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La Virgen de El Arenal. Parte V

 

Epílogo

He visitado El Arenal y es un lugar en donde el tiempo parece no transcurrir.  A excepción de las vías principales que conectan la zona con San Juan de la Concepción, La Concepción o Masatepe, en donde existe un tráfico regular de moto taxis y vehículos todo terreno, al transitar por el resto de sus parajes se siente una profunda quietud y la sensación de que en cualquier momento nos transportará a cualquier lugar en el pasado.  Sigue siendo una zona pobre, pues las condiciones de sus tierras no han cambiado, sin embargo sus habitantes son gente trabajadora y han aprendido a sobrevivir en condiciones adversas, aprovechando sus recursos hasta llegar al caso de novedosos emprendimientos con las rocas arrojadas por el volcán con las cuales han construido casas, cercos y pozos.  Se observa una fuerte organización comunal promovida por grupos locales que cuentan con el apoyo de instituciones internacionales.

La comunidad parece contar con una clara memoria histórica, pues se mantienen vivos ciertos eventos, tales como la presencia en esa zona del guerrillero Pikín Guerrero y posteriormente del recordado Eduardo Báez con su gran labor a favor de la lectura en la niñez.  Sin embargo, cuando se empieza a indagar sobre el caso de la Virgen de El Arenal, brota cierta reticencia para hablar sobre ese tema.  Pareciera que a nivel colectivo hubiese una tendencia a olvidar ese episodio que no obstante es trascendental para la zona.

En la casa que ahora ocupa un hijo de Catalina y su familia, no hay ningún indicio de ella ni de la historia que protagonizó, salvo tal vez, un cofre de madera que está colocado en un rincón y en donde permanecen los “milagros” que lograron sobrevivir a los dramáticos episodios.  Ahí conviven brazos, ojos, piernas, muletas y demás recuerdos de algunos de los prodigios que se achacaron a Catalina y destacan dos de esos ex votos que están hechos de oro, un machete perfectamente labrado en miniatura y la figura de un niño con extraordinario detalle usando pantalones cortos y un libro bajo el brazo y en medio de todos, una medalla antigua con la figura de una santa que según el grabado es Santa Catalina.

En la ciudad de Managua, en el barrio Pantasma a unas cuadras de la entrada al Centro Comercial Managua, en una pequeña casa vive el ahora octogenario Juan, con una de sus hijas.  No pudo soportar vivir en El Arenal sin su Catalina; eran demasiados recuerdos para permanecer ahí y se exilió en la capital.  Nunca habla de aquellos sucesos y sus recuerdos y conversaciones abarcan solo aquellos 55 años que vivió felizmente al lado de su Catalina.  No obstante, muchas noches sueña que camina por los altos parajes de El Guarumo y comienza a ascender hasta ver todo el inmenso panorama a su alrededor, con una tranquila laguna en el oriente y un imponente volcán al poniente, de donde parece salir una voz que le dice: – Te espero Juan.

Para mí, en particular, fue una experiencia enriquecedora haber visitado las comarcas de El Arenal y conocer a su gente, que a pesar de su natural desconfianza, tuvieron sus brazos siempre abiertos para recibir a un peregrino, que además de una historia, ansiaba encontrar paz y tranquilidad para su corazón.  En esos caminos en donde el viento parece susurrar secretos entre los árboles encontré un poco de ese bálsamo que sirve para heridas que no quieren cicatrizar y de la historia que recogí, reconfirmé que al final de todo, lo único que perdura es el amor.

La historia que he presentado es lo más cercano a lo que ocurrió, aunque contrasta con lo que verbalmente se ha manejado hasta hoy y que a medida que se va alejando del epicentro de los sucesos, va tomando otros carices y transformándose en una leyenda completamente tergiversada.  La verdad completa tal vez nunca se sabrá.  Las personas que sobreviven recuerdan lo que desean recordar y cuentan lo que desean contar, de ahí recogimos las partes fundamentales de la historia, que con la investigación de los hechos históricos de ese momento permitieron armar, de la manera más objetiva posible, este reportaje.

Así pues, cada quien podrá creer o no lo aquí presentado, sin embargo, como dijo Campoamor: “En  este mundo traidor nada es verdad ni mentira; todo es según el color del cristal con que se mira”.

 

Deseo hacer patente mi más profundo agradecimiento a mi hermano Ovidio y a su esposa Celeste porque con entrañable cariño me animaron a completar este trabajo, acompañándome hombro a hombro en las investigaciones, entrevistas y fotografías.  Asimismo agradezco a mi hermano Eduardo por sus aportes a la investigación.  Mi gran reconocimiento a los habitantes de El Arenal por su gentileza de recibirnos, en especial a Don Santos Calero, Don Juan Aguirre Ampié, así como a Johnatan y su novia.

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La Virgen de El Arenal. Parte IV

Al final, sólo el amor

Cuando no hay más que amor
como única sed
como única fe
como único don

Nacha Guevara

Los dos pescadores llevaron presurosamente a la muchacha a una casucha improvisada a la orilla del lago, en donde la acostaron en un petate.  Una mujer que permanecía junto a un fogón, puso a calentar un poco de sopa en un perol.  Cuando estuvo caliente, la mujer le sirvió la sopa en un guacal y le dio a beber a la muchacha en pequeños sorbos, quien después de tomársela, se puso en posición fetal y se quedó profundamente dormida.  Uno de los pescadores decidió avisar sobre lo sucedido al dueño de una botica que quedaba en las inmediaciones de la estación del ferrocarril, pues siempre estaba dispuesto a ayudar a la gente y podría aconsejarle sobre lo que se tenía que hacer.

Cuando el boticario pudo dejar a alguien a cargo del negocio, fue a ver a la muchacha que todavía dormía.  Suavemente la sacudió y Catalina despertó preguntando dónde estaba.  Le respondió que en la costa del lago de Managua y le inquirió su nombre y qué le había pasado, a lo que ella respondió que se llamaba Catalina y que no recordaba qué le había sucedido.  Entonces el boticario comenzó a examinarle el cuerpo, empezando por los moretones en sus sienes, pasando luego a la profusión de pinchazos en los brazos y unas extrañas cortaduras principalmente en las palmas de las manos y en las plantas de los pies.  Después de ver la bata que llevaba puesta la muchacha, concluyó para sus adentros que no se trató de un asalto ni ataque violento, sino que parecía haber estado en algún hospital.   Como era un hombre muy precavido, recomendó a los pescadores que no le comentasen nada a nadie, les dio un billete y les dijo que compraran leche y maicena y que le dieran atol en pequeñas dosis y les encomendó que si la muchacha recordaba algo, que le avisaran de inmediato.

Catalina pasó todo el resto del día durmiendo y a la mañana siguiente despertó y con cierta dificultad caminó un poco en la costa para admirar la inmensidad del lago y regresó a la casa.  La mujer le preguntó si se sentía mejor y ella le respondió que un poco, que todavía le dolía mucho el cuerpo.  Uno de los pescadores se acercó contento de ver mejor a la muchacha y le preguntó si lograba recordar algo y ella le respondió: -Me llamo Catalina, vivo en El Arenal, cerca de Masatepe.  El hombre se fue a toda prisa a buscar al boticario con la noticia y este fue de inmediato a ver a la muchacha.  Ella le repitió lo mismo, pero agregó que le pedía el favor de contactar al Dr. Benicio Gutiérrez de Masatepe.   El boticario era un hombre muy ilustrado y seguía muy de cerca toda la información respecto a lo que sucedía en el país y empezó a darle vueltas al asunto.  Por la tarde, tomó el teléfono y llamó al Dr. Gutiérrez y con mucha cautela le dijo que había recibido una medicina que él buscaba desde hace meses y que le pedía que llegara a la brevedad a su botica antes de que se terminara.  El Dr. Gutiérrez, muy perspicaz también, entendió que se trataba de alguna clave para despistar en caso de que alguien estuviera escuchando sus conversaciones.  Le agradeció la información y le manifestó que al día siguiente a primera hora llegaría a Managua.

Cuando el Dr. Gutiérrez llegó al siguiente día al establecimiento, el boticario le explicó brevemente lo ocurrido y el primero le solicitó lo llevara a ver a la muchacha.  El médico había visto en algunas ocasiones a Catalina, cuando la habían llevado a Masatepe para que la tratara de unos fuertes dolores de cabeza que la aquejaban.  Conocía además toda la historia de la virgen y tenía cierta información respecto a su internamiento en el Hospital de Enfermos Mentales.  Cuando el doctor entró en la casa a la orilla del lago, la muchacha se alegró de verlo y le dedicó una sonrisa.  El médico le tomó fuertemente una mano y empezó a auscultarla.  Sintió un profundo dolor cuando miró el cuerpo atravesado de cicatrices y moretones.  Escribió en un recetario una serie de medicamentos que entregó al boticario y le dijo a la muchacha que saldrían inmediatamente para Masatepe.  Después de que la muchacha se despidió de los pescadores y la mujer, agradeciéndoles lo que habían hecho por ella, pasaron por la botica retirando el medicamento que el propietario no quiso cobrar y que Catalina agradeció sinceramente.

El Dr. Gutiérrez sabía que su casa siempre estaba vigilada por orejas del régimen, entonces decidió llevarla donde su hermano a quien le encargó que la cuidara mientras encontraba la mejor solución al asunto.  Al cabo de un par de días regresó el doctor a casa de su hermano y encontró a Catalina bastante recuperada.  Conversó un buen rato con ella y al final le preguntó si todavía sentía algo extraño en su interior.  Ella le miró fijamente a los ojos y le dijo: -Solamente el amor por Juan.  Entonces el médico sintió que se abría una puerta de salida al problema y le encargó al hermano que fuera a El Arenal y trajera a Juan, que él contactaría a un sacerdote muy amigo y que vivía en Jinotepe a quien le pediría el favor de que casara a la pareja.

Así fue que en la casa de la familia Gutiérrez, con la presencia de la familia inmediata, que Catalina y Juan unieron sus vidas.  Regresaron a El Arenal con la reiterada recomendación de que por un tiempo no se hiciesen ver ni que se volviese a hablar de la virgen.  De esta manera, los recién casados estuvieron unos meses un tanto escondidos y fue cuando Catalina quedó embarazada que se atrevió a salir.  En el círculo cercano se mantuvo la consigna de olvidar todo lo concerniente a la virgen y que dejaran a la muchacha empezar una nueva vida.  En cambio, en el resto de la comunidad las reacciones fueron encontradas, unos justificaron el nuevo estado de Catalina, otros tomaron una actitud burlesca y otros la emprendieron contra Juan, a quien culpaban que la muchacha hubiese abandonado su misión y unos más radicales lo acusaban de haber tentado a Catalina por obra de Lucifer y es por eso que empezaron a llamar a Juan “el diablo”.

Cuando nació su primer hijo, lo llamaron Pedro y con el niño se atrevieron a subir a Masatepe, en donde Catalina, a pesar de todo, seguía siendo la Virgen de El Arenal.  Sin embargo, el nuevo estado de ella motivó a la gente a enterrar el episodio de cuando causaba las enormes romerías hacia El Guarumo y obraba prodigios.

Catalina tuvo seis hijos, Pedro, Juan, Ana Julia, Bismark, Remigio y Epifanía.  Su vida transcurrió en la tranquilidad de los parajes de El Arenal y tanto la iglesia como Somoza García se olvidaron de ella.

El 20 de octubre de 1950, el Arzobispo Liberato Tosti falleció en Roma a la edad de 67 años.  De conformidad con un reporte médico del Ospedale San Filippo Neri, el ex nuncio en Brasil, Cuba, Paraguay, Honduras y Nicaragua, no presentaba ningún cuadro clínico relevante, más que una severa depresión.   Monseñor José Antonio Lezcano y Ortega falleció en Managua el 6 de enero de 1952 a la edad de 85 años, después de una prolongada enfermedad.

El 21 de septiembre de 1956, Anastasio Somoza García fue víctima de un atentado en donde Rigoberto López Pérez le disparó con un revólver durante una fiesta en la Casa del Obrero en la ciudad de León.   Somoza falleció ocho días más tarde en el Hospital Gorgas de Panamá.

Monseñor Alejandro González y Robleto falleció en Managua el 18 de junio de 1968 a la edad de 84 años y contaba un ayudante de cámara que el prelado balbuceaba en su agonía pidiendo perdón a la virgen.

Catalina llevó una vida normal y solamente en ciertas ocasiones se quedaba ausente, como si no estuviera en este mundo, pero su familia ya conocía estos episodios y simplemente la dejaban tranquila.  Llegó a practicar una gran devoción por la virgen de La Concepción, de tal manera que todos los años en diciembre celebraba la purísima en su comunidad.  Sus últimos años estuvieron endulzados al llegar a conocer a sus nietos.

En diciembre de 2003 Catalina enfermó gravemente, tenía tan solo 72 años sin embargo, todo lo que había vivido había afectado hondamente su humanidad.   Ella sabía perfectamente que su fin estaba cerca, dejó arreglados todos sus asuntos y encargó a sus familiares que no se olvidaran nunca de celebrar su purísima.  El 8 de diciembre, Catalina sintió nuevamente que la luz que había sentido en La Peña la envolvió nuevamente, esta vez para llevársela para siempre.

 

Continuará

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La Virgen de El Arenal. Parte II

Sofía y la virgen

 
Cada cosa que existe,
es una virgen que ha de ser amada,
para hacerse fecunda
 
José Ortega y Gasset 
 
 
Al finalizar la primera mitad del siglo XX, Nicaragua vivía una enorme efervescencia política.  Anastasio Somoza García finalizaba en 1947 su período presidencial y después de probar las mieles del poder no quería abandonarlo, sin embargo, un poco de vergüenza le quedaba en el costal de la conciencia y en vez de reelegirse, decidió que llevaría a la presidencia a un títere que fuera una figura de adorno, mientras él ejercía el control total del Estado como Director dela GuardiaNacional.  Escogió a Leonardo Argüello Barreto, anteriormente su adversario político y para este fin hizo que ganara las elecciones mediante un enorme fraude en contra del opositor Enoc Aguado que había superado por muchos votos a Argüello, pero al fin y al cabo, la gente de Somoza contaba los votos.   Sin embargo, Leonardo Argüello una vez en la presidencia, se hizo gato bravo y comenzó a irse por la libre, lo que motivó que Somoza le diera el golpe de estado a través del Congreso, también bajo su control, así que de manera inconstitucional declararon inhábil a Argüello para ocupar la presidencia, destituyéndolo y nombrando en su lugar a Benjamín Lacayo Sacasa, incondicional de Somoza.   Los Estados Unidos y varios países más, desconocieron a Lacayo y obligaron a Somoza a buscar otra salida.  Acorralado, Somoza convocó a la elección de una Asamblea Constituyente, en la cual se registró un abstencionismo del 90 por ciento y al instalarse este órgano, aceptó la renuncia de Lacayo y eligió presidente, para un período de cuatro años, al tío de Somoza y obviamente merecedor de todas sus confianzas, Víctor Román y Reyes, de 75 años.  De esta forma, en dicho año Nicaragua tuvo cuatro presidentes, un tanto al estilo de la canción de Muchilanga.  
 

Masatepe por su parte, también fue alcanzado por la convulsión que se vivía en el país, al registrarse actos de repudio en contra de las aspiraciones de Somoza, de parte de un grupo de ciudadanos entre los que destacó del Dr. Benicio Gutiérrez, quien fue perseguido y castigado brutalmente por el régimen, siendo vapuleado y encarcelado en varias ocasiones y finalmente, a partir de un molote en una esquina en donde alguien lanzó una piedra al tejado de una casa, se le acusó de dirigir una asonada por lo cual se giró orden de aprensión.  Después de una serie de peripecias en donde el Dr. Gutiérrez llegó hasta asilarse en una embajada, el aparato de justicia nacional, todavía con un poco de pudor, se dio cuenta que estaba participando en un sainete y desistió de su empeño dictando el sobreseimiento definitivo del Dr. Gutiérrez.

En cambio, El Arenal, vivía una plácida tranquilidad, interrumpida solo por algunos retumbos del Volcán Masaya, que además de provocar sismos de regular intensidad, lanzaba cenizas y otros materiales a sus alrededores.  Esta situación sembró un poco de inquietud en la zona, pues se temía que en algún momento pudiera registrarse una fuerte erupción.

En el sector suroeste de El Arenal en la comarca que se conoce como El Guarumo, una jovencita llamada Sofía transitaba por un paraje que colinda con El Guasimito, ya en las cercanías de San Marcos, en donde unas escarpadas pendientes señalan el inicio de los cafetales.   Tenía unos diecisiete años,  estatura regular, menuda, morena y con unos ojos profundamente negros que junto a una fina nariz resaltaban en su rostro.  Al pasar por el sitio conocido como La Peña, de pronto sintió que una intensa luz provocó en su cuerpo un gran estremecimiento y cayó al suelo.   Cuando volvió en sí, sintió un frío insoportable que provocaba un fuerte temblor en su cuerpo y se dirigió a toda prisa a su casa.

En una rústica casa de madera, sus ocupantes vieron llegar a Sofía, lívida como una sábana, temblando de pies a cabeza y con una alta fiebre.  La recostaron en un tapesco y le prepararon una tisana.  Cuando Sofía pudo hablar, comentó que en La Peña sintió que una gran luz la envolvía y una voz de mujer le decía que no temiera, que tenía un mensaje para su gente, que estuvieran tranquilos porque el volcán no haría erupción y que quería estar más cerca de ellos.  Le dijo que a ella la conocerían por otro nombre y la verían hacer grandes prodigios.  La familia inicialmente creyó que se trataba de algún ataque de nervios y que todo era producto de su imaginación, sin embargo, cuando creían que todo había pasado, volvió a caer en trance y quedó por varias horas en una especie de estado cataléptico.  Mandaron entonces a traer a la tía Aurora, madrina de Sofía y que había sido miembro de una cofradía en Veracruz, quien escuchó atentamente el relato y después de cavilar un rato concluyó categóricamente, con el aplomo que un día tuvo Pío Nono: -Es la virgen quien te ha hablado.

Sofía y su familia no se habían recuperado del shock cuando extrañamente apareció en el patio de la casa una medalla con la imagen de una mujer y una inscripción que decía: Santa Catalina, sin precisar cuál, aunque en el santoral católico hay más de una docena.  Con el corazón a tambor batiente, Sofía tomó una decisión con la determinación de un torero al momento de aceptar la alternativa: -A partir de hoy ya no me llamo Sofía, me llamo Catalina.

En la comunidad, la noticia se fue regando, un tanto a sotto voce, pues no se quería que trascendiera fuera de El Arenal.  Las visitas a la muchacha no se hicieron esperar y todos llegaron a coincidir en que después de estar con ella y conversar brevemente sobre lo sucedido y el mensaje recibido, salían con una paz interior nunca antes experimentada y más de alguno con alguna vieja dolencia, sintió que de pronto se calmaban sus padecimientos.

Así como la ley Omerta no es cien por ciento efectiva, algún ladino llegó con el chisme a Masatepe en donde con cierta incredulidad se manejó el asunto.  No obstante, algunos curiosos de esa localidad llegaron a El Arenal y a pesar de encontrar una fuerte resistencia para permitir el ingreso de los foráneos al local en donde permanecía la muchacha, al final Doña Aurora determinó que al igual que Juan Diego, Bernardette, Lucía, Jacinta y Francisco mostraron sus prodigios al mundo, Catalina tendría que ser conocida por todos.  Procedió a nombrar guardianes de la joven a dos muchachas de la comunidad y a un primo de Catalina llamado Juan.  Solicitó que la vistieran toda de blanco y que en su tapesco recibiera a todos los que peregrinarían hacia aquel lugar.  Y así fue como la muchacha, vestida con un traje blanco de primera comunión arreglado para ella, un velo que cubría su rostro y velas alumbrando la penumbra del lugar, se enfrentó al mundo.

Los primeros curiosos foráneos que llegaron a El Guarumo, no sin muchos esfuerzos, pues al final debieron de subir un terraplén de arena que hacía que sus piernas casi se clavaran en el suelo, se admiraron al ver a la muchacha en estado cataléptico y acostada en el tapesco.  Catalina no presentó conciencia alguna, sin embargo, al salir de ahí, todos sentían un extrema paz en su interior y un niño que acompañaba a la troupe, que a sus siete años no había pronunciado palabra alguna en su vida, en el camino de regreso comenzó a hablar como la calavera de San Basilio.

Los padres del niño, apenas llegaron a Masatepe se dirigieron a la Iglesia de San Juan, en donde expusieron el caso al párroco, quien a pesar del junco de su silla, se quedó anonadado y con toda la prudencia del mundo solicitó calma y esperar a manifestaciones más concretas antes de concluir algo.  Otros de los curiosos se dirigieron donde el corresponsal de La Noticia y le comentaron lo ocurrido.  Al día siguiente, el párroco solicitó prestado un caballo a un rico hacendado y partió hacia El Arenal.   Al presentarse en la casa de Catalina, la encontró sentada y conversando con algunos ancianos de la comunidad.  El cura solicitó a la muchacha que le contara lo sucedido en La Peña y ella le repitió todo, además del episodio de la medalla.   Con un rostro circunspecto, el párroco le expresó que toda manifestación en donde estuviera involucrada la aparición de la Virgen María debía ser aprobada oficialmente por la Iglesia Católica, según las normas dictadas por el Papa Benedicto XV.  La muchacha de manera muy inocente le dijo que la voz que escuchó en ningún momento se había identificado y que en realidad no vio a nadie en particular, más que una gran luminosidad y la voz femenina.   El cura le manifestó que mientras la Santa Madre Iglesia analizaba a fondo el caso, debía ella dejar de recibir visitas o relatar su visión y si era posible que se fuera un rato de la zona.  Los ancianos de la comunidad que hasta el momento se mostraban cautos e inexpresivos, fueron muy claros con el párroco manifestándole que la muchacha seguiría recibiendo visitas y que bajo ningún punto se iría de su hogar.  Al cura no le hizo mucha gracia la posición de los ancianos de la comunidad y con el rostro grave y compungido, emprendió su regreso a Masatepe.

Al día siguiente, el párroco tomó el tren hacia Managua y se dirigió al Palacio Arzobispal, ubicado en aquel entonces en el costado oriental del Palacio Nacional.  Ahí solicitó hablar con el Arzobispo, pero Monseñor Antonio Lezcano y Ortega se encontraba delicado de salud y lo recibió Monseñor Alejandro González y Robleto, Obispo Auxiliar Coadjutor de Managua, quien le mostró la edición de La Noticia en donde se resaltaba la aparición de la Virgen María en El Arenal.   Hablaron en latín, por aquello de que las paredes oían y al final de la conversación, el párroco de Masatepe salió circunspecto de regreso a su parroquia.   Luego, en sus sermones dominicales desde el púlpito el párroco dejó muy claro que existían falsos profetas, falsas señales en el cielo y manifestaciones engañosas en donde podían estar presentes las Fuerzas del Mal.

No se sabe si por la difusión en la prensa nacional o por llevarle la contra a la posición de la iglesia, lo cierto es que el flujo de peregrinos hacia El Arenal fue creciendo considerablemente.  La comunidad al observar las necesidades de los peregrinos vieron una oportunidad de mejorar su situación económica y empezaron a ofrecer alimentos y bebidas y posteriormente hasta juegos de azar se observaron en los alrededores, dándole una apariencia de feria a la zona.  En general, los peregrinos se sentían bien después de ver a la muchacha y ciertos prodigios fueron difundiéndose, como sanación de enfermedades, aparición de objetos perdidos, cumplimiento de algunos vaticinios, así que Catalina empezó a recibir “milagros” o ex votos, en metal o en oro, con figuras alusivas al favor recibido y de pronto alguien inició con las limosnas y poco a poco fueron incrementándose significativamente.  Doña Aurora dispuso que se pusiera un cofre de madera junto a Catalina para que ahí se colocaran las ofrendas en metálico, de donde se trasladaban a unos costales de manta que celosamente guardaba la familia.

Una situación muy interesante ocurrió respecto a la forma en que los peregrinos se referían a Catalina.  En un inicio se manejó que la Virgen María se le había aparecido a una jovencita y de esta forma se empezó a mencionar a la Virgen de El Arenal como una advocación más dentro del fenómeno de la mariofanía.  Sin embargo, debido a la figura de Catalina, su atuendo y su estado cataléptico, la gente comenzó a manejar que la muchacha era la Virgen de El Arenal. Como un ejemplo de esta confusión, puede citarse el caso del monstruo creado por el Dr. Frankenstein en la novela de Mary Shelley, que con el tiempo asume el nombre de su creador al punto que muchos creen a pie juntillas que Frankestein es la criatura y no el científico.

La Iglesia Católica muy a su disgusto se había hecho a un lado en el caso de la Virgen de El Arenal y se había limitado a recomendar cautela, sin embargo, el hecho de que la confusión originada y que situaba a Catalina como la Virgen del Arenal, planteaba un serio problema, pues no habían antecedentes de que la madre del Redentor hubiese ocupado el cuerpo de algún mortal.  De esta forma la cosa se ponía color de formicinae.  Por otra parte estaba el asunto de los diezmos, pues como aseveró San Juan Casiano de Mosna: “Jugar con el santo, menos con la limosna” y de todo lo que entraba al famoso cofrecito de Catalina, no iba nada hacia San Juan.

Todo lo anterior tenía muy incómodo a Monseñor González y Robleto pues temía que las cosas tomaran un rumbo que podría poner en una posición más que incómoda a la Iglesia.   Así que recordando la frase de Benjamín Franklin: ”If you would have a faithful servant, and one that you likeserve yourself” (Si quieres un siervo fiel y a tu agrado, sírvete a ti mismo), así que decidió ver las cosas personalmente y emprendió su viaje a El Arenal.  Ya a solas con Catalina, el obispo empezó a conversar tranquilamente con ella, tratando, como dicen en México, de medirle el agua a los camotes.  Después de un buen rato en que el prelado no conseguía colegir nada en concreto, decidió, como el dermatólogo, ir al grano y le pidió que si tenía para él, un mensaje de la voz que escuchaba.  Catalina le pidió que se acercara y al oído le susurró unas palabras.   El Obispo perdió el color y como dice Mejía Godoy:  -Se le fueron los pulsosmmm.

Monseñor emprendió su viaje de regreso a Managua, sin embargo, fue necesario hacer una escala técnica en Masatepe, en donde fue atendido en el hogar de las Hijas de María Auxiliadora, en donde tomó un refrigerio y escuchó de boca de las religiosas una noticia muchos más inquietante.  Aprovechando que una novicia era originaria de El Arenal, las hermanas la enviaron para infiltrarse y mantenerlas informadas de todo lo que ahí ocurría y en el último reporte se observaba que aparentemente había algo entre la muchacha que se hacía llamar Catalina y su primo Juan, que era su guardián.   El prelado de cecereque pasó a zurumbo y sólo alcanzó a exclamar: -Vae bovis, que es como Recórcholis en latín.  Inmediatamente su mente se puso imaginar los más intrincados sucesos por venir y uno de ellos desembocaba en una muchacha que todo el país conocía como la Virgen de El Arenal, embarazada sin estar desposada con nadie.  Las consecuencias, ni siquiera la fértil imaginación de Don Brown podría visualizar.

Ya en Managua, lo primero que hizo Monseñor González y Robleto fue solicitar una reunión urgente con Monseñor Lezcano y Ortega y el recién nombrado nuncio apostólico para Nicaragua y Honduras, Monseñor Liberato Tosti.  Ante las dos máximas autoridades eclesiásticas en el país, Monseñor González y Robleto detalló el resultado de su visita y los tres llegaron a la conclusión de que era menester detener de manera definitiva lo que ocurría en El Arenal, sin embargo, la Santa Iglesia Católica no debía aparecer involucrada en ninguna acción al respecto.  Necesitaban la mano de un gato, para sacar las castañas del fuego y como por inspiración del Espíritu Santo surgió al unísono un nombre:  Anastasio Somoza García.

Continuará

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La Virgen de El Arenal. Parte I

El ensueño frente a una laguna y un volcán.

He venido a estar triste, me aflijo.
Ya no estás aquí, ya no,
En la región donde de algún modo se existe,
Nos dejaste sin provisión en la tierra,
Por esto, a mí mismo me desgarro.

Nezahualcoyotl.

El águila extendió ligeramente sus alas para dejarse llevar por la corriente de aire que a gran altura le permitió planear suavemente sobre el territorio.  Con su aguda visión observó el espectáculo de singular belleza que ofrecía el límpido paisaje que se tendía abajo.  Era una cristalina laguna que daba la apariencia de una enorme lágrima y en su lado poniente un desafiante volcán.

El imponente ave inclinó sus alas para empezar a describir círculos alrededor de aquel paraje para que el contingente de peregrinos que desde abajo observaba su vuelo, atendiera aquella señal, de tal forma que cuando el cacique de la tribu levantó sus ojos y miró su trayectoria, se dirigió a su gente y exclamó: -Hemos llegado.    Eran dirianes, una rama de los chorotegas provenientes del norte y que junto con los nagrandanos poblaron el Pacífico de lo que se convertiría en Nicaragua.

A pesar de que el nombre de dirianes quiere decir “hombres de las montañas” en ese caso no pudieron resistir el encanto de la laguna y poblaron sus alrededores, formando lo que sería Nindirí al norte, Masaya al oriente y lo que sería la cuna de Masatepe en el sur.   De esta forma tendrían una fuente inagotable de agua y aunque los bordes de la laguna eran altos farallones, los pobladores tuvieron la paciencia de labrar en plena roca los peldaños que se convertirían en los “bajaderos” por donde se desplazarían hacia el cuerpo de agua.

Así fue que se pobló una de las regiones más enigmáticas del país, pues se formó un enclave en torno a la extraña conjunción de dos elementos singulares, una laguna cratérica y un volcán activo.  Esta laguna hace cientos de años tenía la forma regular de este tipo de accidentes que es la circular, sin embargo, uno de los derrames de lava de parte del volcán, coladas como les llama, fue tan fuerte que la redujo significativamente, dejándole la forma de media luna que ahora tiene.   Para nuestros ancestros, los accidentes geográficos y en especial las lagunas y los volcanes han tenido un fuerte impacto en su cultura, provocando además de liturgias religiosas, una serie de mitos y leyendas alrededor de estos lugares.  La región de la laguna de Masaya no fue la excepción y se encuentran en la zona muchas leyendas como la de la princesa Xalí, hija del cacique Tenderí, quien protagonizó una dramática historia en donde perecieron todos sus protagonistas, incluyendo la princesa, quien todavía en las noches de plenilunio, según algunos, puede verse flotar por las mansas aguas de la laguna.  Otra leyenda habla de una princesa, que se vio involucrada en una historia de amor con el hijo de un cacique y el encantamiento de éste a través de una serpiente amarrada al tronco de un árbol y que del llanto del cautivo reptil se formó la laguna.  Otra leyenda habla de una enorme serpiente, a lo mejor la misma de la leyenda anterior, que habita en el fondo de la laguna y que algunos elegidos han tenido la suerte de observar.

El volcán por su parte, también tenía su significado un tanto sagrado para los indígenas, que lo llamaron Popogatepe, que conforme a las raíces náhuatl quiere decir “monte que arde”, igual que el volcán Popocatepetl en México que guarda la misma etimología.   El volcán reflejaba para los ancestros la furia de los dioses y para calmarla, en sus alrededores se realizaban ceremonias que incluían el sacrificio de vírgenes y mancebos que eran arrojados vivos al cráter del volcán.

El Popogatepe también tuvo sus leyendas y la más importante fue la de la mujer que supuestamente habitaba en su cráter y que tenía facultades de pitonisa por lo que los caciques de la región se reunían con ella antes de tomar las decisiones importantes relacionadas con los cultivos, las guerras y demás temas relacionados con sus comunidades.  Se dice que esta pitonisa vaticinó la llegada de los españoles.

Cuando llegaron los españoles indudablemente el volcán de Masaya fue uno de los lugares que más los impresionó, al punto que inmediatamente le llamaron El Infierno de Masaya o bien La Boca del Infierno, por el espectáculo que ofrecía el volcán en plena actividad que iluminaba el cielo por las noches a tal punto que podía leerse una carta con su luminosidad.  El cronista español y Capitán Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés narra con lujo de detalles todo lo relativo al volcán en su obra: “Historia General y Natural de Indias” incluyendo los dislates cometidos por algunos de sus conciudadanos, como el Fraile Blas del Castillo que determinó con extrema convicción que la lava hirviendo en el fondo del volcán no era otra cosa que oro líquido, por lo que hizo que mediante poleas lo bajaran lo más profundo posible y de su empresa lo más que se logró fue capturar un poco de lava en una porra, sin embargo, amarga fue su desilusión al descubrir que al tocar el aire exterior, la lava se convirtió en piedra porosa y quemada, por lo que determinó que se trató de una obra de El Maligno.

Es interesante el hecho de que Fernández de Oviedo realiza en su obra una exhaustiva descripción de la mujer que supuestamente habitaba en el cráter del volcán, según lo que le confió el cacique de Nindirí.  El cronista dice que se trataba de una vieja fea, arrugada, que andaba desnuda, con las tetas que le llegaban al ombligo, cabello escaso y alzado hacia arriba, piel más que oscura, ojos hundidos y encendidos.  Manifiesta en su crónica que el cacique le había confiado que la mujer había expresado que los cristianos eran gente mala y que debían echarlos de esas tierras.  Con la anterior calificación de los conquistadores y con la descripción que consignó en su crónica Fernández de Oviedo llegó a la conclusión de que aquel ser no era otra cosa que el mismo Satanás.

Al analizar desapasionadamente la crónica de Fernández de Oviedo, podría colegirse que es muy posible que los indígenas no realizaran descripción alguna de la pitonisa, pues por su carácter estratégico en cuanto a sus consejos, en especial de carácter militar, no era conveniente que se supiera cómo era y más aún dónde habitaba, así que el cráter del volcán bien pudo haber sido un camelo.  Por lo tanto al conocer el cronista de la calificación de los conquistadores de parte de la pitonisa, como gente mala, es posible que lo hubiese motivado para crear una descripción macabra y que desembocara en la conclusión de que se trataba de El Enemigo Malo.

A final de cuentas, los conquistadores lograron dominar y someter a los indígenas, apoderándose de sus tierras e imponiendo su religión a sangre y a fuego.  Como dice una placa conmemorativa a la conquista de Tlatelolco en México: “…no fue triunfo ni derrota, fue el doloroso nacimiento del pueblo mestizo…”  Así pues, los conquistadores, mestizos e indígenas iniciaron un largo proceso en donde se fusionaron creencias y culturas y en donde bajo el sabio adagio: “Las gallinas de arriba siempre cagan a las de abajo” se definió una sociedad clasista, en donde los verdaderos dueños de la tierra pasaron a ser simples vasallos, cuando no esclavos.

A pesar de que en la cima del volcán se impuso una cruz para conjurar al demonio, llamada La Cruz de Bobadilla, en honor al fraile que mandó a colocarla, el volcán a través de sus diferentes cráteres continuó su actividad.  En el año 1670 ocurrió un desbordamiento de lava del cráter Nindirí y cien años después en 1772 ocurrió una erupción a través del cono Masaya, originando un enorme desbordamiento de lava que por el norte cubrió lo que ahora se conoce como Piedra Quemada.  Por el oriente el flujo de lava amenazó en llegar a ciertas zonas pobladas de Masaya que no estaban protegidas por la laguna y en el sur, las tierras sufrieron el embate de la lluvia de rocas volcánicas, cenizas y demás material volcánico que provocaron las erupciones.

En esta ocasión ya no hubieron rituales o ceremonias de desagravio para los dioses, ni sacrificios humanos, sino que salieron procesiones con imágenes de vírgenes y mártires que ya habían sido previamente sacrificados y subidos a los altares, para conjurar aquellos castigos por los pecados cometidos, en especial el de la desobediencia.

A raíz de las erupciones del volcán, la tierra cultivable fue reduciéndose debido a los efectos de las coladas, el material volcánico arrojado o bien los gases emanados del mismo.  La zona sur fue bastante afectada obligando a los pobladores a realizar grandes esfuerzos por arrancarle a la tierra el sustento, además de luchar contra las pretensiones de los ahora dueños de las tierra de imponer la ganadería en la zona.  La región fue bautizada como El Arenal, debido a las grandes zonas cubiertas de arena, además de rocas volcánicas dispersas por todo el territorio.  Como consecuencia de las erupciones la población fue replegándose hacia las zonas altas del sur, consolidando lo que ahora es Masatepe.  No obstante, el arraigo a su tierra de parte de la población, especialmente indígena era tan grande, que aún con todas las limitaciones regresaron a El Arenal.  Las condiciones económicas para esta población fueron difíciles en extremo, tanto por la estructura de la tenencia de la tierra, como por la baja productividad de los terrenos que apenas producían cultivos para el auto consumo y ciertas materias primas para su comercio fuera de la zona.

En la segunda mitad del siglo XIX se inicia en Nicaragua el cultivo del café y El Arenal se ve rodeado de zonas que se van incorporando a esta actividad, observándose que sólo las partes muy altas colindantes con Masatepe, San Marcos y La Concepción se integran al cultivo del grano de oro, el cual es acaparado por terratenientes de Masatepe, principalmente y a la población sólo le queda la alternativa de participación en las actividades de recolección y escogido del café, iniciando una tradición familiar en la época de noviembre a febrero.    Ya en el siglo XX se observa el intento de introducir en El Arenal el cultivo de la caña de azúcar para suplir a trapiches propiedad de empresarios de Masatepe.

Un fenómeno muy interesante ocurre en el siglo XX, cuando el florecimiento del sistema agroexportador de Nicaragua va abriendo oportunidades para los emprendedores locales y de pronto personas que se iniciaron en condiciones de pobreza lograron en poco tiempo ampliar sus ingresos y empresas y volverse acaudalados terratenientes.  Surgió entonces la leyenda de que el Volcán Masaya, en su carácter de Puerta del Infierno era el sitio en donde personas inescrupulosas llegaban para hacer un pacto con el diablo, mediante la entrega de sus almas a cambio de un gran capital.  Se empieza entonces a nombrar a personas de los alrededores, principalmente de La Concepción, San Marcos y Masatepe de quienes se decía que habían realizado el pacto con el Contrario y esa era la única explicación de sus fortunas.  Se tejieron toda suerte de cuentos que incluía la facultad de convertir a personas en animales o de entregar la vida de miembros de su familia en honor al pacto.

En 1936, con motivo de las elecciones para la Presidencia de la República a realizarse a finales de dicho año, Anastasio Somoza García a pesar de que su candidatura era constitucional, realizó toda una serie de manejos a fin imponer su voluntad de ser Presidente, entre ellos, cambios en la estructura geopolítica nacional.  De esta forma, la zona conocida como El Arenal se subdividió en cinco comarcas:  El Arenal, El Guarumo, Las Sabanitas, El Pochote y Cruz de Mayo.

Para mediados del siglo XX El Arenal era una zona tranquila, desapercibida prácticamente para el resto del país, sin embargo, un suceso vino a conmover la vida nacional y ocurrió precisamente en esa región y se conoció como el caso de La Virgen de El Arenal, cuya historia perdida casi entre los solitarios parajes de esa zona, trataremos de recrear para nuestros lectores.

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El mondongo no es de Masatepe

El Mondongo Lavado

La definición más general del gusto, sin considerar si es buena o es mala, si es justa o no lo es, consiste en aquello que nos liga a una cosa por medio del sentimiento.  Montesquieu.

Podría decir, sin temor a equivocarme, que la sopa de mondongo es el exponente de la cocina nicaragüense que más controversias genera, principalmente por lo oscuro de su origen tanto gastronómico como etimológico.

Según el Diccionario de la Real Academia Española, Mondongo (De mondejo) son los intestinos y panza de las reses y especialmente los del cerdo.  El mismo DRAE se refiere a Mondejo (Quizá de bandujo) como a cierto relleno de la panza del puerco o del carnero.  Así mismo el DRAE define a Bandujo como la tripa grande de cerdo, carnero o vaca, llena de carne picada.

Algunos etimologistas señalan que la modificación fonética de mondejo a mondongo ocurrió en América por la influencia de las lenguas bantúes habladas por muchos de los esclavizados traídos desde África.  No obstante, según Ricardo Soca en su libro La fascinante historia de las palabras, el vocablo Mondongo se registra en castellano por lo menos desde 1581 cuando Mateo Alemán publicó su novela Guzmán de Alfarache.  Lo anterior, viene a refutar el origen africano del término, debido a que para 1581 el tráfico de esclavos no había alcanzado su apogeo en América y era muy difícil que escritores españoles emplearan vocablos africanos en esa época.

Según Joan Corominas, el gran filólogo español, Mondongo se derivó de bandullo “vientre o conjunto de tripas de los animales” que a su vez proviene del árabe batn “intestinos” y “carne de vientre de un animal”.

De cualquier forma, en América el término Mondongo se convirtió en sinónimo de panza del ganado vacuno y como un vulgarismo denomina al estómago de los humanos.  Habría que recordar aquel chistorete de que “no es lo mismo: el mondongo de Tapachula, que: tápate chula el mondongo” muy pertinente en estos tiempos en que la moda de los talles bajos y blusas altas en las féminas, dejan al descubierto esta región anatómica, tan descuidada a veces.

En cuanto a la sopa de mondongo, a pesar de que la sopa en sí es un elemento traído por los españoles a tierras americanas, derivado de sus caldos, sopas, pucheros y demás, y que por otra parte, la utilización de la panza de vacuno forma parte de la gastronomía española, en especial los famosos “callos a la madrileña”, no obstante, este plato no es precisamente una sopa o caldo y sus ingredientes varían significativamente de los que lleva la sopa de mondongo.  Al respecto, tampoco los españoles tienen claridad sobre el origen de este plato.

A lo largo de toda América Latina, desde México hasta Argentina, el mondongo constituye un plato muy apetecido, con sus distintas variedades en cuanto a los ingredientes de acompañamiento, el sazón que le otorgan diversas especias,  así como los colores y sabores particulares.  En México se le conoce como menudo o pancita y es la receta más socorrida para curar cualquier goma, cruda o resaca, por lo tanto es típico del desayuno o almuerzo.  En Centroamérica, en especial Honduras, Nicaragua y Costa Rica, es una sopa para la cual manejan casi la misma receta.  En Panamá se estila el Mondongo a la Culona, sin embargo no me atreví a preguntar por el otro ingrediente.  En Sudamérica existe una variedad de recetas que van desde el venezolano que lleva además bolitas de harina de maíz, el colombiano al que le agregan además ñame y arvejas (no confundir con La Opera del Mondongo de Peñaranda), el peruano que lleva además del mondongo carne de cerdo y el rioplatense que se extiende desde Argentina, Uruguay, Paraguay al sur de Brasil, en donde constituye un guiso con el cuajar de la vaca y a veces con el librillo a los que se le agrega arroz, papas y tomate y en algunos casos también se le añade zapallos, frijoles, garbanzos y arvejas.    En un inicio era el alimento de las poblaciones descendientes de africanos, hasta que ascendió a los estratos sociales más altos.

En Nicaragua es un plato cuyo consumo se encuentra extendido por la región Pacífico y Central del país.  La receta más común contempla como elementos básicos el mondongo y las patas de res, las cuales deben de limpiarse cuidadosamente, de tal manera que este proceso puede llevar hasta un día completo previo a su cocción, pues en algunos casos se nesquiza con ceniza o bien se limpia a punta de repetidos lavados y luego un baño de naranjas, limones y sal en el cual se deja varias horas.  Se emplea también la cebolla, tomate, chiltoma y el culantro para el sabor y el achiote que le imprime el color rojo característico de esta sopa. Las verduras pueden variar según la región y el gusto de cada quien y comprenden, papas, yuca, ayote, quequisque, repollo, chayote, chilote. El sabor se termina de poner a punto con naranjas agrias y la consistencia, que debe ser lo más espesa posible, se logra con harina de trigo, aunque en los viejos tiempos se utilizaba harina o payana de maíz. En algunos casos se le agrega un poco azúcar para rematar el sabor.  El acompañamiento también varía de acuerdo a la región y puede ser una tortilla tostada, un aguacate, queso o cuajada y un chilero criollo.  Al ser una sopa demasiado consistente, los estudiosos de la gastronomía vernácula recomiendan un par de fajazos previos a la ingesta del plato.  En un inicio dichos tragos consistían en guaro lija, luego en su apogeo se introdujo el trago de Santa Cecilia o Cañita, quienes dieron paso luego al ron blanco en cualquiera de sus variedades y calidades.  Pretexto o no, es más fácil sobrellevar la digestión de una sopa de mondongo con un par de bujíazos entre pecho y espalda.

Mucho se habla de que el mondongo en Nicaragua es originario de Masatepe, lo cual es una falacia.  En realidad no existe documentación alguna que nos pueda ilustrar sobre su origen.  El caso de Masatepe su auge alrededor de este plato se originó a mediados de los años sesenta, cuando ya era una costumbre muy de los managuas, reunirse con los compañeros de trabajo, generalmente los sábados para ir a almorzar y acompañar la rutinaria pero apetecible labor con algunos tragos “platicados”.  Con el mejoramiento de las vías de comunicación y el mayor acceso de la población al parque vehicular, los centros de reunión se desplazaron, alejándose poco a poco de los centros de trabajo y llegando a explorar nuevas experiencias fuera de la ciudad capital.  De alguna manera algún masatepino propuso un viaje a su ciudad natal y se encontraron con una pequeña fonda en el barrio Veracruz, en donde servían un suculento mondongo.  La dueña se llamaba doña Juana Nestor Areas y a pesar de que su fonda era un lugar muy agreste, con piso de tierra y unas pocas mesas, poco a poco fue cobrando fama, de tal forma que pronto se vio invadida por grupos de amigos que se daban cita en el mondongo de Masatepe, pues en ese tiempo no tenía competencia, en donde se saboreaba un respetable mondongo con el guaro de su preferencia.

Cuentan que en una ocasión una misión diplomática argentina de visita en nuestro país fue invitada por un funcionario de Relaciones Exteriores a saborear un delicioso mondongo donde doña Nestor, advirtiéndoles que se trataba del restaurante más antiguo de América en tierra firme pues databa del siglo XVI.  Por la apariencia del local los argentinos le creyeron a pie juntillas y de esta manera regresaron los diplomáticos a su país llenándose la boca de haber estado en el restaurante más antiguo del continente en donde habían probado una deliciosa sopa de mondongo.

Años después, al ver las romerías que atestaban el local de doña Nestor, otro emprendedor local abrió un restaurante ubicado cerca de la gasolinera Shell y que se anunciaba como “El mondongo de Masatepe a 100 metros” seguido de una flecha indicando la dirección, quitándole con este engaño clientela a doña Nestor.  Sin embargo la calidad era muy inferior.

Yo tuve la oportunidad de probar esos mondongos a finales de los años sesenta, cuando mi padre viajaba regularmente a Masatepe y era invitado por sus amigos de esa ciudad.  Pude comprobar que la calidad del mondongo de donde doña Nestor era insuperable, aunque todavía no me explicaba la necesidad de los dos bolillazos previos a la sopa.

Se maneja que la sopa de mondongo es un plato de gusto adquirido.  Este término se refiere a que ciertos alimentos o bebidas requieren de una exposición por mucho tiempo a los sabores, aromas, texturas hasta que se llega a considerar algo familiar.  De esta forma, algunas personas que prueban por primera vez el mondongo lo hacen con cierta aprensión y no siempre les gusta.  Es más, no es remoto que alguien enferme tan sólo con la sugestión.   Cuentan por ahí algunos irreverentes de la zona, que en uno de sus viajes, el gran cantautor cubano Silvio Rodríguez fue llevado al mondongo de Masatepe y que a partir de esa experiencia empezó a componer su famoso tema que dice:  Cómo gasto papeles recordándote, cómo me haces hablar en el silencio, cómo no te me quitas de las ganas…

En la actualidad, el gusto por la sopa de mondongo a nivel de todo el territorio nacional parece haber menguado.  Antes era muy común que en ocasiones especiales las familias se juntaran para deleitarse con una poderosa sopa de mondongo; sin embargo, en la actualidad, tal vez será por la crisis, en donde a pesar de que el mondongo se considera todavía un subproducto, el costo del total de los ingredientes más el trabajo que implica su preparación hace que las amas de casa lo piensen dos veces antes de embarcarse en esta aventura. Ya se apagó aquel famoso pregón que flotaba en las calles de la vieja Managua: ¡El mondongo lavaaaaaaaaaaaaaaado!

En cuanto al mondongo de Masatepe, doña Nestor murió en los años ochenta y ahora sus hijas Berta e Isabel Tapia están a cargo del negocio, mismo que tiene que competir con varios restaurantes más que se dicen tener la receta original del famoso plato.  Sin embargo, la calidad ha decaído sensiblemente.  Ahora, hacen falta más de dos rielazos para poder degustar el famoso mondongo y hacer de cuenta que todavía lo prepara doña Nestor.

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