Los Jagger y yo

El destino se abre sus rutas

Virgilio

A lo largo de nuestra existencia nos corresponde, la mayoría de las veces, ser los protagonistas de nuestras propias historias que se van sucediendo como dramas, comedias o quizás melodramas. Sin embargo, algunas veces nos toca el turno de ser simples extras en películas ajenas.

El calor era sofocante aquel primero de mayo de 1967. Me encontraba en el Palacio Nacional y sentía que el bochorno se acentuaba por la intensa iluminación, una nutrida muchedumbre y más que nada por mi smoking del bachillerato convertido en traje formal. Una verdadera tropa de meseros se afanaba por surtir de licor y bocadillos a los asistentes al evento.

Era la fiesta de la toma de posesión de Anastasio Somoza Debayle, quien a inicios de ese año, había sido “electo” Presidente de la República. Esa mañana había recibido la banda presidencial en el Estadio Nacional y la fiesta debió tomar un tono grave debido a la reciente muerte de su hermano Luis.

El “who is who” de Nicaragua estaba presente en esa fiesta. Yo no era “who”, sino que fungía como attaché de mi padre, quien a la sazón era médico del Instituto Nicaragüense del Seguro Social y participaba en alguna asociación de galenos, por lo que había recibido la invitación al evento. Mi madre se rehusó a asistir y mi padre me solicitó que lo acompañara con la otra intransmisible, que al final de cuentas no resultó tan intransmisible.

Me aburría como una marmota y me sentía incómodo pues unas semanas antes, al matricularme en la Facultad de Economía de la UNAN, tal como lo marcaba la tradición de ese entonces, había sido sometido a la peloneada de rigor y a pesar de que trataba de pensar en la elegancia que destilaba Yul Brynner en sus películas, no lograba sentirme mejor.

En cierto momento mi padre se encontró con un médico compañero de trabajo y se detuvo a conversar con él, cuando al rato se acercó una muchacha joven, morena clara, delgada, tal vez de mi edad, vestía elegantemente, sin embargo, los zapatos parecían no hacerle gracia al resto del atuendo. Se me hizo conocida, pues me parecía haberla visto por el rumbo de la Iglesia del Perpetuo Socorro cuando acompañaba a mi padre a ver a don Miguel G. Hernández, quien vivía por ese sector.

La muchacha saludó efusivamente al médico quien a su vez nos la presentó como Blanca Pérez y como referencia le dijo a mi padre que era hija de la señora que administraba el cafetín de la Policlínica Oriental del INSS donde ambos laboraban.

Conversaba Blanca con una soltura impresionante y después de tomarse un par de tragos con nosotros, le explicó al galeno que estaba muy interesada en ver a uno de los funcionarios del “nuevo” gobierno, pues deseaba apoyo para estudiar en Francia. Aparentemente el médico conocía bien al funcionario y accedió a llevarla con él y ayudarla en su gestión. Se despidieron de nosotros y continuamos un rato más en la fiesta y antes de la media noche decidimos emprender el regreso a San Marcos.

Años más tarde, hojeando una revista me sorprendió ver una foto de la muchacha aquella, convertida en Bianca Pérez Macías, quien por esos azares del destino, había logrado colarse en el Jet Set. Le mostré a mi padre la nota, quien sonrió y dijo: Suerte tienen los que no se bañan, dicharacho que había importado de México y que sacaba a colación siempre que la suerte hacía de las suyas.

En los años subsiguientes vimos la trayectoria de la muchacha a quien la relacionaban con Moshé Dayán, luego con Michael Caine y a inicios de la década de los setenta supimos que se casó en Saint Tropéz con Mike Jagger, el lider de los Roling Stones. Suerte tienen, continuaba diciendo mi padre.

Para fines de 1973, inicios de 1974, Managua era una ciudad en ebullición. La reconstrucción de la ciudad luego del terrible terremoto estaba en su apogeo; la gente trataba de acostumbrarse a su reubicación o bien hacía sus arreglos para ocupar el mejor lugar dentro de la nueva capital. En esa época yo trabajaba para el Banco Nacional de Nicaragua con el programa de reconstrucción de la pequeña empresa y me la pasaba entre Masaya, Managua y San Marcos.

Uno de los lugares que me gustaba visitar en Managua era la Plaza de Compras, un minúsculo centro comercial que se había construido contiguo al Supermercado La Colonia y que ahora casi en ruinas desluce a los esfuerzos que hizo Lorena Zamora con el centro LAFISE. Habían varios comercios entre los cuales sobresalían dos boutiques, la Letty que había iniciado por el rumbo de San Sebastián, luego se había trasladado junto a la nueva Tienda Alicia; del Tropical para el lago y la Aby, que era un negocio de doña Yolanda Guagüi, quien tuvo la tienda Vestex de la Avenida Roosevelt. En esas boutiques podía encontrarse ropa importada a precios favorables.

En esos días trabajábamos en el Banco de lunes a sábado al medio día, así que las tardes del sábado visitaba a mi novia Cecilia. Ella acostumbraba, antes del terremoto, arreglarse el cabello en el Salón Angeles, en las inmediaciones del Gimnasio Nacional y que prácticamente desapareció del mapa, sin embargo, descubrió que una de las estilistas que trabajaba ahí, de nombre Silvia, estaba atendiendo en su casa de la Colonia Centroamérica.

Un sábado en la tarde, Cecilia me pidió el favor de que la llevara a la Colonia Centroamérica a arreglarse el cabello. La llevé, no recuerdo ahora la dirección exacta, pero era un sector más alto que el resto de la colonia, pues desde la calle se miraba un grupo de casas en un nivel inferior. Mientras la atendían yo fui a la Plaza de Compras a curiosear un rato y después de una hora regresé tal como habíamos acordado, sin embargo, todavía no estaba lista. Hacía un calor tremendo, así que aproveché el tiempo para buscar una pulpería para comprar una gaseosa. Cuando encontré la venta observé que la propietaria sostenía una discusión con sujeto. Vestía el tipo en cuestión de manera un tanto estrafalaria, su abundante melena sobresalía de su menudo cuerpo, cara de chavalo vago y a todas luces se miraba que era extranjero. La señora le insistía en que no le entendía y él repetía con un acento al estilo James Bond: Club Soda. Con mis nueve niveles de inglés en el Centro Cultural me sentí con derecho a salir de metiche y le dije a la señora: Quiere Ensa Blanca, que era el nombre que se acostumbraba usar para el Club Soda, aunque no era blanca, sino transparente. Luego al momento de pagar vino otro problema pues él sacó un billete de US$20.00 y en esos tiempos no era como ahora que el eskimero los acepta sin problema, se trataba de C$140.00 de aquellos tiempos para pagar cuatro o cinco córdobas. De metiche de nuevo, le dije a la señora que me cobrara mi gaseosa y las dos Ensas del gringo. El gringo se quedó anonadado y me lanzó una retahíla que no comprendí y sólo alcancé a decirle: It´s Okay. Me dio la mano y me dijo: I´m Mike, thank you. Any time, le respondí. Mike regresó a una casa de la Colonia y yo pasé por Cecilia.

Al día siguiente, domingo, que era el único día que tenía tiempo para leer el periódico, casi me voy de espaldas cuando veo una nota que decía: Mike y Bianca Jagger de visita en Nicaragua y al ver la foto, como diría en México: Ay güey, era el gringo de las Ensas. ¿Qué hacía el líder de los Rolling Stones en la Centroamérica? Vaya usted a saber, sería que la familia Pérez Macías se trasladó del Perpetuo Socorro a la Centroamérica por el terremoto, pudo ser. También pudo haber sido una invitación de las antiguas amistades de Blanca.

El tiempo de manera inexorable siguió su marcha. Mike y Bianca se divorciaron en los ochenta, yo me casé con Cecilia y en los ochenta vivimos en México. Mike siguió correteando modelos por toda Europa y Bianca con el tiempo llegó a convertirse en una activista de los derechos humanos. Yo estoy de regreso en Nicaragua y cada vez que paso por el Palacio Nacional o por la Centroamérica, recuerdo aquellos dorados tiempos cuando me tomé unos tragos con Bianca Jagger y la vez que me di el lujo de invitar a Mike Jagger, aunque fuera a unas Ensas.

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11 comentarios

Archivado bajo cultura, Familia, Nicaragüense

11 Respuestas a “Los Jagger y yo

  1. Hola, Orlando. Interesante anécdota.

    Qué bueno que al menos puedo entrar a tu blog, no así a los de Blogger -¡ni siquiera al mío! A ver hasta cuándo, en Nicaragua, estaremos privados de ello.

    Salud♥s

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  2. Denis

    Muy ilustrativa la historia, pues tengo la impresión de que Bianca Jagger ha maquillado un poco su biografía y aparece como hija de un millonario diplomático y según tengo entendido los romances que tuvo fueron más abundantes que los que aparecen en su relato. En fin, creo que su papá tenía mucha razón en la suerte que tienen algunas personas.

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    • carlos

      efectivamente blanca maquillo su biografia, ella era hija de Don Carlos Perez Mora y hermana de un locutor de nombre Carlos Perez, sus padres se divorciaron, ella consiguio la beca de que habla el articulo y se traslado a Paris donde decia que era hija de un diplomatico y millonario nicaraguense.

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  3. Fan DelosStones

    Hay un psiquiatra de origen italiano que vive en Nicaragua y publicó su autobiografía el año pasado (en la editorial LEA ), y narra que Mick y Bianca llegaban a su casa en los días de su matrimonio. ¿Sería que el psiquiatra vivía por la Centroamérica? A saber. Muy interesante anécdota, siempre hay un vacío en eso de qué hizo Jagger las veces que vino a Nicaragua.

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  4. Milton

    Interesante y nostálgico relato. No había nacido aún cuando todo estos sucesos ocurrieron, pero me sentí trasladado a esa Managua que sólo la podemos llevar en nuestros corazones. Un estilo de narración ameno y divertido que nos permitió conocer tan interesante anécdota. Un abrazo a todos mis compatriotas a través del tiempo y la distancia.

    De Panamá,

    -Milton

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  5. Olga C.

    Yo naci hasta mitades de los 80, pero cada vez que escucho o leo este tipo de anecdotas sobre la vieja managua o sobre esas epocas, siento como si las hubiera vivido tambien. De verdad disfruto este tipo de relatos, sobre todo experiencias reales como la de usted. Saludos.

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  6. Olga C.

    Por cierto, di con su pagina porque buscaba mas informacion precisamente de Bianca Jagger, pues ayer platicando con mi mamá de los Somozas me comentó sobre una vez que Anastacio Somoza Debayle la mandó a traer y durante su estadía se dedicaron a atenderla y llevarla a pasear. Pero leyendo en algunas paginas me aparecía que Bianca, por decirlo así, estaba en contra del Gobierno Somocista.. lo que me pareció algo contradictorio y me quedaron ciertas dudas… pero bueno, coincido con Denis, la suerte que tienen algunos.

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  7. Chepeleon Arguello U

    La mama de la Bianca después del terremoto, vivió en la Colonia Centro América, me acuerdo que yo, había llegado a visitar a unos primos en el callejos de letra “G”, de apellido Núñez Arcia, fuimos a comprar unas tajas fritas al otro extremo de la Colonia, de pura chiripa la sorpresa fue grande, cuando nos encontramos a la Bianca y su esposo, paseando a una niña, creo que era su hija… Años más tarde, en un casino de San Juan del Sur, nos topamos con ella, estaba jugando ruletas.

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  8. Salvatore

    Barbaro. Esas cosas solo pasan en el paisito de Nicaragua, y mas en nuestra amada y deformada Managua. Que tiempones aquellos!!!

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  9. Carlos R.

    Anecdotas de oro!….

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