El gato triste y azul

Cuando a finales de la década de los sesenta mi familia se trasladó a Managua, la música fue el elemento fundamental que acompañó ese cambio trascendental en nuestras vidas, marcado principalmente por la unión familiar.  Mi padre dejó de viajar y por primera vez podíamos disfrutar de más tiempo en común, en especial a la hora del almuerzo y en las calurosas tardes en la tranquilidad del Callejón Ramón Sáenz Morales, conocido como el Callejón de Alí Babá, en la vieja Managua.  Mis hermanos habían comenzado a descubrir el maravilloso mundo de la música y tres de ellos ya dominaban la guitarra, de tal manera que de vez en cuando, amenizábamos aquellas reuniones cantando en familia.

En esa época nos hicimos aficionados a la música italiana, en especial al Festival de San Remo y asimismo, seguíamos de cerca la carrera de Nicola Di Bari, uno de los intérpretes más escuchado, salido de dicho festival.  En 1971 de alguna manera apareció en nuestra casa, prestado de algún amigo, un álbum con los éxitos del San Remo 71, en donde resaltaba El corazón es un gitano, tema con el cual Nicola Di Bari se había apropiado del primer lugar, así como Qué será, Nina nana, ¿Cómo estás? entre otros.

Para 1972 esperamos como agua de mayo a San Remo y nos dio gusto saber que Nicola había vuelto a ganar el festival con Los días del arcoíris, a la par de Como Violetas, Plaza Grande, así como otros éxitos.  A los meses, en una pequeña discoteca que quedaba en la Calle Colón, cerca de la residencia estudiantil de la UNAN, encontré el álbum del festival e inmediatamente lo compré.  Al igual que el disco del año anterior, en familia disfrutamos al máximo aquella música.

En esos tiempos, la información que recibíamos del festival se limitaba a los temas finalistas del certamen, aunque en el álbum en su versión en español, incluían de acuerdo a los intereses de la disquera, algunos temas que no llegaron a la final.  Por lo anterior, no nos dimos cuenta que en aquel festival había participado Roberto Carlos con el tema Un gatto nel blu (Un gato en el cielo), de Savio y Bagazzi y que a pesar de las expectativas de muchos, no logró llegar a la final.  Una aparente derrota para alguien que había ganado el festival de 1968, con el tema Canzone per te,  junto a Sergio Endrigo, autor del tema.

A pesar de lo anterior, la disquera de Roberto Carlos vio en aquel tema un posible éxito para el mercado latinoamericano en especial el hispanoparlante y encargó a unos argentinos la versión en español del mismo.  Aquí es importante aclarar que a pesar del gran parecido entre el italiano y el español, la traducción del primero al segundo, es sumamente difícil, por el cambio de sentido de muchas palabras que se tratan de mantener como en el original.  Así fue que un gato en el cielo se transformó en un gato en la oscuridad, título que podría guardar sentido, sin embargo, en el desarrollo del tema, incluyeron a un gato triste y azul, para rescatar la palabra “blu”, del italiano y mantener la rima y la armonía del tema. Una edición de ese mismo álbum apareció con el título de “El gato que está triste y azul”.

Aquí es importante realizar una aclaración y es que el vocablo “blu”, en italiano, además de significar “azul”, se emplea también como “cielo”.  Muchos recordarán el éxito de Domenico Modugno que ganó el Festival de San Remo en 1958, llamado Nel blu dipinto di blu y que muchos recuerdan simplemente como Volare.  Pues bien, la traducción de lo anterior es “En el cielo, pintado de azul”.  Cuando Modugno grabó el tema en español, al no encontrar una traducción que pudiera tener sentido, muy inteligentemente, optó por cantar esa parte del estribillo en italiano.  No obstante, en la versión en español de Virginia López, pusieron “De azul, pintado de azul”, lo cual representó un contrasentido en la frase.

El caso es que Roberto Carlos, no se atrevió a cantar una versión en portugués de Un gato en la oscuridad, sin embargo, en la versión en español, a pesar del disparate del gato azul, se lanzó sin pensarlo mucho y el éxito que obtuvo fue arrollador.  En pocas semanas, el tema logró colocarse en los primeros lugares del hit parade en los principales países de Latinoamérica.

Así fue que a mediados de 1972 cada radiodifusora en Nicaragua se llenó del gato en la oscuridad.  En nuestra familia, la canción realmente nos cautivó.  En mi caso, las primeras estrofas estaban llenas de la tremenda verdad en el significado de la niñez y aquella alegría de jugar todo el día a la guerra, cuando nos bastaba arrancar varejones de los cercos de las casas del pueblo, para improvisar un fusil o una espada y con los hermanos y el gran amigo y vecino Ezequiel Jerez, lanzarnos a interminables batallas en donde moríamos y resucitábamos infinitas veces.

De esta forma, fueron varios meses en que escuchábamos noche y día el tema de Roberto Carlos y cada vez que se daba la oportunidad, la cantábamos en la familia. En aquellos días se unían al coro nuestras primas Giselle y Silvia.  Nos imaginábamos un gato en la oscuridad del callejón y sentíamos cómo nos llegaba al fondo del corazón aquel tema tan cargado de tristeza y melancolía, sin sospechar para nada que aquel era el preludio de una tragedia que estaba por llegar.  En aquella madrugada del 23 de diciembre, cuando todavía en alguna roconola lejana se apagaba el último “la-la-la-la-la” de Roberto Carlos, la tierra se estremeció y nos cambió la vida.

Nos despertamos de nuevo en el pueblo y por un buen rato, el silencio reinó en nuestra casa, nos dolían las palabras que salían de nuestras bocas, llorábamos muertos que no eran nuestros muertos, nos dolía ver postrada una ciudad que no era nuestra ciudad, añorábamos una casa que no era nuestra.  Hasta que un día, no recuerdo de dónde, apareció en nuestra casa el álbum Mediterráneo de Joan Manuel Serrat y él se encargó de poner el bálsamo de la música en nuestras vidas.  Mis hermanos comenzaron a tocar profesionalmente y la vida tuvo que seguir igual, como decía Julio Iglesias.

Por mucho tiempo, no sé si consciente o inconscientemente,  aquel gato quedó enterrado en el fondo de nuestros corazones, en aquella zona en donde nos da miedo hurgar.  Años más tarde, exiliados en México, en cierta ocasión en que coincidimos la mayoría de la familia, en medio de la sesión de canto, de repente surgió de nuevo el gato en la oscuridad y como por arte de magia, nos transportamos a la quietud del callejón, en aquella etapa inolvidable de nuestras vidas.  De esta forma, a partir de entonces cada vez que podemos estar juntos y nos da por cantar, siempre hay un lugar para el gato.

Estos últimos años nos ha dado poco por cantar.  Ya es más difícil reunirnos y cuando lo hacemos, el tiempo se pasa volando de tal suerte que no hay mucho tiempo para cantar.  Algunas veces, navegando por Youtube, me detengo en aquel tema y recuerdo aquellos años maravillosos.

Desde hace algún tiempo, en la madrugada, cuando el sueño se escapa de mi almohada, miro por la ventana y desde el techo un gato itinerante salta a un árbol para seguir luego hacia la casa vecina, pero antes de realizar su último salto, me vuelve a ver.  A veces pienso que el felino me mira en la oscuridad de mi habitación y le parezco triste.  Azul, tal vez no, pues ya sería demasiado surrealista.

10 comentarios

Archivado bajo Familia, Mùsica, Nicaragüense

10 Respuestas a “El gato triste y azul

  1. Manolo

    Pocas de sus “mémoires” me han conmovido tan profundamente como esta. Y no estoy seguro de poder decirte por qué.

    A mis 70 años, supongo que tal vez, como el autor también añoro días más simples llenos de la fragrancia de la inocencia. A veces, en mi mente vuelvo a caminar por las calles de la vieja Managua, por mi querido Barrio Santo Domingo. Cada canción, cada aroma de esos días me recuerda los tiempos cuando era adolescente y tenía poco de qué preocuparme, aparte del último éxito musical o la última moda. Reconozco que, viviendo en una caótica urbe americana, a medida que trato de entender tanta locura en el mundo de hoy, encuentro consuelo en esos dulces días pasados, sabiendo que yo también tenía mi propio gato triste y azul.

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  2. Qué conmovedor artículo.Difícilmente existe alguien que habiendo escuchado esa canción no se le haya grabado en el alma y lleve por siempre ese gato en su interior. He disfrutado -alegrándome, entristeciéndome y volviéndome a alegrar- tu escrito,

    Muchas gracias por compartir tu acuciosidad.

    Saludos.

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  3. Oswaldo Ortega

    Qué buenos recuerdos del Callejón de Alí Babá! Allá comencé aprender a tocar guitarra y después de casi medio siglo no he parado de hacerlo. Cantamos tantas veces “El gato triste y azul” que paradójicamente nunca me aficioné a ellos independientemente del color o estado anímico. En medio de todo, tuvimos la gran fortuna de tener el tiempo de sentarnos juntos a escuchar aquella música compuesta con honestidad y sencillez que hoy en día es tan difícil de encontrar. Tu blog esta vez vino oportunamente a rescatar un fin de semana metido en lluvia y decir gracias es quedarse corto.

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  4. Richard

    Me gustó mucho esta publicación. Para los que tengan interés también hay una versión en portugués grabada po esos años, mas no fue cantada por Roberto Carlos, sino por otro cantante brasileño,Gilberto Reis la cual es una versión excelente, con el título de ”Um Gato No Azul” y, el grupo Os Super Quentes grabaron otra versión de la misma con el título de ‘Um Gato No Azul” pero con la letra diferenta a la de Gilberto Reis. Saludos.

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  5. Oscar Martinez Aguirre

    Oh! Este gato triste y azul, me ha llenado de melancolía y nostalgia. Decía Víctor Hugo que “la melancolía es la felicidad de estar triste” Este sentimiento nos recuerda que algo nos falta, que estuvo ahí, que era bueno para nosotros, pero que ya no podemos recuperar. La década del 70 me trae recuerdos imborrables, especialmente la gran tragedia del 23 de diciembre del ´72. Como dice el autor, “la tierra se estremeció y nos cambió la vida” Y así fue. Fue un cambio tremendo. Desde luego la música de la época, aunque para mi era “Strangers in the night” de Frank Sinatra, Let it be The Beatles, el grupo Abba, Los Bee Gees, y desde luego Roberto Carlos, con su canción “Detalles” El cantautor español Joaquín Sabina, decía en la letra de una canción “vivo en el número siete, calle melancolía, quiero mudarme hace años al barrio de la alegría” . Bonito y poético el final de este post.

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  6. Marlon Berríos

    Muy buen post. Un gatto nel blu no llegó a la final en San Remo 1972 porque estaba compitiendo con enormes temas como: Los días del arcoíris, Como violetas, Plaza grande, etc. que lo llevaron a los últimos lugares de la clasificación. Roberto Carlos no tuvo mucho que ver, pues premiaban la canción en sí y lo mismo sucedió con grandes cantantes ese año, como fueron Bobby Solo y Rita Pavone.

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  7. Chepeleon Arguello U

    Con que facilidad sumís al lector en la trama de tu escrito, al final la melancolía por lo que ya no es, nos atrapa y al terminar de leer, buscaremos en YouTube la canción para revivir aquella era que como vos decís, murió con el terremoto.
    Hace unos 4 años, fuimos a un concierto de Roberto Carlos, aunque físicamente muestra la inclemencia de los años, aún conserva la voz para deleite del público.
    Lo bueno de esos tiempos es que aún conservo las viejas amistades que con el pasar de los años se fueron acentuando a tal grado que muchas de ellas son parte de la familia.
    Gracias hermano por compartir este escrito, que reafirma tu capacidad como escritor para que los mortales seamos parte de la trama al identificar más de un pasaje que nos hace creer que es nuestra historia la que estás contando.
    Un fuerte abrazo

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  8. Edgard E. Murillo

    Y creo que el disco se llamaba “Roberto Carlos en español”, o al menos ese fue el que compró mi mamá en 1974. Una bonita canción la del gato triste y azul que nunca se olvida que fuiste mía. Hoy la buscaré en youtube para recogerme en mi infancia. Gracias don Orlando!

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  9. Marcos

    Como siempre un placer y un lujo leerle y sobre todo caer envuelto en la magia de sus escritos que son recuerdos, pero como dice el dicho y dice bien, recordar es volver a vivir, gracias Don Orlando, un abrazo a la distancia.

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