Préndanle la vela

Por muchos años, Nicaragua y podría decirse que Centroamérica entera, se movió al compás de la música que se escuchaba y se bailaba en México.  El vecino del norte marcaba la pauta de la música que predominaba en los países centroamericanos, ya fuera a través de la producción musical mexicana propiamente dicha, o bien de la música procedente de otros países que se comercializaba exitosamente en ese país.    Un claro ejemplo de lo anterior, fue la llamada “música tropical”, término un tanto polémico, pues según algunos autores limita seriamente la cobertura de lo que podría considerarse como tropical, pero que a pesar de todo, ilustra claramente sobre este tipo de música.  Hasta la década de los cincuenta, la música tropical nos llegó de México, aunque su origen estaba en las Antillas principalmente.  Los ritmos como el son, el mambo, la rumba, el cha-cha-cha, el guaguancó y el merengue, provenientes principalmente de Cuba, Puerto Rico y República Dominicana, llegaron a causar sensación en México, quien sirvió de trampolín para su difusión por todo Centroamérica.  El país azteca tenía un mercado apetecible que logró atraer a muchos músicos antillanos que al final decidieron radicarse en México, como es el caso de Dámaso Pérez Prado, Enrique Jorrín y varios más.

Habría que anotar que para los años cincuenta empezamos a conocer la música tropical colombiana, principalmente del Atlántico de ese país, sin embargo, su mayor exponente, el Bachiller José María Peñaranda, por la picaresca de su producción, estaba prácticamente vetado en las radiodifusoras y salones de baile, siendo relegado al mundo de las roconolas y los chelineados, sin embargo los temas de otros autores lograban escaparse del ámbito de Peñaranda y llegaron a colocarse muy alto en las preferencias del público, como es el caso del éxito Cabeza de Hacha, cuya letra pareciera ser tan pertinente en nuestra realidad actual.

El ritmo de la cumbia comenzó a llegarnos a finales de los años cincuenta, proveniente de México, aunque en esa ocasión sin llegar a identificarse con ese nombre, sino que etiquetada dentro de ese gran canasto que era la música tropical.  Estas primeras incursiones de la cumbia ocurrieron gracias al trabajo del colombiano Luis Carlos Meyer, quien había emigrado a México en los años cuarenta y comenzó a trabajar con músicos locales, entre ellos el recordado Tony Camargo, intérprete de El año viejo. Dentro de la producción anterior resaltan algunos temas dejaban asomar al ritmo de la cumbia, con es el caso del éxito Micaela, que mucho se escuchó en Nicaragua en los años cincuenta.

Sin embargo, la cumbia como tal, bajo ese mismo nombre, entró por la puerta grande en Nicaragua de la mano de una artista mexicana, Carmen Rivero, quien a pesar de haber realizado ciertas variantes de la cumbia original, cumplió con la misión de internacionalizar ese ritmo colombiano. El álbum que logró colocar Carmen Rivero y su conjunto a inicios de los años sesenta tenía éxitos que se quedarían para siempre en el gusto del público nicaragüense como:  La pollera colorá, Negra navidad, Cumbia que te vas de ronda, Cumbia del sol, Cumbia sobre el mar, Cumbia de la media noche.  Posteriormente, Carmen Rivero tuvo el acierto de incorporar a su conjunto a Linda Vera, muy guapa (con un parecido impresionante con un personaje histórico de la política nicaragüense) y con una mejor voz que la Rivero, que logró mantener el éxito de esa agrupación.

Al inicio no teníamos ni la remota idea qué era la cumbia, ni de dónde venía, ni cómo se bailaba.  Al respecto, recuerdo que cuando empezó a pegar duro la cumbia se iba a realizar una velada en San Marcos y le encargaron a Fabián Aragón, que era el Félix Greco del pueblo, para que interpretara una cumbia.  El bailarín seleccionó un tema que estaba causando furor llamada Cumbia sampuesana y salió vestido con un traje blanco, con un turbante rojo, realizando una danza que más bien parecía Mario Moreno interpretando el Bolero de Ravel.  Como nadie sabía cómo se bailaba la cumbia, al final logró arrancarle una cerrada ovación al público.

En la década de los sesenta la cumbia logró colocarse en el número uno de la música tropical preferida por los nicaragüenses.  De repente un long play llamado Un verano con los Dinners empezó a comercializarse de puerta en puerta, lográndose vender un considerable número de copias de tal forma que en toda fiesta de la época, el álbum de “clavar” era el de Los Dinners.  Nadie supo de dónde eran, sin embargo a la par de éxitos internacionales como Más y La hiedra, incluía la Cumbia del sol, Cumbia sampuesana y varios éxitos más.  Luego llegaron los Corraleros del Majagual, arrasando con las preferencias en las roconolas, especialmente con el tema Festival en Guararé y luego aparecieron dos grandes intérpretes venezolanos: Hugo Blanco y Tulio Enrique León, quienes llenaron de cumbia todo el ambiente nicaragüenses, pues quién no recuerda La chispita, El cable submarino, La pollera amarilla, El paso de la mona, El cable, Atlántico y varios más. Así mismo recordamos por ese mismo tiempo aquella cumbia tan representativa: La negra Celina.

Así fue que después de una década, la cumbia logró adueñarse de todas las fiestas nicaragüenses, esta vez con un poco más de claridad de su origen colombiano, aunque en realidad la verdadera historia de este ritmo se pierde en el tiempo en las riberas del Río Magdalena.  La cumbia representa la fusión de tres culturas que conviven en Colombia, la africana, la indígena y la blanca.  El nombre proviene del vocablo africano Cumbé que significa fiesta; tal vez muchos recordarán aquella canción de la Sonora Ay cosita linda que en una estrofa decía: “Ay mere-cumbé pa´bailar” o bien La última carcajada de la cumbancha.    Ya para inicios del siglo XIX existen crónicas que hablan de la cumbia en la parte alta del Río Magdalena, sin embargo, su origen específico es motivo de muchas polémicas, apostando muchos a que es la región de El Banco en donde nació este ritmo.  Algunos historiadores aseguran que incluso el gran Libertador Simón Bolívar hacía unos cuantos pasitos de este ritmo.

La cumbia ha recorrido un largo camino hasta nuestros días.  El ritmo original nace a partir de un instrumento clave en el espíritu colombiano y es la flauta de millo o bambú, conocida también como cañamillo, las gaitas y las percusiones que incluyen el tambor “macho” o “llamador”, el tambor “hembra” o “alegre”, la tambora y las maracas.  La cumbia original era puramente instrumental, sin letra y no fue sino hasta mucho tiempo después que se le empezó a agregar letra.  De acuerdo a cada región la cumbia fue sufriendo transformaciones, algunas de ellas “blanqueándose” un poco para poder ganarse la entrada en los elegantes salones de las ciudades.  Entre las diferentes variantes de la cumbia están: la sampuesana, por ejemplo, la que toca Aniceto Molina, en donde el acordeón se adueña de la melodía.  También está la cienaguera, la vallenata, la soledeña y varias más.

En cuanto a los aspectos coreográficos, en los años sesenta, en Nicaragua cada quien bailó la cumbia a como Dios le daba a entender, no había ningún referente para agarrar cábula y poder imitar los pasos originales de este ritmo.  Hay que recordar que el baile de la cumbia surgió como un rito de seducción, en donde el hombre “asedia” a la mujer, quien toma una actitud pasiva pero coqueta, limitándose a marcar distancia con la ayuda de una vela.  En términos generales podríamos establecer un paralelismo entre el rito de galanteo observado en la cumbia y el que se encuentra en el baile folklórico nicaragüense, en donde la diferencia radica en el ritmo que imprime la percusión y que en la cumbia da rienda suelta al ímpetu africano versus el espíritu indígena, más pausado y en donde la marimba marca el ritmo de su vida.  Cabe señalar que en la cumbia, la tendencia a mantener los pies pegados al suelo las mujeres y los hombres igual, apenas levantando el talón del pie derecho, representan una evocación del peso de las cadenas de los esclavos.

En los años setenta, la producción musical nicaragüense se llenó de cumbias, sin embargo, ninguna pudo alcanzar el éxito y permanencia de aquella que compuso el cantautor Jorge Paladino llamada La cumbia chinandegana. Lo mismo sucedió con muchos países latinoamericanos, sin embargo, el mayor impacto de la cumbia se logró en México.  En este país se desarrolló un nuevo tipo de cumbia, con una gran participación de los metales y posteriormente de instrumentos electrónicos.  Pareciera que la música mexicana, a pesar de su clara manifestación en la música ranchera, necesitaba un género que pudiera ayudar en la expresión musical de su inconsciente colectivo, habiendo encontrado en la cumbia el vehículo idóneo para dicha expresión.  Los grupos dedicados a la interpretación de la cumbia mexicana se encuentran por millares y en todas las fiestas hasta en el más recóndito lugar, la cumbia sigue siendo reina.  No importa que en México, la cumbia, al igual que el swing, rock and roll, la salsa y en general cualquier género que tenga un ritmo rápido, se baile como el Jive.

En la actualidad, en Nicaragua existe música bailable para todos los gustos, desde los que fingen un ataque epiléptico al compás del reggaeton, los que se creen en un concurso bailando salsa, hasta los que se balancean románticamente con la bachata.  No obstante, aquellos que le han dado tres vueltas al odómetro de los quince años, cuando en una fiesta escuchan el tambor llamador y luego el sonar de las cañas, empiezan a picarles los pies e inmediatamente buscan su pareja y le echan wilson al galanteo sin igual que provoca la reina de los ritmos tropicales: la cumbia.

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6 comentarios

Archivado bajo cultura, Mùsica, Nicaragüense

6 Respuestas a “Préndanle la vela


  1. Muchísimas gracias, Orlando, por esta intensa e interesante entrada sobre ritmos caribeños con énfasis en la cumbia.

    Cuando oigo sonar una cumbia es como si se me instalara un motor en el cuerpo. Y si estoy en casa, me pongo a bailar ‘como Dios me da a entender’…es superior a a mis fuerzas.

    Reiterado agradecimiento y salud♥s

    .

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  2. A.L. Matus

    Muy interesante artículo y estoy convencido que aquellos que ya le dimos varias vueltas al velocímetro tenemos una especial predilección por la cumbia, en especial por la cumbia clásica, pues ahora nos inundan de tecnocumbia que es otra cosa muy diferente. Hubiera sido interesante que nos explicara sobre el significado de las candelas en este baile.

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  3. Oswaldo Ortega

    Es muy ilustrativo este artículo sobre todo para nosotros los nicaraguenses que crecimos escuchando el folklore latinoamericano que a pesar de su riqueza y diversidad no resistimos la cómoda tentación de etiquetarlo como cumbia. Si escuchabamos una pachanga de La Billo’s Caracas Boy para nosotros era una cumbia , igual suerte corrió el joropo, el bambuco y el porro que se escuchaban mucho en nuestras emisoras y por falta de ilustración el locutor nunca distinguía un género de otro.
    Tito Puente como otros muchos renombrados músicos se oponía abiertamente al uso de la palabra “salsa” por considerarla atentatorio a la tradición afro-caribeña cuya riqueza debia ser difundida por los cinco continentes.Todo mundo estaría de acuerdo con este argumento si los alemanes, belgas, holandeses, portugueses, rusos u otras etnias que en su momento se entusiasmaron con aquellos ritmos pudieran pronunciar la palabra guaguancó, timba, tumbao, changuí,guaracha, son montuno o bembé. Bailarlos…menos probable y distinguirlos imposible.

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  4. Poeta, como me has hecho escuchar, tantas melodias, que estaban almacenadas, en el olvido. Muchas gracías Orlando.

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  5. ximena

    me gusto mucho

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  6. Ronal Porras

    Hola, Orlando:
    Estamos organizando una actividad en Utrecht, Holanda, donde queremos dar a conocer algunas expresiones culturales nicaragüenses. Una de ellas va sobre el “chelineado”. ¿Dónde puedo encontrar más información sobre esto? Gracias de antemano, Ronal

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