La sopa de queso

Cuando la lucha por la conquista de Nicaragua se apaciguó, soldados y colonizadores se asentaron en las ciudades que fundaron en este territorio, comenzaron una nueva vida, retomaron el calendario y volvieron a observar las fiestas y tradiciones de su madre patria.  La celebración de la cuaresma y la semana santa eran obviamente las observancias obligadas y toda vez que ya existía una relativa estabilidad en la vida de los españoles, no había pretexto para dejar de practicar todo lo mandado por la santa madre iglesia.  De esta manera, además de la obligada mortificación en este período, estaba la práctica del ayuno y la abstinencia, que en aquellos tiempos era más estricta que en la actualidad, lo cual condujo a su vez a repensar lo referente a la gastronomía de la época.

Después de que por mucho tiempo los españoles aborrecieron la gastronomía local, descubrieron una sustancia: la resina.  Así pues, a punta de resignación y bajo la divisa de que la necesidad tiene cara de perro, iniciaron lo que ahora los “fashionistas” bautizaron como “comida fusión”, cuyo concepto es la mezcla de elementos de diferentes culturas culinarias y que en este caso era simplemente echar mano de lo que había.  Después de todo dicen que el hambre es arrecha, pero más arrecho el que la aguanta.

Una de las comidas clásicas de la gastronomía española para el tiempo de cuaresma es la sopa de ajo.  Sus orígenes se pierden en el tiempo y algunos investigadores la ubican en las regiones de Castilla y León.  Se prepara con agua, pan, preferiblemente duro, pimentón, laurel, ajo, aceite de oliva y huevos.  Esta sopa se hizo tradicional para el tiempo de cuaresma debido a que se trata de un plato humilde, que no lleva carne y su apariencia denota una marcada sobriedad.  Con el tiempo, cada región de la península  fue realizando sus propias adaptaciones de la sopa.  En algunas regiones de España se servían las llamadas sopas canas, mismas que son preparadas de manera muy parecida a la sopa de ajo, pero a la que le agregan leche.

Los nativos de este suelo conocían los caldos y sopas, aunque por el clima no ocuparon el lugar preponderante que tuvieron en los climas extremos de Europa.  Sin embargo, como parte de la transculturización fueron aceptando algunos platos provenientes de los conquistadores y contribuyeron a fusionarlos con algunos ingredientes locales, así como impusieron algunos exponentes de su propia gastronomía.

De esta manera, surgió la sopa de queso, que constituyó un sucedáneo de aquellas sopas de cuaresma de los españoles.  El problema es que para esa época prácticamente no había pan, ya que la  harina de trigo se hizo un bien prohibitivo debido al difícil abastecimiento, los grandes impuestos y tasas y los riesgos que representaron los piratas en la travesía del viejo al nuevo mundo, así que debió ser sustituida por el maíz.  Así que en lugar de agregarle pan a la sopa, se confeccionaron unas tortas y en otros casos roscas o rosquillas que imitaban al pan y la misma masa de maíz,  sirvió para espesarla.  Para darle más sabor, con el tiempo se le agregó queso a la masa.  Así fue como la sopa de queso, vino a convertirse en uno de los platos representativos de la temporada de cuaresma en Nicaragua.

De acuerdo a cada localidad en las regiones del Pacífico y Centro del país, fueron realizándose algunas adaptaciones a dicho platillo.  Generalmente esta sopa lleva masa de maíz, queso, huevos, aceite, achiote, chiltomas, hierbabuena, ajo, tomates, cebollas y sal al gusto.  Algunas variantes le agregan leche y otros más refinados le agregan crema.   En algunas regiones sustituyen el queso por cuajada, conociéndose el platillo como sopa de cuajada. De conformidad con el gusto de cada quien, algunos preparan tortas de la misma masa en lugar de tomar la forma de roscas. En ciertas zonas de la región del Pacífico se conoce también como sopa de rosquillas.

En la actualidad, la sopa de queso, al igual que muchos platillos típicos de la cuaresma, con los cuales compite, como sopas y preparados de pescados y mariscos, han pasado de ser una comida coadyuvante de los procesos de mortificación y reflexión, para convertirse en verdaderos deleites para el paladar.   Cabe aclarar que en esta situación interviene el concepto de “gusto adquirido” pues para apreciar el sabor del platillo se necesita una exposición prolongada con el aroma, el gusto y la textura y que a un extranjero, de primas a primera pueda parecerle no tan atractivo, al igual que los españoles rechazaron inicialmente todos los preparados del maíz.

Así pues, muchos son los nicaragüenses que esperan el miércoles de ceniza, como agua de mayo, porque en ese día, a más tardar el viernes siguiente, tendrán la oportunidad de saborear una suculenta sopa de queso.  Algunos contraviniendo las disposiciones para la época la acompañarán con el mecatazo de su preferencia.  Independientemente de lo anterior, al probar la primera cucharada y al morder la rosquillas, sentirán que se transportan a otra dimensión, cerrarán los ojos sin sospechar que hace algunos diez siglos, uno de sus ancestros, pastor tal vez, se deleitaba con una sopa de ajo, calmando un tanto el frío del final del invierno, sin comprender tampoco el porqué de la mortificación.

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2 comentarios

Archivado bajo cultura, Nicaragüense

2 Respuestas a “La sopa de queso

  1. Excelente artículo, Orlando. Me encanta la sopa de queso, y más la de cuajada. La preparo cuando se me antoja, en cualquier época del año. Saludos.

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  2. Oscar Martinez Aguirre

    De veras, se me ha hecho agua la boca con esta bendita sopa. Desde la foto hasta la parte descriptiva me ha derretido el paladar. Esta sopa la recuerdo desde que tenía uso de razón y la elaboraba mi señora madre, para la época de Cuaresma. Era una sopa de chuparse los dedos. No la hacía de rosquillas, la hacía de tortas. Riquísima! Este año la probé precisamente el 14 de febrero, Miércoles de Ceniza día de inicio de la Cuaresma. La elaboró una señora que es asistente del hogar. Antes tan mal que cocinaba, ahora tan bien. Y claro que sí! Un mecatazo de tequila El Cuervo sería lo apropiado, cerrar los ojos y transportarse a la 5ª. Dimensión, Y no solamente la sopa, también el Gaspar con arroz y el pinol de iguana, para así no comer carne y de esta forma cumplir con el ayuno y la abstinencia de carne en Semana Santa.

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