Umbrío por la pena

Mi hijo menor, Rodrigo Joaquín, murió en 2011 a los 33 años.  Tenía un riñón trasplantado y en cierto momento, como de manera confabulada, se juntaron varios factores que le provocaron una falla multiorgánica.  Por casi un mes estuvo batallando valientemente por su vida, con la fortaleza que le daba el inmenso amor que tenía por sus dos pequeñas hijas, sin embargo, al final, su organismo no resistió más y las fuerzas lo abandonaron.

Enterramos a Rodrigo como se entierra a un hijo, con las uñas, con los dientes, con los huesos y con el ser entero hecho pedazos.   El cariño de la familia buena y de los amigos del alma, evitó que nos hundiéramos en un mar de depresión.  Con el tiempo, el cariño de sus hijas fue el bálsamo que vino a mitigar el dolor de tantas heridas.  Verlas crecer y sentir a Rodrigo vivir en ellas, vino a darle un nuevo sentido a nuestras vidas.

Sin embargo, desde aquella fecha, invariablemente cada día de mi vida, hay un momento, cuando estoy solo, en que siento un dolor que nace en mi pecho y sube para alojarse en mi garganta y me oprime como una soga, mientras en mi mente vuelve aquella escena de mi hijo, en aquella cama de hospital, con sus ojos cerrados para siempre.

Comparto esto, tan íntimo con ustedes, pues ahora que observo a tantos padres desconsolados al ver a sus hijos bañados en sangre y darse cuenta que están muertos, aquel dolor de siempre se me agranda.  Nunca un padre debe de enterrar a su hijo.  En estas circunstancias, estos padres tendrán que hacerlo con el alma hecha jirones.  Mientras yo viví siempre con el temor de que la muerte traicionera pudiera jugarnos una mala pasada, estos padres nunca se imaginaron que la tierna vida de sus hijos pudiera ser segada en un instante y peor aún, en tiempos en que nos ufanamos de civilizados, en una época en que somos tan sensibles como para denunciar el maltrato a un animal, de pronto venga un espíritu bestial y tenga las malas entrañas para cortar una vida,  la de un joven que lo único que hacía era manifestarse cívicamente.

Soy consciente de que nada de lo que le podamos decir a esos padres va a mitigar su dolor.  Tal vez con el tiempo el orgullo de aquella entrega y valentía podrá paliar el sufrimiento, sin embargo, ahora lo único que se me ocurre es decirles que me identifico con su dolor, que lo comprendo y que lo hago propio.  Al igual que la luz que mis nietas han traído a mi vida,  espero que ellos puedan encontrar cierto alivio a ese dolor, cuando crezca en esta tierra la libertad, cuando florezca esa capacidad de los seres humanos de aceptar las diferencias y respetar la disidencia.  Cuando el tercer milenio al fin nos alcance, cuando sean nuestros hijos quienes cierren nuestros ojos.

 

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6 comentarios

Archivado bajo cultura, Familia, Nicaragüense

6 Respuestas a “Umbrío por la pena

  1. Oscar Martinez Aguirre

    La verdad es que nadie es el mismo después de la muerte de un hijo. Todo cambia y se altera, es como empezar a vivir otra vez, cuando un hijo muere.
    Las cosas se miran con otra óptica, aparecen sentimientos y obstáculos que no son fáciles de sobrellevar y las personas alrededor no lo pueden comprender. Qué gran dolor el de Orlando y de su esposa, además del resto de la familia. Enterraron a Rodrigo Joaquín y un pedazo de su corazón iba con él. Y qué bueno que el amor de las hijas de Rodrigo, llegó a mitigar el dolor como bálsamo en su herida. No hay palabras para expresarle a Orlando mis sentimientos, pero sí creo que es el momento de pensar en que el dolor de la muerte de un hijo no siga sucediendo en Nicaragua de manera violenta. No. Eso no debe suceder! Somos civilizados y estamos en el Siglo XXI. Lo normal en la ley de la vida es que los hijos entierren a los padres, no lo contrario. Que Dios nos guíe por el camino a la justicia y la libertad.

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  2. Leopoldo Rodríguez

    Había dejado pasar varios días para leerte, la falta de valor, el encontrar el momento emocional adecuado, para algo que por las primeras líneas se sentía desgarrador, no fue fácil. Tus textos siempre invitan a una reflexión profunda y me has conmovido hasta la lagrima solidaria. A la distancia te mando un fuerte abrazo, vivir el peor de los miedos de un padre, ¿como solidarse contigo? Solo el amor de familia que desde aquí te mando querido primo.

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  3. Supongo que ni la mente más fértil de alguien que no la ha sufrido.puede imaginar en su medida el dolor de un padre ante la muerte de un hijo. Trato de imaginar y hacerlo sólo me conduce al dolor que de las más diversas formas sacuden a los padres: las mujeres que han muerto víctimas de sus parejas, ex parejas o similares son hijas de alguien, quienes mueren por falta de medicina, por una negligencia o una mala práctica médica o en algún accidente, todos son hijos de alguien…Morir de alguna de estas formas aunque no lo deseás ni imaginés que pueda llegar todos sabemops que la vida es un riesgo y la muerte puede estar a la vuelta de la esquina.

    Pero morir en las circunstancias en las que murieron-se dice que son sesentitrés- éso JAMÁS DEBIÓ OCURRIR. Porque para que eso dejara de ocurrir luchamos muchísimas personas de las cuales murieron miles y miles de ellas.

    Vos tenés conocimiento de lo que se siente perder un hijo, aunque te queda la satisfacción de haber hecho por él lo más posible, incluso darle una parte de cuerpo. Yo no tengo idea y espero en Dios sea mi hija quien cierre mis ojos.

    Que Dios bendiga a Nicaragua y a todas las partes del mundo que lo requieran para que la PAZ campee en todas partes

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  4. Mayita

    Que conmovedor escrito… no hay palabras que añadir o que eliminar… quedo con el sinsabor de la pena que causa el sentir empatia con el dolor tan inmenso que debe sentirse al perder un hijo bajo cualquier corcunstancia… un anrazo a todos estos padres y esperando que puedan con el tiempo ir aprendiendo a vivir con ese dolor que sale de las entrañas, porque definitivamente no podemos permitir que el dolor anide en nosotros permanentemente.

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  5. Marcos

    Hoy sus palabras a tenido la profundidad de un poema sentimental, la altura de una prosa profana y la amplitud de un escrito del alma, completamente en tres dimensiones, hay dolores que se adentran tanto en el alma que ni siquiera les han encontrado nombre, se puede ser huérfano o huérfana de padre o de madre, viudo o viuda, pero de un hijo o de un hermano no hay definición para ello, mi más sincero pésame para usted y para aquellos padres que ahora les lastimaron el alma al haber segado la vida de sus hijos y que Dios en su infinita misericordia les mande el consuelo a sus sentimientos y que estas almas jóvenes y puras sean recogidas en su regazo, así también hago votos por qué a la gente del poder les de entendimiento de saber que sus acciones han lastimado a una nación y que ojalá, solamente ojalá, nuestra patria realmente pueda nardos su máxima ” Que el trabajo es tu digno laurel y el honor es tu enseña triunfal”

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  6. Olga C. Wong

    Nunca mejor expresado. Todo padre puede imaginarse el dolor de los padres que han perdido un hijo. Pero, solo el que lo ha vivido en carne propia conoce la dimensión de ese dolor desgarrador.
    Mi corazón y oraciones con los padres de estos jóvenes valientes, martirizados por la ceguera de algunos.

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