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El misterio de Los Chaynas

 

Uno de los grupos musicales que más impacto tuvo en la audiencia nicaragüense en la primera mitad de los años sesenta del siglo pasado, fue sin duda alguna Los Chaynas.  Este grupo pareció emerger de la nada y de manera vertiginosa colocó en los primero lugares su tema “Virgen negra”.  El mismo estaba en un disco sencillo que tenía al reverso una versión muy bien lograda del bolero del argentino Mario Clavell: “Quisiera ser”, que llegó a tener una buena aceptación de parte de la audiencia, sin embargo, nunca logró acercarse al éxito de “Virgen negra”.

Parece que el carácter mayoritario de población mestiza del país, se identificó inmediatamente con aquella introducción de lo que constituía la plegaria que encerraba el tema “Negras, mis penas son, como tu piel morena, fundidas en bronce están, mis amarguras” de manera tal que cada quien encaminaba sus tribulaciones, ya fueran de carácter amoroso, financiero o existencial, a la fe en una virgen de piel negra, que tendrían una respuesta más favorable que las vírgenes de otra denominación de origen o advocación como suelen decir ahora, pues el tema lo dice sin ningún desparpajo: “pues las vírgenes se fueron, en el cielo se escondieron, no responden a mi voz”.

Así pues, cada quien, desde su propia perspectiva, asumió como un himno aquel tema, con la vaga esperanza de que al entonarlo, la virgen afro descendiente, se apiadaría de sus cuitas y llevaría una pronta solución a sus vidas.  Recuerdo que para las fiestas patronales de abril de mi pueblo, en aquel año, aquel tema sonaba en todas las roconolas y equipos de sonido de los chinamos del parque.  Incluso en los caballitos (tiovivo o carrusel para los castizos), su dueño que era un veterano parecido a Peter Cushing, fanático del Bachiller José María Peñaranda, cambió “La inyección” por “Virgen negra”, de tal suerte que era todo un espectáculo observar a diversos exponentes del pueblo cantar en coro aquel tema, mientras sus respectivos animales subían y bajaban al ritmo de su melodía.  También recuerdo que los discos de las roconolas tuvieron que ser reemplazados en varias ocasiones, debido a que llegaban a rayarse de tanto uso.

En los bailes también era un tema de preferencia, pues contenía un ritmo sabrosón, pues no tenía la lentitud de aquellos de un solo ladrillo y tampoco caía en la charanga, sino que acusaba aquel sabor intermedio para balancear a la pareja con cierta cadencia, en especial en el intermedio en donde el ritmo que le imprime el órgano con la percusión es inigualable y al final de la canción, el ritmo se desacelera completamente, dando lugar para concluir el baile en un solo ladrillo.

Sin embargo, al igual que cualquier canción, llega un momento en que la audiencia dice al unísono: “quitá” y  aquel “ave María” del final, ya no obtuvo eco alguno y el tema fue evaporándose de la misma forma cómo había llegado.  Para ese entonces, el rock se afianzó fuertemente con la invasión inglesa y la inmediata clonación de parte de los covers en español.  De esta forma, la virgen negra aquella llegó a formar parte de una nebulosa de nostalgia que quedó flotando en la estratósfera.

En el año 1975 trabajaba yo en el Banco Nacional, cuando realicé un análisis de factibilidad para la reestructuración de la deuda de una empresa disquera que quedaba por el rumbo de Xiloá.  En esa ocasión, me entrevisté con un especialista en producción de discos, quien me comentó que de conformidad con estudios de audiencia, a esa fecha, ningún tema había podido quitarle el record de mayor interpretación en las radiodifusoras al tema “Virgen negra”.  Recordé aquella fiebre que había causado el referido tema y le di la razón al individuo aquel.

Hace diez años exactos, hoy precisamente, escribí un artículo en este mismo blog llamado “El club de la nostalgia”, en donde incluí entre otros temas, el caso de “Virgen negra” para lo cual investigué en el ciberespacio sobre el grupo de Los Chaynas y me sorprendió de que no hubiera nada al respecto.  Como el artículo no era específico sobre dicho grupo, lo finalicé con la poca información que tenía al respecto.

A partir de aquella fecha, de vez en cuando he regresado a peinar el internet a través de Google en busca de más información sobre aquel grupo que pareció esfumarse o ser abducido por alienígenas, sin éxito en mi empresa.

Ahora que se iban a cumplir los diez años de aquel artículo me esforcé por buscar más luz en el tema y aprovechar los avances en la ciencia forense que he adquirido al ver muchos capítulos de las series de CSI, así como otras correlacionadas y al final he encontrado algunas evidencias que arrojan un poco más de iluminación en torno al misterioso grupo.

He constatado que Los Chaynas llegaron a comercializar en Centroamér6ica dos discos sencillos con cuatro temas:  Virgen negra, Quisiera ser, Trópico y Limeña.  Estos discos fueron producidos y fabricados por Industria de Discos Centroamericana, Ltda. (INDICA) en Costa Rica.  Sobre el segundo disco, no hay evidencias de que haya sido comercializado en Nicaragua y si así hubiese sido, no tuvo ningún impacto en el gusto nacional.  Cabe aclarar que la adaptación de “Virgen negra” de los Chaynas, fue copiada, versionada y grabada por otros intérpretes de la región.

El grupo parece tener origen en Perú, aunque no todos los integrantes eran de aquel país.  Lo anterior, se deriva del hecho de que “Virgen negra” es un bolero peruano.  No existen registros de quien es el autor del tema, sin embargo algunos se lo atribuyen a uno de sus más grandes intérpretes, antes de Los Chaynas y es el bolerista peruano Johnny Farfán.   Este intérprete cuyo verdadero nombre era Julio Gárate Farfán y que llegó a conocerse como “La voz elegante del bolero”, conformó junto con otros cantantes peruanos la corriente conocida como “Bolero  cantinero” por la música que interpretaban y que ahora se conoce como “cortapulsos”.   El primer éxito de Farfán fue el bolero “Brujería”, al cual hace referencia La Sebastiana, en un relato que aparece en mi artículo “Le dicen La Sebastiana” y que constituía una clave para verse con uno de sus amores.   Otro famoso tema de este intérprete peruano fue “Señor abogado”, bolero que causó en su tiempo una tremenda polémica cuando trató de prohibirse su trasmisión en las radiodifusoras, pues giraba en torno a un feminicidio, causado por el sempiterno motivo de la traición y que no obstante, de manera impune se había colado en el tema “El preso número 9”.

Por otra parte, el nombre de aquel conjunto procede del quechua, lengua indígena de los Andes, especialmente del Perú.  El vocablo “chayna” significa en quechua: así, de esta manera.  Este elemento reafirma entonces el origen peruano del grupo.  Sin embargo, llama poderosamente la atención que en la foto que aparece en el disco sencillo de “Virgen negra” los integrantes aparecen con una indumentaria que más bien se asemeja a la de los gauchos.

Aquí entra otro elemento que arroja más claridad en el tema.  En los comentarios que aparecen el Youtube, sobre el tema “Virgen negra”, una persona identificada con el nombre de Ely Toloza, asegura que su tía llamada Rosa Castro, así como su esposo Juan Carlos Acconcia, de nacionalidad argentina conformaron el grupo de Los Chaynas, al igual que otro músico de apellido Maidana y que en 2015 todavía vivían en la capital argentina.    Lo anterior, coincide con el testimonio de un ciudadano guatemalteco, don Eduardo Velásquez, que recuerda la visita del grupo a ese país y que la cantante del mismo se llamaba Rosita.  Otro gracioso, hizo un copy/paste de mi artículo “El club de la nostalgia” y lo puso como comentario suyo.

De la información recolectada al respecto, podría colegirse que ciertos músicos de origen argentino, por alguna razón emigraron al Perú, en donde conformaron un conjunto musical que bautizaron con el nombre quechua: Los Chaynas.  Realizaron una soberbia adaptación del bolero “Virgen negra” que superó por mucho las versiones que habían de este tema.  La calidad interpretativa del este conjunto fue tal, que la compañía disquera decidió producir el éxito en Centroamérica, en donde tuvo un éxito sin igual.  El grupo parece que realizó una gira, aprovechando el gran impacto de su tema, abarcando algunos países de Centroamérica y es posible que también México.

Por alguna razón, después de grabar cuatro temas, el grupo dejó de producir discos, aparentemente se desintegró y al final, los músicos de origen argentino, regresaron a su país, en donde posiblemente todavía residen.

Desde mi punto de vista, es una tremenda injusticia que no existan artículos o reportajes en la red sobre este conjunto.  Tan solo con la adaptación de “Virgen negra” y su enorme impacto en el público centroamericano, le valen al conjunto para que existan referencias, pues es la fecha y todavía existe un debate sobre su nacionalidad, desde que son mexicanos, guatemaltecos, salvadoreños, hondureños, nicaragüenses, ticos, uruguayos, paraguayos, entre otros.

Cada vez es menor el segmento de la población que recuerda este éxito, la mayoría pertenecen al rango de la tercera edad, aunque hay evidencias que de estratos de edad más bajos, la tienen en su preferencia al recordarle a sus padres o incluso a sus abuelos.  De cualquier manera, sirva este artículo como un homenaje a ese misterioso grupo y a su calidad interpretativa que puso banda sonora a una importante etapa de nuestras vidas.

 

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Mamá, yo quiero saber

 

Mamá, yo quiero saber,

de dónde son los cantantes,

que los encuentro galantes

y los quiero conocer….

Miguel Matamoros

 

Por muchos años, los cantantes impresionaban tanto al resto de los mortales, que su origen y hasta su apariencia eran motivo de enorme curiosidad.  Ese fue el caso de una señora que allá, en los albores de los años veinte del siglo pasado, se acercó al que llegara a ser uno de los grandes compositores cubanos, el trovador y sonero Miguel Matamoros y le pidió que le aclarara a su hijita, quien quería saber de dónde eran los cantantes y después que Matamoros le diera una extensa explicación, la niña se limitó a decir: son de la loma y fue esta anécdota la que motivó a Matamoros a escribir una de sus más famosas composiciones: Mamá, son de la loma, en donde se adivina cierto juego de palabras entre son, del verbo ser y son, el género musical cubano.

 

En el pueblo, lo que más nos intrigaba era la apariencia de los cantantes, misma que llegábamos a percatarnos mucho tiempo después de conocer su música, en algunos casos con tremendas sorpresas, al no imaginarnos nunca, por ejemplo, que Nat King Cole o Los Platters, fueran afroamericanos o que Antonio Prieto no tuviera nada de moreno.

 

Con la revolución en las comunicaciones, fue acercándose la asociación de los cantantes con su imagen y su origen, en especial cuando en la segunda mitad de la década de los sesenta fueron apareciendo los video clips.

 

Una vez cubierta aquella curiosidad respecto a las particularidades de los artistas, comenzó una especie de competencia entre los presentadores de espectáculos y los reporteros de lo que sería la nota rosa, respecto a quien lograba bautizar a los cantantes con una etiqueta que reforzara sus cualidades y que supuestamente ayudaría a elevar la popularidad de los mismos.  Muchos de los nombres que fueron surgiendo, parecían emanar del sopor etílico de aquellos sujetos y de esa manera comenzamos a acostumbrarnos a un remoquete adosado o en otros casos, sustituyendo al apelativo del artista, que en algunos casos ya no era el que habían portado en su acta de nacimiento.

 

Una gran mayoría de estos motes estaban asociados a títulos de realeza para ubicar a los artistas que según ellos merecían estar encima del resto de los plebeyos, tales como Dámaso Pérez Prado, El Rey del Mambo, Javier Solís, El Rey del Bolero Ranchero, José José, El Príncipe de la Canción, Roberto Carlos, El Rey de la Canción Latinoamericana, Olga Guillot, La Reina del Bolero, Selena, La Reina del Tex Mex, Oscar de León, El Faraón de la Salsa.

 

La asociación con el metal, también fue muy socorrida, como fue el caso de Agustín Lara, El Flaco de Oro, Miguel Aceves Mejía, El Falsete de Oro, Paulina Rubio, La Chica Dorada, Imelda Miller, La Voz de Metal.

 

Otros cantantes tuvieron sus motes relacionados con su lugar de origen como Pedro Infante, El Ídolo de Guamuchil, Raphael, El Ruiseñor de Linares, Rocío Durcal, La Española más Mexicana, Celia Cruz, La Guarachera de Cuba, Marco Antonio Muñiz, El Lujo de México, Juan Gabriel, El Divo de Juárez, Antonio Aguilar, El Charro de México, Ana Gabriel, La Diva de América.

 

Algunas cantantes, aun bajo el riesgo de mostrar un asomo de promiscuidad, portaban alias como Angélica María, La Novia de México, Olga Tañon, La Mujer de Fuego o Lucero, La Novia de América.

 

Otros artistas eran lanzados hacia lo superlativo, como Lola Beltrán, Lola la Grande, Beni Moré, El Bárbaro del Ritmo, Gilberto Santa Rosa, El Caballero de la Salsa, Vicente Fernández, El Hijo del Pueblo, Héctor Lavoe, La Voz.

 

Con menos creatividad, encontramos algunos que simplemente llevaban el nombre de alguno de sus éxitos, como fue el caso de Julio Jaramillo, Mr. Juramento, Rafael Hernández, El Jibarito, Alberto Beltrán, El Negrito del Batey, Lola Flores, La Faraona, Manolo Muñoz, El Hombre de la Llamarada o bien Cristian Castro, El Gallito Feliz.

 

Muchos portaron remoquetes ajenos al contexto que estamos viendo, como José Luis Rodríguez, El Puma, nombre que salió de un personaje de una telenovela, Chavela Vargas, La Chamana, Alejandro Fernández, El Potrillo, Marco Antonio Muñiz, El Buki Mayor.

 

Para mi gusto, uno de los motes con más creatividad fue el de Bienvenido Granda, El Bigote que Canta, así como el que llevó la gran cantante Manoella Torres, La Mujer que Nació para Cantar, Carlos Gardel, El Morocho del Abasto, Daniel Santos, El Inquieto Anacobero y uno al que nunca le encontré conectivo lógico, el de don Pedro Vargas, El Samurai de la Canción.

 

En Nicaragua, guardando el nivel, también se dio esa gama de motes.  Muchos recordarán a Marina Cárdenas, La Gordita de Oro, José de la Cruz Mena, El  Divino Leproso, Camilo Zapata, El Clarinero Mayor, Erwin Kruger, El Acuarelista Musical, Víctor M. Leiva, El Arquitecto de la Música Popular Nicaragüense, Tino López Guerra, El Rey del Corrido Nicaragüense, Luis Enrique, El Príncipe de la Salsa, Gastón Pérez, Orej´e Burro, Otto de la Rocha, Anis Prais, César Andrade, Nicasito, René Domínguez, El Chapo, Edgard Aguilar, El Gato, Roberto Montalbán, Trapito, Ezequiel Jerez, El Panzer, Roberto Martínez, Maguila, Ramón Mejía, Perrozompopo.

 

En el tercer milenio, época de las redes sociales, tal vez ya no se hace necesaria aquella promoción  de un artista a través de una etiqueta, además que muchos de ellos ya portan de entrada un remoquete, a cual más rebuscado.  No obstante, llama la atención que a pesar de todos los membretes que lleva un tema con relación a sus intérpretes, especialmente en el video correspondiente, algunos de ellos han tomado la costumbre de gritar su nombre al inicio e incluso en cualquier parte del tema.  Después de que en Youtube aparece el nombre del cantante, más quienes lo acompañan (featuring, ft.) escuchamos:  Sebastiáaaaaan Yatra Yatra, Chino y Nacho, Aaay Fonsi, Maluma, CNCO o bien Gente de Zoooooooooooooona.  No me imagino escuchar, después de la introducción coral a Nessun Dorma, una potente voz exclamando: Placido Domingoooooooooooooooo.  Así pues, de lo anterior, solo dan ganas de emular a Enrique Iglesias, ft. Descemer Bueno, Zion & Lennox :  Tráiganme el alcohol, que quita el dolor.

 

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El chavalito es National

Para quienes nos ufanamos de vivir en el tercer milenio, ya no nos sorprende la inmediatez.  Es lo más natural del mundo conocer en tiempo real los resultados de las elecciones en Perú, el recalentamiento de la planta de Fukushima en Japón o las cenizas del volcán Puyehue en Chile dando la vuelta al mundo, tanto para nosotros como para nuestros conciudadanos en Peñas Blancas,  El Espino o en Bluefields.   Se nos hace difícil de creer que apenas en los años cincuenta del siglo pasado, más del noventa por ciento de la población nicaragüense no tenía acceso directo a la información sobre lo que ocurría en el resto del país, mucho menos en el mundo.

En la mitad del siglo XX, cuando todavía no aparecía la televisión, la prensa escrita era el medio de comunicación con mayor cobertura, pues tenía distribución en las principales ciudades de Nicaragua.  No obstante, habría que recordar que en ese entonces la tasa de analfabetismo nacional alcanzaba el 65% y en las regiones rurales era mayor al 80%.   En lo que se refiere a la radiodifusión, desde los años treinta se había registrado un crecimiento sostenido de la actividad, iniciando unas pocas emisoras, de carácter experimental de parte de los empresarios de la radio y de carácter mágico de parte de los privilegiados de contar con un aparato de radio, hasta alcanzar cerca de35 emisoras en los años cincuenta, algunas de ellas propiedad de la familia Somoza quien descubrió una veta en este medio de comunicación para sus proyectos políticos y económicos (¿resulta familiar?).  El alcance de este medio de comunicación era limitado, en primer lugar por el costo de los aparatos de radio que en ese entonces se ubicaba arriba de los 40 dólares y en segundo lugar, por el acceso a los servicios de energía eléctrica, pues en ese entonces menos del 12% de la población lo tenía.

A partir de los años sesenta, un invento vino a transformar drásticamente la cobertura de la radiodifusión en Nicaragua: el radio de transistores.  Inicialmente los receptores de radio funcionaban mediante válvulas termoiónicas al vacío basadas en el principio de que los metales en caliente liberan electrones y que permite recoger ondas electromagnéticas y transformarlas en sonido. Algunos recordarán que en aquellos tiempos los aparatos de radio tenían que pasar un período de calentamiento antes de poder funcionar.  Eran tan ineficientes en el consumo de energía eléctrica que no admitían el funcionamiento mediante baterías, por lo que debía existir una conexión a la energía eléctrica.    A finales de los años cuarenta se inventó en los laboratorios Bell en los Estados Unidos, el transistor, que no es otra cosa que un semi conductor con propiedades para amplificar, oscilar, conmutar o rectificar.   Su nombre viene de resistencia de transferencia y vino a revolucionar completamente el mundo de la electrónica.

En 1954 la empresa japonesa Tokyo Tsuchin Kogyo Ltd, conocida posteriormente como Sony, compró la patente del transistor a los laboratorios Bell y en 1956 produjo el primer radio de transistores portátil de baterías, el TR-55 el cual fue manejado a nivel interno en el Japón.  El modelo que comenzó a venderse a nivel mundial fue el TR-63, aunque el que se comercializó con mayor éxito en esa época fue el modelo TR-610, del cual se vendieron cerca de medio millón de unidades.  Posteriormente, se comercializó la licencia de estos radios portátiles de transistores y otras fábricas empezaron a producirlos en serie, entre ellos japonesas como la National Panasonic, Sanyo y Toshiba y luego todas las grandes empresas internacionales tuvieron que ofrecer la nueva tecnología en sus aparatos eléctricos.

En Nicaragua los primeros radios a transistores comenzaron a comercializarse casi al filo de la década de los sesenta.  Los Sucesores de Rafael Cabrera obtuvieron la distribución exclusiva de la marca Sony, la Casa Sengelman inició la distribución de las marcas Hitachi y Sanyo, mientras que la Casa Mántica obtuvo la representación de la marca National Panasonic.  Al inicio parecía que se trataba de una pelea entre tigre y burro amarrado, pues las marcas de prestigio como la Philips, Philco, Zenith, Punto Azul, Westinghouse, etc. estaban colocadas por muchos años y con un gran arraigo en el mercado nacional, mientras que los productos japoneses tenían poco tiempo de haber aparecido en escena, mediante bienes de baja calidad.  Tal vez muchos recuerden unos espejitos con base metálica que tenían una figura de una geisha al reverso y abajo una pequeña leyenda que con orgullo decía: “Made in Japan”.   De la misma forma los juguetes japoneses inundaron los mercados, entre ellos los carritos de fricción a precios ínfimos y que tenían pintados en los cuatros costados unos monigotes de frente y de perfil, conforme su posición e invariablemente en algún rincón tenían la leyenda de Made in Japan.   Duraban funcionando una semana y luego quedaban para desarmarlos y posteriormente tirarlos a la basura.   De la misma forma cuando aparecieron los automóviles Toyota y Nissan, se decía que al rasparle la pintura aparecía la lata del bote de Avena Quaker.

Lo que nadie anticipaba era que los radios portátiles tenían la enorme ventaja que funcionaban con baterías y con un consumo de energía más eficiente y lo mejor de todo que su precio era sustancialmente menor que los otros.   Mientras un radio Philips de tubos, costaba cerca de 40 dólares, un radio de transistores japonés tenía un precio que oscilaba entre los 10 y los 15 dólares.    De esta manera, con un plan de crédito podía conseguirse con cuotas semanales menores a un dólar, por lo que las ventas de los radios japoneses se fueron hacia arriba.

Mediante una fuerte publicidad los radios National Panasonic tomaron la delantera en la absorción del mercado de radios de transistores.  Fue famosa aquella campaña que tenía como slogan:  “El chavalito es National y el chavalo un radio National” que se repetía incesantemente sobretodo en los partidos de beisbol, en donde uno de los locutores decía “El chavalito es National” preguntando a su colega “¿Y el chavalo?”, “un radio National” contestaba solícito el otro, aunque a veces el Bachiller Lombillo estaba descuidado y se equivocaba de comercial, respondiendo: ”De vainilla, bien helada”.

Fue el sector rural de Nicaragua quien le dio el tremendo empuje a la venta de radios de transistores, pues sin energía eléctrica no tenían alternativas para poder disfrutar de la radiodifusión y de esta manera, se inició la fiebre de instalación de antenas de parte de las emisoras de radio, especialmente en El Crucero, para incrementar su cobertura y nuevas empresas se instalaron para atender la nueva demanda.  Cabe resaltar la fundación de Radio Corporación que con una programación primordialmente orientada al sector campesino logró colocarse en los primeros lugares de audiencia en el sector rural.   Se empezó a escuchar programas que además de las complacencias trasmitían mensajes para los familiares en las regiones más apartadas, al estilo de: “Se le avisa a la familia de fulano de tal que llegará a Cara de Mono el domingo por la tarde, que tengan listas las bestias”.  De la misma forma, la publicidad dio un giro enorme al llevar la nueva cobertura los anuncios de los productos de consumo masivo a las regiones más apartadas.

Fue interesante observar que el gobierno de los Somoza, ante las enormes expectativas de crecimiento de la industria de la radiodifusión elaboró y puso en funcionamiento un Código de Radio y Televisión para prepararse a cualquier intento de utilizar las ondas hertzianas para difundir mensajes subversivos.  Era tan represivo el citado código que se le llegó a conocer como el Código Negro.

Con el tiempo todos los aparatos eléctricos como radios, grabadoras y televisores empezaron a funcionar con transistores, incluso las marcas tradicionales como Philps, Philco y demás.  De la misma manera, tuvieron que bajar sus precios para competir con los japoneses, aunque con el tiempo y el prestigio que llegaron a adquirir, en especial la marca Sony, sus precios fueron subiendo poco a poco.

En la actualidad, entre los medios de difusión, el radio se mantiene como el líder en la cobertura a nivel nacional, pues no existe prácticamente ningún lugar en el territorio nicaragüense en donde no exista una señal de radio y de esta manera la población está enterada de lo que pasa en su país y en el mundo.  Todo lo anterior se debe a ese maravilloso invento que es el transistor que permitió la fabricación de aparatos de radio que estuvieron al alcance de la mayoría de la población.

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El último romántico

 

Era el año de 1970, tal vez por marzo o abril, cuando un canal de televisión, no recuerdo bien si el canal 6 o su competencia el canal 2, anunció que trasmitiría el Festival de San Remo 1970, mismo que se había efectuado a finales de febrero de ese año.  En nuestra casa nos entusiasmamos porque era la primera vez que trasmitirían ese festival, aunque un poco desfasado, pero algo era algo, pues en años anteriores sólo tuvimos acceso a algunos fragmentos que habían sido trasmitidos por radio.  Ya el Festival tenía cierta fama en el país, desde que Roberto Carlos ganara en 1968 el primer lugar junto con Sergio Endrigo con Canzone per te, aunque la canción de ese festival que tuvo éxito a nivel mundial fue Cuando me enamoro, habiéndonos llegado a Nicaragua a través de la versión en español de Angélica María.  Otras grandes canciones ganadoras de festivales anteriores habían llegado al país, pero no teníamos idea que provinieran de ese evento, como La hiedra, Azul pintado de azul, No tengo edad, entre otras.

El día de la transmisión del festival, todavía en blanco y negro, nos deleitamos con las más de dos horas del programa en donde tuvimos la oportunidad de ver la final de tan célebre evento.  Observamos que el primer lugar lo ganó la canción Chi no lavora non fa l´amore, interpretada por Adriano Celentano y Claudia Mori.  Es importante aclarar que el Festival de San Remo, que lleva por nombre oficial Festival de la Canción Italiana, premia a las mejores canciones de ese país, no tanto al intérprete, pues participaban dos artistas que cantaban su propia versión del mismo tema.  La canción de Celentano se nos hizo demasiado extraña para lo que conocíamos de la canción italiana, en cambio el tema que cautivó a toda la audiencia nacional fue la canción ganadora del segundo lugar y en especial la versión de uno de los dos intérpretes que era un joven que tenía una poderosa y viril voz y que a la vez le imprimía un singular toque romántico al tema. La canción era La prima cosa bella, de una extremada sencillez, pero de un romanticismo escandaloso.  Los otros intérpretes del tema fueron Ricchi e poveri, un grupo que se caracterizaba en sus inicios por vestir dos de ellos con suma elegancia y los otros dos casi en harapos. A pesar del buen ensamble de sus voces, no llegaban a superar la interpretación de Nicola Di Bari, que además era el autor de la música.  El joven cantante había llegado al festival por pura casualidad pues el tema estaba destinado a ser cantado por Gianni Morandi, aquel intérprete de No soy digno de tí, sin embargo éste se echó para atrás a última hora, por lo que Nicola tuvo que entrar al quite y reemplazarlo en la interpretación.

La discográfica del festival, la RCA, encontró en la interpretación de Di Bari una enorme veta para su mercado hispanoamericano, de tal manera que trabajó de urgencia una traducción al español de La prima cosa bella y con ciertos atropellos en la misma, la lanzó en un sencillo que antes de que finalizara el año ocupaba los primeros lugares de venta en la región y alcanzaba la cima de los hit parade.  En Nicaragua, la canción se apoderó inmediatamente del gusto popular y se escuchaba mañana, tarde y noche.  Las clásicas serenatas con música de tríos, fueron transformadas al incluir La primera cosa bella como primera selección.  En ese tiempo, mis hermanos comenzaban a descobijar los secretos de la guitarra y esa canción, por su sencillez, se prestaba para sus primeros pasos, así que no era remoto observar que en el Callejón de Alí Babá en Managua, flotaba de manera perenne la canción de Nicola Di Bari, con especial énfasis en aquella parte que decía: “no se tocar siquiera, esta es la vez primera”.

En el festival de San Remo 1971, Nicola Di Bari logró llevar al primer lugar, junto a la afamada cantante Nada, al tema El corazón es un gitano.  El segundo lugar lo ocupó Qué será, interpretada por José Feliciano y Ricchi e Poveri y el tercer lugar 4/3/43 a cargo de Lucio Dalla y Equipe 84.  Celentano en esa ocasión tuvo que conformarse con quedar entre los finalistas.  Esa vez la disquera tuvo una visión más ambiciosa, seleccionó las canciones más susceptibles de ser traducidas al español y produjo un álbum entero dirigido al mercado hispanoamericano, a la par del sencillo de El corazón es un gitano a cargo de Nicola Di Bari.  El éxito fue arrollador, en especial el sencillo de la canción ganadora que rápidamente se colocó en los primeros lugares de venta y en las radiodifusoras también arrasó en los hit parade.  En nuestra casa llegó el álbum con los mejores éxitos de San Remo 1971, más bien los temas que RCA pudo traducir, a su manera, en donde disfrutamos repetidamente y cuando digo repetidamente era al estilo de canción nueva en la roconola del Salón Rosado, pues creo que al final resultó rayado de tanto ejecutarse.  Además de El corazón es un gitano, estaba la versión de José Feliciano de Qué Será, 4/3/1943 o Un hombre llamado Jesús, a cargo de Lucio Dalla,  Cómo estás, en la voz del legendario Domenico Modugno, Como es dulce la tarde, a cargo de Donatello, Blancos cristales serenos, a cargo de Claudio Baglioni, Historia de hoy, con Al Bano, Rosas en la oscuridad a cargo de Ada Mori, Ninna nanna con el conjunto Capitolo VI con la fabulosa voz de Riccardo Bartolotti, El último romántico con Peppino di Capri, Una historia en la voz de Sergio Endrigo, Una sonrisa el paraíso con Sergio Menegale, La bofetada a cargo del conjunto Gens, aunque no fue finalista.  Como ipegüe, el álbum traía una interpretación instrumental de José Feliciano luciendo su guitarra.

Cuando llegó 1972, Nicola Di Bari era todo un ídolo para la audiencia nicaragüense, aunque debido a las limitaciones en las comunicaciones de esa época, muy poco se sabía acerca de él, más allá de su nombre, alguna que otra foto y los éxitos de los últimos dos años.  Casi nadie sabía que su verdadero nombre era Michele Scommegna y que era originario de una pequeña comunidad del sur de Italia llamada Zapponeta.  Llevaba varios años apostándole al canto y a pesar de que no había tenido el éxito deseado, su tremenda voz y su tenacidad lo mantuvieron siempre en la lid, participando incluso un par de veces sin mucho suceso, en el Festival de San Remo .  Entre los temas que lanzó, sin obtener el reconocimiento que merecía, destaca una versión en italiano de la canción que Charles Chaplin utilizó en su película Candilejas, con el título de Eternamente, en donde con su particular voz hace resaltar esta impresionante canción.

No fue pues ninguna sorpresa que Nicola Di Bari ganara el primer lugar del Festival de San Remo 1972 con la canción Los días del arcoíris.  En esa ocasión sólo se presentó un intérprete por canción.  El segundo lugar lo ocupó la canción Como violetas en la voz de Pepinno Gagliardi y el tercer lugar El rey de oros a cargo de Nada.  Es interesante el hecho de que en ese festival Roberto Carlos participó con el tema, Un gatto nel blu que no llegó a la final, pero que su versión es español, Un gato en la oscuridad, logró colocarse en los primeros lugares del gusto lationoamericano.  De igual manera, la RCA preparó de manera urgente, la producción de éxitos del festival en español, con los temas traducibles.  En nuestra casa nos turnábamos para buscar constantemente en las discotecas de Managua el Long Play, hasta que un día apareció y lo adquirimos de inmediato.  Lo particular de este álbum es que Nicola Di Bari, además de cantar Los días del arcoíris, también interpretó en español la canción Como violetas.  Huelga decir que ambos temas se colocaron en tiempo record en los primeros lugares de audiencia en Nicaragua. Al igual que el álbum anterior, disfrutamos al máximo el del festival de 1972, con las grandes canciones que traía, en especial, además de los tres primeros lugares mencionados, Piazza grande, en la voz de su autor Lucio Dalla, así como No quiero enamorarme más a cargo de Gianni Nazzaro, Amigos jamás con Rita Pavone y Gira el amor con Gigliola Cinquetti.

Ese mismo año, Nicola participó en el festival de Eurovisión con la misma canción Los días del arcoíris, sin embargo como decía la Pedrona: No tuvo éxito, pues apenas alcanzó el sexto lugar. No obstante, en ese mismo año, antes de San Remo había participado en el Festival Canzonissima ganando el primer lugar con el recordado tema: Chitarra suona piu piano.

Con una visión bastante clara de sus posibilidades en el mediano plazo, Nicola Di Bari y su disquera pusieron una mayor atención en el mercado hispanoamericano, preparando una serie de temas en español de todo el repertorio del cantante y encontrando una extraordinaria acogida, especialmente en América del Sur.  Este menester le aleja del Festival se San Remo por lo que no participa en 1973.  Regresa al Festival en 1974 con la canción Il matto del villagio, con la que tiene que conformarse con llegar a la final.

Por esa época Nicola decide cambiar de sello discográfico dejando la RCA y embarcándose en el sello Carosello cuyo catálogo sería adquirido por la WEA Italia.  Coincide lo anterior con un sensible declive de popularidad de Nicola en el gusto italiano, no obstante, el público latinoamericano todavía lo tiene entre sus más grandes ídolos, lo cual aprovecha el cantante para fortalecer dicho gusto, con giras de conciertos por las principales plazas.

En su discografía en español incluye temas que habían sido lanzados por otros artistas, pero que nunca habían estado disponibles para el público hispanoparlante, como es el caso de Un gran amor y nada más, Como violetas, Zíngara y especialmente El último romántico, que llegó a convertirse en el nombre con que se le conoce en muchos lugares de América Latina.  En su discografía también resaltan canciones inolvidables como Agnese, Trotamundos, Guitarra suena más bajo, Rosa, El corazón es un gitano, Los días del arcoíris, Sé que bebo sé que fumo, El amor te hace linda, Prueba a llamarme amor, De noche sale el sol, Qué difícil es, Por ejemplo, Yo te amo solo a tì, La paloma de papel, Lisa de ojos azules, Mi pueblo, Ojos claros, Lejos lejos, He sabido que te amaba, Cuerpo sin alma. También es importante resaltar que Di Bari supo seleccionar algunos temas latinoamericanos para incorporarlos a su repertorio, habiendo logrado magníficas versiones de La historia de un amor, del panameño Carlos Eleta Almarán, así como Mi viejo y Pedro Nadie de Piero.

Después de un efímero éxito en Italia en 1976 con la canción La più bella del mondo, en la cual Di Bari incursiona en la música disco, llega a opacarse dentro del ambiente musical italiano, dando paso a una nueva generación de cantantes con sus propuestas dentro de lo que se conoce como la música ligera italiana, entre ellos Umberto Tozzi, Patty Pravo, Toto Cotugno, Zucchero, Anna Oxa,  Loretta Goggi, Ricardo Cocciante, entre otros.  No obstante el público latinoamericano, siempre fiel, sigue entusiasmado con las presentaciones del Ultimo Romántico.

Actualmente Nicola Di Bari cuenta con 71 años y continua apareciendo en conciertos, principalmente en América del Sur y sigue trabajando en proyectos discográficos, aunque ya su voz no es la misma de su juventud, todavía le imprime un gran romanticismo a sus canciones, no obstante como dice Roberto Carlos: “No se arriesga en marcha suelta”.

Lo que es irrefutable es que Nicola Di Bari es un icono de la música romántica de fines del siglo pasado.  Muy pocos ciudadanos de entre 50 y 70 años pueden negar que la música de este cantante tiene un significado especial en sus vidas y cada vez que escuchen uno de sus temas, invariablemente viajarán a una época de oro.  Lo único que yo criticaría de su música es la calidad en las traducciones al español de muchas de sus canciones. Después de escuchar las versiones originales en italiano y captar la pletórica poesía que hay en muchas de ellas, no deja de asomarse cierta desilusión al observar la letra en español.  No obstante, nadie podría resistirse en una noche de insomnio a probar una copa de vino y escuchar al Ultimo Romántico, Nicola Di Bari, interpretar Guitarra suena más bajo.

 

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Pon-pon, se acabó el jabón


Que se me acabe la vida,
frente a una copa de vino.
José Alfredo Jiménez

 

El pasado fin de año, después de haber vivido, tal vez el peor tiempo de mi vida; un año funesto; annus horribilis como diría la Reina Isabel de Inglaterra, tenía yo la expectativa de que el 2011 no podría ser peor y eso sería ganancia.  Necesitaba  que la vida me concediera una tregua, como señalaba Benedetti, así pues inicié el año con cierto optimismo respecto a lo que este podría ser.

No había finalizado de digerir ese estado de mente, cuando este pasado 2 de enero, regresando del aeropuerto de Managua, escuchando en el autoestéreo Hoy puede ser un gran día, cuando en el semáforo de La Subasta, exactamente donde está la 6ª. Delegación de Policía, observé un rótulo gigantesco, de esos que sólo las grandes empresas comerciales y los políticos pueden pagar.  Me puso los pelos de punta, pues dice literalmente:  El Día del Juicio Final: 21 de mayo de 2011.  Arriba de este terrorífico anuncio, está una cita bíblica: “tocaré trompeta…avisaré al pueblo”  Ezequiel 33:3.   Luego, abajo en letra más pequeña: folletos gratuitos: Family Radio, Oakland, CA 94621, USA.  A la derecha en letras más grandes, una URL:  FamilyRadio.com.

Ante un anuncio de esa naturaleza cabe toda suerte de exclamaciones.  Como se diría en castizo nicaragüense: ¿Ideay?, o tal vez como expresaría un banquero: Cómo que se murió, si me debía, o quizá como diría una de las viejas de mi pueblo: Dios nos coja confesados.  Un cinéfilo podrá cuestionarse sobre qué pasará con la segunda parte de la película de Harry Potter,  una muchacha pensará en el destino de la fiesta de sus quince años.  El Gordo Rivas, al igual que muchos dirá:  ¿Y las elecciones, papá?  A mí, la verdad, se me hizo un nudo en la garganta y al recuperar el resuello, sólo pude exclamar, de acuerdo a las circunstancias: ¡Chanfle!

En el trayecto de regreso a mi casa estuve visualizando una estrategia para enfrentar tan inexorable fin.  Estaba la posibilidad de fiar un crucero por Alaska, un viaje por España, abandonar cualquier tipo de restricción en cuanto a la comida y a la bebida, en fin, despreocuparme por todo lo que podría ocurrir después de la fatídica fecha.

De regreso en mi casa, todavía con el fondillo a dos manos, lo primero que hice fue buscar en internet aquel profético sitio: FamilyRadio.com, quien muy inteligentemente, al detectar que la búsqueda procedía de Nicaragua, automáticamente me redirigió hacia otro sitio en español.   De no haber estado familiarizado con el funcionamiento de estos sitios, hubiera creído que era algo sobrenatural.  El sitio está manejado por la organización Family Radio que es una franquicia de radiodifusión en los Estados Unidos que tiene su base en Oakland, California y repetidoras en todos los Estados Unidos.  Fue fundada en 1958 por Harold Camping y a pesar de sus integrantes originales procedían de diferentes religiones: bautistas, presbiterianos conservadores, cristianos reformistas, entre otros, la estación se declara como independiente de cualquier denominación religiosa.  La emisora funciona gracias a donaciones de los radioescuchas y se estima que tiene activos del orden de los 150 millones de dólares.

El sitio está dedicado exclusivamente al Día del Juicio y tiene tres enlaces para archivos de audio con los nombres: Día del Juicio, Nadie sabe el día o la hora? y Otra prueba infalible.  Estos mismos archivos están escritos en formato pdf.  Escuché un poco del archivo de audio, pero la voz se me pareció a aquellas que emanaban de las “baratas” que anunciaban toda suerte de productos y servicios en la vieja Managua, así que opté por leer los archivos pdf.

Los tres archivos contienen a lo sumo seis páginas en las cuales las gentes de Family Radio realizan un análisis de la Biblia y mediante una serie de malabarismos llegan a la conclusión, según ellos irrefutable, que el 21 de mayo de 2011 el Señor destruirá el mundo.   La base para ese cálculo es en primer lugar una cita bíblica respecto al diluvio universal cuando Jehová le anticipó a Noé que en siete días terminaría con el mundo.  Luego, estos exegetas se van hasta una cita de la segunda carta de Pedro en donde reflexiona que para el Señor un día es como mil años y mil años como un día.  De esta forma, extrapolan la reflexión de Pedro a los siete días del diluvio y concluyen que a la misma vez que Jehová predijo lo del diluvio, estaba anticipando que siete mil años después, ni un día más, ni un día menos, volvería a destruir al mundo.   Luego se sacan de la manga una fecha para los siete días previos al diluvio y llegan con una precisión sorprendente, casi al nivel de El Firuliche, que esto ocurrió el 21 de mayo del año 4,990 antes de Cristo, a eso de los ocho y cuarenta y cinco de la mañana.  Aquí no queda de otra que exclamar:  Recórcholis.

Luego para reforzar su conclusión, los sabios de la Family Radio agregan que hace 35 años, Jehová empezó a abrir el entendimiento de los verdaderos creyentes respecto a la cronología de la historia.   No obstante lo anterior, fue hasta hace unos pocos años, no precisan cuando, que Jehová empezó a revelar a unos pocos creyentes, el conocimiento exacto de toda la cronología de la historia y son estos quienes han llegado a determinar con extraordinaria exactitud la fecha del fin del mundo.  Habría que aclarar también que en esta fecha coinciden, El Rapto, la destrucción del mundo y el Juicio Final.  Nadie proporciona explicación alguna de lo que significa El Rapto, si se trata de una abducción o bien una derivación del tiempo, en donde un rapto puede ser toda la nopche.

Luego entra en acción el libro de Daniel, me imagino que hablan del Profeta, que ha estado sellado con siete sellos (número cabalístico)  pero que ya se abrieron, pues según el Apocalipsis cuando se abrió el séptimo sello se hizo un silencio en el cielo.  Ahora bien, estos sabios hacen ver que el silencio en el cielo se dio a partir del 21 de mayo de 1988 (Atiza) porque el gozo en el cielo tiene lugar cuando los pecadores se arrepienten.  Ese mismo día, comienza el período de 23 años que se conoce como la Gran Tribulación, durante el cual Satanás está siendo usado por Dios para que gobierne de manera oficial en todas las iglesias y durante los primeros 2,300 días, el Espíritu Santo ha sido retirado de todas las iglesias.  Luego estos exégetas saltan a Tesalonicenses en donde dice que el Señor vendrá como ladrón por la noche, pero los que no saben la cronología viven en la noche espiritual, entonces cuando venga Cristo, serán destruidos en el Día de Juicio: Que horrible, como diría el Longe, no así los que saben con precisión el día en que acabará el mundo.

En el tercer documento, los sabios de Family Radio se dedican a jugar con los números, realizando toda suerte de cálculos al revés y al derecho, sin embargo, para no meterse en honduras, se limitan a cálculos simples de sumas, restas, multiplicaciones y divisiones, pues con una ecuación hipocicloide se los hubiera llevado Candanga.   De la misma forma, le asignan significado a cada número, al igual que hacía la Charada Cubana y que utilizaba graciosamente Trespatines.

Después de leer los documentos de Family Radio respiré tranquilo con la plena conciencia de que se trata de una tomadura de pelo.  Algunos crédulos de lo que dice esta radioemisora e incrédulos de lo que yo digo, se preguntarán: – ¿Y en qué se basa este mono para afirmar tal cosa?

Tal vez aquí quepa la frase, para algunos apócrifa, de Sherlock Holmes: Elemental querido Watson.  En primer lugar, debemos considerar que si para científicos de la cosmología física como Friedman o Lemaitre, les llevó décadas de investigación y miles de documentos para exponer a grandes rasgos la teoría del Big Bang, a los iluminados de Family Radio les basta con seis cuartillas para precisar de manera exacta, el día en que finalizará este mundo. Ni que decir de los complejos cálculos matemáticos y físicos que tuvieron que realizar aquellos científicos, comparados con las vaciladas matemáticas que realizan los seguidores de Camping, simplicidad que nos recuerda aquellos versos que se introdujeron en La Bamba:  Para subir al cielo se necesita, una escalera grande y otra chiquita.

Por otra parte, es sumamente contradictorio suponer que Jehová, al momento de anunciarle a Noé que en siete días destruiría el mundo, supuestamente para darle una nueva oportunidad a la humanidad para que corrigiera su imperfección, estuviera pensando al mismo tiempo que dentro de siete mil años exactamente, volvería a destruir al mundo porque no aprovecharía esa segunda oportunidad, además del sacrificio de su hijo unigénito al que mandó a la cruz para borrar los pecados de la humanidad.

Otro de los puntos fundamentales del cálculo de estos iluminados es una frase de Pedro en su segunda carta que dice literalmente:  “Pero, amados, una cosa no paséis por alto: que delante del Señor un Día es como mil años y mil años como un Día”.  Si se observa bien el contexto de la frase, puede colegirse que Pedro está hablando a nivel de plática de preso, es decir, una apreciación muy general, como cuando se dice:  “Es como quitarle un pelo a un gato”.  Sería absurdo realizar un cálculo determinado, partiendo del número promedio de pelos que pueda tener un gato.

Así mismo, no existe la menor lógica al considerar que en medio de su sabiduría, Jehová ha seleccionado a cuatro pelafustanes para que esclarezcan la fecha del fin del universo, si existen en el mundo gentes de mayor mérito para realizarlo, con base en su santidad y trayectoria, como el Dalai Lama, el propio Papa o bien un Rabino para considerar a su pueblo escogido.  O tal vez, en un afán de transparencia y claridad, encadenar a todas las emisoras y estaciones de televisión del mundo, para dirigirse a su pueblo y anunciarle lo que viene.

Así pues amables lectores, como dijo William Shakespeare:  “Fear no more”, “No temáis”, que el mundo no será destruido por Jehová el próximo 21 de mayo y lo más probable es que estos amigos de Family Radio, aparecerán en junio próximo con aquella frase tan de las ruletas: “ Va jugando”.

Lo que si debe de ponernos con los pelos de punta es la creciente carrera armamentista a nivel nuclear de parte de algunos países que son gobernados por verdaderos orates y que a causa de un estornudo pueden llevarnos a un holocausto.

Disfrutemos pues de nuestra vida, recuperemos el optimismo y aunque tengamos la plena conciencia de que este año viviremos como dice mi amigo Pío Martínez, “peligrosamente” y si escuchamos una trompeta, que sea la del Maestro Víctor “Vitín” Paz.

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A Barrabás

Barrabas

1973 fue un año vertiginoso para todos los habitantes de Managua y en general para todos los nicaragüenses.  Inició tan sólo ocho días después del terremoto que destruyó a la ciudad capital, momento en que la población no se reponía del shock que representó aquel dantesco acontecimiento.  Conforme avanzaba el año, los capitalinos fueron convenciéndose que lo único que quedaba por hacer era trabajar duro para reconstruir su ciudad y sus vidas, así como resignarse a que ya nada sería igual.

El gobierno había dado un vuelco, pues el triunvirato que estaba en el poder gracias al pacto Kupia-kumi entre Fernando Agüero y Anastasio Somoza, fue superado por el Comité de Emergencia, que asumió todas las funciones del Ejecutivo, con Somoza Debayle a la cabeza.  Este Comité declaró a 1973: Año de la Esperanza y la Reconstrucción.  Generalmente los eslóganes y consignas emanados de cualquier gobierno suenan siempre huecos, sin embargo, en este caso, no había pierde, eran los dos elementos indispensables que marcarían la vida de los nicaragüenses, ese año en particular.

Las radioemisoras en un inicio se habían dedicado a prestar servicios sociales, anunciando la nueva ubicación de personas, empresas, mensajes para unos y otros, así como pasar una y otra vez el poema “Réquiem para una ciudad muerta” de Pedro Rafael Gutiérrez en la voz de Fabio Gadea Mantilla.  No obstante, llegó el tiempo en que las ondas hertzianas se vieron en la obligación de llevar música a los managuas, para que estos salieran de la tremenda depresión en que se hallaban.  Así comenzó a sonar toda la música que por unos meses se había quedado rezagada.

Entre esa música hay una que los capitalinos recuerdan de manera especial porque marcó el ritmo de su nueva vida, muchos de ellos reubicados en las ciudades circunvecinas, que los obligaba a madrugar y transportarse hacia Managua para continuar con sus actividades cotidianas y regresar cansados luego a esas ciudades dormitorio.  Esa música es la del grupo español Barrabás.

Los últimos años, los nicaragüenses habían aceptado con mucho entusiasmo la música de Carlos Santana y aquel nuevo estilo, mezcla de rock y ritmos latinos, con mucho orgullo además, al integrar el grupo nuestro compatriota leonés, Chepito Areas que manejaba magistralmente las percusiones.  No obstante, a finales de 1972, Santana dio un golpe de timón a su carrera y con la influencia de un gurú, comenzó un cambio radical en su vida, realizando una reestructuración de su grupo y plasmando en su música una mayor profundidad, que lo obligó a llevar su ritmo original hacia el jazz.  De esta forma, su nuevo álbum Caravanserai, no tuvo en el público nicaragüense el impacto de Abraxas o Tabú.  En su lugar, la música de un nuevo grupo, con un nombre demasiado sugestivo, empezó a acaparar la atención de los radioescuchas pinoleros.  Nadie sabía de dónde habían llegado.  Interpretaban sus temas en inglés, con una pronunciación que no delataba su origen, como ocurre cuando Julio Iglesias se atreve a hacerlo.  El estilo era una extraña fusión de rock y ritmos latinos al igual que Santana, sin embargo, había cierta dosis de funky que a veces quería resaltar.   El primer sencillo de Barrabás que pegó duro fue Wild Safari, en donde el grupo se muestra compacto, sin el afán de resaltar solistas y en donde las voces que emergían de sorpresa, como fiera en la jungla, entusiasmaron a la juventud de aquella época.  Casi simultáneamente apareció el sencillo Woman, que también impactó en el gusto nicaragüense por su ritmo pegajoso y la sencilla pero sugestiva letra.  Para los románticos, Barrabás llevó un tercer sencillo que también se colocó en los primeros lugares; era una balada rítmica llamada Cheer Up, en donde una flauta hace de las suyas como marco para un ensamble de voces que a veces nos recordaban a The Sandpipers.

Muy poco tiempo después, Barrabás volvió a sorprender a la audiencia nicaragüense con los temas de su segundo álbum llamado Barrabás Power, en especial Childern, que logró arrollar en todas las listas de popularidad.

Para ese tiempo, surgió un grupo que logró darle la batalla a Barrabás.  Se trataba de un grupo que integró Arcelio García con Jorge Santana el hermano menor de Carlos, con la participación de otro compatriota nuestro, el bajista originario de Granada, Pablo Téllez, el gran trompetista Luis Gasca y tres elementos más.  Este grupo fue Malo.  Su estilo era muy diferente al de Santana y de acuerdo a los estudiosos del tema, el mismo se orientaba un poco al soul.  Sin duda alguna su tema Suavecito fue uno de los favoritos de los nicaragüenses que no se cansaban de pedirlo a las radioemisoras.  Había otro tema llamado Pana, también con algún suceso, sin embargo, como decía don Santos, “nunca como Suavecito”.  El problema con Malo es que el entusiasmo de su primer álbum se disolvió, así como la fama del grupo.

Al poco tiempo, Barrabás volvió al ataque y regresó con el álbum “Soltad a Barrabás” en donde aparecía un tema que también conmocionó a los jóvenes de aquel tiempo: Hi-Jack.  Este nombre tenía un gran impacto pues estaban de moda los secuestros de aeronaves.

De esta forma, se logra una marcada preferencia hacia Barrabás en la música juvenil post terremoto.  El grupo se disolvió en 1977 y muy pocos en Nicaragua se dieron cuenta, pues a pesar de que sus temas se mantuvieron en los primeros lugares de audición en el país, casi nadie llegó a conocer las interioridades del grupo.  Salvo los muy ilustrados en el tema sabían que Barrabás surgió prácticamente del famoso grupo español Los Brincos, en donde uno de sus integrantes Fernando Arbex, fue quien desarrolló el proyecto de Barrabás, acompañado por Ricky y Miguel Morales, ambos hermanos de Junior, el ahora viudo de Rocío Dúrcal, que junto con Juan Pardo y Miguel González también integraron Los Brincos.  Todos recordarán aquellos éxitos de aquel grupo: Mejor, Sola, Tú me dijiste adiós.  Muchos ignoran que Fernando Arbex falleció en 2003 a la edad de 62 años y que dejó una larga carrera musical, más allá de Los Brincos y Barrabás, pues produjo a artistas de la talla de Nana Moskouri,  Harry Belafonte,  José Feliciano, Rita Pavone y Camilo Sesto, además participó en las bandas sonoras de varias películas españolas como Más bonita que ninguna, de Rocío Dúrcal.

En las últimas semanas, Radio Joya de Nicaragua dedicó un programa especial en homenaje a Barrabás y es muy difícil que alguien mayor de cincuenta años y que estuviera en Nicaragua para la época post terremoto no se haya emocionado cuando escuchó  aquella voz aguardentosa clamando:  “Every time I see that woman, every time I see that girl, secret feelings come inside me, something´s burning in my head”, mientras el resto del grupo pone el ritmo tan especial, aquel que nos hacía marcar el paso hacia la esperanza y la reconstrucción.

Doy gracias a mi hermano Eduardo por un favor recibido, digo por la asesoría en este Post.

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Yo soy aquel

Raphael Yo soy aquel

Viene a tu encuentro,
desde el olvido,
reclamando una deuda
que nunca acabas de pagar,
arrastrando lo que fue
y lo que pudo haber sido,
y se pone a revolver
en el poso del ayer.

Serrat

El excepcional cantante español, Raphael, el Divo de Linares como lo llaman algunos, ha iniciado este 2009 una gira que ha llamado Tour: 50 años después, en celebración de sus cincuenta años de carrera artística.  Algo sin muchos precedentes, pues hay que considerar que el artista cuenta a la fecha con apenas 64 años.  La gira comprende una extensa lista de países de América Latina y Europa, entre los que no se encuentra Nicaragua.

En las presentaciones de esta gira, después de una proyección, con lujo de tecnología, de los aspectos relevantes de estos cincuenta años de su carrera artística, el Divo de Linares entra al escenario con un traje negro e interpreta a capella el poema Cantares de Antonio Machado, que arreglara y musicalizara de manera formidable Joan Manuel Serrat.  Luego, inicia el concierto, en donde por espacio de tres horas el cantante interpreta los mejores éxitos de toda su trayectoria musical.  Desde sus primeros temas: Cuando tú no estas, Desde aquel día, Mi gran noche, Digan lo que digan, No vuelvas, hasta sus éxitos finales Provocación, Escándalo, En carne viva, Toco madera. Incluye además algunos temas propios del país en donde actúa, por ejemplo en México incluyó Volver, volver de José Alfredo Jiménez y en Chile Gracias a la Vida de Violeta Parra.  Lo que evita el Ruiseñor, como también se le conoce, es interpretar Yo soy aquel, lo cual no se nota pues tres horas de concierto se hacen pocas para abarcar la discografía total del cantante.

El público no se imagina que esa canción le llega profundamente al Divo, pues está asociada a un episodio que por más que trata de olvidar, siempre se empeña en volver a su memoria. Lo interesante es que dicho recuerdo tiene que ver precisamente con Nicaragua.

Era el mes de noviembre de 1968 y como parte de una gira de Raphael por América Latina para promover su internacionalización, a partir del éxito obtenido a través de la película Yo soy aquel, se programaron una serie de conciertos en diferentes partes de Nicaragua.  Se encargaron de los arreglos contractuales los empresarios locales, el Sr. Manuel Jirón, conocido emprendedor de la radiodifusión y el Sr. Richard Moore, actor radial que por mucho tiempo formó parte de cuadro de Radio Mundial y que tenía buenos conectes con el mundo del espectáculo y con buen éxito había traído un año antes a Rocío Dúrcal.

Es importante aclarar que a pesar de que en Nicaragua Raphael empezaba a ser conocido, tanto por los éxitos que ya empezaban a sonar en las radiodifusoras, como por la película Yo soy aquel, que por cierto fue de las primeras en ser presentadas en el recién inaugurado Cine México, sin embargo, el cantante no tenía el arrastre de otros artistas, como en su momento tuvieron al visitarnos Pérez Prado, Agustín Lara o la Sonora Matancera, que causaron gran entusiasmo en miles de aficionados.  Raphael por su parte fue recibido en el Aeropuerto Las Mercedes por un pequeño grupo de jóvenes que respondió a la invitación de parte de los organizadores.  Este tibio recibimiento no fue muy del agrado de Raphael, pues en su país, El Niño, como se le llamó por mucho tiempo, tenía un gran número de admiradores desde que tenía nueve años.

Aquí es importante abrir un paréntesis para resaltar una situación que contribuyó al desaguisado que posteriormente protagonizó el cantante.  La sociedad nicaragüense en los años sesenta y todavía mucho tiempo después, era tremendamente homófoba.  No tanto por la intolerancia hacia las preferencias sexuales no ortodoxas, sino también y en mayor medida, en calificar como manifestaciones homosexuales, cualquier refinamiento o comportamiento fuera de los cánones previstos para una actitud varonil.  De esta forma, al observar en el cine el estilo de Raphael, en donde su histrionismo resaltaba en todas sus interpretaciones y hacía alarde de su voz con atrevidas figuras y exageraciones, muchas personas, sin contar con elementos de juicio, sin empacho y como dicen, al peso de la lengua, lo etiquetaron como gay.  Si nos sirve de consuelo, lo mismo ocurrió en varios países en los que por mucho tiempo se ha presionado al Divo para que defina de manera diáfana su orientación sexual, a lo que siempre él ha respondido que es completamente heterosexual.

En esa visita a nuestro país, Raphael comenzó a mostrar ciertas poses de divo, descalificando en primer lugar al Gran Hotel de Managua, que en esa época era prácticamente el único hotel de categoría en el país y exigió un lugar más discreto.  El empresario Manuel Jirón le ofreció su casa de habitación en Los Robles y ahí fue donde se alojó el cantante.

Se programó una entrevista de prensa y desde ahí empezó el detonante de lo que ocurriría después.  Por una parte, los periodistas invitados a la misma no conocían la carrera artística de Raphael y por la otra, no tenían la sagacidad para entrevistar a un cantante internacional.   El caso es que el la entrevista fue bastante desabrida y además de las preguntas de rigor, si le gustaba Nicaragua y demás; alguien le preguntó sobre un supuesto romance con Ava Gardner, sobre lo que admitió que había una amistad muy fuerte con la actriz norteamericana, a quien había conocido en Acapulco.  Luego, un reportero tomó valor y le preguntó si le gustaban las mujeres y si así era cuál era su tipo de mujer, Raphael contestó secamente: Mi madre.  A partir de entonces el cantante se mostró incómodo e hizo lo posible por terminar la entrevista y salió sin mucha ceremonia.

La presentación principal de Raphael fue en el Teatro González de Managua, el cual no se caracterizaba por tener una acústica perfecta y por otro lado, en esa época los artistas todavía no acostumbraban hacerse acompañar por un ingeniero de sonido para asegurar ese aspecto tan relevante en una presentación, así que el show inició con el pie izquierdo pues el sonido era cercano a lo fatal. El Divo apenas lograba disimular su incomodidad.  En cierto momento, en medio de grandes aplausos del auditorio que había abarrotado el teatro, el cantante comenzó a interpretar Yo soy aquel y justo cuando llegó a la línea que dice: y estoy aquí, aquí, para quererte… un individuo, con la agilidad de un felino, subió de pronto al escenario y se acercó al cantante, que se quedó patitieso.  El tipo que vestía con una indumentaria un tanto estrafalaria, tenía en la mano unas flores a punto de pasar a mustias y una muñeca, y en menos de lo que canta un gallo se las entregó al Divo y sin que éste pudiera reaccionar, le estampó un beso en la mejilla.  Luego, se dirigió al auditorio y exclamó al borde del paroxismo: ¡Ahora, ya puedo morir tranquilo! Se trataba de Pablo García, conocido en la vieja Managua con el remoquete de La Paulina, por sus obvias inclinaciones.  El relajo que se suscitó en el teatro fue tremendo, desde rechiflas, gritos y aplausos que provocaron tal ruido que sirvió para disimular la forma cómo terminó la canción.

Después de salir del shock, Raphael, haciendo de tripas chorizo, logró cantar tres temas más y dio por terminado el concierto.  Abandonó abruptamente el teatro y pidió que lo llevaran a la casa de Jirón.  A la mañana siguiente, el Divo de Linares realizó un squeeze play que hubiese hecho que el propio Rickey Henderson se quitara la gorra en señal de admiración.  Cuando se le buscó para ver el programa del día, ya el cantante se encontraba en Guatemala.  Se dice que salió con el pretexto de conocer Tipitapa y se bajó en el Aeropuerto para tomar el siguiente vuelo hacia el norte.  El problema serio es que el cantante había recibido un fuerte anticipo de cerca de cincuenta mil dólares, que en aquel tiempo era una cantidad enorme de dinero.

La noticia corrió como reguero de pólvora, sin embargo los que pegaron el grito al cielo fueron desde luego los empresarios organizadores, pues además de Jirón y Moore, parte del dinero lo habían puesto los ínclitos hijos de La Salle, pues tenían previsto una presentación en el Teatro del Instituto Pedagógico de Diriamba.  Los reverendos se quedaron atónitos y lo único que hicieron fue sacar a los alumnos en una manifestación con pancartas expresando que querían ver a Raphael “en vivo”, pues no podían balconear abiertamente a su paisano; a lo mejor si hubiese sido de otra nacionalidad hubieran pedido que lo quemaran “vivo”.

La prensa hablada y escrita del país comentó en grandes titulares la huída de Raphael, sin embargo, la crítica más agria fue de parte de La Semana Cómica, que con su humor mordaz publicó el siguiente epigrama:

El grandioso Raphael,

el monstruo de la canción

hizo aquí doble papel:

el de cantante y ladrón

Espejo de la indecencia

correspondió a nuestro abrazo

zampándonos sin conciencia

el golpe del “Raphaelazo”

Sin embargo nuestra gente

sin pizca de patriotismo

sigue oyendo con cinismo

al payaso delincuente.

Según algunas versiones, los organizadores lograron alcanzar a Raphael en Guatemala en donde llegaron a un arreglo, sin embargo, en Nicaragua no se volvió a saber nada del asunto.

El Ruiseñor continuó su carrera artística con mucho éxito, pues en total solo en español ha llegado a grabar más de 60 discos de larga duración, sin contar los que ha grabado en francés, italiano, alemán, inglés y japonés.  Ha recibido 350 discos de oro, 50 de platino y el único disco de uranio otorgado a un artista de habla hispana, por sus ventas del album “Raphael, ayer, hoy y siempre” en 1982 y del cual vendió 50 millones de copias.  De los premios y reconocimientos ni se diga, el Divo de Linares cuenta con una lista interminable de ellos, desde el título de Excelentísimo Señor Comendador de Isabel la Católica, otorgado por el propio Rey de España, Don Juan Carlos I, hasta cinco veces las llaves de oro de Nueva York, Chicago, Los Angeles y Miami.  Podría decirse pues que Raphael ha alcanzado un éxito tal en su carrera artística, que muy pocos artistas en el mundo han logrado alcanzar.

Sería válido entonces aseverar que los logros que ha obtenido del Divo dependen exclusivamente de su calidad vocal, su capacidad artística y la forma en que ha desarrollado su carrera y que los aspectos íntimos de su vida privada, como son las interrogantes sobre su orientación sexual, los blasones que obtuvo con su matrimonio, los bien logrados enlaces de sus hijos e incluso su enfermedad y recuperación, no tienen nada que ver con el éxito alcanzado.

No obstante, hay un detalle que mueve a la reflexión.  En algún momento de su carrera, Raphael o los expertos en marketing de su disquera, descubrieron, quién sabe cómo, que un importantísimo segmento de la compra de los discos del Divo, provenía de la comunidad gay. En forma coincidente en sus últimas etapas proliferan canciones en donde el blanco hacia donde se dedican está un tanto indefinido o por lo menos lo femenino no resalta.  Para complementar lo anterior, en 2008 el Divo de Linares apareció en la portada de la revista gay Zero y en la entrevista correspondiente habló sobre el matrimonio homosexual, declarándose partidario del mismo y expresando que deberían ser legales, además agregó que los rumores sobre su condición sexual no le afectan, pues -Cada uno es lo que tenga que ser, y bien hecho está. No hay porqué avergonzarse de nada. Pero vamos, yo no estoy en ese caso- remató.  Ante esto no queda más que echarle segunda al Ruiseñor y exclamar: -¿Qué sabe nadie?

Cabría agregar que la relación entre Rapahel y Nicaragua no quedó en aquel episodio de 1968; en junio de 2006 como parte de su gira “Cerca de ti” se presentó en Managua en un concierto a beneficio de APROQUEN.  Fue evidente su deseo de reivindicarse pues reiteró en un par de ocasiones:  “Tengo ganas que la gente me vea actualmente y lo que he aprendido, que es muy importante”.  En realidad era otro Raphael, más maduro, más profesional, con todas las tablas del mundo, no obstante, por aquello del Mmmmm…, no hubo conferencia de prensa abierta, la seguridad fue muy estricta y no cantó Yo soy aquel, no fuera a ser que La Paulina todavía no hubiese muerto tranquilo.

Gracias a Ovidio, que con su prodigiosa memoria pudo rescatar el epigrama

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