Mañana te pago

Imagen tomada del internet

 

Hay algunas mentiras que tienen carácter universal.  Se han repetido de manera increíblemente sistemática en todo el orbe desde tiempos inmemoriales, de tal forma que llegan a ser parte de la colección que cada país ha atesorado, con las mentiras más observadas en su cotidianeidad. Hay países que manejan las tres principales mentiras, mientras que otros tienen listas extensas, olvidándose aquí el principio que pregonó el Maestro Peñaranda: -Es mejor no tenerla ni muy larga, ni muy corta.  Esto porque las listas largas son para pintarlas de negro y discriminar y las listas cortas son para procesos de selección de personal en los organismos multilaterales.  Cierro paréntesis.

De esta forma, encontramos una mentira que a pesar del tiempo mantiene su vigencia y que parece ser una de las más utilizadas: – Mañana te pago.

El crédito interpersonal, es decir entre individuos es tan antiguo como la humanidad, inicialmente en especie y posteriormente en metálico.  Los códigos antiguos regulaban esta actividad y el pago de la deuda era de estricto cumplimiento a tal punto que quien caía en mora, se hacía acreedor de castigos corporales e incluso de la pena de muerte, aunque una variante utilizada frecuentemente era el pago de la deuda con el físico del deudor, es decir, este último pasaba a ser esclavo del acreedor.

Por mucho tiempo, lo que se empeñaba era la palabra de honor del deudor, de tal manera que la hidalguía de este, no permitía caer en mora y empañar su apellido.

Para el siglo XX, cuando la hidalguía y el sentido del honor se volvieron obsoletos y las nuevas legislaciones le otorgaron un enorme peso a los derechos humanos, muchos códigos coincidieron en que no debería haber prisión por deudas, de tal manera que esto se convirtió en caldo de cultivo para que floreciera la mora, no la fruta polidrupa, sino la dilación en pagar una obligación.  Así fue que empezó a campear la desvergüenza.

Parece mentira, pero la oración por excelencia, el Padrenuestro, también abonó a esta actitud de evasión del compromiso, antes sagrado, de honrar los compromisos.  Aquellos que peinan canas, o por lo menos el L´Oreal Paris Excellence, recordarán que hasta hace unos cincuenta años, la oración incluía un párrafo que literalmente decía: “perdonas nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores” frase a la cual le pedían raid muchos deudores que buscaban la condonación de su deuda por la vía piadosa.  Esto provocó un análisis muy serio de parte de la jerarquía de la iglesia y después de considerar muchas opiniones de expertos en teología, economía, epistemología y principalmente en idiomas, se llegó a la conclusión de que se había tratado de una desafortunada traducción, ya que los primeros evangelios se escribieron en griego y ya ven cómo son los griegos, de tal forma que el sentido correcto de la frase debería ser: “perdona nuestras ofensas, así como perdonamos a los que nos ofenden” pues es más fácil perdonar una ofensa que una deuda y de esta manera quedó en nuestros días.

A medida que la economía nacional iba progresando, a través de la consolidación del sector agroexportador y de la incipiente actividad industrial, se fue conformando una sociedad de consumo.  Esto, unido al famoso efecto demostración que los economistas llaman a esa ansiedad del individuo de equiparar su consumo al de los miembros de su entorno, fue marcando una tendencia a gastar más de lo que se percibía como ingreso.  La único forma de poder balancear un presupuesto de esta naturaleza, es a través de ingresos extras, ya sea el premio mayor de la lotería o una súbita herencia, lo cual es un tanto improbable o bien por la vía del crédito, ya sea institucional, es decir un banco, una financiera, que son venados lampareados y no son fáciles o bien a través de un pariente, amigo o vecino que aguante un golpe contundente con el bate de aluminio.

De esta manera, la famosa mentira de Mañana te pago, fue adquiriendo una enorme incidencia dentro del vocabulario nacional.  A menos de que se trate de una persona muy ingenua, la víctima del batazo después de que su primer requerimiento de pago es respondido con esta mentira, ya tiene en su panorama una cuenta incobrable, no obstante, por procedimiento sigue repitiendo ad infinitum el –Ideay, pues, ¿cúando?.

De tanto repetirse esa actitud, se fue enquistando en nuestra sociedad una cultura de no pago. Salvo raras y honrosas excepciones, priva el ánimo de adquirir una deuda y buscar una estrategia para no pagarla.

Con relación a las instituciones que trabajan con crédito, estas han desarrollado estrategias de tal manera que han podido hacer frente a esa cultura del no pago.  En primer lugar los precios se inflan a un nivel que deja un margen para absorber las cuentas incobrables.  En otras palabras, los buenos pagadores financian la sinvergüenzada de los morosos.   En el caso de las tarjetas de crédito, que en cierto período propiciaron un nivel de endeudamiento astronómico, pues le daban tarjetas a Raymundo y todo el mundo, para evitarse la incomodidad de agotar todas las instancias de cobro al deudor, se iban directo al fiador, que se supone es el de la buena fe y lo crucificaban.  Muchas empresas han optado por contratar sus servicios de cobranza a través de un call center, que se encargan de hacerle la vida imposible al deudor y para cada: Mañana te pago, tienen un seguimiento cortito que le recuerda la mentira que se echó.

No obstante, habría que distinguir por lo menos dos categorías de morosos.  Por un lado están aquellos que por alguna razón imponderable han caído en mora, es decir que no estaba en su conciencia tener que caer en la repetición de la mentira en cuestión.  Puede ser alguna enfermedad suya o de su familia, el súbito desempleo, algún accidente, entre otros.  De esta forma, sin habérselo propuesto llega la necesidad del crédito e irremediablemente al incumplimiento del compromiso de pago.  Esta gente, al ser requerida del pago, emiten el -Mañana te pago con una expresión entre compungida y de esperanza.

Por el otro lado, tenemos a quienes han hecho del incumplimiento del crédito una forma de vivir.  Esta gente ha desarrollado una increíble sangre fría, en primer lugar para solicitar el crédito a sabiendas de que no lo van a pagar.  Para esto preparan una historia que junta  elementos dramáticos en los motivos, con una diáfana certeza de que el repago será en un plazo muy breve.  El lenguaje corporal es estudiado de tal forma que al igual que los prestidigitadores  el movimiento de manos, una que avanza, mientras la otra retroceda, distraiga a la víctima ofreciendo una sensación de ida y retorno inmediato.  Después de propinado el batazo, el siguiente paso del slugger es hacerse perdidizo, dejar de frecuentar los sitios en que transita la víctima, poner su número teléfonico en block call y en el eventual caso de encontrárselo frente a frente, con una sonrisa al mejor estilo de George Clooney, expresa con la confianza y determinación de Alexis Tsipras: -Mañana te pago.

Lo triste es que esta tendencia no parece revertirse, principalmente en el plano personal, pues en el nivel institucional, cada vez hay más mecanismos para evitar el no pago.  Existe un organismo de control de riesgos (lo que un día fue el Centro Informativo de Créditos CIC) que tiene una base de datos con la mayoría de la población, que advierte a sus afiliados: bancos, comercios y demás sectores que se auxilian del crédito para mantener el nivel de sus operaciones, respecto a clientes que han sobre pasado su capacidad de endeudamiento o bien que integran las listas negras de la actividad crediticia.  No obstante, hay comercios que se creen gallos, con estrategias suicidas respecto al crédito que hacen a un lado a la administración de riesgos y se amparan en su capacidad de cobro para captar un buen segmento de mercado.

En lo relativo al crédito interpersonal, es decir el politraumatismo producido por el bate de aluminio, no es posible esperar una mejoría, mientras un teléfono celular ronde los 600 dólares, un par de zapatos tenis cuesten 220 lolos y la entrada a un concierto equis, supere los 50.

Andan ofreciendo por ahí cursos de manejo eficiente de las finanzas personales, pero me parecen tan inefectivos como un curso sobre Cómo beber socialmente.   Dentro de mi humilde opinión, estimo que es una prioridad proteger primero a la víctima, que al carecer de un entrenamiento adecuado, de la manera más fácil cae en las garras del slugger.   Tal vez el INATEC o cualquiera de esas ONG que se dispersan en temas irrelevantes puedan ofrecer, sin costo alguno, cursos de asertividad y en forma específica de cómo decir no.  Uno de los grandes males de esta sociedad es que no sabe decir no cuando hay que hacerlo y de ahí se derivan los grandes males, así como la sobrepoblación.

Hay un chiste, porque no creo que haya sido anécdota, cruel en extremo, pero que ilustra cómo detener una situación de esta naturaleza, a nivel penalti.  Cuentan que un individuo del tipo slugger se presentó ante un amigo exponiéndole, casi con lágrimas en los ojos su urgencia de dinero para hacer frente a una intervención quirúrgica de su esposa, a lo que su interlocutor le expresó que deseaba hacer de su conocimiento que su madre tenía cáncer terminal y que tenía un tratamiento que costaba un ojo de la cara; como si esto fuera poco, su hermano menor padecía Hemoglobinuria paroxística y cada medicamento costaba el equivalente al presupuesto anual del  MINED y para acabarla de rematar, su yerno tenía el síndrome de Hunter, que es más caro de curar que mejorar el sistema pluvial de Managua.  Cuando escuchó esto, su interlocutor pasó de una actitud de audacia a un asomo de vergüenza y estaba a punto de pedirle disculpas por importunarlo cuando el otro agregó: – Y si yo no les doy ni un centavo a ellos que son mis parientes, explicame por qué razón te voy a ayudar a vos.   Chanfle, diría el buen samaritano.

Así pues estimado lector, tenga usted mucho cuidado.  Las cuentas incobrables del crédito interpersonal alcanzaron en los últimos diez años un monto que es ligeramente superado por la factura petrolera.  Por esta razón, cuando observe que un pariente, amigo o compañero de trabajo se aproxima a usted con un paso sospechonsón, póngase en modo Alerta Máxima, porque a la primera de cambios, le dejará ir el bate de aluminio con todo el swing y estará condenado a que en los próximos treinta años le escuche decir: -Mañana te pago.

 

4 comentarios

Archivado bajo cultura, Nicaragüense

4 Respuestas a “Mañana te pago

  1. Excelente artículo, Orlando. Lamentablemente tu advertencia me llegó tarde y dos individuos me dieron fuerte con el de aluminio 😦 Pero nunca es tarde para aprender. Saludos.

  2. flor angela rodriguez

    En Colombia acostumbran “fiar” al amigo, hermano, papà, conocido y compañero de trabajo,sacando xxx dinero y colocando como responsable ademàs a èste; pero como en la Palabra de Dios dice que “no salgáis fiadores de otro, porque os volvèis esclavos de aquellos”, ya es advertencia para quien lo haga. En mi caso hice un convenio -tu me fìas, yo te fìo por la misma cantidad- , quedando ambas personas comprometidas, pero a travès de la Nòmina de pagos mensuales… donde ninguno podìa fallar excepto por muerte.Conocì uno de los casos tristes que fue el de dos compañeros de trabajo, uno fiò al otro y ese pidiò traslado y se perdiò; como consecuencia aquel, tuvo que pagar su deuda de millones… muy triste porque no obtuvo beneficio de un solo peso y el otro feliz, y no es menos penoso el de una madre con sus hijas que al quedar viuda, le dieron poder a su hijo mayor para administrar todos los bienes y èste los vendiò y… los  dejò en la calle.Lo que no esperamos del ser humano como tal. Gracias por compartir temas de tanto valor.

  3. Oscar Martinez

    He disfrutado mucho esta nueva entrada “Mañana te pago” Asi somos los nicaragüenses, “tan pagadores”. Creo que los únicos que nos están ganando ahorita, son los griegos. La foto que aparece al inicio creo que debiera de ser la de Alexis Tsipras y no la de Angela Merkel. A no ser que la actitud de la foto de la Merkel sea de cobro. Saludes Don Orlando!!

  4. omartinez12

    Esta entrada me ha hecho recordar las 3 grandes mentiras del nicaragüense: No vuelvo a beber — mañana te pago — solo la puntita.

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