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La cagamos por completo

Michael Horn.  Imagen tomada de Internet

 

El mundo entero se quedó atónito cuando el pasado 20 de septiembre, el Presidente y CEO del Grupo Volkswagen de los Estados Unidos, Michael Horn, expresó ante los medios de comunicación, haciendo gala de la mayor naturalidad del mundo: “¡La cagamos por completo!” Lo anterior, ante un enorme escándalo que gira alrededor de un engaño de parte de dicha empresa con relación a los ajustes en sus automóviles para burlar las pruebas de emisión de contaminantes.  En realidad la frase original en inglés fue: “¡We totally screwed up!” y sin ser un especialista en traducción del inglés, estimo que fue muy atinada la versión en español.

No obstante, lo que es realmente sorprendente no es el ex abrupto cometido por el ejecutivo, pues en estos tiempos estas licencias están plenamente justificadas y aceptadas, en donde a medida que quien las emite tiene más poder y/o dinero, se van buscando más eufemismo para esa forma de expresarse y de lo vulgar se pasa a lo folklórico y luego a lo florido.  Lo que me dejó anonadado, fue que una persona de su nivel, conjugara ese verbo en primera persona, aunque fuera del plural.  Puede ser, tal vez, porque estamos acostumbrados a que por estos territorios, es inadmisible que una persona, independientemente de su nivel, acepte que cometió un error, pifia, desliz, desacierto, equivocación o para no ir más lejos, una cagada.

Esta última expresión pueda escucharse un tanto malsonante, no obstante, la Real Academia la acepta como una expresión coloquial que significa: acción que resulta de una torpeza. De esta manera, la misma, es indispensable en el lenguaje cotidiano del nicaragüense.  Ante una situación sumamente adversa es muy común escuchar: ¡Que cagada más grande! ¡Es una cagada de buey leonés! o bien, ante una equivocación ajena: ¡La cagaste!

Lo que casi nunca se escuchará por estos lados es: ¡La cagué! o administrando equitativamente la culpa: ¡La cagamos! Pareciera que hay una tremenda soberbia enquistada en el inconsciente del  nicaragüense que no permite realizar ese ejercicio de humildad para reflexionar y llegar a conclusión de que se equivocó.

La primera reacción de un paisano ante un flagrante error, es buscar a quién echarle la culpa.  Si se trata de un ciudadano común, buscará entre sus vecinos, parientes, amigos, es decir, alguien que pueda cargar ese bulto y sin pensarlo mucho le echará la culpa y en caso extremo, pues culpará al gobierno.    El gobierno por su parte, culpará a la crisis internacional, a la oposición, a las administraciones anteriores y en caso extremo, culpará al imperialismo. De igual forma, la iniciativa privada le echará la culpa al mercado, a la sequía, a los precios del petróleo (no importa que estén a la baja) o finalmente a las políticas del gobierno.

Esto es independiente del tamaño de la cagada, puede tratarse de un simple machucón, una colisión por imprudencia, una obra mal adjudicada o ejecutada, un producto mal elaborado, unas tierras mal distribuidas, una sentencia mal dictada, un diagnóstico mal formulado, un examen mal corregido, un reparto mal construido, un servicio mal suministrado, una agresión física, etc.  El resultado es casi siempre el mismo: la evasión de la responsabilidad y si es posible el traslado de la culpa.

Cuando por convenir a los intereses de quien cometió la cagada es menester pedir perdón, lo más usual es evadir la admisión de la culpa y  pasar directamente, sin precisar por qué, a pedir perdón o bien entre dientes o con tono de ira, como una cobra lanzando su veneno.  Si se puede hacer a destiempo, mejor, algunas “solicitudes” de perdón históricas se han realizado con 50 años de retraso y otra por ahí, después de 300 años.

En este tiempo en que vuelven a soplar vientos de cambio, a lo mejor como consecuencia del cambio climático, hay un clamor de que los países crezcan como nación y en mi opinión, un buen comienzo es cambiar esa actitud de evadir responsabilidades y tener la humildad de admitir cuando se ha fallado.  Como este cambio debe de promoverse de arriba hacia abajo, son las instituciones, los líderes y todo aquel que tiene influencia en la sociedad quienes deben de dar el ejemplo.

Sería muy edificante escuchar: “Con la concesión del canal, realmente la cagamos”, “Con mi egoísmo y ambiciones, me cagué en la oposición”, “En el caso de Las Jagüitas, realmente la cagamos y fue cagada de buey leonés”. “El caso no fue diagnosticado ni tratado seria y correctamente y nuestra cagada llevó a la muerte a la paciente”, “Me dejé llevar por la oportunidad y estafé a esta gente, fue una tremenda cagada de mi parte”, “La cagué toda al privatizar el sector energético”, “La cagué toda al escribir ese artículo”, “La cagué ampliamente al sacrificar mi dignidad por defender a este mamarracho”, “La hemos cagado al hacernos de la vista gorda”, entre otros.

Podría ayudar tal vez, recordar aquellos lineamientos del catecismo para una buena confesión en donde era menester el examen de conciencia, el dolor de corazón, el propósito de enmienda, la confesión de boca y la satisfacción de obra.

Tal vez esto no sería suficiente, pero sería un buen comienzo para forjar una nueva sociedad.  Es más, a lo mejor la estoy cagando al escribir este post, por lo que si es así, humildemente les ruego que me perdonen.

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¿Por qué no te callas?

¿Por qué no te callas?  Imagen tomada de internet

 

La libertad de expresión lleva consigo cierta libertad para escuchar

Bob Marley

 

 

Crecí en un país en extremo intolerante.  En ese tiempo, parecía que nuestro carácter debía ser forjado conforme a un marcado rechazo a todo lo que se apartara de los estándares que en ese momento la sociedad marcaba como lo que debía ser.   Era parte del ejercicio cotidiano castigar aquellas diferencias, siempre y cuando estas no nos afectaran en lo particular o a nuestros seres queridos; practicando un bulling que no se circunscribía a la escuela, sino que se extendía a todos los ámbitos de la vida diaria.

Dentro de la práctica de esto, que en aquel entonces se consideraba una virtud, destacaba un impune atropello a la libertad de expresión.  No me refiero al aspecto institucional del asunto, en donde un régimen totalitario reprimía duramente la crítica, la protesta y demás manifestaciones que denunciaran los desmanes que cometía el dictador en turno y su guardia pretoriana, sino a la falta de respeto a la libertad de expresión de los ciudadanos de parte de otros ciudadanos.

Era muy usual que cuando un individuo, por el motivo que fuese, no deseaba seguir escuchando a su interlocutor, lo invitara a callar.  Sin embargo, la forma cómo lo hacía no obedecía a una fórmula de cortesía.  No era cuestión de expresarle que su plática o argumento no le interesaban y que hiciera el favor de no continuar con su discurso, o bien que si tenía razón, era poca y esa poca no tenía ningún valor, por lo tanto era prudente no continuar con sus argumentos.  Tampoco se utilizaba la fórmula real que en 2007 Juan Carlos I utilizó con Hugo Chávez para que desistiera de su perorata: -¿Por qué no te callas?  Nada de eso trajo el barco, en aquellos tiempos el ciudadano que no deseaba seguir escuchando al otro, lo hacía de una manera brutal, por así decirlo, haciendo uso de una interjección que originalmente se utilizaba para detener a las bestias: ¡So!

Esta fórmula, hasta cierto punto infame, era espetada al interlocutor con un tono imperioso y despectivo y en el mejor de los casos, sin agregados, pues de conformidad con las agallas del primero, podía incluirse algún epíteto soez como: jodido o peor aún, hijueputa.

En ciertos casos se utilizaba la derivación de la interjección que en otros países como Cuba se convirtió en Sió y que en estas latitudes se pronunciaba Shó.  De la misma manera se le agregaba los consabidos epítetos.

En dependencia del carácter del individuo invitado a guardar silencio, se podía escuchar una respuesta que invitaba al otro a mandar a callar a su progenitora, acompañado lo anterior de los mismos epítetos, o bien utilizaba la fórmula que sustituía a la progenitora por la sexoservidora que lo había traído al mundo.

Esta invitación era utilizada también cuando alguien estaba produciendo algún ruido, molesto o no, pero que el afectado no estaba dispuesto a tolerar.

Otro atropello a la libertad de expresión era aquella que a pesar de no ser tan odiosa como la antes mencionada, era una manifestación de burla, desprecio, ninguneo y con ciertos ribetes escatológicos.   Tal vez algún ciudadano inspirado por la ocasión se lanzaba a declamar ya fuera el Brindis del Bohemio o la Salutación del Optimista, cuando en la parte en que con tremenda emoción, el émulo de Manuel Bernal lanzaba los versos al aire, un barbaján, con el mayor desparpajo se llevaba la mano extendida con la  palma hacia abajo a la boca y con la acción del labio inferior y la lengua sobre la palma,  producía un estruendoso ruido que imitaba a un flato (pedo para los alérgicos al DRAE).  En otros países le llaman a esta acción pedorreta, sin embargo, en Nicaragua no se utilizaba ese vocablo y las referencias simplemente acusaban que a tal individuo lo habían cagado.

Eran aquellos tiempos en que cualquier ciudadano que se atrevía a expresar sus ideas en público o a mostrar sus dotes en la declamación o el canto, lo hacía un tanto con el fondillo a dos manos, por el riesgo de que cualquiera, conocido o no, se atreviera a callarlo abruptamente con aquella interjección o si le salía barato, llevarse una sonora pedorreta.

No podría precisar en qué momento todo esto quedó en la historia, mucho menos los motivos que llevaron a dicho cambio.  Podría argumentarse que nuestra sociedad poco a poco se ha hecho más tolerante,  aunque los avances en este campo han sido modestos y parciales.  Tal vez, al crecer tan vertiginosamente la población del  país, ya es más difícil conocer a los demás y en ese sentido, la forma en que podría reaccionar la persona que recibe la interjección o el efecto sonoro, puede variar de manera tan impredecible, que puede llegar a la extrema violencia.  Qué tal si alguien invita a callar a un individuo que resulta ser un guardaespaldas y que ante dicha provocación saque su arma automática y si bien es cierto, con su mala puntería no le pega ni al tren, existe el riesgo de que se eche al pico a dos o tres inocentes transeúntes.

El caso es que en estos dorados tiempos es muy extraño que un individuo exprese su opinión con el temor de que algún conciudadano le lance aquella temible interjección.  Ya a nivel individual por lo menos, hay un respeto a esta libertad de expresión y a lo sumo, alguien le puede dar el avión o simplemente mostrar su indiferencia con el  lenguaje corporal.  Hay excepciones, pues todavía hay ciertas ocasiones, en que ante el estridente sonido de esas “baratas” que pregonan compra o venta de todo tipo de enseres o chatarra, alguna señora entrada en años, en un impase del locutor grite a todo pulmón un sonoro: ¡Shó jodido!, sin embargo, el locutor no se inmuta e inmediatamente cambia su oferta y dice:  ¡Compro viejas malcriadas a cinco pesos!.  Cosas veredes.  Lo que si cayó en desuso es la pedorreta, aunque a muchos, en ciertas ocasiones, ganas no le faltan de interrumpir un discurso demagógico con aquella añorada práctica.

Las redes sociales han contribuido a mejorar el respeto a la libertad de expresión, pues a pesar de que todos los integrantes de determinado círculo son supuestamente “amigos”, cada quien tiene su punto de vista particular y lo expresa libremente en la red, a veces exagerando la nota, y sus amigos tienen que apechugar ante sus exposiciones y si están de acuerdo le pondrán “me gusta” o en caso de estar en desacuerdo pueden no ejercer ninguna acción,  lo peor que puede pasar es que algún amigo lo elimine de su lista.  A pesar de que no lo expresan, muchos individuos añoran aquellos dorados tiempos y de su parte Mark Zuckerberg debería agregar, además de la opción “me gusta” una que diga “So” y otra que señale “ptrrrrr”.

 

 

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La inalcanzable virtud

Concede a tu espíritu el hábito de la duda, y a tu corazón, el de la tolerancia.

Georg Lichtemberg

A medida que pasa el tiempo y el divino tesoro se nos va escapando de las manos como peces sorprendidos, nos queda el consuelo de que la experiencia en esta vida nos va haciendo más sabios; entendiendo la sabiduría no como el tener la respuestas para todas las interrogantes de este mundo, sino más bien, como la capacidad que vamos desarrollando en el cultivo de las grandes virtudes.  Las vivencias obtenidas a través de los años, muchas de ellas errores de los cuales aprendemos, van logrando que aquellas virtudes que nos parecían inalcanzables en una época, ahora estén tan cerca mediante un esfuerzo que se nos antoja cada vez más fácil.

Tal vez ahora, después de tantas metidas de pata, se nos hace más alcanzable la prudencia en la mayoría de nuestros actos, podemos así mismo practicar con mayor frecuencia la templanza, tan sólo al recordar alguna goma resistente a cualquier cura o los efectos terribles de un reflujo.  Con tantos golpes que nos da la vida, llegamos a hacer callo en nuestro interior de tal manera que adquirimos una fortaleza sin igual.  También vamos distinguiendo más fácilmente la diferencia entre el bien y el mal de tal suerte que la justicia se nos presenta de manera más diáfana.  Aunque la palabra en estos tiempos nos produzca cierto escozor, tendemos a ser más solidarios.  En fin, el camino hacia la integridad se nos presenta más llano.

No obstante, existe una virtud que pareciera cada vez más difícil de alcanzar y es la tolerancia.  Quizá un problema toral al respecto sea la falta de conciencia en el verdadero sentido de este concepto.  Me parece que la definición y consideraciones de las Naciones Unidas reflejan de manera fiel los alcances de esta virtud:  “La tolerancia es el respeto, la aceptación y el aprecio de la riqueza infinita de las culturas de nuestro mundo.  La fomentan el conocimiento, la apertura de ideas, la comunicación y la libertad de conciencia.  La tolerancia es la armonía en la diferencia. No solo es un deber moral, sino una obligación política. La tolerancia es la virtud que hace posible la paz y que contribuye a la sustitución de la cultura de guerra, por la cultura de paz.  La tolerancia no es concesión, condescendencia ni indulgencia.  Ante todo, la tolerancia es el reconocimiento de los derechos humanos universales y de las libertades fundamentales de los demás.”

Pareciera que en pleno siglo XXI la tolerancia debería ser una virtud practicada universalmente, pero lamentablemente no es así.  El problema es que una gran parte de la población fuimos educados para ser intolerantes.  Ahora que analizo mi niñez me doy cuenta que la intolerancia era en ese entonces más bien una virtud.

En los aspectos religiosos fuimos educados en la fe católica, única verdadera y quien se apartara un ápice de los dogmas de la religión era reo del fuego del infierno, siendo un alivio que este martirio se aplazara hasta después de la muerte y no como en tiempos de la santa inquisición en donde herejes, apóstatas, ateos o simples adversarios del poder eclesiástico eran condenados a morir en la hoguera, después de horribles torturas.  Se nos enseñaba que los protestantes eran enemigos, por lo tanto las relaciones con sus practicantes era observada muy de cerca por el clero y en más de en una ocasión, algún líder religioso fomentó la agresión a quienes no practicaban nuestra misma religión, sin importar aquello de: amaos los unos a los otros.

Se nos inculcaba de manera recalcitrante la homofobia, mitigada tal vez por el conocimiento personal desde siempre de los pocos miembros, por lo menos declarados, de la comunidad gay de ese entonces, con quienes había cierta condescendencia, sin embargo, el resto debía mantener actitudes sumamente viriles al hablar, al vestir, al comportarse, so pena de que algún jayán le gritara al infractor: ¡Ay amor! o bien ¡Ay Ella!.  Recuerdo todavía que en la misa de ocho, los varones debían sentarse en las últimas filas y al momento del sermón, era menester que los machos que se respetaban, salieran al atrio a conversar cosas de hombres. Si alguno se quedaba en el sermón o mostraba una devoción desmedida, era calificado con un: Mmmmmmm.

Respecto a las convicciones políticas, el régimen de la familia Somoza nos enseñaba que no había derecho a la disidencia, que cualquier demostración en contra del régimen era disuelta a punta de culatazos y en el peor de los casos, a balazos de parte dela Guardia Nacionalo bien por las turbas al servicio del régimen.  De esta manera, no había cabida para el diálogo político.

Por otra parte, puede decirse que tradicionalmente no ha existido la xenofobia en Nicaragua, más bien se observa una actitud generalizada de malinchismo, término utilizado para calificar las actitudes de preferencia hacia los ciudadanos extranjeros.  Si alguien habla con un acento extraño, fácilmente obtiene un trato preferencial respecto a los locales.  Sin embargo, el racismo ha estado siempre muy arraigado y aquellos que tienen la piel más clara que el resto, se creen descendientes de Felipe El Hermoso, con mayores derechos y prerrogativas que quienes tienen la piel más oscura.  El blanco es tarjeta de presentación, decían las viejas del pueblo, algunas de ellas de tez clara y otras que ocultaban su origen etiquetándose como morenas lavadas.  De la bolsa, le reprocharía alguien.

Así pues con todo ese bagaje es muy difícil practicar la tolerancia tal como lo demandan estos tiempos.  Lo cierto es que estamos muy adentrados el tercer milenio y no sólo en Nicaragua, sino que en todo el mundo, encontramos por doquier muestras de una intolerancia que se rehúsa a desaparecer.  Dicen que para muestra algunos botones.  En Youtube, ese magnífico invento a través del cual se comparten millones de videos de todo el planeta, hay un botón para expresar: me gusta y otro para: no me gusta.  Es obvio que siguiendo aquella famosa máxima de que en gustos se rompen géneros y en petates otras cosas, determinados videos tienen un gran número de visitantes que han expresado que les gusta y como es obvio, otro número de observadores que le han puesto el no me gusta.  Pues bien, en vez de que los comentarios se centren en los motivos por los cuales les gusta o no el referido video, muchos se dedican a insultar con los epítetos más agrios a quienes votaron por el no me gusta.  Habrase visto.  Mayor demostración de intolerancia no puede existir en Youtobe.

Supuesamente Facebook se ha concebido como un instrumento para fomentar las relaciones sociales y debería ser una herramienta que promueva la tolerancia, sin embargo, hace un par de días, en Estelí un estudiante de tan solo 17 años asesinó a sangre fría a un condiscípulo a raíz de una disputa en la red social.

En esta semana, el socio de un exclusivo club social solicitó el alquiler de un salón para presentar su libro y asómbrese, la junta directiva decidió negarle su solicitud.

En lo político no parece darse una mejoría en las actitudes intolerantes.  No existe el clima para el debate de altura entre adversarios políticos, sino que lo que impera es la descalificación, el insulto, la agresión, la violencia y el más completo irrespeto a los derechos humanos.  De esta forma, el fomento de una cultura de paz, es prácticamente imposible, pareciera que de pronto la máquina del tiempo nos retrocediera cincuenta o sesenta años.

Se ha avanzado mucho en la tolerancia respecto a las creencias religiosas o la falta de ellas en la población, proliferando la cantidad de iglesias y sectas, algunas de ellas con tremendo poder político.  Ya la religión católica ha bajado el gas y el infierno ha sido declarado, no como un lugar físico, sino como un estado de la mente, del espíritu.  Ya no se escucha hablar de herejes o apóstatas y los ateos han sido reclasificados como agnósticos. Se escucha hablar de cultos ecuménicos y se respira un aire de tranquilidad respecto a la libertad de conciencia religiosa.  El problema serio que se presenta a nivel mundial es el hecho de que existen religiones que se autodenominan como poseedoras de la verdad absoluta y para las cuales, el resto del mundo es infiel y en sus sectores fundamentalistas, existe la firme creencia que hay una ordenanza divina de matar a todos los infieles.

En cuanto a la homofobia, se notan pasos firmes en la eliminación de esta actitud de intolerancia, aunque todavía persisten algunas actitudes con resabios del pasado, como por ejemplo un prestigiado diario nacional que decidió no publicar nada sobre la marcha del orgullo gay realizada hace algunas semanas.  No obstante podemos observar que cada vez es mayor el número de individuos que se atreven a salir del “closet” y expresan libremente sus preferencias sexuales, obteniendo de parte del círculo de familiares y amigos diferentes actitudes, algunas de aprobación, otras de condescendencia, otras de indulgencia y desde luego algunas de desaprobación.  En este aspecto, lo difícil es definir el límite hasta donde debe llegar la tolerancia, pues si bien es cierto hay que partir del hecho de que cada quien puede hacer de su fondillo un barrilete, no es justo que pretendan que el nuestro sufra de vértigo ajeno.  Es decir, se puede aceptar abiertamente su orientación y preferencias, pero no llegar al punto de aplaudirlas o declararlos héroes por expresar su opción sexual.  Hace poco fuimos testigos de algo sobre este particular y fue cuando dentro de una bien montada campaña mediática Ricky Martin declaró públicamente su orientación sexual, haciendo reverencias para el aplauso, mientras en el fondo se escuchaban los acordes de Vive la vida, loca.

Pareciera que respecto a la xenofobia aquí se da una de cal por tantas de arena.  A pesar de que el nicaragüense es víctima de las mayores manifestaciones de xenofobia en muchos países, aquí se mantiene la actitud malinchista de chinchinear a todo aquel que hable difícil.  No es lo mismo en el caso del racismo, pues todavía se mantienen esas manifestaciones de discriminación, sin importar que el mestizaje cubra casi al 85 por ciento de la población.

Y así estamos en pleno siglo XXI, presumiendo de nuestra modernidad al tener al mundo en la palma de la mano a través de un Blackberry, al resolver cualquier interrogante mediante Google o bebiendo de la fuente de la eterna juventud gracias a los laboratorios Pfizer, sin embargo, el camino hacia los frutos del espíritu se nos hace cada vez más escarpado por la falta de tolerancia.  Algo tan sencillo, pues si no puede cumplirse con la sabia enseñanza de amar al prójimo como a uno mismo, por lo menos habría que aceptar que cada quien tiene derecho a vivir en paz y a ser como es.

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Parte 2. Yo quiero tener un millón de amigos

Facebook funciona a través de un eje que está constituido por la relación entre personas que para no llamarlas “contactos” los desarrolladores de la red les llamaron “amigos”.  Aquí habría que recordar el letrero que tenía un famoso manicomio: “Ni son todos los que están, ni están todos los que son”.  Poniendo lo anterior en términos prácticos hay que recordar que bajo este nivel se cubre una amplia gama de relaciones que va desde la íntima con los familiares y amigos del alma, ampliándose hacia los amigos cercanos y dispersándose luego hacia amigos eventuales, amigos de amigos, conocidos, contactos que comparten ciertos intereses, hasta llegar a ciertos desconocidos que de alguna manera logran colarse.  Por otra parte, una gran cantidad de amigos de la vida real, especialmente cuando uno pasa del medio siglo, no son afectos ni al Internet o bien a participar en la red social.

No está de más recordar la importancia que tiene la selección de amigos en la red.  Por el lado de las solicitudes, la aceptación debe darse sólo cuando exista la plena seguridad de que se quiere tener a esa persona en el mismo nivel que el amigo más cercano.  Hay que cuidarse de algunos buscadores de récords que sin conocer a las personas solicitan su amistad a fin de alcanzar una elevada cifra de amigos.  Por otra parte están aquellos “fantasmas” que bajo una falsa identidad quieren tener acceso a cierto círculo de amistades, la mayoría de las veces con oscuros intereses.  Así pues no está de más visitar en forma previa el perfil de estas personas para asegurarse de quiénes son y con cierta intuición adivinar de qué se trata.  Si se puede es recomendable solicitar ayuda de amigos comunes, pues la memoria traiciona y algunos nombres pueden estar soterrados en el olvido.  Si después de toda una gran consideración y análisis, piensa que no tiene interés de aceptar a esa persona, no se sienta obligado o comprometido y rechace la solicitud.  Es difícil que la persona rechazada como amigo le reclame, sin embargo, en un eventual caso de reclamo, siéntase en la libertad de expresar que  consideró pertinente rechazar la solicitud y se acabó.

De la misma forma, si es usted quién solicita la relación de amistad, asegúrese de que se trate de la persona que a usted le interesa y no un homónimo.  Tampoco debe de sentirse mal si alguna solicitud de amistad de su parte es rechazada, como dicen los gringos: Just, move on. No es remoto que muchos viejos amigos o compañeros no nos recuerden o su vida actual la están manejando de manera que nuestra presencia no cabría por ahí.

Es aconsejable que su círculo de amigos no sea muy amplio a fin de que pueda participar de manera eficiente en la red.  De conformidad con algunos análisis de psicólogos especialistas en la materia, es muy difícil que alguien pueda manejar un círculo de amigos de más de 150 personas.  Aunque la base de datos de Facebook aguanta hasta un total de 5,000 amigos, para el ciudadano común esta es una cifra inmanejable.  Parece ser que la red hará excepciones para el caso de algunos políticos y artistas para que puedan sobrepasar el límite de los 5,000 amigos, aunque es posible que estos tengan un equipo completo de cibernautas dedicados exclusivamente a manejar su imagen y a sus amigos en la red.

Hay que tener en cuenta que cada uno de los amigos en la red es un individuo con un carácter y una sensibilidad particular.  Ellos tienen algunos aspectos en común con nosotros, ya sea un vínculo familiar, una amistad de muchos años, una infancia y/o adolescencia compartida, una relación de trabajo, una vecindad, un amigo común, algunos intereses compartidos, no obstante, es muy importante considerar que cada uno de ellos tiene su propia forma de ser, sus propias creencias en cuanto a religión, sus particulares convicciones políticas, sus gustos, preferencias y orientaciones.  En algunos casos podremos compartir algunos de ellos, sin embargo, en algunos podríamos diferir sustancialmente, por lo tanto, la tolerancia debe ser un elemento esencial en nuestra relación a través de la red.

Muchos de los amigos en la red son amigos reencontrados después de muchos años de no saber de ellos, en este caso hay que tener en cuenta que el tiempo no pasa en vano.  De la misma manera que el joven de la otrora abundante cabellera tiene ahora una frente tan amplia que no se puede persignar, así mismo es posible que el amigo del bachillerato que compartió una banca por cinco años, haya cambiado sustancialmente sus convicciones y todo aquello que manifestaba en los años mozos, tenga ahora un tinte completamente diferente.  La amiga de la adolescencia con quien se intercambiaba el chicle en el cine, es ahora una respetable señora con una numerosa prole y es miembro de la liga de la decencia, así que es posible que ni desee tenerlo de amigo.

A pesar de que con algunos compañeros de trabajo mantenemos una relación cordial e incluso de amistad íntima, es necesario pensarlo dos veces antes de incluirlos en el círculo de amigos del Facebook, pues tal como están las cosas, más de alguno puede estar aspirando a ocupar su puesto y recuerde que en esta red social todo lo que diga podrá ser usado en su contra.  De la misma forma, ya se han empezado a detectar roces familiares de parte de hijos que rechazan la solicitud de amistad de sus padres o viceversa, debido a que cada quien desea mantener encapsulada su intimidad.

Por ningún motivo permita que el Facebook busque amigos por usted a través de su correo electrónico, pues al momento de proporcionarle la contraseña de ingreso al mismo, la red social enviará solicitudes de amistad a Raymundo y a todo el mundo, sin discriminar el tipo de relación que usted tuvo con el contacto en su correo electrónico.  Puede haber sido un fuerte diferendo con alguien que motivó la comunicación y de pronto usted aparece solicitándole la amistad a su adversario.  Maneje manualmente su búsqueda y solicitudes de amistad con las personas que usted, después de haberlo meditado bien, considere prudente establecer la relación en la red.

Decía Marco Tulio Cicerón que el primer precepto de la amistad es pedir a los amigos sólo lo honesto y sólo lo honesto hacer por ellos.  Creo que bajo esta premisa debería basarse cualquier participación en el Facebook.  Ya que hemos seleccionado un amplio círculo de amigos virtuales,  es menester manejar la honestidad como principio básico de nuestra relación.

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Guía práctica para participar en Facebook

Parte 1.  Una red que llaman social.

No cabe duda que uno de los fenómenos sociales que ha caracterizado al inicio del siglo XXI es Facebook.  Esta red social fue creada por Mark Elliot Zuckerberg, con el apoyo de Eduardo Saverin, Chris Hughes y Dustin Moskovitz allá por 2004 y fue originalmente dedicado a la comunicación entre los estudiantes de la Universidad de Harvard.  Con el tiempo han surgido nuevos colaboradores que no se mencionaron en su momento y otras circunstancias que de manera novelada podrán verse en la película “The social network” que se está estrenando a nivel mundial.  Existen otras redes, sin embargo, esta es la más importante y con mayor número de usuarios.

En términos generales Facebook no es otra cosa que una inmensa y robusta base de datos que permite ingresar una cantidad considerable de usuarios con su información básica o de perfil y que contiene las aplicaciones necesarias para que estos usuarios puedan interactuar entre sí, siempre y cuando exista un vínculo de “amistad” sancionado por ambos usuarios.  En un muro o pared, que es un espacio en la red, cada usuario escribe lo que estima conveniente compartir, incluyendo estados de ánimo, mensajes, enlaces, fotos, videos y demás.

El entusiasmo por participar en esta red social ha sido tan grande, que al día de hoy y aquí me voy a permitir emular al gran Firuliche (no el payaso), pues no hay nada como la precisión, existe un total de 5,223,215 usuarios registrados en todo el mundo.  En Nicaragua, como en muchos aspectos, nos hemos quedado a la zaga y el número de usuarios anda el día de hoy por los 80,124 usuarios, uno de las cifras más bajas en Centroamérica.  No obstante, habría que considerar a los usuarios que son nicaragüenses u originarios de acá, pero que viven fuera del país y que en total pueden alcanzar los 63,224.  Es interesante resaltar que los usuarios de Facebook en Nicaragua representan el 52.33% del total de usuarios de internet en el país.

Las estadísticas podrían llenar de sobra el presente post, lo importante sin embargo es todo lo que representa el Facebook para la sociedad, pues para algunos, se trata de algo imprescindible, para otros es algo maléfico pues según ciertos amantes de la teoría del complot esta red fue desarrollada por la propia CIA y otros, un tanto más radicales, creen que fue una creación del Enemigo Malo.  Al respecto, yo comparo el caso de esta red social con la anécdota de Esopo cuando siendo esclavo su amo le pidió preparar una comida con lo mejor del mundo, habiendo preparado el esclavo un plato de lengua.  Al preguntarle el amo a Esopo  por qué había seleccionado la lengua éste le respondió que esta permite la comunicación entre los seres humanos y con ella podemos enseñar, consolar, explicar, aliviar, conducir.  Intrigado el amo le encargó que preparara entonces una comida con lo peor del mundo y cuál no sería su sorpresa cuando encontró que Esopo había preparado un plato de lengua.  Al reclamarle el amo, Esopo le afirmó que la lengua puede ser el instrumento para la división y distanciamiento de los seres humanos, pues a través de ella se tejen intrigas y las verdades más grandes se vuelven corruptas.  La moraleja que algunos adosan a la anécdota es: habla poco, piensa mucho.

Yo en lo particular pienso que esta red social puede constituir una verdadera escuela para aprender la forma de convivir en esta aldea global.  Si se utiliza el Facebook de manera adecuada, podemos mejorar los niveles de tolerancia, prudencia, solidaridad, tacto, sensibilidad y pertinencia y aplicarlos luego sin ningún problema en la vida real.

Hubiese sido ideal que a la par que los creadores de Facebook trabajaron en el desarrollo de la red para lanzarla a nivel mundial, un equipo especializado hubiera preparado un manual o guía de cómo comportarse en dicha red, pues al igual que en la vida real tenemos normas de urbanidad y buenas maneras (muchas en desuso), la interacción en el mundo virtual también demanda de un código de conducta que permita que el participar en el mismo asegure un comportamiento decoroso.

Sin ningún ánimo de convertirme en un gurú del comportamiento en el Facebook, con base en mi experiencia de casi un año de participar en esta red, he tomado la iniciativa de escribir mis impresiones sobre lo que podría ser una guía general de comportamiento en esta red social, mientras un especialista en la materia se atreve a escribir un tratado completo sobre este tema.  Así pues, en los siguientes post encontrarán algunas consideraciones y consejos para interactuar en el Facebook.

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Aquel indiscreto olor

No me canso de insistir que el nicaragüense puede tener muchos defectos, pero no puede decirse nada en contra de su pulcritud.  A veces hasta exagera en su higiene personal, aunque las excepciones vienen a confirmar esta regla.  Cuando abordé este tema en mi post Ese vicio de bañarse a diario, me centré exclusivamente en el uso de agua y jabón, sin embargo, considero que hay un elemento extra en la higiene personal que no puede pasarse por alto y es el control de los olores que emanan de su cuerpo, en particular de sus axilas.

En un clima como el de Nicaragua, las glándulas sudoríparas, en especial las epocrinas, generan copioso sudor que con la acción de las bacterias provocan malos olores que llegan a ser desagradables en extremo.  Aunque dicen que en gustos se rompen sacos, pues Napoleón cuando iba a llegar a su casa, avisaba con antelación para que su esposa no se bañara por lo menos desde tres días antes de su llegada, para así disfrutar de sus efluvios.

En general, provoca consternación la presencia de alguien que ha descuidado su higiene personal y más aún su ingreso en algún local cerrado, seguido del característico olor de las bacterias haciendo de las suyas en las axilas.  Lo primero que genera es un auto cuestionamiento entre los presentes quienes se preguntarán como Pedro:  -¿Seré yo, Maestro?, sin embargo, muy pronto se detecta al culpable y la subsiguiente reacción es apretar los brazos para proteger el área de las axilas, pues existe la firme creencia de que ese olor se contagia, como si fuera la bacteria del cólera.  Luego invade a la concurrencia un sentimiento de vergüenza ajena que los limita a la proliferación de indirectas, a veces un tanto directas.  -Qué hombre más fuerte, dirá alguien, -de los sobacos, agregará al instante.  -Clase de saíno, dirá otro, en una clara alusión al pequeño mamífero paquidermo (pecari tajacu) que tiene una glándula en el lomo que despide un fétido olor.  -Consíganle un mecate, susurrará otro, -para amarrar al chancho, y qué pues, rematará.  En desuso están las exclamaciones: -Al bate Trucutrú, o Popy, popy, popy, tomados ambos de comerciales de los sesenta. Eso sí, muy difícilmente alguien se atreverá a espetarle en la cara su situación.

Es por eso que el desodorante constituye un artículo de primera necesidad y elemento indispensable en la higiene diaria del nicaragüense.  Es muy difícil tratar de precisar cuándo inició el uso de sustancias desodorantes en Nicaragua, pues hay que considerar que uno de los elementos que permiten la proliferación del mal olor de las axilas es el pelo que cubre esa área y por otra parte, nuestros antepasados indígenas eran lampiños por naturaleza, por lo tanto el problema relacionado con el sudor de las axilas era menor que en el caso de los europeos.  De cualquier forma, en la época del mestizaje se observa la utilización de agentes naturales para evitar el mal olor de dicha sudoración, al igual que lo hicieron los egipcios miles de años antes.  Uno de estos agentes fue el llamado alumbre, piedra alumbre o alunita, que es una sal mineral (sulfato doble de aluminio y potasio) encontrada en la naturaleza que regula la sudoración y elimina las bacterias, teniendo además cualidades cicatrizantes y astringentes.  Esta última cualidad le dio una gran utilización en partes por demás inverosímiles.  También fue muy utilizado el limón, así como la hierbabuena, otros combinaban el limón con bicarbonato de soda y otros le atribuían a la leche de magnesia propiedades efectivas en contra del mal olor del sudor.

El desodorante como tal, apareció en Nicaragua a mediados de la década de los treinta y su nombre comercial era Mum.  Se vendía únicamente en farmacias y al inicio se consideraba como un artículo suntuario.  Mum es un vocablo que en inglés significa silencio y se utiliza como una orden para callar o no decir algo, término muy apropiado considerando que el tema de los olores corporales era considerado tabú.  Este desodorante cuya primera presentación era en crema y se aplicaba con la yema de los dedos, había sido inventado en Philadelphia a finales del siglo XIX; en 1931 la empresa Bristol-Myers adquirió la patente y parece ser que borró todos los vestigios respecto a su inventor original, que al final quedó en el olvido.  El desodorante contenía como ingrediente activo el zinc.  Ante el éxito logrado por el desodorante Mum, pronto encontró competencia y fue la marca Odorono quien libró una feroz batalla para arrancarle el mercado a Mum, presentándose como antiperspirante.  La publicidad fue clave para el dominio del mercado, aunque en aquella época la discreción era requerida en todos los comerciales y cualquier atrevimiento era causa suficiente para la censura.

A finales de los años cuarenta, llegó a Nicaragua el desodorante Mennen para hombres, que como gran adelanto se ofrecía en spray.  Cabe la aclaración que no era en aerosol, sino que un envase de hule, con un pequeño orificio en la tapa, rociaba en minúsculas gotas el desodorante mediante presión en el frasco.

El siguiente invento que conocimos a comienzo de los sesenta, cuando ya presumíamos de adolescentes y por lo tanto requeríamos el uso de desodorante, fue la barra.  La primera marca que llegó fue Lander y el producto venía en unos frascos de vidrio con tapa de rosca metálica que traían adentro un tubo plástico en donde estaba el desodorante en barra cilíndrica, la cual era empujada hacia arriba con un tapón en el fondo del cilindro.  El mayor ingrediente parecía ser el alcohol y si se echaba uno más de dos pasadas, le irritaba las axilas de tal forma que pasaba todo el día como Charles Atlas.  Luego en este mismo formato llegó el de la marca Breck, un poco menos irritante y también otro de la marca Palm Beach, que la gente pronunciaba Pal Bich y que dio origen a la anécdota de alguien que llegó a una farmacia y preguntó que si había desodorante Pal Bich y la dependienta le respondió que sólo para los sobacos.

El siguiente gran invento en materia de desodorante fue el roll-on.  A Nicaragua llegó a finales de los años sesenta, aunque en los Estados Unidos había sido desarrollado por un investigador de Mum a finales de los años cuarenta, basándose en el principio del lapicero o bolígrafo.  Este lapicero llegó a Nicaragua a inicios de los cincuenta y asombró a todo el mundo por su mecanismo basado en una pequeña esfera en donde antes estaba una plumilla y tenía el nombre de Pluma Atómica.  El desodorante en roll-on llegó a revolucionar la industria del desodorante y hasta la fecha es una de las presentaciones más socorridas.  Aquí se vale mantener el nombre en inglés de roll-on y no hay que tratar de traducirlo, pues si se pide desodorante de bola, se lo pueden vacilar.  Mum sacó este desodorante bajo el nombre de Ban y tuvo un enorme éxito a nivel mundial.  Para esa época se ofreció también el desodorante en aerosol, con ventas menores debido a su precio más alto y con grandes críticas pues uno de sus componentes afectaba la capa de ozono.

En la actualidad la oferta de desodorantes está en manos de los grandes consorcios internacionales que poco a poco fueron devorando a las empresas tradicionales de productos de belleza.  La Colgate Palmolive quien compró a Mennen, ofrece la línea de Speed Stick y Lady Speed Stick; Procter and Gamble que engulló a Bristol-Myers, Shultton y Gillette ofrece Mum (en algunos países), Old Spice y Gillette;  Unilever que adquirió a Rexona ofrece Axe, Rexona y Dove.

Ante una demanda en franca expansión, estas marcas se disputan la mayor proporción del mercado a través de agresivas y originales campaña publicitarias, como es el caso de Axe, que pregona que no hay mujer que se resista ante el hombre que lo usa o el de las aventuras de Bárbara Blade, heroína de los anuncios de Lady Speed Stick que puede rasurarse las axilas con un puñal al estilo Gary Cooper, pero que no suda por ahí gracias a la poderosa y delicada acción de ese desodorante.  No obstante, hay un creciente movimiento en contra de los desodorantes comerciales, por una parte por los naturistas que abogan por regresar al uso de elementos naturales como el alumbre y otros más radicales que simplemente han eliminado el uso de cualquier tipo de desodorante, como es el reciente caso de la actriz Julia Roberts, que a favor del medio ambiente ha dejado de usarlo.

Lo cierto es que nuestro clima no permite hacer a un lado el uso del desodorante, además que en nuestra cultura el indiscreto olor de las axilas motiva al rechazo.  Un claro ejemplo de lo anterior lo constituyó la animadversión que obtuvieron los miles de cooperantes, brigadistas y voluntarios llamados internacionalistas que al venir de países de clima frío y no acostumbrados a utilizar desodorante y a veces ni al baño diario, provocaban afectación a las narices nacionales mayor que los beneficios de su voluntariado.

Así que apreciables lectores, sin caer en los cantos de sirena de los comerciales de desodorante, adquieran la marca y presentación que mejor se adapte a sus bolsillos y le ofrezca una protección efectiva de al menos 12 horas.  Así podrá levantar sus brazos con toda confianza, para saludar, reclamar, bailar, sin temor a causar una conmoción entre sus semejantes.

 

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Que me le vaya bien

El habla nicaragüense, al igual que el español de muchos países, a menudo sacrifica la precisión y claridad con el fin de introducir ciertas fórmulas que denotan un interés especial o preocupación de parte del interlocutor.  Este es el caso del uso del dativo ético, que de acuerdo al Diccionario de la Real Academia de la Lengua no es otra cosa más que un pronombre, no necesario para el sentido de la frase y que designa a la persona afectada por la acción o interesada por ella.  Es decir que el que habla se implica, un tanto a la fuerza, como sujeto muy interesado en la acción a que se hace referencia en la oración.

Un ejemplo, tal vez el más usado, es la expresión de saludo. ¿Cómo me le va?, que equivale a decir ¿Cómo le va?, ¿Cómo está usted? o lacónicamente ¿Qué tal?  En este caso, nuestro interlocutor al introducir el “me” está reforzando su interés muy especial en saber cómo estamos y si bien es cierto, si se le quita el “me” la frase no sufre ningún cambio, se utiliza como una fórmula para enfatizar un saludo de manera supuestamente afectuosa.  Este mismo uso se realiza en la fórmula de despedida: Que me le vaya bien, en lugar de Que le vaya bien.  Estas fórmulas parecen formar parte de los nuevos manuales de atención al cliente, de manera especial en el personal femenino, pues se puede observar que cualquier dependienta o promotora, aunque apenas la conozcamos, de la manera más fácil incluye el “me” en los saludos o despedidas.

A diferencia del ejemplo anterior, existen ciertas ocasiones en donde el uso del dativo ético puede causar cierta confusión al interlocutor, por ejemplo cuando nos encontramos a una amiga y le preguntamos:

-¿Hola, cómo estás?

-Mal, responde ella, -se me cayó mi mamá.

–Qué barbaridad, espero que no haya sido nada grave, agregando, -pero ¿no creés que está un poquito pasada de peso para cargarla?

A lo que ella responde -No, se cayó de las gradas de la puerta.

 -Ah, entonces, se cayó, no se te cayó.

 – Bueno, pues sí. 

En este caso, la amiga agrega el “me” para dar a entender que su mamá estaba a su cuidado cuando ocurrió el accidente o bien, se siente un tanto responsable por el mismo, no necesariamente que la estuviera cargando como cuando se dice: -se me cayó el florero.

De esta forma, el dativo es muy utilizado cuando el que habla se refiere a una persona a su cuidado o muy cercano.  Así escuchamos: Juan me dejó tres clases, la Chepita no me comió nada al mediodía, la tos de Ramiro no se me le quita, es que la María me salió medio pizpireta, mi marido me está llegando muy noche.

En ciertas ocasiones esta forma se utiliza para expresar una orden o advertencia categórica, por ejemplo, Se me calla inmediatamente, no te me pongás al brinco, te me salís de la clase, no se me raje mi compa, me apaga el celular, se me pone el cubrebocas, te me vas calmando, no se me vaya todavía, no me lo alborote, déjeseme de babosadas, no me juegue la comida.

Existen casos en que el interlocutor quiere acentuar su jerarquía o influencia en determinado ambiente, no obstante puede causar una mala interpretación del uso del dativo, como es el caso en que la señora pregunta:

– ¿Cómo me lo tratan?

– No tengo idea Señora, usted sabrá mejor que yo.

–Me refiero a ¿Cómo lo están atendiendo?

–Ah, ahhhh.  O como dicen los gringos: Ou, ou, ou.

Muchas veces, la falta de contexto puede provocar alguna mala interpretación cuando se usa el dativo, como en el caso en que la señora si más antecedentes dice:

 -Algo me huele mal

–Me imagino que se bañó por la mañana, señora.

–Quiero decir que hay algo sospechoso

 –Ou, ou, ou.

A pesar de que estamos en pleno siglo XXI, todavía puede escucharse a un jayán decir: es que en ese pueblo me tienen un hijo.  En este caso, el dativo se introduce con el afán de minimizar responsabilidad.

En ciertos casos, el dativo ético se incluye para recalcar los efectos de la acción, como puede ser una pérdida irreparable: Se nos murió el tío Alfonso, o bien, Se nos fue la empleada.

En fin, es necesario tener una especial sensibilidad para captar el sentido de las frases que incluyen al dativo ético, así que se me cuidan.

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