cultos ecuménicos y se respira un aire de tranquilidad respecto a la libertad de conciencia religiosa.  El problema serio que se presenta a nivel mundial es el hecho de que existen religiones que se autodenominan como poseedoras de la verdad absoluta y para las cuales, el resto del mundo es infiel y en sus sectores fundamentalistas, existe la firme creencia que hay una ordenanza divina de matar a todos los infieles.

En cuanto a la homofobia, se notan pasos firmes en la eliminación de esta actitud de intolerancia, aunque todavía persisten algunas actitudes con resabios del pasado, como por ejemplo un prestigiado diario nacional que decidió no publicar nada sobre la marcha del orgullo gay realizada hace algunas semanas.  No obstante podemos observar que cada vez es mayor el número de individuos que se atreven a salir del “closet” y expresan libremente sus preferencias sexuales, obteniendo de parte del círculo de familiares y amigos diferentes actitudes, algunas de aprobación, otras de condescendencia, otras de indulgencia y desde luego algunas de desaprobación.  En este aspecto, lo difícil es definir el límite hasta donde debe llegar la tolerancia, pues si bien es cierto hay que partir del hecho de que cada quien puede hacer de su fondillo un barrilete, no es justo que pretendan que el nuestro sufra de vértigo ajeno.  Es decir, se puede aceptar abiertamente su orientación y preferencias, pero no llegar al punto de aplaudirlas o declararlos héroes por expresar su opción sexual.  Hace poco fuimos testigos de algo sobre este particular y fue cuando dentro de una bien montada campaña mediática Ricky Martin declaró públicamente su orientación sexual, haciendo reverencias para el aplauso, mientras en el fondo se escuchaban los acordes de Vive la vida, loca.

Pareciera que respecto a la xenofobia aquí se da una de cal por tantas de arena.  A pesar de que el nicaragüense es víctima de las mayores manifestaciones de xenofobia en muchos países, aquí se mantiene la actitud malinchista de chinchinear a todo aquel que hable difícil.  No es lo mismo en el caso del racismo, pues todavía se mantienen esas manifestaciones de discriminación, sin importar que el mestizaje cubra casi al 85 por ciento de la población.

Y así estamos en pleno siglo XXI, presumiendo de nuestra modernidad al tener al mundo en la palma de la mano a través de un Blackberry, al resolver cualquier interrogante mediante Google o bebiendo de la fuente de la eterna juventud gracias a los laboratorios Pfizer, sin embargo, el camino hacia los frutos del espíritu se nos hace cada vez más escarpado por la falta de tolerancia.  Algo tan sencillo, pues si no puede cumplirse con la sabia enseñanza de amar al prójimo como a uno mismo, por lo menos habría que aceptar que cada quien tiene derecho a vivir en paz y a ser como es.

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