Hasta siempre Olafo, Lorenzo y Pepita

 

El humor ha sido un elemento vital en mi familia.  Me imagino que es algo genético y desde pequeño recuerdo que en las reuniones familiares parecía que la serotonina corría a raudales.  No obstante, debo de admitir que me costó mucho captar la agudeza que imperaba en aquellas conversaciones, la maestría en manejar la ironía, de manera que muchas veces sonreía sin saber de qué.

En la escuela era obvio que no se fomentaba el humor y es la fecha y el curriculum no llega a contemplar ninguna competencia relacionada con el humor.   Los adultos, por su parte, no tenían la paciencia de explicar cualquier chascarrillo que para un inocente niño no tenía ningún sentido y peor aun cuando en realidad tenía un doble sentido.  Sin embargo, al aprender a leer encontré la mejor escuela para adentrarme al mundo del humor y fue en los periódicos, que después de pasar por las manos de todos los adultos, llegaban a mí y ahí encontraba en las tiras cómicas mis primeras clases de humor.  En aquellos pocos cuadros en que se desarrollaba la historia, leía y releía tratando de encontrar el humor particular de cada una de ellas. Tal vez no alcance a recordar a qué periódico pertenecía cada historia, sin embargo tengo todavía presentes muchas de ellas.

La más aleccionadora para mí era la de un personaje que se llamaba “Tío Barbas”, un tipo delgado y que en su cara se adivinaban más que unas barbas, un enorme bigote cuyo blanco color denunciaba a un individuo de la tercera edad y que en los tres o cuatro cuadros de los que se componía la historia mostraba una situación hilarante, sin necesidad de insertar ningún diálogo.  No era nada rebuscado, sino que de un humor bastante simple por lo cual para mí era de fácil comprensión.

Me llamaba mucho la atención la tira que se llamaba “Educando a papá”, porque sus personajes tenían una pelotita por nariz.  Se trataba de una familia de nuevos ricos, Pancho y Ramona y las cómicas situaciones cuando Ramona trataba de encajar en su nuevo mundo social y Pancho siempre tirando al monte buscaba el bar de Perico, las comidas de baja ralea y los amigotes de siempre.  Con el tiempo y para ajustarse a la época, en los setenta se integró a la familia un sobrino hippie a quien se le conocía como Trapito.

Recuerdo también la clásica tira cómica llamada “Benitín y Eneas”, una pareja de amigos, por demás disímbola, pues Eneas era un tipo alto y delgado y Benitín era bajo, con una extraña barba y que la mayoría de las veces andaba con un sombrero de copa y en otras ocasiones lucía una completa calva.  Muchos ex alumnos del Calazans recordarán que le adosaron el mote de Benitín a uno de los padres fundadores de ese colegio en Managua llamado Bruno y que a pesar de que el hombre era un santo, que falleció en ese colegio en el terremoto de 1972, muchos pasaron su vida estudiantil creyendo a pie juntillas que su nombre real era Benitín.

También recuerdo a “Lorenzo y Pepita”, que me parece que es una de las tiras que por más tiempo han estado vigentes.  Se trata de Lorenzo Parachoques un típico trabajador norteamericano de clase media que vive en los suburbios, casado con Pepita, una rubia que de ama de casa al final se convierte en empresaria de catering.   Sus hijos Goyito y Cuquita pasan, en cámara lenta, de niños a adolescentes, pero quien siempre mantiene la nota infantil es Elmo, un pequeño vecino de enorme agudeza mental.  Los vecinos Heriberto y Hortensia también ayudan a provocar las situaciones chuscas de la historia, mientras el jefe de Lorenzo, el Sr. Julio González encarna al jefe déspota y explotador, sin embargo, Cora, su mujer siempre lo tiene agarrado de lo más ralo.  Un personaje que definitivamente le imprime mucho humor a la tira es Lou, el cocinero y mesero de una cafetería donde Lorenzo llega frecuentemente a comer y se encuentra con las más insalubres aventuras.

Otra tira que era muy divertida era una llamada “Maldades de dos pilluelos” y que en ocasiones también llevaba el nombre de “Los sobrinos del capitán”, que se refería a unos gemelos, supuestamente alemanes, llamados Fritz y Hans, que solo vivían buscando como hacerle maldades al Capitán, un viejo y obeso marinero a quien la madre de los niños, de enorme moño, le encarga su educación.  Nunca supe la relación entre el Capitán y la madre de los pilluelos o si más bien los verdaderos pilluelos eran los primeros.  También aparecía como comparsa del Capitán un vejete inspector de larga y blanca barba y una mujer llamada la Señorita Secante.

Había una tira cómica que me imagino era local, sin embargo no recuerdo quién era el responsable de la misma y se llamaba “El jincho vivo” y de la cual solo recuerdo el eslogan: “El jincho vivo, solo en La Prensa”.

Había otro tipo de tiras cómicas que eran de continuación, con una trama que se desarrollaba por muchos meses, con cuatro o cinco cuadros por día.  Ahí estaban “Tarzán”, “Mandrake el Mago”, “Popeye”, “El Fantasma”, entre otros.

Las ediciones dominicales traían algunas de las tiras anteriores, pero en formatos extendidos, es decir una historia en doce o quince cuadros en lugar de cuatro o cinco.  Yo prefería las ediciones diarias, pues el humor lucía más concentrado, más agudo.

También hay que recordar que muchas de estas tiras cómicas pasaron al formato de paquines “comics”, con cierto éxito.

Cuando crecí mantuve esa afición por las tiras cómicas, tanto las clásicas que se mantenían en circulación, como las nuevas que se iban incorporando como “Condorito”, “Charlie Brown (Peanuts)”, “Mafalda”, “Garfield”, “Olafo”, principalmente.

Los últimos años, con la inmediatez que nos otorga el internet, he tomado la costumbre de que tan solo al levantarme realizo un paneo sobre las ediciones en línea de los principales periódicos en nuestro idioma. En el caso de Nicaragua hago una doble lectura, pues me entero oportunamente de las noticias relevantes en las ediciones en línea y me reservo la edición impresa para escudriñar aquellos recovecos que son más difíciles de recorrer en línea, así como ver la publicidad de interés que no aparece en la primera, así como los campos pagados que siempre tienen un encanto especial y que expresan más de lo que dicen.  De la misma forma veo los obituarios y siento un gran alivio al no encontrar el mío.  Pero lo principal era leer dos de las tiras sobrevivientes:  Olafo y Lorenzo y Pepita, que eran como dos enormes gotas de humor a tempranas horas de la mañana y que me ayudaban a mantener ese ritmo durante todo del día.

No obstante, hace unas tres semanas o un mes, sin previo aviso, sin obituario, sin explicación alguna, sin campo pagado, ambas tiras fueron removidas de la sección que irónicamente se llama Vida, del diario La Prensa.  Mala tos le siento al gato, pensé para mis adentros.  Ya había encontrado signos inequívocos de que el periódico impreso se encontraba como los dinosaurios, contemplando un meteorito en la distancia, creyendo que era una estrella fugaz, cuando comenzó cierta anorexia en sus páginas y el hecho de que ocupara una página completa una enorme foto de algún cantante de moda, junto con un chisme o bien la promesa de una jovencita de cambiar al mundo desde su inminente reinado de belleza.

Ahora con más razón, sigo aquella costumbre de mi padre que al finalizar de leer el periódico decía invariablemente: Nada en dos platos.  Así que tengo que buscar en otro lado aquella chispa que encendía el humor del día.

 

 

 

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9 comentarios

Archivado bajo cultura

9 Respuestas a “Hasta siempre Olafo, Lorenzo y Pepita

  1. Luis Villavicencio

    La gata de tobita…..el gato felix…

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  2. Oswaldo Ernesto Ortega

    Muy buen recorrido sobre las tiras cómicas que atenuaban el impacto producido por las noticias de la primera plana. Creo que si en la escuela primaria se utilizara el buen humor muchas materias se asimilarían con mayor facilidad y el educador aseguraría la plena atención de los alumnos quiénes aprenderían a diferenciar a temprana edad el humor inteligente de la patanería tan en boga hoy en dia en los medios de comunicación.
    En el Colegio Calasanz aprendí Fisica y Biología gracias a la habilidad innata de los profesores Robles ( Batman) y Bermudez ( El indio) para desarrollar una enseñanza amena, relajada y de gran altura. El humor es la autopista de la creatividad.

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  3. Manuel

    Me acuerdo muy bien de las varias tiras cómicas de las que escribe. En mi familia les llamábamos “los muñequitos”. En nuestro hogar mis hermanos y yo, al igual que mi padre, esperábamos con gran anticipación la llegada de los diarios La Prensa y Novedades para poder disfrutar hasta del último detalle de cada una de las tiras cómicas que usted mencionó. Los personajes favoritos de mi padre eran Benitín Riquirriqui y Eneas Apodaca [Mutt and Jeff – 1907-1983].

    Un par de comentarios al respecto:

    Primero, como usted sabe, la gran mayoría de estas tiras cómicas son de origen americano. Algunas tenían una muy larga y compleja historia desde que fueron inicialmente publicadas, por ejemplo, “Lorenzo y Pepita” [Blondie – 1930]. Pero que los personajes no envejecían, como que el tiempo no pasaba.

    Siendo bilingüe, puedo decirle que parte de, pero no todo, el humor de ciertas tiras cómicas se perdía en la traducción del inglés al español. Numerosas referencias a la cultura americana, las cuales eran parte del humor de muchas situaciones cómicas, muchas veces era difícil traducir. Aun así, siempre me maravilló ver como el humor no tiene barreras.

    Otra cosa que siempre he encontrado interesante acerca de las tiras cómicas no solo ha sido la variedad de historias y caracteres, pero formatos, incluyendo los de hoy en día. Siempre he encontrado igualmente interesante de que en ciertos países no son los menores pero los adultos los que, sin vergüenza alguna, devoran cintas cómicas en público, ya sea viajando el Metro en París, Londres o Tokio. Y no nos olvidemos de las conferencias anuales de Comic-Con!

    Mi último párrafo se refiere al manga y anime originarios del Japón, los cuales considero parte del género, y el impacto que estos han tenido mundialmente en mundo de tiras cómicas y dibujos animados. No soy un experto en estos asuntos. Por lo tanto no sabría cómo abordar el tema de la relación entre las inocentes tiras cómicas de nuestra niñez y la evolución de este medio, resultando en la amplia variedad de formatos y reinterpretaciones de hoy en día. Es casi un universo aparte de la vida cotidiana de mi juventud.

    P.S.: Interesante que no mencionó los “paquines.”

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  4. Ovidio Ortega

    Muy aleccionador sobre una forma de comunicar el sentido que, como muchas otras van desapareciendo. Los personajes de relleno en los paquines que leiamos contribuyeron también al cultivo del humor: Lucas, Patachin, Chiricuto, Flecos, Beto el recluta, Oso Pardo, Oso Rico, Úrsula, el Alcaide Willys, etc. Fueron joyas de esa cultura.

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  5. Manuel

    Sr. Ortega:

    Si no lo ha hecho ya en previa ocasión, podría escribir acerca de los buses pelones y los coches de caballos que corrían por Managua en nuestra niñez. Me acuerdo que los buses pelones eran especialmente populares en Managua la noche de la “Gritería”.

    Gracias.

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  6. Manuel

    Mientras crecía en Managua en la década de 1950, pocas cosas tuvieron un impacto tan grande en mi infancia como ir al cine. Nunca olvidaré la primera vez que vi “Lo que el viento se llevó” (Gone With the Wind) o “El espectáculo más grande del mundo” (The Greatest Show on Earth) con mis padres. Y hasta hoy en día todavía siento los escalofríos que cubrieron todo mi cuerpo cuando vi la gigantesca imagen de King Kong [ versión de 1933] en la pantalla cine El Trebol!

    Por eso también quisiera sugerirle que escriba sobre la era antes de que llegara la televisión a Nicaragua, tiempos en mi niñez en los que las películas eran la principal forma de entretenimiento familiar. (Jamás se me olvidará la conmoción y el caos que causaban cada año los estrenos del primero de enero en los teatros Margot, Salazar y González.)

    Espero que escriba acerca de la época en la cual el cine favorito de mi familia era “El Tropical”, famoso por el hecho de que la mitad de este cine no tenía un techo y todo lo que este fenómeno implicaría para el público, especialmente las muchas veces que llovía. En El Tropical uno podía ver películas mientras miraba las “estrellas”, y — por supuesto — no me refiero sólo a las luminarias de Hollywood en la pantalla, sino las verdaderas en el cielo!

    En particular, me encantaría conocer su opinión de cómo las varias salas de cine de Managua reflejaban los estratos sociales del país, tanto en la exclusividad entre ellos mismos como también en su disposición de asientos, el cual se reflejaba en los precios de admisión. Me acuerdo que El Salazar, por ejemplo, tenía tres precios diferentes: el primer piso (entrada general), el balcón superior (el gallinero) y el más caro y supuestamente exclusivo en el segundo balcón llamado “preferencia” para aquellos, como el nombre implica, que podían darse ese lujo.

    Gracias de nuevo, señor Orozco.

    – M

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  7. De todo ese universo de muñequitos, sólo a “Tío Barbas”, no conocí… y mis campeones son Mafalda y Condorito.

    Muchas gracias por el recorrido por este mundo que, junto a los paquines, demandó ¡tanto tiempo! en mi vida.

    Saludos, Orlando.

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  8. Carol Bendaña

    Yo, hasta que vi a Cantinflas en el cine recuerdo haberme pegado las carcajadas más deliciosas de mi vida. Honestamente no le encontraba mucho chiste a todos estos muñequitos mencionados, los leía como autómata. Creo que el humor norteamericano me ha parecido tonto, aburridón. Después de Cantinflas creo que mis preferidos eran los ingleses, el gordito Benny Hill y por supuesto Peter Seller; cómo olvidar La fiesta inolvidable! Hoy, siento disfrute con Condorito, y por supuesto la gran Mafalda. Y sigo repasando uno que otro domingo las películas de Cantinflas que pasan siempre en canal 2. Gracias Orlando por tus excelentes masajes mentales cargados de humor y añoranzas.

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