Primun non nocere

Hipócrates.  Imagen tomada de Internet

 

En estos días, hemos observado un fenómeno mediático alrededor del caso de un cirujano plástico, declarado culpable de homicidio imprudente, en la persona de una paciente a quien le había practicado una intervención quirúrgica de carácter estético.  Es obvio que un caso como este cause un enorme revuelo en la sociedad y provoque las más variadas opiniones.

Antes que nada, quiero aclarar que mi padre fue médico y su dedicación y entrega a su práctica profesional hicieron que yo desarrollara un enorme respeto y admiración por la medicina.  De la misma manera, tengo muchos amigos que son médicos y he tenido la oportunidad de observar de cerca sus prácticas profesionales, lo cual ha reafirmado en mí, los mismos sentimientos hacia esa noble carrera.

No obstante, la negligencia profesional o mala praxis médica es un hecho innegable y no es posible abstraernos de este problema, sino que es necesario realizar un amplio debate sobre este particular, así como las implicaciones de carácter legal que se derivan de la misma. La negligencia médica abarca a todos aquellos hechos u omisiones de un profesional de la medicina que caen debajo de los estándares aceptables de la práctica médica y causan daño o muerte a un paciente y que en la mayoría de los casos involucra un error médico.

El país cuenta con muchos médicos que tuvieron la oportunidad de estudiar, especializarse e incluso desarrollar su práctica médica en escuelas y hospitales de prestigio y cuentan con una experiencia que ha venido a enriquecer a la medicina nacional.  También es cierto que a la par de esa proporción de médicos altamente competentes, hay un sector que no ha tenido la oportunidad de tener estudios ni prácticas rigurosas, pues provienen de universidades que tienen como política no reprobar a los alumnos que estén al día en el pago de sus aranceles y por lo tanto pueden concluir sus estudios confundiendo todavía una asepsia con una autopsia.

En lo particular, no creo, que abordar el tema de la mala praxis y discutirlo a fondo se trate, bajo ningún punto, de criminalizar a la práctica médica, ni mucho menos, de menospreciar a tan noble profesión.

Tal vez, es un tema que puede causar tremendas controversias, debido principalmente a que nunca se ha dimensionado de manera correcta este problema, al no existir estadísticas nacionales al respecto, debido principalmente al secretismo que se maneja alrededor del mismo.  Sin embargo, en los Estados Unidos, de acuerdo a la revista de la Asociación Norteamericana de Medicina (JAMA) la negligencia médica constituye la tercera causa de muerte en ese país, después de las enfermedades cardiacas y el cáncer. Asimismo, se detalla que anualmente los errores médicos causan la muerte de un total de 220,000 pacientes y en 2012 las indemnizaciones por esta causa sobrepasaron los 3 mil millones de dólares.  En España se estima que el número de las víctimas de la mala praxis es mayor que el de las víctimas de los accidentes de tránsito.

Otro aspecto importante es que la negligencia médica no sólo se refiere a la muerte del paciente durante una intervención quirúrgica, sino que abarca también los efectos causados al dejar materiales extraños dentro del cuerpo del paciente después de la intervención, operaciones en el lugar u órgano equivocado, operaciones innecesarias, malestares derivados de la operación, infecciones o úlceras.  Asimismo, abarca también los diagnósticos equivocados, receta de medicamentos equivocados o innecesarios, equivocación en la dosis del medicamento prescrito o falta de previsión de posibles interacciones entre medicamentos, entre otros y que en casos extremos también pueden provocar la muerte.

Así pues, un debate serio y profundo sobre este tema es prioritario y un aspecto importante en este sentido, es que no le cierren las puertas al ciudadano común y corriente, pues aunque no sepa dónde se encuentra el hueso esfenoides, es el sujeto que sufre en carne propia los flagelos de una enfermedad y que espera de un médico, una atención eficiente y de acuerdo a ciertos estándares, de manera que le devuelva su salud.    Así pues, en la reflexión sobre las implicaciones de la práctica médica es necesario considerar las inquietudes, miedos y aspiraciones de los pacientes, independientemente de si el mismo acude a la práctica privada o asistencial.

Un paciente demanda, antes que nada, información sobre todo el proceso de atención médica.  Es posible que no todos los pacientes puedan comprender los pormenores de un diagnóstico o de su tratamiento, sin embargo, el galeno debe tratar de explicar de la manera más sencilla sus estimaciones del diagnóstico y las alternativas de tratamiento y considerar todas las inquietudes del paciente al respecto.  Al momento de la elaboración del historial del paciente, el galeno puede inferir con una alta dosis de certeza, el nivel de comprensión que puede tener el paciente y si bien es cierto, habrá algunos que se confundirán fácilmente, como aquel caso del “soplo en los ovarios”, una importante proporción podrá manejar eficientemente la información que el médico le proporcione.  Por otra parte, el paciente tiene todo el derecho de investigar por su cuenta, ya sea en libros o en internet, los pormenores de su dolencia y el médico no debe perder la paciencia ante esto, sino más bien, orientar al paciente sobre el manejo adecuado de la información.

Otro aspecto muy importante que afecta sensiblemente a los pacientes es la prescripción de medicamentos.  En un país en donde el PIB per cápita apenas alcanza los 2,000 dólares anuales, es de vital importancia que el análisis del tratamiento a prescribir deba de llevar en paralelo un análisis de la capacidad financiera del paciente, de tal manera que esté en condiciones de adquirirlo sin afectar sus gastos prioritarios.  Esto necesita un acercamiento del médico a la realidad del paciente y consideraciones conjuntas sobre su capacidad para asumir determinado tratamiento.  Por ejemplo, el uso de un medicamento de última generación para la presión arterial puede rondar los 35 dólares mensuales, es decir 420 dólares anuales, lo que representa el 21% del ingreso promedio de un nicaragüense.

Al respecto, el médico debe de estar consciente que antes de la confianza que le profesan a las grandes empresas farmacéuticas, está el compromiso con el paciente para la búsqueda de la salud de este último en términos sostenibles.  No debe por lo tanto considerar un pecado o una falta de lealtad, prescribir algún medicamento genérico.

De la misma forma, el paciente espera que aunque la práctica no tenga un giro comercial propiamente dicho, se le considere como un cliente y por lo tanto el tratamiento sea en los términos que pudiera marcar las normas de servicio al cliente.  Es más, el médico a veces tiene que descender del oráculo a un papel de asesor.  No importa que se trate de una atención en una previsional del INSS, o un centro de salud, siempre se requiere una alta dosis de humanismo hacia el paciente.

El camino hacia una cirugía debe ser lo más transparente posible de tal forma que el paciente tenga un panorama completo de la rigurosa necesidad de la misma, sus riesgos tanto de practicarla, como de no hacerlo, los detalles del procedimiento y posibles efectos posteriores.  Un claro ejemplo de los vicios que ocurren al respecto, son las cesáreas que de manera innecesaria se practican en el sistema de salud, muchas veces sólo para programar la agenda de un obstetra en un horario cómodo, amén del sobreprecio.

En fin, son muchas las expectativas de un paciente cuando se quebranta su salud y busca desesperadamente asirse de la sabiduría y experiencia de un galeno que la restablezca.  En un tiempo en que los juramentos por Apolo, Esculapio, Higía o Panacea ya no tienen cabida, es menester contar con un código de ética que deba ser seguido al pie de la letra por todos los médicos.  Lo del establecimiento de un Colegio Médico en Nicaragua es una quimera, desde que estos oficios han caído en la ciénaga de la política.  Yo en lo particular no me dejaría auscultar por un médico que se proclame miembro de la Asociación de Médicos Anarquistas o de la Liga de Médicos pro Trump.  En este oficio no caben ese tipo de agrupaciones.

En vías de mientras, creo que los galenos deberían recordar siempre las sabias palabras de Hipócrates: “Cada vez que el médico no pueda hacer el bien, debe evitar hacer el daño”.

 

 

 

3 comentarios

Archivado bajo cultura, Nicaragüense

3 Respuestas a “Primun non nocere

  1. Oscar Martinez Aguirre

    ¨Lo primero es no hacer daño¨ Excelente articulo. Creo qiue este tipo de escritos debe ser leido con mucha atencion, por los profesionales de la medicina. Contiene importante informacion sobre la realidad de la medicina a nivel nacional, macroeconomia, antecedentes y estadisticas, puntos necesarios para iniciar un debate sobre un tema que cocierne a los involucrados en esta noble profesion, como es la medicina. (y a nosotros los pacientes) Creo que existe un Reglamento para el Colegio de Medicos. Sin embargo se necesitea un Colegio Medico que actue como salvaguarda de los principios y valores fundamentales de la profesión, y los intereses del gremio médico, estableciendo deberes, derechos y un código de ética.Creo que quizas un Colegio Medico no seria una ilusion, si no que con los casos que recientemente han sucedido, sea pronto una realidad. Seria bueno que este articulo luego de ser leido, se comparta con un medico o profesionales afines a la medicina parea que tenga una amplia divulgacion. Gracias Orlando, por este tipo de articulos, que reflejan una realidad nacional.

  2. Este es un tema muy importante y bien tratado. Felicidades. Feliz fin de semana.

  3. Alberto

    La sociedad debe mostrar su gratitud a todos los médicos que se preocupan por su práctica y procuran la salud de sus pacientes, pero debe buscar la justicia cuando por negligencia afectan a sus enfermos. Es una aberración la formación de asociaciones de médicos con carácter político y peor aun cuando quieren influir en la justicia en los casos de negligencia médica. Buen enfoque.

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