Archivo de la etiqueta: Cebada

Tan cebada como el borrico

En las últimas semanas algunas ciudades de Nicaragua han visto que en los rótulos tipo “monolito” de boulevard, así como en aquellos adosados a la parte posterior de los autobuses urbanos, se desarrolla una campaña publicitaria que pregona en sus diferentes versiones:  Tan cebada como el Güegüense, Tan cebada como Ometepe, Tan cebada como el gallo pinto, Tan cebada como la marimba y así por el estilo.  Luego viene la identificación del producto publicitado: Tang Cebada, con una imagen del envase del nuevo producto y lacónicamente remata el anuncio con: “Sabor 100% nicaragüense”.

Se trata de los refrescos instantáneos de la marca Tang que desde hace unas dos décadas se comercializan en el país por parte de la transnacional Kraft Foods, con un surtido de sabores que se ha ido incrementando con el tiempo y que ahora ha decidido incursionar en el mercado local con un sabor que es tradicional en el gusto de los nicaragüenses.

Resulta extraño es que una empresa tan fuerte y con amplia experiencia en la comercialización de productos de consumo masivo se haya embarcado en una campaña publicitaria tan mal diseñada.  El mensaje se basa en el juego de palabras con el adverbio “tan” y el nombre del producto Tang, a través del cual los genios publicistas pretenden que su población objetivo llegue a interpretar el vocablo “cebada” como sinónimo de “nicaragüense” y que de esta manera el producto Tang cebada sea algo propio del gusto local y por lo tanto el mismo se venda como pan caliente. Obviamente existe un error gramatical enorme, pues el adverbio sólo puede modificar a un verbo, a un adjetivo o a otro adverbio.

Esta forma de razonar de los brillantes gurús del marketing, vanos émulos de Seth Godin, está muy lejos del extraordinario lance que realizó la marca original, General Foods Corporation, que lanzó por primera vez el Tang en los Estados Unidos a finales de los años cincuenta. De manera subrepticia, la empresa echó a rodar el rumor de que el refresco en polvo Tang de naranja, que fue el sabor original, había sido encargado por la NASA para su programa espacial, no obstante, cuando los funcionarios de esa agencia negaron el hecho, gran parte de los consumidores norteamericanos ya se habían tragado el anzuelo, logrando que la bebida se posicionara fuertemente en el gusto popular.

Es necesario aclarar que el producto en sí no es nuevo en Nicaragua, pues el polvo para preparar una bebida imitación fresco de cebada ya existe en el mercado local, pues por mucho tiempo Café Soluble ahora bajo la marca SASA y El Caracol han contado en su línea de cereales con ese sabor.  Es obvia entonces la intención de Kraft Foods de querer arrancarle una buena rebanada de pastel a esas empresas.

No obstante, el punto neurálgico en todo esto es el hecho de que el ni fresco de cebada ni mucho menos el cereal son para nada autóctonos nicaragüenses.  Según algunos investigadores la cebada es originaria de las regiones de Persia próximas al Mar Caspio y es el primer cereal que fue cultivado por el ser humano.  Por sus características debe ser cultivado en ciertas latitudes, por ejemplo en el norte de Europa y de América.  De esta manera en países tropicales como Nicaragua es imposible que pueda cultivarse este cereal, por lo que debe ser importado.  Históricamente se ha traído de Canadá y de Alemania.

Los usos básicos de la cebada se refieren a sustituciones del arroz o la pasta, en sopas, en pan mezclada con trigo, así como también para elaborar la malta para la fabricación de cerveza o para los fermentos de donde se fabrica el whisky y otras bebidas alcohólicas.  En España está muy generalizado el uso de la cebada como alimento para el ganado; tal vez muchos recordarán aquel éxito de los Churumbeles de España “El Gitano Señorón” que remataba con la frase: “Si el borrico ya murió, pa´que quiere la cebá”, frase que inmersa en la más pura lógica agustiniana, motiva a una profunda reflexión filosófica.

Es interesante anotar que en España en el siglo XIV, después que tradicionalmente se bebía agua o vino, empezó a estilarse la preparación de agua con algún saborizante y endulzante, que en un inicio se llamaban “aguas olorosas” y que dieron paso a los refrescos.  En el siglo XVIII ya se documenta la aparición del “agua de cebá” que era un refresco preparado a partir de una infusión de granos de cebada que luego se colaba y se endulzaba con azúcar de caña y a veces se le agregaba canela o limón.  Este refresco se expendía en horchaterías en donde se vendían varios tipos de refrescos entre ellos la famosa horchata de chufas.  Habría que aclarar que el vocablo horchata se deriva del nombre científico de la cebada: Hordeum vulgare. Algunas crónicas reseñan la popularidad que tenía el agua de cebá en Madrid en el siglo XIX, tanto por su bajo costo, como por sus facultades medicinales, pues se creía que prevenía la tuberculosis.  Se vendía en cafés, horchaterías y por muchachos que la ofrecían de puerta en puerta.  También es importante resaltar la popularidad que tiene esta bebida en el gusto inglés, en donde varias marcas la ofrecen embotellada y no es raro observar alguna personalidad que asiste al Torneo de Wimbledon aliviar la sed con un Lemon Barley Water.

Los españoles trajeron a América el agua de cebá y puede observarse que todavía persiste en México, en los estados de Aguascalientes, Nayarit y Sinaloa, en Centroamérica y algunos países sudamericanos como Perú.  En Nicaragua la cebada es un refresco tradicional pero que se prepara con ligeras variantes.  En primer lugar se le agrega al agua que se pondrá a hervir, pimienta de Chiapas, conocida también como pimienta de olor, luego que se incorpora la cebada se le agrega espíritu de frambuesa, que le provoca un color rosáceo y le otorga un sabor especial.  Es importante que la mezcla no se cuele, pues en Nicaragua se sirve este refresco con todo y chingaste (ya la ídem, diría un mexicano).  De acuerdo a los gustos y preferencias se le da una mayor o menor espesura mediante el agua adicional que se le agrega.  Es un refresco que se sirve extremadamente frío, ya sea mediante su permanencia en un freezer o agregándole hielito pi-picado.

Cada quien tendrá gratos recuerdos de la refresquería en donde probó la mejor cebada del mundo, pues habría que señalar que estos expendios de refrescos constituyen un lugar emblemático para cada comunidad.  Los sanmarqueños sin duda alguna recuerdan a la Sarita, que con un carretón techado y sumamente adornado recorría las principales calles del pueblo ofreciendo raspados y sabrosos refrescos naturales, entre ellos la popular cebada.  Sin embargo, la cebada cuya fama trascendió los límites del pueblo fue la de El Barcito.  Ese pequeño local formaba parte del Teatro Julia, pues era parte de su estructura y con acceso directo a la casa de doña Amadita, dueña del Teatro.  Como una compensación a su extrema fidelidad, doña Amadita le permitió a su dama de compañía, su sobrina Chabelita, matar sus chivitos con la venta de reposterías y refrescos en ese galillito.

La Chabelita tenía una gran facilidad para preparar una repostería exquisita y para elaborar refrescos naturales de una buena calidad y en especial el fresco de cebada que tenía un sabor especial, además de que al estar guardado en un freezer se ofrecía a una temperatura extremadamente fría, al punto que algunas veces con el cucharón debía de romperse la capa de escarcha que se formaba encima de la cebada.  Otra facilidad que tenía esta señorita era la de seleccionar a su personal cuidadosamente para dar una imagen agradable a El Barcito.  Una primera dependienta que tuvo, fue sonsacada por un aspirante a las artes plásticas, así que la Chabelita tuvo que importar de Santa Teresa a una muchacha rubia, ojos azules con una presencia agradable llamada Irma que logró que las ventas del Barcito subieran vertiginosamente.  Todos los varones del pueblo desfilaban por el local en busca de una sabrosa cebada, una repostería y la oportunidad de echarle la “convencedora” a la Irma.  Cabe señalar que la fama de la cebada de El Barcito se extendió por todo Carazo y hasta la capital, pues de repente se miraban automóviles foráneos estacionarse ahí en busca del famoso refresco.  Un día, la Irma desapareció y en su lugar la Chabelita tuvo que sustituirla con una chaparrita, blanca a quien le decían “la Chelina” pues era hermana de Chelín, un lustrador del pueblo.  Cuando en 1973 el Teatro Julia fue vendido para convertise en El Plaza, El Barcito también fue parte del trato y de esta manera fue concesionado a don Enrique Vivas, quien le dio un giro diferente a la oferta del expendio.  En las ruinas del Teatro Julia todavía se puede adivinar aquel famoso local que hizo historia con una de las cebadas más sabrosas de la región.

Dicen que en gustos se rompen sacos, así que para mi particular gusto la mejor cebada es la que preparaba la tía Leticia.  Ella nunca pudo hacer negocios pues no le interesaba el margen de ganancia, sino que pensaba en términos de calidad y de satisfacción del cliente.  En San Marcos hacía unos helados que eran una delicia, en especial los de leche y de coco.  Además de ser preparados con leche pura, a los primeros les ponía una dosis mínima de guaro que le daba un toque exótico (si hubiera tenido cognac a la mano, se lo hubiera puesto).  Así mismo, en lo referente a los refrescos no escatimaba en gastos con tal de que su sabor fuera de primera calidad.  Cuando se trasladó a Managua en donde el calor demandaba una bebida sumamente refrescante, empezó a preparar una cebada exquisita.  Recuerdo que por las noches, después de recorrer a pie un total de 26 cuadras, que era el trecho entre la Facultad de Economía y la tienda de la tía Letty, llevaba una sed de camello, entonces iba al freezer en donde ya en el recipiente de la cebada se habían asentado los ingredientes de mayor densidad y cuidadosamente sacaba con un cucharón la parte suspendida y la vertía en un vaso de Café Presto de los grandes, saliendo un refresco más ligero, menos dulce y con un color rosado pálido.  Luego como un Rasputín ante una botella de vodka, apuraba con deleite cada trago de aquella ambrosía.

En la actualidad todavía se mantiene en Nicaragua el gusto por el fresco de cebada, sin embargo, el consumo del cereal en grano para prepararlo es cada día menor, pues la gran mayoría tiene que conformarse con productos en polvo para su preparación instantánea, en donde algunos excipientes de bajo costo son tratados para otorgarles un sabor parecido al de la cebada original.

Las investigaciones médicas han encontrado grandes propiedades medicinales en la cebada, como el mejoramiento del perfil de lípidos sanguíneos, en especial la reducción del colesterol malo, además de ayudar en la digestión, desintoxicar el organismo y servir de diurético, así que vale la pena buscar la cebada en grano, pimienta de Chiapas y espíritu de frambuesa para preparar un pichel de este sabroso fresco. Los afectos a las imitaciones, al sabor artificial y a la tomadura de pelo, pueden comprarse el nuevo Tang sabor cebada.  De cualquier manera, no hay que hacer esperar a este deleite, pues es prudente recordar el estribillo que con enorme pasión cantaba Juan Legido: Si el borrico ya murió, pa´que quie´eeeeeeeeeeee, la cebá.

10 comentarios

Archivado bajo cultura, Nicaragüense