Archivo diario: septiembre 25, 2015

La cagamos por completo

Michael Horn.  Imagen tomada de Internet

 

El mundo entero se quedó atónito cuando el pasado 20 de septiembre, el Presidente y CEO del Grupo Volkswagen de los Estados Unidos, Michael Horn, expresó ante los medios de comunicación, haciendo gala de la mayor naturalidad del mundo: “¡La cagamos por completo!” Lo anterior, ante un enorme escándalo que gira alrededor de un engaño de parte de dicha empresa con relación a los ajustes en sus automóviles para burlar las pruebas de emisión de contaminantes.  En realidad la frase original en inglés fue: “¡We totally screwed up!” y sin ser un especialista en traducción del inglés, estimo que fue muy atinada la versión en español.

No obstante, lo que es realmente sorprendente no es el ex abrupto cometido por el ejecutivo, pues en estos tiempos estas licencias están plenamente justificadas y aceptadas, en donde a medida que quien las emite tiene más poder y/o dinero, se van buscando más eufemismo para esa forma de expresarse y de lo vulgar se pasa a lo folklórico y luego a lo florido.  Lo que me dejó anonadado, fue que una persona de su nivel, conjugara ese verbo en primera persona, aunque fuera del plural.  Puede ser, tal vez, porque estamos acostumbrados a que por estos territorios, es inadmisible que una persona, independientemente de su nivel, acepte que cometió un error, pifia, desliz, desacierto, equivocación o para no ir más lejos, una cagada.

Esta última expresión pueda escucharse un tanto malsonante, no obstante, la Real Academia la acepta como una expresión coloquial que significa: acción que resulta de una torpeza. De esta manera, la misma, es indispensable en el lenguaje cotidiano del nicaragüense.  Ante una situación sumamente adversa es muy común escuchar: ¡Que cagada más grande! ¡Es una cagada de buey leonés! o bien, ante una equivocación ajena: ¡La cagaste!

Lo que casi nunca se escuchará por estos lados es: ¡La cagué! o administrando equitativamente la culpa: ¡La cagamos! Pareciera que hay una tremenda soberbia enquistada en el inconsciente del  nicaragüense que no permite realizar ese ejercicio de humildad para reflexionar y llegar a conclusión de que se equivocó.

La primera reacción de un paisano ante un flagrante error, es buscar a quién echarle la culpa.  Si se trata de un ciudadano común, buscará entre sus vecinos, parientes, amigos, es decir, alguien que pueda cargar ese bulto y sin pensarlo mucho le echará la culpa y en caso extremo, pues culpará al gobierno.    El gobierno por su parte, culpará a la crisis internacional, a la oposición, a las administraciones anteriores y en caso extremo, culpará al imperialismo. De igual forma, la iniciativa privada le echará la culpa al mercado, a la sequía, a los precios del petróleo (no importa que estén a la baja) o finalmente a las políticas del gobierno.

Esto es independiente del tamaño de la cagada, puede tratarse de un simple machucón, una colisión por imprudencia, una obra mal adjudicada o ejecutada, un producto mal elaborado, unas tierras mal distribuidas, una sentencia mal dictada, un diagnóstico mal formulado, un examen mal corregido, un reparto mal construido, un servicio mal suministrado, una agresión física, etc.  El resultado es casi siempre el mismo: la evasión de la responsabilidad y si es posible el traslado de la culpa.

Cuando por convenir a los intereses de quien cometió la cagada es menester pedir perdón, lo más usual es evadir la admisión de la culpa y  pasar directamente, sin precisar por qué, a pedir perdón o bien entre dientes o con tono de ira, como una cobra lanzando su veneno.  Si se puede hacer a destiempo, mejor, algunas “solicitudes” de perdón históricas se han realizado con 50 años de retraso y otra por ahí, después de 300 años.

En este tiempo en que vuelven a soplar vientos de cambio, a lo mejor como consecuencia del cambio climático, hay un clamor de que los países crezcan como nación y en mi opinión, un buen comienzo es cambiar esa actitud de evadir responsabilidades y tener la humildad de admitir cuando se ha fallado.  Como este cambio debe de promoverse de arriba hacia abajo, son las instituciones, los líderes y todo aquel que tiene influencia en la sociedad quienes deben de dar el ejemplo.

Sería muy edificante escuchar: “Con la concesión del canal, realmente la cagamos”, “Con mi egoísmo y ambiciones, me cagué en la oposición”, “En el caso de Las Jagüitas, realmente la cagamos y fue cagada de buey leonés”. “El caso no fue diagnosticado ni tratado seria y correctamente y nuestra cagada llevó a la muerte a la paciente”, “Me dejé llevar por la oportunidad y estafé a esta gente, fue una tremenda cagada de mi parte”, “La cagué toda al privatizar el sector energético”, “La cagué toda al escribir ese artículo”, “La cagué ampliamente al sacrificar mi dignidad por defender a este mamarracho”, “La hemos cagado al hacernos de la vista gorda”, entre otros.

Podría ayudar tal vez, recordar aquellos lineamientos del catecismo para una buena confesión en donde era menester el examen de conciencia, el dolor de corazón, el propósito de enmienda, la confesión de boca y la satisfacción de obra.

Tal vez esto no sería suficiente, pero sería un buen comienzo para forjar una nueva sociedad.  Es más, a lo mejor la estoy cagando al escribir este post, por lo que si es así, humildemente les ruego que me perdonen.

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