Quizás, quizás, quizás

 

Recientemente, el mundo entero se ha conmocionado ante la noticia de que nueve mujeres habían acusado al tenor Plácido Domingo, de acosarlas sexualmente.  Los hechos ocurrieron supuestamente hace veinte o treinta años; ocho de las denuncias fueron anónimas y solamente una cantante lo hizo identificándose frente a la televisión.  La opinión pública se ha dividido al respecto, pues un sector, enmarcado en la ultra sensibilidad actual y partidarios del movimiento “Me too”, están pidiendo la cabeza del tenor (me imagino que de manera figurada) mientras que otro sector se divide entre los que, al igual que la banca nacional, no dan crédito a las acusaciones, quienes lo estiman extemporáneo y quienes no lo consideran procedente por cualquier otra razón.  Varias féminas que han trabajado muy de  cerca con don Plácido, lo han defendido a ultranza, considerándolo todo un caballero, incapaz de cometer una villanía de esta magnitud.

Desde mi punto de vista, este tipo de acusaciones, por sus características, merecen analizarse con mucha cautela.  Obviamente, al ser anónimas y carecer de pruebas, no proceden legalmente en contra del acusado, simplemente se trata de un ejercicio de catarsis a costa de la imagen de una figura pública.  Se debe pues,  en primer lugar respetar el sagrado derecho de la presunción de inocencia y luego, poner las cosas en contexto.  Si en un lustro, la forma de pensar sobre un tema cambia drásticamente, qué puede esperarse en un período de veinte o treinta años.

El apareamiento entre humanos, esencial para la perpetuación de la especie ha estado siempre revestido de ciertos ritos en donde tradicionalmente el varón ha tomado la iniciativa para cortejar a la hembra y “conquistarla” para realizar este básico menester, desde una manera primitiva en la época de las cavernas hasta una forma que fue adquiriendo diversas capas de romanticismo a lo largo de la historia.  El cambio fundamental que ocurrió fue que de una extrema sumisión de la hembra a los deseos del hombre, se llegó hasta la facultad de la primera de poder negarse a entablar una relación que de una u otra forma condujera a dicho apareamiento.

Para quienes crecimos a finales del siglo pasado tenemos fresco el recuerdo de un mundo totalmente diferente, en donde se podía fumar en un cine, en un avión o en la consulta médica, se bebía un refresco con pajilla, se utilizaban bolsas plásticas u objetos  de unicel, al por mayor sin pensar en el ambiente, se salía a cazar toda suerte de animales sin remordimiento y cualquiera se echaba al coleto una docena de huevos de tortuga sin más consecuencia que una flatulencia épica.

Asimismo tuvimos la oportunidad de conocer una serie de rituales del cortejo que en aquella época se consideraban de lo más natural, sin sospechar que un día llegarían hasta la satanización, desde el simple piropo, que era un anzuelo lanzado al agua sin muchas esperanzas de pescar algo (ver mi artículo Adiós piropo de mi barrio), hasta el vano intento de dominar toda la semiótica que involucraba la emisión, recepción e interpretación de señales, algunas provenientes de la naturaleza, como las relativas a las feromonas o bien el lenguaje corporal y en aquella maraña de señales, algunas equívocas otras unívocas,  Los varones, entre traspiés y traspiés, tratábamos de entablar alguna relación, sin importar si tropezábamos más de tres veces con la misma piedra.  En la persistencia estaba involucrada aquella frase proverbial: “Nunca falta un roto para un descosido”. Lo importante era que siempre que no hubiera vulgaridad, chabacanería o procacidad en las aproximaciones, la fémina podía evadirla de manera rotunda, aceptarla, abrir una ventana o bien fingir demencia.  Era muy difícil que alguien se molestara ante un intento o ante una insistencia o peor aún, que denunciara ante alguna autoridad el vano intento de algún pretendiente.   Como decía un amigo mexicano:  “En mi pueblo, la que no las da, agradece que se las pidan”.

En la música de aquel tiempo se puede observar aquel tipo de manejo de los rituales del cortejo, por ejemplo el éxito del compositor cubano Osvaldo Farrés: Quizás, quizás, quizás, interpretado por muchos artistas y por el propio Plácido, que aunque no lo grabó lo cantó en varias fiestas.  En su parte medular, el tema expone: “Siempre que te pregunto, que cuándo, cómo y dónde, tu siempre me respondes, quizás, quizás, quizás”, dejando la pretendida la puerta abierta al no mostrar una negativa rotunda y aunque cuando el cantante insiste:  “Estás perdiendo el tiempo, pensando, pensando, por lo que más tú quieras, hasta cuando, hasta cuando, quizás, quizás, quizás”.   Lo interesante es que a pesar de que este tema es obviamente para interpretación de parte de un varón, más de la mitad de los intérpretes han sido féminas, situación un tanto sorprendente,  pues es un tanto irreal que el varón se haga de rogar ante una exposición de esta naturaleza.

También había temas en donde el pretendiente rogaba a nivel limosna el acercamiento hacia la fémina, por ejemplo el tema de Agustín Lara que clamaba: “Dame un poquito de tu amor,  siquiera, dame un poquito de tu amor, nomás”.   Otros como José Alfredo Jiménez se mostraba más insistente, “y tú tendrás que quererme o en la batalla me muero, pero esa boquita tuya, me habrá de decir te quiero”.   Otros como Peñaranda, muestra cierta resignación ante la negativa de la pretendida:  “Con el chiribiribi, con el chiribiribá, tanto que te lo he pedido y no me lo quieres dar”.

De pronto aquellas generaciones nos vimos entrando, un tanto de puntillas, al siglo XXI, observando cómo lo políticamente correcto se llevaba en el saco aquella espontaneidad en nuestras actuaciones y de la noche a la mañana algo tan simple como un piropo, puede considerarse como un acoso sexual, ni se diga un intento fallido de aproximación, producto de una mala interpretación de alguna señal, en donde cualquier cristiano se puede ver en la vil  chirona.  Muchos coetáneos han perdido la tranquilidad de su sueño, al pensar que en cualquier momento, una de esas organizaciones de moda puede acusar a cualquier ciudadano porque en sus años mozos se echó tres ardillas por el vil placer de matar, por haber usado DDT, haber golpeado a un condiscípulo de la escuela, haber piropeado a una joven de su barrio o por haber invitado a una compañera de trabajo al Vale Todo.  Esto equivaldría a enjuiciar en la actualidad a la Iglesia por haber quemado en la hoguera a tantos herejes.

Volviendo al caso de Plácido Domingo, ¿es pertinente acusarlo y juzgarlo a la luz del clima de ultra sensibilidad de estos tiempos, sobre hechos ocurridos en un tiempo y en un mundo tan diferente? El propio tenor, en su declaración oficial admitió que las relaciones que ha tenido han sido fruto del consentimiento mutuo.  La pregunta aquí es hasta dónde, en aquel momento las afectadas accedieron o no con la incomodidad que admiten ahora y la respuesta tal vez la tenga Alvaro Carrillo cuando cantaba Sabrá Dios.

Lo preocupante aquí es la reacción tan apresurada de algunas instituciones que de manera inmediata cancelaron algunos conciertos programados del tenor.  Otros más ponderados afirmaron que investigarían el caso antes de actuar y otros más sensatos expresaron que no cancelarían los compromisos contraídos de actuación del tenor.   Creo que es pertinente recordar que Plácido Domingo es uno de los mejores tenores de la historia.  Sin ser un experto en el tema, siento que su interpretación de Nussun Dorma, de Turandot es sublime.  Asimismo, su calidad interpretativa no tiene nada que ver con su forma de manejar sus relaciones interpersonales.   Su carrera profesional ha sido exitosa y llena de premios que reconocen su calidad y esfuerzo.  A menos que entre los premios que ha recibido se encontrara uno de alguna cofradía de San José otorgado a quienes resaltan la virtud de la castidad,  estimo improcedente que le sean retirados los reconocimientos recibidos.  De esta manera siento en lo particular que la figura de este tenor está muy arriba para que estas acusaciones puedan hacer mella en su imagen.

Por otra parte Domingo ha cumplido 78 años y se puede decir que está pronto a finalizar su carrera profesional y disfrutar de un merecido retiro, pues asumo que ha sido disciplinado con el manejo de sus recursos financieros, de tal forma que en el futuro no dependerá de los ingresos que pudieran generarle sus actuaciones.   Si en algún momento quisiera, por otro motivo no financiero realizar alguna aparición en escena, existen algunas instituciones quienes aquilatan más el talento del tenor que la sensibilidad de algunos sectores.  Por último está la Ópera de Dubai, la cual no creo tenga objeciones en aceptar al tenor.

Para finalizar, tal vez podría citar a Mozart para explicar este culebrón: “Demasiado para lo que es, demasiado poco para lo que podría haber sido”.

3 comentarios

Archivado bajo cultura, Mùsica

3 Respuestas a “Quizás, quizás, quizás

  1. Hace como tres años ocurrió lo siguiente aquí en Managua. Un grupo de obreros en una herrería después de almorzar se quedaba un rato fumando y chileando sentados en la acera. Una muchacha solía pasar ofreciendo almuerzos y, en esa oportunidad, le dijo a uno de los hombres que le comprara uno. El hombre se negó las veces en que la muchacha insistió. Vas a ver, sentenció ella, te voy a echar preso y se fue. Los compañeros se quedaron riendo y haciéndole chistes al amenazado. Al ratito llegó una patrulla: la muchacha acusaba al hombre de acoso sexual. Menos mal que los policías ante la insistencia de los demás compañeros no se llevaron al acusado.

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  2. Sin perjuicio de que puede haber verdaderos casos de acoso, es lícito afirmar que las posibilidades de denuncia son directamente proporcionales a los biyuyos que uno tenga. Por lo mismo: yo que siempre fui respetuoso y que no tengo cuenta en ningún banco (más que la tarjeta de crédito), jamás me veré acusado en ningún tribunal por haber piropeado o acosado a mujer alguna, aun cuando haya invitado a una compañera de trabajo al Vale Todo. Saludos don Orlando!

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  3. Marco Antonio

    estoy de acuerdo con usted cuando escribe ¨”Desde mi punto de vista, este tipo de acusaciones, por sus características, merecen analizarse con mucha cautela”, creo que mas bien se trata de personas que quieren ganar notoriedad a costa de la imagen del artista,Porque hasta ahora lo denuncian?,que les impedía hacerlo en tiempo y forma?. Por mi parte Se debe respetar el sagrado derecho de la presunción de inocencia. Saludos Dr. Ortega.

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