Archivo de la etiqueta: cantinfleo

El influyente

Mario Moreno, Cantinflas.  Imagen tomada de internet

 

Muy a menudo observamos en los medios de comunicación el término “influyente”, para designar a determinada persona que puede ser desde un aspirante a Mister Universo, hasta un empresario “exitoso”, pasando, desde luego, por alguna presentadora de televisión y que de acuerdo a esas publicaciones, esos ciudadanos son tan famosos que lo que hacen o dicen tiene un impacto considerable en nuestra sociedad.  Algunas revistas internacionales integran listas de determinado número de influyentes en cierta región o en cierto período.  Lo cierto es que en consideración a que el término “influyente” se presta a una enorme flexibilidad, pues se refiere a ejercer predominio o fuerza moral, sin establecerse los límites de la magnitud de dicho ejercicio, llegamos a ver en dichas listas a individuos que con mucho esfuerzo podrían, si acaso, ejercer influencia en su entorno familiar.

Las listas con mayor sentido, aunque no ajenas a intensa polémica, son las que se refieren a los personajes influyentes en la historia de la humanidad, en donde ni están todos los que son, ni son todos los que están.

Así pues, en estos dorados tiempos, desfilan en nuestro entorno una serie de personajes locales que lucen en su frente, como si fuera una guirnalda, el título de influyentes.  Otros cargan a la fuerza esa etiqueta, debido a la extrema candidez de otros conciudadanos que juran hasta con los dedos de los pies y quieren hacer creer a todo mundo, que los primeros tienen el poder de influir en las decisiones de la Santa Sede, la Academia Sueca, la OEA o del Congreso norteamericano.

Luego que Fidel Castro se puso en la presencia del Supremo Hacedor, es obvio que una inmensa mayoría coincida en que fue uno de los personajes más influyentes del siglo XX.  Eso ni siquiera tiene que ser avalado por el CSE.  No obstante, habrá quien piense que influyó para bien y habrá quien sea de la opinión que influyó para mal, con todos los matices que caben en esta discusión.  La historia, no obstante será quien lo juzgue, no ahora, sino más tarde, así que será cuestión de la Posteridad.

Sin embargo, si se tratara de identificar a un personaje cuya influencia hubiese permeado más que en el pensamiento y en los movimientos políticos y sociales de determinada región del planeta, en la idiosincrasia, en la forma de actuar de grandes sectores de nuestra sociedad actual, en ese caso, es posible que muchos coincidan en señalar a Cantinflas, el personaje creado por el mexicano Mario Moreno Reyes.  Su particular forma de ser, que fue plasmada en sus películas, principalmente las relativas a la década de los años cuarenta del siglo pasado, llegaron a enquistar en la idiosincrasia latinoamericana el famoso cantinfleo.

Este vocablo, incluso aceptado por la RAE, básicamente quiere decir: hablar de manera disparatada e incongruente, sin ningún contenido.  Aunque la realidad es que el cantinfleo en algunos casos va más allá de una forma de expresarse o de no expresarse, sino que alcanza además una actitud de exceso de confianza, oportunismo e irrespeto a la autoridad.

Nuestro acontecer nacional está plagado de intervenciones en donde el cantinfleo hace de las suyas.  Desde la feliz inocencia de los niños y jóvenes que con el mayor desparpajo responden con una andanada de palabras que al final no significan nada, ya sea a sus padres, a sus docentes o bien, en general, a sus mayores.

En los adultos la influencia del inolvidable mimo se hace más evidente pues abundan las oportunidades en donde un oportuno cantinfleo puede librarlos de la situación embarazosa de responder con la verdad.  No sería aventurado afirmar que las probabilidades de un ciudadano promedio de sufrir un acto de violencia y de que sea víctima de un cantinfleo andan casi tana catana.  Desde el marido que explica cándidamente a su esposa los motivos por los que se apareció hasta el tercer día, como resucitado con una sábana encima, hasta el operador de un call center que nos ha llamado para ofrecer un leonino préstamo, tratando de responder a nuestra pregunta que de dónde obtuvo nuestro número telefónico.  Muchos podrán recordar a cualquier conductor de televisión que es obligado a estirar tiempo durante una trasmisión y no tiene otra alternativa más que comenzar a cantinflear.

No obstante es el nivel de empresarios y políticos en donde el cantinfleo es una herramienta vital para el adecuado desenvolvimiento de sus carreras.  Ante la pregunta inevitable que plantea al unísono toda la sociedad, respecto a la causa de que los precios de los combustibles no siguen la misma tendencia, en proporción ante la estrepitosa caída de los precios del petróleo, algún iluminado responde: “…hay que distinguir que una cosa es el mercado del crudo y otro el de los combustibles. Tomen en cuenta que el crudo pasa por un proceso industrial, por lo tanto los precios son distintos…” Recórcholis diría Condorito.

Por su parte, algún defensor del proyecto del canal interoceánico responde ante la inquietud natural de la población respecto al impacto ambiental de dicho proyecto: “Nosotros pensamos que este megaproyecto, partiendo de que el canal debe estar al servicio de la naturaleza y no la naturaleza al servicio del canal, creemos que es una oportunidad para la restauración ambiental del territorio, creemos que da una oportunidad muy valiosa para el ordenamiento de este territorio”  Chanfle, exclamaría Chespirito.

Un magistrado que provoca los más agrios sentimientos entre todos los nicaragüenses responde a la pregunta de que si a pesar de todo permanecerá en su cargo: “Seguiré adelante cumpliendo con la patria, si no, buscaré qué hacer”.  Rayos y centellas admitiría Gene Autry.

Lo insólito ocurre cuando esta socorrida práctica llega hasta un documento oficial del Estado, como es lo siguiente, extraído de un Decreto Presidencial:  “Honramos a Darío entregándonos a trabajar para cultivar la Paz, el Amanecer, los Colores y las Luces del Alba, la Alegría del Aire que contiene Grandeza y Espíritu con el que forjamos las Realizaciones de los Nuevos Días”. No hay razón, chato, diría el inolvidable mimo.

Soy un ferviente creyente de que el buen humor es un elemento vital para soportar el transcurso de esta vida, pues como decía el gran filósofo británico Alan Watts: “Las personas sólo sufren porque toman en serio lo que los dioses hacen por diversión”.  No obstante, en el cantinfleo hay cierta percepción de parte de quien lo practica que su interlocutor tiene un nivel intelectual equivalente al salario mínimo.  Así pues, dejarnos cantinflear impunemente pudiera minar nuestra autoestima en grado considerable, de tal forma que es necesario, estimado lector, que realice su mejor esfuerzo porque el émulo del mimo no se salga con la suya.  Contraataque, interrogue, riposte, hasta que el individuo comprenda que usted es un hueso duro de roer y que aquel no se saldrá con la suya. Por último, dígale como don Mario: “¿Cómo dijo que me dice que dijo? Tons como quien dice: a volar, joven”.

 

 

3 comentarios

Archivado bajo cultura, lenguaje, Nicaragüense