Archivo mensual: septiembre 2010

Los gansos del Capitolio

Corre el año de 1965 y en una lluviosa mañana del mes de julio, la ciudad de Diriamba, Carazo se muestra brumosa.  En el sector noroccidental de la ciudad se yergue majestuoso el edificio del Instituto Pedagógico “La Salle”.  Los alumnos han finalizado el receso matutino y han ingresado a sus aulas para continuar con el horario establecido.  Desde el patio central del colegio se puede observar la dinámica que guarda cada una de las aulas.  En la planta baja del ala este, la primaria se muestra en ebullición, mientras los titulares de cada grado hacen su mejor esfuerzo por canalizar la energía de tanto niño para que se concentren en el proceso de enseñanza aprendizaje.  Un tanto más en calma, en el ala sur, se observan las aulas de secundaria, en donde cada profesor, religioso o seglar, se empeña en mantener fija la atención de los alumnos sobre la materia que los ocupa, no obstante, puede notarse cierta inquietud, risas furtivas, pláticas en voz baja.  Sólo un aula se muestra en un silencio absoluto y todos los alumnos tienen la mirada fija al frente del aula, en donde un profesor se dirige a ellos con voz firme.  Se trata de uno de los pocos seglares que tiene el Pedagógico como docentes.  Puede rondar los cuarenta años, viste un traje claro y una discreta corbata.  De estatura media, delgado, tez clara, con un bigote que resalta su rostro y le da una apariencia de aquellos actores italianos de la Cinecittá de los años cuarenta.

Se trata del Profesor Francisco “Paco” Cordero, quien imparte una clase de Historia Universal a sus alumnos del tercer año.  Con una habilidad narrativa extraordinaria expone ante la clase las embestidas que realizan los ejércitos galos sobre los romanos y cómo las otrora temibles legiones romanas, sucumbían ante la fiereza y determinación de los bárbaros.   Las facultades histriónicas del docente pintan de manera realista la forma en que los romanos se retiraban hacia su último refugio seguro:  El Capitolio, desde donde les toca observar, con el dolor de sus corazones, cómo los galos saquean e incendian la ciudad y en la noche, creyéndose a salvo tras las murallas del sitio, duermen plácidamente hasta que Manlio, joven soldado, despierta ante un extraño ruido que al final resulta provenir de los graznidos de los gansos sagrados que cuidaban el Capitolio y al investigar la causa de los mismos, se da cuenta que un soldado galo ya casi alcanza la cima de la muralla, dándole tiempo para arrancarle las manos de la piedra y despeñarlo hacia el fondo del precipicio, dando la voz de alarma y logrando que los romanos se armaran y repelieran el ataque derrotando a los fieros galos.   El alumnado sale de su embeleso y le dedica al unísono un caluroso aplauso al profesor quien humildemente mueve sus manos solicitando apagar la emotiva manifestación de parte de sus alumnos.

El Profesor Paco Cordero era sin duda alguna uno de los pilares fundamentales del Pedagógico de Diriamba.  Desde los años cuarenta inició su labor docente en el prestigiado centro de estudios, como titular de la clase de historia, geografía y educación cívica.  Junto a su primo el Dr. Bayardo Cordero y el Profesor Heriberto Linarte, fueron los docentes seglares del colegio, además del Profesor Carlos Muñoz en primaria.   Se distinguía por el enorme respeto que mostraba ante su clase y sus alumnos, así como la forma en que lograba captar la atención de los mismos cuando los transportaba por el fabuloso mundo de la historia.  Llegaba a ubicar a sus alumnos en el propio fragor de la batalla y cada quien se sentía pelear al lado de Leonidas y sus 300 espartanos en el paso de las Termópilas o acompañar jadeando a Filípides en la agotadora carrera después de la batalla de Maratón para avisar a sus conciudadanos atenienses antes de morir: ¡Hemos vencido!

En los cinco años que recibí clases con el Profesor Cordero, nunca logré verlo perder la compostura, ni montar en cólera como lo hacían algunos ínclitos hijos de La Salle.  Ante actos de indisciplina se limitaba tranquilamente a sacar de la clase al alumno sin ningún aspaviento o en el peor de los casos anotar el incidente y darse el gusto de dibujarle unos tres 60 consecutivos en la materia.

Era muy afecto al principio “la primera impresión es la que cuenta”, generalmente le daba una extrema importancia al primer examen del curso y de conformidad con ese resultado, las notas a lo largo de todo el año parecían aferrarse a la obtenida en aquel primer examen, sin importar el esfuerzo que se realizara en cada una de las pruebas.  Muchas leyendas urbanas se tejieron alrededor de este estilo de calificar del profesor, escuchándose repetidamente el cuento de que un alumno había copiado textualmente el Credo y Bendita sea tu pureza en la hoja del examen y había obtenido la máxima calificación.   Algunos ingenuos se fueron de boca con la leyenda y pusieron cualquier burrada en el examen haciéndose acreedores de la nota más baja, además de una reprimenda de parte del profesor.

En realidad, a final de cuentas lo importante no era la calificación obtenida, sino aquella fascinante comprensión de la historia que nos llevaba a todas las épocas y continentes, desde un Cuauhtémoc, torturado por los conquistadores con una hoguera en sus pies, sacando la entereza para exclamarle a su lugarteniente quien le reclama por el dolor del martirio: ¿Acaso estoy en un lecho de rosas? hasta la defenestración de Praga que dio origen a la guerra de los treinta años.  Varias generaciones de lasallistas ipedeños tuvimos esa visión del mundo que nos rodeaba a través de los cinco años de recibir aquellas históricas lecciones de parte del recordado Paco Cordero.  Nunca nos imaginamos que en pocos años nos tocaría la suerte de vivir una de las convulsiones más grandes en la historia de nuestro país y cada quien, de acuerdo a su concepción del mundo y su propia misión, tomaría el camino que su conciencia le dictara.

En la clase de Educación Cívica, el comportamiento del Profesor Cordero era un tanto más relajado, a pesar de la gravedad al inculcar los valores patrios en los alumnos, siempre dejaba un espacio para resaltar su buen humor.  Recuerdo que para la época de septiembre, siempre insistía en la calidad que debe tener un ciudadano para considerarse un patriota y finalizaba su exposición relatando una anécdota de un tipo que en las fiestas patrias, con un par de vergolillazos adentro gritaba a todo pulmón: -Soy Patriota, a lo que el profesor le respondía: – Ni a “cuadrado” llegás, haciendo alusión a las variedades de guineo.

El Profesor Cordero trabajó cerca de treinta años en el Instituto Pedagógico de Diriamba y fue uno de los profesores más apreciados y respetados por el alumnado.  En marzo de 1974 un fuerte sismo sacudió la región de Carazo, dejando inhabilitado al Instituto Pedagógico, quien se vio obligado a cerrar sus puertas.  A diferencia de los reverendos hermanos cristianos que son reubicados automáticamente, el profesorado seglar se ve de pronto en la vil calle.  No hubo un plan de indemnización, ni conforme a la ley, ni conforme a la equidad y aquel lema de “Semper fidelis” pareció esconderse en las grietas provocadas por el terremoto.  El Profesor Cordero al observar esta actitud de los religiosos, recuerda de manera inexorable aquella frase de Madame Pompadour, querubín del Rey Luis XV, quien para consolarlo después de la batalla de Rossbach le dice:  “Au reste, aprés nous le deluge” (Por lo demás, después de nosotros, el Diluvio).

A diferencia de su primo Bayardo que emprende una demanda legal en contra del Colegio, el Profesor Cordero se rehúsa a tomar ese camino y se resigna a aprovechar el espacio que recientemente había tomado de impartir clases en los colegios La Inmaculada y La Divina Pastora, que inicialmente eran exclusivos de mujeres y que con el tiempo se inclinaron a la coeducación.  De esa manera, logra mantenerse en la docencia hasta el año 1979.

Conocedor de la historia, el Profesor Cordero pudo vaticinar lo que ocurriría en la sociedad nicaragüense en los años subsiguientes y el panorama que avizoraba no era nada halagüeño, menos para un profesor acostumbrado al cariño, el respeto y la consideración de parte de sus alumnos, por lo que decidió retirarse de la docencia.

Sería en el 2006 o 2007 que el recordado Profesor Francisco “Paco” Cordero durmió el sueño de los Justos.  La prensa nacional ignoró completamente este suceso, de interés relevante no sólo para los miles de ex alumnos del insigne maestro, sino para la sociedad diriambina y muchos nos enteramos mucho tiempo después de su desaparición, aunque en el corazón henchido de gratitud de todos los ipedeños, siempre estará presente y sus lecciones seguirán vigentes guiándonos como el faro de luz que siempre ha de alumbrar.

 

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Ideay, pues

Una de las expresiones más ligadas a la identidad del nicaragüense es sin duda alguna la interjección “ideay”, la cual ha sido recientemente aceptada por la Real Academia de la Lengua e incluida en su diccionario como: interj. Nic. U. para denotar extrañeza o protesta.

De acuerdo al maestro de la lengua nicaragüense Róger Matus Lazo, esta interjección se deriva de la contracción de la expresión: ¡y de ahí!, sin embargo, desde mi humilde punto de vista, podría haberse derivado de la misma expresión pero a manera de interrogación ¿y de ahí?, en donde se demanda o requiere una conclusión, un corolario, a partir de lo expuesto antes de la expresión.  Sería algo así como decir: ¿y entonces?, ¿y luego?, y por tanto ¿qué?

Con el tiempo, la contracción de esa expresión, convertida en interjección, llegó a incrustarse en el habla nicaragüense, expresando una amplia gama de significados dependiendo del contexto y de la entonación de la misma.

Uno de los usos más comunes de ideay es como componente esencial de una fórmula de saludo:

– Ideay fulanó, ¿en dónde te has perdido?,

-Ideay fulanitá, cara más perdida,

-Ideay hermanó, cuánto tiempo.

Como puede notarse, la interjección se introduce para darle al saludo un leve matiz de reclamo, aunque puede ser más agresivo:

-Ideay, ¿qué acaso dormiste conmigo que no me saludás?

También puede llegarse al extremo, aunque usted no lo crea, de limitar el saludo a la interjección sola, es decir un ideay a secas, aunque sean hermanos que no se han visto en diez años.

Como un reclamo puro, esta expresión se utiliza para solicitar una explicación cuando una deuda no se ha honrado, en este caso el acreedor acostumbra agregar otra interjección:

-Ideay jodidó, ¿cuándo?,

-Ideay, no me jodás, no te hagás el loco con los reales.

Generalmente este reclamo está acompañado por un gesto realizado con ambas manos, un tanto extendidas hacia delante con las palmas hacia abajo, realizándose de pronto un giro rápido hacia arriba hasta quedar las palmas completamente hacia arriba, mientras las manos se separan ligeramente.  Para llamar la atención puede agregarse al inicio un leve palmeo.

El reclamo puede también darse para reprobar una acción que está ocurriendo:

– Ideay, güevón, para dónde llevás mi bolsa.

– Iday jodidó, te vas a acabar la botella.

Es muy utilizada la expresión para denotar asombro o extrañeza como dice el DRAE,

-Ideay, se me robaron la bicicleta.

-Ideay, me dejaron sólo.

-Ideay, no me dejaron comida.

Puede observarse que además del asombro, existe cierta dosis de reclamo en la expresión.

En unión de la conjunción “pues” llega tener una connotación un tanto filosófica, por ejemplo,

-Juanita, qué vestido más elegante. –Ideay, pues.

Amigo, su hijo es muy inteligente.  –Ideay, pues.

En estos casos esta combinación asume un papel de demostración de obviedad.

También puede utilizarse para dar entrada a la respuesta a una pregunta un tanto fuera de lugar:

-Y por qué no te has ido a la reunión?  -Ideay, no ves el pijazo de agua que está cayendo?

– ¿por qué no compraste la carne? –Ideay, ¿Qué acaso me diste reales?

Con cierta entonación especial, alargando la “a”, puede denotar impaciencia:

-Ideaaaaay, aligerate.

-Ideaaaaay, ¿a qué horas?

En este sentido, también se utiliza el gesto igual al realizado con las manos del reclamo de la deuda.

En términos generales, la interjección siempre está revestida, en mayor o menor medida, de un reclamo y en muchos casos se considera grosera, a tal punto que existen muchos que ante dicha expresión, inmediatamente saltan alegando:

-Ideay se le dice al que debe y no paga.

En los últimos años, ciertas personas que sienten que en Ideay existe cierta agresividad, han modificado sus fórmulas de saludo, incluyendo el adverbio “entonces”.  Así pues, se escucha un poco más amable la expresión:

-Entonces, fulanitó.

Los muchachos fresa han sustituido la interjección que precede al señalamiento que algo salta a la vista por la expresión “hello”,  así pues escuchamos frecuentemente:

-¿Por qué no entraste al cine? –Helloooouu, está lleno de jinchos, o sea, equis nada que ver.

Es posible que en el futuro, el uso de ideay se vea un tanto limitado, ante el avance del movimiento del “No Pago”, que están presionando para ser protegidos por la ley, a tal punto que se prohíba hasta el uso de la interjección como elemento de cobro.

-¿Y será posible que lo logren?

-Ideay, pues

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Bless the beasts

Actualmente se encuentra en la Asamblea Nacional una iniciativa de ley de bienestar y protección animal, apoyada por una serie de organizaciones no gubernamentales que tienen como fin promover el respeto de los animales. Al final de cuentas, cuando los señores diputados despierten de su habitual letargo se aprobará la ley y se tendrá un instrumento jurídico que es muy probable que no tenga ni pies ni cabeza.  No por falta de capacidad o sensibilidad de parte de los padres de la patria, sino porque no existe un tópico tan controversial como el de los animales.

El libro del Génesis refiere que Jehová creó todos los animales, con el cuidado de crear primero, en el día cuarto, a los monstruos marinos y todo animal viviente, los que serpean, los que bullen las aguas por sus especies y todas las aves aladas por sus especies y los bendijo, diciendo: sean fecundos y multiplíquense y llenen las aguas en los mares y las aves crezcan en la tierra.  Luego el quinto día, hizo Jehová las alimañas terrestres de cada especie y las bestias de cada especie y toda sierpe del suelo de cada especie y vio que estaba bien.  Y dijo Jehová: Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra y manden en los peces del mar y en las aves de los cielos y en las bestias y en todas las alimañas terrestres y en todas las sierpes que serpean por la tierra.

De esta forma el ser humano se convirtió en el rey de la creación y tenía la licencia divina para disponer a voluntad de todos los demás seres vivientes del cielo, tierra y mar.  Bajo esta premisa, cada pueblo fue desarrollando su propia cultura y en ella, los animales tenían su papel asignado.  En el caso del pueblo judío, a pesar de todo, ciertos animales llamados inmundos, como aquellos que tenían la pezuña hendida no debían de ser ingeridos y el resto que eran utilizados para la alimentación del pueblo de Jehová, debían ser sacrificados siguiendo ciertos ritos que evitaban el ahogamiento con su propia sangre.  Otras culturas llevaron a  ciertos animales al nivel de sagrados, como en la India con el caso de la vaca, la serpiente y el caballo, por su parte los egipcios adoraban a ciertos dioses que tenían forma de animales como toros, vacas, cocodrilos, ibis, gatos, babuinos, leones, etc.  En la cultura china había cinco animales considerados sagrados, el tigre, el dragón, el ave fénix, la tortuga y la serpiente.  En el caso de los aztecas resaltan el águila, la serpiente y el jaguar.

Así pues históricamente, el ser humano ha encontrado en los animales, una fuente casi inagotable de alimentos que han servido para su supervivencia.  Esto puede demostrarse a través de la variada gastronomía de cada una de las civilizaciones.  Por otra parte, los animales también sirvieron como fuerza para el transporte o la tracción, permitiendo que el ser humano alcanzara sus más importantes logros con la ayuda de ellos.  Sin embargo, los animales no sólo sirvieron de alimento y transporte al ser humano, sino que de diferentes maneras fueron utilizados para su diversión.   Desde la inocente contemplación de las más variadas especies en un zoológico, hasta los espectáculos sangrientos del circo romano.  Es importante reconocer, que en general, el ser humano históricamente no consideraba la posibilidad de que en alguna de sus interacciones con el mundo animal, estos últimos llegaran al sufrimiento, simplemente utilizaba la supremacía que parecía haber recibido de El Creador.

En el siglo XX y con mayor intensidad en lo que va del siglo XXI se intensificado la acción de organizaciones de protección de los animales y en muchos casos han cabildeado a nivel de sus respectivos países a fin de que se emitan leyes que protejan a los animales.  No obstante, esas legislaciones se basan en criterios demasiado subjetivos que no consideran la igualdad de todos los animales.  Si Jehová a la hora de decidir terminar con su creación y mandar un diluvio universal, decidió salvar a Noé, su familia y una pareja de todas las especies (suponemos que exceptuando a los que vivían en el mar), ese mismo criterio de universalidad, que es refrendado por las madres superioras de los conventos, que cuando dicen todas son todas, debería aplicarse en una legislación a favor de los animales.  Sin embargo, se observa que de entrada, algunos animales salen favorecidos y otros automáticamente son etiquetados como nocivos y para ellos cualquier tortura o exterminación es perfectamente válida.  De esta forma, las cucarachas, los zancudos (no los conservadores), los ratones, las víboras (sin patas), los chinches, las moscas y demás considerados como plagas, son exterminados sin que sociedad alguna mueva algún dedo por evitarlo.  De igual manera se sigue practicando con la mayor naturalidad, la castración de diversas especies de animales, sin que nadie se ocupe de denunciar el atropello.

Por otra parte, ciertas especies que se han abrigado en la clasificación de mascotas gozan de privilegios que algunos seres humanos ni siquiera llegan a soñar.  No puede caber en una mente racional que algún alelado pague 300 dólares por una hora de un psiquiatra para perros sólo porque su mascota se pone triste, o le compra un shampoo de 80 dólares, lujo que sólo puede darse un metrosexual.  En cambio, por otro lado observamos en una noticia de última hora que una ciudadana británica que tiró un gato en un contenedor está literalmente en la picota y son cientos de miles de cibernautas que piden su cabeza, sin embargo, la masacre de 72 inmigrantes latinoamericanos en México no ha tenido la misma condena.  Habrase visto.

También observamos que un tema como la tauromaquia o fiesta brava, tiene dividida a la sociedad española, más ahora que en algunas localidades ha sido prohibida.   Los protaurinos alegan que es una cuestión de cultura, de identidad nacional y los que están en contra de lo que consideran una barbarie, ponen por delante el respeto a los animales.  Los primeros agregan que es un rubro que genera una derrama económica considerable y que miles irían al desempleo, pues de la fiesta dependen grandes cantidades de empleos directos e indirectos, incluyendo a los seudoperiodistas que viven del “cotilleo” de los desfiguros que realizan los “diestros”, mientras los que están en contra aducen que ya encontrarán otros sectores en qué emplearse.  Afortunadamente al nuevo continente no vino la fiesta brava, pues en la época de la conquista todavía los Jesulines no aparecían en escena y las corridas de toros de ahora se limitan a una imitación de los rodeos norteamericanos en donde simplemente montan al animal para ver cuánto tiempo aguantan encima.  Sin embargo, están muy arraigadas las peleas de gallos, que han encontrado una feroz batalla de parte de organizaciones protectoras de animales.

Así pues, la correlación de fuerzas que exista en la asamblea, no tanto dependiendo del color político, sino de la actitud de cada diputados frente a los animales, pues habrá quienes son galleros y defenderán a ultranza estos eventos, o bien aquellos amantes de los gatos que darán preferencias a los felinos o ganaderos, agricultores, caballistas y así al final la ley tendrá el balance que ellos quieran darle.

Lo lógico es que si por un lado los seres humanos propugnan por que no se discrimine a nadie por su sexo, raza, credo, filiación política y demás, sería justo que tampoco hubiese discriminación en el trato a los animales por dominio, reino, filo, clase, orden, familia, genero o especie.

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