Salve a tí, Nicaragua

Atletas en México

 

En ocasión de los Juegos Olímpicos que se están efectuando en estos días en Rio de Janeiro, una empresa fabricante de celulares y productos electrónicos, desarrolló un promocional llamado “El himno” y que consiste en la fusión del himno nacional de varios países, ensamblados a través de un solo ritmo y con la particularidad de que cada himno es interpretado por personas de otro país; de tal manera que el himno de Canadá lo interpretan asiáticos, el de Estados Unidos, africanos, el de Alemania, sudamericanos y así.  Lo anterior bajo el lema “Un mundo, un himno”.  Haciendo a un lado la innecesaria inclusión del celular que fabrica la citada empresa, me parece un promocional muy bien logrado y bajo el manto de la utopía, propugna por un mundo sin barreras, aunque todos sabemos que después de la tregua de los Juegos Olímpicos, el mundo volverá a sus andadas.   Lo que sí es muy cierto, es que el promocional descansa sobre el hecho de que cada himno nacional tiene un significado especial para los ciudadanos de ese país y en su inconsciente colectivo está arraigado un sentimiento patriótico que los motiva a amar y respetar a ese símbolo de su nación y en la mayoría de las ocasiones, cuando lo cantan, lo hacen de corazón y con todo su ser.  Cabe la aclaración que tres naciones en el mundo tienen un himno sin letra, entre ellas España.

En forma coincidente, estuve recientemente en un prestigiado colegio a primera hora de la mañana y tuve la oportunidad de presenciar, a cierta distancia, el acto cívico de los lunes que se desarrollaba en uno de los patios de ese centro.  Me extrañó que los niños más pequeños no participaran en dicho acto, permaneciendo en sus salones.  Cuando llegó el momento de la entonación del himno nacional, un solista con la ayuda de un micrófono lo cantó, mientras que todo el alumnado con desgano fingió cantar sin llegar a cubrir al solista.

Puedo asegurar que no se trata de un hecho aislado, pues es una constante la actitud de total indiferencia de muchos conciudadanos para con su himno.  Por más de veinte años he asistido regularmente a eventos del sector educativo en donde en diferentes ámbitos iniciaban con el himno nacional, sin embargo, el público asistente raras veces lo ha cantado con sentimiento.  En la mayoría de las ocasiones tratan de ejecutar un triste play back, y en el mejor de los casos, lo cantan como si fueran ventrílocuos, como si tuvieran cierta aprensión en mostrar su espíritu cívico ante los demás.  Una gran mayoría prefiere las versiones instrumentales, para evitarse la incomodidad de tener que cantarlo.  Lo más grave del caso es que hay quienes además de no interpretarlo, muestran una total falta de respeto a este símbolo patrio, al conversar desenfadadamente o textear con sus teléfonos celulares.

Parece mentira que alguien, cuando se está bañando, se cree un émulo de Plácido Domingo y avisa a todo el vecindario del horario de sus hábitos de aseo o bien, en un karaoke, con dos cervezas adentro, se convierte en un Vicente Fernández o una Ana Gabriel, según sea el caso, sin embargo, a la hora de cantar el himno nacional, parecieran una foca con laringitis.  Todavía quedan algunos que piensan que ser patriota es escuchar el himno interpretado por una orquesta y al final gritar a todo pulmón: ¡Viva el Boer!

Sé de algunas excepciones que podrían confirmar la regla o bien dar un rayo de esperanza de que en algún momento surja el espíritu patriótico en esta población.  A mediados de 2014 fui invitado a la celebración del 50 aniversario de la fundación de la Federación Nicaragüense de Atletismo; evento que reunió a los atletas y directivos que formaron parte de aquel importante esfuerzo deportivo.  Después de un emotivo reencuentro de parte de los asistentes, algunos de ellos con varias décadas de no verse, dio inicio el evento con la entonación del himno nacional.  Me emocionó el hecho de que todos los asistentes, sin excepción, sacaron su mejor voz para interpretarlo con alma, vida y corazón.  Fue algo impresionante, después de tantos años de escuchar las timoratas versiones de los eventos públicos, participar en aquella interpretación tan llena de fuerza.  Encontré fácilmente la explicación a ese fenómeno al recordar que todos los presentes, en algún momento de su juventud, portaron con orgullo el uniforme azul y blanco para representar a su país, con la determinación de hacer sonar aquel himno en las diversas competencias internacionales en las que participaron.  Largas horas de duro entrenamiento y la fuerza y el coraje que cada quien le imprimió a sus actuaciones, tan sólo para poner en alto el nombre de su país.  En un deporte en donde no había el mínimo estímulo económico y algunas veces ni siquiera el reconocimiento de los compatriotas, los atletas hacían tremendos sacrificios para representar dignamente a su país.  En esas circunstancias, se valora el significado de la patria, se respeta y se enaltecen sus símbolos y esa actitud perdura por siempre.  Ahí estaban hombres y mujeres que ya peinan canas, todos ellos abuelos, caminando todavía con la frente en alto, como lo hacían en aquellos desfiles en donde con el corazón henchido de orgullo seguían al pabellón nacional, dispuestos a dejar el alma en las competencias.

A mediados de 2011, se llevó a cabo en Managua el Congreso Latinoamericano de Lectura y en el acto de inauguración de ese evento, en el auditorio central de la Universidad Centroamericana, con lleno total, los organizadores del evento invitaron a la maestra de generaciones y especialista en educación musical, Prof. Berta Mairena de Miranda para que dirigiera a los conciudadanos asistentes al evento, en la entonación del himno nacional.  Con singular maestría, la Prof. Mairena arrancó de la concurrencia, en su mayoría docentes, una entonación con la majestuosidad que el himno merece.  Los propios asistentes se admiraron del efecto de cientos de gargantas emocionadas, rindiéndole homenaje a su patria.  El himno nacional no se aplaude, sin embargo, con los sentimientos a flor de piel, el auditorio entero se desbordó en un sonoro aplauso que llegó a arrancar las lágrimas a una importante parte de los asistentes.

Estoy seguro que al igual que estos ejemplos, algunos lectores recordarán algún evento en donde, abandonando la abulia, el auditorio se inflama de patriotismo y entona su himno con la fuerza que éste demanda.  Son tal vez contadas estas ocasiones, pero nos pueden indicar que es posible rescatar el espíritu de amor hacia la patria que debe de arder en todos los nicaragüenses.

Si bien es cierto, la clave está en la educación, todavía falta mucho por hacer, pues aunque el actual currículo tiene como uno de sus propósitos fortalecer los sentimientos de identidad nacional y el orgullo de ser nicaragüense, el amor y respeto a los símbolos patrios y nacionales, pareciera que este se queda en el papel, pues basta con observar la conducta de los estudiantes durante los eventos de las fiestas patrias, más carnavalesca que patriótica, para darse cuenta que este propósito está todavía a nivel quimérico.  Por otra parte, los escasos esfuerzos que se dan en el sector educativo en este aspecto, no son reforzados en el hogar, al encontrar los estudiantes una actitud completamente apática de parte de los padres de familia respecto a su identidad y orgullo de su patria.

En estos momentos, en que tristemente estamos bajo la mirada de todo el mundo, no precisamente por no conseguir ninguna medalla en las olimpiadas, Nicaragua necesita urgentemente más patriotas y menos nacionalistas, pues como dijo don Camilo José Cela: “El nacionalista cree que el lugar donde nació es el mejor lugar del mundo; y eso no es cierto. El patriota cree que el lugar donde nació se merece todo el amor del mundo; y eso sí es cierto”.

4 comentarios

Archivado bajo cultura, Nicaragüense

4 Respuestas a “Salve a tí, Nicaragua

  1. En mis tiempos de primaria, los mejores alumnos izaban y arriaban la bandera los mejores alumnos. Hoy, sé de un centro en el que hasta los de maternal forman para cantar el himno los lunes y los viernes…pero en el asta no hay bandera😦

  2. Oscar Martinez Aguirre

    Cuanta verdad en este post, lleno de amor y respeto para nuestro himno, nuestra bandera, nuestra patria. Deberian de leerlo en todos los colegios y hogares para tratar de rescatar ese amor a la patria. Es bonito respetar y cuidar todo el conjunto de simbolos que nos identifica como pais,como una manera de amar y apreciar lo que somos como nacion. Salve a ti, Nicaragua…

  3. Alberto

    Por eso estamos como estamos. En este país hay una total falta de patriotismo y todo aquel que llega al poder, o que está en la lucha por estarlo, cualquiera que sea su ideología, lo utiliza para enriquecerse de manera desmedida. Lo peor de todo es que además de la corrupción hay una falta de vergüenza y un vil cinismo.

  4. Definitivamente, Orlando, en cuanto a la aridez cívica de las nuevas generaciones, comparto tu acertado enfoque. Pudiérase debatir acerca de la utopía lírica del poeta chinandegano quizas contribuya a esa abulia que Usted subraya. En el suelo de Nicaragua no ha parado nunca de rugir el cañón y al pendón bicolor ya no le cabe mas sangre de hermanos. Preguntémonos si nada empaña la inmortal gloria, constitucionalmente hablando. El “mazaso” definitivamente sustituye al trabajo haciendo al laurel tan indigno. La pregunta es, ¿Cual es la enseña triunfal nuestra juventud que nos hace ver lo que vemos?

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