Zanatillo, zanatillo

Zanatillo.  Foto de Celeste González

 

Bolonia guarda, todavía, cierto encanto de la vieja Managua.  Junto a los edificios modernos conviven edificaciones de los años cincuenta y a pesar de que se ha convertido en una zona casi comercial, mantiene una relativa tranquilidad y especialmente, muestra grandes áreas arboladas.  Malinches, almendros, laureles, chilamates, entre otras especies, ofrecen su refrescante sombra a la vez que sus raíces provocan marimbeados en las aceras.  La biodiversidad que ahí habita es impresionante; aves, insectos y hasta uno que otro garrobo.

Algunas veces salgo a sentir la brisa que se cuela por las arboledas y observo a un asiduo visitante, un zanate que sigilosamente aterriza y comienza a picotear en el asfalto, luciendo su negrura y ese tinte amarillento de sus ojos, de pronto emite un sonido que pareciera iniciar como un silbido y de pronto se convierte en un lamento en crescendo.  Luego de la misma manera, sigilosamente, se pierde entre el follaje.  En ese momento, me viene a la mente mi niñez en el patio de la casa de los abuelos, donde abundaban los zanates y era muy común ver que merodeaban en el patio y eran parte integral del paisaje cotidiano.  Muchas veces observábamos a estos pájaros al llegar a las piletas y sumergir rápidamente su cabeza en el agua y sacudirse rápidamente después.  Así pues entendíamos perfectamente cuando a alguien que tomaba un baño express, le decían que se había hecho un baño de zanate.

Para mí, el ave estaba muy ligado a la canción popular El zanatillo, misma que aprendí muy pequeño.  No recuerdo cómo lo conseguí, pero estoy seguro que no fue en la escuela.  Es obvio que no significaba ninguna proeza, como pudiera ser aprenderse a esa edad una canción de Pink Floyd, pues El zanatillo tiene apenas seis estrofas.  Alguien en mi casa debió haberla cantado repetidamente de tal forma que se me pegó la sencilla letra.  Debo de admitir,  sin embargo, que no llegaba a entender el sentido de la canción, en especial la estrofa que dice: “zanatillo, zanatillo, préstame tu relación, para sacarme una espina que tengo en el corazón”, pues el lenguaje figurado todavía no cabía en mi incipiente comprensión del  mundo.  Cuando en mi casa alguien se ensartaba una espina, tomaba o una aguja o una navaja y con la pericia de un cirujano, lograba sacarla.  De esa forma, no me explicaba cómo una relación podía asumir las funciones de una navaja, para sacar una espina en un lugar tan delicado como era el corazón.

Con el tiempo, logré entender el lenguaje figurado y metafórico, a excepción tal vez de algunas letras de las canciones de Andrés Calamaro.  No obstante, siempre mantuve la duda del vocablo “relación”, hasta que investigando un poco encontré que tiene la acepción, además de trato amoroso, que generalmente se usa en plural, la de copla que declaman los integrantes de algunos bailes tradicionales.  Si observamos las estrofas de: “El zanate y la zanata, se fueron a confesar, como no hallaron al padre, se pusieron a bailar”, encontramos que no es otra cosa que una copla y con esto, tal vez podría encontrarse cierto sentido a El zanatillo.

En aquella época, cuando todavía no se habían rescatado muchas canciones vernáculas y Carlos Mejía Godoy todavía lucía pantalones cortos, hablar de música folklórica era hablar de El zanatillo, Ya el zopilote murió, El solar de Monimbó, El nandaimeño y Nicaragua mía.  En nuestra casa no se cantaba la de El zopilote murió pues en una estrofa decía que a Don Emilio le dejaba lo pelado de la frente y eso no le hacía ninguna gracia a mi abuelo.

El caso es que, regresando al animal (al zanate), no logro encontrar en mi niñez y adolescencia ninguna manifestación de rechazo o discriminación al mismo.  Generalmente, en la escuela o entre los muchachos del pueblo, zanate era uno de los apodos más socorridos para quienes tenían la piel más oscura que el promedio, al igual que pijul o tinco, pero de igual manera, le adosaban algún apodo equivalente a quienes tenían la piel más clara que el promedio, como lombriz de leche, mosca blanca, entre otros.

Cuando llegué a la universidad me encontré con un repitente a quien apodaban El zanate, me parece que desde la secundaria.  Al contrario de lo que pudiera parecer, no era de piel tan oscura, si acaso podría caber en la categoría que en estos lados se conoce, con cierta dosis de condescendencia, como “moreno lavado”, no obstante era de corta estatura, tal vez arañaba el metro y medio, es decir unos cinco pies.  Lo que lo distinguía aparte de su estatura, era la confianza que tenía en sí mismo, no tanto para el estudio, sino que en su forma de interactuar con los demás; jamás se amilanaba ante nadie.  Enamoraba a las muchachas más guapas de la facultad, sin el menor temor a ser rechazado, insistentemente, incluso sin miedo a la reacción de sus novios.  Vivía por mi rumbo, cerca del Oriental en la 15 de septiembre, en una casa amplia y tenía una hermana que era todo lo contrario a él, alta, muy guapa y que se daba un aire con Rocío Durcal.  Conversando con un compañero sobre El zanate, que aparentemente lo conocía  desde  adolescente, me contó una historia que pudiera antojarse inverosímil.  Vivía El zanate, en la época del cuento, en la misma 15 de septiembre, pero en el sector occidental, junto a Las Delicias del Volga, cuando en esa cantina se desató una trifulca.  Ya trasladado el pleito a la  calle, un parroquiano que resultó ser el famoso y temido As Negro, un hampón del bajo mundo capitalino, se camiseó, sacó una pistola y empezó a amagar a sus oponentes, cuando la madre de El zanate salió a ver qué pasaba y al ver la situación le gritó al hampón que guardara el arma, además de una serie de insultos que provocaron la ira del matón, quien sin mediar palabra le dejó ir un disparo a la señora y que afortunadamente falló.  Casi inmediatamente salió El zanate, con una pistola en la mano, vaya usted a saber de dónde la había tomado, profiriendo insultos al forajido, quien iba a levantar su arma cuando el primero, con la determinación y rapidez de Clint Eastwood le dejó ir cuatro disparos, de los cuales dos impactaron en la humanidad de El As Negro, que aunque no fueron letales, bastaron para neutralizarlo mientras llegaba la Guardia Nacional, que en aquellos tiempos hacía las funciones de policía.  No como ahora, que es al revés.

Regresando al zanate, el animal, tiempo después descubrí un dicho que reza: Culebra, indio y zanate, manda la ley que se mate.  Por cierto en extremo racista y rayando en la infamia.  Afortunadamente se trata de un dicho de la época de la conquista y que se ha ido enterrando en el olvido, pues en un país en donde el 87.43 % de la población, como afirmaría El Firuliche, es mestiza, no puede tener cabida, además con esa conciencia ecológica que crece en el pueblo, es inadmisible que una ley propugne el exterminio de una especie animal.

Con el cambio climático, el zanate ha mostrado una importante tasa de migración hacia el sur, pues cierta parte del territorio de nuestro vecino fue en una ocasión suelo patrio y por lo tanto, también es el hábitat natural del zanate nicaragüense (quiscalus nicaraguensis). El caso es que se ha multiplicado esta población en ese país, tal vez no tanto como la migración poblacional en busca de oportunidades de trabajo, pero que ha provocado cierto rechazo al inocente animal, de parte de los vecinos.  Este rechazo, va desde la incomodidad ante la presencia del ave, hasta ciertas veladas campañas para exterminarlos, todo esto como un simbolismo, ya que asocian al zanate con sus vecinos nicaragüenses.

Así pues querido lector, si usted tiene la suerte de ver aterrizar en su patio un zanate, no sienta rechazo alguno, mejor deténgase a observarlo, admire su color e imagínese el ala del misterio, goce con el fulgor amarillento de sus ojos, asómbrese con la policromía que provocan los contrastes del negro con el violeta, el verde o el azul que tornasolan en su cuerpo,  deléitese con las notas de su canto e imagínese su tristeza cuando cambia a un gemido que pareciera interminable.  Grábese esto en su mente y si es de esa onda, tómese un selfie con él, para que pueda contarle a sus nietos que conoció a esta especie, amenazada por el cambio climático y la ambición de los mega proyectos y que desafortunadamente no estará con nosotros en un futuro no muy lejano.  Si tiene una espina clavada en el corazón, mejor no le diga nada y recuerde que un clavo saca a otro clavo.

10 comentarios

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10 Respuestas a “Zanatillo, zanatillo

  1. Chepeleón Argüello Urtecho

    Muy buen escrito, la temática bien escogida. Hay una cosa que no muy seguido sale al aire, y es la costumbre –en mis tiempos-, de ciertos comportamientos que heredamos de nuestros mayores, especialmente en lo que va, al trato de los animales, cuando llegamos a cierta edad, nuestros mayores nos dan, nos regalan una tiradora, en ese entonces: ( Hecha en Masaya, Made in Masaya), y los que no tuvieron la suerte, aprende con los chavalos del barrio, donde ir a buscar los palos de ganchito y resto de implementos, para dar cacería a todos los animalitos que conviven con nosotros, obviamente, dicha costumbre es contraproducente, pues lo que hacemos es desde cualquier punto de vista, inaceptable, es allí, donde el pobre zanate, sale a pagar los platos de la fiesta. Ya viejo me ha dado por disfrutar los pajaritos y diferentes aves que conviven con nosotros, por estos lados, no hay zanate, pero si, cuervos, animalitos que han ganado mala reputación por aquello de la literatura gótica, pero que si tomas tu tiempo, podes disfrutar de su canto y costumbres de convivir con el humano.
    Resulta que junto a nuestra casa existía un predio vacío y los chavalos empezaron a quejarse que escuchaban chillidos de algún tipo de animal, ajeno a la zona, sin saber que se había escapado la mascota de la cantina: La Mona, que dicho de paso era una mona, este piche se metió al cuarto de mi mama, y sacó una 45, que ella conservaba en su dormitorio, cual fue el susto de todos los parroquianos, cuando adentre con pistola en mano en el montarrascal, por suerte la empleada llegó y me quitó la pistola, al rato vimos salir a la mona, saltando el muro hacia la casa de los concheños, y te lo cuento para recordarte que en nuestros tiempos, no existían medidas de seguridad, nosotros jugábamos con las armas como si fueran juguetes, a pesar de haber sido prohibido y también entrenado de cómo usarla, para mantener respeto a dicho instrumento de muerte. Arrechoso el Zanate, el de la historia. En cuanto al racismo existente en Costa Rica, es ridículo, ya que si conoces dicho país, sabes muy bien que la población es igualmente mestiza, por lo tanto, más bien causa risa.
    Como siempre hermano, un gusto pasar por tus escritos.

  2. Josefina Vivas Vogel

    👍me gusto la descripción , pero, el zanate es un ave dañina para la agricultura, nada que ver con la migración humana del nicaragüense .😊

    Enviado desde mi iPhone

  3. Elizabeth Pasquier

    Hola señor Ortega: Un gusto volver a recibir otro escrito más de la saga Ortega. En éste, menciona a un personaje que fue una leyenda en los pasillos del Ramírez Goyena y luego en la Universidad Nacional de Nicaragua. FERNANDO AGUILAR, es o era su nombre, conocido popularmente como El Zanate. Y efectivamente que vivía de Las Delicias del Volga 1/2 c. al lago. Digo, se llamaba pues no sé si ya habrá pasado a mejor vida. Guardo una sentida carta que me envio a la muerte de mi esposo Roberto Pasquier, quien mucho lo apreció. De Fernando El Zanate se cuentan muchas anécdotas de su vida de estudiante también, como cuando se robaba los exámenes en la facultad de economía.

    Pero yo creo que el nombre de Zanate le venía por su apariencia, y no por su color; ya que el Zanate a pesar de tener un color tan negro bellísimo que tiraba a otros tonos, como los que usted describe, siempre fue visto como un pajarrraco de segunda categoría.
    Fernando El Zanate vivía en Los Ángeles, California, y estaba casado con una señora llamada Doris; lo que no sé si al final conquistó a una de esas hembras que no lo amilanaban y se atrevía a enamorar.
    Un grande abrazo desde Covington, LOUISIANA.

  4. Como dice el poeta, es clavo; designar a un chiguin con el nombre de la ave; no es agradable.En Nicaragua el uso de apócope cuando chatel es costumbre ,como hojas en arboles.Hay incluso chavalos con una habilidad mayor; que poderiamos llamar de arte; para causar quebranto moral en pendejos; que siguen la vara. Con eso acaban destrzando por vida a los chavos que no asietan bien las bromas; en el dia al dia.

  5. Marco Antonio

    Muy acertado su artículo mi estimado Dr.
    Yo también tuve me deleite con la canción El zanatillo. Es una lástima pero es la realidad, son muchas las especies amenazada por el cambio climático y la ambición de los mega proyectos.
    Dios proteja a nuestro pais

  6. Me gustó mucho leer las líneas de este post. Bien descrita Bolonia ya casi quiero ir a vivir ahí, si parece casi un microclima del Mombacho. / Fijate que en 2013 descubrimos un nido en la palmera del jardín de mi mamá. No sabíamos de qué especie eran estos pichones. Hasta que llegó mi tío e identificó que eran tres bebes zanates. Un día te pasaré la foto. / Saludos.

  7. Magda D'Arcy

    En mi pequeña SAMIA (quinta) a 20 kms. de la capital gozamos de la visita de zanates, guarda barrancos, pericos y una gran variedad de aves…unas son azul celeste bellísimas e imponentes graznidos, hablando de imponentes vienen unos color café chocolate que se ven tan suaves y tiernos que dan ganas de que en lugar volar, caminaran…otras tienen color naranja y otras pecho rojo intenso y amarillas…hemos ideado como proveerlas de agua, poniendo grandes comales de cerámica en las ramas bifurcas de tres grandes árboles, de JOCOTE, jocote de invierno y de nances o nancites. En esta época seca, llegan a bañarse por turnos, a beber agua y todos comparten esos grandes comales que conservamos llenos de agua la altura en que ellos suelen volar…
    Siempre tenemos cosechas de frutas, anonas, jocotes, marañones, guayabas, mangos, aguacates y los compartimos con todos los animalitos que nos visitan: ardillas blancas y de color café; iguanas, conejitos color café, garrobos y por supuesto con las aves.
    Diafruto siempre de tus envíos señor Ortega y me encanta el natural estilo descriptivo de las etapas históricas de este empobrecido país.
    Un abrazo y siga igual.

  8. Magnífico artículo. Durante un tiempo deambuló un zanate que se desplazaba con una sola pata. Siendo éste el único caso que he visto en toda mi vida, siento curiosidad por lo que ocurrió. Felicitaciones con mi saludo.

  9. Marcos Sandoval

    Felicitaciones como siempre, los que estamos lejos esas descripciones nos hacen viajar en el tiempo y regresar en recuerdos a esos bonitos rincones de nuestra patria. Bendiciones para todos y en especial a usted Sr. Ortega

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