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¡No vuelvo a beber!

Noe.  Imagen tomada de internet

 

En esta época del año, se hace propicio el tiempo para cavilar sobre la supremacía de algunas mentiras por sobre las demás, que parecen haberse multiplicado en nuestro entorno.  Hace un par de años escribí sobre una de las mentiras que siempre está contendiendo por el primer lugar:  Mañana te pago.  Pero en esto de las mentiras, parece mentira, la estacionalidad de las mismas es algo relevante. En este diciembre, gracias a la intervención de algunos asesores financieros de bolsillo, algunos cuantos dedicaron parte de su aguinaldo a saldar algunas deudas, por lo tanto Mañana te pago, cobrará vigencia hasta dentro de algunas semanas.

De esta manera, la milenaria mentira, presente en la humanidad desde Noe: ¡No vuelvo a beber! se coronará en este diciembre, como reina indiscutible, pues da la impresión que las circunstancias se muestran inmejorables para ello.  Las vacaciones parecen estirarse, gracias a la magnificencia del Supremo Empleador que ha otorgado una generosa cantidad de días festivos, lo que será un aliciente para el gratificante ejercicio de empinar el codo y además podría decirse que, en términos generales, la economía, como dice Chanito, marcha con pasos contundentes hacia un crecimiento sostenido. Así que como aquel coro de la opereta de Arrieta: Marina, la ocasión invita a cantar: “a beber, a beber, a apurar, las copas de licor, que el vino hará olvidar, las penas del amor”.  En virtud de que el límite se pone en el nivel de: Hasta que el cuerpo aguante, llega, más temprano que tarde un momento en que el cuerpo resiente, pues el hígado ya se encuentra como el centro de Alepo.

Aquí habría que aclarar que hay individuos que a fuerza de mucha experiencia han podido alargar los períodos ininterrumpidos de ingestión alcohólica, hasta niveles equivalentes al diluvio universal, cuarenta días y cuarenta noches, pero se trata de personas que dominan el arte de combinar la bebida y la comida de tal manera que pueden traslapar de forma magistral los períodos de borrachera con los relativos a la ineludible goma.  El resto de los mortales ya habrá claudicado mucho antes de que se escuche la sonora risa de Santa Claus. Lo cierto es que casi en su totalidad jurarán hasta con los dedos de los pies que no vuelven a beber.

Así pues, la consabida mentira saldrá de los labios de aquellos que en primer lugar sufren en su organismo los estragos de los excesos en la ingesta de alcohol.  Desde aquellos que caen en un coma etílico, diablos azules incluidos, hasta quienes sufren los efectos de una goma mal curada.  No obstante, no faltarán quienes padecen de una goma moral por los desaguisados, léase encabes, ocurridos durante una “noche de copas” como decía María Conchita.  Estos últimos llegan a ser peores que las patologías debido a que en cada ciudadano hay un reportero escondido, que celular en mano se apresta a documentar cualquier pecado, de palabra, obra u omisión, que brote de la euforia inspirada en el dios Baco y cuyos efectos serán de desastrosas consecuencias cuando, sin pensarlo dos veces, el improvisado reportero suba a las redes sociales su video, con la esperanza de que se vuelva viral.  Ahí se fregó la cosa, pues en esos casos no aplica el hashtag #borrachonosevale.

Así que mientras otros entre sus propósitos de año nuevo se propondrán bajar de peso, aprender inglés o ser mejores personas, una considerable proporción se impondrán la promesa de no volver a beber.  Obviamente, la promesa cae en terreno estéril con la plena conciencia de que se trata de una mentira más, pues no se operativiza, como dicen los administradores.  Para que este propósito se salga del terreno de la fantasía, el sujeto debe de ingresar a un grupo de alcohólicos anónimos pues de otra manera seguirá siendo de las mentiras más grandes.

De esta manera, estimado lector, tenga mucho cuidado, pues en medio del caótico tráfico de estos días, en donde se le puede atravesar tanto un busero kamikaze, un junior borracho o una aprendiz temeraria, como una fila interminable de mentiras y entre ellas, con la supremacía de siempre: ¡No vuelvo a beber!

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