El petit pois: invasor e imperialista

 

 

Recientemente la Asamblea Nacional de Nicaragua aprobó la Ley para el Fortalecimiento y Promoción de las Tradiciones, Costumbres y Gastronomía del pueblo nicaragüense como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación.  Las verdaderas intenciones del oficialismo respecto a esa ley se desconocen, sin embargo, la oposición sostiene algunas teorías conspirativas que incluyen la intención de arrancarle a la iglesia católica el patrimonio sobre las comidas de cuaresma, lo cual es un tremendo dislate, pues de ninguna manera la iglesia, cualquiera que fuese, mucho menos el Estado, puede detentar el patrimonio sobre determinada gastronomía, el cual le pertenece exclusivamente al pueblo.

Sin embargo, esto no es lo más florido del cuento.  Resulta que en la discusión de la mencionada ley, que me imagino ha de haber sido una extensa “platica de presos”, un diputado oficialista mandó la esférica al otro lado de la cerca, por los 400 pies, al acusar en el hemiciclo a viva voz al petit pois de invasor e imperialista.  En un inicio, los padres de la patria se quedaron patidifusos y obnubilados, pues lo primero que se les vino a la mente, al igual que todos quienes después conocieron el cuento, fue la figura del canciller y vocero del régimen, a quien desde hace mucho tiempo, cuando militaba en la otra acera, de cariño le adosaron el remoquete de “El Petit Pois”.  No fue sino hasta que el legislador agregó que debe de ser erradicado del país porque amenaza al arte culinario nacional, que todos cayeron en cuenta que se trataba de la leguminosa.

Abro aquí un paréntesis para una cápsula ilustrativa.  El petit pois es la semilla de la Pisum Sativum, planta herbácea de la familia de las leguminosas, originaria del Cercano Oriente y diseminada luego por Europa.  En español tiene diversos nombres de acuerdo a la región: chícharo, guisante, arveja, etc.  En Nicaragua, en virtud de que esta planta no se produce localmente, su consumo se ha satisfecho tradicionalmente a través de la importación de las semillas enlatadas, en un inicio con el nombre en francés de petit pois, motivo por el cual todos lo conocen con ese nombre y en general se pronuncia como “petipuá” o “petipoá”, aunque muchos lo deforman a “peticuá” o “piticuá”. Cierro paréntesis.

De regreso a la discusión, el diputado en cuestión también se llevó en el saco a otros productos extranjeros como las uvas y ciruelas pasas, así como otros productos importados que representan la invasión imperialista culinaria en el país.  Agregó al saco a la comida chatarra y hamburguesas, porque provocan el olvido de la comida tradicional y atentan contra las tradiciones nicaragüenses.

Al respecto es necesario resaltar que en la gastronomía es muy difícil separar el concepto de fusión, debido a que toda cultura, en algún momento y por diversas razones ha coincidido con otras culturas, resultando un intercambio, entre otros, de prácticas e ingredientes culinarios que han venido a enriquecer cada gastronomía.

Si en un afán de ser puristas se pretendiera erradicar de cada gastronomía los ingredientes que no son autóctonos de determinado país o región, se causaría una verdadera debacle.  Si por ejemplo al plato emblemático de la gastronomía mexicana, el mole poblano, se desterraran los elementos exóticos, había que prescindir de la cebolla, el ajo, las pasas, el ajonjolí, las nueces, las almendras, el clavo, la canela, el perejil e incluso el chocolate, pues si bien es cierto, el cacao y la bebida original del chocolate son originarias de América, el chocolate amargo es un elemento desarrollado en Europa.  En Perú, el Ceviche tendría que elaborarse sin limón ni cebolla.  Por su parte, la Bandeja Paisa colombiana tendría que preparase sin arroz, chicharrón, chorizo, carne molida, huevos, plátanos ni morcilla (moronga).   En Europa, también habría que erradicar de cada gastronomía, el arroz, el tomate, la papa, las especias, dejándolas prácticamente en la calle.  ¿Se imaginan que sería de las papas a la francesa, el fish and chips, la pizza o la tortilla de patatas?

En el caso de Nicaragua, la situación no sería diferente.  El apetecido nacatamal, tendría que prescindir del cerdo, su manteca y la envoltura de hoja de plátano, sin contar con aquellos herejes que le agregan ciruelas y pasas, regresando a los tamales de los mexicas, con carne de guardatinaja o chompipe y envuelto en hojas de maíz.  El vaho por su parte, tendría que prepararse con carnes criollas y solo llevaría yuca, pues el plátano y el maduro, al igual que sus hojas para taparlo, son exóticas, quitando además la cebolla y el ajo.  El indio viejo tendría que prepararse sin cebolla ni ajo, tendría que llevar carne de monte y no podría acompañarse de un guineo.  En el caso de la gallina henchida o navideña, sólo quedaría el tomate y la papa y del relleno navideño, solo el tomate.  El vigorón no llevaría chicharrón.  El mondongo y el quesillo tendrían que desaparecer y por su parte la chicha, así como otros refrescos típicos no llevarían dulce de rapadura ni azúcar, mucho menos especias.

Si retomamos el caso del petit pois, se puede decir que es un elemento utilizado ocasionalmente en la gastronomía nicaragüense.  Se emplea en algunas ensaladas y salsas que acompañan a carnes, pero su protagonismo ocurre en el arroz a la valenciana.  Este platillo apareció en escena en la cocina nicaragüense en la primera mitad del siglo XX.  Se deriva de la paella valenciana o arroz a la valenciana, como se le conoce en España y fue adaptado a la cocina local, al igual que en muchos países latinoamericanos, de conformidad con los elementos que podían conseguirse en cada región.

La paella valenciana es un platillo que se remonta a mediados del siglo 18 en la región de Valencia, España y que pronto se extendió por todo el territorio español.  Su receta original llevaba arroz, que por cierto es originario de Asia, anguila, judías verdes y caracoles, aunque luego se introdujo la carne de pollo y conejo.  La receta actual del platillo que posee denominación de origen, incluye arroz, pollo, conejo, judías verdes, garrofón (especie de judía), tomate, aceite de oliva, azafrán y sal.  El nombre valenciano de paella se deriva del nombre del recipiente en donde se prepara, del latín patella y que en español tomó el nombre de paila.

En Nicaragua se convirtió en un platillo muy popular, debido a que su sencillez y rendimiento lo hizo ideal para reuniones familiares y fiestas, pues se trata de un plato único que no requiere de entradas o de un segundo plato y que con unas tres o cuatro rodajas de pan de molde y una Coca Cola, ya resuelve.  Tradicionalmente se sirve en cualquier época del año en reuniones en donde asiste un buen número de invitados, lo cual lo hace un plato práctico y rendidor.  La receta local lleva arroz, pollo, embutidos, mantequilla, salsa de tomate, zanahoria, chiltoma, cebolla, apio, ajo y como elemento un tanto más de adorno que para darle sabor, el petit pois.  Algunos se emocionan y le agregan mostaza, salsa inglesa, pasas, aceitunas y maíz dulce.  Algunos apóstatas incluyen una media botella de ron, misma que se atraviesan de manera previa y ya hasta el sereguete, le agregan a la receta cerveza, coca cola y hasta vino blanco.  El nombre de este platillo es arroz a la valenciana, aunque algunos le llaman arroz con pollo y otros más folclóricos le llaman arroz de cumpleaños, arroz de piñata o arroz de pereque.

Como nota curiosa, menciono que este mismo platillo en Cuba lleva el nombre de Arroz con pollo a la Chorrera y es un plato infaltable en las fiestas familiares cubanas y con tremendos sacrificios tratan de mantener los ingredientes originales del mismo, que incluye coincidentemente al petit pois.

Así pues, si al tenor de su origen externo eliminamos al petit pois de esta receta, tendríamos también que quitar el arroz, originario de los imperios asiáticos, el pollo natural del  sudeste asiático, los embutidos, originarios de Europa, la cebolla, el apio, el ajo, todos ellos traídos por los españoles, de tal manera que el platillo entero desaparecería de nuestra gastronomía, de la misma manera que la enorme paila de arroz a la valenciana se esfuma al final de la fiesta.

No obstante las consideraciones anteriores, hay ciertas probabilidades de que a final de cuentas, el petit pois, al igual que algunos ingredientes puedan salir de la gastronomía nacional, no por la satanización que se haga de ellos, sino por vulgares razones económicas.  La pérdida del poder adquisitivo de la población en general, así como ciertas políticas recaudatorias que inciden en el esquema arancelario y de impuestos al consumo, podrían hacer prohibitivos algunos ingredientes importados.   En la actualidad, una lata mediana de petit pois de 425 gramos cuesta alrededor de dos dólares, cuando en tiempos de la otra dictadura costaba cerca de los 75 centavos de dólar y no es remoto que en cualquier momento puede dispararse hasta los tres dólares, lo cual provocaría que este elemento se desterrara del arroz a la valenciana y lo mismo sucedería con algunos ingredientes de la gastronomía nicaragüense que son importados.

De esta manera, la Ley para el Fortalecimiento y Promoción de las Tradiciones, Costumbres y Gastronomía del pueblo nicaragüense, debe partir del hecho de que nuestra gastronomía es una fusión de todas las culturas que confluyen en nuestra identidad mestiza, la indígena, la española y la negra, además de otros elementos que de alguna u otra forma se lograron colar en la misma y si es un apremio del gobierno, fortalecer y promoverla, debe de hacerlo sin distinguir el origen de todos sus elementos y si es preciso hacer cambios en la política fiscal para asegurar que estas tradiciones se mantengan, pues que se realicen.   Considero pertinente traer a colación la frase del gran chef francés, Alain Dutournier: “Creo en la cocina de mestizaje, que es el fruto del paso del tiempo, de invasiones, de la emigración, de la integración de usos y costumbres de diferentes pueblos.  En definitiva, el mestizaje es producto de la historia”.

Del otro Petit Pois, mejor ni hablar.

5 comentarios

Archivado bajo cultura, Familia, Nicaragüense

5 Respuestas a “El petit pois: invasor e imperialista

  1. Espectacular, como siempre tu relato. Un abrazo.

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  2. El nuestro es un país de dislates, a quien se le ocurra el peor. Saludos, Orlando, muy buen escrito.

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  3. Sonia Durán

    Seguramente el diputado no comerá en Navidad los platillos que llevan petit pois.

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  4. Jorge B.

    Increíble. Disfruté de inicio a fin.
    Gracias

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  5. Roberto Garcia

    Orlando, siempre me alegra el recibir notificación de una nueva escritura tuya. Me gusta el mezclar de la noticia actual (algunas ridículas como esta del petit pois) y como afectaría algunas de las ya largas tradiciones locales. Tu sabiduría de nuestra historia es impresionante, y al igual de los cuentos, muy fácil y entretenidos al leyente. Saludos desde Portland, Oregon.

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