El alcoholímetro

 

 

El marcado incremento de accidentes de tránsito, ligado a la presencia de alcohol en los conductores que se dio en la primera mitad del siglo XX, obligó a las autoridades de los países desarrollados a buscar alternativas  para medir el nivel de alcohol en estos individuos, con el fin de regular y detener el uso de esta sustancia entre los conductores.  Esto dio origen al alcoholímetro, aparato que mide con marcada exactitud el nivel de alcohol en la sangre, derivado de la concentración en el aliento de una persona, estableciéndose al respecto una escala con los diferentes rangos de cantidad de alcohol presente.

En Nicaragua, así como en muchas partes del mundo, la sabiduría popular ha desarrollado desde tiempos ancestrales, un sistema de medición del nivel de alcohol en la sangre de un individuo, basado en la simple observación y utilizando frecuentemente el método Alver, con resultados más o menos apegados a la realidad de las cosas.  La ubicación de una persona dentro de cualquier nivel de la escala ha servido para atenuar o agravar las acciones derivadas de la conducta de cada uno de estos sujetos.  Lo interesante es que a la par de esa percepción del grado de presencia de alcohol en el individuo, la gente comenzó a crear una escala basada en vocablos que definen cada grado, en muchos casos, con jocosa originalidad.

En el nivel más bajo de la escala, que en los estándares modernos equivalen a una concentración de 0.0 a 0.3 gramos de etanol por litro de sangre, es decir en estado de sobriedad, el vocablo que más se ha utilizado es “bueno y sano”, que si se observa con detenimiento no tiene mucho que ver con dicho estado, también está su traducción al escaliche: “zanahoria” o bien los conceptos “normal” o “tranquilo”.

En el siguiente nivel que va desde los 0.4 a 0.6 g/l, que es donde comienza a notarse ligeramente los efectos del alcohol en el comportamiento del individuo, la gente cataloga al sujeto como “alegre” “alegrón” o bien se relaciona este nivel con la cantidad de tragos ingeridos, los cuales en este caso no deben sobrepasar los dos, es decir un par, entonces se usa la expresión: andaba “con un par de tragos adentro”.  Aquí es importante señalar que por alguna razón, el vulgo comenzó a relacionar la unidad de ingestión, que normalmente se maneja como “trago” (copa en otros países), con vocablos de connotación sexual, la mayoría de las veces relacionados con los órganos genitales, con el afán, tal vez, de darle mayor contundencia al asunto, de tal manera que los “tragos” se convirtieron en “vergazos”, “cachimbazos”, “turcazos” o “pijazos”.  En todos los casos siempre se dan equivalentes para el uso de los más comedidos: “reatazos”, “mecatazos”, “rielazos”, “fajazos”, “bolillazos” o “vergolillazos”.  De esta forma, en este nivel se utiliza la expresión “andar con un par de vergazos adentro” o bien en algunos para aliviar el grado y ser un tanto indulgentes, se utiliza en diminutivo: “un par de traguitos”.

Ahora bien, en el rango que va de los 0.7 a los 0.9 g/l, en donde el individuo comienza a presentar alteraciones en el equilibrio, entonces se dice que anda “mareado”, “mareadón” o “mariachi”, también se usa “rascado” o “rascadón” o bien “sesereque”.  Si se cuantifica mediante la cantidad de ingesta, se omite el “par” y se abre un abanico que va desde “andaba con sus vergazos adentro” si se acerca al 0.7 o bien, “andaba con sus buenos vergazos adentro” si se alcanza el 0.9.  Para estos casos se utiliza también la ubicación del destino de la ingesta “andaba con sus buenos cachimbazos entre pecho y espalda”.  En este nivel también se utiliza la expresión “andaba a media asta”.

Si se alcanza el nivel de 1.0 a 1.2 g/l, ya el sujeto se considera en completo estado de ebriedad.  Para el lenguaje popular, en el estrato de recato se dice que está “borracho” o un poco más campechanamente “bolo” o “picado”. Sin embargo, para el vulgo, este nivel presenta una gama impresionante de expresiones.  Invariablemente se utiliza el verbo andar, acompañado por una expresión que denota límites, para lo cual se agrega la preposición “hasta”.  De esta manera se dice que alguien “anda hasta el cepillo” “hasta el cerco” “hasta atrás” “hasta donde no es” “hasta los queques” “hasta el cereguete” “hasta los mambos” “hasta el queso”  “hasta la samagoyeta” o bien para darle más énfasis, se utilizan los socorridos vocablos de connotación sexual: “hasta la verga” “hasta el bicho” “hasta la turca” “hasta la cachimba”, “hasta el culo”, “hasta el cerote” o bien se disimulan estos conceptos con las variaciones “hasta la gaver” “hasta la vértebra” o bien “hasta el choby checker”.  Es importante aclarar que estas últimas expresiones también se utilizan como sinónimos de lleno o repleto, así pues cuando un local está a su máxima capacidad se dice que está “hasta la verga” o cualquiera de sus variantes.  Derivado de la expresión “hasta las cachas” que abarca muchos sentidos y que da a entender en extremo, sobremanera, a más no poder, se utilizó mucho “andaba hasta donde dice Collins” en alusión a la marca del machete tan utilizado en el campo nicaragüense.

Cuando el sujeto supera el nivel de 1.3 g/l, presenta alteraciones significativas en su control físico y mental y a medida que va aumentando, puede caer en una intoxicación severa.  En este nivel se mantienen los vocablos “hasta el órgano sexual de su preferencia”, sin embargo, para subrayar el grado superlativo de embriaguez, se agrega el adjetivo “mera”, “andaba hasta la mera verga”, o también puede sustituirse “mera” por  “vil” o “pura”.  Hace muchos años, se utilizaba el vocablo “improsulto” que originalmente significa muy leal, también utilizado como sinónimo de atrevido, descarado, malo o inútil.  Así cuando alguien andaba completamente borracho y su comportamiento era impertinente se decía que andaba “improsulto”.  También ha caído en desuso las expresiones que denotaban similitudes con el comportamiento del sujeto, como eran: “andaba arreando chanchos” o “andaba pegando papeletas”.

Es relevante aclarar que estas expresiones no presentan una discriminación por género, pues a medida que con el tiempo las mujeres han avanzado en los niveles de concentración de alcohol en su sangre, han sido objeto de calificación con todo el vocabulario mencionado anteriormente.  Asimismo, es importante anotar que para ambos sexos se utiliza indistintamente los vocablos que invocan uno u otro órgano sexual.  De esta forma un hombre puede indistintamente estar hasta la verga o hasta la cachimba y viceversa.

También es necesario acotar que como en todo, esta apreciación empírica puede experimentar falsos positivos o falsos negativos, pues de acuerdo a cada individuo, su masa corporal, las condiciones de su hígado, la velocidad con que ingiere el material bélico, así como su calidad, puede reflejarse de diversas maneras en el comportamiento del individuo.  Así pues, se encuentran sujetos que pueden ingerir hasta una media botella de licor, sin arrugar la cara y sin presentar ninguna señal que los delate, en cambio hay otros sujetos que con un solo trago, aun campaneado, presentan señales de una extrema embriaguez y es cuando se dice que “se pican con sopa de chancho”.

Durante mucho tiempo, en especial, en la segunda mitad del siglo XX, existió una presión social, básicamente proveniente del sector masculino, promoviendo el abuso en la ingesta de alcohol, inicialmente entre el mismo género, como una demostración de virilidad y a medida de que las féminas se atrevieron a navegar por esa escala, la presión se manifestó como una moda a seguir.  En esos tiempos, arañar los 1.2 gr/lt., merecía la asignación de la medalla de honor al valor que reflejaba la valía de la persona.  Cualquier desaguisado resultante de este estado simplemente se negaba o se apegaban a la enmienda constitucional de: “borracho no se vale”.

En el siglo XXI parece ser, afortunadamente, que va ganando terreno una tendencia sino a la sobriedad, a la templanza, toda vez que la población está cada vez más consciente de los daños que produce el alcohol al organismo.  Asimismo ha desalentado este consumo, la proliferación de la documentación de casi todos los actos de la vida diaria a través de una cantidad astronómica de cámaras, tanto de seguridad como de los celulares que porta la población y en donde se registran todos los dislates provenientes del abuso del alcohol y en menos de lo que canta un gallo, aparecen en el ciberespacio, donde es imposible hacerlos desaparecer.  Otro factor importante es el relativo a los estragos de la goma, pues por más propaganda que le hagan a un licor, el exceso en su consumo lleva a los terribles efectos del día después.  Así pues, el nivel de andar con “un par de pijazos adentro” podría ser un límite razonable para evitar futuras complicaciones.  En caso de alguien que tenga que conducir, lo más recomendable es que se mantenga “bueno y sano” para tener la conciencia, visión y reflejos al 100%.

 

 

 

 

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5 comentarios

Archivado bajo cultura, lenguaje, Nicaragüense

5 Respuestas a “El alcoholímetro

  1. Oscar Martinez Aguirre

    “Hasta donde dice Collins” Es una expresión también en desuso y se refiere a la marca del machete del mismo nombre, la cual llega cerca de la empuñadura del mismo. O bien, hasta la misma m….. Esta última usada por personas demasiadas atrevidas o bien, demasiado vulgares. En relación a la goma he visto a personas que tiemblan al siguiente día, si no le dan un “trago”. He visto a estas personas que se toman ese “trago” con un vaso tipo “carretonero” y se les quita de inmediato. Pero como dice el autor de este artículo, Lo mejor es andar al 100% es decir “Si maneja no tome y si toma, no maneje” especialmente en los días de Semana Santa que ya se acerca a pasos agigantados.

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  2. Oswaldo Ortega

    Muchos nicaraguenses para informar la dosis de alcohol argumentan que llevan únicamente “los reglamentarios”, sin precisar a cuanto asciende tal ingesta. El poeta brasileño Vinicio de Moraes comentaba que el hombre siempre está dos tragos de whiskey por debajo del nivel normal. Para alcanzar sus facultades plenas habría que nivelar el cuerpo y la mente con esa dosis -en lo personal creo que es una receta efectiva- sin embargo tal propuesta no la compartiría un policía apegado a protocolos y al resultado del alcoholímetro.
    Hoy en día hay que cuidarse no tanto del licor adulterado que se vende por ahí sino de los imbéciles que filman a los “amigos” en estado improsulto para compartir las imágenes en las redes sociales.

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  3. Marcos A. Sandoval B.

    Hoy a travez de este gran artículo tuyo Orlando recordé palabras muy nuestras que ya hace mucho que no escuchaba y que son pura filosofía nicaragüense,
    El poeta dice que “el vino saca lo que el hombre calla, lo que le quema por dentro, lo que le hiere el alma” y bueno creo personalmente que cualquier alegría que no proviene del vino es ficticia y si el agua destruye puentes y caminos, que no le hará a los intestinos.
    Sin embargo en la ciudad donde vivo, los polis en el alcoholímetro no me la van a hacer válida si les digo que vengo ” bueno y sano” se van a quedar en ele olo chico zapote.
    Saludes y un abrazo rompe costillas a la distancia.

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  4. Marco Antonio

    Exelente anecdoda, mis saludos ala distancia y bendiciones Dr. Ortega

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