Los días que caminamos encorvados

Chikonguña.  Imagen tomada de internet

En materia de enfermedades, el nicaragüense prefiere pensar que cualquier estado de salud es producto del azar.  Le es muy difícil realizar apreciaciones estadísticas en cuanto a las probabilidades que emanan de tomar ciertos riesgos.  No es común observar a una persona que cambie radicalmente sus hábitos alimenticios a fin de reducir las probabilidades de desarrollar la diabetes,  que deje de beber con el propósito de evitar una cirrosis hepática, que haga a un lado las grasas para alejarse del riesgo coronario o que abandone el cigarrillo para no darle oportunidades al cáncer de pulmón.  De esta forma, hasta cierto punto se puede vivir un buen rato pensando que muchas enfermedades son propias de los demás.  Hasta que la ruleta se detiene señalando su nombre.  O también, cuando aparecen las epidemias virales.

Hemos vivido un buen rato bajo la espada de Damocles, en cuanto a que en cualquier momento aparecerá una epidemia viral que puede diezmar a la humanidad.  Gracias a la globalización, cualquier brote en nuestras antípodas puede llegarnos en cuestión de meses, sino de días.  Un primer ejercicio lo vivimos con el famoso H1N1, que aunque según algunos conspiracionistas se trató de un fraude mundial para que las farmacéuticas de deshicieran de millones de dosis de un antibiótico que estaba a punto de caducar y los gobiernos tuvieron que bailar al son de la alarma, no obstante, este tipo de epidemia nos puso a reflexionar respecto a que no importan las precauciones que se puedan tomar al respecto, si a dos cuadras de distancia un individuo estornudó con el viento a su favor, es decir en contra nuestra y un solitario y microscópico virus entra directo a nuestros pulmones: ¡Te llamabas!  Por eso fue que cuando hace un año el virus del Ebola amenazó con transformarse en la peste del siglo XXI, el mundo vivió días con el fondillo a dos manos.

A pesar de que por muchos años las enfermedades transmitidas por los zancudos (aquellos de la familia de los culicidae, no los culerae de la oposición) han azotado a los países tropicales, con malaria y dengue entre otras epidemias, actualmente el virus del chikonguña (españolización del original chikongunya) parece que se está ensañando con la población.  No importa que se tomen las medidas precautorias de cedazos en las habitaciones, mosquiteros, rociado de zipermetrina o baygón, aplicación de repelente, abatización,  si al andar de tránsito en otro ambiente le tocó la rifa de un zancudo portador y éste se va directo al lugar donde no hay repelente, ya estuvo.

Este virus se detectó por primera vez aparentemente en Africa en los años cincuenta y en la última década se fue esparciendo por el mundo, de tal manera que la región centroamericana desde 2013 experimentó un crecimiento que se fue haciendo exponencial, de tal manera que en la actualidad alcanza tasas alarmantes.

El problema con esta enfermedad es que no se realizado suficiente investigación y por lo tanto no existe vacuna, ni un fármaco específico para el padecimiento, sino que remedio para algunos síntomas, sobre los cuales no parece haber consenso.  Ataca en forma selectiva, pues  intensidad de los síntomas pueden variar en cada individuo.  En el sistema nacional de salud, lo tratan de manera sui generis, pues en las órdenes de reposo consignan en el diagnóstico:  cuadro febril, nunca chikunguña y de manera estándar recetan de tres a cinco días de reposo, más una dotación de ibuprofeno genérico.

Pareciera ser una enfermedad diseñada para las condiciones de los países empobrecidos, pues los síntomas se presentan a plazos, un cuadro un tanto severo de prima y luego abonos en los cuales vuelven los síntomas en diferentes grados.  No es remoto que una empresa comercial que se adueñó del concepto del Black Friday, reclame derechos por haberse copiado el virus la venta en abonos de los síntomas de la enfermedad.

Para que no vayan a pensar que hablo al peso de la lengua, quiero relatarles mi experiencia personal con esta enfermedad.  Debo de admitir que en un inicio pensé que eran pocas las probabilidades de que la contrajera, sin tener ni una base probabilística que lo sustentara.

En la última semana de octubre, una mañana comencé a notar cierto dolor en las articulaciones y cierto decaimiento.  Esto no es ajeno en mí, pues tengo severos daños en las rodillas, me faltan las suprarrenales del riñón izquierdo, así como el 87.23% de la tiroides, como precisaría el Firuliche.  Me extrañó un poco, sin embargo, recién habían diagnosticado a un familiar en nuestra casa con ese virus, así que me puse en alerta.  La fiebre que registré esa tarde, me confirmó que había caído con el chikunguña.   El dolor en las articulaciones se intensificó en la noche y la confirmación final me vino en la mañana cuando no pude sostenerme en pie.  No quise correr ningún riesgo, pues una caída era inminente y un hueso a esta edad, no pega, así que me receté reposo.  El Tylex logró bajarme la fiebre, no así el dolor.  Comencé a investigar y me salían dos alternativas, una era el naproxeno que presentaba riesgos para la presión arterial y el corazón y la inyección de betametasona que presentaba reacciones adversas en dosis sostenidas.  En los días subsiguientes tenía que preparar y pagar planillas, las cuales no pueden esperar, así que realizando una evaluación beneficio costo de los tratamientos, me decidí por la inyección de betametasona.

Parece que el fármaco hizo efecto de tal manera que al cuarto día logré levantarme, al inicio caminando como Tiranosaurio Rex, encontrando la razón al nombre de chikonguña, que quiere decir en un dialecto de los makonde en Africa, “aquel que camina encorvado”.  Por más que uno le eche producto de gallina al asunto, el cuerpo no responde y no tiene otra alternativa que caminar totalmente encorvado.   Poco a poco, la situación fue mejorando y los dolores disminuyendo, no sé si debido a la acción del fármaco o a la disminución de la afectación.   Pasé unos días sin sentir ningún dolor, no obstante a los ocho días, los dolores comenzaron a regresar, esta vez en diferentes partes de las piernas, ahora también en los brazos y en las manos, a tal punto que ciertos movimientos como destapar una botella, se hace toda una proeza.   Aparecieron calambres, especialmente nocturnos, cierta leve rasquiña, no obstante, decidí no volver a recurrir a ningún fármaco.   También investigué sobre otras afectaciones internas como la inflamación de órganos como el hígado y los riñones, por lo cual para no correr el menor riesgo, decidí no probar ni una gota de licor.  Debo admitir que no me ha hecho falta.

Al convertirse en un tema de conversación obligatorio en cualquier reunión, los afectados intercambian experiencias y me he dado cuenta que por un lado hay casos mucho más graves, con dolores más intensos, más prolongados, cuadros febriles que llegan hasta las convulsiones, severas intoxicaciones por los analgésicos,  hasta algunos suerteros que presentan cuadros muy leves, como ocurre en la mayoría de los niños y jóvenes.

A los 21 días de las primeras manifestaciones, se mantienen algunas ligeras molestias y no es remoto que algún día el dolor regrese magnificado y logre tumbarme nuevamente.  Pero así es esto.  Un virus nos hace ver nuestra fragilidad y nos hace ensayar la decrepitud.

Es probable que en un par de años, si el cuerpo resiste ese tiempo, el chikunguña sea tan sólo un recuerdo, un episodio de nuestras vidas cuando caminamos encorvados, antes de tiempo.

 

 

 

4 comentarios

Archivado bajo Nicaragüense

4 Respuestas a “Los días que caminamos encorvados

  1. Luis

    El cuerpo queda inmunizado después del primer ataque? O se tiende a sufrir lo mismo cada vez que es picado por el mosquito? Saludes.

    • ortegareyes

      Saludos. Supuestamente el cuerpo queda inmunizado y no puede darse otra infección, sin embargo, sale junto con pegado, pues al año o a los dos, la misma primera infección puede regresar los síntomas de la primera vez.

  2. Marco Antonio Cortez

    El origen de la palabra Chikunguña viene de la lengua africana makonde, que quiere decir “doblarse por el dolor”. Este virus fue detectado por primera vez en Tanzania en 1952. A partir de 2004, se han reportado brotes intensos y extensos en África, las islas del Océano Índico, la región del Pacífico incluyendo Australia y el Sudeste Asiático (India, Indonesia, Myanmar, Maldivas, Sri Lanka y Tailandia). En 2007 el virus ocasionó un brote en Italia, en la región de Emilia-Romagna.
    En Nicaragua este año se ha incrementado los casos de Chikunguña y según estadísticas del MINSA ya han fallecido 2 personas en lo que ve del presente año.
    Se me cuida Dr. Ortega Saludos.

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