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Gotas de lluvia

Para quienes hemos sido aficionados al cine toda la vida, recordamos que los últimos años de la década de los sesenta estuvieron plagados del célebre spaguetti western, título que le endilgaron los críticos a las películas sobre el oeste norteamericano producidas en Italia y rodadas en su mayoría en España.  Al inicio, fue emocionante ver la trilogía de los dólares, de Sergio Leone, en donde cobró fama Clint Eastwood, sin embargo, con el tiempo el género fue cayendo en lo insulso y en la violencia sin sentido.  Así pues, al agonizar la década, los aficionados añorábamos las películas de vaqueros originales y el cine norteamericano respondió acertadamente con dos gigantescas producciones.  La primera fue La pandilla salvaje (The wild bunch) que devolvió a Hollywood la supremacía del género y un nuevo estilo para el mismo.  Poco tiempo después surgió una película que a Nicaragua nos llegó en 1970 con el título de Dos hombres y un destino, pero que su título original en inglés era Butch Cassidy and the Sundance Kid.  Para todos a quienes nos había cautivado Katharine Ross en El Graduado, la película ya tenía un gran atractivo, contando también el elenco a Paul Newman y Robert Redford.

Creo, sin temor a equivocarme, que esa película ha sido una de las que más ha quedado grabada en la mente de los nicaragüenses que tuvieron la oportunidad de verla.  Después de tantos años, es imposible olvidar la escena en donde Paul Newman pasea en bicicleta con Katharine Ross, mientras una melodiosa canción traía de la mano a una genial toma fotográfica.  De la misma forma, quedó por mucho tiempo el recuerdo de la escena final de la película, en donde los dos bandidos se trasladan a Bolivia y se enfrentan al ejército de aquel país, finalizando la misma, cuando los soldados disparan al unísono, dejando la escena congelada para que el público se imaginara el resto.  Recuerdo que en la proyección alguien del público gritó: -Traigan a la tanqueta, en alusión al modus operandi de la guardia nacional, que barría a las células urbanas de guerrilleros con el apoyo de una tanqueta.

Posterior a la película, la canción que sirvió de tema a la película llegó a ocupar los primeros lugares en todos los charts de los Estados Unidos y de casi todos los del mundo entero.  En Nicaragua también ocupó los primeros lugar del hit parade, más aún cuando la misma ganó el Oscar al mejor tema musical original de película.  Dicho tema se llamaba Raindrops keep falling on my head, traducido como Gotas de lluvia sobre mi cabeza y su versión original era interpretada por el cantante norteamericano B. J. Thomas quien se había hecho famoso por el éxito Hooked on a feeling (Adicto a un sentimiento).    El Oscar fue otorgado a sus autores, Burt Bacharach quien compuso la música y a Hal David, quien escribió la letra.  Sin embargo, generalmente se recuerda en una canción a quien compone la música y quien es el responsable de la letra queda un tanto en el olvido y esto ocurrió con esta dupla.

El tema Raindrops keep falling on my head, es un verdadero himno al optimismo en donde Hal David se esmeró en enviar un claro mensaje de entereza ante las adversidades y que remata al decir: “Llorar no es para mí, pues nunca voy a detener la lluvia quejándome, porque soy libre, nada me preocupa”.  Fue Hal David también quien compuso la letra de What the world needs now is love (Lo que el mundo necesita ahora es amor), una dulce expresión sobre la necesidad del amor y que ha sido utilizada en una gran cantidad de películas como fondo musical.

Hal David, cuyo nombre completo era Harold Lane David, de origen neoyorkino, empezó su carrera musical en los años cuarenta, trabajando con algunos directores de bandas como Guy Lombardo.  En los años cincuenta conoció a Burt Bacharach y juntos hicieron una fructífera carrera musical.  A finales de esa década, nos llegó a Nicaragua su primer éxito en la voz de Perry Como, Magic Moments (Momentos mágicos), aunque no sabíamos quién había compuesto dicha canción.    Luego en asociación con Dionne Warwick, lanzaron al éxito una serie de temas como: Do you know the way to San José (Conoces el camino a San José), I´ll never fall in love again (Nunca me volveré a enamorar), This girl is in love with you (Esta muchacha está enamorada de ti), I say a Little prayer (Digo una pequeña oración).  Esta dupla también escribió el gran tema de Carpenters Close to you (Cerca de ti), así como los temas de las películas Alfie, What´s new pussycat, Casino Royal, entre otros.

Luego de separarse de Bacharach, David trabajó con otros compositores, resaltando el tema To all the girls I loved before (A todas las chicas que antes amé), que fue interpretada por Julio Iglesias (en un inglés infame) y Willie Nelson, así como el clásico We have all the time of the world (Tenemos todo el tiempo del mundo), con música de John Barry para la película Al servicio secreto de Su Majestad, de la serie de James Bond y que interpretara el recordado Louis Armstrong.

En su carrera musical de más de cincuenta años, Hal David se hizo acreedor de muchos reconocimientos.  Además del Oscar de la Academia, un premio Tony y un premio Grammy, ingresó en el Salón de la Fama de Escritores de Música, tanto en el nacional como en el de Nashville; recibió un doctorado en música de parte de la Universidad de Illinois, recibió una estrella en el Paseo de la Fama en Hollywood, así como múltiples reconocimientos de parte de la comunidad judía de los Estados Unidos; sin embargo, el más prestigiado que recibió fue el Premio Gershinwg, otorgado por la Biblioteca del Congreso en forma conjunta con Burt Bacharach, en 2011.

El pasado 1 de septiembre Hal David falleció a la edad de 91 años, dejando un gran legado musical.  Según el propio David, siempre buscó la credibilidad, simplicidad e impacto emocional en las letras que compuso.  La noticia que resaltó en los diarios norteamericanos y de la mayor parte del mundo, no tuvo eco en los medios nacionales, más ocupados en lo relativo al casting de Mister Nicaragua.

No obstante, David estará presente cada vez que recordemos aquellos días de nuestra juventud, cuando soñábamos pasear a una damisela en bicicleta, con el fondo musical de Raindrops keep fallin on my head, o bien al recordar la película Al servicio secreto de Su Majestad y el dulce rostro de Diana Rigg, la única esposa de James Bond y en el fondo la particular voz de Louis Armstrong cantando:

“We have all the love in the world

if that’s all we have

you will find we need nothing more

every step of the way will find us”.

 

 

 

 

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La conocí un domingo

Parece mentira que son ya casi cincuenta años desde que una baladita empezó a escucharse por toda Nicaragua.  Con una simplicidad sorprendente, tanto en la melodía como en la letra.  El tema que llevaba por nombre Celia se convirtió de la noche a la mañana en una favorita de la audiencia nacional.  Su autor e intérprete era un argentino, hasta esa fecha desconocido y cuyo nombre costaba un poco asimilarse pues en ese tiempo nadie sabía que Leo Dan era una contracción de Leopoldo Dante Tévez.

Sería tal vez que estábamos en la pre adolescencia que la sencillez de la balada hizo que fuera tan pegajosa como aquellos papeles matamoscas.  En realidad la cantábamos sin ponerle mucho cuidado a la letra que ahora, después de tanto tiempo, corre el riesgo de ser considerada de una extrema insulsez.  No reparábamos en eso de: La conocí un domingo, hablamos de pasear (debido a la pronunciación del pibe, se llegaba a confundir con pasión, algo tal vez más emocionante) le pregunté su nombre y muchas cosas más; el lunes fue un fracaso, no vino ya lo sé, porque al otro domingo, de nuevo la encontré.  Aquella extrema inocencia que le llevó a cavilar hasta comprender que la muchacha solo llegaba a ese sitio los domingos.  Luego eso de entrar juntos a la iglesia para que Dios desde el altar los bendijera remataba el candor de la balada que ni siquiera llegaba a los dos minutos de duración.  Sin embargo, aquella exaltación precoz de la inocencia cautivó al público nicaragüense y la colocó casi de inmediato en los primeros lugares del hit parade local.

Muy poco tiempo después apareció en escena el tema Fanny, que con un corte musical muy parecido al de Celia, logró también ubicarse en los primeros lugares de preferencia del público.  Un poco más extensa, pues duraba dos minutos con cuarenta y seis, incluyendo ya un intermedio de violines y acordeón, regresando a la repetición de las estrofas iniciales.  La letra continuaba siendo de una enorme simplicidad: estas son cosas que pasan y es el tiempo quien después dirá o bien  tu “fuite” buena al pensar que yo a ti te amaba ya.  Sin embargo, un par de estrofas caían en una profundidad oceánica:  el mundo gira y gira y cuando gira es chico, quizás nos encontramos, entonces tu sabrás la vida es un sueño en donde al despertar te encuentras el final y el comienzo para amar, reflexión que ni siquiera don Pedro Calderón dela Barca pudiera haber soñado.  A pesar de todo, arrastrados por la pegajosa melodía, la cantábamos una y otra vez.

Los siguientes temas tuvieron un éxito asegurado pues ya toda la audiencia esperaba ansiosamente la producción del cantautor argentino, así pues llegaron baladas un tanto mejor elaboradas y con letras más consistentes, así fue que Marisa, Cómo te extraño mi amor, Te he prometido, Pero Raquel, Susana Llámame, Tu llegaste cuando menos te esperaba, Pareces una nena, Por un caminito, Siempre estoy pensando en ella, Cómo saber si te amo, Qué tiene la niña.  Este último tema, a pesar que una de las películas en que aparece el cantautor muestra a la tal niña bastante crecidita, en cierto momento se dijo que esa canción era de las favoritas del recordado Marcial Maciel Degollado.

Al desconocerse en el pueblo que el cantautor era oriundo de la provincia de Santiago del Estero, cuya capital es la ciudad del mismo nombre, al escuchar el tema Santiago Querido, muchos malpensados empezaron con un:  Eeeejjjjj, Uhhhhhh, hasta que alguien con un poco más de alcance explicaba que a lo mejor Leo Dan se refería a Santiago, Chile.  Ahhhhh.

Cuando a finales de los sesenta Leo Dan se trasladó a España, se observó un cambio en su música y prueba de esto es el gran éxito Mary es mi amor, que vino a consolidar la carrera del cantautor.  Con el camino bastante allanado por Leo Dan en los sesenta incursionan en Latinoamérica otros tres grandes cantautores argentinos: Palito Ortega, Sandro y Leonardo Favio.  Este último en un tema llamado Ding Dong, son las cosas del amor que canta con Carola, hay una parte hablada en donde él le pregunta sobre sus gustos musicales y ella le responde que le gustan Vivaldi, Bach, entonces Favio le dice que la verdad a él quien le gusta es Leo Dan, a lo que Carola le responde que a ella también y así rematan la canción.

En los años setenta Leo Dan se fue a vivir a México, en donde logró labrarse una enorme carrera musical, componiendo una gran cantidad de temas al estilo ranchero.  También logró “traducir” hacia ese género la mayoría de sus éxitos tradicionales.  Aquí debo decir que a mí en lo particular, no me gusta escuchar esos temas del inicio de su carrera con mariachi, aunque como dicen, en gustos se rompen sacos.   Tal vez habría dos temas que necesariamente deben escucharse con mariachi y son Esa pared y Toquen mariachis canten.

En la década de los ochenta regresa a su natal Argentina en donde incursiona en la política y se lanza como candidato de gobernador de su provincia de Santiago del Estero, en donde a pesar de cantarle a los votantes: “No podrás ser feliz con ningún otro” no logra alcanzar la victoria en las urnas.   Así que sin obstinación alguna, regresa al mundo de la música en donde a la fecha continúa, apoyando recientemente la carrera musical de su hija.

Este año Leo Dan llegó a los setenta años y tiene una envidiable carrera, con 2,037 canciones compuestas, la participación en cuatro películas, la publicación de dos libros y una considerable colección de premios y reconocimientos.  Sin embargo, lo más importante es el cariño que ha cultivado de parte de los aficionados a su música, que tal vez no tendrá la fuerza de los temas de Leonardo Favio, el dramatismo de las interpretaciones de Sandro o la jovialidad de las canciones de Palito Ortega, sin embargo, aquella sencillez de sus primeras canciones se quedó incrustada en el corazón de muchos jóvenes.  De tal forma que no es remoto observar que cuando se escuche en el radio una voz que de manera timorata exclama: “La conocí un domingo…” muchos harán a un lado lo postergable y dedicarán ese instante, de menos de dos minutos para viajar en el tiempo y volver a sentir aquella dulce sensación cuando sus pasos eran ligeros, su corazón estaba ileso y las ilusiones no cabían sus bolsillos.

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We don´t say goodbye

Definitivamente no creo en los horóscopos.  Se me hace difícil aceptar que 582 millones de personas compartan sus caracteres y su destino, conforme lo predice un pelafustán.  Conozco personas que comparten conmigo ese período zodiacal, muchos de ellos entrañables familiares y amigos, en quienes podría identificar algunas cualidades coincidentes conmigo, pero a la vez gente nefasta, que si yo tuviera un ápice de sus rasgos ya me hubiera hecho el Hara-Kiri.

Con mayor contundencia puede observarse lo anterior en el caso de las personas que nacen en la misma fecha y que es motivo para descripciones y predicciones más complejas de parte de los astrólogos.

En mi caso, la única situación que he logrado identificar es la de los gemelos Maurice y Robin Gibb.  Los tres nacimos un 22 de diciembre de 1949, con minutos de diferencia, justo cuando finalizaba el solsticio de invierno, ellos en la Islade Man en Inglaterra y yo en México, D.F.

Crecimos tal vez al mismo ritmo, aprendimos a caminar casi al mismo tiempo, llegamos a hablar casi a la misma edad y como todo niño fuimos a la escuela, jugamos, aprendimos, nos equivocamos y tantas cosas que van ocurriendo con la vida.  Sin embargo, de repente los hermanos Gibb empezaron a desarrollar un talento musical que solo en mis sueños podría yo alcanzar.   Junto a su hermano mayor Barry formaron uno de los grupos musicales más exitosos de la historia: Los Bee Gees.

Llegué a conocer a ese sensacional grupo en 1968, cuando ya vivía en Managua y disfrutaba de la sensación de libertad que significaba la vida universitaria.  Frente a la Casa Sengelmannen el propio centro de la capital, estaba un puesto que distribuía la revista mexicana Pop y que con mis hermanos empezamos a coleccionar, pues tenía noticias del mundo de la música y las letras de las canciones que más pegaban en la época.  Ahí se hablaba a menudo de los Bee Gees, sin embargo, en las radiodifusoras no acababa de aparecer su música.  Incluso se incluyó un reportaje sobre la boda de Maurice con la cantante Lulú, quien se había hecho famosa por su interpretación Al maestro con cariño, en la película del mismo nombre.   A las ondas hertzianas llegó primero la versión en español de Palabras con Johnny Dìnamo y los Leo.  De hecho la primera canción original de los Bee Gees que yo escuché en el radio fue I gotta get a message to you y meses después, ya entrado 1969, las radiodifusoras no paraban de tocar I started a joke y Massachussets.   Luego nos llegó To love somebody, aunque de más vieja producción, así como Melody Fair y First of May.   Luego disfrutamos How can you mend a broken Heart.

Después del terremoto de 1972 mi hermano Ovidio se apareció con un Long Play de los Bee Gees, el primero de ese grupo que se tuvo en la casa y era To whom it may concern, el cual hicimos sonar infinidad de veces, en especial los temas Run to me y I can bring love.

Cuando a mediados de los setenta los Bee Gees se trasladaron a Miami, ensayando un nuevo estilo, nos anticiparon lo que sería su música con dos éxitos Jive talking y Nights of Broadway.

El conjunto alcanzó la cúspide de su carrera con la banda sonora de la película “Fiebre del sábado por la noche”.  La combinación del film con la música de fondo produjo un efecto arrollador que se tradujo en ventas extraordinarias del álbum, las cuales alcanzaron 40 millones de copias, convirtiéndose en la banda sonora de mayor venta en toda la historia.  A nivel de éxitos sencillos también lograron colocar en los primeros lugares de las listas de popularidad en todo el mundo, los temas de la película, así como nuevas composiciones que interpretó el grupo o algunos artistas de la época como Ivon Elliman, Tavares, Samantha Sang, Frankie Valli, entre otros.

Creo que muchos conciudadanos guardan especiales recuerdos cuando escuchan, More than a woman, Emotions, If I can´t have you, Grease,  Too much heaven o How deep is your love.

Para junio de 1979, en plena insurrección, un canal de televisión se dedicó a trasmitir mañana, tarde y noche, tres videos, el de Rod Stewart interpretando Do ya think I´m sexy,  ABBA con su éxito Chiquitita y How can you mend a broken heart de Bee Gees.

De los ochenta en adelante prácticamente le perdí la pista a los Bee Gees, salvo tal vez el fugaz éxito alcanzado por su hermano Andy.  En ocasión de un cumpleaños, no recuerdo cuál, mi madre me envió de regalo un video con el concierto “One night only”, que el grupo había realizado en Las Vegas en 1997.  También me hizo llegar un video en donde Celine Dion interpreta con ellos el tema que el grupo compuso especialmente para ella: Immortality y que juntos grabaron en 1998.  Disfruté tanto de esos videos, en especial por el cariño con que me los enviaba mi madre.

Cuando en 2003 falleció Maurice, la noticia me sorprendió y sentí pesar por él al haber partido de manera prematura.  Miraba con tristeza el emotivo video en donde, tan solo un año antes, canta con su ex esposa Lulú, First of may.

Ahora que falleció Robin, me sentí más impactado, con un nudo en la garganta. Sería tal vez que en los últimos años he recibido tantos golpes que me sigo preguntando como ellos: How can you mend a broken heart? y me he vuelto más sensible, o será tal vez que pienso que de aquellos tres que compartíamos un fecha tan especial, solo quedo yo y dos tumbas en Inglaterra tienen precisamente esa fecha en que yo también nací.  En realidad no lo sé.

En vía de mientras, escucho repetidamente el tema Immortality y me repito una y otra vez:  “We don´t say good bye”.

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El chelineado

Hace un par de años, una millonaria rusa pagó la bicoca de treinta mil dólares por bailar una pieza con el actor norteamericano Ashton Kutcher.  Un atenuante de semejante dispendio es que se trataba de un baile benéfico en Moscú, a favor de los niños pobres camboyanos.

Es inevitable que esto nos traiga a la mente, aquellos tiempos en que se acostumbraba el “chelineado”, que consistía en una pista de baile improvisada, en donde al ritmo de la música de una vitrola o una roconola, algunas muchachas estaban disponibles para que cualquiera que pagara la módica cantidad de veinticinco centavos de córdoba, bailara con ellas una pieza del repertorio.

El nombre de “chelineado” viene de “chelín” vocablo que se le adjudicaba a la moneda de veinticinco centavos de córdoba, nombre prestado del shilling inglés que equivalía a la vigésima parte de una libra esterlina.  Era un término popular que los puristas del lenguaje no llegaron a aceptar nunca, corrigiendo a todos aquellos que se empecinaban en utilizarlo de manera natural.

Cabe la aclaración que la modalidad de pago por baile no es autóctona nicaragüense, pues desde los Estados Unidos hasta Argentina se encuentran mecanismos muy similares, con la diferencia de que en estos lugares se acostumbraba aún con la música de orquestas que tocaban en vivo, mientras que en Nicaragua, surgió con la ampliación de la música de vitrola o bien de roconola.   En México esta modalidad dio origen a las famosas “ficheras” quienes eran muchachas contratadas por los bares o salones para que además de bailar, acompañaran a los clientes, les hicieran consumir e invitarlas a tragos carísimos, pues supuestamente ellas bebían whisky de malta única y de más de 8 años de envejecido, aunque les servían un vulgar ron que luego, al descuido del acompañante, vertían en una macetera.

El chelineado más antiguo del que se tiene registro en Nicaragua, es tal vez el del legendario “Cuchara” un individuo apodado así por la forma de su boca que semejaba a alguien que está tomando de una cuchara y que vivía en el barrio conocido como Las Latas, junto al Barrio Santa Ana en Managua, quien organizaba bailes en un solar vacío, amenizados por una vitrola y en donde el varón que deseaba bailar compraba un papelito por la cantidad de veinticinco centavos, mismo que era cobrado al iniciar la pieza musical por un colector que recorría el “salón” e iba de pareja en pareja.  Años después cuando don Luis Miranda organizó sus famosos bailongos, bajo otra mecánica, un poco más al estilo de un club obrero, el chelineado de “Cuchara” desapareció, sin embargo, la idea fue replicada en el interior del país.

Es probable aquellos mayores del medio siglo recuerden en sus respectivas ciudades algún chelineado.  En San Marcos, Carazo, era una actividad eventual que se daba para las fiestas patronales de abril y en donde se improvisaba una “pista de baile” ya fuera junto a la barrera de toros o bien en El Retén, en la salida hacia Jinotepe.  Ahí muchos conciudadanos aprendieron sus primeros pasos de danza, al ritmo de alguna canción de Peñaranda.  En La Concha, era una actividad de todo el año y con grupos considerables de muchachas, de tal manera que de vez en cuando se organizaban en San Marcos excursiones hacia esa ciudad vecina para darle rienda suelta al espíritu danzarín.  Cuentan también que en Rivas una señora que además de dedicarse a destazar cerdos, tenía los fines de semana un local en donde funcionaba un chelineado.

En este fenómeno cultural que se dio en todo el país, es importante aclarar que el espíritu del emprendimiento estaba dirigido a satisfacer la demanda de solaz de un sector que de otra manera no tenía la oportunidad realizar esa expresión tan arraigada en el ser humano como es la danza.  Las muchachas que ahí asistían, lo único que alquilaban era su tiempo y su destreza en la danza, ganando un porcentaje de aquel chelín que cargaba el organizador, por bailar con un desconocido, le agradara o no.  También hay que advertir que en algunos casos, los organizadores estaban involucrados en el negocio de la prostitución y algunas de las bailarinas, no todas, eran de “todo tiro a home”, es decir, si alguien le llegaba al precio, podían realizar otros arreglos fuera de la pista.  Algo parecido a lo que manejan como su espíritu los “escort services”, en que se ofrece la compañía de una mujer culta, para algún caballero solitario que guste de la buena mesa, una conversación de altura y desee sacar pecho al lado de una beldad y que en raras ocasiones pueden llegar a otros arreglos.

Una vez llegó a mi casa en San Marcos una señora para ayudar en el lavado y el planchado de la ropa.  Todos le decían Doña Josefina, porque creían que así era su nombre, hasta que un día descubrimos que ese no era su nombre, sino que en su juventud había trabajado en un chelineado y se destacaba bailando aquel famoso Twist de la gallina, que hablaba de una gallinita llamada Josefina que se volvió loca por el twist; así pues, la bailarina desde entonces se hizo acreedora de ese sobrenombre.  Se había retirado del baile, se casó, tuvo varios hijos y para ayudar a la economía familiar, lavaba y planchaba ropa a domicilio.  Al conocer lo anterior, se le pidió disculpas y se le empezó a llamar por su verdadero nombre, aunque cuando en el equipó de sonido de la casa sonaba alguna canción guapachosa, todos disimuladamente se asomaban al lavandero para ver si la señora seguía el ritmo, pero nada de eso trajo el barco, la señora como si no escuchara la música seguía en su afán.

Actualmente, el chelineado desapareció casi por completo del territorio nacional, salvo tal vez alguna excepción muy tierra adentro y seguramente debe costar cinco córdobas o algo así.  Al momento de extenderse el uso de aparatos de sonido en cada hogar y que los bailes dejaron de ser manifestaciones clasistas, fue más fácil que todos tuvieran acceso a lugares en donde pudieran encontrar una pareja para bailar, sin necesidad de pagar, salvo tal vez un cover o un consumo mínimo.  Como dicen, nunca falta un roto para un descosido.  Sin embargo, si en una fiesta observa a un individuo que ya libró el medio siglo y su estilo está entre el sobaqueado y el arrancamonte, no cabe duda que aprendió a bailar en un chelineado.

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Perro mundo

 

La clasificación de las películas hoy en día se ha convertido en una simple referencia que muy pocas veces alienta a los padres de familia a discernir sobre lo que sus hijos pueden o no, ver en el cine.  Muy pocas veces he visto que en la taquilla de un cine le nieguen el acceso a un menor para una película clasificada como “R” y por otra parte he visto a una familia entrar a ver una de estas películas, con excesos en las escenas de violencia o sexo, acompañados de niños de 4 o 5 años que cargan además con una dotación de alimentos suficiente para sostener a un hospicio.

Hace cincuenta años las cosas eran muy diferentes.  Las películas con escenas un tanto subidas de tono eran clasificadas como “Prohibida para menores de 18 años” y cuando de acuerdo al censor se arañaban los límites de lo permitido en un espectáculo de esta naturaleza y que pudiese provocar acciones pecaminosas por pensamiento palabra u obra, entonces la etiquetaban como “Prohibida para menores de 21 años”.  Esta clasificación estaba resaltada en letras grandes en el programa impreso que a diario se repartía en el pueblo.  Estaba además la guía de El Observador que leía el párroco y se encargaba de advertir a la feligresía en sus sermones.  Además de la señal de alerta para los padres de familia para vigilar que sus hijos menores no vieran estas películas, la etiqueta servía como un eficaz medio de promoción, pues esas funciones ponían al cine de bote en bote, con una audiencia que en su mayoría se autocalificaba como de “amplio criterio”.

Muchos recordarán alguna de estas películas, como es el caso de “La cigarra no es un bicho”, cuyo título hizo palidecer, casi hasta el desmayo, a las beatas del pueblo y sonrojar a la legión entera de las hijas de María y eso que nunca en su vida habían visto una cigarra.  Al final resultó que en esta cinta argentina,La Cigarraera un motel en donde ocurre un brote de peste bubónica que obliga a dejar en cuarentena a los clientes que en ese momento ahí se encontraban.

No obstante, un caso digno de recordarse es el de la película “Perro mundo” un documental italiano que bajo el título original de “Mondo cane” se produjo en 1962.  La presentación en Nicaragua ocurrió en 1963 y causó una enorme sensación, debido a la etiqueta de prohibida para menores de 21 años.  Así que ni siquiera se me pasó remotamente por la mente tratar de verla.  Me tuve que conformar con las crónicas marcianas de los compañeros de colegio mayores, que aún sin tener la edad, se las ingeniaron para ingresar al cine, algunos con el beneplácito de sus padres, otros escabulléndose por el barcito de al lado del teatro y luego ufanándose de adultos, comentaban algunos pasajes de la película.

Lo que no tuvo restricciones de ninguna especie y fue disfrutado por todos fue su tema musical, compuesto por Nino Oliviero y Riz Ortolani.  En el film, es cantada por la renombrada vocalista italiana Katyna Ranieri bajo el título de Ti guardero´ nel cuore, (Te miraré en el corazón).  Luego se le puso letra en inglés y bajo el título de More (Más) fue interpretada por toda una constelación de cantantes como: Frank Sinatra, Doris Day, Andy Williams, Perry Como, Nat King Cole, Brenda Lee, Frankie Avalon, Marvin Gaye, Shirley Bassey, Bobby Darin, Aretha Franklin, Matt Monro, Diana Ross, Judy Garland, Bob McGrath, Tom Jones, Della Reese, Paul Anka, Tony Bayani, Eddie Allard, The Lettermen, Vic Damone, Harry Connick, Engelbert Humperdinck, Steve Lawrence, Andrea Boccelli, Danny Williams, además de las versiones instrumentales de Ray Conniff, The Ventures, Kai Winding, The Electromaniacs y desde luego, la versión al estilo jazz de los autores Ortolani y Oliviero.  En español no tuvo la gran cantidad de intérpretes pues recordamos tan solo la versión de Enrique Guzmán y una al estilo ranchero a cargo del Mariachi Nuevo Tecalitlán.  También muchos recordarán aquel disco que de repente inundó el mercado nacional llamado “Un verano con los Dinners”, del conjunto del mismo nombre originario de Mérida, México, en donde aparecía una versión instrumental de Más, al estilo de The Ventures.

Cuando llegué a Managua para ingresar a la universidad, tuve la oportunidad de ver todas las películas prohibidas para menores que no había visto anteriormente, así como todas las que iban saliendo, como una forma de ejercer la libertad que significaba alcanzar el nivel universitario.  La única que no volvieron a presentar y me quedé con la curiosidad de ver fue precisamente “Perro mundo”.

Hace poco, navegando en YouTube, me encontré con la famosa película y sin pensarlo dos veces la miré, cincuenta años después de su estreno mundial.  Se me hizo extraño que aún en YouTube tengan ciertas incongruencias como es el hecho de que los avances de la película requieren de una certificación de edad del cibernauta, no así la película completa.  Cosas veredes.  En su época la película tenía una advertencia que decía:  “Si usted no tiene un estómago de hierro, no podrá soportar esta película”.  En realidad el documental presenta algunos casos representativos de las cosas insólitas que tienen las diferentes culturas del mundo, como rituales de los nativos de Nueva Guinea, cementerios de perros en Estados Unidos, borracheras de cerveza en Alemania, degustación de cucarachas y otros insectos en Singapur y así por el estilo. Llama la atención que al inicio del film, cuando se presentan los créditos del mismo mientras un perro es conducido a través de una perrera llena de canes que ladran a más no poder, aparece una aclaración que reza: “Todas las escenas que verá en esta película son verdaderas y están tomadas de la vida misma.  Si a menudo son chocantes, es porque hay muchas cosas chocantes en este mundo.  Además, la misión del cronista no es endulzar la verdad, sino reportarla objetivamente”.  A pesar de lo anterior, se observa en el film que muchas escenas son actuadas.

La película tiene una fotografía impecable para la época, sin embargo, las cosas chocantes que supuestamente incluye el film, pueden verse ahora en la televisión más ampliamente y con lujo de detalles en el Discovery Channel o el NATGEO, en horario familiar. Todas las porquerías con que los creadores de la película creían que provocarían una nausea sostenida en el auditorio, se las come ahora muerto de la risa Andrew Zimmern, en su programa de comidas exóticas en del Discovery Travel and Living.  En fin, la prohibidísima película Perro Mundo, comparada con las escenas de cualquiera de las entregas de “Saw”, pareciera un capítulo de Heidi.

Indudablemente, las cosas han cambiado mucho, sin embargo, pareciera que el mundo se empeña en generar nuevas cosas que nos chocan y que al leer las noticias en los periódicos, llenas de asesinatos, atrocidades, injusticias, discriminación, fraudes,  intolerancia, nos llevan siempre a pensar en que vivimos en el mismo lugar que en su tiempo aquella película solo para mayores de 21 años calificó como un perro mundo.

 

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Esqueça

En el año 2000, por motivos de trabajo estuve un par de semanas en el estado brasileño de Río Grande del Sur, en donde está ubicada la reserva natural Pantanal del Mattogrosso, muy famosa en Nicaragua por haberse filmado ahí una telenovela que tuvo a la ciudadanía pegada al televisor por mucho tiempo.  Al final de la visita, una noche salí con unos amigos a un local en Porto Alegre, la capital del estado, en donde había música en vivo.

Esperaba que la actuación de los intérpretes en el estrado se centrara en la música que para mí era lo más representativo de ese país: Jobin, Moraes, Powell, Gilberto, entre otros, sin embargo, el programa giraba en torno a la música popular, incluyendo los éxitos de Alexandre Pires y Só pra contrariar.  En cierto momento, le llegó al cantante en turno un papelito de parte de alguien de la audiencia y después de hablar rápidamente con el resto del grupo, se arrancaron con una canción.  Al inicio, por la introducción no logré identificarla, como casi todas las que ahí se cantaban, sin embargo, el cantante inició:  Esqueça, si ele ñao te ama, esqueça, si ele ñao te quer…

En ese momento se me vino a la mente una canción que por más de treinta años, por alguna razón se había quedado olvidada en algún lugar de mi memoria.  Sería tal vez porque el título en español de la misma: Olvídalo, había sido como una orden hipnótica para archivarla en alguna carpeta que a su vez se escondería en alguna pista ignota de mi disco duro.  En 1967 habían llegado a Nicaragua algunos temas de Roberto Carlos pertenecientes al álbum Eu te darei o ceu, lanzado por el cantante en 1966, que por alguna razón estaban en portugués: Eu estou apaixonado por você, Esqueça y el tema con el mismo nombre del álbum.  Debió haber sido por motivos de comercialización o disponibilidad de tiempo, pues un par de años antes, ya había llegado la versión en español de Mi cacharrito y Rosa, Rosita, es más del citado álbum, el tema Namoradinha de um amigo meu, tenía una versión es español, que por cierto no se prestaba muy bien a la traducción.

Los temas tuvieron en Nicaragua una gran aceptación, pues tenían una melodía agradable y pegajosa, a pesar de que con la letra la mayoría se quedaba en ele olo chico zapote.  Algunos grupos nacionales se atrevieron a interpretarlas en portugués cometiendo una sarta de barrabasadas, como aquel que decía: pensó en José, en lugar de penso em você.  En esos éxitos se comenzó a observar los intermedios que hicieron famosos a los temas de Roberto Carlos, en donde un instrumento, en aquel caso, el órgano (Hammond), jugueteaba con la melodía.

El local en Porto Alegre se emocionó con la interpretación de Esqueça al punto que corearon las últimas estrofas al unísono y al final ofrecieron una gran ovación al cantante, quien agradeció de manera especial a la audiencia, aludiendo al gran cantante e ídolo brasileño Roberto Carlos.  En esa ocasión me dio la impresión que este tema, aún dentro de la extensa discografía del cantante, era una de las preferidas del público brasileño.  No estaba equivocado, pues en el espectáculo Elas cantam Roberto, realizado en mayo de 2009 en el Teatro Municipal de Sao Paulo, en ocasión de los 50 años de carrera artística de Roberto Carlos, con la participación de las principales cantantes de ese país, Daniela Mercury y Wanderlea, interpretaron a dúo Esqueça.

Lo más interesante del caso es que aunque la mayoría de los brasileños y los pocos nicaragüenses que recuerdan esa canción creen que el tema es de la autoría de Roberto Carlos, no es más que un cover que el brasileño realizó del tema que a inicios de 1964 lanzara el cantante de rock norteamericano Bobby Rydell.  Este intérprete no fue muy conocido en Latinoamérica, a pesar que sus principales temas se colocaron en las listas de preferencia de los Estados Unidos, como la canción que nos ocupa que tenía originalmente el título de Forget him.  Sus amigos de la infancia, Frankie Avalon y Fabian, con quienes tuvo un conjunto fueron más reconocidos por estos lugares.  Rydell interpretó la versión que años antes interpretara e hiciera famosa el gran Dean Martin del tema Quién será, del músico mexicano Pablo Beltrán Ruiz y que en inglés se conoció con el nombre de Sway, así como el tema Wild one y Volare.  Un año más tarde el grupo liderado por Gary Lewis, The Playboys, lanzaron una nueva versión de Forget him, con un toque más parecido a los grupos de la British invasion, pero cuya calidad no llegaba a los talones a la versión original y solo fue un relleno para el álbum This diamond ring.

Más interesante es el hecho de que el autor de Forget him es el gran músico inglés Tony Hatch, quien a veces navegaba con el seudónimo de Mark Anthony (nada que ver con el salsero).  Hatch es un renombrado músico y compositor conocido con el mote de El Bacharach inglés.  Dentro de su extensa producción tal vez algunos recordarán Look for a star (Buscando una estrella), que a finales de los años cincuenta interpretara el saxofonista Billy Vaughan y que era de las piezas preferidas por los concursantes en el recordado Programa Perfecto, que se trasmitía en la Estación X y era patrocinado por la Mercedes Benz.  Hatch, también compuso mucho del repertorio de la cantante inglesa Petula Clark, incluyendo el éxito del cual ella vendió más de tres millones de copias: Downtown.

Así pues es muy pertinente aquel viejo dicho: “Nadie sabe para quién trabaja”.  Aunque aquí también se aplica:  “Una de cal por otra de arena”, pues algo similar ocurre con el éxito original de Roberto y Erasmo Carlos, Sentado a la vera del camino, del cual la cantante italiana Ornella Vanoni, realizara un cover bajo el título de L´appuntamento, el cual alcanzó un gran éxito y recientemente fue incluido en la banda sonora de la película Ocean Twelve.  Es posible que en Italia una gran mayoría crea que este tema es original de la Vanoni compuesto por su esposo Gino Paoli, quien amorosamente le había compuesto Senza fine.

Así pues, vemos que en el mundo del espectáculo siempre hay omisiones ingratas y los verdaderos autores de algún tema, o el intérprete original, generalmente queda escondido en el olvido para una gran parte de la audiencia.  Sin embargo, ahora con la magia de Youtube, puede usted disfrutar de Esqueça, en las versiones de Roberto Carlos y Daniela Mercury y compararlas con Forget him de Bobby Rydell o de Gary Lewis y los Playboys.

 

 

 

 

 

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Pegados

Frecuentemente veo las ediciones en línea de los principales periódicos internacionales y en especial los de México y España.  Me parece muy interesante conocer la cotidianidad de otros lugares, ver las noticias del mundo desde otra perspectiva y más que nada disfrutar de un periodismo de altura.

El caso es que recientemente me encontré con algunos artículos en España con la reseña de una obra de teatro, del género musical, que está causando furor en ese país.  La obra cuyo nombre, Pegados, no provoca en primera instancia mayor suspicacia, se trata de un encuentro casual de una pareja que al calor de las hormonas, llegan a tener sexo en el baño de una cafetería. Un tanto prosaico, pero así va la historia.  La suerte no estuvo de su parte pues ocurre que se quedan literalmente pegados y al no poder desembarazarse de esa situación deben acudir a un hospital para que clínicamente arreglen el problema.  Resulta que la atención en el hospital no es inmediata, de tal forma que da tiempo para que en medio de sus tribulaciones puedan cantar y bailar y lo mejor de todo, conocerse.  Aparentemente el tema de la obra es tratado con la delicadeza que amerita, de tal forma que una situación tan difícil y que para algunos llegaría a ser grotesca, puede ser asimilada por la audiencia y aceptarla con el humorismo y frescura con que se desarrolla la puesta en escena.

Indudablemente las causas y consecuencias del entuerto se mencionan de manera tangencial y en medio de la chacota con que se aborda el asunto.  Me imagino que la situación parte de un principio que debe de pertenecer a la neumática, algo así como la fuerza inversa de una botella de champaña o bien a la mecánica newtoniana y por lo tanto la situación no es inverosímil.  Lo que resulta una exageración es el ánimo de los protagonistas para cantar y bailar en medio de su calvario y tal vez no sólo el ánimo, sino la capacidad gimnástica para hacerlo.  Sólo me imagino que podrían cantar La Hiedra y bailar un palo de mayo o una lambada, pero en fin, son artistas y pueden llegar a dominar cualquier situación escénica.

Para darle cierto marco de realismo a la historia, los autores o más bien los relacionistas públicos de la obra señalan que la misma se basa en un hecho real que fue consignado en uno que otro periódico español.

Lo insólito del asunto y que me ha motivado a escribir sobre este tema, es que en Nicaragua sucedió algo extrañamente similar a la historia del musical.  Fue a finales de los años setenta cuando la tranquilidad del Hospital Regional de Jinotepe fue interrumpida por susurros que fueron esparciéndonos a lo largo y ancho del nosocomio. Luego se observaron rostros con los ojos desorbitados, quijadas desencajadas, jesuses, risitas, cachetes ruborizados, escozores, en fin una amplia gama de reacciones a la noticia de que una pareja había sido llevada de emergencia porque se había quedado pegada mientras practicaban el acto sexual.  Para complicar el cuadro, la sala de operaciones estaba ocupada con una intervención que parecía iba para largo; no habían consultorios desocupados, así que ante las protestas y ruegos de la pareja, la misma fue dejada en una camilla en un corredor, cubierta tan solo con una delgada sábana.  Está por demás narrar los viajecitos emprendidos por gran parte del personal y uno que otro paciente curioso para ver de quién se trataba el caso, utilizando los pretextos más inverosímiles.

Mi padre que en esa época trabajaba en ese hospital conoció de cerca el caso, sin embargo, al ser requerido para atenderlo y conocer el nombre de los protagonistas, solicitó que le apartaran ese cáliz, pues resulta que la pareja era de San Marcos y más aún, la muchacha era hija de una amiga cercana de él.  Un tanto a regañadientes tuvo que dirigirse a auscultar a un paciente y pasar irremediablemente por donde estaba la infortunada pareja, tratando de no volver a verlos, sin embargo, el protagonista al reconocerlo, con la impasibilidad de alguien se encuentra la playa tomando el sol exclamó: -Ideay doctor.  La muchacha se arrebujó en el pedazo de sábana.  Mi padre no supo que contestar, pues un: -¿Cómo están? hubiera sido una obviedad y –¿Cómo va la cosa ahí?, una perogrullada. Así que se limitó a saludar con la mano y fingir que atendía una emergencia para pasar de largo.  Cabe aclarar que esto lo supe por terceras personas, pues mi padre tenía un enorme sentido de la confidencialidad y la discreción y a pesar de no ser sus pacientes, no quiso comentar nada al respecto.  Años más tarde, en una reunión familiar, al calor de los tragos salió el cuento a relucir y mi padre se limitó a sonreír.

Ignoro el procedimiento mediante el cual lograron volver las cosas a la normalidad, por lo menos en lo relativo a las partes, que al saber por qué ostentan un título nobiliario, pues sentimentalmente la pareja tomó cada quien su camino.  La muchacha, que en realidad no se consideraba de ningún modo como casquivana, ni siquiera ojo alegre, es más, creo que militó en las filas de las Hijas de María, al final, tuvo que emigrar fuera del país con su familia para nunca regresar.  El varón siguió con su vida normal, como si hubiera completado un episodio de Survivor.

En la obra musical, mientras cantan y bailan su infortunio, la pareja va conociéndose y al final parece que se enamoran y colorín colorado.  El éxito del musical ha sido tan sonoro, que en México ya compraron los derechos y la han estrenado en una versión un tanto más timorata, propia para el público de estas latitudes.  Colijo yo, sin haber visto la obra, que la peculiar situación no conduce a ninguna moraleja, pues este accidente, que es una verdadera serendipia, podría ocurrir aunque la relación se lleve a cabo en la cama king size de un palacio o en el lavatorio de un avión, si se realiza por dos desconocidos o por una pareja enamorada, por dos pecadores o por dos santos.  Es simplemente un capricho de la física.

No creo que ningún grupo de teatro nacional, por muy experimental que pretenda ser, se atrevería a montar esta obra en Nicaragua.  Como cantaba Alvaro Carrillo: Pasarán más de mil años, muchos más.  La gente tal vez lo resista en la vida real, buscando algún pretexto para observar a la infortunada pareja, pero verlo en escena y aplaudirlo, ya son otros cinco pesos.

Como decía Don Fabio: “…auténtico, ahí nos vemos Güicho.”

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