El digno laurel

corona de laurel. Imagen tomada de Internet

Recientemente tuve la oportunidad de leer una investigación realizada por mi amigo, el Prof. Héctor Octavio Argüello, diriambino, como parte de sus trabajos sobre la historia de los pueblos de Carazo.  Con base en los archivos históricos de Granada, el Prof. Argüello nos presenta los resultados de un censo realizado en 1859, ordenado por el Presidente Tomás Martínez, como apoyo a su Ley de Conscripción Militar de 1858.  Conforme a la citada ordenanza, cada poblado debía de levantar un censo de la población de todos los hombres de “armas a llevar”, es decir, aquellos que estaban en el rango de los dieciséis y los cincuenta años, que en determinado momento podían ser levantados para ir a pelear contra quien el gobierno en turno decidiera.  Acababa de finalizar la guerra en contra de William Walker, por lo tanto la iniciativa parecía tener cierto sentido.

Para ese entonces, San Marcos, Carazo, todavía estaba en la categoría de Pueblo, pues no fue sino hasta en 1905 que fue elevado a la categoría de Villa.  El citado censo arroja datos interesantes sobre la población de dicha localidad en aquellos tiempos, cuando se contabilizaron un total de 231 hombres de “armas a llevar”.  Es importante aclarar que dicho censo se realizó cuando todavía el auge del cultivo del café no había florecido en la región de Carazo y por lo tanto, la zona se dedicaba en una gran parte a la agricultura, casi de subsistencia, de granos básicos y caña de azúcar, por lo que los oficios más frecuentes eran casi en un 70 por ciento, jornaleros y labradores.

No obstante, lo que más me llamó la atención fueron dos casos que los encargados de levantar el mencionado censo, catalogaron de manera muy particular.  Cabe la aclaración de quienes tuvieron la tarea de realizar dicho levantamiento fueron: el alcalde y dos regidores,  todos de oficio hacendados. Dos individuos, cuyo nombre voy a omitir, por razones obvias, fueron inscritos en el apartado de “oficio” como vagos.  Estos ciudadanos tenían 28 y 30 años respectivamente.

Me sorprendió mucho esta clasificación en una época en que la vagancia era considerada como un delito, pues muchas legislaciones, incluso la española en el siglo XX, durante el franquismo, castigaban duramente a los vagos, borrachos, indigentes e incluso homosexuales.

Ante esta situación se me ocurren varios motivos por los cuales se pudo haber dado esta clasificación.  Puede ser que estos individuos hubiesen tenido algún problema personal con el alcalde o con los regidores, de tal manera que se les hizo fácil endosarles esta categoría.  Existe también la posibilidad de que estos ciudadanos, le rehuyesen al trabajo, como siempre ha sucedido en todas las civilizaciones, tal como lo dejó consignado la canción de Juan Legido: “Porque nací gitanillo, le tengo miedo al trabajo…”  De ahí vienen todos aquellos a quienes sin necesidad de un censo, la sociedad los catalogaba como: “sin oficio, ni beneficio”  Otorgándoles un poco el beneficio de la duda, habría que considerar también que en aquellos tiempos había desempleo, es decir que la economía no podía absorber a la totalidad de la mano de obra disponible.  Amén, que a las autoridades no les preocupaba los indicadores de empleo, como reflejo del bienestar social.

Con el tiempo, ese significado peyorativo del vocablo “vago” se fue diluyendo un poco, pues también se empezó a aplicar a quienes realizaban una travesura.  Cuando algún niño apedreaba la casa del vecino o se adentraba en la quebrada para matar animales silvestres, se decía que eran vagancias de chavalo.  También se ha utilizado para denominar a quienes, aun teniendo un empleo fijo, los días de pago se pierden como abducidos por alienígenas y en algún momento aparecen de regreso, aunque sea como Superman, con el calzón por fuera.   Por otra parte, se comenzó a utilizar como sinónimo de impreciso o confuso, como podrían ser las declaraciones del Banco Central sobre la línea de pobreza o del INETER en el caso de los enjambres sísmicos.

Así pues, en la actualidad, el concepto de desempleo no es tan simple como para equipararlo con la vagancia, pues es una situación que tiene muchas aristas.  Desde el punto de vista de la economía, la Población Económicamente Activa (PEA) comprende a la fuerza laboral, es decir, las personas en edad de trabajar que estén ocupadas o que estén desempleadas, o por lo menos que declaren que en los últimos meses han buscado trabajo aunque no lo encuentren.  De esta forma, no es lo mismo decir que alguien es vago, que decir que es parte de la PEA.  Desde este punto de vista, hay un contingente de la población que tiene deseos de trabajar, es más, tiene sobradas calificaciones para optar a un buen trabajo, pero la economía no genera suficientes puestos de trabajo para absorberlos.

De la misma manera, existe un buen componente de la población que no busca trabajo, porque no le gusta trabajar.  Parecería inexplicable que a estas alturas del partido exista este tipo de personas, pero de que las hay, las hay.  Aquí habría que distinguirlos en dos rangos de edad.  En primer lugar están los que están entre los 18 y los 25 años.  Este fenómeno pareciera ser internacional y de ahí ha surgido una nueva clase conocida con el nombre de nini es decir, que ni estudian ni trabajan.  Esta denominación viene del acrónimo en inglés neet, es decir, sin empleo, sin educación y sin entrenamiento.  Este es un problema con raíces complejas y aunque en ocasiones puede ser transitorio, en general pareciera que en nuestra sociedad se está generalizando, aumentando con una pesada carga a los progenitores.

En un rango de edad, que podría ir de los 25 a más años, se encuentran aquellos que son beneficiarios de una remesa de parte de algún pariente que trabaja en el extranjero y que alcanzándole para cubrir sus necesidades básicas, se lanza al dolce far niente,  y está a la espera del número para ir a la Western Union a cobrar la bendita remesa.  Ver el post, Mensajes de amor.

Lo cierto, es que es muy difícil que alguien, en estos dorados tiempos, ante un requerimiento de parte de los encargados del censo, de aclarar su oficio, afirme que es vago. Muchos dirán que han buscado afanosamente trabajo, sin lograr encontrarlo.  Otros dirán más elegantemente que están escuchando ofertas, otros más refinados se declararán free-lances, otros dirán que están en un año sabático, otros se ampararán bajo el manto de una enfermedad degenerativa, en la mayoría de los casos orquitis y así por el estilo.  Se acabaron aquellas declaraciones de los años sesenta, cuando con el mayor desparpajo alguien decía que estaba en la Vagony Company.

En balde, don Salomón Ibarra Mayorga echó todo el cacumen para darle al Himno Nacional una promesa de trabajo incansable, al ser éste el digno laurel de todos los coterráneos.

 

3 comentarios

Archivado bajo cultura, Nicaragüense

3 Respuestas a “El digno laurel

  1. Marcos Sandoval

    Como siempre, muy atinado tu comentario hermano, felicitaciones y bueno para la nueva clase llamada NIni yo diría que sí ni estudian, ni trabajan que ni coman, ni beban y así seguirían en la línea de NIni.

  2. Oscar Martinez

    Como siempre he leído un par de veces y despacio esta nueva entrada de Don Orlando Ortega, “El digno laurel”. Y digo despacio porque saboreo su excelente narrativa que describe exactamente como es el comportamiento de algunas personas que “no siendo gitanillas” le tienen miedo al trabajo o mas bien pavor, e inventan muchas excusas para no poder conseguir trabajo. Muy importante su contenido histórico y sus matices de humor en esta entrada, la cual espero compartir a nivel famiiar y amistades. Saludos Don Orlando!

  3. Hola, Orlando. El grupo social de los enemigos del trabajo es numeroso y variado, ladrones, mantenidos-por los padres, la madre, la mujer, etc., traficantes de drogas, estafadores…Existen los casos excepcionales de personas que siendo ancianas no pueden vivir sin realizar alguna actividad productiva. Conozco un anciano quien todas las mañanas, sin exceptuar domingos y días festivos- a las cuatro y media de la mañana se presenta a barrer en tres cuadras de una colonia actividad por la que recibe un pago. Y éso, a pesar de recibir una jubilación, es algo admirable.

    Es un gusto leerte tus interesantes reflexiones. Saludos.

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