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Gandy Goose

Gandy Goose

A finales de 1961 se difundió la noticia de que el canal 6 de televisión, propiedad de la familia Somoza, instalaría una antena repetidora en El Crucero, con el fin de que su señal llegara a la región central y suroeste del país. Muchas familias se alegraron pues la magia de la televisión era un privilegio exclusivo de los capitalinos desde mediados de los años cincuenta.

En San Marcos, Juan Molina, acaudalado comerciante que manejaba una tienda-ferretería, el negocio de las roconolas y una fábrica de chibolas, se apresuró a ser el primero en llevar un televisor al pueblo. Lo instaló en un mostrador de su tienda, aún cuando no se había instalado la antena de El Crucero y así don Juan ofrecía a sus clientes el tremendo y singular espectáculo de las “hormiguitas” que jugueteaban en la pantalla de su televisor.

Cuando estuvo lista la antena y empezó a retransmitir la señal del canal 6, mi padre nos llevó un televisor Philips no sin antes enfatizar en las consabidas recomendaciones respecto a las tareas de la escuela, la distancia prudencial entre el aparato y los televidentes y demás. A partir de ese día nuestro sorprendente invitado marcó el inicio de una nueva vida en nuestro hogar.

La programación en aquel entonces era muy sencilla, iniciando las trasmisiones a las tres de la tarde con el teleteatro de la tarde, en donde presentaban una vieja película, muchas veces repetida hasta la saciedad y las transmisiones finalizaban a las diez de la noche con el teleteatro de la noche en donde presentaban otra película. A las cinco de la tarde en punto, todo el mundo terminaba sus quehaceres y se dedicaba en cuerpo y alma al programa favorito de toda la familia: la Hora de los Muñequitos.

Al iniciar operaciones, el canal 6 había adquirido un lote de dibujos animados norteamericanos, en su mayoría de los años 40, aunque algunos de ellos databan de la década de los treinta. Eran en inglés y no eran subtitulados, así que los diálogos eran simplemente adivinados por nosotros, aunque las historias eran tan sencillas que no necesitaban traducción.

Muchas de estos dibujos animados, que en el pueblo eran conocidos como “muñecos de tinta”, pertenecían a la famosa producción de Terry Toons que tenían personajes ilustres como el Ganso Gandy, el Super Ratón (Mighty Mouse), Tuco y Tico (Heckle and Jeckle), el lacrimógeno patito Dinky, los ositos Terry (Terry Bears), un ratoncito llamado Roquefort y el veterano Farmer Alfalfa con su perro a quien nosotros conocíamos como el Perro Tohú; de vez en cuando pasaban unas historias de un gato cara de malvado llamado Sourpuss y un indiecito llamado Pow Wow. Muchas de estas producciones eran parodias de fábulas, leyendas o cuentos clásicos.

También pasaban algunos episodios de las aventuras del Gato Félix, que eran de la década de los 30, como el capítulo de Félix con el dios Neptuno en el fondo del mar y que por algún motivo estaba doblada al español. Disfrutamos también de las caricaturas de Walter Lantz con sus personajes estelares, el Pájaro Loco, el conejo Oswaldo, el pingüino Chilly Willy y Andy Panda. Contaban además con algunos títulos de Columbia en donde sobresalía un gato muy parecido al Gato Félix llamado Krazy Kat, así como La Zorra y el Cuervo y un canario llamado Flippy el cual parece haber inspirado a Piolín. Había también algunos dibujos animados de Tom y Jerry que fueron los primeros pasos de Hanna y Barbera en este género.

Con toda esta gama de personajes, conocimos el mundo fantástico de los dibujos animados, en donde todo era posible, pues no había límites para las facultades de cada uno de los caracteres en aquel derroche de fantasía que traía a nosotros una singular diversión. Vimos versiones increíbles de Juanito y los guisantes, la gallina de los huevos de oro, Frankestein, Caperucita Roja, el Flautista de Hamelin; obras en torno a Overturas famosas como el Barbero de Sevilla, Guillermo Tell. Aprendimos a colorear en nuestras mentes aquellas pequeñas obras monocromáticas y a rebasar la barrera del idioma, haciendo nuestras propias versiones de los diálogos.

Miramos casi diariamente esos dibujos animados por espacio de cinco años, disfrutándolos al máximo a pesar de haberlos vistos innumerables veces cada uno de ellos.

Cuando a mediados de 1966 apareció el Canal 2, la competencia con el Canal 6 hizo que se renovara toda la programación incluyendo la hora de los muñequitos, pues al ofrecer el nuevo canal las caricaturas de Warner Brothers, con Bugs Bunny, Porky y sus amigos, incluyendo a Elmer Gruñón, el Pato Lucas, el Correcaminos y el Coyote, el Canal 6 por su parte introdujo al show de los Picapiedras, del dueto compuesto por Hanna y Barbera, que vendría a revolucionar la producción de los dibujos animados. Aparecieron también de estos productores, la Tortuga D´Artagnan, Leoncio el León y Tristón, el Lagarto Juancho, Moroco Topo, el Inspector Ardilla y demás personajes.

Sin embargo, para esa época aparecieron series en la televisión que empezaron a atraernos más que los dibujos animados como Bonanza, Daktari, Bewitched, Los Beverly Hillbillies, Batman, Combate, el agente de la CIPOL y así los muñequitos dejaron de fascinarnos.

En el mundo actual, ya los dibujos animados son un género amplio y complejo con diversas corrientes y una clara predominancia de los programas japoneses. Tal vez Los Simpson podrían ser una elección en una época en donde la ironía parece predominar. Sin embargo, la época dorada de los muñequitos en la televisión nicaragüense perdurará en muchos cincuentones y les será muy difícil olvidar la risa del ganso Gandy o el grito de guerra de Mighty Mouse: Here I come to save the day.

Como decía Porky: Eso es eso es eso es to eso es todo amiguitos

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