El día que lloró Lupita

Francisco Gutiérrez

 

En mayo de 2008 escribí un post llamado “Con tanta sinceridad”, dedicado al gran compositor nicaragüense Rafael Gastón Pérez.  Una de mis principales fuentes fue el libro escrito por Francisco Gutiérrez Barreto: “Ven a mi vida con amor”, en el que el autor profundiza sobre la vida y obra del compositor.  En mi post, me extendí más en su emblemático tema: “Sinceridad” y la variedad de intérpretes de ese bolero, sin adentrarme mucho en la biografía de Gastón.

Generalmente en mis post no participan muchos comentaristas y lo entiendo, pues por un buen tiempo esos espacios de comentarios en blogs y medios digitales se han convertido en muros en donde cualquier barbaján empieza a trollear a los lectores interesados en participar en un diálogo de altura.  En especial, cuando una arista del tema pueda desviarse hacia lo político, se suscitan verdaderos enfrentamientos que rayan en lo grotesco y lo soez.

No obstante, en dicho post, se originó un espacio enriquecedor con aportes de diferente naturaleza que complementaron el artículo.  Me sorprendió que uno de esos comentaristas fuera el propio Francisco Gutiérrez Barreto.  A pesar de que se trataba de una verdadera autoridad en la materia, pues en lo particular siempre he considerado que ha sido uno de los musicólogos más serios y profesionales, sus comentarios en mi artículo fueron ajenos a cualquier pedantería y con el único propósito de enriquecerlo y de paso establecer diálogos con gente interesada en el tema.

Me impresionó mucho esa humildad con que Francisco planteaba su erudición y me quedó la inquietud de conocerlo personalmente, sin embargo, cosas de la vida, nunca se dio la oportunidad.

Pude haberlo conocido en el Instituto Pedagógico de Diriamba, sin embargo yo ingresé unos tres años después de que él se bachillerara en ese centro, por cierto, con altas calificaciones.  En los corredores del IPD, había una galería con las fotos de todos los bachilleres que habían egresado de ese instituto y de vez en cuando recorría aquellos grandes cuadros con gentes que me parecían mucho mayores que los 17 años que debían tener.  Ahí entre las promociones de inicios de los años cincuenta estaba Francisco.

El joven siguió sus estudios universitarios en el prestigiado Instituto Tecnológico y de Estudios Superores de Monterrey, en donde se graduó, con honores, de ingeniero mecánico eléctrico, hazaña que hasta esa fecha ningún nicaragüense había alcanzado.  También se destacó al cursar sus estudios en el INCAE.  Posteriormente, su pasión por la cultura lo llevó a estudiar arte y literatura italiana en la Universidad de Perugia, Italia.  Desde luego, llegó a dominar varios idiomas.

Cabe aclarar que en su estancia en México, el mambo estaba en su furor y el cha-cha-cha comenzaba a irrumpir en el mundo musical, por lo cual el joven tuvo la oportunidad de apreciar esa música en sus propias fuentes y de paso aprender los secretos para bailar correctamente esos ritmos.  En su estancia en el Tecnológico de Monterrey, Francisco participó en el conjunto estudiantil “Voces y ritmos” donde estuvo a cargo de los bongós.

De regreso en Nicaragua, Francisco inició una fructífera carrera profesional en donde ocupó puestos gerenciales, como fue el caso de la empresa Nicaragua Machinery Company, distribuidora de John Deere, Caterpillar y otras afamadas marcas de equipo pesado.  También pude haberlo conocido ahí, pues a finales de los años sesenta e inicios de los setenta, llegué a visitar regularmente a esa empresa a cobrarle a una secretaria ejecutiva, pero tampoco llegamos a coincidir.

Además de su notable desempeño en su trabajo, Francisco le dedicaba tiempo a su pasión que era la música y el baile.  Tenía un gran dominio del mambo, cualidad que salía a relucir en las fiestas de la época, en donde todos lo conocían como Pancho Mambo y que en ocasiones era combinado con el equivalente: Chico Mambo.

En el año 1966, Dámaso Pérez Prado, el Rey del Mambo, vino a Nicaragua a amenizar una fiesta en la recién inaugurada Cuesta Country Club, a la cual asistió Francisco y se dio el lujo de bailar un mambo con una actriz vedette mexicana que integraba la troupé de Carefoca y desde luego se lució.

A inicios de los años setenta, Francisco se enamoró de una muchacha venezolana, de tal manera que la siguió hasta su natal Venezuela, para lo cual debió  dejar su cargo gerencial en la Nicaragua Machinery Company e iniciar una nueva vida en aquel país.  Al poco tiempo, se casó con la muchacha venezolana y formó su hogar allá.

Varios factores se conjugaron para convertir a Francisco en un dedicado investigador de la música, en especial de la música latinoamericana, en los géneros romántico y tropical.  En primer lugar su pasión por la música y el baile, que le hacían conocer y recordar infinidad de temas y autores, además de poseer una extraordinaria colección de discos en todos los géneros.  En segundo lugar, su disciplina y dedicación para investigar sobre estos temas.  En tercer lugar, su retiro profesional que le proporcionó el tiempo necesario, así como una situación financiera holgada, que le permitieron visitar las fuentes primarias, sin importar que estas estuvieran situadas en Cuba, Puerto Rico, México, Colombia, Miami y ni se diga en su natal Nicaragua.  Fue un viajero incansable y un acucioso investigador que perseguía a los personajes a fin de conocer el fondo de los temas musicales que abordaba.

En la década de los noventa Francisco mantuvo una columna en el Nuevo Diario, en donde con maestría disertaba sobre temas musicales, culturales y en general de la idiosincrasia nicaragüense.  Además, su conocimiento de la vieja Managua lo llevó a redactar artículos en donde describía con asombroso detalle, las principales calles de la capital.    En 1998 realizó una recopilación de estos artículos sobre una amplia diversidad de temas culturales y los fusionó en un libro que dedicó a Dámaso Pérez Prado, el Rey del Mambo y que tituló: ¡Qué le pasa a Lupita!…No sé.  Es interesante que a pesar de que por su título aparenta estar compuesto por la biografía y obra musical del popular Carefoca, el primer capítulo del mismo se titula: Nicaragua, siempre en mi corazón.  Se convirtió en una costumbre del autor, rematar sus artículos con la frase: “Qué le pasa a Lupita”

Creo que es importante resaltar que en el citado libro, se publica una carta que Francisco dirigió en 1994 al popular actor cubano americano, Andy García, respecto a la promoción que estaba realizando este último de Israel López “Cachao”, colocándolo como el creador del mambo, en un documental realizado el año anterior, con el titulo: “Cachao…como su ritmo no hay dos”.   En dicha carta, Francisco defiende a ultranza el sitio que ocupó Pérez Prado en la producción y difusión del mambo a nivel universal y declaraba a Cachao como un desconocido, por lo menos para la juventud latinoamericana de los años cuarenta y cincuenta.  Ignoro si Andy García contestó la misiva de Francisco, lo cierto es que el propio Cachao, que falleció en 2008 en Miami, declaró en una ocasión: “Si no fuera por Dámaso Pérez Prado, el mambo no se hubiera escuchado mundialmente”.

En el año 2003, Francisco volvió a juntar una colección de artículos, siempre sobre una amplia gama de temas culturales y lo centró en la figura del gran Gastón Santos y lo tituló “Ven a mi vida con amor” título basado en la primera estrofa de “Sinceridad”, popular bolero de este compositor y que cité al inicio de este artículo.  Es pertinente resaltar que el primer capítulo de ese libro también lleva por título: Nicaragua siempre en mi corazón.  Creo que está por demás subrayar la enorme devoción que Francisco sentía por su patria.

Francisco también le dedicó un libro al gran compositor Justo Santos, autor de la canción que es considerada como un segundo himno nacional: La mora limpia.  El libro publicado en 2008 lleva por título “A Justo Santos: La mora limpia”.  Ese mismo año, Francisco publicó el libro “165 boleros famosos y sus historias, 37 nicaragüenses” una concienzuda historia del bolero que se desarrolla básicamente en un triángulo de oro formado por Cuba, México y Puerto Rico, sin dejar afuera las principales manifestaciones en el resto del continente.  La obra está por un centenar de fotografías alusivas a dicha historia.

Su último libro publicado en 2012 adaptado a la era digital, compuesta en cuatro tomos en disco compacto, fue un trabajo que encierra el esfuerzo de Francisco por muchos años, coleccionando historias, canciones, biografías de autores e intérpretes, fotografías, discos, para integrar lo que denominó El libro de la farándula cubana (1900-1962).

En mayo de 2011, la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua tuvo el acierto de incorporarlo a ese órgano como miembro correspondiente.

La madrugada del pasado 8 de noviembre Francisco Gutiérrez Barreto, falleció a causa de un infarto fulminante.  Desafortunadamente, la noticia de su desaparición nos llegó a destiempo y de manera un tanto tímida de parte de los medios de comunicación, que magnifican los estados de Madonna, Justin Bieber o Charlie Sheen.  Es absurdo que pretendan algunos medios que lloremos la partida de Chabelo de Televisa y no por la irreparable pérdida de verdaderas figuras connacionales.  Es de justicia resaltar la excepción, pues el periodista Arnulfo Agüero que estuvo muy cerca de la carrera de Francisco, insistió en varios medios la noticia de su partida, recordando a sus lectores la trayectoria de este nicaragüense ejemplar.

Sirva este artículo para presentar mi respeto y admiración por ese egregio conciudadano, a quien como cronista, no soy digno de desatar las correas de sus sandalias y vayan para sus familiares y amigos, en especial de su natal Masaya, mis más sinceras condolencias.  Estoy seguro que la sociedad sabrá organizar los homenajes que Don Francisco merece.

¿Qué le pasa a Lupita?

 

 

7 comentarios

Archivado bajo cultura, Mùsica, Nicaragüense

7 Respuestas a “El día que lloró Lupita

  1. Edwing Salvatore Obando

    Enorme pena causa esa pérdida sensible. Honesto, directo y bello homenaje maestro le hace usted al Sr. Gutiérez Barreto. Ojalá sus familiares pudiesen ver su publicación para que sepan el aprecio que el Sr. Gutiérrez cultivó en vida y el legado que deja tras sí.

  2. Muchas gracias Orlando por rescatar la cantera humana de los nicaraguenses, saludos!

  3. Manuel Gurdián Cabrera

    Excelente la reseña – homenaje del gran Pancho Mambo.
    Chico Mambo fue un destacado futbolista de mediados de los 60 (Los años del Triunfo, el Santa Cecilia, el Diriangen y otros equipos). Hasta creo que jugó en un famoso partido que Nicaragua le ganó al Estudiantes de la Plata.
    Y Kid Mambo es un veterano entrenador de boxeo que todavía de vez en cuando aparece en un programa deportivo en un canal televisivo local, mediocre por cierto (el programa).

  4. No tuve la oportunidad de conocerlo, pero sí de enterarme de su gran acervo musical por lo que lo admiré y ahora lamento muchísimo su fallecimiento. Gracias por escribir a su memoria. Saludos.

  5. Oscar Martinez Aguirre

    Me sorprendió la noticia de la muerte de Francisco Gutiérrez Barreto (Pancho Mambo). Había leído algunos de sus escritos y me deleitaba su prosa relacionada con la música latinoamericana, especialmente la música de Cuba y resto de las Antillas. También seguí muy de cerca sus escritos en El Nuevo Diario con sus temas musicales. Aunque nunca lo conocí personalmente, solamente a través de su lectura, me golpeo la noticia. Me parecía mentira que un hombre de su talla y de su carácter alegre y extrovertido ya no estuviera en el mundo de los mortales. Se dice de el que fue un excelente bailarín, con una “maestría” de la música que hizo bailar a una buena parte del planeta en la década del ’50. El MAMBO del inmortal Pérez Prado “Car’e foca”. Su arte de bailar este ritmo, fue motivo para que le “encajaran” el mote de PANCHO MAMBO.
    Me extraño sobremanera el hecho de que los medios no le dieran la cobertura que se merecía este nicaragüense ejemplar.
    Sin embargo el escrito “El dia que lloro Lupita” de Don Orlando Ortega, plasma de una manera clara y concisa, la biografia de Francisco.
    Vayan para su familia, mis mas sinceras condolencias por esta irreparable perdida.
    Francisco Gutiérrez Barreto PANCHO MAMBO, goza ya de la Paz de nuestro Señor!

    Que le pasa a Lupita?

  6. jose sanchez

    No habia encontrado una pagina, que dedicara a escribir sobre temas que la juventud Nicaraguense desconoce, sobre todo del gran maestro ¨CHICO MAMBO¨un paisano de mi Masaya. mis respeto a su persona y siga escribieno sus articulos

  7. Elizabeth Pasquier

    Gracias por deleitarme, refrescarme y enriquecer mi cabezita con tanta información muchas veces olvidada. Por este artículo recién me entero del nombre original y de la muerte de don Chico Mambo, a quien conocí allá por los años 1977 cuando andaba perdidamente enamorado de una guapa nicaragüense vecina mía en ese entonces, y que por cierto llegó con ella a una fiesta familiar donde lo ví desplegar sus aptitudes de bailarín. QDEP don Chico Mambo, le avisaré a mi amiga que reside en Miami, todavía. Saludos!

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