Archivo diario: septiembre 10, 2015

Los todólogos

Todólogo. Imagen tomada de internet

 

Cuando en los años sesenta unos sacerdotes canadienses llegaron al pueblo para hacerse cargo de la parroquia, tuvieron que enfrentarse a la dura tarea de comprender la idiosincrasia del nicaragüense.  El único entrenamiento que traían eran unos cursos de español para extranjeros que habían tomado en Cuernavaca, México, en un instituto un tanto aislado de la realidad latinoamericana.  De esta manera, tuvieron que entrar de lleno a la vida cotidiana en un lugar que parecía haber salido de una mezcla del realismo mágico de García Márquez con la picaresca de Quevedo.

En cierta ocasión, uno de estos sacerdotes debía realizar algunos trabajos de construcción en la casa cural, de tal manera que por recomendaciones de un feligrés buscó a un maestro de obras para consultarle respecto al trabajo a realizar.  Lo encontró en el parque municipal, en donde muchos paisanos acostumbraban a despachar sus asuntos.  Le planteó sus inquietudes respecto a la obra a efectuar, entonces el maestro aquel comenzó a disertar sobre aspectos de la mecánica de medios continuos, cargas muertas y cargas vivas.  En lo más álgido de su disertación, apareció otro individuo que metió su cuchara con el tema de las vigas rectas simples y las columnas que serían necesarias.  Al observar al grupo que discutía sobre ese tema, poco a poco se fueron sumando ciudadanos que introdujeron los temas de aleatoriedad e incertidumbre, coeficientes de seguridad, métodos de estados límites, entre otros.

El cura abandonó la interesante conversación, pálido y con la boca abierta del asombro y en su camino a la casa cural se encontró con un concejal a quién le comentó: -No sabía que en este pueblo había tantos ingenieros.  El concejal se rió y le dijo: – Vaya ahorita y les habla de los interdictos posesorios y se asustará de cuántos abogados tenemos.

Y es que parece mentira, que sin importar su formación o falta de ella, cualquier conciudadano es un “todólogo” y tiende a opinar, con extrema propiedad, sobre cualquier tema por especializado que sea.   Todo el mundo observa esta cualidad de la manera más natural del mundo, pues en la mayoría de los casos se trata de puras opiniones y conversaciones intrascendentales y son muy pocos los que se atreven a adentrarse y ejercer el oficio ajeno.  A veces, aunque no pase del nivel de simples pláticas, cuando se trata de la profesión u oficio del interlocutor, este puede, como dicen por ahí, engendrar en pantera.

El gremio que más se ofende ante la incursión de legos en su especialidad es sin duda alguna el de los médicos.  Si en una reunión social alguien se atreve a conversar con un galeno o galena sobre cualquier tema que involucre la medicina, lo primero que éste hará es preguntarle su profesión y al darse cuenta que no ha realizado el juramento hipocrático, inmediatamente mostrará su molestia y disimuladamente lo evitará.  Pero si esto sucede en una consulta, ahí la cosa se pone color de hormiga.  Si el paciente le expresa al médico que ha pasado en un estado febril y diaforético, inmediatamente le expresará un tanto molesto: -Hombré, ¿desde cuándo has tenido la calentura y la sudadera?  Si acaso al momento de prescribir una receta el paciente le comenta que el medicamento en cuestión aparece en internet como causante de muchas reacciones adversas, ¡Ay, mamita! Hay que hacerse a un lado pues a pesar de su juramento va a querer apretarle el pescuezo.  Ese paciente mejor le hubiera pegado un sombrerazo a una lora.

Hay casos extremos en que de la simple opinión, algún ciudadano pasa a ejercer el oficio.  Conocí de primera mano el caso de una señora que fue integrando un archivo con todas las recetas que le había prescrito su médico, con el cuidado de anotar en cada una, los síntomas que había presentado y que dieron origen a la prescripción, de tal manera que cuando alguien acudía a ella por un consejo sobre su salud, sacaba su archivo y buscaba los síntomas que se estaban presentando y sin titubear le recomendaba el medicamento que a ella le habían recetado.  Fueron muchos casos en que tuvo un notable acierto y si en alguna ocasión mandó a un cristiano al otro barrio, nunca se supo.

Hay oficios en los que no es posible realizar este tipo de exclusiones, como es el caso de la política, pues es un campo abierto como un potrero.  En este sentido, creo, sin temor a equivocarme que Nicaragua es el país que tiene la mayor cantidad de politólogos por kilómetro cuadrado del mundo.  Todos ellos dejarían sin aliento al propio Nicolás Maquievelo, pues sus análisis sobre este tema tienen una profundidad mayor que la fosa de las Marianas.  Es todo un espectáculo presenciar una discusión sobre la política actual ya sea del país o de la eurozona, cuando la misma ocurre en una mesa de tragos y pasa de una lucidez digna de Saramago hasta una clara plática de presos, cada extremo con su cautivante atractivo.

Todos coincidirán que el deporte es un tema del dominio público y cualquier piche maneja un conocimiento sorprendente sobre cualquier disciplina, ya sea el rumbo que lleva la Champions League, las previsiones para el juego de estrellas de las grandes ligas, los resultados del super bowl o bien las tendencias en la NBA.  Ya ni se diga si se trata de boxeo, pues le recitarán de memoria las tarjetas de cada una de las peleas de Alexis Argüello.

Otro campo extenso que se presta a los todólogos es sin duda alguna la economía.  Cualquier paisano se siente con la capacidad de opinar sobre las tendencias de la inflación interna, el futuro de los precios del petróleo, la desaceleración de la economía china y su influencia en las bolsas del mundo, la calificación de Moody´s a la deuda mexicana y toda suerte de análisis macroeconómicos, aunque en los aspectos micro tienden a ser una nulidad, pues son incapaces de manejar sus finanzas personales y tienen un índice de endeudamiento mayor que el de Grecia, pues su propensión marginal a ahorrar es negativa.

Con la proliferación de las redes sociales y el hecho de que la mayoría de los celulares en circulación son “inteligentes” y tienen cámaras fijas y de filmar, el cuarto poder se ha visto invadido peor que Hungría, pues sobran los reporteros que fabrican su propia nota roja y la ponen al alcance de sus contactos, con la esperanza en que se convierta en “virales”.

Otros conciudadanos manejan una impresionante erudición sobre teología y materias afines, que dejan a sus interlocutores con los ojos desorbitados.  Es frecuente escuchar a personas que con el mayor desparpajo interpretan los pensamientos, deseos y designios del Creador, traduciéndolos a expresiones que dan a entender que el piche en cuestión desayunó con el Altísimo.  Luego como Jehová ante Abraham, administran bendiciones a diestra y siniestra.

Es considerable la cantidad de personas que dominan la psicología en todas sus ramas y siempre tienen a la mano diagnósticos sobre el malfuncionamiento emocional de sus conocidos, así como son capaces de producir un perfil que no tiene nada que envidiarle a un especialista de la Unidad de Análisis Conductual del FBI.  Si se trata del campo motivacional, ni se diga, siempre hay una frase hecha a la medida de las necesidades del individuo menesteroso en este sentido que provocarían la envidia de Paulo Coelho.

De cualquier manera, en el caso en que el todólogo se vea acorralado ante algún experto en la materia, siempre estará a la mano la filosofía mezclada con una alta dosis de cantinfleo, que le permite salir, si bien, no airoso, por lo menos sin caer en el soberano ridículo.

Así se da, a grandes rasgos, el oficio de todólogo por estas latitudes.  Es posible que en el terreno muy específico, este sujeto invariablemente falle miserablemente, por ejemplo si le preguntan la extensión territorial de Nicaragua, la capital de Nepal, la fórmula del área de un triángulo equilátero o los exponentes de la generación del 27 en la literatura española, no obstante, en lo general, muy general, si es posible que mantenga una conversación de altura sin importar el tema que se trate.

Lo extraño es que, conociendo que una considerable proporción de paisanos ejercen ese noble oficio de todólogos, algunas instituciones persisten en considerar a los ciudadanos como si fueran pobres estultos que pueden tragarse cualquier cuento que se inventan al mejor estilo de las mil y una noches.

 

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Archivado bajo cultura, Nicaragüense