Matamamas y lealtades

judas-iscariote. Imagen tomada de Internet

 

Cuando todavía estudiaba en primaria, a fines de los años cincuenta del siglo pasado, se utilizaba mucho un insulto, que aunque no estaba catalogado entre las “malas palabras”, el mismo causaba cierta conmoción a quien lo recibía.   Tal vez por su composición, ese epíteto calaba hasta en el más rudo.  Me refiero al vocablo “matamama” que resultaba de unir el verbo matar, con el sustantivo mama, forma coloquial de denominar a la madre de alguien.  De esta forma, matamama era quien, de manera figurada (la mayoría de las veces), podría matar a su progenitora para conseguir algo.  De esta forma, se manejaba esta palabra para designar a un desleal o traidor, en una amplia gama de formas y tonos, que iban desde alguien que cambiaba de bando o en el otro extremo a quien cometía un acto grave de traición.  Por alguna razón, la Real Academia de la Lengua no lo ha incluido entre los nicaraguanismos que ha incorporado en su diccionario.

En aquellos tiempos se utilizaba frecuentemente para designar a quien cambiaba de grupo o de equipo deportivo, ya fuera como integrante o simplemente como fanático de algún equipo.  Muchos recordarán a los boeristas de aquella época que después de orgullosamente expresar su preferencia, agregaban “hasta la muerte” sellando de esta manera una afiliación con lealtad a toda prueba.

También se utilizaba este nombre para designar a quienes cometían faltas a la lealtad en términos generales o bien como sinónimo de malinchismo, es decir cuando alguien prefería a una persona extranjera frente a un connacional o bien a los productos provenientes de otro país frente a la producción nacional.

En política se utilizaba en mayor medida como sinónimo de traidor, ya fuera por cambiar de partido político o bien sin hacerlo, colaborar con el partido adversario y en el sentido más grave a quien cometía un acto de traición a la patria.

En muchas ocasiones este vocablo formaba parte de aquellas retahílas que como andanada de artillería pesada se dejaban caer sobre cualquier sujeto.  En la historia del famoso Peyeyeque, personaje emblemático de la vieja Managua, relatada en una canción de la inspiración de Humberto “El Gato” Aguilar, el famoso barrendero le dirigió una serie de insultos al policía que lo estaba juzgando, pues hay que recordar que en aquellos tiempos ese cuerpo castrense era juez y parte (aquí entra Manzanero cantando: Todavía).  La retahíla aquella se componía de: “conservador, cachureco, matamama, comunista”, lo que valió una inmediata condena de parte de la autoridad.

Como decía Julio Numhauser: “Cambia, todo cambia” y en estos dorados tiempos que corren, el vocabulario de los nicaragüenses ha cambiado sustancialmente.  Ya no es ningún insulto para nadie que le digan conservador, cachureco, ni siquiera comunista. A lo mejor “zancudo” puede causar cierto escozor.   Incluso aquellos vocablos tan nicaragüenses se están perdiendo en el olvido, como es el caso de “tuani” que ya pocos lo emplean, pues las nuevas generaciones para estar alineados con los fashionistas, dicen en su lugar “kawai”.

Lo que llama la atención es que el vocablo matamama cayó en un total desuso.  Es muy raro escuchar a alguien lanzarle este insulto a una persona.  Lo cierto es que por su parte la lealtad también ha sufrido cambios importantes en su concepción.

En el ámbito deportivo, la lealtad realmente no importa.  Es algo natural que los equipos de cualquier deporte puedan ser comprados y vendidos como en un tramo del oriental, lo mismo ocurre con los jugadores que son subastados al mejor postor.  De esta forma, la lealtad hacia un equipo no tiene mucha razón de ser.  Tal vez en el caso de aquellas selecciones de países que compiten con la bandera del mismo en algún torneo mundial o regional y que por lógica todos los ciudadanos deben de tener simpatías por dicha selección, aunque la verdad es que nadie le pone cuidado a la lealtad del vecino hacia la selección nacional, máxime cuando queda a mitad del camino.

Con relación al afecto hacia lo extranjero, ya a nadie le importa si un ciudadano prefiere lo importado a lo local.  En un bar cualquiera, algunos piden Flor de Caña, otros whiskey escocés, otros vodka, otros Toña, otros Corona y nadie arruga la cara, salvo el que toma Caballito.   Por otra parte, la doble nacionalidad es algo muy natural y a nadie critican por involucrarse de lleno en las elecciones de los Estados Unidos, con todos sus detalles y no saben quién es Saturnino Cerrato (bueno, parece que nadie).  Otro claro ejemplo es todo el alboroto que desde estas fechas se está gestando en torno a la celebración de Halloween, en donde todo grupo de jóvenes que se precie de “nice” e incluso instituciones educativas, tienen que organizar una fiesta alrededor de esta ocasión.  Ni siquiera le paran bola a los gritos de algunos sectores que desean parar esta práctica y que recurren hasta el extremo de calificar esta festividad como diabólica.  Creo que a nadie le han gritado: matamama, por disfrazarse para esta festividad, ni siquiera cuando lo hacen durante todo el año.

En la política el asunto es más complicado, aunque no deja de verse algo parecido al ámbito deportivo.  Aquí pareciera que la lealtad adquiere una elasticidad más grande que la de Ralph Dibny, pues por un lado se observa que miembros de un partido, de la noche a la mañana se pasan al partido adversario, con un cinismo de antología y unos argumentos oligofrénicos y a nadie parece importarle mucho.  Nadie se atreve a gritarles: matamama y si alguno se atreve a criticarlos utiliza, con cierta dosis de corrección política, el epíteto “tránsfuga”, que tiene el mismo significado de matamama, pero que se oye con más cadencia o que bien puede confundir a más de un ingenuo que sentirá que significa algo así como “escapista”.

Ni siquiera se usa matamama para designar a quienes en estos tiempos se hacen acreedores a la etiqueta de vendepatria, que se reparte al por mayor entre las facciones políticas, como en un juego de ping pong, con o sin razón, dependiendo del cristal con que se mire.

El colmo de las distorsiones en cuanto a la lealtad, es el caso de una figura del boxeo que de pronto, en un vaso de agua se ha visto colocado en el ojo del huracán, por el simple hecho de haberse tomado una foto en la Basílica de Guadalupe en México, siendo el púgil evangélico.  Esto equivale a que se hubiese tomado una foto en la Plaza Garibaldi siendo abstemio o junto a Salma Hayek, siendo casado. Nadie se atreve a gritarle: matamama, pues el interfecto le apea los dientes de un cascarazo, sin embargo, fue obligado a ofrecer disculpas y unas peregrinas explicaciones.

Así pues, no está lejano el día en que el vocablo matamama esté desterrado del habla nicaragüense.  Cuando alguien, por relancina, lo llegue a escuchar, pensará que se trata de algún futbolista africano o de un personaje del Rey León.  La lealtad por su parte también va por ese camino y al final quedará solo en los programas de algunas empresas que asignan puntos a sus clientes por su lealtad al preferirlos.

 

 

5 comentarios

Archivado bajo cultura, lenguaje, Nicaragüense

5 Respuestas a “Matamamas y lealtades

  1. Elizabeth Pasquier

    Como siempre: Genial! Con una redaccion limpia, diría mejor, cristalina. Saludos cariñosos.

  2. jotajota.

    Creo mi estimado amigo que dicha palabra no ha caido en desuso, todo lo contrario, a proliferado tantos mamatamas que seria inverosímil que de repente un politico se la adjetive a otro, ¡como quien dice entre Bomberos no se machuca la manguera!!!

  3. Luis Villavicencio

    Tenía entendido que matamama….era la persona que escogía algo de otro país pudiendo obtenerlo en el propio y a menor costo. O casarse con un@ extranjer@, habiendo buenos partidos locales.

  4. Estupendo artículo, Orlando. Escucho bastante el uso de “tuani”, tanto para femenino como para masculino. En “malespín” sería, tuani, para bueno y tuane, femenino. pero nunca lo he escuchado de la segunda forma. La señora que nos ayuda en la casa forma parte de un grupito de mujeres que se autodenomina “Las tuanis”. Creo que la connotación que le dan es de “Las mejores”

    Saludos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s