Cincuenta años no es nada

Orlando Ortega Reyes

 

En este mes de febrero cumplo 50 años de haberme bachillerado. Como reza la manida frase: “se dice fácil”, sin embargo, poniéndolo en perspectiva, se trata de medio siglo.  Nuestra promoción fue dedicada a Rubén Darío en ocasión del centenario de su nacimiento, que se nos hacía tan lejano, incluso su muerte, que había ocurrido tan solo cincuenta y un años antes.

Cinco décadas han transcurrido desde aquella fría noche de febrero en Diriamba, cuando cincuenta adolescentes, vestidos de riguroso esmoquin, acompañados por sus madres, subieron al escenario del teatro que había sido improvisado por los Fratres Scholarum Christianarum  en el patio del colegio, para recibir el preciado diploma que tanto anhelaban y que les daba el título de Bachiller en Ciencias y Letras.  Cuando este título era avión y valía mucho más que los 500 córdobas del bono solidario de ahora.

Meses más tarde, todavía con el corazón henchido de emoción y un enorme bagaje de sueños e ilusiones, la universidad se encargó de bajarnos los humos y con la clásica “peloneada” nos señaló, como en la antigua Roma, el memento mori. Recuerda que eres mortal.  Ahí aprendimos a lidiar con la soledad de no tener a alguien que nos recordara nuestras responsabilidades.  Cuando al final, obtuvimos un nuevo diploma que nos acreditaba como profesionales, entonces fue la propia vida, la que se encargó de ponernos los pies en el suelo.

Luego, una serie de desastres, algunos provocados por la naturaleza y otros por el propio ser humano, se encargaron sacudir nuestras vidas.  Ahí, aquellas estructuras que habíamos cimentado con las enseñanzas y valores inculcados en el colegio, tuvieron que ser revisadas, remendadas, reforzadas o simplemente redefinidas, a fin de enfrentar los retos reales que nos imponía nuestro propio camino.

Después de cincuenta años, nos encontramos en un punto del camino en donde aquellos sueños e ilusiones caben ahora en el bolsillo y el considerable bagaje que llevamos es la experiencia acumulada en nuestro cotidiano bregar.  El Colegio de La Salle tan querido, nos hace recordar aquel poema de Rodrigo Caro: “Estos, Fabio, ay dolor que ves ahora, campos de soledad, mustio collado…” pues primero un sismo y luego las bárbaras hordas, se encargaron de no dejar piedra sobre piedra.   Nuestros queridos maestros, en su gran mayoría ya descansan el sueño de los Justos, al igual que nueve de nuestros compañeros, que se nos adelantaron en esta jornada.

Es inevitable pues, en esta íntima efeméride, reflexionar sobre el camino andado, sobre aquella frase de Gardel: Sentir, que es un soplo la vida… En aquella ocasión, teníamos diecisiete años y ese período es ahora, viéndolo con soberano optimismo, el resto de nuestra expectativa de vida.  Fue aquella etapa, el primer borrador de nosotros, sobre el cual, hemos ido afinando a golpe y porrazo, para llegar a ser lo que actualmente somos.

La templanza, tolerancia y solidaridad que ahora pueden distinguirnos, nos recuerdan las piedras fundamentales que nuestras familias cimentaron y que el colegio se encargó de fortalecer.  Sin embargo, de pronto la pereza nos fue inculcada como un vicio, ahora parece haber dado un vuelco y es la virtud que nos aleja de los otros pecados capitales.

Así pues, ahora que evitamos a toda costa el esmoquin, sin que esto le reste solemnidad al asunto, brindamos por aquellos días, celebrando más que nada, la vida y haciendo propia aquella frase de Massimo Ranieri: “La calle del recuerdo es siempre la más larga”.

Es ahora cuando al fin logramos comprender en toda su dimensión mucho de lo aprendido en el colegio, muchas veces solo por la insistencia de algún profesor, como aquella vez cuando el Hermano Pedro, un hijo de La Salle importado de los andes peruanos, que insistía que aprendiéramos las sextillas con doble pie quebrado en las “Coplas a la muerte de su padre” de Jorge Manrique y que ahora medio siglo después, haciendo a un lado la métrica, se nos viene a la mente, de manera tan clara, aquel primer verso: “Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte, contemplando como se pasa la vida, como se viene la muerte, tan callando, cuan presto se va el placer, como, después de acordado, da dolor, como, a nuestro parecer, todo tiempo pasado fue mejor…”

 

 

 

 

 

 

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9 comentarios

Archivado bajo cultura, Nicaragüense

9 Respuestas a “Cincuenta años no es nada

  1. Con tantas visicitudes, producto natural o humano, no todo tiempo pasado fue mejor, pero qué bueno que sí, en la calle del recuerdo, hay cosas buenas que apaciguan la mente al retrotraerlas. Cincuenta años son muchos, o pocos, según. Tal vez sea la prudencia la cualidad que tienda a poseernos. Felicidades, Orlando.

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  2. Cincuenta años no es nada! Sin embargo, se nota que Bristol no perdona!
    Un abrazo Orlando!

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  3. Según Séneca, “en tres tiempos se divide la vida: en presente, pasado y futuro. De éstos, el presente es brevísimo; el futuro, dudoso; el pasado, cierto”. Si el alemán no me traiciona, leí en un escrito de Orlando que según un proverbio ruso “añorar el pasado es correr tras el viento”, cierto, aunque los recuerdos se presentan por sorpresa y nos mantienen atrapados en ellos, sin miramientos o contemplaciones. El cantautor español Joaquín Sabina dice “no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”, aquello que quisimos que sucediera pero no fue posible.
    Pero, ¿es tan mala la nostalgia? Depende del cristal con que se mire. Si echamos de menos instantes de nuestra vida en los que pasamos bien, o a la gente con quienes compartimos determinados momentos, quizás irrepetibles, que ya nunca volverán, posiblemente la congoja nos sorprenda, la nostalgia nos visite, pero cabe cuestionarnos si no es maravilloso que permanezcan en nuestros recuerdos como parte de nuestras vidas. Lo importante es alegrarnos por lo bueno que nos ha sucedido, sonreír aunque sepamos que ya ese acontecimiento terminó. Porque a pesar de ello, esas añoranzas son testigos de lo que hemos vivido, aprendido, crecido, de lo que somos. Pero.. digan lo que digan…recordar es volver a vivir. Muchas felicidades Orlando!

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  4. Marcos Sandoval B.

    Que dicha tan grande poder hablar del pasado y sobre todo de esa cantidad en específico, por qué cuando tenemos menos de veinte años y surge alguna plática de mayores y se habla de tiempos que se sienten tan lejanos se cree que tendrían que pasar 2 vidas y media, sin embargo ahora que Dios me dio la oportunidad de haberlos cumplido, siento que si así de rápido como llegue a cincuenta sería llegar a cien, sería solo dar un segundo paso. Felicidades Orlando, buena memoria y buenos recuerdos y, brindemos por que recordar es volver a vivir. Salud !!!

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  5. Excelente reflexion de esas cinco decadas. Las aspiraciones confrontadas ante la realidad de un pais donde ha pasado toda clase de tragedias en los ultimos cincuenta . Te felicito por la templanza, tolerancia y solidaridad que ahora te distinguen como ser humano, que reflejan tu fe en Dios, tus principios y resiliencia. El exito no se mide por lo material sino por la calidad e integridad de las personas. Resultaste super exitoso: tremendo escritor, profesional, hombre de familia, y ciudadano cabal. Salud por esos cincuenta años vividos productivamente! Gracias por tus excelentes escritos!

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  6. Edgard E. Murillo

    Felicidades Orlando, gracias por compartir tus reflexiones, las que acogemos como propias. Tras el terremoto mi familia se trasladó a Diriamba, yo tenía seis años y me encantaba deambular por los pasillos del pedagógico en horas de la tarde, visitar el cine dentro del colegio y meter las manos en la pila donde habían peces pequeños o me parecía que los había. Yo me hacía ilusiones estudiar allí, tenía nostalgia de lo que jamás sucedería, como bien dice nuestra amigo Oscar Martínez, citando a Sabina. ¿No se reunirán para el cincuenta aniversario? ¿Todavía se dicen los apodos? ¿Cuántos nietos suman entre todos?
    ¡Saludos!

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  7. Leo Vargas

    Querido Señor Orlando , Leí uno de sus Post y lamente no haber leído antes su blog, me parece entretenido, lo invito a que coloque un botón de “compartir” a facebook en su blog, para que llegue a Muchos Mas lectores. su blog tiene materia para entretener a la mayoría de nicaragüenses que usan las redes sociales, creo que también puede colocar un botón de compartir para twitter y snap chat(yo solo uso facebook)..
    le dejo un link para que le ayude, le deseo pronto encontrarlo en facebook con su blog para Que mas gente lo lea
    https://jmrogado.wordpress.com/2011/03/17/wordpress-botones-compartir-redes-sociales/
    saludos

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  8. Estimado amigo Ortega: Creo que es muy importante la sugerencia del amigo Leo Vargas. Poner un boton de compartir a su blog, a fin de que mas gente lo lea. Algunas veces comparto sus excelentes escritos con familiares y amigos en New York, España y Costa Rica. Lo hago ¨copiando y pegando¨ los archivos a traves del correo electronico. Creo que seria mas facil de la forma sugerida, ademas incitaria a los lectores a compartir. Saludos,

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