Archivo mensual: julio 2018

El mundo bizarro

 

El hombre es la suma de sus fantasías

Henry James

 

Una de las tareas fundamentales de nuestra niñez fue sin duda alguna, el distinguir los dos ámbitos básicos en el que nos desenvolvíamos.  Por una parte la vida real, con todo y sus muchos aspectos que todavía no lográbamos comprender y el mundo de la fantasía, en el que nos sumergían los cuentos que nos recetaban los adultos y la mayoría de la literatura infantil a la que teníamos acceso.  Mientras que a golpe y porrazo nos íbamos acostumbrando a tener los pies en el suelo en el mundo real, por otra parte, realizábamos el ejercicio de mantener en el nivel quimera, aquellos personajes, lugares y situaciones, que aun sabiendo que no eran posibles, abrazábamos con la vana esperanza de que en algún momento pudieran convertirse en realidad.

De esta forma, por mucho tiempo los personajes de las historietas, libros o películas fueron una parte vital de nuestra existencia.  Debo admitir que a pesar de que muchas veces soñé con volar hasta el espacio como Súperman, nunca me sometí a ninguna prueba respecto a ese poder, aunque llegué a saber de unos conocidos que desde una azotea lanzaron a su perro con una capa del súper héroe para constatar si podía volar.  Estaba plenamente consciente además, que con un antifaz o con unos lentes, era imposible esconder la identidad.

Y así por un buen tiempo, vivimos aquella dulce ambigüedad de saber que había un mundo real y  otro ficticio, que en algún momento, como por arte de magia, podría hacerse real.

Luego llegó la adolescencia y poco a poco el mundo real llegó a envolvernos por completo y en aquella conciencia en evolución comenzó a parecernos fuera de lugar aquel mundo de fantasía que conocimos y nos llegó a impactar el hecho de que un padre podía abandonar a sus hijos en el bosque porque no tenía qué darles de comer o bien que existiese un ogro que se deleitaba con la carne humana o una bruja que atraía a los niños con una casa hecha de golosinas en donde podrían vivir bonito, con la intención de sacrificarlos luego.  Nos impresionaba cómo una madrastra pudiera esclavizar a su hijastra u otra que por envidia mandara a matarla solo porque un espejo le decía que la hijastra era más bella.

Con el tiempo y con la carga de las responsabilidades que nos echa a las espaldas la adultez, todo aquel mundo de fantasía quedó sepultado.  Tal vez una que otra película que demandaron los hijos, nos hacía recordar aquel mundo de la infancia y nos correspondió enseñarles a tratar de mantener los pies en el suelo, aunque en ese sentido el destino los obligó a esa constante tarea, de tal manera que no supe si en sus mentes vivió la quimera aquella o si la sobrevivencia se mantuvo por encima de todas esas cosas.

Ahora, pasando ya hace rato el umbral de la tercera edad, la única quimera que asoma es el sencillo afán de vivir en paz y tranquilidad, y en los sobresaltos que nos produce la tarea de ser abuelos, con toda la experiencia acumulada se facilita contribuir a que las nietas aprendan a tener ese balance entre los mundos que se presentan en sus vidas, en donde la realidad y la fantasía tienen sus particularidades respecto a las que nosotros vivimos.

Sin embargo, de repente, como en aquellas pesadillas de la niñez, el mundo aquel, tan irreal y que creíamos sepultado, emerge de una manera tan cruel.  De inmediato se me viene a la mente aquel pasaje de Alicia en el país de las maravillas:

Pues, pues verá usted.
Plantamos las rosas blancas por error y…
La Reina nos encargó
que rojas debieran ser.
Si blancas ve, nos matará
y nos degollará.
-¡Cielos!
Para podernos salvar
las vamos a barnizar.

 

Sin más ni más, los dos mundos se trastruecan y de la misma manera viene a mi mente el Mundo Bizarro, de la historieta de Súperman, en donde los clones imperfectos del hombre de acero y de Luisa Lane, al no adaptarse a la tierra deciden poblar el planeta en forma de cubo “Htrae” (de Earth, Tierra, en inglés y al revés), en donde conviven con los duplicados imperfectos de los personajes de la historieta.  La particularidad del mundo bizarro es que todo ocurre al revés, las virtudes son defectos y viceversa y en donde las cosas se resuelven de la manera más ilógica posible.

De la misma forma, me doy cuenta que los ogros sí existen, al igual que aquellas madrastras.

El mundo real en donde tendríamos que habitar se convierte en quimera.  Ahora es un lugar ficticio y soñamos que un día al despertar las rosas puedan ser blancas o rojas, sin importar, en donde como dice Serrat, no perdiesen siempre los mismos y heredasen los desheredados y que San Pedro cantara, aunque no le pagaran.  Sería fantástico.

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Archivado bajo cultura, Nicaragüense